domingo, 2 de agosto de 2026

La República




Mayo del 68 en Madrid

Miguelín en Las Ventas


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Hoy no hay un Mommsen para contarlo, pero ya podemos decir adiós a la República de los Founding Fathers, que llevaba algunas presidencias boqueando. La mitad del país, llamada de izquierdas, dejó de creer en la Constitución (no le gusta el Colegio Electoral ni la Corte Suprema ni la Segunda Enmienda), y la otra mitad, llamada de derechas, ha dejado de creer en el voto. “Et tout le reste est littérature”, que diría Verlaine, cuya Canción de Otoño eligió Eisenhower para santo y seña del Día D.
    

Pero ¿qué hacen ahí metidos todo el día? –preguntó en Filadelfia una señora a John Adams, que había salido a distraerse del trabajo de dar forma a la Constitución federal como la osa virgiliana a sus oseznos.
    

Señora, ¡la República de las leyes! –contestó el estadista, más kelseniano que un ocho, cuya esposa, por cierto, la tremenda Abigail, acusaba a Hamilton de tramar hacerse… rey.
    

Cuando el miércoles, día de Reyes, un Búfalo de la Pradera, que diría Chiquito, entró (como Pedro por su casa, la verdad) al Congreso y dio con el ordenador abierto de Nancy Pelosi, donde la única alarma eran las citas de la peluquería, me acordé de la señora de Filadelfia poniendo a prueba, sin querer, al grupo constituyente que, sin saber, estaba inventando la “República de las leyes” (Adams), es decir, la “democracia representativa” (Hamilton), de la cual sólo queda hoy la “mano muerta de la abstracción”, que mece la cuna de una sociedad de abogados.
    

La jurisprudencia y las matemáticas han desarrollado las formas más puras de la ficción –nos dejó dicho el filósofo del “como si”.
    

Trump siempre fue un epígono del siglo veinte: lo odioso, en él, es su anacronismo de aguafiestas que señala y grita al rey (TV, Hollywood o Big Tech) que va desnudo. Trump es a la democracia del siglo XXI lo que Miguel Mateo Miguelín a la tauromaquia de los años 60. “¡Detengan a ese hombre!”, gritaban los cursis del clavel cuando saltó, trajeado, al “sagrado ruedo” y se montó en el toro que lidiaba El Cordobés.


[Enero, 2021] 

Domingo, 2 de Agosto

 


El toro del pueblo

Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños

DOMINGO, 2 DE AGOSTO


En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó:


-No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.

Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo:


-Traédmelos.

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.


Mateo 14, 13-21 

sábado, 1 de agosto de 2026

En la muerte de Franco Baresi

 
 De una Historia de Campeones de Europa que sacó Marca en 1999 


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
  El miércoles por la mañana me disponía a poner aquí un recuerdo de Badiola, para servidor, jugador inolvidable y eso que no recuerdo haberlo visto jugar (el Burgos andaba en Primera y el Alavés en Segunda).  Badiola va asociado al incendio del Corona de Aragón, a las tristes consecuencias que arrastró después del salto por una ventana huyendo de las llamas y el humo; a Valdano, al que he prestado atención cuando se refiere a aquel día en que él libró porque a pesar de tener reserva de habitación no se alojó... y a Casuco, otro que también con reserva se quedó en Teruel porque se le hizo tarde, según leí en un Don Balón que no sé dónde andará. Era un trío que fichó el Zaragoza en julio del año 79. El año que empecé la mili. Años en los que el terrorismo saludaba a tercer día.

 

 
    Dejé el recuerdo casi sin empezar porque la muerte volvió a llamar a mi familia y tuve que salir pitando. De vuelta esta mañana, a la altura de Valdepeñas, oigo que ha fallecido Franco Baresi. El locutor dice que ganó el Mundial de España y, solo que venía, me sale un "..Sí. Estuvo aquí, pero no jugó nada." A los de mi peña les suelo decir que Baresi, una esponja en tareas de atención, aprendió en el Mundial del 82 de uno de los mejores defensas, por inteligencia y colocación que ha dado el fútbol, Gaetano Scirea, que murió hace años como murió nuestro gran Juanito: joven y en la carretera. Fíjense si era bueno Scirea que Baresi no jugó ni un minuto en el Mundial de España. 
   Creo que la llegada de Arrigo Sacchi al Milán con un sistema sorprendente y revolucionario requería un capo inteligente con la formación adecuada para tirar una línea defensiva agresiva, desesperante para los equipos y aficiones rivales no por violenta -no tocaban al delantero- sino por muy entrenada. Aquel Milán emocionó a Europa entera con holandeses sensacionales como Gullit o Van Basten (siempre he confesado mi inclinación por los peloteros holandeses), pero el jefe era Baresi, que desde atrás y ayudado por otro elegante como él, Maldini, parecían invencibles. Baresi era como un Napoleón observando los movimientos de los suyos -para mí, era el brazo alargado del míster-  que abría y cerraba el chorro del fútbol con un talento exquisito además de natural.

 

 
    Curioso que quizás dos de los mejores futbolistas que ha dado Italia jugaran en la misma posición: Scirea, juventino casi toda su trayectoria, y Baresi, milanista de por vida y conforme pongo ésto, pienso que el puesto de líbero tiene tres nombres propios que los veteranos nunca olvidaremos, salvo que el Alzheimer nos acoja en su seno: Beckenbauer, quizá el de mayor calidad, Scirea, poderoso y valiente, y Baresi, puede que el menos dotado técnicamente pero para mí el más inteligente. Tanto que al decir "líbero", nos sale su cara. Los tres se han ido y desde que se retiró Baresi, el último, quedamos a la espera de alguien parecido.
     

 

Franco Baresi  muere con 66 años. DEP.

El Reformador


Paul Bremer

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Un senador pepero, epígono de Incitato, jura en el Senado consagrarse a luchar con todos (eso incluye a Bildu)… contra el fascismo de Vox, a cuyo jefe, por cierto, que viene del españolismo de Gustavo Bueno, aún no se le ha escapado una sola fascistada de las que acostumbra soltar, sin saberlo, el jefe del senador, un estatalista a cuyo lado Ramiro Ledesma sería Bakunin.
    

Hombre, hombre… ¿Cómo se puede llamar dictadura a esto? ¡Dictadura, la de Franco!
    

Recordemos a tanto sinsorgo que, si mi libertad depende de la voluntad de un individuo, que además suele ser idiota, y no de la ley, entonces vivo en una dictadura.
    

¿Cómo es posible que tan pocos dominemos a tantos? –se preguntó Alexander Hamilton, que inventó para su país (¡y para ningún otro país!) la democracia representativa.
    

Pero Aznar, más que de Hamilton, es de Paul Bremer, aquel gobernador vestido de Emilio Aragón que pusieron en Iraq, y Aznar es el ideólogo del Nuevo Centro que hace suyo el lema de Tony Blair: “Sólo sé lo que creo”. Vivimos, ha dicho, en “el futuro de las nostalgias”, que es, destrozado (“reformado”, diría nuestro reformador de Meopotamia) un aforismo de Eduardo Torres, personaje de “Lo demás es silencio”, de Monterroso:
    

La nostalgia está a la vuelta de la esquina.
    

“Contra los revolucionarios, reformadores”, se resume la receta aznarí, aunque su ministra de Exteriores cuando la “reforma iraquí” tuerza en las elecciones americanas por “la moderada” Kamala Harris contra “el agresivo” Trump, primer presidente americano que concluye un mandato sin arrasar un país de la Tierra.
    

Ya advierte Santayana de la frecuencia con que se confunde las palabras “reforma” y “revolución”:
    

La francesa fue una verdadera revolución, pero la inglesa y la americana fueron esencialmente reformas, pues respetaron y liberaron el anterior orden generador de vida y de instituciones. En cambio, la Reforma “par excellence” fue una insurrección.
    

No estamos locos, pero el Nuevo Centro quiere que lo parezcamos.

[Octubre, 2020]

Sábado, 1 de Agosto

 


Colmenar de Oreja