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miércoles, 24 de octubre de 2012

Adivinanzas

El Indio Fernández de cantinero en Bajo el volcán

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un tribunal italiano condena a seis años de cárcel a los científicos que en 2009 no supieron prever el terremoto de L’Aquila.

    –Al gallo, todas las gallinas que quiera –ordenó al servicio el Indio Fernández para su “Fortunato”, el gallo que al decir de Arcadio, un brujo que practicaba la alectomancia, o adivinación por el kikirikí o por la piedra del hígado, portaba la estrella de su buena ventura.

    Muy serios se han puesto en Italia con la ciencia.

    Cuando un emperador romano asumía la púrpura, se acostumbraba hacerle miembro del Colegio de los Augures, pero, como dice Bertrand Russell, nadie esperaba que fuera a alimentar a los pollos sagrados, pues sería como esperar que por hacerle a uno académico de la Española supiera escribir en español, entendiendo por español lo mismo que Pla: complejas frases largas acabadas en cola de pescado.

    Arcadio alimentaba a “Fortunato” con carne cruda, semillas de chile y tequila. ¿Qué echaban de comer a sus pollos esos condenados italianos?

    –¡Aves de mal agüero! –rabiaba el otro día Fidel (“y en eso llegó Fidel”) en una página de “Gramma” contra quienes lo pintan aculado en tablas, oyendo las campanillas de las mulillas.
    
Todo lo que es exagerado es insignificante, pero la condena a los arúspices italianos me hace preguntarme por la suerte de tantos hombres de la economía que anuncian la caída del PIB a toro pasado, o de tantos hombres del periodismo que llevan desde noviembre anunciando para mañana un rescate que nunca llega, o de tantos hombres del tiempo que en agosto anuncian a diario lluvia sobre Asturias, cuando todos los días tienes que salir por chipirones con sombrero de paja.

    ¡Sepan que Homero se ahorcó por no haber entendido la adivinanza de los pescadores!