Hughes
Pura Golosina Deportiva
Mourinho a veces parece Mourinho interpretado por Eduard Fernández. Hubo un momento del partido en el que sentíamos una conocida sensación de pesadez y en el banquillo no vimos a un hombre optimista sino a Mou sentado, derrotado, asqueado, sin guardar ni siquiera la postura, diría que derrengado...
¿Vimos el asco en los ojos de Mou?
Le reprocharía no haber sacado antes a Espí. Se necesitaba un empuje nuevo arriba y un minuto antes hubiera evitado el gol. Pero no entraría en lo de las estrellas todavía. Para esa gestión habrá tiempo. Posterguemos un conflicto que evitarían las lesiones. De hecho, la suerte del Madrid campeón era también que Bale pasaba gran parte del año lesionado.
Vayamos al inicio. En el sorteo arbitral está Valverde, un capitán al que parece que van a engañar siempre con la monedita.
El partido empezó con cambios de balón porque no tenían la presión adecuada, y de la presión del balón pasamos a la del Betis, que no era tampoco gran cosa.
El Madrid se apoyaba en Guler, que desde la derecha abría el juego y lo ‘profundizaba’ o lo lanzaba al otro lado. Bellingham dirigía la presión en esos minutos.
Otro que estaba muy bien era Huijsen, mucho más agresivo y con varias proyecciones ofensivas. Remató un par de balones, también buscó a Mbappé en otro buen pase en la segunda parte... Sus participaciones en la presión fueron una gran cosa.
Güler abría la derecha, a Dumfries o a Mbappé, y también puso dos buenos balones a Vini, que llegó tarde a los dos.
El Madrid no estaba mal, aun construía de manera aceptable, pero lo mejor suyo venía de robar, de la presión. Cucurella empezaba a conocer la soledad del lateral izquierdo del Madrid, pero salvo un poco de Antony, que más que peligroso es pericoloso, no había peligro.
Camavinga no estaba mal. Su concentración mostraba una mayor autonomía, como si le fuera durando más la pila. El Madrid no hacía brotar fútbol continuado, chorro, sino jugadas puntuales sobre el circuito Huijsen-Bellingham-Camavinga-Guler, que podría explicarse así: para que la pelota le llegara a Güler, creativo del equipo, Huijsen tenía que encontrar a Camavinga, pero tras toque de Bellingham. Un poco como los presos se pasan la lima unos a otros en el comedor de la cárcel.
Ese circuitito funcionaba y el Madrid iba llegando, aunque se les notaba el paso cansado. También hacía mucho calor en Sevilla.
Vini llegaba tarde por medio segundo a los balones de Güler, que ha mejorado su primer paso, la explosión de su salida, que era lo que le faltaba.
Vinicius estaba mal, flojo, lento y culón. ¿Hasta qué punto nos vincula la lealtad y el vicio de la congruencia con alguien que ha cambiado de rostro?
El partido estuvo al final de la primera parte, que no había sido nada mala para el Madrid. Confieso que yo, por momentos, disfruté. Fue justo después de esa cara de angst de Mou repanchingado en su sillón. Hubo un arreón de juego, varias ocasiones, una de ellas una doble y clarísima de Mbappé (de la orden conventual de las Clarísimas), tras precioso contragolpe de Bellingham y Vinicius.
A partir de ahí, de semejante fallo, Mbappé perdió definitivamente el mojo. Empieza a notarse cuando pierde su autoestima. Creo que pese a su sonrisa, algo se ha resquebrajado en él y empieza a ser un nueve con problemas de convencimiento.
El partido estuvo ahí. Luego tuvo Belligham una ocasión en un córner. No todo era malo, Huijsen empezaba a mostrar la bragadura y Camavinga no perdía el oremus a pesar de algún pase de esos suyos innecesariamente fuertes, como si en vez de írsele la mano se le fuera el pie, como el que echa la sal y descontrola el golpe de muñeca .
Camavinga cubrió mucho terreno, llegó a la izquierda para ayudar y no falló excesivos pases. Pero Valverde, ¿dónde estaba Valverde y qué hacía?
Una libélula se posó sobre el pelo afro de Vinicius, un momento muy bonito de la primera parte.
Al empezar la segunda, ya se vio que la cosa no por el individualismo impertinente, nervioso e inútil de Mbappé. El Madrid era previsible: que Huijen encontrara a Güler a través de algún intermediario al que le quemara la pelota (hay primeros toques de serenidad y otros de patata caliente).
Pero hasta Güler fallaba y le buscaban las vueltas para darle el premio del día a la categoría “te damos, te expulsan”.
El Madrid no brillaba porque los de arriba parecían cansados y desdibujados, pero no estaba mal. Iba subiendo, empujando, y atrás era sólido. No inquietaba el Betis.
Los cambios de Mourinho respetaron a las estrellas; sacar a Trent sin Espí no era lo más inteligente.
El Madrid parecía cansado, falto de creatividad y chispa. Era necesario un empuje, pero Mou tardó y cuando lo pedíamos, lo sentíamos, marcó el Betis, Parrott, tras un rechace en un córner.
Entonces salió Espí y el Madrid tuvo de quién colgarse. Primero fue su golazo de tijera con la izquierda, a pase de Vini, anulado por fuera de juego; luego el penalti fallado por Mbappé tras jugadón de Vinicius. En un día terrible, da una asistencia y provoca un penalti.
Mbappé falló y se dejó farmear el aura por el portero. Los béticos habían invadido como moros el área, pero el VAR no creyó conveniente la repetición. Yo deseaba que se repitiera el penalti, pero era aun mayor el miedo que tenía a que lo volviera a fallar y se nos hundiera el jugador franquicia.
Todo lo del Betis lo vivió muy intensamente Ceballos, que hizo de abuela del Betis con una bandera de Marruecos de fondo, para más inri.
¿Qué hace una bandera marroquí en un campo español?
El Madrid dio muestras de cansancio digamos estelar lo suficientemente pronto como para haber cambiado algo. Pero la cohabitación, que ha sido un gran problema, no va a dejar de serlo completamente de un día para otro.
El Madrid ha de agarrarse a que pudo haber ganado, porque es verdad, y al buen juicio de Mourinho. Una vez demostrado que los tres de arriba pueden jugar juntos, urgiría demostrar que también pueden hacerlo dos.
No puedo negar cierto disgusto y la sensación de que la vida, ahora mismo, no tiene mucho sentido.


