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miércoles, 22 de junio de 2011

Manzanares y José Tomás luchan por el cetro publicitario


José Ramón Márquez

Yo no sé qué ha pasado desde que acabó la feria de San Isidro, que parece que ya se han prohibido los toros en España. Vamos, que no hay ni una sola noticia relacionada con la tauromaquia que llame mínimamente la atención. Ni siquiera la loable decisión del rejoneador Sergio Vegas, de anunciarse en Granada con un toro en puntas de Partido de Resina, que además le infirió una grave cornada, ha sacado al mundillo del sopor hipnótico en el que parece haberse instalado en las últimas semanas.

Por volver a los clásicos, revisando la hemeroteca, diremos que en este tiempo y desde la desventurada corrida de Beneficencia de Madrid, el Chiquitín de Velilla, nuestro July, ha estado ‘tremendo’ en Nimes 'a pesar de las decisiones del palco' (?), ‘buscando el triunfo ante dos toros sin posiblilidades’, de nuevo en Nimes y con una solitaria oreja en Istres -ya es sabida la obsesión de este torero por la cosa auricular-, de no ser por la espada –léase julipié-. Ahí ha estado el hombre, pero sin barullo.

¿Y Manzanares? Pues como dijo aquél, bien, gracias. En los últimos diez días ha estado en la alternativa de su hermano en Nimes, donde cortó todo lo que se podía cortar, y luego en Istres, donde pasó un poco más de puntillas. También con poco barullo.
Parece que estuviésemos en una calma chicha, a la espera de la eclosión pétrea del próximo día 25 en Valencia.Y es que no cabe duda de que una vez más la impecable maquinaria mediática del ciprés berroqueño se ha hecho con los controles de la situación. Mientras los de la secta de Tomás comienzan a organizar su estación de penitencia en pos de su ídolo, salta a la vista que sus dos principales oponentes tienen perdida de antemano la batalla de los medios: July por aburrimiento y porque salvo ciertos frikis que se mantienen encastillados en la defensa del Niño Eterno, la crítica más ‘solvente’ ya sabe que éste no es caballo ganador. Este año irá por aquí y por allá en pos de sus ansiadas orejas, pero la artillería pesada que el año pasado le cobijó bajo las enseñas de ‘estuvo importante’ y de ‘el robo perpetrado por el palco’ ya está en otras batallas. Su próximo capítulo será el de ‘ahora quiero torear para mí, rebajar el número de tardes’, etcétera. No le van a tirar como a una colilla, pero los revistosos tienen ya reservados sus mejores loores para otros.

Y de esos otros, parece que Manzanares es el que peor montada tiene la campaña mediática. De acuerdo que Toño Matilla se mueve como pez en el agua en los despachos, en las ferias, en las ganaderías, en todo lo que llamaríamos ‘el taurineo’, pero por lo que sea no consigue que el ditirambo de su torero estrella se prodigue a mansalva. Necesita cambiar de agencia de comunicación y gestionar mejor la presencia en los medios de su torero para hacer frente al tsunami tomatero que se le viene encima. De entrada, creo que esa batalla la tiene perdida.
Porque Tomás, entre su epifanía valenciana y el omega de los toros en Barcelona, tiene que pasar como una centella arrasando con todo para grabar su nombre en esta temporada y tratar de arrebatársela a Manzanares. Sus dos características principales son ya bien conocidas: por una parte su ausencia de las grandes citas; por otra, su falta de confrontación con sus iguales. Matemáticamente sabemos que irá a Málaga a que le canten el ‘cumpleaños feliz’ y que estará en Barcelona, como se dijo antes, y que ésas serán sus plazas importantes. Lo demás, festivaleo. En cuanto a los toreros, ahora ha encontrado a Juan Mora, que le va de perlas para abrirle los carteles.

Entre Tomás y Manzanares está ahora mismo la lucha de esta temporada. Como si estuviésemos en marzo, empezando. Como si todo lo que ha habido por delante no valiese, y a fe que ha valido bien poco. Sólo faltaría que los dos matadores se buscasen, como gallos de pelea, y que el testigo de esa confrontación fuese el toro de casta, pero ya hay muchos alrededor de ellos que se encargarán de que eso no ocurra.