miércoles, 9 de septiembre de 2026

Hughes. Real Madrid, 2; Inter, 1. Para medio campo, ninguno


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Sólo dos mediocampistas en la alineación, y eran los box to box, los que el mediocampo lo atraviesan más que ocuparlo. Valverde y Bellingham a su modo crearon fútbol: robando, presionando; empezó muy pronto Valverde.


Como el mediocampo era un problema, el Madrid lo eliminó. Dejó el balón y la iniciativa a un gran rival. Porque el Inter no era cualquier cosa. A pesar de no tener la pelota, el Madrid tuvo muchas ocasiones y ante la portería se las ingenió para ser a la vez letal y romo, certero y negado.


Trent de mediocentro es una mala elección y fue peor aún defensivamente. Es un lanzador de pases, no le pidamos mucho más.


El Madrid se replegó sin complejo alguno y marcó con un robo alto que Brahim, el paradigma de la viveza, se la pasó a Mbappé, que remató sin pensar.


Al ser de Champions, el gol se celebró con otra tranquilidad. No había una brigada audiovisual fiscalizando frame a frame la jugada.



@realmadrid


Era muy llamativa la debilidad defensiva de Trent, un subbuteo de esos, y Courtois ya le paraba una al turco fonéticamente conocido como Chalanoglu.


El entrenador del Inter era Chivu, otro central que sonó como ahora Bastoni. Parecía Solari con rinoplastia y lucía un suéter elegante, señal de que el Inter, al menos estéticamente, está volviendo.


La presión era la única vía, y así, metiendo la pierna, Bellingham se la puso cual Fernando VII a Vini, que no iba a tener su noche ofensivamente.


El Madrid tenía una blandura y un bloquebajismo de corte ancelottista, pero con espolón. Le salían momentos de presión muy focalizada. El Inter tocaba de un modo cansino e irritante. Era un dominio inútil, cautivador de Maldinis; el narrador repetía, asesino de sinapsis, el sofisticado sello de identidad interista consistente en dejar un central en el mediocampo.



@realmadrid

El toque era amanerado, irrespetuoso y tonto, y tuvo justo pago en el 2-0, otro siroco presionante de Valverde que robó al portero Josep Martínez, nombre de concejal odiador de España.


Los box to box no son vitinhas, vale, pero van al choque y a la vez son grandes llegadores, y eso se acaba convirtiendo en presión alta. Su modo de ser es altopresionante, lo cual viene muy bien al equipo. Valverde y Bellingham, con todas sus debilidades, le dan al Madrid el tono y el empuje.


Hubo un tramo de contragolpismo mourinhista de tronío, galopadas frenéticas que empezaron con una gran ocasión de Mbappé a pase, de nuevo vivísimo, de Brahim.


Hubo un lance curioso. Lautaro luchó un balón con Courtois y le clavó el codo en la nuez. La narración: “Courtois le da a Lautaro en el antebrazo, la parte picuda del antebrazo”.


Por el triángulo Dumfries-Trent-Konaté no había fútbol, ni suyo ni de ellos. El Inter llegaba alguna vez por el lado izquierdo del Madrid, pero con el trabajo esforzado de Vini el peligro o la inquietud pasó a cualquier sitio donde estuviera Trent.


La primera parte acabó con una jugada de marciano de Mbappé. Fuera del área se fue con su andar de canguro, cambió de ritmo y dirección aunque luego no superó a Martínez. Era un ‘fallo’ pero también era una creación ex nihilo, por decirlo finamente.



@realmadrid

Volvió a suceder iniciada la segunda parte. Un balonazo desde su campo lo convirtió, con velocidad supersónica, en un mano a mano que no supo resolver. Desde el sofá se veía una vaselina, pero tardó. La impresión es que los delanteros del Madrid están faltos de confianza y temen la reacción del respetable. Hay un ambiente feo alrededor, una atmósfera de tocacojones.


¿Está mutando el Bernabéu del ‘lamismo’, que ya era mucho, a una mezcla de Carrusel y redes sociales?


La segunda parte era para salir a la contra, presionar puntualmente, sin media ni posesión, sin documentos, como la canción, y con Courtois parando los merodeos del Inter.


Defensivamente pudo ser el peor partido del Madrid. Tuvo de bueno ver cómo le salen los pelos de la barba a Huijsen, que hasta le echaba cancherismo a Lautaro y pedía ardor al público. No me escondo: Bastoni no me pareció mejor.


Brahim hizo una genialidad miniaturesca de las suyas, un autopase de micromachine, la elevó con un chip, pero Bellingham añadió un control a lo que pedía sólo remate. Otro que decidió mal ante el gol. Luego le sucedió a Mbappé, tras otro pase (o habilitación, compliquémoslo) de Brahim.


Empezaba a haber psicosis y Brahim quiso democratizar la negación con otro fallo suyo. Cuando tenían que pasar, chutaban; cuando tenían que chutar, pasaban, y a todo le ponían una décima más de duda.


El partido era un correcalles de toros cansados, pero Mourinho volvió a reaccionar tarde, ya con el 2-1 encima (gol de Lautaro). Entró Tchouaméni, por fin, y Diomandé, que es bueno, pero otra rifa de pepona en cuanto a las decisiones.


Cuando cambió a Vinicius, Mourinho salió a aplaudir. La gente pitaba. Había trabajado cual Etoo’o, como un vulgar carrilero, pero a la gente le daba igual. No era eso. No era el esfuerzo, ni el trabajo. Mucho madridismo simplemente le ha cogido manía. Las fobias son libres. Puedes ser madridista y cogerle manía a los madridistas.



@realmadrid