sábado, 24 de julio de 2021

Wes the People


Con Gil Parrondo al fondo

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Yo nací (perdonadme), en la edad de la pérgola y el cine, en guiño a Gil de Biedma, que nació con la pérgola y el tenis y que, además, llamó “fox terrier de pelo duro” al hermano de Juan Guerra. Pero del cine ya sólo me queda Oti Rodríguez Marchante, que ha despachado en Cannes lo último de Wes Anderson, el Mr. Marshall de Chinchón, cuna de Pepe Sacristán, que se dejó la piel en las camas del destape luchando contra el franquismo.
    

–Más vale ir acostumbrándose al “toque Wes” –anota ORM–, aunque sea una lata, porque ya está rodando otra, y en Chinchón.
    

En Chinchón ("Wes the People"!), antes que Wes, estuvo Welles, que convirtió el pueblo en Macao a base de extras sacados de los restaurantes chinos de Madrid. Wes ha levantado en la carretera de Chinchón a Colmenar un Monument Valley sobre rastrojos pagados a precio de cosechón, y tiene alquilados todos los inmuebles de la comarca para su “troupe”, gentes que hacen vida de Burgos, razón por la cual Juan Belmonte rechazó en su día una película: “Un negocio que no da para levantarse a las 12 no es negocio”. Al verlos trajinar (los tengo de vecinos), me acordé de lo que contaba Gil Parrondo del rodaje, en el 56, de “Orgullo y pasión”, de Kramer: un labriego abulense se negó a alquilarles su rastrojo porque ¿para qué quería él tanto dinero, si toda su felicidad consistía en ir cada mañana a mirar su terruño?
    

En “Orgullo y pasión” se estrenó como extra Adolfo Suárez, que veinte años más tarde echaba en las Cortes su último discurso franquista, vendiendo la misma estadolatría castiza que ahora reclama Margarita Robles.
   

 –Los españoles hemos aprendido el valor del Estado. No menospreciemos la obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenajes de gratitud y que se llamaba Franco.
    

Al mes, “la Democracia”. ¿Cómo? Leguleyos (juristas, se dicen ahora) al salón: dando rango de “fundamental” a una Ley de Reforma Política con aptitud correctora de las Leyes Fundamentales del Régimen. ¡Y John Rawls con aquellos pelos!

[Sábado, 17 de Julio]

Los muertos y las muertas. Pablo Casals




PABLO CASALS
1876-1973

En España, decía Pemán, para ser “internacional” hay que llamarse Pablo. Y comprendía que el violonchelo de Pablo Casals hubiese sido requerido por las Naciones Unidas para dar un concierto, pues sonaba como la lira de Orfeo, que amansaba a las fieras: “El instrumento de Casals produce esa pacificación que antecede a la Paz.” Casals fue el último intérprete de la época iniciada con Liszt y Paganini. El chelo, según Gerardo Diego, sonaba de modo distinto desde Casals: “A órgano, a doliente y retenida queja viril.” Diego se contaba entre los que habían tenido el privilegio de oír el concierto que Casals diera en Madrid, en el Monumental Cinema y en pleno período republicano, como homenaje a la Reina Madre, Doña María Cristina. Murió en Puerto Rico, cuna de su madre y de su esposa Marta, sesenta años más joven que él, su Abisach del Libro de los Reyes.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Sábado, 24 de Julio

 

Cursilería burgalesa

La Igualdad, la Libertad y la Fraternidad dándose la mano. La Asamblea, trasladada, en corporación, al Campo de Marte. Yo con unas pistolas en mis bolsillos, y mis colegas también: un estoque, un puñal, una bola de plomo cosida a una pequeña correa de cuero… Y así acudimos a la fiesta de la Concordia…  Tocqueville

viernes, 23 de julio de 2021

Antonio Díaz-Cañabate, el pacto sinalagmático


 

Cañabate, por Dávila


ABC AL PASO

El pacto sinalagmático

ANTONIO DÍAZ-CAÑABATE ES TRES MOMENTOS PERIODÍSTICOS: JARABO, VENANCIO Y PALOMO


Ignacio Ruiz Quintano

Antonio Díaz-Cañabate y Gómez-Trevijano, El Caña, es la hoguera campamental del costumbrismo donde se hace el puchero del gran cocido madrileño.

Libros aparte (“Historia de una taberna”, la de Antonio Sánchez, e “Historia de una tertulia”, la de Cossío en el Chiki-Kutz de Recoletos), Cañabate, abogado y periodista, que sustituye a Selipe (José María del Rey Caballero, abogado y periodista) en la crítica taurina de ABC, es tres momentos: Jarabo, Venancio y Palomo.

El momento Jarabo son sus crónicas “escritas en la Audiencia, junto al banquillo”, del proceso, en el invierno del 59, a José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, Jarabo (compañero de curso de Ansón en El Pilar), que culmina en la pena de muerte y ejecución del reo en la Modelo. Son crónicas dignas de la antología del Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, y el periodismo no conocerá otro éxito de opinión semejante hasta las de Martín Prieto en los juicios de Campamento por el 23-F en el 82. La falta de martinesprietos y cañabates en el gran juicio del “Prusés” revela la caída de pupila y de muñeca en un oficio de “ágiles reporters” que miran al mundo con la boca.


En la biblioteca de ABC

El momento Venancio son las memorias de un vendedor de periódicos leídas el 2 de Mayo del 68 en la Hemeroteca Municipal, “la Inclusa de los periódicos”.

–Yo quería a los periódicos como a mis hijos y a mi costilla, que me salió de azúcar cande. El olor a tinta es como el de manzana, fresa, melón de Villaconejos y, ¡ahí va esa liebre!, el de mujer… Vamos, que atrae. Vender la Prensa es como escribirla, por eso los vendedores nos llamamos periodistas.

Venancio vocea periódicos junto a un vejete que vocea “El Motín” de José Nakens, que no se vende. ¿Por qué no vocea el ABC?

–¿Quién, yo? Pero ¿tú sabes quién soy yo? Soy un hijo espiritual de don Francisco Pi y Margall y firmé con él el pacto sinalagmático de la república federal, y un hombre sinalagmático no puede difundir la prensa que hizo fracasar el pacto sinalagmático. Lo sinalagmático es lo bilateral. ¿Te enteras?

Y el momento Palomo es su crónica del rabo de Palomo (“rosquillas del Santo”) en San Isidro del 72:

–Nada de copas, que lo que tenemos que tratar es muy serio. Ten en cuenta que en este momento tenemos tú y yo un rabo en el cuerpo que nos pega cada coletazo que a mí, por lo menos, me balda.

En febrero del 80, con ABC en crisis, Cañabate, al contrario que Mingote, tiene un mohín desleal (¡es la gran kermese de deslealtades del 77!), y Guillermo Luca de Tena le envía una nota:

“Querido Antonio: Sólo unas líneas para darte cuenta de mi dolorosa sorpresa al leer en ‘El País’ tu artículo sobre los carnavales. Sin entrar en el derecho del escritor a colaborar donde quiera, siempre he creído -con independencia de la cantidad que te abonamos invariablemente todos los meses- que eras “un hombre de ABC” desde la cruz a la fecha, un lujo de este periódico que se enorgullece con tu firma. De ahí mi pena por ver tu nombre fuera de esta Casa”.

Muere el día de San Roque de 1980.


Antonio Díaz-Cañabate

Valor añadido


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Nadia, la parte cursi del gobierno que confinó ilegalmente a todos los españoles con el apoyo entusiástico de la “leal oposición”, no desciende a “describir” ese fascismo del pobre que es el “marsimo-leninimo” cubano.


    –¡Ay, “par favar, par favar”! Que yo soy economista, ¿“saes”?


    Nadia cree “que no es productivo calificar las cosas, pues no aporta valor añadido”. (Concepto económico, el valor, nos dice Negro, desempeña en la cultura cuantitativa de masas la “función” de la verdad avalada por el consenso). El valor añadido de Nadia es papá. Ella va por Europa como una hija de Necker, y su Necker es Calviño, el Polifemo de Guerra en TVE, donde dejó a Ullán sin “Tatuaje” porque emitió “Conducta impropia”, de Néstor Almendros, sobre “el trabajo os hará hombres” del Che a los homosexuales.
    

Que Nadia negara cualquier incidencia de “la Coviz” en la economía corresponde a su cociente intelectual como ministra. Que Nadia no ose describir el hamponato habanero corresponde a su cociente moral como socialista.


    La mejor descripción de la democracia representativa la hizo en París, año III de la Revolución, un español, Miranda, que estuvo en las tres (América del Norte, Francia y América del Sur):


    “Dos condiciones son esenciales para la independencia absoluta de los poderes. La primera, que la fuente de la que emanan sea una; la segunda, que todos ellos ejerzan, unos sobre otros, una vigilancia recíproca. El pueblo no será soberano, si uno de los poderes constituidos que lo representan no emanase inmediatamente de él; y no habría independencia, si uno de ellos fuese el creador del otro. Dad al cuerpo legislativo el derecho de nombrar los miembros del poder ejecutivo, y la libertad política no existirá más (…) No es verosímil que tres poderes independientes y celosos se concierten jamás para traicionar al soberano; y es en esta probabilidad moral sobre la que se funda la seguridad del ciudadano respecto a la libertad civil y política”.


    ¿Qué? ¿Es Cuba una democracia? ¿Y España?

[Viernes, 16 de Julio]

Los muertos y las muertas. Juan Ignacio Luca de Tena




JUAN IGNACIO LUCA DE TENA
1897-1975

Juan Ignacio Luca de Tena fue un hombre arrollador. Al nacer ABC diario, él tenía siete años. Antes de ir al colegio, lo llevaron a los talleres del periódico, donde al pie de la rotativa esperaba su padre la salida del primer ejemplar: “Cuando éste surgió, por fin, al borde de la plegadora, mi padre me hizo el regalo de este primer nacido, que me pareció en aquel momento como un pequeño hermano mío de papel. En sus páginas había la primera crónica telegráfica publicada en un periódico español. La firmaba Azorín.” Fue periodista, político, académico, dramaturgo y marqués. Para justificar una ley de defensa de la República (“que en gran parte era una ley de defensa contra Juan Ignacio”), la República le inventó lo que Pemán llamó una “machada monárquica”, realizada con un gramófono, una “marcha real”, unos “vivas” tradicionales y el homicidio de un chófer: lo elemental y suficiente para poder llevárselo una temporada a la cárcel. A su muerte, en la Casa de ABC la bandera nacional ondeó a media asta con crespones negros y la puerta permaneció entornada en señal de duelo.
 
IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Viernes, 23 de Julio

 

 

Luz de Trento

jueves, 22 de julio de 2021

Herrando becerros Prieto de la Cal



Morante de la Puebla
@Moranteinfo
Morante herrando becerros de la ganaderia Prieto de la Cal.

Morante de la Puebla & Prieto de la Cal

 


Qué alegría

José María Pemán, el secreto del artículo


 

José María Pemán, por Menéndez Chacón


ABC AL PASO

El secreto del artículo

JOSÉ MARÍA PEMÁN, "CREER SÓLO EN DOS O TRES COSAS Y BURLARSE DE TODO LO DEMÁS"


Ignacio Ruiz Quintano

 

Al pasar por la casa de Pemán, donde una placa dice “Aquí nació don José María…”, al Beni de Cádiz lo detiene su compadre, el Cojo Peroche, con una angustia gaditana y estival: “¿Qué crees que pondrán en nuestro balcón cuando faltemos, Beni?” Y el Beni contesta: “Se vende”.

José María Pemán es el articulista con balcones a la calle, que es la Gran Vía.

–Escribir en ABC es como hablar en un balcón de la Gran Vía.

Umbral, que va de articulista, lo aborda en el café Gijón porque Pemán, dice, tiene el secreto del artículo (“quizás sólo Ruano y él lo tenían, tan diferentes”).

–Mire usted, hay que creer sólo en dos o tres cosas fundamentales y burlarse de todo lo demás. Así se hacen los artículos –es el consejo que le da Pemán.

Pemán y Ruano, al irse, nos dejan los artículos, pero se llevan el secreto. “Menos escritores y más periodismo”, vocea editorialmente, contra ABC, Salas (Juan Tomás), que se ve mangoneando la Santa Transición, y su periodismo-cover va de “Mendoza, el hombre de Moscú” (Cambio 16) a “Maricones en el Ministerio de Cultura” (Libre).

En realidad, la Transición supone la desnacionalización de España y la desarticulación del artículo como planteamiento (noticia), nudo (ensayo) y desenlace (poema). Nacen los aspergiadores del Consenso –concepto franquista donde los haya–, y todos los cursis se hacen politólogos, pero igual que después del Vaticano II no hay teólogo capaz de dar con una oración en la Biblia, después de la Transición no hay politólogo (uno, al menos, no lo conoce) capaz de enumerar un solo principio de la democracia representativa.

Frente al humanismo de Pemán (“ludismo de las ideas”, dice Umbral de lo de Pemán, “que viene de Voltaire hasta André Gide”), el articulista transicionero maneja una morralla fascicular y septembrina con que rellenar un onanismo de yesaire que produce columnas-pisapapeles en forma de gatitos de escayola (¡aquellos estucos de los portales con pretensiones!) y marmolillos de Jadraque, dejando al oficio sin público.

Pemán se ufana de “haber devuelto la ironía y el humor a la defensa de las cosas serias y fundamentales”. Sus enemigos lo llaman “facilidad”, y él no la niega: “Tres cuartos de hora para cualquier artículo, un poco escandaloso para esta hora que tiende a conceder admiración como los vales de leche, “nada más que a la miseria y a la angustia”.

–Para el lector medio parece que toda prosa se vuelve jeroglífico. Está tan persuadida la gente de que uno no dice lo que quiere decir, que a todo le buscan reticencias y alusiones. Los artículos de temas domésticos, casi lindando el “cuadro del género”, son los que más eco producen.

Pero ¿y el secreto del artículo? ¡Desconfiad siempre de los tristes, de los petulantes y de los afectados! Hay que dosificar, dice, como en una salsa los varios elementos de amenidad, doctrina, ironía y seriedad.

–El arte del articulista es dejar caer una gota de perennidad en lo “diario” y efímero. El lapso que va del desayuno a la sobremesa de la cena es la “inmortalidad” a que debe aspirar el articulista.


José María Pemán con Rafael Alberti

Comprensión y Revolución


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En su biografía de Barras, el rey del Directorio, refiere Garnier la anécdota de un general, nombrado embajador en Constantinopla, que en casa de Barras refería irónicamente un episodio revolucionario, cuando Courtot, el mayordomo, no dudó en interrumpirle tocándole el hombro:
    

–¡General: os interrumpo, estáis calumniando la Revolución!
    

El general se volvió hacia Barras, perplejo ante la desfachatez del doméstico. El regicida contestó: “Courtot tiene razón”, y lo invitó a “dar una lección de historia al señor embajador”.
    

A la Revolución se la comprende, no se la calumnia. Quien dedicó buena parte de su vida a comprenderla concluye que Mirabeau la comprendió con los asesinatos del 14 de julio; Barnave, con la huida del rey a Varennes; Danton, con la invasión  popular de las Tullerías; Brisot, con la ejecución de Luis XVI; Robespierre, con la liquidación de girondinos, dantonistas y hebertistas; y Sieyes, con la decapitación de Robespierre.
    

–Cuba sufre el Bloqueo –resume las revueltas en la isla caribeña un hombre que comprende la Revolución: nuestro Secretario de Estado (Estado monárquico, por supuesto) para la Agenda 2030, que en su día mostró públicamente su disposición a ir a la Zarzuela para, digamos, un “trabajillo leninista”, mientras los medios (la Revolución francesa inventó la propaganda sistemática) tratan de echarle a Vox el incomprensible crimen de unos macarras en La Coruña.


    ¡Queda tan Saint Just nuestro lombrosiano Secretario de Estado!
    

Estas revueltas cubanas son calas que realiza el Hamponato castrista para tantear la resistencia interior y el apoyo exterior. “Lasciate ogni speranza!”. La corrupción es el salario del mundo. Sleepy Joe acuna su narcolepsia sobre el portátil de Hunter (¡The Hunter Biden Laptop Is Real!, dice ahora WSJ). Y la Unión Europea parece el refectorio de Barras, con nuestro patético Borrell de Courtot que da lecciones de historia a los incautos que demandan libertad para los cubanos. ¡Ni que la conociéramos nosotros!

[Jueves, 15 de Julio]

Los muertos y las muertas. Francisco Franco Bahamonde



FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE
1892-1975

“Nixon, que estaba muy preocupado con la situación en España, me dijo: ‘Quiero que vayas y hables con Franco sobre lo que acontecerá después de él.’ Franco me recibió en pie. Me dijo: ‘Lo que interesa realmente a su presidente es lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no? Siéntese, se lo voy a decir. Yo he creado instituciones y nadie piensa que funcionarán. Están equivocados. El Príncipe será Rey, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España.’ Yo le dije: ‘Pero, mi general, ¿cómo puede estar usted seguro?’ ‘Porque yo voy a dejar algo que no encontré hace cuarenta años: la clase media española.’ Se levantó, me dio la mano y ya había terminado la entrevista.” (Vernon Walters, militar y diplomático norteamericano, en ABC.)

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Jueves, 22 de Julio

 

 

Tirando líneas

miércoles, 21 de julio de 2021

Agustín de Foxá, el último de Filipinas


 

Agustín de Foxá


ABC AL PASO

El último de Filipinas

AGUSTÍN DE FOXÁ RECORRE EN AVIÓN TODA LA LENGUA ESPAÑOLA, EN CUYA GRAMÁTICA NO SE PONE EL SOL

 
Ignacio Ruiz Quintano
 
Decir Foxá es decir una noche en Balmoral (el ex bar de Hermosilla/Serrano, no el castillo de Aberdeenshire en Escocia) o una tertulia en Cuba (la suya), que inventó la sobremesa con cocotero (¡el árbol con cantimplora!), pues Foxá es la exuberancia del ingenio que se cierra todas las puertas con un golpe de conversación, que es su idea de cielo.
Es la idea que él ve en el padre Guepin, benedictino francés y abad mitrado de Silos, cuyo cielo es “un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo ‘respetuosas objeciones’ al Ser Supremo: Señor, ¿para qué hicisteis a los microbios?”
Es la idea de felicidad jeffersoniana: ensanchar el círculo de amigos “en el Congreso” y sentarse con los más ilustres de sus “colegas”. Y es la idea socrática de paraíso en la “Apología”: ensanchar el círculo de amigos en el Hades y seguir con el “diálogo”.
–¡Soy el último de Filipinas! –dice Foxá, herido de muerte, a Juan Ignacio Luca de Tena y Antonio D. Olano, que lo reciben en Barajas (“con un olor de parque dormido entre las ruedas”).
Foxá, que es diplomático, cultiva todos los géneros literarios, y su preferido es el periodismo, que tiene de poesía, dice, lo que tiene de efímero.

–He recorrido en avión toda la lengua española, y puedo asegurar que en nuestra gramática no se pone el sol.

Estiliza todo lo que toca, se trate del imperio americano, en cuya tierra se puede meter el arado hasta muy hondo sin encontrar una sola moneda antigua:

“A pesar de sus ‘shorts’, de su ‘base-ball’, de su cine y de sus piscinas, la púrpura ha caído sobre los hombros de los yanquis. Es glorioso, pero no es cómodo capitanear al Mundo. La gloria generalmente está reñida con la alegría. Norteamérica ha ganado el cetro, pero ha perdido la sonrisa”, termina “El peso de la púrpura”.

O se trate de la mujer nórdica:

 “El verano nórdico es el más hermoso del mundo… En un ‘parturi’ (peluquería) me afeitaron unas bellas carelianas (en el Norte todas las peluquerías son servidas por muchachas, y de una de ellas, en Estocolmo, salió Greta Garbo antes de entrar en el Olimpo de Hollywood). Hay también en Finlandia mujeres albañiles que suben al andamio. Las mujeres lo invaden todo. Ellas conducen el tranvía y arreglan la chimenea”…
De Ramón tiene dicho Ruano que todos sus aciertos de finura salen de un fondo gordo de agua gorda y vida gorda: “Es como un botijo que pare inesperadamente porcelanas de Sevres”.
Algo de eso hay en el anecdotario de Foxá, quien, después de todo, pertenece a la carrera diplomática. Cuando Martín Artajo, figura de Acción Católica, llega al Ministerio, un diplomático que vuelve de varios años en el extranjero dice a Foxá: “¿Qué hay de nuevo por esta casa? Cuando yo me fui, era ministro Serrano Súñer”.
–Pues mira, chico –contesta Foxá (que viene de decir que la Falange es una hija adulterina de Marx e Isabel la Católica)–. La única diferencia es que, cuando tú te marchaste, al entrar en el despacho del ministro había que gritar “¡Arriba España!” y ahora decimos: “¡Ave María Purísima!”
 


“Y pensar que desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida”

Credenciales


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Oigo a una ministra, no sé cuál (en España, todo el que quiere puede ser ministro), presentarse a los españoles:


    –Soy socialista, soy ecologista y soy catalana. Éstas son mis credenciales.
    

¿Podría presentarse así a sus pacientes, para tranquilizarlos, un cirujano cardiovascular en la mesa de operaciones? Después de todo ¿qué es ser socialista en el partido que debe todas sus lorzas a Primo de Rivera con Largo Caballero y a Carrero Blanco con “Isidoro”? ¿Creerse izquierdista? En España, hoy, para acreditar izquierdismo es suficiente con reírles a los que mandan sus chistes sobre Irene Villa u Ortega Lara.
    

En cuanto a la conciencia ecológica, no es más que un sombrero salido de la crisis del petróleo del 73 que muchos trabajadores de Lo Público llevan puesto en forma de tiesto que riegan de lunes a viernes en sus mesas de matar el rato: son el “hombre solo” de Mingote con una soga en una mano, y en la otra, la regadera de estar regando el arbolito del que colgarse un día.
    

Claro que la ministra es catalana. El otro día traíamos a colación del chiringuito (palabra cubana) que le han puesto a Toni Cantó en Madrid lo que Cabrera Infante recordaba de sus siestas en La Habana:
    

–En Cuba, los hijos o nietos de esclavos padecían raras aspiraciones peninsulares y solían exclamar a la hora de la siesta: “¡Ah, quién fuera blanco aunque fuera catalán!”
   

 Luego está la salida, contada por Ullán, que tuvo la madre del pintor mexicano Juan Soriano cuando éste le presentaba a una amiga (“se llama Paloma y es catalana”), hija de exiliados:


    –¡Qué lástima! Tan joven, y ya catalana...


    Era la de Juan madre casada con un hombre que, agonizante, se mandó hacer seis trajes nuevos, “para ver otro amanecer”. Maltratador: “Todos los domingos mi papá le daba una golpiza a mi madre... Cuando lo enterramos, nos equivocamos de muerto. Y a Octavio Paz y a mí, responsables de esa confusión, nos dio entonces un verdadero ataque de risa y de llanto”.


    Como a nosotros con los ministros y ministras.

[Miércoles, 14 de Julio]

 
 
Juan Soriano

Los muertos y las muertas. Miguel Mihura



MIGUEL MIHURA
1905-1977

A Miguel Mihura lo despidió Víctor de la Serna como al capitán de la generación del 98 del humor, y echó de menos en España esa consternación que conoció Francia a la muerte de Ionesco. De origen andaluz, Mihura fue dramaturgo, dibujante, periodista, académico... y humorista. En 1932 escribió su primera comedia, Tres sombreros de copa, y en 1942 fundó y dirigió La Codorniz. A la muerte de Camba, escribió: “Da un poco de miedo quedarse aquí solos, en un mundo que no se entiende bien, lleno de incongruencias, sin un hombre al lado como Camba que nos ponga las cosas en claro y nos explique científicamente y en dos palabras que lo normal y lo sensato es lo incongruente y que, por lo tanto, no hay ningún problema ni ningún motivo de preocupación.” Mihura creó el teatro del absurdo veinte años antes de que París lanzara a Ionesco. “Tengo una pierna más larga que otra, pero en compensación tengo la otra más corta.” No le gustaba hablar de la muerte “porque a lo mejor se entera”... ¿Quién? “La muerte... Cualquier día me agarra por la cintura mi primer apellido: Mihura.”


IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Miércoles, 21 de Julio


 

La paz de espíritu

martes, 20 de julio de 2021

La catedral cumple (hoy) ocho siglos


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

 Por cosa de mis débitos familiares llevo tiempo entre Burgos y los Montes de Toledo sin aparecer por Salmonetes... No me apaño a escribir por el móvil porque en el fondo soy un antiguo al que le viene grande tanta novedad en artefactos.
  

No soy capaz de explicar por qué, pero llevo unos días con cierta comezón que me riñe por no poner algo sobre nuestra catedral de Burgos, ahora que cumple 800 años y aquí van cuatro letras, porque nobleza obliga.
   

A otro dia de San Fermín estuve con el chico en las Edades del Hombre -magnífica esta última edición, por cierto, como no se estilaba hace muchos años- y aprovechamos para visitar la catedral con tranquilidad.
   

Entramos a las tres de la tarde como si fuéramos a tomar café con alguien de la familia a quien se quiere porque siempre te cuenta cosas interesantes, sobre todo cuando sólo eres tú quien escucha. Atravesamos la puerta del Sarmental, para la que no hay adjetivos que no hayan sido repetidos por los mayores ingenios de las Letras... y la seguí viendo joven. Mucho mas joven que la última vez y mucho más joven que los burgaleses que vió nacer anteayer mismo o los estudiantes berlineses o neoyorquinos que miran los libros miniados con el asombro en los ojos. Con una lozanía insultante tras 800 años de formidable señorear guapeando sin un segundo de descanso, arrancando piropos de todos los pueblos de la Tierra. Esos piropos que los nuevos doctos (y doctas) quieren prohibir.
   

Está hermosota la catedral. Más moza y airosa que cuando hace medio siglo nos llevaban el padre Santos o el padre Martiniano a escuchar a las piedras del trasaltar a las que Felipe Bigarny las dió voz por los siglos de los siglos. Nos hablaban de los Velasco con sonrisas beatíficas porque fueron antes que Dios y los peñascos y dentro de aquella capilla sin igual supimos que éramos unos privilegiados. Puede que por rebeldía infantil un servidor se hizo del Siloé padre, no sólo por la capilla de Santa Ana, sino por el retablo y sepulcro de la Cartuja de Miraflores, debilidad ésta de la que tienen conocimiento.
   

La catedral son recuerdos de familia para los burgaleses de cierta edad que la tenemos como el pariente del que todos nos enorgullecemos. El pariente al que admiran los conocidos y amigos de otras geografías que éstos días se acuerdan de nosotros cuando ven en la tele tanta hermosura salida de las piedras de Hontoria la de la Cantera.
   

Está escrito que la primera fue plantada el 20 de julio de 1221. en presencia de Fernando III el Santo y el obispo San Mauricio. Como fue creciendo con el abono de los siglos"nuestra catedral", mejor que escuchar las alabanzas, vayan a admirarla.

Modelos italianos


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Se lo dijo en el rock de la cárcel un recluso importante a un amigo mío celador:


    –No le dé usted vueltas: detrás de todo negocio, siempre hay un italiano.
    

La ramplonería del fútbol contemporáneo nos ha regalado en Wembley un Maquiavelo de bolsillo: en la vida ganan siempre los malos, y los malos pueden hacer trampas. Italia ganó a Inglaterra con la sonrisa de Kuipers, el trencilla que perdonó la agresión de Jorginho a un inglés.
    

Esta Italia es un equipo sin estrellas: son jugadores de club con pinta de cobradores de recibos en el último plazo. Inglaterra, que salvó a la Uefa de la Superliga de Pérez, no fue recompensada por Ceferin, si quitamos el piscinazo de Sterling que la llevó a la final, con Kuipers barriendo para Maquiavelo, el del fin justifica los medios… si se consigue el fin.
    

Madame de Stäel cree que Maquiavelo escribe “El Príncipe” para reconciliarse con los Médicis, que lo torturaron por sus esfuerzos por la libertad, y arruinado y enfermo… transige: “Hay que reconocer que en la actualidad no se requiere tanto para doblegar voluntades”.
    

Ricos y sanotes, en el 78 los españoles transigieron con el modelo político italiano sobre el monstruo alemán del Estado de Partidos: sistema proporcional (imposición alemana) para retener el poder del partido y modo italiano de asegurar la reproducción del poder mediante financiación estatal y medios de comunicación (consenso de opinión, antiliberal) en proporción a la cuota electoral obtenida. La proporcionalidad electoral (palanca de la desnacionalización de España) permanece intacta, pero la proporcionalidad mediática cayó enteramente del lado de la izquierda cultural.


    ¿Hay pueblos cobardes?, pregunta Maquiavelo a Montesquieu en el Infierno de Maurice Joly:
    

–Desconocéis la inagotable cobardía de los pueblos: rastreros ante la fuerza, incapaces de sobrellevar un régimen libre, y perdonando los excesos a los amos que ellos se dan y por el más insignificante de los cuales habrían decapitado a veinte reyes. 

[Martes, 13 de Julio]

Los muertos y las muertas. Charles Chaplin



CHARLES CHAPLIN CHARLOT
1889-1977

Charles Chaplin –rebautizado Charlot (Carlitos) por los franceses–, hijo de un cantante de estilo y de una actriz de operetas, nos dejó ese bombín que está pidiendo a gritos un poco de respeto. Fue Charlot vivaz, chiquito, delgadito, nervioso, gesticulante... Y una vez dijo: “La comedia es la vida vista de lejos. La tragedia es la vida vista de cerca.” Ramón Gómez de la Serna pensó que de Charlot se podría decir “que es como un domingo por la tarde”. De hecho, fue el domingo, todo el domingo de 1920. Para el ramonismo, el charlotismo venía a ser algo así como el baile de un hombre solo en medio de las vanidades y las fiestas engoladas del mundo: “Rana galvanizada que un día se quedará sin corriente, y ese día desaparecerá el charlotismo.” Pero los muertos como Charlot, y de esto no se dio cuenta Ramón, no se terminan nunca.


IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Martes, 20 de Julio

 

 

Duelo al sol

lunes, 19 de julio de 2021

"Sonríe, es Burgos"



24 de julio, víspera del verano burgalés

El punto de vista exacto de Solyenitzin

 
CRÓNICA DE UN VERANO (QUE DURA UN DÍA) EN BURGOS
"SONRÍE, ES BURGOS"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


De Madrid a Burgos pasando por Cádiz, que para un burgalés viene a ser como las Azores.
Del Beni de Cádiz se cuenta que, al pasar por la casa de Pemán, donde una placa dice “Aquí nació don José María…”, lo detuvo su compadre, el Cojo Peroche, con una angustia gaditana y estival: “¿Qué crees que pondrán en nuestra casa cuando faltemos, Beni?” Y el Beni le contestó: “Se vende”.
Pemán nos descubrió que el verano es la única estación que ha creado un verbo con su fruición y paladeo, “veranear”, que, miren por dónde, significa huir del verano: el veraneo como supremo homenaje al invierno.

Por eso durante el verano es natural encontrarse en el invierno de Burgos (donde el verano dura de Santiago a Santa Ana) con tanta gente que parece de Cádiz: gente de Francia y de Alemania que sonríe como en Cádiz (¡una sonrisa liberal!) y respira como en Burgos (“¡venga, niños, respirad, que es Burgos!”), la capital de Castilla que en verano cambia el reclamo de “Burgos no te dejará frío” por el de “Sonríe, es Burgos”.

Los del marketing no saben que para sonreír basta con sentarse.

–Para volver de la tragedia a la comedia, no hay más que sentarse –dijo Napoleón, una vez coronado.

Pero para respirar hay que elevarse.
Mi calle

En su “Retrato de un hombre de pie” Madariaga da por sentado que el reino animal sólo logra su única especie vertical cuando al hombre le dio por enarbolarse.

–Es al erguirse cuando se da cuenta de que la dirección de abajo arriba es única y privilegiada, con dos nuevas perspectivas: otra escala de valores y, con ella, el infinito. 
A Burgos (el espíritu del árbol en la verticalidad del gótico) acude uno a enarbolarse.

El desprecio del español al árbol sólo compite con el desprecio del español a la libertad.

Dicen que cuando Solyenitzin salió del Gulag quiso venir a Burgos (marzo del 76), hospedándose, “de incógnito”, en el Mesón del Cid, y que ahí estuvo, absorto, dos días, mirando por un ventano las agujas de la catedral.

La obra de Solyenitzin compendia el horror político del siglo XX, y para la “crema del pensamiento” eso era difamar, en nombre de la “libertad abstracta”, el “experimento social más importante del siglo XX”.

–Condenar a Solyenitzin, que se atrevió a hablar, es absolverse uno mismo, que calló años y años –había advertido Octavio Paz.
La dentellada más rabiosa se la dio en España el ingeniero Benet:
–Nada me parece más higiénico –escribió en “Cuadernos para el diálogo”– que las autoridades soviéticas, cuyos criterios respecto a los escritores subversivos comparto, busquen el modo de sacudirse semejante peste.
Al cabo de cuarenta años, en Burgos, como en toda Europa, de la “libertad abstracta” de Solyenitzin se ha pasado a la “libertad concreta” de la socialdemocracia, que es la bicicleta.


Burgos reserva el solomillo de sus paseos a los ciclistas

Un hombre en bicicleta es un hombre sin normas de circulación, y Burgos reserva hoy para él lo mejor de sus aceras y sus paseos (de la Isla al Espolón), el tartán mejor acabado del mercado, las veredas más frescas y sombreadas del río. Es la mandrilización de una sociedad pedaleante, absurda como un zapato impar para la sociedad andante (la Europa de Steiner, cuya cartografía tuvo su origen en las capacidades de los pies humanos), que va quedando atrás.

–El pensamiento y la sensibilidad europeos son, en el sentido originario de la palabra, ‘pedestres’. Su cadencia y su secuencia son las del caminante...
Claro que a Burgos no se viene a andar, sino a respirar.

¿Y qué se respira en Burgos, esa vieja “osamenta de piedra abandonada en el camino” del regeneracionista Salaverría?
Realismo mágico.

Me gusta el hotel más antiguo de la ciudad, que es el “Norte y Londres”, donde de niño pedí un autógrafo a Nino Bravo. En su salón farfullaba durante la guerra, apretado por el apetito, don Eugenio d’Ors: “Aquí no se puede hacer otra cosa que lo que hizo el Cid: irse a conquistar Valencia para comer naranjas y bañarse en el Mare Nostrum… Lluvia, más lluvia, brumas… Y luego, ¡esa catedral tan feísima!”

Para el clasicismo d’orsiano, el gótico era confitería.



Pero la catedral sigue siendo la razón de ser de Burgos, como cuando vino Solyenitzin (“el exponente más logrado del realismo socialista”, al decir del pope Lukács) a confirmar en ella su cristianismo.

Junto a la catedral, el realismo mágico se descompone en gran fuego de artificio hacia Santa Gadea, donde la jura del Cid al rey Alfonso VI(Charlton Heston y John Fraser en la película de Anthony Mannpara Samuel Bronston), y San Nicolás de Bari, donde el retablo de Simón y Francisco de Colonia en piedra caliza de Hontoria (la misma de la catedral) para los Polanco, mercaderes de la ciudad.


San Nicolás de Bari


 Santa Gadea

En contienda urbana con este realismo mágico se manifiesta el “realismo socialista” de la cubierta del Coliseum (la vieja plaza de Toros revestida de caseta de Feria de Sevilla), o de la Biblioteca Pública del Estado (con lo que ese título sugiere), en la plaza de San Juan, un hangar de cristales (¡la “Glasarchitektur” de Paul Scheerbart pasada porZapatero!) que es como una brom a de mal gustoque la ciudad le gasta al transeúnte como para prepararlo para la visión del Museo de la Evolución Humana, o Museo del Mono, donde la gente de Atapuerca ameniza la socialdemocracia científica y donde se anuncia una conferencia de Pedro Duque, el astronauta que da cuenta de ochocientos asteroides que podrían destruir la Tierra, imagen que sólo logro concebir cuando, sentado a la mesa de un asador, me sirven, por cuarto de lechazo asado, una tartera de tabas, como si uno fuera ese guiri en chirucas que cree que el lobo y el cordero beben juntos en el mismo arroyo.


 Nueva Plaza de Toros

 Biblioteca Pública del Estado
(Hangar)

Museo de la Evolución

El buen comer formar parte del realismo mágico de Burgos, pero, dentro de esa nube, que no lo confundan a usted con un guiri y le den león por cordero churro (teniendo en cuenta la observación del poeta bilbaíno Basterra de que el león es cordero asimilado) o recentales a los que “les titilan de placer las colas” (Salvador Rueda) por lechales churros.

Los santuarios del cordero churro, que es el plato litúrgico de Castilla, están en Campaspero, en Roa y en Lerma, aunque nunca hay que confundir los asadores con los “asaeros” (“asaero”, en lugar de estómago, es lo que tenía el Cojo Peroche, que carecía de paladar, cuando le estallaba la ardentía).
En Burgos, huyendo del turista, puedes dar con asadores de una honradez bíblica.

Para oír con los ojos, tocar con el olfato y oler con la vista, hay que almorzar cordero de Villadiego (y morcilla de Cardeña), incluso en verano.


 Cartuja de Miraflores

Cena de Gil de Siloé

Después, la siesta en la Cartuja (¡una siesta cartujana!), que produce en el paciente (de paz) una moral mística y desprendida que ilumina la visión del Cristo de Gil de Siloé y favorece la vuelta a la ciudad por la Quinta y el Arlanzón, acaso el río mejor aprovechado del mundo, por cuya orilla vio Foxá pasear, a contramano del Cid, aPétain, mariscal entre las dos guerras, héroe de la primera, y de la segunda, villano.

Aquí, si el viajero pone la anchura, el espacio, la piedra (“osamenta de piedra abandonada en el camino”) le suministra la profundidad, el tiempo.

Los Toros en Arévalo


Suárez, el del aeropuertpo, cargando con el gallo

 que anualmente ganaba Emilio Romero

 en la tómbola de Arévalo, su pueblo

 

Vicente Llorca
 

–Está todo derruido –dice en la Plaza del Concejo el doctor García, que no ha parado de gruñir en toda la mañana.
 

No es cierto. Entre las hoces del río Arevalillo y el Adaja la ciudad conserva aún el casco viejo, los palacios, las iglesias y las plazas porticadas con un notable cuidado, entre los que se filtra un perenne olor a asado de leña. Y las voces de los que desde las cantinas aguardan, entre copas, a que pase el calor en el otoño que viene.
 

Los signos de la decadencia en la vieja Castilla son aquí más sutiles. El doctor había divisado una pared derruida en la plaza del Ayuntamiento, recinto de soportales que se abre tras el viejo torreón. Y en donde habían accedido a sacarse una fotografía bajo la estatua del poeta Eulogio Florentino Sanz, vate local al que al pronto mis acompañantes habían desdeñado como un Campoamor cualquiera. Pero del que hay que recordar, les advierto, que inició su carrera pública apedreando todas las vidrieras de la Plaza Mayor de Valladolid. Por unos contratos para el padre de su novia, vidriero y hojalatero en la misma plaza. Y llegó después al cargo de diputado, republicano creo, por Alcázar de San Juan. Que tradujera después a Heine, en Alemania, rechazara el cargo de embajador en Brasil, o muriera en la indigencia en una calle de Madrid son quizás unas notas desgarradas que el monumento, un tanto solemne, no recoge en el silencio de la plaza.
 

Los signos de la decadencia, más inadvertidos, hablan de una burguesía, agraria y asidua al casino rural, que conoció tiempos mejores. Son por ejemplo un edificio abandonado sobre la entrada de la villa, que aún ostentaba en caracteres desvaídos el rótulo de “Gran Cinema”; una antigua fábrica de harinas en la misma ronda, de fachada de ladrillo, inmensa y cerrada: un hotel modernista con las puertas abiertas, arriates abandonados y gatos entre los matorrales; o un viejo mesón de viajantes en la carretera que sube del río, clausurado desde tiempo inmemorial, pero que aún conserva el rótulo de “Marolo Perotas Muriel. Almacén de vinos y vinagres” y alguien me comentó luego había sido el principal hostal de la ciudad.
 

Flota el calor inmóvil de julio y de las tierras de cereal sobre las calles de Arévalo. En este tiempo vacío, sin fiestas ni baile ni encierros, flotan las voces de otro momento a veces. Resurgen en el paseo que cruza la ciudad y lleva a la plaza, denominado, con gran indignación por parte del escritor Laverón, “Avenida de Emilio Romero”.
 

–¿Qué querías? ¿Qué le hubieran dedicado la avenida a su hija, Mariví?

–No. Eso hubiera sido peor.


En una de las terrazas, de nombre “Impacto”, nos sentamos. Hay de pronto ambiente de corrida de toros, evocación de la fiesta de san Victorino, antaño notable, con capea, encierro desde el río y baile a la noche, y la animación y el incierto nerviosismo previos a la corrida. La gente se ha vestido además y lucen americanas, blusas nuevas y peinado casual del día anterior.

 –¿Por qué nos sentamos aquí? –gruñe de nuevo el sabio doctor.

–Porque esta terraza se llama “Impacto” y desde luego no podemos rechazarla.

–¿No había otra?

–Sí. Enfrente está “Mogambo”. Pero está vacía. Aún no ha llegado Ava Gardner, parece.
 

En el paseo, los encuentros universales de antes de los toros. Una peña que viene desde la Raya; un crítico salmantino; unos ganaderos de Valladolid, una familia de tratantes de Medina… Todo el mundo se saluda, con la secreta complacencia, pienso, de saber que por fin van a ir a los toros.

–No hay peñas del pueblo. Ni pasacalles – comenta Jorge.

–Es verdad. Me temo que con las restricciones de la peste han suprimido las charangas y las peñas.

 –Pues vaya una corrida de feria…


Ecos de otro momento, otros lugares. Luego en la plaza Morante de la Puebla trae como una voz de unas verónicas del sur, un aroma a cortijo en medio de estas llanuras secas. Juan Ortega, más tarde, dibuja un toreo clásico, alado, que nos recuerda a un Pepín Martín Vázquez, a quien ninguno hemos visto. Pero nos lo imaginamos. El tercer torero, el joven Alejandro Marcos, tiene aire de campo y tentadero en silencio. Viene de la Fuente de San Esteban, en el corazón del Campo Charro.
 

La plaza, en medio de la sequedad de La Armuña, disfruta de la fiesta, y la seriedad del toreo de nuevo. Las mujeres llevan tacones, y pañuelos caros. Los hombres guardan un puro sin encender en la solapa. No se puede fumar, tampoco. Se había guardado al comienzo un minuto de silencio en memoria de Víctor Barrio, muerto una tarde aciaga en Teruel, y al término los altavoces habían pregonado las normas del festejo.
 

Juan Ortega dibuja una verónica lentísima y como si no hubiera ocurrido nada. Morante le baja la mano a un toro abanto. Al final de cada faena vemos al sargento de la Guardia Civil, bajo nuestro asiento, coger indefectiblemente la radio móvil que porta con él y hablar con alguien. Al poco, el presidente saca los pañuelos.

–Yo creo que aquí los trofeos los concede la Guardia Civil –le indico a Jorge.

–Sí. Yo también. No es mala solución.


Y convenimos entonces en proponer en el futuro a la Benemérita como legisladora de todo trofeo taurino en cualquier plaza, Francia incluida.
 

La Guardia Civil, con nuestro beneplácito, acompaña luego la salida de los toreros por la puerta grande del recinto. Salen los tres a hombros y el sargento ordena el tráfico.
 

Ecos en la noche, también. Con la fresca, en una nueva terraza de la avenida del escritor arevalense comenzamos a recordar y evocamos el toreo de Victoriano de la Serna, tal como lo contaba Pepe Amorós en sus memorias; una tarde de Pepe Luis Vázquez en Las Ventas que nunca se repitió, o el memorable capote de Chucho Solórzano cuando arribó a España y nadie aún lo había visto. Historias interminables en la terraza de Arévalo, que las tardes en Castilla tienen estas cosas.

–¿Por qué nos hemos sentado en esta terraza? –insiste nuestro erudito compadre, frente a una frasca de blanco de Rueda.

–Porque se llama “Mitos”, licenciado García.

–Y además está enfrente del Cuartel de la Guardia Civil.

–Ahí me han dado. Tráigame otra frasca, joven.


Baja una brisa insólita desde los sembrados. Y otras voces, otras fechas, sobre la colina de La Armuña en la tarde de toros.