domingo, 31 de mayo de 2020

Domingo, 31 de Mayo

 
La enfermedad de moda

"Paz a vosotros"

DOMINGO, 31 DE MAYO

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-Paz a vosotros.
 
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Juan (20,19-23)

sábado, 30 de mayo de 2020

Pregunteo

La sonrisa de Espínola



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En España el pregunteo tiene mala prensa, e incluso la prensa, para preguntar, debe ponerse en manos de un comisario político de La Moncloa.

    Por no preguntar, el español ni siquiera se pregunta cómo, siendo la democracia el gobierno de la mayoría, llaman democrático al sistema que permite gobernar al cuarto partido.
    
Preguntamos poco, porque nos tenemos miedo. La naturaleza nos privó de rabo (si tuviéramos rabo, decía Félix, podríamos conocernos mejor y saber la disposición anímica de nuestros semejantes), y el coronavirus, de sonrisa, con esas mascarillas que parecen cebaderas y que nos convierten en burros cabeceantes.

    La única sonrisa que he visto en tres meses es la de Pablemos, trasconejada y burlona, síntoma, ay, de la aridez mental que caracteriza la soberbia. Nada que ver con la sonrisa del marqués de Espínola con las llaves de Breda, sonrisa elegante y bondadosa que fascinaba a Foxá porque en ella veía la espuma y flor caballeresca del diecisiete español. Desde luego, en la sonrisa pablemoide no metería uno la mano en busca de lo que Zaratustra llama “los más profundos monstruos joviales”, pues no olvido el día que Pablemos se enderezó para meterse en una riña “a puñetazos” (¡oh, oh, oh!) en Lavapiés:

    –¡Eran lúmpenes, gentuza de clase más baja que la nuestra!
    
Ahora, sin rabo ni sonrisa, es imposible saber con quién te cruzas. Las gentes caminan de tres en tres, y llevan las mascarillas como llevaban las barbas los aviadores de los Marx, pero más sucias. Como es época de chanclas, una pista emocional son los dedos de los pies, para cuyas uñas haría bien Sanidad si decretara la mascarilla obligatoria.
    
–¡La cara, ministro, la cara! –gritaba Cabanillas a Fraga en una playa gallega donde se bañaban desnudos cuando apareció una excursión de monjas y los próceres huyeron cubriéndose lo que podían, según un chascarrillo, seguramente “fake”, de aquel tiempo.

    Viendo algunas mascarillas y muchas uñas, dan ganas de gritar “¡los pies, paisano, los pies!”.

Lo de Trump, para variar, no es como nos cuentan

ABC

 Se estaba dando la paradoja de que las libérrimas redes sociales generaran monstruos como el reciente fact-check gubernamental


La izquierda lo asumió encantada, y el centro liberalio propuso que se encargara el Estado mediante una ISO moral
 

Suena auténticamente fascista, pero lo fascista en España se puede decir siempre que no se lleve un bigotillo

Comunión





Linda Regia! Tus venas son fermentos
de mi no ser antiguo y del champaña
negro de mi vivir!

tu cabello es la ignota raicilla
del árbol de mi vid.
tu cabello es la hilacha de una mitra
de ensueño que perdí!

Tu cuerpo es la espumante escaramuza
de un rosado Jordán;
y ondea, como un látigo beatífico
que humillara a la víbora del mal!

Tus brazos dan la sed de lo infinito,
con sus castas hespérides de luz,
cual dos blancos caminos redentores,
dos arranques murientes de una cruz.
Y están plasmados en la sangre invicta
de mi imposible azul!

Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del Espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!

CÉSAR VALLEJO

La empresa de Madrid declara fuera de la ley las palmas de tango en la Plaza

EL COSMOPOLITISMO ERA FRANQUISMO 
Extraño individuo vestido de azul que, haciéndose pasar por inspector de Nautalia
 (se negó a documentar su identidad), conmina por la fuerza a un abonado a no tocar palmas

José Ramón Márquez

Segunda y última novillada de la Feria del Isidro 2017 en este martes, “ni te cases ni te embarques en ir a torear a Las Ventas si no vas con algo que contar”. Esta sentencia debería figurar en el dintel de la entrada de todas las escuelas taurinas del mundo como recordatorio de que lo único que realmente sirve para abrirse camino es, como decía aquél, tener una verdad que decir y decirla. Hablamos de la tediosa uniformidad de la hora presente entre los que quieren llegar a algo en el toreo, de la más pasmosa uniformidad que los siglos taurómacos han visto, de todos esos novilleros llevados entre algodones, que no se han curtido con ganado de respeto, rodeados por enjambres de jaleadores profesionales que les ríen todas sus monerías, y que dicen atisbar en ellos, casi siempre mientras dure la pasta (lana en Méjico), los inequívocos signos del arte y del gusto que los llevarán al triunfo. Eso es lo que ellos se imaginan o dicen ver: un Taj Mahal. Y lo que en realidad hay es una urbanización  de chalets adosados: lo que se ve es la calle de Santa Pola en Arroyomolinos, una pesadilla de casitas todas iguales, el tejadito, la chimenea, la puertecita y la del garaje, la escalerilla, el ladrillo… todo igual, deprimentemente igual; y luego el minúsculo esfuerzo de cada cual por individualizarse: el que pone unos enanos de piedra artificial, el que planta una arizónica o el que cierra el porche con alumino blanco y cristalitos. Lo esencial es lo mismo y lo individual casi también. He ahí el toreo de los jóvenes y de los ya no tan jóvenes: el inicio por pedresinas, las que sean, el cite fuera de cacho, el redondo de rotonda, el pico de la muleta para el cite, las carreritas para recolocarse, los pasitos de las muñecas de Famosa arastrando los pies, el obligado, el final por bernardas, el sartenazo. Con esos mimbres y un  toro que sea lo suficientemente tonto como para tragarse esa estomagante tauromaquia, con las adecuadas dotes de afectación que muchos tomarán por arte, con el temple para que el bicho no tropiece la muleta y la habilidad para ir ligando las series, no importa desde dónde venga el animal ni a dónde vaya, ya está liada la cosa y los triunfos manan por sí mismos. He ahí la auténtica radiografía de lo que a día de hoy es el toreo que viene, heredero directísimo del que hay. Y he ahí la explicación de esta tarde de martes en la que no sabemos a santo de qué se embarcaron Leo Valadez, Diego Carretero y Andy Younes, de Arlés, nuevo en esta Plaza.

Quitando al francés y al ganado, el resto del cartel era el mismo que la primera corrida de la historia de Plaza1. Para hoy prefirieron traer, mejor que los novillos de Ymbro que tan interesante juego dieron, un saldo de Montealto, divisa encarnada y verde en todos los sitios, colores de Miura pero sin nada que ver, que donde Miura pone una A con asas Montecillo pone la M de Montes y la D de Díaz, y el nombre del amo ya te lo he dicho. Montecillo puso su M y su D a seis novillejos absolutamente indignos de la Plaza Monumental, con sospechas más que manifiestas de manipulación en las astas, birriosos y descastados, cuyo remate final fue el sexto, un castaño listón llamado Brasileño, número 48, que era un novillo de plaza de talanqueras con misses en la presidencia, de cuerna acapachada y roma, un auténtico insulto a Las Ventas y a los que con su entrada en la mano se creyeron que donde anunciaron “novillada” se referían a una novillada con la seriedad y el trapío que la Plaza demanda. Con esta corrida de hoy Donsimón continúa bajando escalones cada día en lo tocante a la ganadería, en una espiral descendente que no sabemos dónde conducirá, aunque todo apunta a que a ningún sitio bueno.

Podríamos seguir glosando la ruina ganadera que, amparada por el acuerdo de la Junta Directiva de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, pertenece al grupo primero de dicha Unión, pero no merece la pena acaso detenerse en ella mucho más puesto que esta birria es la que los mentores de los tres toreritos de esta tarde más podían desear para sus protegidos, puesta su esperanza en que saliesen algunos con la innata bobería que es propia del encaste bodeguero para propiciar las idas y venidas que dan lugar al corte de orejas, que es el auténtico fin del tinglado entero, no lo del toreo que eso ya a casi nadie le importa. Y en el pecado llevaron la penitencia, porque el primero sacó suficiente memez para que Valadez, el hidrocálido afincado en Guadalajara, explicase lo que tenía que contar, si acaso hubiese tenido algo que contar y el quinto, Tremendo, número 15, lo mismo pero con Diego Carretero.

Valadez es el producto de una institución llamada Centro Internacional de Tauromaquia y Alto rendimiento (CITAR). Lleva en España desde que le salieron las muelas y tiene a su vera a un simpático eclesiástico alcarreño que trata de poner a Dios de su parte. En esta tarde practicó lo mismo que en la de su presentación en Madrid: la cosa del toreo de rodillas que, como es bien sabido de manera empírica, da mejores resultados ante el público que el que se hace de pie y el espantoso birlibirloque de capote o engañabobos que inventó Julián de San Blas, las llamadas Lopecinas, en versión quitándose. Luego se ve que las plegarias del tonsurado o la mediación de Santa Rita de Casia no han sido aún lo efectivas que se espera, porque el hidrocálido presentó en sus dos novillos unas maneras ventajistas, faltas de verdad, que de verdad no merece entrar en más detalles porque cuando agarró la muleta con la mano derecha, las veces que el animal no le tropezó el retal encarnado, pegó unos trapazos de mucha intensidad y de gran proyección si los hubiese dado en Becerril de la Sierra o en Becerril de Campos, pero que en Madrid se quedaban en ná de ná. La verdad es que si echamos cuentas del tiempo que llevará este muchacho preparándose, la tira de años, y lo poco interesante de sus dos propuestas, la del toro más potable y la del algo más dificultoso, nos imaginamos su camino algo cuesta arriba, aunque como bien le tendrá dicho el páter: “desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí” (Job, 1. 21)

Diego Carretero consiguió en la primera corrida de la temporada una oreja de esas, tan buscadas como un corazón de oro, a base de recibir un tantarantán que igual impresiona a los públicos que ablanda la dureza de los juicios y acaso pensó que lo mismo le podía volver a salir la cosa por segunda vez. Igual que el gran César Rincón a base de toreo del óptimo creó su imbatible leyenda, este chico pensó en que aunque no había toreado ni poco ni mucho, si arriesgaba su físico en unas innecesarias bernardinas en las que daba la impresión de que lo que buscaba, de manera poco sensata, era el atropello, lo mismo le sonaba la flauta por segunda vez. En la segunda Bernarda se dejó ver de una manera ostensible y el novillo, que no era un demonio sediento de sangre ni mucho menos, hizo por él zarandeándole y destrozándole la taleguilla, que lo dejó como un Ecce Homo. Por cierto que el chico venía vestido como el soldadito que sale en la botella de ginebra Beefeater y, si acaso llegase a leer esto y admite un consejo, ya podía aprovechar el destrozo para tirar el vestido. La faena a su primero es de ésas en las que te gustaría estar al lado del torero para preguntarle si le falta mucho para acabar. La de su segundo la empezó con el cartucho del pescado, pero el toro desbarató el lance, al llevarse el cartucho y el pescado. Por no dar ni una, ni siquiera gustó la manera del chico de agarrar la muleta. Se medio quiso poner al principio pero al no gestionar los muletazos rápidamente perdió el sitio y la concentración.

Y el francés, que hoy día de San Fernando, día de su presentación en Madrid era el día de su onomástica: veinte años justos, “que veinte años no es nada / qué febril la mirada/errante en las sombras / te busca y te nombra”. Aquí se nos vino el bueno de Andy Younes, espigado torero, con sus modos algo amanerados de aficionado práctico aventajado, con muy poquito que decir y con apenas ganas de decirlo. Su inicio al primero, con tres pases cambiados por detrás y uno del desprecio, fue lo mejor de su actuación. El resto estuvo marcado por las mismas trazas de sus compañeros de cartel, los tres se habían comprado los chalets adosados el uno junto al otro y dado la impresión de que nadie que pase por su calle se fijará en ninguno de ellos, me temo.

Morenito de Arlés puso un excelente segundo par al tercero, Rápido, número 3. Lo más torero de la tarde.

Cuando estaban picando al segundo, se presentó en la Andanada un señor vestido con americana azul y equipado con un walkie-talkie amarillo, sin acreditación ni identificación alguna, a estorbar a un espectador que manifestaba su opinión, aludiendo a no sé qué sobre el respeto. El hombre anónimo de americana azul, esa especie de institutriz de Donsimón, demandaba respeto a los que llevan sentados en la sucia piedra la Feria entera recibiendo la afrenta diaria, por parte de la Empresa, de dar unas corridas impresentables y de tener la Plaza hecha un muladar. El mínimo respeto que se niega al aficionado que se deja sus cuartos en la taquilla, lo demanda un empleado de Donsimón porque sí y para su interés: un insignificante señor de americana azul con un walkie-talkie amarillo a quien nadie dio vela en el entierro. Podía haber sido peor. Mientras no suba Curro Vázquez, bien vamos.

¿A quién defiende la Autoridad?

La Andanada

La hora

 Auctoritas y Potestas

 Paseo

Novillero en su jardín

 La mula parda de los benhures
Sin sardina la foca no trabaja

 Las mulas orejisanas de los benhures
Las Ventas, 30 de Mayo de 2017

Sábado, 30 de Mayo





Y la gripa

viernes, 29 de mayo de 2020

Jueces y ministros

 "Gente de mi pueblo". Del dominico Alfonso Salas

El lavadero de arriba

 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

          –Oye, Bene (de Benedicta), echo en falta al chico pequeño de la Sinfo (de Sinforosa). No lo he visto en “tol” verano  –dijo la Baltasara allá por los 70 en el lavadero de arriba de un pueblecito de la Sierra de la Demanda  mientras frotaba y ponía azulete a unas sábanas, cuando todas las sábanas de los pueblos eran blancas.

        –Creo que está estudiando “pa” juez –contestó Benedicta, que venía del barrio de abajo a sacar la yunta de un prado y se había asomado por si estaba lavando la cuñada.
       
En aquellos 70 un Juez era vocación mucho mejor considerada que la de cura y para mí que más seria aún que la de médico. La categoría de Juez se equiparaba con la de obispo y no había cosa que enorgulleciera más a los padres que sus hijos salieran jueces y prestigiara más a sus pueblos por dar vecinos de tanta seriedad.
     
 Llegar a ministro era otra cosa. Para ser ministro, y me refiero a serlo con Franco, Adolfo Suárez o Felipe González, se suponía en los pueblos pequeños, de donde es un servidor, que intervenían muchos factores: amistad, manejabilidad, interés de ciertos millonarios, estrategia eclesiástica, conspiraciones, etc. Lo que se esperaba del flamante ministro paisano era que se acordara del pueblo e influyera a conveniencia para por ejemplo, agilizar los trámites de la concentración parcelaria y que la Diputación empezara los caminos en el pueblo del ministro “que además lo es de Agricultura”.
     
El puesto de Ministro ha ido degenerando desde mucho antes del presente siglo y ya puede serlo cualquiera. No hacen falta conocimientos; tampoco estudios; ni siquiera educación. Basta con ser colega, novio, novia o reconocido militante con obedientes quinquenios en la parcialidad con derecho a las ubres del Estado para ser premiado con una cartera con la que defender y procurar, no la prosperidad de los ciudadanos, sino la de la parcialidad.
     
Debido a ciertas lecturas que se ve son inconvenientes y fuera de toda vigencia, un servidor creía que pasar de juez a ministro no tendría que ser posible entre gente civilizada. No sólo por el desprestigio personal sino por el daño que se hace a la Justicia dando a entender que se juzga conforme a inclinaciones políticas.
      
Quizás el mejor ejemplo del disparate que supone un juez ministro lo tengamos en Don Marlaska, mi jefe hasta antier, porque Don Marlaska y los que como Don Marlaska pasan de jueces a ministros pervierten los más elementales principios democráticos ya que no pueden dejar nunca de ser jueces, como no se puede dejar nunca de ser cura o médico... y juzgan. Incluso sirven de coartada para que el Gobierno legisle. Los jueces como Don Marlaska actúan y deciden cuándo hacen de ministros como si administraran justicia sin parecer darse cuanta que la Justicia que quiere un Gobierno muchas veces es contraria al interés de la Nación.
   
Seguro que estoy equivocado, pero creo que cuando un juez se propone para ministro empieza a sufrir un desequilibrio que intenta corregir con el entierro de los más firmes principios aprendidos en los Códigos e inmerso en la vorágine dicen que erótica del poder, ya todo le da la mismo y en comunión con los colegas sin estudios no basa sus decisiones en el Derecho sino en las posibilidades despóticas que le facilita la condición de Ministro.
      
¡Nefasto personaje, este Don Marlaska del que renegarían en los pueblos de la Demanda! ¡Grave problema, no crean ustedes, el que los gobernantes sean de capital y confundan el barrio con el pueblo!

Alcurnias


Bergamín


Serafín


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la grande polvareda de los Iglesias se nos perdió don Beltrane, que es Marlaska, Lionel Luthor del Régimen. Ahora discutimos lo que el mozo de maletas Ábalos llama “las alcurnias”.
    
–¿Piensas lo espantoso que ‘parece que es’ una España sudamericanizada por los comunistas? –escribe Bergamín a María Zambrano en el 57, recién repatriado por Pemán.
    
Pues ahí estamos.
Pablemos, un vulgar tirano de la trona para el psicoanálisis, llama “marquesa” a la portavoz del PP con ánimo de injuriar, y mereciera el lobito una marquesona de Serafín que de un tetazo lo enviara a la lona.
   
 –¡Es un Robespierre! –lo adulan los chupamirtos, el pájaro mosca que en la flor ahonda.
    
De Robespierre se dice que su elocuencia se basaba en unir a una oscura metafísica los lugares más comunes. En Pablemos no hay elocuencia, sino espurreo, y como sea que hay gente que se ofende si le escupen, la portavoz del PP, especialista en recoger las nueces de los árboles que con querellas mueve Vox (luego Teo las usa para sus concursos de lanzamiento de hueso de oliva), respondió al gañán con un golpe de alcurnia.
    
Claro que hay alcurnias y alcurnias. La alcurnia Pemán demandó a un orate que acusaba al autor de “El divino impaciente” de matar a más campesinos que Pol Pot, y la justicia dijo que la demanda debía firmarla el muerto, que era el ofendido. La alcurnia Iglesias demandó a un periodista que reprodujo las aventuras guerracivilistas del abuelo muerto, autor de “La moderna democracia social” (la del Ministerio de Trabajo de Girón), narradas en la Causa General, y la justicia, en juicio secreto, lo condenó a un dineral.

    –Nuestra venganza durará 40 veces 39 años –prometió, en el 74, la Hannah Arendt de la Reconciliación comunista, tan fanática de Stalin como lo fuera de la Virgen de Begoña.
    
España, avisa Guillén, es negra. Las Dolores son corrientísimas. Aquí se revela la sicología de un pueblo. En Francia se llaman Fifí o Lulú. La risa de Cervantes no hace bien: hay en ella dolor.

Lo que somos en el mundo

 Hughes
Abc

El cierre de la fábrica de Nissan en Barcelona es una de esas cosas que definen nuestra situación en el mundo. Lo que somos no lo determinan ni la fraseología política ni nuestra propaganda. Hasta hace nada éramos la mejor sanidad del mundo e íbamos a traernos la City de Londres. El reciente colapso sanitario es bien conocido, y City lo que se dice City vimos al Manchester City pasearse en el Bernabéu. Ahora Nissan se lleva al Reino Unido la producción y, reconociendo la complejidad del sector, no habrá ayudado mucho la demente fijación por instaurar un régimen de bicicleta y parusía ecológica.

La situación es mala y si se mira a los que mandan, muy mala. Sánchez garantizó en enero el mantenimiento de la planta y ahora sus socios hablan de nacionalizarla. Errejón, el listo, propone «reorientarla en verde» consiguiendo sonar a la vez soviético y como un anuncio de cervezas.
A Juan Manuel Fangio, que algo sabía de coches, le preguntaron una vez por la diferencia entre la rica Italia y su Argentina natal. No sería Fangio tan listo como Errejón, pero dijo algo curioso: «Mientras nuestro obrero no comprenda que la única vía posible de su reivindicación social es el trabajo honrado e intenso no podremos tener ni obreros que vivan bien ni bienestar general. La única justicia social posible en el mundo es que todos trabajen (…) El derecho de esforzarnos menos se adquiere haciendo primero riquezas».

Fangio


Para repartir hay que crecer. ¿Queremos crecer? ¿Está orientada nuestra educación, política y economía a ello? De crecimiento no se habló en ningún debate electoral. En cierto modo, debe de ser ya una ambición fascista e insostenible, así que se fomenta (los partidos) la división entre regiones, arriba y abajo, heteros y gais, hombres y mujeres... Del reparto dulce (consenso) a un circuito rencoroso de agravio. España decide ser una corrala redistributiva y absurda cuando el mundo se pone muy serio. Por la crisis y porque la globalización (división internacional del trabajo) se redefine desde Trump. Su victoria no era machismo ni racismo, como decía el lumpen periodístico, sino defensa de la Constitución y «jobs, jobs, jobs». La mejor política social es el trabajo y quien mejor sabe crearlo es el empresario. La innovación exige libertad, pero los gobiernos protegen o fomentan con una forma de nacionalismo económico. Por eso Francia y Alemania apoyan con mucho dinero a sus industrias del automóvil. Nosotros miramos al exterior para pedir y la desmoralización del país no puede conducir a riqueza alguna.

Capitulación




Anoche, unos abriles granas capitularon
ante mis mayos desarmados de juventud;
los marfiles histéricos de su beso me hallaron
muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.

Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron
una tarde amaranto que dije un canto a sus
cantos; y anoche, en medio de los brindis, me hablaron
las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed.

Pobre trigueña aquella; pobres sus armas; pobres
sus velas cremas que iban al tope en las salobres
espumas de un mar muerto. Vencedora y vencida,

se quedó pensativa y ojerosa y granate.
Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate,
de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.

CÉSAR VALLEJO

Una tarde con Isabel Preysler


Una tarde con Isabel Preysler...

José Ramón Márquez

La cosa estaba cantada, porque siempre es igual. Mandaron al campo a una legión de ojeadores, oteadores, veedores y mirones y se trajeron a Madrid, envuelta en celofán, la más pura basura. Cuando decimos basura nos referimos a los seis semovientes que vinieron a Las Ventas desde Salamanca, disparate ganadero perpetrado por un tal don Moisés Fraile Martín, ganaduros de Tamames.
 
A ver cómo explicamos la defecación que envió a Madrid el tal don Moisés. A ver cómo se puede expresar la profunda vocación antitaurina de quien cría semejantes birrias y no tiene empacho en embarcarlas en un camión con destino a Las Ventas cuando su único destino posible es el matadero. A ver cómo explicamos que los tales Fraile, los unos y los otros, excepto Carolina, que atesora el grial de Graciliano, son unos pésimos ganaderos, y a las pruebas me remito, que ni con los lisarnasios ni con los atasardios ni con los juampedritis ni con ná de ná son capaces de echar en Madrid una maldita corrida de toros como Dios manda.

A Madrid vinieron seis detritus como si fuesen toros de lidia, que a buen seguro los trajeron en el camión de la basura, a hacer el mayor vilipendio de los pocos que se dedican con ahínco, con responsabilidad, romanticismo y empeño en la cría de auténticos toros de lidia, porque lo que vino a Madrid no eran toros, eran vacos débiles, febles, contrahechos, feos, mal presentados. Y el tal don Moisés se estaría partiendo de la risa al ver que el Presidente, un señor que guarda cierto parecido con don Manuel Azaña, se tragó las seis mugres que mandó a Madrid en el reconocimiento previo, en el de antes de la corrida, así como en el ruedo que esos desechos nunca debieron hollar.

Decimos El Pilar y la mente del aficionado vuela de inmediato hacia El Raboso, que fue el que fundó esta ganadería a base de ese vivero de bravura, casta, fiereza y acometividad que es el hierro de Aldeanueva, ganadería dilecta de los toreros de la parte alta del escalafón hace no tantos lustros, basada en el inefable juampedro y seguramente con alguna adición de Lisarnasio, que lo Lisarnasio a estos Fraile les gusta más que a un tonto una tiza, y digo lo de la adición porque el miserable del cuarto, Potrico, número 49, tenía una lisarnasiez encima que no se la saltaba un Fraile, aunque de esto quien nos podría informar de dulce sería Barquerito, que es el que chana.
 
La bazofia del Raboso, acrecentada por la acción y efecto del bueno de don Moisés, por su esmerada selección, por sus cuidadas tientas, por su ojo experto, ha dado lugar a un nuevo tipo de ganadería, la ganadería en plancha, un ganado de aptitud cárnica que está pidiendo a gritos la sala de despiece del  matadero frigorífico de Béjar o del de Guijuelo, nobilísimo fin para esos bueyes.
 
La terna que husmeó, revisó, requetemiró y aceptó los bueyes de don Moisés estuvo compuesta por  Sebastián Castella, José María Dolls Manzanares III, y Alejandro Talavante, torero extremeño.
 
De la plasta que pegó Castella con su primero y de la que repitió con el segundo casi no se debe ni hablar. Castella no dio un solo pase a derechas, no se colocó una vez ni medio bien, no hizo un quite, ni una sola cosa que se deba reseñar. Castella sólo vino a Madrid armado de un gran paraguas de aburrimiento con el que tundir al toro y a los bobos que estábamos en la Plaza. Dicen que venía de una cogida, pero nadie le pide que se anuncie si no está bien, aunque da la impresión de que lo mal que ha estado tiene más que ver  con otros asuntos distintos de lo de la recuperación.

Lo de Manzanares III es inefable. Se presenta el tío con un vestido que parece que lo ha robado de una carroza del desfile del Orgullo Gay. Previamente había hecho unas declaraciones de que él estaba fuera del griterío de la PPTPM (Primera Paza de Toros de Pueblo del Mundo) porque lo suyo es disfrutar y se iba a pegar un atracón de disfrute esta tarde en Madrid. Ahora, que, para calibrar eso, sería preciso aquilatar qué es para Manza eso del disfrute, que mucho me temo es estar haciendo corretear al toro a su alrededor, como los derviches giróvagos, hasta que se produzca el éxtasis. O porque no le salió lo que él quería o porque no era su tarde y no le salió nada de lo que intentó con el toro. El toro, tonto como el que asó la manteca -y esto vale para ambos-, estaba de ayudante del disfrute, y bien porque no le habían avisado o bien porque no se enteró, no supo qué hacer para ayudar al Maestro a lo del disfrute. El resultado es que Manzanares III no disfrutó, o no hizo llegar al tendido la sensación de que había disfrutado, aunque a veces la procesión va por dentro, como es bien sabido. Estuvo realmente pesado, que a lo mejor su forma de disfrute es dar la murga a 24.000 personas que no le han hecho nada.
 
Y luego Tala. Tala, Tala, Talavante. Ahora, imbuido del espíritu de Curro Vázquez, su vigente influencia, se arriesga a hacer en uno unas verónicas y en otro unos delantales. Con el primero Talavante se contagió de la plasta de Castella o del disfrute de Manza y su faena no existió, simplemente se dejó correr el reloj hasta que llegó el momento de meterle un espadazo al toro. Con el segundo fueron muchos -¿todos extremeños?- los que pensaron que la cosa iba a funcionar, aunque el buey no estaba por la labor. Con el sexto dio los mejores momentos de una tarde prescindible y gafada desde el principio por la ganadería; se medio quedó en una serie de redondos y por lo menos estuvo vertical. Pedirle que se cruzara o que por lo menos no retrasase la pierna de salida era como pedirle a uno de los canarios de Cucho que se ponga a interpretar la 9ª Sinfonía de Mahler. Como viene siendo habitual en el torero la faena se fue desarrollando en diversos lugares de la Plaza. No podemos hablar de altibajos en ella porque todo fue de tipo bajo.
 
Si esta corrida la llegan a organizar los antitaurinos esos del PETA no lo hubiesen hecho mejor. En una tarde de “No hay billetes”, con famosos en los tendidos, con fotógrafos y cámaras de TV, la corrida tenía que haber sido un éxito clamoroso. De esta manera, principalmente, aunque no totalmente, por culpa del ganado, la corrida ha sido una espléndida propaganda del antitaurinismo del interior, que es el que cree que se puede tapar la ausencia de toro gracias a las beldades que llevan bordado de oro en la chaquetilla y no son picadores. Deplorable espectáculo el que se ha ofrecido,  porque, no cesaremos de repetirlo, en un espectáculo que se llama “los toros”, la única salvación está, precisamente, en el toro.

...y Nuria González

 Fleming

 ¡Don Fernando!

 Don Fernando Bergamín y Arniches tomando posesión de su abono


 El hombre de Rosa Díez, esa máquina de reñir, en la andanada

 Juan Palette o la Ilustración

 Florencio o el Casticismo

 La montera del callejón

 Isabel, a mesa y mantel

 José María Dolls vestido de Freddy Krueger Doll

 Brunelleschi, el mago de la perspectiva, mirando a Il Duomo de Alicante

 El botijo de Le Coq

 ¡Pobrecillo!

 Los espolones de Le Coq

 Pulguitas en la barrera

 José María...

 ...Manzanares...

 ...a la brega...

 ...con este resultado

 Flores (Samuel) sobre el nido de Abella

 Amorós no quiere verlo

 "¡Pe - tar - do!"
(El 7, que ayer no merendó)

 Posando de Azaña


 Ni asomo de Talavante

 Le Coq con el bicornio de Bonaparte reglamentario

 Diseñado por el sombrerero Poupard en fieltro de castor

 El pueblo lo llamaba "le petit chapeau"

 Molés y Emilio Temple cantando el nuevo himno del Madrid,
 una vez acabadas las palabras para No Contar lo que veían

 Tendido de picar para las figuras

Pintxos

 Cigarrette

 Escobilla

 Serrucho

La Autoridad echando la pierna alante

 Manzanares echando la pierna atrás

Petición (en mofa)
Las Ventas, 29 de Mayo de 2014