Hughes
Pura Golosina Deportiva
Mourinho dice mucho eso de “top”. Mbappé y Vinicius desde hoy, más que top son crop top por cómo se pusieron la camiseta de solidaridad con Ceuta; a mitad, hasta medio cuerpo. Les acompañaba en eso Konaté, que importa menos. En las redes, los ‘creadores de contenido’ competían por el castigo más apropiado: entre la deportación y el linchamiento. Mourinho ha trabajado mucho en reforzar vínculos y esto es un paso atrás. El club, que será atacado por las hordas antimadridistas (con perdón para las hordas), debería llevar el equipo a Ceuta. Un amistoso para la ciudad y que jueguen los tres.
La polémica le roba foco a un partido bien surtido de detalles.
El árbitro, por ejemplo, llevaba un pinganillo en una oreja y en la otra una cámara colgada en lo que parecía un homenaje a la Dama de Elche. Pudimos ver en primer plano a Valverde poner la misma cara que pone Valverde para todo.
El camachismo del club, los de “no tiene cohones el portugués”, tenían su primera alegría: Belligham descansaba y en su lugar salía Arda, de niño bonito o 10.
El partido nació muy vivo. Había ráfagas de presión arriba con un par de ocasiones que empezaba a fallar Vinicius. Huijsen gustaba: cabezazo de córner, anticipación, pases largos, pases clarividentes al centro...
Al Madrid de Mou los partidos no le salen cerrados, ceroceristas, nihilistas, sino más bien alegres, de ida y vuelta. Eso es bueno, pero se echa de menos la capacidad de hacerse uno, bloque, de cerrarse, de hacer la formación de tortuga romana por el simple placer del cero.
El Madrid tuvo muchas llegadas que sería quizás ocioso ir contando ahora. Lanzaba el juego Trent, o Huijsen o Güler, es decir, aprovechaba bien a los “con pie”, a los jugadores podales.
Llegaba mucho, se oía mucho decir “mucho, mucho”, pero es verdad que Vini estaba de nuevo fallón. Todo lo que cogía lo perdía. Yo pensaba en el chico ese de “no hago más declaraciones”, en cómo estaría y en la cara que tendría su novia en esos momentos.
La frescura desde luego no estaba en Vinicius y asomaba por otros lares. Estaba en Güler, que marcó el 0-1 poniendo una falta pegadita al palo, en sus pases profundos y acompasados, que lleva como en un carcaj, y estaba en Diomandé, presentado ya ante el madridismo y quizás la Eternidad.
El 2-0 fue en parte suyo: balón largo de Valverde a una carrera que Diomandé había empezado un instante antes; llegó y de primeras asistencia a Mbappé. Gol de tiralíneas, por cierto, con lo que eso tiene de logro conjunto, de velocidad conjunta.
Era un golazo y cuanto más golazo e importante es un gol, mayor terror pixélico se siente en la liga española. Afortunadamente, no hubo causa para VAR.
Diomandé celebró su asistencia porque sabía lo que acababa de hacer. Tonto no es, y corre como tres. Al poco ya estaba robando otro balón. Partía de extremo diestro, se iba a presionar hasta la media izquierda y volvía a acabar de lateral derecho. El sueño de un entrenador.
En esa primera parte, el Madrid pudo meter cuatro. Su juego fue alegre y equilibrado, lleno de variantes, con recursos suficientes y el Elche poco hizo. Solo llegadas de Tete Morente, que sonaban (qué suerte llamarse así) más flamencas que peligrosas.
En la segunda parte llegó la catástrofe y casi se nos escojoncia el mourinhismo. Solo vimos a Diomandé, que siguió bajando, subiendo, yéndose, caracoleando...
Es la leche porque se va de los rivales como quiere y luego vuelve como un loco para perseguir a esos mismos rivales. Es una locura. Su vida es un irse y un venirse. Además es un jugador sin sobrecarga psíquica, incluso despreocupado. Se le nota. ¿Se contagiará Vinicius de esa olvidada frescura de ser solo extremo?
Ya hablaremos de Diomandé. Es todo lo que nos dijeron que sería Babangida. Y mucho más. Mou lo va a drogbificar, además, Mourinho tiene que estar feliz con ese diamanté, porque Diomandé es un diamanté en muy bruto (ojala eso en portada del Marca).
El Madrid se desconectó del todo. Volvieron todos a los mundos de Yupi. Espiritualmente, el equipo no llegó a salir del todo al campo. Entendimos por fin que la enemistad entre Valverde y Tchouaméni empezó por los pases que se daban, y Vinicius siguió ampliando su gafancia que parece tener que ver con algo psicológico, con algo de carboncillo, de suciedad, de miguitas en el blanco de la serenidad de la conciencia. Tiene que quitarse un poco el traje de Vinicius, la presión de ser, bajar mentalmente el escalón que subió hace unos años con esfuerzo titánico.
Es eso o culpar a la novia, que también.
El Madrid estaba en su campo, sin robar, ya vimos incluso los clásicos patadones a la Tchouaméni, y al final marcó el Elche, 1-2 de Osorio.
Muy mal los jugadores, pero ¿por qué no cambiaba Mou? Volvió a tardar un poco demasiado y llegó el 2-2, empate de Niño. Mou empezó a escribir violentamente en su cuadernillo.
Ahora sí: cambios. O el cambio: Espí, que con su corpachón se lanzó a por todas.
Cumplido el 90, Bellingham se fue del cansado rival con autopase, luego pasó con clase a la carrera de Mbappé, que sobrado de power cedió a Espí.
Mourinho va de hierático pero el gol se le notó, aunque tratara de sofocarlo. Perdió unos papelitos y luego, alguien, al rato, le avisó y los recogió. Había sido, literalmente, una pérdida de papeles.

