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domingo, 20 de febrero de 2011

De palique en la cola de la taquilla (¡porque la taquilla existe!)



Célebre desplante de Cayetano
(toro y torero de rodillas)
en la corrida inaugural de la Monumental de Arévalo



José Ramón Márquez


Aquí todo el mundo anda preocupado por estas nonadas con las que vamos pasando el tiempo, con ver los avances de carteles de Valencia y de Sevilla, con los rumores que corren, que si el vinatero Victorino no viene a Madrid, y su sobrino el pobre Adolfo, tampoco; que si están preparando en Sevilla una corrida de seis cabritillas a final de temporada para ver si conseguimos que Morante abra la Puerta del Príncipe y conozca la sensación que eso debe dar; que si Esaú tomará la alternativa en abril o lo dejará para otro momento; que si los toros que mató July en América eran o no más enanos y despuntados que los que mataron Ponce y El Cid; que si casi le meten una paliza a César Rincón por sus comentarios en la radio; en fin, las cosas del inicio de la temporada, que ya están los clarineros abrillantando los instrumentos.

En ésas nos andamos y casi nos olvidamos de Cayetano, el torero que aprovecha el mes de agosto para irse en yate a descansar, que ha estado el hombre paseando su palmito y derramando lisura nada menos que en el Palacio de Buckingham, donde vive la reina de Inglaterra y donde hacen el cambio de la guardia para los turistas, invitado por el Príncipe Charles a una fiestuqui junto a su novia, ésa que tiene dos poderosas razones para ser amada, como acompañante de la Duquesa de Alba, que tiene un novio funcionario, esto es, no susceptible de ERE.

En la capital del Reino Unido, el fotogénico diestro se retrató junto a la esposa del Príncipe de Gales, cuyo antepasado fue testigo en la Plaza Mayor de Madrid de la valentía del Conde de Tendilla alanceando toros, y después se dio el homenaje en la cena benéfica que siguió a las fotos. Se ve que el hombre no ha visto nada claro lo de irse a hacer las Américas, ni aún con la certeza de que los toreznillos que suelen echar en muchas de aquellas plazas son, por morfología y por encornadura, de lo más apropiado para un torero de tantas carencias como él. Acaso la intensidad de su vida galante no le ha permitido dar el salto del Atlántico por no descuidar sus compromisos sociales. Pronto veremos cómo le montan la temporada, aunque somos muchos los que pensamos que en el caso de Cayetano lo de los toros es sólo la excusa que él pone para ser famoso y que así le vayan invitando a las fiestas de la alta sociedad, le contraten para anunciar perfumes caros poniendo cara de mala leche y pueda seguir pastoreando novias con poderosas razones para ser amadas.

Dios reparte los dones como le conviene, en su infinita sabiduría, pero a veces nos da por pensar qué podría haber pasado si a un torero con la innegable afición de, por ejemplo, July, le hubiese correspondido en suerte un cuerpo como el del abogado y modelo.