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domingo, 27 de febrero de 2011

A caballo regalado...

Bono como recibiendo instrucciones antifascistas del coronelón
"Socialismo o muerte"
(¿Dónde está la disyunción?)

Jorge Bustos

Los plumillas seducidos por el brillo de las analogías hojalateras ya han comparado la ola de jacobinismo que llega dos siglos y pico después a Oriente Próximo con el Mayo francés, aquel botellón de pijoprogres que hizo exclamar a Ionesco, cuando contemplaba desde su piso parisino las lúbricas evoluciones de aquellos estudiantes que se las echaban de fragorosos partisanos, probablemente para ligarse a las groupies de Sartre:

¿Adónde vais, insensatos? ¡Mañana seréis todos notarios!

Y eso pasó, y por eso Pasolini confesó que en 1968 él tomó partido por los maderos que vigilaban el bullicio de los manifestantes, porque él siempre apoyaría al proletariado.

Aquellas jornadas francesas apenas depararon chichones y ronqueras, pero vamos, como cualquier viernes noche en Madrid. Así que, por respeto a los muertos que sí han regado de sangre mora las orillas mediterráneas en aras de un desharrapado órdago de libertad –contra, por cierto, satrapías afiliadas a la Internacional Socialista–, deberíamos reservar la épica de palo del Mayo francés a campeones del antifranquismo tan desaforados como Carme Chacón o José Bono, quienes han confiado al diario global en español el pánico martirial que les embargó el 23 de febrero de 1981. Chacón, a sus valerosos nueve años, se puso a empaquetar como loca todos los documentos comprometedores que ocultaba en su casa, qué sé yo, un dibujillo de Franco con dos cuernotes, un cromo del subversivo Curro Jiménez o un puzzle con piezas en catalán.

En cuanto a Bono, que ha vendido sus idas y venidas al baño la noche del 23-F como riesgosas incursiones de espionaje, un juzgado de Toledo le ha retirado todos sus cartones en el bingo sucesorio del acartonado nieto del capitán Lozano. La Justicia le va a mirar el diente al caballo regalado de su hípica, cuyas cuentas se antojan más opacas que la conciencia de Gadafi. A ver cómo convence Bono ahora a la prole socialista de que él es su pastor fetén, y a nosotros de que ha labrado su galopante fortuna luchando abnegadamente contra el fascismo.