viernes, 24 de octubre de 2014

Mordisco

Paul Newman en 1967

Los Ángeles en 2014

Ana Botella en 2014


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Ayuntamiento de Madrid me ha mordido once mil pesetas por aparcar en la calle: mil por el tique, y diez mil, por equivocarme al anotar la matrícula pulsando “u” cuando debía pulsar “v”, errata descubierta y sancionada por un lince municipal que por celo y diligencia podría acariciar el título de Empleado Municipal del Mes.

Hora de inicio, 9 de la mañana. Hora de la sanción, 9:27:45, más o menos el mismo tiempo que tardaron las fuerzas consistoriales en borrar una pintada contra Bolinaga en un instituto de enseñanza media de la avenida de los Toreros cuando la suelta del simpático gudari que llevaba higos a Ortega Lara (“come, come, que son afrodisíacos”).

Este dominio de la exactitud se debe a los nuevos “parquímetros inteligentes” que, con las nuevas “paradas inteligentes” para el bus, constituyen el I+D de la capital.

Y unos adoquines preciosos –como dice de Getafe su alcalde Juan Soler, pepero posmodernamente reaccionario que censuró a un grupo de rock sólo porque el nombre le sonaba a “Rocking With Seka”.

En Nueva York tienen hoy los mismos parquímetros que en 1967 rompía Paul Newman en “La leyenda del indomable”, pero con ellos no le puedes sacar a nadie diez mil pesetas por pulsar “u” en vez de “v” en un teclado diseñado para las uñas de Fumanchú y bajo la luz de la luna (no hay otra en Madrid, que ha copiado de La Habana los apagones, no se sabe si para que vayamos “visualizando” a Monedero con la vara de alcalde).
En Nueva York no tienen ni los “parquímetros inteligentes” de Ana Botella, ni los “adoquines preciosos” de Juan Soler, ni las “performances” culturales de Tono Martínez, con lo cual tampoco les hacen falta mis diez mil pesetas ni el personal necesario para sacármelas.

Para sacarme las diez mil pesetas se necesita personal cualificado: topos para no ver la suciedad de las calles o la impostura del pequeño Nicolás, pero águilas para distinguir una “v” de una “u” en un tique de aparcamiento.

Los muertos y las muertas. John Lennon


JOHN LENNON
1940-1980

A John Lennon, que tenía cuarenta años, su asesino le pidió un autógrafo y luego lo esperó seis horas para matarlo. Murió en Nueva York, a dos pasos de Central Park. El asesino arrojó el revólver –un 38, adquirido en Honolulu diez días antes– al suelo, sin molestarse en huir. El músico era el símbolo de la generación optimista surgida tras de la segunda guerra mundial: la Libertad, la Contracultura, la Droga, el Oriente... “Para alcanzar la fama hay que ser un hijo de puta –declaró sin cinismo, pero con solemnidad–. Los Beatles eran unos hijos de puta redomados.” Y como provocación: “Somos más famosos que Jesucristo.” Cuando lo mataron, el portavoz de la Policía de Nueva York abundó en la hipérbole: “Es tan importante como el asesinato de John F. Kennedy.” A las puertas del hospital, un fan portaba una pancarta en que se leía: “Dad una oportunidad a la paz.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)




Viernes, 24 de octubre

Valle de Esteban
Cúmulos

jueves, 23 de octubre de 2014

Bandoleros (de ayer y de hoy)

 José Sala Serrallonga,
 el primer bandolero

Juan Mingolla GallardoPasos Largos,
 el último bandolero, preso en Figueras


Francisco Javier Gómez Izquierdo

El primer bandolero que Florentino Hernández  Girbal, bejarano e historiador del oficio, señala como iniciador de la serie que hiciera furor entre románticos, nació en Viladrau, villa próxima al Montseny en abril de 1594. Fue bautizado como José Sala. Creció analfabeto y embrutecido hasta que a los 24 años casó con moza de 17 de la que tomó el apellido Serrallonga por el que se instalaría a perpetuidad en el santuario de personajes ilustres de Cataluña. Imagino que conocerán ustedes el buen corazón del bandido por los muchos poetas que lo cantaron y los entusiasmados intelectuales que lo adoptaron.

        El segundo también era catalán y cuenta la leyenda que apareció abandonado a la puerta de un molino junto al río Francolí a una hora de la ciudad de Valls. Conocido como Claudio el Molinero dice la voz popular que se echó al monte tras ciertas injusticias de una familia que no podía ser la suya, pues el muchacho era de muy nobles sentimientos, lo que no impidió que las autoridades catalanas crearan los mozos de Escuadra para agilizar su captura.

        A mediados del siglo XVIII llega el primer andaluz. Diego Corrientes, de Utrera. Bandolero de los majos, por atrevido y burlón, crea escuela en el país por robar a los ricos para limosnear con los pobres. Luego ya saben: El Barbudo, El Tempranillo, Pernales.... todos queridos por el pueblo y casi tenidos por libertadores a los que envidiar el arrojo y su justicia matarilera. Se hizo preciso patrullar los montes y nació la Guardia Civil.

       A Pasos Largos, el último bandolero catalogado por el olvidado Hernández Girbal, lo mató la Guardia Civil en la Sierra de Ronda en 1934 porque el fugitivo quiso. “

O se rinde o lo matamos”.

 “Pos  mátenme”.

       El catálogo de bandoleros comparte delaciones, amoríos, brutalidad, psicopatías y sobre todo chulería. Todos roban para vivir sin trabajar, en un culto a la vagancia que los hace admirables, pero sobre todo roban para presumir. Para sentirse admirados cuando costean las medicinas de una prima del pastor que les da leche o cuando una noche pagan al ventero el vino de Montilla que beba toda la clientela.

       Las impresionantes hazañas que salen en la prensa de estos días de los políticos del país, más los grandilocuentes y justicieros discursos de los que están por venir, me han vuelto a llevar a las páginas del olvidado don Hernández Gribal y a lo que ya en 1837 decía Jorge Borrow, don Jorgito el inglés, de los bandidos de España; “...no hay en el mundo gente más vanidosa que los ladrones, ni más amiga de figurar ni que más llame la atención por su apariencia fastuosa...”.  Aquellos temían a la Justicia. Estos, la regatean.

Felicidad



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La gran promesa del “comunismo amable” en su puesta de largo en Vistalegre fue hacernos felices.

El hombre no aspira a la felicidad. Sólo los ingleses lo hacen –escribió Nietzsche, para tocar las pelotas a los liberales.

Pero del misterio de la felicidad quien tiene escritas las cosas más inquietantes es Ruano, que aborrecía la costumbre europea de confundir felicidad con tranquilidad y descanso, pues la felicidad no es una vaca, y descansar, sólo descansan los muertos, y, en el fondo, no les gusta.

La felicidad es un concepto que sólo tiene alma cuando nos falta cuerpo.
Mas no van por ahí los tiros del “comunismo amable”, para el cual hacernos felices es hacernos dóciles. Lo describe Marc Fumaroli en su ensayo sobre una religión moderna (del partido cultural al ministerio de cultura): “El Estado cultural”, un invento de Bismarck.

El Bismarck ruso es Lenin, quien tras su golpe de Estado monta una Kulturkampf, el Comisariado de la Cultura, con Lunacharski al cuidado de la gran familia leninista en direcciones generales: la señora (Krupskaia) y la hermana (Bouch-Bruevich) de Lenin, la señora (Trotskaia) de Trotski
La propensión de las burocracias “culturales” a sustantivar las siglas viene de aquí: Lito (Libros), para la depuración de las bibliotecas (eso que ya hacen aquí algunos perrillos cusquejos contra Ruano); Muzo (música); Iso (Artes Plásticas); Teo (Teatro)…
Lunacharski (¿Monedero?), que se firmaba escritor y dramaturgo como otros se firman “escritor y periodista” (ya veía Ruano que eso era como firmarse “médico y practicante”), escribió:

La conquista del poder no tendría sentido si no hiciéramos felices a los hombres.
Así que promovió como payaso el juicio contra Dios, al que fusiló el 17 de enero de 1918 disparando al cielo, mientras Lenin gritaba en San Petesburgo una cosa que sólo intrigó a Sofía Casanova, enviada especial de ABC a la Revolución:

¡Afirmados en Rusia, nos apoderaremos de España!

Los muertos y las muertas. Joaquín Garrigues Walker


JOAQUÍN GARRIGUES WALKER
1933-1980

Joaquín Garrigues Walker, renovador del liberalismo político español, murió apenas unas horas después que el último Sha de Persia. “Me ha ganado por unas horas”, dijo al conocer la muerte del destronado Reza Pahlevi. Tenía el don de la comunicación. Le costaba morirse joven, pero no manifestó rebeldía ninguna: “No carguemos las tintas... –decía a las visitas–. Esto de morirse es una cosa perfectamente natural... Es... ¡lo natural!” Español con sangre británica, todo el mundo alabó su sentido del humor. Descubrió el desencanto político antes que nadie: “El futuro ya no es lo que era”. En Londres los médicos le espetaron que no viviría mucho tiempo, y entonces él decidió salir a la calle con su hermano Antonio a comprar un disco y pasear por la ciudad. Compraron No llores por mí, Argentina y pasearon por Hyde Park. Sócrates, antes de morir, le pidió a su discípulo Critón que pagara a Asclepio un gallo que le debía.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Jueves, 23 de octubre

Valle de Esteban
La vie en rose

miércoles, 22 de octubre de 2014

El arreglo



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Con la propina del veranillo las terrazas vuelven a ser un hervidero donde todo el mundo te pregunta:

¿Tendrá arreglo la cosa?
La “cosa” es el Sistema, cuyo único arreglo pasaría por echar a los “okupas” (partidos y sindicatos) del Estado como Cristo echó a los mercaderes del Templo.

El Sistema del 76 es un “Estado de partidos” importado de Alemania, que lo inventó para “integrar a las masas en el Estado”, y que en España, que salía del franquifalangismo, encajaba como un guante Varadé.

¿Quiénes son las masas y dónde se encuentran? Las masas son las alegres muchachadas de los partidos y los sindicatos (con todo su aparato cultural al hombro), que sólo por eso pasan a constituirse en Estado, con sus nóminas y sus premios, sus fiestas y sus almuerzos, sus bodas y sus funerales… de Estado.

La alternativa a este estatismo alemán (“¡Es alemán!”, exclamaría Claudia Schiffer) sería la democracia yanqui, la única verdadera y, por tanto, la única que nunca vamos a ver, porque ¿qué haríamos con todas esas masas “desintegradas” y en la calle?

Huyendo, precisamente, de la democracia yanqui como gato del agua, el Sistema viene dando bolilla a un comunismo a la cubana como solución a izquierdas.

Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en la TV –dice en Segovia su jefe, Pablemos, más lector de “El Jueves” (“Martínez el facha”) que de “El Viejo Topo”.

Y como solución a derechas se postulaba un “ficcionalista” superdotado, Fran Nicolás (“el mayor futuro político de España”), moviéndose como un pez por las aguas del Sistema (un sistema de apariencias), y sin haber leído una línea de “La filosofía del ‘como si’”, de Vaihinger (“¡Es alemán!”, exclama otra vez a Claudia Schiffer), hasta que en la embajada de un país real, Estados Unidos, le pararon los pies.

(Un mono aquejado de megalomanía, era el hombre para Vaihinger.)

Ahora, para arreglarlo, sus “víctimas” se vengan mandándole a los psicoanalistas.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Buñuel


-La ciencia es la enemiga del hombre. Alienta en nosotros el instinto de omnipotencia que conduce a nuestra destrucción [...] Este nuevo Apocalipsis, como el antiguo, corre al galope de cuatro jinetes: la superpoblación, la ciencia, la tecnología y la información.

Luis Buñuel, Mi último suspiro,  1982
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J. R. M.

Hubert de Givenchy, hoy, en el Thyssen-Bornemisza

Sabrina
A Woman of the World

Martín Bianchi
Abc

Edith Head, la todopoderosa diseñadora de la Paramount, no quiso mencionar a Hubert de Givenchy cuando recibió el Oscar a Mejor Vestuario por «Sabrina», en 1954. El conde y modista francés, que por entonces solo tenía 27 años y daba sus primeros pasos con su propia casa de costura, era el verdadero autor de los icónicos vestidos que luce Audrey Hepburn en el filme de Billy Wilder, pero la celosa Head se negó a reconocerle el crédito y, mucho menos, a cederle la estatuilla. Lejos de enterrar a Givenchy en el anonimato, el desprecio de la diseñadora más oscarizada de Hollywood le lanzó al estrellato.

«No me dieron el Oscar que me merecía, pero recibí algo mucho mejor», reconoce «monsieur» Givenchy mientras ultima los detalles de su retrospectiva en el Museo Thyssen-Bornemisza, una exposición que reunirá un centenar de sus diseños a lo largo de casi medio siglo, desde la apertura de su maison en 1952 hasta su retirada profesional en 1996. «Audrey estaba furiosa. Se sentía tan culpable por el desaire de Edith y era tan honrada que me dijo: ‘‘¡Esto no volverá a ocurrir! Ahora voy a firmar un contrato de exclusividad contigo para que hagas el vestuario de todas mis películas’’», recuerda el creador, de 87 años.

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Los muertos y las muertas. Óscar Arnulfo Romero


ÓSCAR ARNULFO ROMERO
1917-1980

Óscar Arnulfo Romero, arzobispo Romero, fue el segundo de ocho hermanos de una familia de Ciudad Barrios, en San Miguel (El Salvador). Se ordenó sacerdote en 1942 y durante veinte años impulsó movimientos apostólicos como la Legión de María y los Caballeros de Cristo. Con fama de conservador, en 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador, encrucijada campesina de movimientos comunistas, teólogos de la liberación y paramilitares contrarrevolucionarios. Un mes después fue asesinado su amigo el jesuita progresista Rutilio Grande: la exigencia de una investigación enérgica del caso le valió al arzobispo fama precisamente de progresista y entonces fue nominado al Nobel de la Paz de 1979. El 24 de marzo de 1980 el arzobispo Romero fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba la misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. Los funerales derivaron en una batalla campal con el resultado de más de cuarenta muertos.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Miércoles, 22 de octubre

Valle de Esteban
Escapada

martes, 21 de octubre de 2014

Despidos

Forofos, pero no tontos

Francisco Javier Gómez Izquierdo

A Córdoba llegó un pluriempresario multidisciplinar al que no se le conoce la riqueza de sus industrias. Se aposentó en la finca del Nuevo Arcángel propiedad del Ayuntamiento y tras prometer gastar de su peculio, exigió al alcalde dinero municipal para el negocio del fútbol cordobés. Una jugada maestra, propia de la tradición de nuestros mejores héroes del siglo de Oro.

     Al a sí mismo llamado empresario, le sobran las trabas municipales y el respeto a los controles presupuestarios para autorizar nimiedades, pongamos una Ciudad Deportiva, como a esa sección de charlatanes de su gremio le sobran los funcionarios, a los que consideran costra de la Administración.

     En el fútbol se cuelan empresarios decentes y descarados aventureros en busca de fortuna  que no hacen ascos a todo aquello que los políticos puedan facilitarles. Los empresarios del fútbol suelen estar bajo sospecha, pues por lo general buscan donde saben que hay. Hércules y Zaragoza, un poner.

El supuesto empresario autoproclamado amo del Córdoba CF ha llegado a la ciudad en tiempos menesterosos, pero aún así ejerce como si el fútbol fuera suyo y Córdoba su sultana.

      El empresario del fútbol en general no comprende que en la Administración hay unos cuantos funcionarios que se sienten servidores públicos y que velan, o procuran hacerlo, por el interés de los ciudadanos. Funcionarios a los que se les llena de gatos la barriga cada vez que un Jefe de Negociado regala, enajena ó malgasta bienes que no son suyos. Funcionarios malmirados que soportan los “colocados” a dedo por funcionarios poderosos de los que gustan a los empresarios. 

¿Qué sería de España sin sus funcionarios? ¿Que sería del fútbol moderno sin Cruyff y Sacchi?
     El amo del Córdoba, además de pretender los dineros consistoriales, ha despedido a su funcionario particular, el Chapi Ferrer, cosa que no sorprende por tenerse como corriente en todas las latitudes.  Lo que no comprende el empresario “despedidor”, tras comprobar las deficientes y míseras contrataciones en defensa, media y delantera, es que está incapacitado para encontrar un nuevo Arrigo Sacchi o la reencarnación de Johan Cruyff. 

Cigüeñas y pensiones


¿Desaparecerá algún día el piperío del Santiago Bernabéu?

Mourinhismo
(Colección Look de Té)

Madrid Sports.-¿Desaparecerá algún día el piperío del Santiago Bernabéu?

Jorge Bustos.- Lo del piperío es un concepto de mi amigo Hughes que ha hecho fortuna, pero que alude a un estamento sociológico amplio y antiquísimo que probablemente ya está descrito por Thackeray y Maupassant. Antes se les llamaba pequeñoburgueses. No hay que desear su extinción, porque son la prueba de vida de una clase media más o menos próspera y el pilar de la democracia representativa. En la grada son mansos, cierto; pero si no fuera así significaría que tendríamos menos Copas de Europa, y que daríamos más curro a la policía y mucho menos a los haters.


Piperío
(Colección Look de Té)

Gañafones



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El puertas del “comunismo amable” impidió a ABC el paso a la “rave” carabanchelera de Pablo Iglesias, que hizo de balde en Vista Alegre un tercio de aforo que “The Maestros” pagando.
El gañafón de los Pablemos a la prensa es muy propio del encaste ideológico de este personal, tan ajeno al mundo del trabajo que todas sus posibilidades de éxito pasan por el hecho de que los trabajadores en España son hoy una minoría democráticamente insignificante.

Pablemos se presenta como un grupo de doctores en Ciencias Políticas (¿quéee?) salidos de la Complutense (¡aaah, bueno!) que tienen un plan de asalto al Estado (el cielo de toda la vida, para los españoles) con dos puntos fuertes: hacer “simpas” con la deuda, como el pequeño Nicolás, y, en el colmo de la posmodernidad, atender culturalmente al movimiento “okupa”, cosa que ya hacía la Casa Encendida de la Caja de Carmen Cafranga y Pablo Abejas.
Ahora, en corro de sardaneta, vamos todos (¡los hombres también!) a cantar “L’Estaca”: “Si no podem desfer-nos-en / mai no podrem caminar!...”
Y al que se ría, estacazo. O cerillazo, si cambiamos “L’Estaca” de Llach por “La hoguera” de Krahe, que tampoco sería mal himno.
La lección de todo esto, y así lo aprendió uno ya en Fernández Flórez, es que, históricamente (a salvo, quizás, los tres o cuatro años de “vacío administrativo” del suarismo), la libertad de pensamiento y la libertad de expresión nunca caminaron juntas.

Una u otra.

Puede haber libertad de expresión si piensas como Cintora (Berlusconi dice que Ancelotti escoge a sus futbolistas, pero ¿quién escoge a sus tertulianos?), es decir, si piensas lo mismo que Monedero (el de “la democracia que yo tengo en la cabeza”), sólo que después.

Pero la libertad de pensamiento siempre es la leña de la hoguera del inquisidor, aunque, comparada con la actual inquisición progresista, la antigua inquisición reaccionaria, la de Torquemada, era plácida como una tarde de agosto fumando yerba en Woodstock.

¿Quién escribió el Cantar del Cid?

El Cantar de Mio Cid fue compuesto por Pedro Abad, también llamado Mair Yahya Ben Gâlib, un presbítero mozárabe de Toledo, que se halla en la escuela de esta ciudad ayudando a traductores. Escribió la obra entre 1150 y 1208.

Esta hipótesis es de José Hernando Pérez, sacerdote de la diócesis de Burgos, emérito del Instituto Cardenal López de Mendonza y doctor en Teología.

Los muertos y las muertas. Félix Rodríguez de la Fuente


FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE
1928-1980

Félix Rodríguez de la Fuente, el amigo de los lobos, murió en accidente aéreo cuando seguía en Alaska la carrera de las mil millas para trineos tirados por perros. “Unos esquimales nos ayudaron y en sus trineos llevamos los cuerpos hasta un viejo poblado”, declararon los supervivientes. Antes de partir, había dicho: “Para mí, la vida es una continua búsqueda de la esencialidad del hombre a través de su hábitat, en comunión con la Naturaleza.” Rubén nos había hablado del hermano lobo; Rodríguez de la Fuente lo incorporó al hogar familiar. “Si el ser humano estuviese provisto de rabo –decía– podríamos conocernos mejor y saber la disposición anímica de nuestros semejantes, según su posición: si lacio, tranquilidad; si erecto, agresividad.” Cuando su viuda supo de su muerte, exclamó: “¡Por Dios, no me den el pésame; para mí sigue siendo inmortal.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Martes, 21 de octubre

Valle de Esteban
Las carrasquitas

lunes, 20 de octubre de 2014

Una profecía de Eugenio Noel

Eugenio Noel

Muy a duras penas, como quien sube penosa cuesta y le es preciso detenerse, unas veces para tomar aliento y otras para regodearse con la vista de una linda flor nacida en medio del erial, así acabo de releer un libro de Eugenio Noel titulado Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos. A Eugenio Noel, buen escritor, se le fue la mano en su pasión antitaurina. Este libro sobre los señoritos chulos, los fenómenos, los gitanos y los artistas flamencos podía haber sido muy interesante. Contiene muchos datos ciertos, muchas sagaces observaciones, muchas diatribas justas; pero todo está deformado por un afán de recargar las tintas, de acumular horrores y episodios grotescos y falsos, que invalidan en el lector desapasionado la fuerza de la verdad, que el autor encubre innecesariamente con clara y desagradable exageración.

Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos está impreso en 1916. El tiempo en el que Joselito y Belmonte alcanzan su momento cumbre. Eugenio Noel escribió lo que voy a trasladar íntegro, porque no tiene desperdicio:

«El que esto escribe defendía en un grupo cierta vez el alma noble del toro. Si mal no recuerda, se dijo algo parecido a esto:

- Día llegará, y no tardará mucho, en el que las empresas de Seguros se arriesguen a firmar pólizas con los fenómenos.

- ¿Por qué? Preguntaron.

- Muy sencillo. Los toros son cada día más pequeños; esto no quita ni pone rey, pero ayuda al fenómeno. El toro pequeño tiene la cabeza pequeña, sea cual sea su raza o cruzamiento, y las defensas más cortas y débiles. De otra parte, los cruzamientos -hechos a mansalva, por la codicia de los ganaderos, exigencias de los mismos fenómenos y convenios de los empresarios- son cada vez más frecuentes, descuidados y bastardos. Como el pedido de reses llega ya al absurdo y se pica en el ruedo cada vez peor, y como les viene en buen resultado a los «maestros», a medida que desciende el papel del toro sube el del torero, el riesgo es infinitamente menor y el público puede pedir que el cuerno se lleve la pechera de la camisa del diestro en un pase de muleta.

- Por tanto, hay cada vez más seguridad en el oficio.

- Esa seguridad ha creado los fenómenos.

- ¿El pueblo lo sabe?

- Lo presume; pero se deja engañar. Los fenómenos matarán el toreo. Después de ellos no podrán venir sino domadores que harán reír y bailar a los toros.

- ¿Es posible?

- Es fatal. La tragedia concluirá en sainete.

- ¿De modo que los fenómenos matarán el toreo?

- Lo pondrán en ridículo, que es lo mismo. La afición no podrá soportar la revelación del engaño; forcejeará porque su pasión no sucumba. Y con ella se irá otra de esas simulaciones a las que con tanta frecuencia ha tenido España que recurrir.

- ¿Y esa religión del valor?

- Lo que hay de bueno en ella, perdurará; el ejemplo del toro.

- ¿La exposición del torero?

- La destreza querrá decir eso de exposición. Lleva en sí los gérmenes de muerte. Con poco que avance se convertirá en prestidigitación.

Como ven ustedes, una corrida y otra, esta profecía se está cumpliendo en todas sus partes. Pocas páginas más adelante, Eugenio Noel decía:

«Los trajes (de los toreros) se han ido poco a poco afeminándose; se han alfeñicado los rostros, han disminuido las tallas, se han aniñado las formas, el movimiento, buscando la elegancia; cayó en el funambulismo, y los ha ido imaginando así el espectador, formándolos a su gusto. Si Goya fuese con Zuloaga a una corrida de toros saldría asustado. Estos toreros son niños prodigios que la lidia ha embrutecido. Sus masas son de adolescentes, y sus líneas, de hombretones. Su rostro duro no corresponde a su cuerpo fácil. Su mirada no es de su edad. El pueblo les guía, les aconseja, les exige y ellos dejan hacer, porque en esos niños-monstruo no hay voluntad. Morirían si el pueblo lo pidiera. No son atletas, ni luchadores, ni gladiadores; son iluminados, jovenzuelos paridos por un pueblo que necesita colosos y crea su caricatura. La gracia vana de la lengua pasó a sus músculos; es la misma. El pueblo los ha hecho como él es; no los adoraría si fuera de otra manera. No se trata de burlar a un toro; se trata de divertirlos a ellos, de hacerles olvidar su esterilidad. Esto ha originado esos cromos actuales, de lidiadores grotescos, cómicos,  que representan un drama muy grande, actores inconscientes sobre la arena ardiente del circo, que es un proscenio.»

El espacio me impide adentrarme en los comentarios que merece esta impresionante profecía, hecha en el año 1916, cuando la gloria inmarcesible de Joselito y Belmonte estaba en su apogeo. Comentarios que, Dios mediante, haremos el próximo número.

Antonio Díaz-Cañabate, 1950

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J. R. M.

Jazz y Rocanrol



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Desde Múnich, esa Barcelona sin complejos de bajitos, Xabi Alonso ha centrado un balón “con rosquita”, como dicen los cronistas que carecen de comprensión lectora para entender a Hughes, y no hay más remedio que subir a rematarlo:

    –El Bayern de Múnich es jazz, y el Real Madrid, rocanrol.
    
A Xabi se lo ha llevado Pep a una cervecería, que en Alemania sería como llevárselo al huerto, y le ha vuelto loco dándole la chapa sobre sus experiencias con el piano de Tete Montoliu en Barcelona y el clarinete de Woody Allen en el Café Carlyle (Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band) de Nueva York, donde seguramente se hiciera en la mesa la misma pregunta (¡tan española!) de Elvira Lindo ante un cocinero que se presentaba como artista:

    –¿Artista? Lo primero que pensamos tanto mi marido, Antonio, como yo ante su imprudente discurso fue, ¿usted sabe la cantidad de talento real que emana de las cabezas de esta mesa?
    
La compañía de esa Elvira Lindo del fútbol que es Pep Guardiola en el extranjero lleva a Xabi Alonso a forzar una imagen que no acabamos de ver.
    
¿Jazz, el Bayern? La verdad es que cuesta ver en Bastian Schweinsteiger a Diana Krall. ¿Rocanrol, el Madrid? Si te lees el “Manifiesto del Rocanrol” de Auserón, a lo mejor llegas a la conclusión de que el pequeño Modric, con barbita “hipster” y tarareando el Nuevo Himno, es Pepe Conejo, el Leiva de “Pereza” (¡qué pereza!).

    A Steiner, que no estaba en la mesa de talentos de Elvira Lindo en Nueva York, pero que es un sabio muy amable, el rock le cuesta más que el jazz, y no veo yo a Steiner gozando más con el Bayern que con el Madrid.

    –El jazz parece muy próximo a la música clásica. Yo estaba en la Universidad de Chicago en los años en que Dizzy Gillespie hacía su debut en Beehive, en los que Charlie Parker se convertía en leyenda. Pero el rock me parece estar del otro lado de la humanidad: está hecho para ensordecer, para humillar. Es totalmente sádico.
    
Para Steiner, que lo asocia con el final de nuestro sentimiento de la armonía de la vida, el rock va del brazo del odio al silencio, y uno no conoce un estadio más silencioso (¡el silencio blanco y heideggeriano de la nieve!) que el Bernabéu, cuyas Sirenas (esta delantera madridista, donde sólo se echa de menos a Nico, es la “Escuela de sirenas” de la atlética Esther Williams, que sería Cristiano, claro) poseen un arma aún más poderosa que su canto, y es su silencio.
  
Es quizá concebible, aunque tal cosa no haya ocurrido, que alguien haya podido escapar a su canto, pero no, desde luego, a su silencio.

        Y ahora, el Barcelona de Luis Enrique, que tampoco es el de Pep Guardiola, pero que puede servir para dejar sentadas un par de cosas: la primera, tapar el 2-6 con un 6-2, pues pocas veces va a presentarse otra ocasión semejante; y la segunda, desprenderse de la antipática condición (tan italiana) de mostrarse fuerte con los débiles y débil con los fuertes en una Liga donde el único adversario fuerte (fuerte, pero menos) es este Barcelona.


George Steiner

CRISTIANO vs BRAVO

    Cristiano Ronaldo, el máximo goleador, contra Claudio Bravo, el “mínimo” goleado (y con Piqué y otro tío que fuma de centrales). Si Casillas fuera Bravo, el Madrid tendría números de Liga albanesa, pero Casillas es el Félix Venerando (¡venerando a Félix!) de este equipo, concebido con arreglo a los recuerdos que Florentino Pérez guarda del Brasil del 70, aunque aquí de aquel Brasil sólo parezca James. Aprovechémoslo, porque hasta el partido de vuelta en Barcelona ya podemos despedirnos de otro desafío igual. Estaba el Atlético, pero a Simeone le han desmochado a Diego Costa, que era su Cristiano, y a Courtois, que era su Bravo.



El cielo (de Pablemos) es azul



Venía yo, trivial Sísifo moderno, arrastrando mi carro de la compra, como todos los sábados, cuando al subir por las escaleras del monumento a la sardana he tenido que sortear  una pareja de adolescentes efusivamente -muy efusivamente- abrazados. Me parece que ni me han visto. Al dejarlos atrás he oído que el chico le decía a la chica: "Te voy a decir una poesía". Yo, por supuesto, he ralentizado el paso, expectante. "El cielo es azul / tus bragas lilas / y el bocata de pernil estaba cojonudo". Si no me he puesto a llorar de emoción ha sido porque no merezco emular al Junqueras.

Los muertos y las muertas. Alfonso Paso



ALFONSO PASO
1926-1978

Alfonso Paso, hijo de Antonio Paso –triunviro cómico del 98, con Arniches y García Álvarez– y yerno de Jardiel, que dejó escrito: “Si queréis mayores elogios, moríos.” Conoció a Churchill en la Costa Azul, donde le dijo: “Hay dos cosas que los ingleses nunca podremos tener: una es el Mediterráneo, y la otra, el Real Madrid.” Paso le aclaró que él era del Atlético, a lo que Churchill repuso: “Eso revela su educación inglesa. Hay que ponerse las cosas difíciles.” López Sancho dijo de Paso que fue un español con alma de moro y voluntad de alemán. Escribía –letra menuda, apretada– cuatro cuartillas todas las madrugadas. Tuvo siete u ocho obras en cartel al mismo tiempo. Cuando murió, su amante, con el puño en alto, gritó en la capilla ardiente: “¡Yo también te saludo!”, mientras en la calle el público cantaba el Cara al sol.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Lunes, 20 de octubre

Valle de Esteban
Chip y Chop

domingo, 19 de octubre de 2014

Sin ganar

La peña inglesa del Málaga
 Leal y valiente

Francisco Javier Gómez Izquierdo

No puedo disfrazar por más tiempo lo evidente, ya que por más que tiro de optimismo no veo equipo de fútbol en Primera División más incapaz que el Córdoba. Sólo me queda si acaso el Levante. Los jugadores de mi equipo son torpes en lo técnico y muestran cierta gandulería en lo físico, por lo que si no arreglan lo segundo no hay milagro que nos salve.

      La plantilla del Córdoba tendría un pasar sin sobresaltos en Segunda, pero no llegaría más arriba del cuarto o quinto puesto, porque en realidad, y que me perdonen los técnicos Cordero y el Chapi Ferrer, el equipo no se ha reforzado respecto del año pasado. Se fueron esforzados galeotes, nuestra virtud, y ha llegado una cuadrilla de promesas que no acaba de asentarse y que carece de calidad para jugar en Primera. Los dos o tres futbolistas que la tienen no saben jugar al fútbol en equipo, y que me perdonen otra vez el atrevimiento. Por ejemplo, Federico Cartabia, con nombre de aventurero ó descubridor de penínsulas, tiene un primer regate vistosón y diez peligrosos metros en carrera. Los rivales le han cogido el truco y como no ha aprendido a hacer más.... pues ahí se ha quedado nuestra estrella: derribado en falta al iniciar el sprint.

    Son ocho jornadas y los  entrenadores van mejorando imperfecciones y se van consolidando los equipos. Todos menos el Córdoba, que lo mismo un titular va el domingo siguiente a la grada que de la grada pasa directamente a la titularidad. No sabe si jugar directo o combinando... y, en fin, todas esas teorías técnicas tan confundidoras. Está inseguro Ferrer. Confundido y puede que desesperado porque busca y no encuentra jugadores de Primera entre los suyos. Si acaso dos: Ghilas y Cartabia.
      
El Málaga nos dio un repaso de aquí te espero y no coló más goles porque Dios no quiso.El portero  Kameni no fue molestado en todo el partido. La defensa, a la que veía un servidor vulnerable por el centro, pasó una noche otoñal de absoluta placidez, y Camacho, Recio y Samuel el mayor (faltaba Darder y el Mágico Duda) se comieron nuestro centro del campo. Arriba, Amrabat pudo con toda nuestra defensa. Samuel el menor disfrutó como en el colegio y Juanmi pareció volver a sus gozosos diecisiete años. Buen futbolista Juanmi. Aún es muy joven y le riñen los compañeros si intenta un regate de más, pero cuando pierda el respeto entrará en la subasta de los grandes. Estuvo bien el Málaga, pero es que nosotros estuvimos catastróficos. Y encima nos veía toda España.
    
En el Bernabéu, ante un Madrid ganable, el público merengue nos aplaudió. En Valencia, la afición de Mestalla cantó “el Córdoba es de Primera”. Los comentaristas de las teles tienen mucha comprensión con nuestras carencias.... pero lo que ya me ha matado definitivamente es ese “Córdoba, Córdoba” que gritó la escasa afición malagueña en el minuto 85 para que el público de El Arcángel aplaudiera agradeciendo la caridad. Ese canto solidario a mí me suena como a un sentido pésame, a un no había mas remedio, a un donde no hay no se puede sacar, un visto lo visto estáis por aquí de paso.

   Lo peor es que van a tener razón.