Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Quienes sitúan en las revoluciones de 1848 el antecedente histórico del actual descalzaperros europeo no van desencaminados. Este nuevo 48 nos pilla con los alemanes al mando, cuyo canciller (en realidad, un capataz de BlackRock) ha tenido un sueño: inscribir su nombre, Merz, en la “Germania” de Tácito, como vencedor de lo que sea, con su “cara de manzana tonta en un árbol”, como lo pinta Lawrence Wilkerson, sólo que esta vez el final del 48 será más inclusivo, pero menos resiliente y sostenible que el del 800.
De Merz se cuenta que allá por 2004 perdió su portátil como un Hunter Biden cualquiera; lo encontró un sin techo, que lo devolvió a su propietario. Merz se lo agradeció con un ejemplar de su propio libro “Sólo sobrevivirán quienes cambien: el fin de la ilusión de prosperidad. Trazando un rumbo para nuestro futuro”, apunte que consignamos por si Tácito quiere incluirlo en las notas de su nueva “Germania”, aunque tampoco constituye un comportamiento de gente de derechas extraordinario: tuve una vecina que cada mañana vaciaba de publicidades su buzón y las entregaba al mendigo de la esquina.
–El objetivo ruso es desestabilizar el sistema de valores de lo que llamamos Occidente –dice Merz, muy campanudo, para arrastrarnos a la guerra, y lo dice tan convencido que una diputada holandesa, licenciada en Historia y Periodismo, las dos patas del saber occidental contemporáneo, pide en la TV que ataquemos ya.
Pero atacar ¿con qué? A trescientas mil cartas enviadas a alemanones en edad militar para apuntarse “al ataquerrr” de Chikito en defensa de nuestros valores sólo respondieron afirmativamente doscientos cincuenta y tres, lo que da una idea del arraigo de esos valores. En 1911, un kantiano, Hans Vaihinger, dejó claro en su filosofía del “como si”, o ficcionalismo, que lo que estos tipos de la guerra entienden por valores no valen ni para tacos de escopeta: como no sabemos que sean falsos, hay que tratarlos “como si” fueran verdaderos.
Políticamente, todos los valores europeos son deducciones del Estado de partidos (en el cual todo es mentira menos lo malo), en tanto que último grado de desarrollo del espíritu público. De esta lógica absoluta, Merz deduce la “democracia a la alemana” como Hegel dedujo la monarquía prusiana o Fukuyama el fin de la historia, que era la democracia a la americana, algo que nunca existió. En palabras de Jack Matlock: “Estados Unidos no es una democracia pura. Esa palabra no aparece en nuestra Constitución, ni en nuestra declaración de independencia, ni en nuestro juramento de lealtad. Lo que crearon nuestros fundadores fue una república y nunca ha cumplido los requisitos de lo que se diría que es un país gobernado por el pueblo. Y de hecho, Estados Unidos es una república controlada esencialmente por una oligarquía”. Liberalios a luchar, liberalios a morir.
[Martes, 15 de Septiembre]

