Francisco Javier Gómez Izquierdo
El miércoles por la mañana me disponía a poner aquí un recuerdo de Badiola, para servidor, jugador inolvidable y eso que no recuerdo haberlo visto jugar (el Burgos andaba en Primera y el Alavés en Segunda). Badiola va asociado al incendio del Corona de Aragón, a las tristes consecuencias que arrastró después del salto por una ventana huyendo de las llamas y el humo; a Valdano, al que he prestado atención cuando se refiere a aquel día en que él libró porque a pesar de tener reserva de habitación no se alojó... y a Casuco, otro que también con reserva se quedó en Teruel porque se le hizo tarde, según leí en un Don Balón que no sé dónde andará. Era un trío que fichó el Zaragoza en julio del año 79. El año que empecé la mili. Años en los que el terrorismo saludaba a tercer día.
Dejé el recuerdo casi sin empezar porque la muerte volvió a llamar a mi familia y tuve que salir pitando. De vuelta esta mañana, a la altura de Valdepeñas, oigo que ha fallecido Franco Baresi. El locutor dice que ganó el Mundial de España y, solo que venía, me sale un "..Sí. Estuvo aquí, pero no jugó nada." A los de mi peña les suelo decir que Baresi, una esponja en tareas de atención, aprendió en el Mundial del 82 de uno de los mejores defensas, por inteligencia y colocación que ha dado el fútbol, Gaetano Scirea, que murió hace años como murió nuestro gran Juanito: joven y en la carretera. Fíjense si era bueno Scirea que Baresi no jugó ni un minuto en el Mundial de España.
Creo que la llegada de Arrigo Sacchi al Milán con un sistema sorprendente y revolucionario requería un capo inteligente con la formación adecuada para tirar una línea defensiva agresiva, desesperante para los equipos y aficiones rivales no por violenta -no tocaban al delantero- sino por muy entrenada. Aquel Milán emocionó a Europa entera con holandeses sensacionales como Gullit o Van Basten (siempre he confesado mi inclinación por los peloteros holandeses), pero el jefe era Baresi, que desde atrás y ayudado por otro elegante como él, Maldini, parecían invencibles. Baresi era como un Napoleón observando los movimientos de los suyos -para mí, era el brazo alargado del míster- que abría y cerraba el chorro del fútbol con un talento exquisito además de natural.
Curioso que quizás dos de los mejores futbolistas que ha dado Italia jugaran en la misma posición: Scirea, juventino casi toda su trayectoria, y Baresi, milanista de por vida y conforme pongo ésto, pienso que el puesto de líbero tiene tres nombres propios que los veteranos nunca olvidaremos, salvo que el Alzheimer nos acoja en su seno: Beckenbauer, quizá el de mayor calidad, Scirea, poderoso y valiente, y Baresi, puede que el menos dotado técnicamente pero para mí el más inteligente. Tanto que al decir "líbero", nos sale su cara. Los tres se han ido y desde que se retiró Baresi, el último, quedamos a la espera de alguien parecido.
Franco Baresi muere con 66 años. DEP.
