Limones guadalupanos
sábado, 5 de enero de 2019
viernes, 4 de enero de 2019
Tres minutos
Aguinaga en su conferencia Madrid, Región Capital
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
A los pollos peras que exigen “respetito” por el Estado de las Autonomías hay que mostrarles que la guinda de ese descalzaperros jurídico es Madrid, nombre que designa, a la vez, capital, autonomía, provincia, región y, ya puestos, club de fútbol, el Real Madrid.
–No más de tres minutos, que se puede armar –ordenó Guerra a Alonso Puerta, que en la tribuna del Congreso defendía el artículo quinto de la Constitución, “La capital del Estado (que no de España, como quiso corregir Cela) es la villa de Madrid”, un “visto y no visto”, como dijo Puerta de su propia intervención.
Tras los chalaneos y madrugadas de Suárez, el del aeropuerto, y Tarradellas, el del aeropuerto, pitagorines y arbitristas se pusieron manos a la obra: lo esencial era desmochar Castilla (fuera Santander y fuera La Rioja), para evitar… ¡una Grande Prusia!, y dejar colgada Madrid, porque “la ‘descapitalización’ es una forma de ‘decapitación’ de la unidad nacional”, dicho por Aguinaga, 96 años, decano de los cronistas de la Villa, que el otro día pronunció una lujosa conferencia sobre el asunto, “Madrid, Región Capital”, con todas las gerundiadas que los personajes de la Santa Transición cogitaron contra Madrid, desde el demógrafo Leguina (“la Comunidad de Madrid es una región metropolitana”) hasta el jurista Gallardón (“Madrid es centro del Estado”) pasando por Tierno Galván, que odiaba Madrid (quiso hacerse pasar por labriego soriano) y que en Barcelona contaba que en el franquismo “las madres se iban a dar a luz en otros lugares, a fin de evitar la vergüenza de que sus hijos nacieran madrileños”.
–¡Madrid ha dejado de ser capital! –declaró en la TV catalana.
¿Qué era, pues? Según Leguina, “un invento”, y según el editorial del periódico global, “una realidad artificial, condenada a la existencia por la negativa de las comunidades limítrofes a integrarla”.
–Madrid Región Capital es nuestro proyecto –redondeó el gallardonismo por boca de Cortés.
Pero un proyecto es otra cosa.
jueves, 3 de enero de 2019
El gallo de la veleta
Los zapatos chúpamelapunta de Rivera
Hughes
Abc
El ascenso político de Ciudadanos es también el de un tipo político y humano entrañable. Son muy conocidos los zigzag de algunas de sus figuras y la cambiante posición del partido, nada acomplejada. Rivera, por ejemplo, fue antieuropeísta cuando le convino, pero eso no impide que sus fans lleven ahora la bandera de Bruselas como si dependiera de ellos la supervivencia de la música sinfónica, el parlamentarismo, Viena y el Renacimiento.
Este rasgo debería aceptarse tal y como es, pues la función de Ciudadanos es ésa: girar lo que sea necesario.
El problema de estos cambios en Ciudadanos en realidad no lo tienen los demás, lo tienen los que son de Ciudadanos. Sus intelectuales, partidarios y divulgadores principalmente. Se ha visto con la polémica actual sobre la LIVG andaluza. Cs, de repente, asume esta ley como lo haría el PSOE y esto pilla a muchos, que eran razonablemente contrarios a la misma, con el pie cambiado. Así que han de seguir sosteniendo el cordón a Vox, y salvar la LIVG y a la vez criticarla. Toca la pirueta. Y es aquí donde llega la novedad, aunque sea una novedad relativa. Cada giro de la veleta de Ciudadanos obliga a un juego de piruetas consecutivas en sus teóricos, defensores y divulgadores. Y mientras el político de Cs es alegremente cambiante, es entrañablemente pillo, un poco la picaresca de ahora, sus intelectuales son poco castizos, más bien anticastizos: son como afrancesados voluntariosos (sobre la veleta de Ciudadanos hay un gallo francés, ¡un gallo macroní!).
Así que es un centrismo de dos: una base castiza, españolona, giratoria (Villegas, por ejemplo, potencial ídolo salido de una de Pajares) y luego un intelectualismo optimista y acompasado que reedita el consenso con incrustaciones macronas.
Conocíamos el argumentario clásico de los socialistas y de los populares o peperos, sus tics, sus mediocridades y corrupciones, sus viejas maneras que eran las de todos nosotros. Pero ahora aparece la pirueta centrista. El neosuarismo, pero un neosuarismo técnico (la transición fue el sorayismo) y siempre (siempre) antipopulista. Son como viejos enciclopedistas en el ultimo minuto de una película de apocalipsis, salvando el logos antes de la definitiva derrota a manos de los trumpianos y de los podemitas, de lo rusos, de los brasileños, de los de Visegrado, de los italianos, de los brexiters, de los yanquis, de los chinos (bueno, de los chinos menos)… ¡es un excepcionalismo hispano que no saca peco! Macron y ellos, la sucursal hispana de Macron, sostienen al mundo del desastre definitivo. ¿Desde cuándo España no había sido sostén del mundo?
Y es aquí donde entra su novedad. Porque el lenguaje de los centristas profesionales no es la patria ni el pobre, como la vieja derecha o la vieja izquierda. No, ellos renuevan el argumentario y hablan desde la moderación, la razón (una razón geométrica) y según toque desde el liberalismo, el progresismo o el conservadurismo, etiquetas que manejan como los colores el camaleón. Como todo lo demás es populismo, lo que queda se lo pueden asignar en función del viento que sople. Y escuchan el viento como un viejo marino. Del 155 al Autonomismo en el mismo día, de la denuncia del exceso feminista a la LIVG. Lo que sea. El espectro es amplio. Cambia y se encaraman al palo mayor más rápido que en Master and Commander. Los días impares somos conservadores disciplinando al progre; los días pares somos liberales domesticando al reaccionario. ¡Domadores travestis!
Ahora hay que seguir manteniendo un cordón alrededor de Vox, pero salvando la antigua posición sobre la LIVG. ¿Qué hacer? Una mezcla de consenso, moderantismo, tecnicismo, desapasionamiento, información, matización y letra pequeña. Como por la izquierda no vamos a ganar, ni vamos a ganar por la derecha, ¡ganemos por técnicos! ¡ganemos por razonables! Ah, “complejo debate”, “las cosas no son tan fáciles”, “hay que salvar lo bueno, purgar lo malo”… “En asuntos así debería buscarse el consenso, ciertamente”. Y con el consenso se salvan siempre. Es como cuando se hace un corrillo de gente en la playa para que uno se pueda poner los calzoncillos sin ser visto.
-¡A mí el consenso!
Y así el socorrido no se queda en bragas. Esto hay que saber gritarlo y luego tiene que acudir alguien. Lo que para otro sería un renuncio o una pirueta, para ellos es un nuevo esfuerzo de entendimiento del otro, de renuncia a los maximalismos, de ejercicio de moderantismo, un acertado ejemplo de ponderación… Ciudadanos trae consigo cosas buenas y malas y cosas que simplemente son, entre ellas esta nueva forma de ver la vida que supongo que es más vieja que la tos y que rodea de herrerosdemiñones y de monsergas vagamente tecnocráticas el neosuarismo físico y recién lavado de Rivera, su veletismo pimpolludo, vivales y amnésico (los de Ciudadanos, salvo quizás Girauta, hablan como si salieran de un shock traumático que les hubiera producido realmente un fallo de memoria dejándoles sólo la muy reciente).
En ese, digamos, “ciudadanismo” no hay una hibris ideológica, una furia momentánea por los principios. No, realmente no. Eso sería la antesala del fascismo y ellos ya vienen pactados de casa.
Asesinos de mujeres
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Políticos y prensa andan hoy escandalizados y yo diría que hasta mesándose los cabellos como en la Ilíada ante la incorrección política del representante de VOX en Andalucía a cuenta de su interés por fiscalizar los euros que se reparten para ayudar a las mujeres maltratadas y creo que también, no estoy muy seguro, a las por maltratar. El hombre, que es juez y dictó una sentencia a favor de un niño hijo de padres divorciados que soñaba con salir de nazareno en día que le tocaba ser custodiado por la madre, no para de recibir denuestos de todo tipo no siendo el menor el de maltratador de mujeres, lanzados todos ellos con esa ligereza estadística con la que se arma el moderno feminismo.
Soy consciente de que para no mojarse los pies lo mejor es evitar los charcos, pero a punto de jubilarme y harto de que tomen por tonto al personal me da igual la opinión o el dolor de barriga del que leyere, y quiero hacer hincapié en una de esas estadísticas tendenciosas de las que se valen, no sé si para alcanzar puesto en cualquier administración, subvenciones, notoriedad buenista y demás situaciones que vamos descubriendo los que vivimos en ciertos ambientes o por ¡vaya usted a saber! auténtica candidez.
La estadística del 2019 empieza hoy en Laredo donde ha sido asesinada la primera mujer en España. Así dicen en la tele, la radio, los periódicos y así se empieza a indignar el feminismo contra el "machismos de los fascistas" y avergonzarse la condición masculina. Voy a la prensa de Santander y leo que el asesino se llama Tomás, tiene 29 años y es ecuatoriano. A mí, por curiosidad, me gustaría ver si el ecuatoriano tiene tatuajes y de qué tipo, pero dejemos que la policía investigue. Un navarro amigo de Huarte-Araquil se le hinchaban las venas del pescuezo intentando convencer a una psicóloga de que él nada tiene que ver con el ucraniano que el año pasado en verano se llevó por delante en su pueblo a su esposa; a otro amigo de Bilbao le llevan los demonios cuando le hacen constar una asesinada en Bilbao en 2018 en vez de aclarar que un senegalés degolló a su pareja también senegalesa. Un servidor, acorde con la opinión bilbaína y navarra, también quiere dejar claro que la asesinada en Burgos en la carretera de Poza lo fue a manos de un asesino colombiano. No creo necesario individualizar cada una de las 47 víctimas del pasado 18 -cuentan hasta ancianas con Alzheimer asesinadas por ancianos suicidas- pero no estaría de más que las asociaciones, ¿cuántas y cuántas empleadas con sueldo?, detallaran al final de cada año el número de asesinos españoles, suramericanos, africanos, musulmanes, del Este... y los compararan con el resto de países europeos. Más que nada para hacernos una idea de por dónde caminamos.
Lo que más me gustó de la lectura de Patria fue la descomunal presencia en la sociedad norteña -en la que me he criado- de la mujer. Un matriarcado que me ha educado, he disfrutado y dentro del que me apetece seguir viviendo ya de jubilado. Soy, y la inmensa mayoría, somos, respetuosos con las mujeres con las que nos relacionamos, por lo que no puedo admitir esa sospecha permanente con la que atemorizan interesadas tribus fanáticas de una simpleza de pensamiento que horroriza. Escuchen a doña Calvo, por ejemplo, esa mujer tan obtusa de entendederas que ve los mismos asesinos de mujeres en Córdoba, Tánger o Caracas.
La pera
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La propaganda presenta el Estado Autonómico como una construcción jurídica extraída del Derecho romano, y algunos propagandistas hasta imitan al Von Ihering que explica la misión peculiar de Roma en la historia universal:
–La historia de Roma comienza por una victoria sobre su propia nacionalidad y cuando llega a su cima tiene a sus pies, rotos y pulverizados, los pueblos de su época.
Nos venden que lo peculiar de España es “el autonomismo”. Pero el Estado Autonómico viene a tener el mismo origen chusco que el consejillo de subsecretarios previo al consejo de ministros.
En el primer gobierno de Suárez, el del aeropuerto, un empeño de Abril, ministro de agricultura, era subvencionar la pera limonera, contra la opinión de Lladó, ministro de comercio. Así un consejo y otro consejo, hasta que el vicepresidente del gobierno, general De Santiago, preguntó, con resolución castrense, si se iban a pasar los consejos discutiendo de la pera limonera, con la de cosas serias que había por discutirse. Y nació el consejillo de subsecretarios, a modo de cedazo para los asuntos del consejo de ministros.
En el primer gobierno de Suárez, el del aeropuerto, un empeño de Abril, ministro de agricultura, era subvencionar la pera limonera, contra la opinión de Lladó, ministro de comercio. Así un consejo y otro consejo, hasta que el vicepresidente del gobierno, general De Santiago, preguntó, con resolución castrense, si se iban a pasar los consejos discutiendo de la pera limonera, con la de cosas serias que había por discutirse. Y nació el consejillo de subsecretarios, a modo de cedazo para los asuntos del consejo de ministros.
En el 76 teníamos un Estado centralista de doscientos años y, con la cosa del pactismo, la idea era poner un piso a las “autonomías históricas” (?), Cataluña, Vasconia… y Galicia. Entonces un andaluz del Psoe propuso en la Junta Democrática un Estado Autonómico como agencia de colocación para la militancia de provincias.
–Coge un papel y mira a ver cuántas autonomías nos salen –diría luego Suárez a uno de sus arbitristas.
Aquí la pera limonera fue el “café para todos”, el reparto de la túnica de Cristo pasada por los sastres chinos que compiten con el Triángulo de la Moda de Tirso de Molina. Retales de una piel de toro que en realidad es de conejo (“Leoporum generis sunt et quos Hispania cuniculos appellant”) y que ha exacerbado a los supremacistas catalanes.
Así que menos lobos autonomistas, queridos pollos peras, jurisperitos y demás peras limoneras de Ciudadanos.
miércoles, 2 de enero de 2019
Supremacismos
Canijo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En esta España del 19 superviven dos supremacismos del XIX: el vasco, trágico en números redondos, y el catalán, final y tragicómico: trágico en sus efectos, pero cómico en sus causas.
Pompeyo Gener (“yo era rico y no encontraba a nadie que supiera más que yo”) es un supremacista atmosférico: cree que un oxígeno que él respira en Barcelona lo hace superior a los cretinos que respiramos en Madrid.
––El aire de Madrid es pobre en oxígeno, especialmente ozonizado. Así la raza decae, y hasta la estatura mengua al cabo de algunas generaciones.
Torra Pla, con su aire al Canijo de “Érase una vez el hombre”, es un supremacista racial: cree que el catalán es genéticamente superior a los demás españoles.
Y el Barça de Vázquez Montalbán es “més que un club” como Rivera y Valls (o como Girauta y Toni Roldán) son “més” que Abascal y Ortega Lara. ¿Por qué? Por el supremacismo moral que da Barcelona y no Burgos.
Aplicado a su idea de democracia, que es la orgánica, ese supremacismo moral se manifiesta en el establecimiento de “cordones sanitarios” contra quienes no piensen como ellos, un invento del señor padre de Proust para aislar de la peste a las ciudades. Los apestados, como los fascistas, o como el infierno sartreano, siempre son los otros, y a esto se reduce la quincallería cultural que nos trae de Francia el “galo” Valls, martillo de gitanos dálmatas como ministro de Hollande (¡de Hollande, no de De Gaulle!) y martillo de herejes socialdemócratas como alcaldable de Rivera. Ayuno de lo que es democracia y ahíto de lo que lo parece, su “regeneración democrática” pasa por… “pactos de Estado entre constitucionalistas”. La democracia sólo es una forma de gobierno, pero en Valls se convierte en una forma de Estado. ¿Qué Estado? Lo mismo da. Él juró por la República francesa y jurará por la Monarquía española, pues el objetivo es la “résistance”. Es un hércules macroní (de Macron) llamado a limpiar los establos de Angias de la corrompida política fascista.
martes, 1 de enero de 2019
Soneto Votivo MMXIX
2019 para todos los públicos
Me aguarda una vez más el rito extraño,
Mostrar valor para enfrentar el hado
De andar rimando en torpe pie forzado
La fecha ruin que nos arranca un año.
La de Año Nuevo es fiesta darwinista,
Celébranla las turbas de la especie,
Mas no hay sujeto humano que se precie
Que aquel día no bufe fatalista.
El porvenir jamás fue el que debiera.
Es un traidor que al sabio no conmueve,
No desespera aquél que nada espera.
Perezca el mundo con tal que se renueve
La amistad. Siga vera y, cual soliera,
Sincera. Feliz Dos Mil Diecinueve.
Mostrar valor para enfrentar el hado
De andar rimando en torpe pie forzado
La fecha ruin que nos arranca un año.
La de Año Nuevo es fiesta darwinista,
Celébranla las turbas de la especie,
Mas no hay sujeto humano que se precie
Que aquel día no bufe fatalista.
El porvenir jamás fue el que debiera.
Es un traidor que al sabio no conmueve,
No desespera aquél que nada espera.
Perezca el mundo con tal que se renueve
La amistad. Siga vera y, cual soliera,
Sincera. Feliz Dos Mil Diecinueve.
Jean Juan Palette-Cazajus
2019 para mayores con reparos
Cambio de casa
Grullas en los Montes de Toledo:
en Navidad cambian de casa sin quejarse.
Su vuelo tiene sus intérpretes, y soy público.
FJGI
La última
Jean Clair
Dalmacio Negro
Christian Thielemann
Thomas Bernhard
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Comer y beber. Cenamos en Nochebuena como si fuera la última cena y trasegamos en Nochevieja como si fuera el último trasnoche. Vivimos como los bonobos del Congo, consagrados al tedio del amor libre por sobra de comida… y por falta de macho protector (los bonobos lo despidieron ante la ausencia de enemigos exteriores).
–Comemos, dormimos como animales en una granja próspera y bien surtida: comer y dormir, sexo: ¡la granja de Occidente! –lo resumió Jean Clair–. No hay ninguna emoción en las vidas de la mayoría de los ciudadanos del mundo próspero, y eso se refleja en el arte de hoy: a lo máximo que aspira es a ser divertido. Y lo que teme todo creador hoy es ser aburrido... ¡Qué ambición! ¡Qué gran misión para el artista!
Entramos al 19, un año muy divertido, al decir de Dalmacio Negro, un español que piensa en alemán, como mandaba Ortega (“pensar es una erección y yo todavía pienso”), y así se lo dijo a Octavio Paz en el “Hôtel du Rhône” en Ginebra:
–Aprenda el alemán y póngase a pensar. Olvide lo demás.
A Negro, que se explica en “Disidentia”, el movimiento de los “gilets jaunes” le recuerda el de la plebe romana contra los senadores retirándose al Aventino para conquistar la libertad política colectiva y las de la bourgeoisie contra las Monarquías despóticas.
–Por primera vez en la historia de Francia, Macron, adoptando una actitud monárquica, ha cerrado París, el centro de irradiación del Estado, al pueblo francés.
Buen propósito de Año Nuevo, aprender el alemán, hasta que lees en un periódico que “los fantasmas del nazismo vuelven a la Filarmónica de Viena” porque Christian Thielemann, enemigo de la corrección socialdemócrata, dirige por primera vez el concierto del Musikverein. ¿Cómo reaccionarían estos gandumbas, si vieran a Thomas Bernhard definir la socialdemocracia al decir que “se ha creado, insistiendo en los más absurdos derechos, una sociedad de estúpidos de todos los colores que, escudándose en miles de blasfemias democráticas, decide sobre el derecho y la legalidad”? Bernhard cree que no hay un sucedáneo para nada. Ni siquiera para los tontos.
–Podría montar en bicicleta, pero ¿cree que eso puede sustituir algo?
lunes, 31 de diciembre de 2018
Neymar o Mbappé
Abc
Si hablar es barato, como dicen los gringos para desautorizar al charlatán, soñar es gratis, y estas Navidades el madridismo sueña con arrebatar al PSG a Neymar o a Mbappé, alguien con quien salir de la tienda del Real Madrid sin cara de tonto con la camiseta de un futbolista para el sobrino, que hay que ver cómo se pone Madrid de sobrinos por estas fechas, y todos, al final, pidiendo lo mismo, una camiseta de Neymar o de Mbappé.
De Mbappé se dice que no está en el Madrid porque no quería competencia y exigió la salida de Bale o Benzemá, lo cual hace de Mbappé un artista tipo Megido más que un competidor tipo Lucas Vázquez, el ojo de Solari que todo lo ve.
–Si entro a un restaurante y un hombre no me mira, ese hombre es gay –decía Kathleen Turner en los días genesíacos de “Fuego en el cuerpo”.
A Mbappé le falta la autoestima de Kathleen Turner, un defecto que lo convertiría en el suplente de Lucas Vázquez en el Madrid de Solari, que es un Madrid de promesas, un colegio de niños de San Ildefonso cantando en Valdebebas los números de la lotería del fútbol, todos los niños jugones del mundo dirigiéndose al Madrid de los Infantes con la idea de ser un día… Cristianos y Ronaldos en un País de Nunca Jamás donde sólo se compite por el cartel de “Empleado del Mes”. Parecerá una tontería, pero de eso sólo se dio cuenta nuestro pequeño Lucas, el Colibrí de Curtis, que es el oficinista que siempre va con prisa por el pasillo con un folio en la mano, el camarero que toma muchas comandas y no atiende ninguna, el Conejo de Alicia (“me voy, me voy, me voy”) que se sabe personaje de Lewis Carroll dispuesto siempre a reírle un chiste a Sergio Ramos, el macho protector.
A Mbappé le falta autoestima para llevar la corona blanca, pero a Neymar, el otro candidato, le falta cabeza. Después de todo, no es lo mismo crecer al lado de un Cruyff, seguramente el tipo más inteligente que haya dado el fútbol, que hacerlo al lado de un Xavi, el ex cerebro del Combinado Autonómico, Príncipe De Asturias (con Casillas) de la Concordia (¡arriba los corazones!) y autor del siguiente mensaje de Navidad para los golpistas del “Prusés”:
–Hola, soy Xavi Hernández. Me gustaría dar muchos ánimos y mucha fuerza a todos los presos políticos. No desfallezcáis. Imagino que son momentos muy duros para todos vosotros lejos de casa y de la familia. Es por eso que quiero agradeceros todo el coraje y entereza que estáis mostrando. Es el mejor regalo de Navidad que podéis hacer a la sociedad catalana. Os deseo muy buenas fiestas y que el año nuevo os traiga justicia y libertad. Un fuerte abrazo a todos.
Son los famosos “valors” del fútbol culé que acostumbran distribuir los medios centros del Barcelona, Pep Guardiola desde Inglaterra y Xavi Hernández desde Catar, madre del cordero financiero del PSG que, miren ustedes por dónde, podría liberar a Neymar o a Mbappé.
Ahora que es Navidad y tenemos a los niños en casa conviene recordar que los famosos valores que se transmiten a la infancia a través del fútbol profesional son la ludopatía modelo Las Vegas (una guerra publicitaria de las casas de apuestas precede a la retransmisión de cada partido) y la sedición modelo La Masía, es decir, de canteranos del Barcelona a los que España procura primero los medios y luego compensa económicamente todos los gastos de la traición, esa moderna virtud social. Así, por ejemplo, una curiosa forma mediática de equilibrar la información deportiva es, cada día, tapar la noticia negativa sobre Mourinho (“¿qué tendrá ese muerto que a tantos vivos molesta?”), alias la hidra del fascismo mundial, con la noticia positiva sobre Guardiola, alias la hidra del buenismo local. Y de ese modo ("id tomando veneno hasta que os sepa bien") vamos matando el rato.
CHOLISMO INOCENTE
El cholismo, ismo del Cholo Simeone, cumple siete años, y la inocentada vikinga ha sido una foto de los jugadores atléticos levantando una Copa de Europa con la leyenda “Feliz Día de los Inocentes”. Mediáticamente, el cholismo es la versión futbolística de la fábula que explica el mito, tan atletista, que va del buen salvaje al buen revolucionario. Un mourinhismo para pobres. El Atlético era un reino muy triste, pero vino el Cholo y con su impulso moral (porque el Cholo, ahí donde lo ven, es un impulso moral) el Manzanares se hizo navegable y se llenó de princesas. ¿Cómo es el juego cholista? Nadie lo sabe, pero las dos finales europeas con el Madrid se perdieron para los atléticos por él, con él y en él.
El cholismo, ismo del Cholo Simeone, cumple siete años, y la inocentada vikinga ha sido una foto de los jugadores atléticos levantando una Copa de Europa con la leyenda “Feliz Día de los Inocentes”. Mediáticamente, el cholismo es la versión futbolística de la fábula que explica el mito, tan atletista, que va del buen salvaje al buen revolucionario. Un mourinhismo para pobres. El Atlético era un reino muy triste, pero vino el Cholo y con su impulso moral (porque el Cholo, ahí donde lo ven, es un impulso moral) el Manzanares se hizo navegable y se llenó de princesas. ¿Cómo es el juego cholista? Nadie lo sabe, pero las dos finales europeas con el Madrid se perdieron para los atléticos por él, con él y en él.
domingo, 30 de diciembre de 2018
Enmienda a la (casi) totalidad
París, 29 de Diciembre de 2018: sans-culotte tardío
Jean Juan Palette-Cazajus
Creo que mi último trabajo sobre el fenómeno de los chalecos amarillos tenía cierta coherencia. Era lo peor que le podía pasar. Porque hace ya bastantes años que hemos dejado de vivir en el mundo de las antiguas coherencias. En el nuevo entorno “globalizado”, como se dice, ya no existen coherencias. Y si existen, todavía tardaremos mucho en aprender a establecerlas. El mapa del futuro globalizado sólo está empezando a dibujarse y siguen sin descubrirse las fuentes del nuevo Nilo. El mapa por estrenar está lleno de manchones blancos. Quien crea, en estos lares, que puede seguir paseando, guía Michelín en mano, como un turista de la propia historia, se va a enfrentar con un terrible dilema: o se quedará de convidado de piedra de la inminente globalidad o tendrá que ponerse el casco de corcho de Lord Livingstone, aventurarse en las nuevas selvas ignotas y tratar de ir dibujando el mapa virgen del futuro de acuerdo con sus propios valores. A sabiendas de que lo más probable es que se lo coman los leones o las tribus indómitas antes de conseguirlo. Otros serán a la postre los cartógrafos del porvenir.
Los “chalecos amarillos “ y yo hemos cometido los mismos errores: ellos en el campo de la acción, yo en el de la reflexión y del comentario. El error que compartimos fue el de pensar que la revuelta constituía, hablando en lengua galdosiana, un “episodio nacional”. Lo he apuntado, pero no he insistido lo suficiente en la obsesión de los “chalecos amarillos” por los eslóganes, las citas, los cánticos y las referencias estéticas de la Revolución de 1789. Por mi parte me he pasado el tiempo intentando comprender por qué esta inesperada revuelta parecía tan empeñada en inscribirse en la continuidad de una historia nacional. “Los hombres hacen la historia pero no saben la historia que hacen” decía la conocida fórmula esbozada por Marx y pulida por Raymond Aron. Tradicionalmente, quienes conocían su destino, o estaban a punto de suicidarse o actuaban en un escenario. Notemos que hoy nuestra historia puede anticiparse con un máximo de probabilidades. Y es que, efectivamente, más que historia se ha quedado en farándula. Los “chalecos amarillos” alardearon de añadirle un apéndice nuevo al libreto clásico de la historia nacional. Y se vieron, en esta ocasión, no solamente como los hacedores, sino también como los sabedores de un pedacito del Gran Relato. De modo que cabía dividirlos entre los ingenuos, que permanecieron rehenes de esta creencia virtual, y los listos que actuaron conscientes de que la historia, en Occidente, sólo puede estar presente en la medida en que se represente.
Los “chalecos amarillos “ y yo hemos cometido los mismos errores: ellos en el campo de la acción, yo en el de la reflexión y del comentario. El error que compartimos fue el de pensar que la revuelta constituía, hablando en lengua galdosiana, un “episodio nacional”. Lo he apuntado, pero no he insistido lo suficiente en la obsesión de los “chalecos amarillos” por los eslóganes, las citas, los cánticos y las referencias estéticas de la Revolución de 1789. Por mi parte me he pasado el tiempo intentando comprender por qué esta inesperada revuelta parecía tan empeñada en inscribirse en la continuidad de una historia nacional. “Los hombres hacen la historia pero no saben la historia que hacen” decía la conocida fórmula esbozada por Marx y pulida por Raymond Aron. Tradicionalmente, quienes conocían su destino, o estaban a punto de suicidarse o actuaban en un escenario. Notemos que hoy nuestra historia puede anticiparse con un máximo de probabilidades. Y es que, efectivamente, más que historia se ha quedado en farándula. Los “chalecos amarillos” alardearon de añadirle un apéndice nuevo al libreto clásico de la historia nacional. Y se vieron, en esta ocasión, no solamente como los hacedores, sino también como los sabedores de un pedacito del Gran Relato. De modo que cabía dividirlos entre los ingenuos, que permanecieron rehenes de esta creencia virtual, y los listos que actuaron conscientes de que la historia, en Occidente, sólo puede estar presente en la medida en que se represente.
Burdeos, plaza de la Victoria
Cuanto más intenso es el zumbido de los reactores, mejor se sostiene el jet en el aire. Es el principio de funcionamiento del capitalismo moderno: sólo puede hacerlo con los motores a pleno régimen. Hoy las producciones que garantizan su continuidad ya no se dedican a satisfacer necesidades elementales. Para sobrevivir, el capitalismo tuvo que suscitar nuevas necesidades humanas contabilizables en términos de producción de artefactos. ¿Hay mejor expresión de una sociedad infantilizada que los nuevos e inefables patinetes? Las revoluciones eran posibles cuando quienes las interpretaban nada tenían. Luego, nada podían perder. La mayoría de los “chalecos amarillos” tenía satisfechas las necesidades elementales y su revuelta fue suscitada por las dificultades en satisfacer las nuevas, las inculcadas diariamente en sus cabezas y en las nuestras. Lo decía uno de los cabecillas iniciales: “Nuestra lucha es la del poder adquisitivo”. Cuando el Leviatán productivo ruge en modo intensivo, produce bienestar relativo y desigualdad. Pero en cuanto baja de intensidad, produce miseria. El capitalismo es invulnerable porque, como lo había entendido Adam Smith, no ha creído nunca en la bondad del ser humano y vive del óptimo aprovechamiento de sus flaquezas. La revolución en la calle es incompatible con el óptimo régimen de revoluciones del motor productivo. Tras más de mes y medio de vacaciones en las rotondas y de happenings jacobinos en los escenarios urbanos, las empresas de transporte por carretera dicen que han perdido del orden de 2000 millones de euros por culpa de los innumerables bloqueos. En una suma equivalente estiman las asociaciones de comerciantes los perjuicios resultantes de los seis sábados de sesión insurreccional en función vermú. Se habla de unos 43 000 empleos a tiempo parcial amenazados por esta mismas razones.
A lo largo del episodio no se vio bandera roja alguna, ni en las rotondas ni en las calles. ¡Ni rastro tampoco de camisetas del Che! Alguna que otra “gwenn ha du”, la bandera bretona, más por referencia simbólica a las tópicos de la cabezonería y rebeldía bretonas que por otra cosa. Y sobre todo, abundante tremolar de banderas tricolores, frecuentes entonamientos de la Marsellesa y otros cánticos derivados. El movimiento de los “chalecos amarillos” apareció como una nostálgica exaltación de las producciones revolucionarias del terruño. Al principio de la revuelta, pensó recuperar el movimiento la llamada “Francia insumisa”, el equivalente galo de “Podemos”, yendo un poco de prisa. Todavía no se han repuesto de los “zascas” que cosecharon. Se dijo entonces que el movimiento era manipulado por el partido populista de Marine Le Pen. En realidad, no hubo nunca la menor posibilidad de establecer una significación consciente y consensuada de sus objetivos y valores. Desde un principio su expresión apareció interferida por una multitud de voceros autoproclamados y contradictorios. Incluso las reivindicaciones socioeconómicas inmediatas permanecieron en la indefinición. Pero la naturaleza del movimiento era sin duda mucho más “polisémica”, como dicen los pedantes, y detrás de lo pregonado se intuía lo silenciado. Como detrás de lo melodramático había que aprender a leer lo sintomático.
A lo largo del episodio no se vio bandera roja alguna, ni en las rotondas ni en las calles. ¡Ni rastro tampoco de camisetas del Che! Alguna que otra “gwenn ha du”, la bandera bretona, más por referencia simbólica a las tópicos de la cabezonería y rebeldía bretonas que por otra cosa. Y sobre todo, abundante tremolar de banderas tricolores, frecuentes entonamientos de la Marsellesa y otros cánticos derivados. El movimiento de los “chalecos amarillos” apareció como una nostálgica exaltación de las producciones revolucionarias del terruño. Al principio de la revuelta, pensó recuperar el movimiento la llamada “Francia insumisa”, el equivalente galo de “Podemos”, yendo un poco de prisa. Todavía no se han repuesto de los “zascas” que cosecharon. Se dijo entonces que el movimiento era manipulado por el partido populista de Marine Le Pen. En realidad, no hubo nunca la menor posibilidad de establecer una significación consciente y consensuada de sus objetivos y valores. Desde un principio su expresión apareció interferida por una multitud de voceros autoproclamados y contradictorios. Incluso las reivindicaciones socioeconómicas inmediatas permanecieron en la indefinición. Pero la naturaleza del movimiento era sin duda mucho más “polisémica”, como dicen los pedantes, y detrás de lo pregonado se intuía lo silenciado. Como detrás de lo melodramático había que aprender a leer lo sintomático.
Galo cabreado
Lo que, desde luego, saltó a los ojos de cualquier observador, fue que la Francia que se manifestó, a lo largo de mes y medio, era casi exclusivamente blanca. El peso demográfico de la Francia inmigrada y multirracial es considerable. Su presencia es mayoritaria en la periferia de todas las ciudades importantes. Su casi total ausencia entre los “chalecos amarillos” sólo puede plantear interrogaciones. Máxime cuando no cabe negar que aquellas poblaciones constituyen en su mayoría los batallones económicamente desfavorecidos. Tan ostensible ausencia aparecía pues como un silencio clamorosamente significativo y era una prueba más de la profunda fractura étnica y cultural. Sin duda se trató de la última ilustración del proceso inexorable de comunitarización del cuerpo de la nación. Los “chalecos” trataron de interpretar unos papeles históricos inspirados en las estampas de sus libros de colegio. La Francia inmigrada desconoce mayoritariamente lo más elemental de esta historia que le es además indiferente, cuando no aborrecible, ella y los valores que la acompañan. En las “banlieues”, en los barrios periféricos, se conoce a los franceses “de siempre” como los “gaulois”, los galos. Huelga añadir que la expresión es altamente peyorativa. En cambio muchos campamentos de los “chalecos amarillos” se erigieron bajo la advocación de Asterix y Obelix y cantidad de clanes de las rotondas gustaban de autorreferirse con el común denominador de “galo”, variadamente adjetivado. Para la Francia “multicultural”, en cambio, lo sucedido parece haberse interpretado como las expresiones de una tribu ajena, provisionalmente mayoritaria y dominante. La lógica del repliegue tribalista fue más poderosa que la coincidencia, incluso agravada, en el padecimiento de concretos problemas socioeconómicos. Cabe augurar que el serial de los “chalecos amarillos” aparecerá algún día como el inocente aguacero aperitivo que preludiaba el desencadenamiento de una tormenta mucho más devastadora.
Pierre Bourdieu (1930-2002)
¿Populistas de izquierda, los “chalecos amarillos”, o populistas de derechas? La aberrante espacialización de las categorizaciones ideológicas es un sesgo cognitivo que tiene condicionadas nuestras cabezas. Y así antes de oponer los extremos convendría hablar de su extrema coincidencia previa en una invariancia nuclear: común incapacidad de acceder a la complejidad de las cosas, aversión por el disenso y consiguiente creencia en la existencia de soluciones sencillas y definitivas. Luego, en sus versiones químicamente puras, unos divergen hacia una absoluta biologización de los comportamientos sociales mientras los otros los someten a un férreo determinismo ideológico. Las rutinarias preguntas alrededor de los chalecos amarillos han vuelto a mostrar que la polaridad espacial de la política secuestra toda posibilidad de un pensamiento autónomo. Hay quienes necesitan esta falsilla y se acomodan encantados en la caseta que les corresponde, o así lo creen. Pero son cada vez más numerosos los reacios a tumbarse en esa cama de Procusto. Liberada de la determinación espacial, de las capellanías ideológicas, del miedo a la excomunión, la razón se despereza y ronronea a gusto como un preso clorótico que descubre el aire de las cumbres tras años de calabozo. El individuo descubre la libre elaboración de su propia coherencia. El nuevo caminante sabe que no hay final del camino, por la simple razón –como decía el poeta– de que no hay más camino que el que se traza al andar y todo lo que se puede esperar es mejorar algo el empedrado.
Pero la democracia, lo recordábamos hace unos días, no es un régimen político real sino siempre potencial. Porque es el régimen de la sociedad potencialmente educada, en todas las acepciones de la palabra. Repito que los “chalecos amarillos” mostraron mayoritariamente, y siguen mostrando día a día, su déficit de “capital cultural”, hablando como Bourdieu. Es decir que no cabe encontrarlos en los nuevos territorios de la reflexión política melindrosamente esbozados hace un instante. ¿De izquierda o de derecha, los “chalecos amarillos”? Como era de esperar, tendieron a sumar los peores tópicos de ambos extremos. El movimiento estalló como protesta contra una subida de las tasas sobre carburantes, que se presentaba con vocación pedagógica frente a los retos climáticos y ecológicos. Se penalizó el gasóleo cotidiano de quien sale cada mañana a buscarse la vida, mientras sigue resultando casi más barato ir desde Madrid a Sevilla que a Nueva York. La injusticia fue casi feudal. Las aristocracias del saber y de la competencia tienen legitimidad. Pero en este caso se comportaron y fueron percibidas como el resurgimiento de la vieja arbitrariedad de casta. De ahí la recaída en el síndrome de la Bastilla.
Pero la democracia, lo recordábamos hace unos días, no es un régimen político real sino siempre potencial. Porque es el régimen de la sociedad potencialmente educada, en todas las acepciones de la palabra. Repito que los “chalecos amarillos” mostraron mayoritariamente, y siguen mostrando día a día, su déficit de “capital cultural”, hablando como Bourdieu. Es decir que no cabe encontrarlos en los nuevos territorios de la reflexión política melindrosamente esbozados hace un instante. ¿De izquierda o de derecha, los “chalecos amarillos”? Como era de esperar, tendieron a sumar los peores tópicos de ambos extremos. El movimiento estalló como protesta contra una subida de las tasas sobre carburantes, que se presentaba con vocación pedagógica frente a los retos climáticos y ecológicos. Se penalizó el gasóleo cotidiano de quien sale cada mañana a buscarse la vida, mientras sigue resultando casi más barato ir desde Madrid a Sevilla que a Nueva York. La injusticia fue casi feudal. Las aristocracias del saber y de la competencia tienen legitimidad. Pero en este caso se comportaron y fueron percibidas como el resurgimiento de la vieja arbitrariedad de casta. De ahí la recaída en el síndrome de la Bastilla.
Benidorm-Guernica
Mientras tanto, hace solo unos días, una petición titulada “l’affaire du siècle” o sea “el asunto del siglo”, demandando el Estado ante los tribunales “por inacción frente al cambio climático”, recogía en menos de una semana casi dos millones de firmas. La Francia de los “bobós” contra la Francia de los bobos, dirá algún clasista impenitente. Algo de esto hay porque estamos en la era de las “unanimidades parciales”: vengan iniciativas valientes si no me afectan a mí. Los anglosajones dicen más prosaicamente “not in my back yard”. Obligado a definirme escueta y fundamentalmente, no me importaría hacerlo como un ecologista radical: ni el individuo ni el ciudadano pueden realizarse en un entorno natural degradado por dos formas de irresponsabilidad humana: la codicia económica y la proliferación demográfica. Nunca perdonaré al franquismo el Guernica del litoral mediterráneo, su total devastación minuciosamente planificada. No perdono a la España democrática la persistencia invasiva de su amor al cemento como símbolo de paz y prosperidad.
No sé si esta salida del armario ambientalista puede resultar sorprendente. Mi ecologismo “radical” (no me molesta el adjetivo) me ha acompañado siempre como el forro inseparable de toda vestidura reflexiva. Lo puedo olvidar en momentos concretos como uno olvida su propia sombra: no dejará por ello de acompañarnos. Es posible que mi poca insistencia en el tema tenga que ver con el sentimiento de dirigirme a personas indiferentes, o incluso hostiles, a esta dimensión del pensamiento. Mi actitud tiene que ver con el tacto compasivo de quien sabe que su interlocutor padece una grave dolencia y evita evocarla en su presencia. La realidad de la democracia ateniense era menos brillante de lo que fabricó nuestro recuerdo mítico. Pero, irresistiblemente, la asociamos con Fidias y con la belleza ática. Personalmente, tampoco puedo separar la calidad de una nación de la percepción inmediata –forzosamente arbitraria, forzosamente relativa– de su grado de relación con la belleza. Las actitudes de quienes proclaman un celoso amor a su país pero se muestran indiferentes a su degradación, ambiental, urbana y estética, me parecen una forma de patología autista.
No sé si esta salida del armario ambientalista puede resultar sorprendente. Mi ecologismo “radical” (no me molesta el adjetivo) me ha acompañado siempre como el forro inseparable de toda vestidura reflexiva. Lo puedo olvidar en momentos concretos como uno olvida su propia sombra: no dejará por ello de acompañarnos. Es posible que mi poca insistencia en el tema tenga que ver con el sentimiento de dirigirme a personas indiferentes, o incluso hostiles, a esta dimensión del pensamiento. Mi actitud tiene que ver con el tacto compasivo de quien sabe que su interlocutor padece una grave dolencia y evita evocarla en su presencia. La realidad de la democracia ateniense era menos brillante de lo que fabricó nuestro recuerdo mítico. Pero, irresistiblemente, la asociamos con Fidias y con la belleza ática. Personalmente, tampoco puedo separar la calidad de una nación de la percepción inmediata –forzosamente arbitraria, forzosamente relativa– de su grado de relación con la belleza. Las actitudes de quienes proclaman un celoso amor a su país pero se muestran indiferentes a su degradación, ambiental, urbana y estética, me parecen una forma de patología autista.
Belleza ática
La mayoría de los “chalecos amarillos”, egresados de lo que llamábamos hace unas semanas la Francia “moche”, la Francia fea y periurbana, ya han regresado a sus domicilios. Parte de culpa les toca en aquella fealdad. No toda. Y en el fondo han tratado de humanizarla. Son incontables las horas de jubilación hacendosa dedicadas a intentar tapar los desastres de los urbanistas bajo los macizos de tulipanes y el impresionante repertorio de mercaderías kitsch, disponibles en Casa y Jardín. En las calles sigue manteniendo encendida la llama (demasiado literalmente) un surtido de algunos centenares de aprendices de nihilistas, de buscalíos profesionales, de tardías vocaciones de “sans culotte” y de aquellos que esperan salir en los canales 24 horas y que los vea su cuñado. Lo ideal sería pillados en postura de heroico forcejeo con un antidisturbios. “Actuar localmente; pensar globalmente”, les recomiendan los gurús ideológicos. Quemar mobiliario urbano puede adscribirse a lo primero. Son víctimas de lo segundo pero siguen creyendo que la globalidad les pilla muy lejos.
Pd: Hay fundados motivos para temer episodios calientes esta próxima Nochevieja, en los Campos Elíseos. Aquellos que padezcan soledad o aburrimiento podrán conectar con cualquier canal galo de información continua para disfrutar de la peli de acción en directo.
Pd: Hay fundados motivos para temer episodios calientes esta próxima Nochevieja, en los Campos Elíseos. Aquellos que padezcan soledad o aburrimiento podrán conectar con cualquier canal galo de información continua para disfrutar de la peli de acción en directo.
Rotonda de la estatua de la Libertad. Colmar (Alsacia)
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