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lunes, 4 de marzo de 2019

El error Solari

Balón de Oro

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El Madrid ha recibido en el Bernabéu (“el Bartomeu”, para los culés chispositos) dos baños de autoridad (y de fútbol para adultos) en tres días, coincidiendo, además, con la pérdida, también en números (la verdad en números redondos), de la hegemonía del Clásico, un concepto estudiado por Gramsci, aunque no en el sentido que acostumbra citarlo el periodismo. Esta catástrofe lleva la firma de Solari, lector más de Laclau que de Gramsci, siendo Laclau una mezcla de Gramsci y de Perón tan explosiva que basta con una cucharilla de las de moka para dejarte el pensamiento como a Errejón, el Carpantilla de las Tres Comidas en Venezuela.
  
De Solari ya se puede decir lo que Fouché dijera del fusilamiento del duque de Enghien (¡decisión que tanto daño hiciera a Napoleón!):

    –Il a été pire qu’un crime, il a été une erreur.
  
Entre museo y museo (“¡este hombre es tan culto que no sale de los museos!”), Solari ha roto a “zombi nómada en la sociedad del ego” que es el posmadridismo en que nos encontramos.
  
A fecha de 2 de marzo, se ha tirado la Liga, se ha tirado la Copa y se ha tirado a Bale, a Marcelo, a Asensio y a Isco, todo ello a cambio de consagrar como tótem del solarismo… a Lucas Vázquez.
  
El Madrid, sin Lucas, se parte en dos –sostienen los cronistas afectos.

    Valverde, ese hombre a una nariz pegado, no tiene a Lucas y, sin embargo, va camino de llevarse la Liga, la Copa… Valverde, ese reloj de sol mal encarado, tiene a Dembelé, con pinta de repescado en el último momento del “after hour”, en el campo, mientras Isco, aquí, se muere de viejo en el banquillo porque un día tuvo un “mal gesto” con Solari. A Dembelé lo había condenado la chusma, y Valverde, ese peje espada muy barbado, lo ha salvado para el estrellato.
  
Al Bernabéu, cuando toca el Barcelona, va el madridista como al dentista. El solarismo condena a las mocitas madrileñas a hacerse la Castellana andando para cantar en el estadio con los kikos laicos de Argüello el himno de la Décima, que no es precisamente el Wagner que inundaba a Woody Allen de ganas de invadir Polonia, y a ver el trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal, de Lucas Vázquez y su buenrrollismo solarista, mientras la chusma, por la fatwa mediática dictada contra el carrilero galés, hace hogueras con Bale, un jugador demasiado grande para las medidas chalequeras de este Madrid de bajitos “con cojones”.

    Bale hizo “un feo” a Lucas Vázquez (que, como felicitador oficial del grupo, había acudido a felicitarlo por el penalti ejecutado), y eso en el Madrid de Solari es como decir “Jehová” en “La vida de Brian”, como pasar delante del tótem del solarismo con las manos metidas en los bolsillos.

    –¡Ni siquiera acude a las cenas en grupo! –añade la alcahuetería.
  
¡Hemos oído que se niega a hablar en español!
  
¡Se peina con moño para llamarnos moñas!
  
¡No pisa la iglesia!
  
¡Tampoco lee el “As”!
  
¡Se mete a la cama a las once!
  
Menudo zángano. En la cama a las once, cuando todo el equipo trasnocha de pie.
  
Estamos de pie –fue la declaración oficial de Solari al día siguiente de perder la Copa.
  
Esas nobles palabras eran la rendida alabanza de un paje en un cuento de Wilde, cuyo rey, al oírla, dispuso: “¡Que le doblen el sueldo!” Y así lo hicieron, mas como el paje no cobraba nada siguió sin recibir un céntimo.

    El tótem solarista no tardó en reaccionar: “No está todo dicho”, tuiteó, pensando, a lo mejor, que la eliminatoria perdida el jueves tenía repesca el sábado. Y añadió Lucas Vázquez: “Jodidos y tristes, pero con ganas de seguir luchando por lo que viene.”
 
 Y lo que vino el sábado fue la Liga, con esa sensación de autoridad con que el equipo de Valverde, ese naricísimo infinito, ha sabido desplegarse, como gato con ratón, en Chamartín.
  
Se supone que ahora el periodismo “mainstream” intentará colocar en el banquillo del Bernabéu a Lillo, pico de oro para los piperos, mientras todas las oraciones del viejo madridismo van dirigidas a no cruzarse con el Barcelona en Champions que completaría (¡a saber quién tiene la culpa de este karma!) un Triplete Mortal.




GRATITUD A ZIDANE

    Visto lo del portero Arribazalaga en el Chelsea de Sarri (¡negarse a ser sustituido!), reconozcamos otra gratitud (sobrevenida) del madridismo con Zidane: que echara a perder el fichaje de ese personaje por el Madrid. En el Chelsea lo han “arreglado” con una confesión de vestuario más penitencia de dos padrenuestros y tres avemarías, pero la disciplina de ese club estaba echada a perder desde que Hazard y alguno más decidieron echar a Mourinho porque les hacía correr. Arrizabalaga es un chico vasco que costó sus buenos dineros. Sarri es un entrenador napolitano cuyo autoritarismo de gaseosa se le va en aspavientos. Y Abramovich es hoy un tranquilo vecino de Tel Aviv y el ciudadano más rico de Israel que una vez compró el Chelsea porque era mejor barrio que el del Tottenham, que le pareció “peor que Siberia”. Lo que nos faltaba en vestuario madridista son Kepa y Hazard a las órdenes de otro gestor de egos.