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viernes, 29 de octubre de 2010

Las cosas de Melquiades, el esquilador (VIII)



MELQUIADES EN EL NIDO DEL CUCO FEMINISTA

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Hace 30 años, teníamos 20, y los que andaban en los 50, tenían peor concepto de una separada que la que se tiene hoy de un atracador. Que una mujer abandonara su país rico y que con su hija de cinco años se echara en los brazos de un hombre feo, sin dinero y sin carrera en una aldea perdida, escapa a la comprensión del habitante de los Juarros. De los Juarros... y de casi toda Castilla.

-Y encima tiene coche.

Si, ya desde nuestra llegada al pueblo, gran parte de los vehículos que subían o bajaban de la capital paraban a tomar un moscatel o un blanco para escuchar las ocurrencias de MelquIades, con la llegada de D. la cantina fue adquiriendo la categoría de “Ágora griega”, pues allí se demostraba no sólo con palabras, sino empíricamente, lo conveniente del divorcio, lo bonita que es la libertad en las mujeres y lo natural y enriquecedor que era hablar con lo que hasta entonces se tenía por libertinaje, en evidente confusión de conceptos mal entendidos.

Las mujeres de Salgüero admitieron a D. entre las suyas y los hombres vieron que D. era muy educada, muy tranquila y muy buena mujer. Sobre todo cuando, tomando café, se anunció la venida de otro francés:

-A veeeendredi, liega Pi., el papá de Do. Hemos de ggecoggeggle a lastasión.

Pi. se presentó en Salgüero el vendredi, pero por la mañana. Pi., como D., eran (y siguen siendo) judíos de nación, y cuando Pi. se dirigía al aeropuerto de Lyón se encontró con un joven conocido de su raza al que al parecer le encantaba conducir.

-Yo te llevo.

Y desde Lyón le trajo. No distingo los coches, y en aquella época menos aún, pero de un “cochazo” bajó un joven conductor de botas de mosquetero y sonrisa de cantante. El copiloto era más canijo que “Fideo” el del Jabato. Se apeó también muy sonriente y cuando la pequeña Do. corrió hacia él, el silencio que se hizo en la plaza supo que era Pi., el papá.

- Ha estado una hora y se ha vuelto pa Francia.

-El que se ha ido es el que ha traído al flaco. El marido de D.

-Ha abrazado y ha dado un beso a D. delante de Melqui...
.
-Y Melqui también le ha dado un abrazo.



Melquiades, orador

Logi, que era camarero en la costa, exponía la introducción de las lecciones de democracia a borbotones que recibían los lugareños.

-Esto es normal en otros países. Las parejas de alemanes y franceses en la costa intercambian las parejas y...

Ni Logi, que andaba por la costa, lo entendía. Pi. estuvo una semana con nosotros. Hablaba más conmigo que con Melquiades, y he de reconocer que a mí también me sorprendió que una judía hija de banquera, casada con un músico judío que dirigía una orquesta, hubiera sucumbido a los encantos de mi amigo. ¡¡Luego dicen que los judíos no se dejan convencer!!

-Javi, ¿comerán los judíos alubias?

-¿Y por qué no?

Melquíades preparó unas alubias de Ibeas de no te menees.

Y Pi. comió como un inconsciente.