miércoles, 21 de diciembre de 2016

La Frau

Botho Strauss


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Un político socialdemócrata es la mezcla perfecta de los dos personajes de san Lucas en la parábola del fariseo y el publicano: lloriqueos e impuestos.

La jefa de la socialdemocracia continental es frau Merkel, a quien Zapatero llamó “lúser”, un acierto final que anima al socialismo botejara a la rehabilitación política del orate de León.
Keyserling, un extravagante conde báltico que anduvo por España, veía el genio alemán como un huevo de cáscara dura y sustancia tierna, que es lo que a todos parecía frau Merkel, quien luego ha roto en Carmena, ese personaje absurdo como un zapato impar puesto por el Ayuntamiento con un sueldazo para que se hable de él y no de lo que importa.

El islam es parte de Alemania –dijo un día la frau, que es lo más parecido a plantar una huerta en el techo de un bus urbano.

Ahora, mientras en España buscamos infiltrados que le ratonean a Rivera el pan del partido, en Alemania buscan infiltrados islamistas, aunque no se sabe en qué, pues para el ministro del Interior del país de Nietzsche “atentado es una palabra fuerte”.
Ya no es su incapacidad para la distinción política (schmittiana) entre amigo y enemigo. (“En la pugna milenaria entre el cristianismo y el islam jamás se le ocurrió a cristiano alguno entregar Europa al islam en vez de defenderla de él por amor a los sarracenos”.)

Es su incapacidad (moderna) de vivir la experiencia de lo trágico, “el inhibido odio que los alemanes sienten hacia sí mismos”, sacado a colación en 1993 por Botho Strauss en “El canto creciente del macho cabrío”.

Extraviada por las chácharas del buhonero Habermas (patriotismo constitucional, democracia deliberativa), frau Merkel flipa como aquel barón (“alemán sin límite”) amigo de Santayana que, ya en la cama, pasaba media noche arreglando las sábanas, y la otra media, bajando para cerciorarse de haber cerrado el piano porque, de lo contrario, podía entrar un ladrón y despertarlo al sentarse a tocarlo.

Bendito Brexit.

El canto creciente del macho cabrío

Vistalegre, I y II

 Vistalegre I

Vistalegre II

Miércoles, 21 de diciembre


España es una pecera demasiado chica y unos peces molestan a los otros con la cola.
Ramón Pérez de Ayala

martes, 20 de diciembre de 2016

Villamejor


Hughes
Abc

El ayuntamiento de Madrid quiere poner huertos sobre casi todo. “Para que los cielos vuelvan a ser como los de Velázquez”, dijo Carmena.

Toda la vida hemos estado escuchando que los cielos de Madrid eran velazqueños, pero en realidad (nos dice su alcaldesa) eran no-velazqueños.

Cuántas veces alguien de Madrid miraba a su cielo y decía:

-Mira este bonito cielo velazqueño que sólo tiene Madrid.

Pero insistimos: era un cielo no velazqueño.

El ayuntamiento inicia así la “restauración” más ambiciosa conocida: la de su cielo. Y todo se le critica mucho a Carmena, yo el primero, pero esto más que criticable es asombroso. ¿Qué cielo tenía Madrid cuando creía tener el de Velázquez? ¿Tras la gasa de polución, qué cielo está esperando?
Este descubrimiento de Carmena me parece mucho más escandaloso que cerrar el tráfico. Le está quitando a Madrid su casticismo más elevado y está privando a los cursis, además, de su mayor embeleso. Es como si de repente cuestionara parte de lo goyesco, o el oso, el oso madrileño pariente (desconocido) del oso ruso.

Que la alcaldesa de Madrid diga que el cielo de Madrid es no-velazqueño me parece de portada.

******

La noticia del tercer despacho de Soraya Sáenz de Santamaría (un despacho para cada S), además de descomponer en tres a la vicepresidenta, es decir, de hacerla trinidad, con lo cual se tiene, se contiene y se proyecta ella sola, tiene un interés grande porque fue el de Carrero Blanco. Hay otro interés, y es el de la suntuosidad. Tiene unas estancias de un lujo en los extremos de lo madrileño. Se hace delicadísimo (finísimo) imaginar esos gabinetes ocupados por la inteligencia sorayesco-popular, ¡todos ahí versallizados!

Es un despacho con salón anexo para una “intelligentsia” con puñetas. Soraya con eso abre oficinas de sí misma. También hace ciudad, se hace más capitalina y urbana, y se desmoncloviza. Pero volvamos a la coincidencia.

Carrero era delfín, transición, pero de la primera transición (¡la mala, la fementida!). Soraya es delfina del marianato. La democracia española, es decir, la derecha española -ya se dijo en este blog- es un régimen antonino (de adopción del heredero por su líder). Al elegir despacho, Soraya se “carreriza” (alejemos todo mal fario posterior, tocamos madera, ponemos velas a quien haga falta), se hace mujer totémica de Estado en perpetua transición. Carrero era proyección superpreparada, supermilitar, del Estado Franquista más allá del franquismo. Soraya es la proyección superjurídica-del-Estado marianil más allá de Mariano (si es que eso es imaginable). Su despacho desmonclovizado es también despacho madrileño (mentidero, pudridero de almas), y es adelanto de suntuosidad o lujo postgalaico (gastan poco en eso), y es también, sobre todo, en tanto “carrerización” (ojo, ocupación de la poltrona estatal de Carrero) asunción simbólica y más o menos subconciente del rol de continuidad.

Hay dos derechas. La del acabose y la de continuose.

El apocalipsis derechil (radiofónico), que es el acabose. O sea, el apocalipsis castizo. Contra el acabose está el continuismo, la continuidad (es decir, la suavidad, la suavidad del que toca pelo), y eso es ahora mismo Soraya, carrerizada claramente en su despacho-palacio. Soraya iba adquiriendo una importancia que exigía independencia de palacio. Por eso es despacho-palacio. La maravilla, y aquí hay que quitarse el sombrero, es que encima se llame Palacio del marqués de Villamejor.

La sentencia

      
Señor de la Sentencia de Sevilla

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo dice María Soraya, que es nuestro pequeño Sieyes, que ahora (previa reforma ojalá que de Foster, que lo convertiría en una preciosa caja de zapatos) se va a trasladar al despacho del almirante Carrero, cosa que impresionará mucho en Valladolid:

La ley es un producto del pueblo.
Esto, desde luego, no viene en mi Schmitt, y le doy vueltas al “dictum” mientras miro la foto del etarra Lasarte (diez asesinatos) sujetando la barra de un bar de pinchos en su pueblo.
Entre que la ley es un producto del pueblo, como dice María Soraya, y que las profanaciones de templos pueden ser virtuales o físicas, como escribe el ponente de la sentencia absolutoria de Rita Maestre, la Nueva España (una “nación federal” al decir del periódico global con la sedición del “derecho a decidir” como “derecho constitucional”) será de Derecho o no será.
Ese ponente, de nombre Cubero, juez sin apelación, es otro Emilio Betti, como el Pedraz de la pieza sobre el humor negro de Zapata, gagman municipal de la Shoah.

En una sociedad democrática avanzada como la nuestra, que dos jóvenes se desnuden no debe ya escandalizar a nadie –escribe Cubero, cuya ponencia no son las “Relecciones” del dominico Vitoria, que siguen impresionando al mundo por su imparcialidad, objetividad y neutralidad.

“Democracia avanzada” es una muletilla treintañona del comunista venezolano José Pío Tamayo, aunque lo asombroso es el empeño de nuestros juristas en asociar democracia, no a la representación del elector y la separación de los poderes, trampantojos que no importan a nadie, sino al gamberrismo. Somos “demócratas avanzados” porque nuestros chicos se desnudan en los altares.

Imaginemos que un grupo de mujeres accede a una mezquita… desprovistas del correspondiente velo –añade, a modo de bucle jurídico, el ponente, que se ve que tampoco ha leído a Tocqueville, el otro autor subversivo en España (el primero es Montesquieu), pero que, por eso mismo, llegará lejos en España.

Martes, 20 de diciembre

Valle de Esteban

-¿Mis reliquias del boxeo? Cuatro costillas rotas… y muchas amigas: Gloria Swanson, Norma Talmadge, Lupe Vélez, Dolores del Río…
Paulino Uzcudun

lunes, 19 de diciembre de 2016

En la muerte de Fidel Uriarte


 Fidel Uriarte

Francisco Javier Gómez Izquierdo

  Son infinitos los caminos por los que uno se va convirtiendo en un yonqui del fútbol. En mi caso, mucho más exagerado que en el de mi hermano Carlos, la adicción comenzó con el señor Revuelta al final de los 60. Aquel hombre estaba en mi casa de “pupilo”, una variante de economía sumergida en una época en la que aún no existían las declaraciones de Hacienda. El señor Revuelta venía por temporadas. Mejor, cuando la humedad del Cantábrico asfixiaba sus alrededor de 70 años. Comía en la residencia San José, un comedor barato para los obreros solteros del Polo, que en vez de en platos, los cocidos y filetes se servían en unas bandejas modernísimas que con el tiempo se utilizarían y se siguen utilizando en las cárceles.

    El señor Revuelta era socio del Athletic. Presumía de haber jugado de portero en el club, pero por más que he indagado no he encontrado referencias. El caso es que mi vida empezó a tener sentido cuando aquel hombre, por las tardes, nos contaba historias maravillosas con su Correo Español, el Pueblo Vasco y los librillos de los partidos en San Mamés. Nos traía recortes y fotos en color de los futbolistas que veíamos reducidos y a veces mal retratados en los cromos de los álbumes de cada temporada que junto a mi hermano completábamos como psicópatas.

   A finales del mes pasado y asentado unos días por asuntos de salud familiar en el piso de Gamonal, busqué aquellos recortes en las carpetas de lo alto de un armario que Carlos protegió de las limpiezas de mi santa madre. Allí estaban Viteri y Navarro antes de venir al Burgos, Clemente cuando empezó de 10, los Rojo y el goleador Uriarte, que también tenía un hermano que fichó por el Valencia.

     Al salir de la mina escucho en la radio que ha muerto Uriarte, el delantero al que conocía el señor Revuelta desde niño y que coincidiendo en una época que paraba de pupilo en casa, el delantero que un año había sido Pichichi, se fue al Málaga porque empujaba Carlos, más joven y más goleador, con el entrenador Milorad Pavic. Yo ya estaba totalmente envenenado con el fútbol y aún recuerdo aquel Málaga en el que empezaba Esteban Vico y en el que ya estaban Martínez, un defensa de la Demanda, y Rufino Requejo, un palentino que ejerció de burgalés. Creo modestamente que Iríbar, Rojo, Arieta y Uriarte, eran los ídolos de todos los aficionados al fútbol de principios de los 70, porque no sé si saben muchos de ustedes que en aquel tiempo en todas las ciudades españolas había peñas del Atlhetic. Se era de tu equipo y del Atlhetic. Con la llegada de los pistoleros asesinos el personal se pasó al Madrid y al Barça, pero aún se encuentran casos curiosos de aficionados bilbaínos. Hace unos años conté aquí que en la Guadalupe de Extremadura había una churrería por la que un servidor cada Navidad entraba en el pueblo. El local estaba empapelado y adornado con recuerdos del Atlhetic porque el dueño, fiel seguidor del equipo, había llegado hasta la exageración de bautizar a su hijo con el nombre de Uriarte. La señora de Uriarte nos ponía unos chocolates mientras el poseedor de tan glorioso nombre enseñaba, como aquel señor Revuelta, las fotos de su padre con el héroe que hoy ha fallecido a  los  71 años “después de una larga y penosa enfermedad”. 

¿Cuándo desaparecerá ésa maldición?

Iríbar,  Uriarte y los jóvenes Viteri y Ortuondo
De mis papeles

Álbum de la liga 73/74. Villar, Arieta, URIARTE, Carlos, Rojo....

Suerte entre las flores

Asurbanipal

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la batalla de las flores, que eso fue la final del Mundialito en Japón, la flor de loto terminó amustiándose ante la de Zidane, que es la flor de flores, una flor que ni la de la canela de Chabuca Granda: “Jazmines en el pelo y rosas en la cara, / airosa caminaba la flor de la canela…” 

Y el Madrid, otra vez campeón del Mundo.

O, en frase de Santayana, otra vez “dulce, justo e infantil amo del mundo”.
Sin plan, sin orden, sin juego: únicamente con la fe en que la victoria caerá del cielo.
Del triste Azaña se dice que, cuando se le auguró que habría de llevar a España al caos, respondió, chulazo, que le gustaría ver el caos, para saber qué era.

El caos (¡divino caos!) es el Madrid de Zidane, que fascina por caótico.

Este caos zidanesco es aquella fuerza creadora que atraía a Bakunin, que, como este Madrid, acostumbraba fumar cigarros sentado en un barril de pólvora para poner de los nervios a sus visitantes. Marx detesta el caos por amor al orden como Bakunin detesta el comunismo por amor a la libertad.

El caso es que Televisión Española, que es una TV de Estado, contrató el caos madridista para amenizar los sesenta años de su inauguración por Franco en el Paseo de la Habana, casi cuando a La Habana llegaba Castro, desusadamente honrado como Cadáver en Jefe por la actual dirección derechosita del Ente.

El “Marca”, periódico de cabecera de Rajoy, a veces tiene golpes, como ése de “Goliver y Benzi”. Televisión Española, televisión de cabecera del marianismo, no. Sus tertulianos de Estado son Manolo Sanchís y Roberto Gómez, que nada tiene que ver con el Gómez Carrillo de “El Japón heroico y galante”. Sabes de los japoneses lo que hayas visto en el peliculón de Mel Gibson, “Hasta el último hombre”, y supones que, si los japoneses han conseguido tocar la guitarra flamenca como Moraíto Chico, también sabrán jugar al fútbol como Sergio Ramos.

El Kashima parecía un Osasuna japonés. Su mejor atacante se llamaba Mu, que no dijo nada. Mas, aun sin decir nada, me produce melancolía ver a los japoneses vestidos de futbolistas, como una sociedad cualquiera, y no sé si el general MacArthur calculó estas consecuencias cuando decidió montar el caballo del emperador.
El TVE preocupaba mucho “la posesión”, concepto del cine porno, donde tiene su importancia, y más ahora que la Onu constata oficialmente la existencia de ciento doce sexos.
El Madrid poseía, y poseía, pero no hacía goles, y al entrenador japonés se le quedaba una mirada de María Soraya, con ojos de deslumbrado porque le van dando las largas. El partido se alargaba como el rollo de “Los siete samuráis”, mientras Sanchís disertaba como un griego sobre “el devenir” y el realizador enfocaba a un aficionado español con tricornio que braceaba en la grada: quizá, un superviviente de aquellas maniobras navales en el Japón, en cuyo banquete de despedida, a la hora de los brindis, el almirante español, copa en alto, a falta de letra nuestra “Marcha Real”, arremetió con el “Corazón Santo / Tú reinarás”, seguido por sus hombres.

El Balón de Oro ha estrellado la pelota en la tripa de un japonés –comentaba el locutor.
Por un momento los japoneses se pusieron un gol por delante, y entonces al realizador le dio por enfocar al hombre providencial, Sergio Ramos, con su barba a lo Asurbanipal, como Miguel Ángel Rodríguez. No hizo falta. El resto es historia. O sea, suerte entre las flores.

Moraíto Chico

EL SISTEMA VAR

A falta de sistema en el Madrid, los tertulianos hablan en Japón del sistema VAR (Video Assistant Referee), contra el que se manifiesta el mayor intelectual que ahora tiene el fútbol, Iturralde, que cree que el sistema atenta contra el dinamismo del fútbol. Mas como avisó Russell al explicar a Einstein, en cuyo universo la pereza es la ley fundamental, la palabra “dinámico” viene a significar, en lenguaje periodístico, “enérgico y vigoroso”, cuando debería aplicarse a los habitantes de los climas cálidos que están tumbados bajo los plátanos esperando a que el fruto caiga hasta la boca. “Espero –escribe Russell– que los periodistas del futuro, al hablar de dinamismo, querrán indicar el menor esfuerzo en un momento dado. Si puedo contribuir a este resultado, no habré escrito en vano”. El sistema VAR es, pues, einsteniano.

Bakunin

Ron, café y puro Balzac

PRÓLOGO A MADRID, DE CORTE A CHEKA, DE AGUSTÍN DE FOXÁ*



Ignacio Ruiz Quintano

Agustín de Foxá es un lujo de España, cosa que a ver de qué escritor se puede decir ahora.
Cultivó la inteligencia y cortejó a la belleza, aunque, para esconderse, tiró de la ironía.
Como el ahogado perdido en una playa que siempre supo que sería, vuelve felizmente a los escaparates el hombre que por fastidiar a Malaparte hubiera querido ser Bonaparte, Foxá, tan clásico, tan moderno, tan brillante, con su Madrid, de corte a checa, la mejor crónica (estallido, fulgor y pálpito) contrarrevolucionaria de la revolución treintañona en España, la última guerra ideológica en Europa.

El mundo, en el mismo borde de la catástrofe, era muy hermoso de ver –escribe Churchill recordando aquel 28 de junio en que llegó la noticia de la muerte del archiduque Fernando en Sarajevo.

Y Europa expiró el 28 de julio de 1914.

En España, apenas tres lustros más tarde, todo un régimen milenario se liquidaba –escribe, con melancolía infinita, Foxá– en la consulta de un médico, como si se tratase de una nefritis.
La revolución estalla en el otoño del 34, pero las redomas del furor se harán trizas en el verano del 36 con el asesinato policial del jefe de la oposición, formalmente amenazado (“¡este hombre ha hablado por última vez!”) en el Parlamento por la gorgona de Somorrostro.

De la monarquía milenaria a la revolución proletaria pasando por “una república de trabajadores” improvisada a la manera española por Ortegas, Ayalas y Marañones, en seguida arrepentidos.

“Flor de Lis”, “Himno de Riego” y, ay, “Hoz y Martillo”, precisamente el símbolo que en Madrid, durante el pleno municipal para la purga ideológica del callejero de la capital de España que incluye el nombre, entre otros, de Agustín de Foxá, pintarrajeaba ensimismado, para el psicoanálisis, un joven concejal comunista en su cuaderno.

Dicen que Mussolini fue un día a la Fiat y preguntó por el encaste político del personal. Agnelli le enumeró los consabidos pelajes. “E fascisti?”, preguntó el Duce.

Fascisti siamo tutti, Eccellenza –contestó Agnelli.
Deliciosa explicación de lo de España, donde el fascismo, cuando no está prohibido, es obligatorio.

En lengua de Foxá:

Hagamos de España un país fascista y vayámonos a vivir al extranjero.
(Que fuera el representante de la España de Franco en Finlandia no le impedía a Foxá reírse con desprecio de Franco y su revolución, contaría Curzio Malaparte: “Foxá pertenecía a esa joven generación de españoles que había intentado conciliar la vieja España católica y tradicional con la joven Europa obrera. Pasado el tiempo, se reía de su generación y del fracaso de esa trágica y ridícula tentativa.”)

Para Fernández de la Mora, que editó primorosamente sus Obras Completas, de biblia y oro, para Prensa Española, en Foxá se daban cita la claridad ateniense, la vitalidad romana, el lujo bizantino, el voluptuoso misterio norteafricano y el sentido trágico de la gente celtibérica.
Mas, para sus amigos, su mejor obra fue la conversación. De ahí su carrera diplomática. Walter Baheot, el publicista de la Constitución inglesa, recuerda que Napoleón se abstenía de enviar a las antiguas cortes extranjeras hombres salidos de la revolución: “No hablan con nadie, decía, y nadie habla con ellos”. Y regresaban a París sin haber obtenido una sola noticia.

Foxá es un virtuoso de la pluma (literatura exuberante) y del venablo: una lengua terminante que lo llevará lejos, muy lejos, a Manila, “desterrado” por el Ministerio (“la Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica”), en expiación de sus celebradas medias verónicas al fundador de la Legión o al Nuncio de Su Santidad.

Le pondré “invicto”, porque, como se ha pasado la vida peleando medio ejército contra otro medio, nunca podía ser vencido” –dijo una vez a Millán Astray, que le pedía un adjetivo para “Ejército” en una arenga.

–Pues si esas cosas se las inspira al Papa el Espíritu Santo, yo me hago del tiro de pichón –dijo otra vez al Nuncio.

En Manila apenas dura un año. Moribundo, antes de partir, todavía tiene tiempo de ronear:

–¡Soy el último de Filipinas!

Por algo dijo Cortázar: “No hay cosa que mate a un hombre más rápido que obligarlo a representar a su país”.

Si cada generación es salvada por el santo que más la contradice, Foxá es el santo alocado y generoso (“Gordo; con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo; poético, pero glotón; con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro; bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana; mi virtud, la imaginación; mi defecto, la pereza”) que, en su bando, salva a la suya con una obra solar de escritor que sabe a gloria.

Foxá es el mejor escritor de la última generación que escribió bien en España, incluidos sus “Homeros rojos” (“tristes Homeros de una Ilíada de derrotas”).

Corría por todo Madrid una turbia masa de carnaval sangriento: –anota de aquel tiempo César González-Ruano en sus Memorias–: estudiantes, golfas, obreros y chiquillería astrosa (...) Madrid se puso denso, feo, canalla.
En diciembre del 34, desde Varsovia, Sofía Casanova, que había cubierto para ABC (y a pie de obra) la revolución del 17, contaba en el periódico (el periódico que en el 36 se atraería toda la ira de “la Horda”: dieciocho redactores y medio centenar de obreros de sus Talleres fue el precio) cómo se estaba “incubando la calumnia universal, antecedente de hechos mayores, de la revolución victoriosa que quiere destruir hasta la esencia del españolismo”:

Repito que Lenin dijo en el año 1918 en Petersburgo: “Afirmados en Rusia, nos apoderaremos de España” –escribe Casanova.

Los revisionistas de la historiografía actual denominan “huelga con incumplimiento de servicios mínimos” a lo que el mismo “Lenin español”, Largo Caballero, llamó “revolución de Asturias”, a consecuencia de la cual, por cierto, Chesterton abandonó en Inglaterra el Partido Liberal: “Imaginen ustedes cual fue mi asombro cuando vi que los liberales (ingleses) se lamentaban amargamente del infortunado fracaso de esos socialistoides fascistas (españoles) en su intento de revertir el resultado de unas elecciones generales”. Y remató (como luego, demasiado tarde, haría Marañón, en el 37 y en París):

La única conclusión es que el liberalismo sólo se opone a los militares cuando son fascistas y aprueba enteramente a los fascistas mientras sean socialistas.
La revolución en Asturias es la presentación en sociedad de la revolución en España, que no estalla como una bomba, metálica y por sorpresa, sino que se desencadena, enferma y extraña, como una peste.
La pega –siempre ideológica– más repetida que se le pone a la novela de Foxá es su “crueldad”, la misma pega que Nabokov le puso al Quijote (“las dos partes del Quijote constituyen una auténtica enciclopedia de la crueldad”) o la crítica cinematográfica a La Pasión de Mel Gibson. Tampoco creo que Madrid, de Corte a checa sea más cruel que los “Diarios” (robados) de don Niceto Alcalá Zamora, pero nuestra cultura socialdemócrata del “disvalor” impone pixelar incluso el mordisco del león en los documentales de National Geographic.

Lo que hace Foxá es narrar, a punta de capote, y en sus ratos perdidos, en el café Novelty de Salamanca, el espantoso episodio nacional del terror revolucionario en España.
A Foxá lo pierden (o lo ganan) los cafés. Gecé, el gran celestino de nuestras vanguardias, lo conoció cierta medianoche en un café de Sofía:

Después lo vi acompañando a Eva Perón en una fiesta de gala en Barcelona. Iba de frac, grueso, congestionado. Le paré en una escalera: “¡Balzac!” Le gustó mucho. Luego en La Habana. Fumaba. Bebía un ron tras otro. Diciéndome: el trinomio de Cuba, superior al de la Revolución Francesa: ¡RON, CAFÉ Y PURO!

…con un olor de parque dormido entre las ruedas…

Usted es diplomático, ¿no? –cuenta Juan Ignacio Luca de Tena que, allá por los 40, preguntó un día a Foxá la esposa del elegantísimo embajador americano en Madrid, que era una princesa rusa con fama de ordinaria e indiscreta. (Foxá decía de ellos que él parecía un príncipe ruso, y ella, una norteamericana).

Sí, señora.
¿Y está usted destinado en el Ministerio?
Así es.
Me han dicho que llega usted todas las mañanas a su oficina después de las doce; que dice cuatro chistes y se marcha sin hacer nada. ¿Cómo se lo consienten?
Pues… porque yo soy el lujo de la Carrera.

A Tom Paine, que anduvo de chinche en las revoluciones americana y francesa, la condición diplomática le pareció siempre la esfera social más limitada en que podía actuar el hombre. Un diplomático, decía, es una especie de átomo suelto, que constantemente repele y se ve repelido.

Así, Foxá, ese lujo de España.
____________

*Ediciones Espuela de Plata
Editorial Renacimiento, 2016

Agustín de Foxá

Lunes, 19 de diciembre

Valle de Esteban

-¡Pobre Cansinos (Assens)! A mí me da mucha pena. Nació fracasado, vive fracasado, es un fracasado. Todos lo sabemos, y lo peor es que él también lo sabe. Esto es lo más triste. Tiene los tres sexos, pero es sucio y desarrapado. Mejor no hablemos de él, porque llegaríamos a sentir mal olor.
Carmen de Burgos, Colombine

domingo, 18 de diciembre de 2016

Mundialitos

Cuando en Cádiz se veía el mejor fútbol del mundo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

    El Mundialito gusta a los clubes europeos porque resulta ser una Lotería que toca siempre. No seécuanto millones se traen del Japón, pero es un viaje que antes de Navidad, el Madrid, el Barça, el Bayern... hacen al Oriente  con la seguridad de volver con un buen botín. Este año el Real Madrid se lo jugaba contra el Kashima, un equipo de casa y no contra el campeón sudamericano, que suele ser lo corriente. Del Kashima no sabemos casi nada, excepto el entrenador La Volpe, que sabe todo de todos los equipos de fútbol del mundo. La hemeroteca nos recuerda que Zico, el Di Stéfano japonés, jugó allí y que su espíritu es indomable.

     El Mundialito magnifica siempre a los participantes  y del representante asiático se destaca año tras año su espíritu luchador, su coraje, su entrega y siempre se acaba con un “jugadores no exentos de técnica”. Hace dos horas, la socorrida presentación de los especialistas deportivos se ha hecho verdad ante el Real Madrid, al que once “esforzados” nipones  han tenido de manera incomprensible contra las cuerdas. El Campeón de Europa, como en toda la era Zidane, ha conseguido mantenerse en pie hasta el minuto 90, pero ya se sabe que a partir de ahí, tontería es pelear contra el Madrid. La Fortuna se pone de su parte y esculpe resultados de cada batalla ganada en las columnas de un arco triunfal en el que permanecerán eternamente títulos y fechas para ilustración de generaciones.
      
Al partido lo ha dado emoción Shibasaki, el número 10, al que en dos o tres ocasiones no le han pasado el balón sus compañeros, impidiendo una sorpresa monumental, pero hemos de reconocer que a pesar del 1-2 a favor de los japoneses teníamos la sensación de que al final se impondría el Real Madrid. Lo decía mi chico, que es del Cádiz, “al final, gana el Madrid” atento a ese artefacto al que llamáis tableta mientras apuntaba excitadísimo los días de las preliminares del Falla. ¡Madre mía, queé obsesión con el Carnaval! Cuando Cristiano empató salió la chirigota de Burgos -¡Sí, para el año que viene concursa una chirigota de Burgos en el Falla!- y la colocaron para el lunes 30 de enero. Mi chico, en la prórroga echaba cuentas y, con todo aprobado el 20 de enero, me propuso ir a ver a los de Burgos, que coinciden con la comparsa de Bienvenido -la del Kichi- y el coro de la hija de Julio Pardo. Otro día quiere ver a Martínez Ares y si es posible a Juan Carlos. Es el Mundialito anual de mi chico en el que se tiene que conformar con un día menor de preliminares y si hay mucha suerte con otra noche de cuartos. Para los esforzados de fuera de Cádiz, si no hay enchufe, no hay entradas. Dos goles enchufó Cristiano en la prórroga para convertirse en el héroe de un partido que para él empezó en el minuto 91.

      Al Córdoba lo escuché ayer por el carrusel del Canal Sur. El comentarista no acertó con los autores de ninguno de los tres goles y por supuesto mucho menos de los que cortaban, centraban y remataban, por lo que vuelvo a la versión de mi chico que me dice que jugamos serios, que el Oviedo regulero, que ni siquiera Susaeta al que desde el Alcorconazo siempre he pretendido para el Córdoba y si ha de salvar algún ovetense se inclina por Nando, el corredor diestro que no sabemos por qué esta temporada no ha seguido con nosotros. El míster, esta vez ni siquiera se ha llevado a Alfaro y a Juli lo ha mantenido todo el partido. Javi Galán, el chiquito del B, y del que seguiremos hablando, sudó hasta la extenuación y además se estrenó con un gol. Bien, tendremos las fiestas en paz, aunque con el amo del Córdoba nunca se sabe. El martes  se tiene intención de eliminar al Málaga de la Copa. El particular Mundialito del amo del Córdoba.

Suna a las once


Ahora que falta se podrá decir: Suna fue la Lautrec de nuestro Valle de Esteban, cuyo sol la recogió como un cazador de mariposas desde la claridad de su alma. De Lautrec decía Ramón (el recuerdo de Suna siempre lo devuelve a uno a Ramón) que vio como nadie lo de los clowns como mujeres y las mujeres como clowns, y que tanto amaba el circo que, cuando lo encierran en una clínica, dibuja su álbum El Circo. De clown y de mujer hizo siempre la gran enana, que no tuvo tiempo de dar, como el gran enano, la carcajada final, el 'Ja!... ¡Ja!... ¡Ja!... definitivo y genial frente a la claridad del gran golpe de magnesio con que ramonianamente se anuncia la aparición del gran espejo espacial de la locura.

Domingo, 18 de diciembre

Valle de Esteban

-¿Eduardo Marquina? Es una cosa de chantillí. Algo así como un encajero. El que sí es un caso es Jacinto Grau. Yo le cogí unos plagios y él me amenazó con los tribunales... porque hacía daño a su prestigio. ¡Ah, su prestigio! ¡Qué risa! ¿Sabe usted el estribillo de las gentes de teatro? “¿Grau? ¿Grau? ¡Teatro cerrau! ¡Teatro cerrau!”
Carmen de Burgos, Colombine

"Decidió repudiarla en secreto"

DOMINGO, 18 DE DICIEMBRE

El nacimiento de Jesús fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»  Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Mateo 1,18-24

sábado, 17 de diciembre de 2016

Foster

Guernica


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Foster, el arquitecto de la empatía (“¡la empatía de los habitantes con sus espacios!”), hará la nave del Prado donde colgar un día el “Guernica” de Picasso en conversación con “Las lanzas” (que entonces serán puyas) de Velázquez, aunque tampoco se me ocurre de qué podrían hablar.
¿Que qué pinta en Madrid, Foster? Bueno, Foster ve en Madrid “sostenibilidad (?), restaurantes y clima”, más una empatía con Carmena, la regidora de la empatía mora.
Así que en Madrid pasamos del convencional estilo árabe con el que, según Pemán, se construían todas las cosas que los árabes no tuvieron nunca (plazas de toros, cervecerías, teatros, estaciones, urinarios) a la habitual “caja de zapatos” que, según Roger Scruton, podías ver antes en los suburbios y ahora ves en el centro de la ciudad.

La arquitectura es la más política de las artes, reconoce Scruton en su ensayo sobre estética del 79, y ahora, el más político de los arquitectos, Foster, hará en el Prado la caja de zapatos para el cuadro más político, el “Guernica”, ese caos desatado en el ruedo por el derribo del caballo. Si, en vez de pensar en sí mismo, Foster pensara en el cuadro, la caja de zapatos para el “Guernica” sería una explicación arquitectónica del caos pictórico, al modo de la famosa planta fálica de la casa de placer de Ledoux, que no fue, recuerda Scruton, exigencia impuesta  por su “función”, sino estética dominante que pretendía hacer inteligible “el racionalismo blasfemo de su arquitecto”.

Pero la ciudad moderna, que empezó como una ciudad sin monumentos, se ha convertido en un monumento a sus arquitectos:

Esta egomanía es visible en las formas y escalas de los “arquitectos estrella”, como Rogers y Foster, a los que dejan campar a sus anchas por nuestras ciudades.

 La pared lisa de la caja de zapatos tiene un significado psicoanalítico que estudió Adrian Stokes: es el “pecho bueno” que deseamos apropiarnos como fuente de nuestra bondad. Ya veo las colas a la espera de la leche materna.

La planta fálica de Ledoux para una casa de placer

Sábado, 17 de diciembre

Valle de Esteban

-Eugenio Noel se rapaba las cejas y la frente. Hasta que un día los sevillanos, calientes por una conferencia antitaurófila de Noel, le raparon toda la cabeza. Era de ver el león sin melena. Se encerró no sé dónde hasta que le creciera de nuevo la cabellera que hoy se usa. Estos poetas melenudos me hacen el efecto de Sansones: pierden la fuerza si les cortan los cabellos.
Carmen de Burgos, Colombine

viernes, 16 de diciembre de 2016

El vestido de la Reina


Hughes
Abc

Lo mejor de los Cavia -copas en el viejo patio aparte- fue el vestido de la reina. Sobre la venerable institución periodística, sus ritos, su no poca nostalgia, y las advertencias contra toda forma de populismo (hay en esto auténticos profesionales, tíos y tías instalados en el antipopulismo profesional), se elevó ese vestido memorable que Letizia llevó como una reina nadadora. Un vestido daft punk (gracias, David).

El pelo hacia atrás, “wet look”, creo que lo llaman, daba la sensación de que salía del agua. Que salía de otro elemento, al menos, con un neopreno electrizado. Los ojos ¿fumé? Deseé intensamente que alguien, con pronto genio zarzuelero, compusiera un equivalente al dónde vas con vestido chiné, dónde vas con los ojos fumée… La reina, con esos ojos, ya miraba de otra forma.

Entró futurista, física, exacta, con unas líneas verticales que parecían estilizados neones de otros sitio fundidos como por una velocidad intacta. Era un vestido de vorágine. Había algo de ciudad llovida. No necesariamente Madrid. Por fortuna, no del todo española. Era algo concentrado y brillante. Una instantánea de lo que en algún lugar del mundo quizás estaba pasando. De fondo quedaba la biblioteca, los retratos, las maderas, las palabras más o menos tiernas y tecno-institucionales de los discursos (mis preferidas, las del fotógrafo sevillano Serrano, con su párpado izquierdo rendido literalmente al “humanismo cristiano y la lealtad a la corona”, párpado izquierdo de fotógrafía-monóculo).

Los Cavia tienen algo de intrínseco masoquismo. Una especie de esqueje institucional para el reconocimiento del otro, como una forma anual y ritual de periodismo conciliatorio. El caso es que allí se plantó Doña Letizia con un vestido rompedor, con otros colores y otras formas. Algo de membrana distinta. Otra piel. Algo transgresor. Agradezco, personalmente, la elección de ese vestido y la manera que tuvo la reina de llevarlo. Fue algo intrépido y renovador, o a mí, cateto e impresionable, me lo pareció. Me sacó de mi melancolía de alternador de vino blanco, vino tinto, vino blanco… En el cateto hay siempre un admirador.

La reina estilizaba la figura femenina, y su estilización tenía dentro alguna tensión. Proyectaba una tensión, un reto a los demás: un ahí queda eso. La transformación y ese sentido del límite a mí, desde luego, me decían mucho más que las palabras. El que tuviera ganas pudo haber sentido una íntima llamada a la innovación. Quizás era toda la expresión que un símbolo (la parte consorte y femenina del símbolo) se podía permitir. Pero lo hizo. Corona y Moda es un gran asunto. Lo que ayer podía hacer la reina por nosotros, lo hizo. Su aportación contra el aburrimiento y su actualización de silueta, tejido y gesto. Había algo sexy, correcto y magnético en ese vestido vivo. Y celebro, como circunstancial asistente, que la reina aportara imaginación. Como una invitación o un reto a las palabras.

Ojalá (y no es una broma fácil) ese vestido-esa noche se institucionalizara también.

Robe



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Robe, el Manolo Kabezabolo de la banda Extremoduro, ha resumido el sentir unánime (el consenso no consiente la excepción) de la intelectualidad española llamando “subnormales” a los votantes de Trump.

Lo malo de la democracia es que todo el mundo puede votar –ha dicho Robe, que abreva en nuestros mejores politólogos–. ¿Cómo puede votar gente que no tiene ni p… idea de Historia?
Robe hizo una novela cuando no le salían canciones. Al estilo de Gibbon, que se petó de latinos antes de redactar la caída del imperio romano, Robe, para redactar su novela, reemprendió los estudios “durante un año”: un curso de acceso a la universidad “para recordar cosas de gramática y ortografía”. Eso en España da para ser ministro o llamar “subnormales” a los votantes de Trump.

No conozco una brutalidad mayor, en nuestras democracias, que la empleada contra las corrientes populistas –dice Chantal Delsol, única profesora que ha estudiado el populismo–. La violencia que se les reserva excede todo límite. Si fuera posible, clavarían a sus partidarios en las puertas de las granjas.
Es el carácter dogmático de la ideología de la emancipación: no se combate a sus detractores con argumentos contra su discurso, sino con adjetivos injuriosos contra su grupo, que es el de los “idiotas”.

El término “populismo”, resume Delsol, es un insulto que conlleva rechazo de la democracia y que designa movimientos compuestos por “idiotas” en su doble acepción: moderna (espíritus estúpidos) y antigua (espíritus orgullosos de su particularidad).

Para los griegos de Pericles el “idiotes” era aquél que no estaba en la pomada, es decir, que no podía participar en el diálogo para la búsqueda de la verdad.

Para los españoles de Robe el “idiotes” será aquél (algo estamos viendo) que no quiera participar en el diálogo para amasar el “pastís” catalán.

España es darse cuenta de que la cena está mala, sin admitir que la cocinamos mal, y echársela al perro, disimulando que no hemos comido.

Cuestionario taurino

Uno de los Saltillos del pasado San Isidro

Jean Palette-Cazajus

Recibí hace más de dos meses un correo de la Fundación de Estudios Taurinos solicitando mi participación a una encuesta cuyos resultados deberían de ser publicados en el próximo N° 40 de la Revista de Estudios Taurinos, hija de la citada fundación. Se me pasó la cosa. Pero ya son dos los avisos que fustigan mi escasa vergüenza torera y acabo de ceder, cumpliendo con los dos folios exigidos:

1) ¿Qué razones avalan su afición a la fiesta de toros?

En mi caso personal, joven adolescente francés, no cabe negar el papel inicial de lo que se conoce como exotismo. El exotismo es el sueño de una radical exterioridad. Puede ser trivial punto de fuga o basculación de los ejes vitales y de la propia identidad. Lean a Víctor Segalen. Hoy, tras compartir mi vida entre ambas naciones, sigo pensando que la corrida es, fundamentalmente, exotismo absoluto. Entendida como ritual, como misterio en el sentido griego, o como simple espectáculo, “la corrida de muerte” consiste efectivamente en una exteriorización absoluta del sujeto humano fuera de los aplomos cotidianos de su condición básica. 

Descarto el argumento de la belleza. Primero porque sólo surge en muy contadas ocasiones. Luego porque es convención. La tauromaquia no es retórica. Es la respuesta del logos a la etología del toro. En el ruedo reinan las reglas. Si surge la belleza no será perceptible para quien las desconozca. No hay belleza sin educación previa. En Los Toros, la belleza es la respuesta fácil que acalla las preguntas complicadas. Antes que de educación, convendría hablar aquí de «iniciación» . La excepcionalidad de la corrida de toros se basa en una transgresión fundamental. En la sociedad del simulacro y de la realidad «virtual», la corrida expone, única, la obscenidad de la muerte. La conciencia del aficionado más básico debe estar modelada por esta sagrada premisa.

Intuí desde un principio que las palabras básicas que denotaban la corrida de toros, muerte, peligro, belleza, tragedia, sangre, entusiasmo, aburrimiento, vulgaridad, cutrez, verdad, mentira… perdían todo sentido consideradas una por una. La corrida de toros es, parodiemos a Marcel Mauss, un “hecho existencial total”. Siempre me resultó difícil explicar la corrida. Las circunstancias actuales me empujan a intentar entender lo que explica de mí.

 Arielle Dombasle,
 antitaurina e inefable esposa de Bernard-Henri Lévy

2) ¿Qué opina de las circunstancias actuales que están viviendo las fiestas de toros?

La sensibilidad zoófila se ha apoderado de los siquismos humanos. Se trata de una ruptura epistemológica y deóntica brutal. La temática de los llamados derechos animales ocupa el primer plano de las preocupaciones en la sociedad posoccidental. Una sociedad regresiva, de pronto asustada por el pitón buido de la razón y tentada por el necio refugio en el cascarón de las creencias autocompasivas, piensa así conjurar la violencia intraespecífica que define su condición. Califican de culminación del proceso de civilización lo que son síntomas de su crisis agónica. Sus salmodias lastimeras calan hondo en un abanico que va desde el fervor místico a la indiferencia benevolente. Tal ideología se extiende de forma viral y hace buena las teorías de Richard Dawkins sobre replicación cultural de los “memes”.

Mientras, buena parte de la afición honra el verso machadiano y “desprecia cuanto ignora”. Nada quiere saber sobre sus adversarios, ni quiénes, ni cómo, ni cuántos. Semejantes tropas suelen ser el plato favorito de los desastres. Piensan enfrentarse a una secta necia y minoritaria. Pero ven los estragos de su capacidad de influencia, ven cómo la sociedad se define mayoritariamente opuesta o indiferente a los toros. La pereza discursiva se acuerda entonces del viejo compló judeomasónico, resucitado hoy en catalanopodemita. Aires de caverna soplan sobre tal afición. 

Creen defender la Fiesta y la trivializan. Son los primeros en tapar su grandeza. Su  rancia retórica oculta el temor a enfrentarse a la gravedad de esta relación a vida o muerte con “la sustancia peligrosa de los seres vivos”, palabras de Lévi Strauss. Hace años que afirmo que todo aficionado dotado del cupo neuronal reglamentario es alguien que sólo puede cabalgar inconfortablemente el filo de la navaja entre el Sí y el No. Alguien que al final considera no obstante que la aportación de los toros a la inexplicable anomalía humana inclina positivamente el fiel de la balanza.

La paleoantropología y la biología evolutivas, la etología, las neurociencias son cada vez más aptas para desbaratar las obsesiones antropomórficas del lamento animalista. Esto sólo le puede resultar contraintuitivo al dueño de un cerebro previamente colonizado por semejantes dogmas. No soy el primero en negar toda dualidad ontológica de las sustancias entre el hombre y el animal. O en recusar toda intervención de la trascendencia  en el debate. Precisamente porque el hombre ocupa, en tanto que uno más en la cadena de los seres vivos, su sitio en la evolución del genoma, es más fácil evidenciar la inconmensurabilidad de destino entre cualquiera de los animales y el proceso autopoiético y emergente de la particularidad humana.

Otro Saltillo

Un buen natural, siempre que el toro “no se deje”, ¡claro!, puede calificarse de neguentrópico. El toreo sirve para reactivar en cada ocasión el núcleo fisible del tiempo y de la muerte. El bifaz lítico anunció la hominización. Chronos/Thanatos es el bifaz existencial que anuncia y fataliza la humana condición. El primate se hominizó cuando accedió al tiempo, es decir a la convivencia -¿la connivencia?- con la muerte. Tiempo y muerte sedimentaron durante milenios en el espesor geológico del lenguaje. Por eso no debemos dudar de que el contenido existencial de cada especie reside entero en lo que cada ejemplar sea capaz de decir de sí mismo. De modo que el toro muere, pero sólo el hombre es mortal. La “Creación” es muda, los animalistas burdos ventrílocuos.

Ni el hombre acaba de acceder a la real conciencia de su finitud. Si tuviera cabal conciencia de tal e inmenso absurdo, la vida se le haría literalmente imposible. Los ingenuos siempre pensaron que el devenir de la especie iría aportando paz y respuestas a sus preguntas. El devenir sólo invalida las viejas respuestas y carga de tormentas las nuevas preguntas. La corrida de toros es una pregunta muy seria y debería ser la mejor vacuna contra las ilusiones mortales. 

3) ¿Qué soluciones daría para incentivar en la sociedad del siglo XXI las fiestas de toros?

Muchas cosas deberían cambiar para que la corrida de toros saliera viva del siglo XXI. Me pierdo en la historia del hombre y me voy sin evocar siquiera la necrosis interna de la Fiesta actual, sus menguantes públicos papanatas, sus  toros precocinados y su toreo fraudulento. Suena el tercer aviso sin tiempo para explicar por qué, medida positiva en los toros, será siempre aquella que suscite el rechazo unánime de empresarios, ganaderos y toreros. De momento la única pregunta seria es la de saber quién acabará primero con los ritos táuricos, si el cáncer en las propias entrañas o la agresión exterior. No por ello debe aflojar nuestra voluntad de defender la tauromaquia. Recordemos el mito de Sísifo. Vivimus quia absurdum.

¡Y otro!

Viernes, 16 de diciembre



-Eugenio Noel ha estado siempre persiguiendo la notoriedad. De jovencito se encerró en un sótano, ni más ni menos que un castor y una marmota. ¿Para qué lo hizo? Para que lo llamasen genio. Cosa parecida hizo el gran Ramón y Cajal, pero éste no lo hizo para que lo llamasen genio, sino para estudiar la vida de las hormigas.
Carmen de Burgos, Colombine

jueves, 15 de diciembre de 2016

El Mundialito del vídeo

El señor Cáceres

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Es el  Mundialito de fútbol un festival japonés al que han de acudir los campeones de Europa con la obligación de ganarlo. Es torneo que se juega con el personal en sus tareas, pero como el Barça o el Madrid tienen costumbre de disputarlo son días prenavideños del que los parados y jubilados españoles se escaquean de acompañar a sus señoras a comprar los turrones y los regalos para la parentela. A mí, con los nuevos horarios que me he buscado de prejubilado, me ha pillado en casa con el pescado limpio para ponerlo a la plancha cuando llegue la familia.

      No hay cosa importante que comentar del partido  de semifinales jugado por el Real Madrid y el América, equipo éste del que, al parecer, su entrenador La Volpe pretende que sea estudiado y analizado en las universidades europeas del balompié. El entrenador La Volpe, por si no lo sabían  ustedes, fue el tercer“arquero” de Argentina -el primero era el Pato Fillol- en el Mundial que ganó la albiceleste a la naranja Holanda con Menotti. El entrenador La Volpe lo recuerda mucho cuando se siente importunado, y como en este Mundialito no le ha gustado que su colega Zidane confiese que conoce muy poco de su equipo, el tío se ha sentido herido en su orgullo.
     
 La plantilla y el juego del América no lo conoce Zidane, ni la inmensa mayoría de entrenadores europeos, pero no es desdoro reconocer que el señor La Volpe hará unos diez años enseñó a los preparadores de nuestro continente -tal que Guardiola-  a sacar el balón desde atrás a la “volpiana manera”. Los defensas del América, como los del Granada de Paco Jémez, no están capacitados para sacar el balón con la exquisitez que sueñan sus preparadores, y si el Real Madrid hubiera estado más concentrado y “pitoso” al equipo del señor La Volpe le habría caído “ni se sabe”. El Real Madrid, empeñado en elaborar para consumo propio el derecho consuetudinario de alcanzar el gol de la victoria fuera del tiempo reglamentario, ha marcado el 1-0 en el minuto 46 y el 2-0 en el 93, y dato importante, sin que jugase Sergio Ramos.

    Lo destacable de la semifinal y del Mundialito es el uso del vídeo para decidir no entiendo aún queétipo de jugadas. El penalty a favor de los japoneses no pone de acuerdo a los comentaristas, que no dejan de ser aficionados como un servidor. Tampoco a los árbitros, y esto ya es más grave. Si curiosas son las interpretaciones sobre si antes que penalty es fuera de juego o que el fuera de juego no se pita porque aún no ha recibido el balón, más peligrosa es la tardanza en decidir la incidencia. En un minuto se puede marcar un gol en cualquier portería e incluso producirse otro penalty dudoso en área contraria. ¿Qué hacer en éste segundo caso?

      Pero asunto peliagudo sería que en una final de un mundial, por ejemplo, se produzca en el minuto 93 el gol que ha marcado Cristiano. ¿Es fuera de juego ? Ni el árbitro, ni usted, ni yo, ni los videntes del vídeo saben si lo ha sido. Los mejicanos del América dirán que sí. Los aficionados merengues jurarán que no. La dudosa jugada, como viene pasando desde que el fútbol es fútbol y se televisa, vendería millones de periódicos y aguantaría miles de tertulias, porque ¿qué sería del fútbol sin penaltys clamorosos no pitados, sin goles en fuera de juego, sin goles fantasma, sin goles con la mano de Maradona o Henry?

     Hago constar que estoy totalmente en contra del fútbol rearbitrado y reconozcan que menos mal que el gol de Cristiano no decidía ya nada. Si no hubiera sido así, imaginen la que los mejicanos hubieran liado al uruguayo señor Cáceres, un colegiado nervioso por sentirse vigilado.

Gates



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El otro día apareció Bill Gates diciendo que su ídolo es Adolfo Suárez (¡el hombre de los videomarcadores en el Mundial’82!), y todos pensamos que “el multimillonario” (para que te digan “el magnate” has de ser antiprogre, o sea, un loco) de Seattle planeaba huir del trumpismo y establecerse con Microsoft en Cebreros.

Ahora Gates ha pasado por la Torre Trump (¡ojalá esa torre fuera reporteada por Shakespeare, y no por esos becarios de Slim que sirven la alfalfa a los tertulianos!), y ha salido diciendo que Trump tiene la oportunidad de ser con la Innovación lo mismo que Kennedy fue con la Luna. Es decir, un Erkoreka mundial.

No te equivoques, Erkoreka: la solución es el I+D –le dijo una vez a Erkoreka un empresario de Bilbao.

Por energía no va a quedar (Trump, que parece un río de leones, es, sobre todo, energía, y no hay más que verlo saludar a Kanye West), justo ahora que Putin, según el relato oficial, nos tiene rodeados con sus “Baikal”, con los que “hackea” las urnas para que ganen Trump en América y el Brexit en Inglaterra.

¡Populismo! ¡Populismo! –protesta Savater, que una vez se presentó a recoger su Cavia, la única gala de esmoquin que queda en Madrid, vestido de Menipo.
Si Trump supera los lanzamientos de boinas (capadas) que le dirigen los finos analistas españoles (tertulianos, para el vulgo) y, erkorekeando, consigue poner los “Windows” de Gates a la altura de los “Baikal” de Putin, se habrá cumplido la profecía de Tocqueville, el hombre que, según Schmitt, “¡lo había entendido ya todo en 1835!”: una humanidad centralizada por América y Rusia, dos gigantes del espíritu europeo (y, sin embargo, no europeos) encontrándose por encima de las cabezas de la pequeña Europa.

¿Los Norodniki de Putin bailando a la luz de la luna con los Grangers de Trump?

Hombre, si Trump fuera “populista”, habría formado un gobierno de perroflautas (no valen “perros locos”). Que éste será el siguiente reproche que manejen los finos analistas.