martes, 25 de octubre de 2016

La postverdad

Impuestos: la piedra de escándalo de Trump que la socialdemocracia no nombra

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El objeto del periodismo anglosajón es el mismo que el de la filosofía griega según Platón: la verdad. Y si Pilato preguntó “¿Qué es la verdad?” fue porque en el pretorio no había un solo ejemplar del “The New York Times” de Slim que darle.

El NYT es el Aristóteles de la verdad:

Decir de lo que es que es y de lo que no es no es.
La fórmula es sencilla: si Assange filtra correos en “WikiLeaks”, es un topo de Putin; pero si Ellsberg filtra los Papeles del Pentágono al NYT, es un patriota digno del Premio al Sustento Bien Ganado.

¡La verdad! Walter Duranty, corresponsal del NYT en Moscú, visitó en el 33 Ucrania y afirmó que los rumores sobre el hambre eran ridículos, la misma impresión que en Angola (régimen de progreso) sacó James Brooke en el 85.

Argumento de autoridad denunciado por Revel: es verdadero porque Fulano, premio Nobel, lo ha dicho. (Pero ¿qué pasa si el premiado, como Dylan, no levanta el teléfono?)

Contra la Guerra de las Galaxias (la guerra de Reagan contra el comunismo), se construyó el mito del Invierno Nuclear, refutado por “Nature” en el 86. Pero en el NYT insistieron, buenos son ellos, y contestaron con un artículo (Frederick Warner) sobre el Invierno Nuclear que causaría, ya,… ¡Cuatro Mil Millones de Muertos!, cifra algo superior a la que se maneja en el periodismo anglosajón (y en los “Think Tanks” del PP) si ganara Donald Trump, el Pat Robertson (mediáticamente) de nuestro tiempo.

Los telediarios están para socorrer a los ciudadanos en una democracia –escribió en el 87 en el NYT Dan Rather, un pequeño Willi Münzenberg en cazadora.

Por eso la CNN rotula para los niños las frases de Trump. Si la voz de Trump dice “Obama es el fundador del Daesh”, la TV rotula “No lo es”. (Hombre, si hubieran hecho eso con el discurso de Obama en El Cairo, les sale un karaoke de Puigdemont.)

Cubrir a Trump (¿de basura?) es un desafío –se queja, en el NYT, el piadoso Jim Rutenberg.

Política “postverdad”, lo llaman. Ellos.

Martes, 25 de octubre

Valle de Esteban

-Un poco de ponche y de fatiga y ya estaba, se dormía roncando como un avioncito lejano que se llevan las nubes. Ya no le quedaba nadie en la tierra.
Céline

lunes, 24 de octubre de 2016

La decadencia del Recre

 La preferencia como eco
 de los cantos homéricos onubenses

 Núñez aplaude a los desplazados
 Jesús Vázquez, abajo a la izquierda
 se retira derrotado
Sentimentales a los que admirar

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Amaneció negro el domingo. Negro como boca de lobo por la parte de Almodóvar del Río, camino de Sevilla a Córdoba, que es de donde llega el agua. Estaban los madrugadores más somnolientos que de costumbre con un ojo en la tostada y el otro en el mapa del tiempo del televisor, pendientes de las nubes para hoy lunes  día de San Rafael. El día de los peroles. En realidad, ni el arcángel San Rafael fue santo ni hoy 24 de octubre es su día, pero los cordobeses son como son y se sacaron una fiesta de la manga para beatificar la tradición perolista. Un día alrededor de un fuego que calienta, asa sardinas y panceta y guisa un arroz caldoso que es el último plato que se come pasadas las cuatro o las cinco de la tarde. Depende el tanteo del dómino, con acento en la primer o. ¡Ah! De postre, el pastelón de San Rafael, también llamado cordobés.
    
Acabo de comer y quiero hablar de ayer domingo y no de este puente semiclandestino, porque a las doce jugaba el Recreativo de Huelva contra el filial del Córdoba en El Arcángel. El Recre, como mi Burgos, en 2ªB..., y de los malos. De los que les sobra cartel de favoritos y complejos valetudinarios y les falta coraje y determinación. El Recre, como mi Burgos, arrastra su historia vestido de agrietada y triste melancolía sumiendo a sus seguidores -sobrios y serios castellanos unos y tan fieles como elegantes en la tribulación los onubenses- en una desolación sólo comprensible por las pocas almas puras que quedan en el fútbol.

    En El Arcángel había más aficionados de Huelva que cordobesistas. Luego,  ya saben, en todos los campos se pide cantera. Los guardias de seguridad no dejaron que nos juntáramos en la tribuna, la única grada abierta, imagino que por orden gubernativa o presidencial. ¡Con lo bien que nos traemos y los peroles que llevamos comidos estos años! Tengo que reconocer que daba cierta cosa ver y oír el ánimo incansable enviado desde la esquina blanquiazul. Los escasos blanquiverdes escuchábamos respetuosos y en silencio los cánticos de “los hermanos”. Un servidor,  que tiene repartido el corazón en unas cuantas naciones futbolísticas, veía al Rece y veía El Plantío de la patria donde poco después batallaría otra leyenda que, como el Recre, perdería con el Izarra de Estella, ¡¡el Izarra!! por un ignominioso 2-3.

     El Recre perdió 1-0 en un partido sin ocasiones y tristísimo, como su ánimo. En el Recre juega Núñez, aquel campeón de Europa con el Liverpool al que Queiroz le preguntó que de qué jugaba al salir en la 2ª parte y marcar el gol del empate en Villarreal. Capitanea el equipo Jesús Vázquez con 36 años, imagino que gratis, después de ganarse el respeto en Tenerife y Coruña. Dos futbolistas que deberían ser suficientes para manejar partidos como el de ayer, pero se les ve deprimidos y desbordados por todo tipo de penurias. A mí  me parecen el ejemplo de una decadencia inevitable que a nadie gusta. Todo el mundo del fútbol habla sonriendo y con cariño del Decano... y de mi Burgos.
    Esta agonía del Recre ya le adivinamos hace dos años y les juro que nada me alegraría mas que haberme equivocado.

Del Burgos prefiero no decir nada de momento. 

Desdémona vuelve a Mestalla

Desdémona culé

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Se lo avisó Guardiola a los periodistas ingleses que venían de descubrir a Guardiola en un saco de goles (4-0) en Barcelona contra el City (no confundir con la City que quiere traer a la Castellana Cristina Cifuentes, Cecé, que cree que la City de Londres es el palco del Madrid).
    
Tío, tío, he ganado veintiún títulos, tío, en siete temporadas con este estilo, lo siento, tío, no voy a cambiar mi estilo, tío, antes vuelvo a España.
    
Para el Buffon de Sampedor (Buffon el conde, no el portero), el estilo es el hombre, y su estilo de hombre volvió el sábado a Mestalla en busca de una botella para desmayarse vestido de Desdémona.
    
Esto de las Desdémonas viene de un artículo en “The Wall Street Journal”… ¡por mayo de 2011! “Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor”, canta el prisionero del romance que ni sabía cuándo era de día, ni cuándo las noches eran, sino por una avecilla que le cantaba el albor y que matósela un ballestero (“dele Dios mal galardón”).
    
“The World’s Greatest Whiners”, se titulaba aquel artículo, y en él se alertaba del daño a la reputación del Barça que podría causarle… el estilo en el comportamiento de sus jugadores, en tres modalidades: 1) Lloriqueos y petulancias propios de un niño pequeño 2) Apelaciones constantes a un Dios justo que proteja de la persecución arbitral 3) Tendencia a reaccionar ante cualquier contacto con los jugadores rivales con un retorcimiento de Desdémona en su lecho de muerte en el acto final de “Otelo”, de Verdi.

    Por ejemplo, Alves ante la no patada de Pepe y la expulsión decretada por Wolfgang Stark en semifinales de Copa de Europa. Sí, tío, tío, yo creo que Alves, tío, ha sido la mejor Desdémona, lo siento, tío. Y de aquel “Otelo” representado en 2011 el Bernabéu sale la escena del botellazo del sábado en Mestalla, con media docena de jugadores culés, un coro griego, arrojándose como las avecillas del prisionero del romance contra las escopetas para irse a la lona a esperar el conteo arbitral, como hacen los boxeadores pobres en los tongos. Fue lo mejor del espectáculo.

    El espectáculo del fútbol actual (¡la socialdemocracia balompédica, donde la posesión hace las veces de consenso!) se basa en el fingimiento. Como futbolistas, fingir que defendemos (defensa en zona), y como público, fingir que nos divertimos. Pero el tiquitaca es al fútbol lo que el “pressing-catch” es al boxeo. “Un continuo entrenamiento para Messi”, como tiene dicho desde el principio Pepe Campos, que lo ve con ojos de profesor desde Taiwán. ¡El siglo de Messi! ¿Sólo el siglo? Ponga mejor el milenio. Y toda la propaganda se vuelca en apoyo de lo falso.

    La ruidajera mediática acusaba el otro día a Mourinho de enemistarse con las empresas de estadísticas que le arrojaban a la cara su porcentaje de posesión (35) ante el Liverpool.

    –El Liverpool supuestamente tuvo el 65 por 100 de la posesión y sólo hizo dos disparos a puerta –contestó el portugués–. Es su problema, no el nuestro.
    
Había sido un partido espantoso. Uno, el Liverpool, no quería, y otro, el United, tampoco se dejaba. Y en semejante tesitura lo que cuenta, por lo visto, es la posesión, una peste que no tiene otra solución que su limitación reglamentaria, como en el baloncesto. ¡Bienvenido sea el espectáculo de las Desdémonas en Mestalla!


TRUCO O TRATO

    Ronaldo (el auténtico) nos ha regalado la revelación Halloween del año con su “charla o multa”, que viene a ser el “truco o trato” (“trick-or-treat”) de la fiesta de las calabazas. Ronaldo llegó dos veces tarde al entrenamiento en una semana: “La primera vez, Sacchi vino a echarme la bronca, de unos quince minutos, y me multó. La segunda vez, antes de que empezara a hablar, le dije que la charla o la multa”. Por cierto, que del discípulo más aplicado de Sacchi, Fabio Capello, Ronaldo, que, además de jugar los juegos de los niños, dice, como los niños, las verdades, tiene una impresión definitiva: “No era muy listo.” Truco o trato. Charla (o chapa) o multa. Vale para cualquier guardia.

Lunes, 24 de octubre

Valle de Esteban

-La medicina es un oficio ingrato. Cuando los ricos te honran, pareces un criado; con los pobres, un ladrón.
Céline

domingo, 23 de octubre de 2016

Empate a uno en Elche

 Piovaccari

Francisco Javier Gómez Izquierdo

  El Elche-Córdoba de ayer me pilló en la galería grande de la mina y me resigné a que me lo contara por la radio un joven del que nunca sabemos si se pasa o no llega. Nada nuevo en un tiempo y en un mundo donde cuatro brujos opinan y cuarenta millones aceptan como teología lo que no pasa de surtido de ñoñeces.

     Es complicado estar pendiente de un Elche-Córdoba cuando a la misma hora se juega un Valencia-Barcelona y se recuerda aquellos partidos del Piojo López, Mendieta y el Kily González contra Rivaldo, Kluivert y Figo. Ahora que me he pasado a trabajar con chicos jóvenes, les parece raro que contándoles las sensacionales batallas de hace quince años me quede en el portero Juan Carlos, el defensa Armando, el centrocampista Pelayo y el media-punta Pedro. Ellos con sus móviles y un servidor con su radio, recibimos una tarde a la que agradecemos nos traiga por fin el agua que tanto se necesita.

    Mirando llover digo a mis compañeros que  la mayor pesadilla futbolística que se haya vivido en Las Palmas de Gran Canaria empezó con “... Pelayo la cuelga desde la derecha...” hasta el gol de Ulises Dávila, ¿que fué de él?, al portero Barbosa en El Insular. Pelayo, Pedro, Juan Carlos y Armando jugaban en aquel Córdoba que ascendió a Primera, pero ayer, excepto Armando, eran titulares en el Elche contra el equipo en el que una tarde de junio fueron infinitamente felices. Pelegrín, otro que ascendió el año pasado con el Alavés, marcó a balón parado, no podía ser de otro modo, el 1-0 . Casi al mismo tiempo, Messi hacía el 0-1 en Mestalla. El comentarista cordobés en Elche, apesadumbrado y forofete, aventuraba el segundo y tercer gol ilicitano porque nuestro equipo andaba desdibujado, “apático y abúlico”. Sobre todo Borja Domínguez, que nunca es titular, y Alfaro, que sí que lo es pero no lo parecía.

     La juventud estaba con el móvil en Mestalla en un partido trepidante como cuando Van GaalHéctor Cúper y el mozo de la radio local no paraba de relatar los paradones de nuestro portero polaco, y los sustos que provocaba el incombustible Nino. José Luis Oltra, corriente entrenador, pero un tipo listo, sacó a Piovaccari y a Bergdich, al que yo ya le daría un partido entero, y en un pispás el negrito centró para que el rocoso italiano rematara de cabeza el empate a uno que sería definitivo. El ritmo de Valencia me pudo y cambié de emisora porque el partido de Altabix olía a ni fú ni fá; a típico de Segunda; a empate. A lo que nos hemos acostumbrando.

      Permitan un añadido. En el partido del pasado domingo, el Sevilla Atlético sacó en la segunda parte un mozuelo rubio con físico infantil que me pareció descarado y con ese “duende” que dicen de los artistas. Veloz, técnico y valiente, me interesé por el muchacho y leí que es el jugador más joven de la categoría con tan sólo 17 años. Se llama Alberto Pozo y ayer en Soria fue titular. Marcó un gol y es diamante del que habrá que estar pendiente, por si se le pule como parece merecer.

Suna a las tres


Suna vino al mundo, que es la vida, por la ventanilla de un auto del que fue arrojada a la vía. De ahí su cojera de apuesta, si es coja o no es coja, con un renquear tan gracioso que la hacía, vista por detrás, un Charlot de domingo alejándose en la última toma. Tenía, sí, cojera de Quevedo y pluma (la cola) de Góngora (¡conceptismo de pata y culteranismo de rabo!), pero su diseñador, de haber tenido uno, hubiera sido Apollinaire, acusado de robar la Gioconda igual que Suna lo fue de robarme una cola de merluza rebozada. ¡Cubismo apollinairesco y sunero! Payaseo (mejor que paseo) humorístico el suyo, atronando al público con los redobles de su jubiloso ladrar. "Cuando el hombre ha querido imitar la marcha, ha creado la rueda, que no se parece en nada a la pierna". Nada había más contagioso que la alegría de Suna corriendo como con ruedas por aquel jardín encantado que fue su vida.

-Soyez indulgent quand vous nous comparez
à ceux qui furent la perfection de l'ordre

"Te doy gracias, porque no soy como los demás"

DOMINGO, 23 DE OCTUBRE

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

-Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Lucas 18,9-14

sábado, 22 de octubre de 2016

Partisanas

Los jesuitas de la guerra, en los toros


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Del frente me llega la novedad de unas funcionarias que se dicen partisanas copando, por “machista”, a Hughes, nuestro cronista de fútbol, porque escribió que el juego del Real Madrid tiene la consistencia de un argumento de Rita Maestre (“hermoso, afilado, zurdo, pero liviano y banal”), una que por ser Rita y famosa se ve de palillo en todas las gildas.

¿Machista, Hughes? Hombre, la Santa Inquisición ha llegado a un punto que aquí todo el mundo es ya aquel tenorcete napolitano de Maeztu que, al dar sus datos policiales, decía: “Maccio ma non fanatico”.

Dispara, cobarde, sólo vas a matar a un hombre –dice Pablemos, macho alfa del partisanismo con nómina del Estado, que dijo el Che al caer.

Pero la verdad es que lo que dijo el Che a su captor cubano fue: “¡No me maten, soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto!”, que es lo que yo digo a Hughes que diga a las partisanas, la verdad: que también él, que somos todos, vale más vivo y hablando de fútbol que emasculado y “lindurriando” sobre la “cosificación” de la mujer.

Vaya partisanismo, el nuestro, que nació contra Napoleón (“pueblo asesino”, nos llamó, en elogio del alemán, donde ningún civil disparó nunca a un francés) y viene a dar… contra un cronista de fútbol. Es como el jesuitismo, ya que estamos con el Che, que comienza en Loyola y termina en Bergoglio.

El partisano es el jesuita de la guerra –dijo un día Ernesto (¡la importancia de llamarse Ernesto!), y ahí tenemos a las funcionarias pegamoides, Juanitas de Arco dispuestas a echar a los burgueses de España como a los ingleses de Francia.
Partisanas de sí mismas, más de Stirner que de Lenin, a pesar de su lógica de guerra, que, con morro leninista, reclama la “iusta causa” sin reconocer un “iustus hostis”. Partisanas, en fin, como metáfora de inconformistas jugando a la destrucción del orden social existente.

¿Qué le costaba a Hughes decir que el Madrid juega con la inteligencia de Espinar y la belleza de Monedero?

"Dispara, cobarde, sólo vas a matar a un hombre"

Sábado, 22 de octubre

Valle de Esteban

-Cuando uno lee estas instrucciones que descienden hasta los últimos detalles y se extienden a la construcción de las letrinas, a la recogida de las vainas de los cartuchos y los tapones de corcho, a las fechas en que hay que arreglar la cola a los caballos, cuando uno lee estas diez mil reglas y prescripciones, no puede dejar de sentirse asombrado de la enorme cantidad de energía que aquí se despilfarra.
Ernst Jüng

viernes, 21 de octubre de 2016

Evangelio

NUEVO FEMINISMO CLINTONIANO
“If you vote for Hillary Clinton I will give you a blowjob. 
And I’m good. I am not a douche, and I am not a tool.
 I take my time. I maintain eye contact, and I do swallow.”


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Sin democracia puede haber religión, pero sin religión, y esto lo razona Tocqueville, que se pateó el único país donde Montesquieu se impuso a Rousseau, no hay democracia.
Ninguno de los dos candidatos a la presidencia americana tiene hoy pinta de ir a la iglesia: ella, porque no cree que Dios pueda estar a su altura; él, aunque gane dinero como un metodista, por esa suerte de pereza católica que le hace quedarse el domingo en la cama. Y, sin embargo, en su último debate, bordaron la representación de la parábola evangélica correspondiente, ay, al próximo domingo.

Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano.
Hillary Clinton y Donald Trump.
Según Chesterton, deberíamos ver tan hondo en un hipócrita que viésemos incluso su sinceridad. En el caso de la farisea de Arkansas, deberíamos estar interesados en esa parte más oscura y más real en la que residen no los vicios que no exhibe, sino las virtudes que no puede exhibir. En cuanto al publicano de Nueva York, estamos ante uno de esos casos en que las personas son tan sinceras que parecen absurdas, y tan absurdas que no parecen sinceras.

Se ve como un fraude que un hombre insista puntillosamente en definirse como un mísero pecador y al mismo tiempo insista puntillosamente en definirse como rey de Francia.
Le preguntan por qué acepta para la Fundación Clinton fortunas de países tan feministas como Qatar y Arabia Saudí, y Hillary se hace la Forges (“Y no te olvides de Haití”) y dice que ella sólo quiere acabar con el sida en Haití, pues hay un niño que sangra en Alepo.

Oh, Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano.
A la misma hora, en el Madison Square Garden, la irreligiosa Madonna (¡58 años!), que ya se ve en el Rastrillo de los Clinton en la Casa Blanca, prometía chupi-chupi habanero (su oración fue más grosera) “si votáis a Hillary”.

Soy de las que miran a los ojos mientras lo hace.

Viernes, 21 de octubre


-Tal vez no haya ningún otro lugar en que se perciba mejor que aquí en la trinchera la manera en que el espíritu de una época se cae a pedazos, cual un astroso vestido. Hay algo de siniestro en el modo en que se tornan hueros e indiferentes pensamientos que hasta hace poco tomaba uno en serio; es como si, en medio de una enorme escombrera, uno se encontrase con los espíritus de unos conocidos ya fallecidos y mantuviese con ellos una conversación fantasmal.
Ernst Jünger

jueves, 20 de octubre de 2016

Un continuo entreno para Messi


Pepe Campos*
Taiwán

El fútbol que se vio el miércoles en el encuentro Barcelona-Manchester City [podríamos aplicarlo a todos los partidos que se ven en el presente en la red futbolística mundial] correspondió al que se puede ver en un mero entrenamiento. Al fútbol que se puede ensayar en una pachanga. O a un partido de solteros contra casados. Definitivamente, y creo que no vale decir otra cosa, en el fútbol de hoy la utilización globalizada de la defensa en zona se ha cargado el verdadero espectáculo del deporte rey, que residía en la confrontación bizarra, leal e intensa, en el deseo de que cada equipo quisiera ganar a toda costa, con buen fútbol o con las armas que cada club dispusiera según su plantilla y sus consiguientes limitaciones. Si un equipo poseía jugadores técnicos y figuras, en sus extremos y en la zona de definición, se practicaba un juego desde atrás, sin rifar el balón, con los jugadores bien situados en el campo, donde el cuero -¡y vaya cómo era!- pasaba del líbero (del 4) al medio centro (el 6); del volante (el 8 o el 10), a su vez, al medio centro; y del volante convertido en interior al extremo (el 7 o el 11); y de éste, así de rápido, al gol; con multitud de variantes, con pausa o con velocidad, en espera o con el envío centelleante del balón al hueco, al espacio libre donde aparecía el goleador (el 9) o el jugador que sorprendía desde atrás. Todo ganado con esfuerzo y talento, sin recurrir a regalos, porque no los había. Sin existencia de espacios. Había un orden y una permanente sensación de sorpresa. Una tensión. Era un fútbol concebido al milímetro. Cuando un gol era un gol.

Pero, si un equipo sólo disponía de un nivel medio técnico en sus efectivos, había que ajustar la táctica al rival, al encuentro, a la situación que hubiera que resolver, ya fuera ejerciendo presión en el centro del campo, o interpretando cómo encerrarse delante del área para salir al contragolpe. Y, desde luego, porque eso nunca faltaba, con la pertinente vigilancia, de manera firme, sobre los jugadores contrarios más sobresalientes (para eso estaba el 2, o el 3, o el 5; o aquel jugador que se pudiera acomodar a esa labor de sacrificio necesaria). En el entrenamiento aludido del Barcelona-Manchester City, del miércoles, daba pena ver ese caminar sin sentido por el campo de tantos jugadores, situados donde les daba la gana, cada uno a lo suyo, una verdadera acumulación de futbolistas por allí donde se quería subir el balón, con muy poco nervio en las acciones, al servicio de un cierto preciosismo basado en ir pensando en hacer alguna pared o un regatillo o consumar un alarde que dejara a cualquier jugador pícaro plantado, en un mano a mano, ante el portero rival; o en todo caso, en la búsqueda de un rechace, si se paseaba ese jugador punta por donde el balón pudiera aparecer -el balón de goma- entre nubes de pantorrillas tatuadas -tapadas con medias- y fémures de andamiaje. La defensa en zona vigente aporta que una legión pacifista de jugadores campen por el terreno de juego en cansina actitud, con la que pretenderán arrimar el balón al área del amigo rival y meterle goles, que les asegura un aumento en la autoestima a los técnicos rivales, a sus aficiones, y a sus futbolistas ,que no les importa perder por 0-5 o 5-0, ya que piensan que lo ganan en talante.

La defensa en zona se ha cargado la tensión en el fútbol, y cada jugador campa según la cosa va, de ahí, esa sufriente dirección histérica desde los banquillos por los entrenadores del momento; donde su imagen se iguala a la de los capataces, hostigando a sus jugadores para que muevan su cuerpo serrano hacia el lugar adonde va el balón. Una y otra vez, se observa a los técnicos vociferar y manotear, mientras el balón va y viene, sube y baja; y sus jugadores intentan acomodar su trote al juego que desarrolla el balón de goma. En ocasiones asistimos a la aparición del tiqui-taca que consigue frenar la cosa y convertir los entrenamientos en partidos de balonmano. Una forma cualquiera de disponer la pachanga en uno de los dos medios campos, como si fuera un entrenamiento de jueves por la mañana, cuando no existía la Champions, y el fútbol se producía, a ser preferible, los domingos, a las cinco de la tarde, en ambiente de copa, faria y habano. Pero los tiempos cambian. Hay que ahorrar energías y cuidar el planeta. Nada de humos verdaderos sino todo simulación (¡esos jugadores retorciéndose por el suelo!). Nada de desgastarse tanto. Sólo cabe buscar la jugadita medio estética para que las figurillas futboleras de hoy, del deporte del balón de goma, puedan ejercitarse ante las cámaras de televisión mediante cabriolas técnicas con el tiro a la red -ya sea fuera o dentro- o para la foto con la palomita del portero. En definitiva, el fútbol actual es eso, algo previsible, un suceso sin alma, un mirar a la televisión. Cambiamos de canal y todo es igual. Un continuo entreno para Messi.
__________
*Pepe Campos es profesor de Cultura Española 
en la Universidad de Wenzao, Kaohsiung, Taiwán

Tercera jornada de Champions

Aboubakar
Sorprendente goleador en Nápoles


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Disputada la mitad de la fase de grupos de Champions, los aficionados tienen claro los dieciséis equipos que pasarán a la auténtica Copa de Europa. Sólo en el grupo E con Mónaco, Tottenham y Leverkussen, cuatro representantes  de clase media, y en el B, donde Beksitas y  Benfica -pasará el Benfica- se juegan una plaza, se adivina cierta emoción.

       Los nuestros están intratables y hasta el Sevilla al que se le supone cierto sufrimiento ante las vacas sagradas parece que van a estar en octavos. Al Sevilla lo veía un servidor goleador y goleado con tanteos de tenis y con los principios cruyffistas de “...no importa que nos metan cuatro si nosotros colamos seis...”, pero Sampaoli no es tan suicida como amenazaba y ya me parece un estudioso aventajado de la materia. Con dos goles en tres partidos, el Sevilla ya tiene siete puntos y Sergio Rico aún está imbatido. Su principal rival, la Juventus, arrastra más fama que juego. Llevo unos años dudando de esa eterna verdad que se nos grabó a los que pasamos de los cincuenta de que un equipo italiano es un equipo italiano. Los equipos italianos siguen siendo rocosos, pero la erosión debilita y todas las piedras, incluso el mármol, van perdiendo brillo y calidad, si se abusa de su uso. El Nápoles ,que parecía ir como un tiro, cayó ayer ante un Beksitas en el que destaca Adriano, un despedido del Barça.

      Ya saben, la cosa está entre los españoles y los alemanes. Al Arsenal se le pasará la inspiración después de Navidad y el Leicester..., el Leicester es un accidente que brotó para rejuvenecer a un caduco Ranieri, un entrenador del que nadie parece recordar que desgració al Atleti.
      
El partido-partido se anunciaba en Barcelona, con Guardiola y Luis Enrique, pero en una noche con más ruido futbolístico que nueces, Messi retrató a los dos entrenadores y les dejó dicho que son lo que son por lo que él es. Si este fenómeno está inspirado da igual la táctica que intentes para pararlo, porque... ¿Guardiola tenía ó no preparado un plan para anularlo? ¡Ah! Y esas frivolidades en ambas porterías son muy estéticas, pero pueden amolarte una final. ¡Al tiempo!
     
El Atlético, a lo suyo. Como si todos sus partidos fueran etapas de montaña y gozara en el sufrimiento. Al Atleti, ¡mira que le cuesta ganar!, pero gana. Y no le marcan, circunstancia ésta imprescindible para no perder.

      Por último, el Madrid, al que la fase de grupos no le trae más que inconvenientes, porque obligado a ganar, ni ganando tranquiliza a seguidores y críticos. El gran Hughes, al que lee gente que no sabe leer, en busca de palabra blasfema, lo dice claro: “fútbol liviano y banal”. Fútbol sin Casemiro de aduanero. Fútbol al que le falta seriedad y le sobra tirabuzón. Estoy por apostar que la alineación que puso Zidane hubiese caído estrepitosamente ante uno de los importantes, pero ustedes hacen bien en afearme esa manía mía del fútbol-ficción. Zidane no nos va a sacar de dudas, porque estoy seguro -otra apuesta- a que no se va a atrever a repetir once de condición tan merengue. Entiéndase lo de merengue por un dulce liviano que nuestras madres hacían batiendo clara de huevo.

    ¿Y el PSG? Para un servidor, que tanto aprecia al formidable Unai Émery, el auténtico Tapado.

Malas calles

Alberto Guillén

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Pablemos es un pícaro latinoché –picar, morder– que se aburre en su escaño y habla –“talk is cheap”– de echarse a la calle, que en Madrid es el parque del Retiro, para dar la chapa con el comunismo a los novios y parados de larga duración.

¿Para qué queríamos más? En menos de lo que tarda en persignarse un cura loco, sobre Pablemos han saltado, como Cato, el asistente chino del inspector Clouseau, todos los titanes del Consenso (pompón, charanga y guantes blancos) en defensa de lo único que une, en el Parlamento o en la Academia, a un español con otro:

¡A mí que no me toquen el cocido!
En la Academia, institución que cada vez recuerda más a “La linterna de Diógenes” del indio Alberto Guillén, andan ahora poniéndose como chupa de dómine por los derechos de autor… del Quijote, que, al decir de Pérez Reverte, reclama Paco Rico, el marido de Victoria Camps (no confundir con Victoria Ocampo), que ha puesto un estanco que despacha federalismo.

Y en el Parlamento, institución que paga bien y en sus fechas (“después de mí, las instituciones”, dicen que decía el General), los jefes de la partidocracia han puesto orejas de mistolobo al oír a Pablemos decir que en el Parlamento no se muerde.

Es difícil morder y hablar a la vez –dice el Psoe, que, con abstenerse, se anima como Hong Kong en fiestas.

Aquí se puede hacer pedagogía para la ciudadanía –dice la Esquerra, con su nómina del Estado monárquico petada de trienios en el bolsillo.

Si se sabe hacer, de aquí se puede sacar mucho –dice el PNV, y no hay que decir más.

Para hacer política están las instituciones, en la calle sólo se hace en las dictaduras –dice Ciudadanos, cosa, ay, que siempre la oyó uno decir, por no salirnos de la lengua, a la gente del General en España y a la gente del Comandante en Cuba.

Y es que en ninguna de las tres naciones occidentales con sistema representativo (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) sería concebible esta discusión con aforismos de panceta.

Un trozo de magdalena proustiana en el té de la Historia

 Souvenir de Haute-Sierck

Jean Palette-Cazajus 

En el cajón de un trastero de mi senil caserón, encuentro casualmente unas pequeñas cuernas de cérvido, sin duda un corzo, con su correspondiente fragmento de cráneo. Sobre la lámina ósea, unas palabras escritas a mano, “Souvenir de Haute Sierck, 6-10-39. Pierre.” La letra es buena; buenos eran los maestros y eficaz la escuela pública en la infancia de mi padre. Es parte de su vida y de la tragedia de Francia y Europa la que me salta a la cara inesperadamente en esta tarde otoñal. Acudo a Wikipedia. Me entero de que Haute Sierck es una pedanía de Kerling-lès-Sierck, un pueblo de 550 habitantes, prácticamente a caballo sobre las fronteras francesa, alemana y luxemburguesa. A diez kilómetros de un pueblo del Gran Ducado llamado Schengen.

 Ober Sierck 1905

Estamos en el norte germanófono, lo dicen los topónimos, del departamento del Mosela. Éste fue el fragmento de Lorena anexionado al Reich guillermino entre 1871 y 1918 y que pronto lo sería nuevamente durante cinco años. La foto actual, comparada con una vieja postal alemana de 1906, muestra a las claras que por el pueblo pasaron los dos huracanes bélicos. El 6 de Octubre de 1939, hacía poco más de un mes que Francia e Inglaterra habían declarado la guerra a Alemania tras la invasión de Polonia por Hitler. Era el principio de lo que en Francia se conoce  como “La Drôle de Guerre”, o sea la guerra extraña, la guerra de mentira, durante la cual ambos ejércitos iban a pasarse ocho meses sin pegar un tiro, mirándose con cara de póker. Por fin, el 10 de Mayo de 1940,  ya repatriadas de la Polonia desarbolada sus mejores unidades, Hitler decidió pasar a la ofensiva.

Haute Sierck hoy

Mi padre fue movilizado en 1939 como oficial en el Segundo Regimiento de Húsares. Los históricos húsares de Chamborant. El hombre era duro y lleno de certezas, “los niños se doman como los caballos”. Algún domingo, muy de tarde en tarde, sacaba debajo de la escalera una dorada botella de Jurançon “moelleux” para el postre. Podía ocurrir que olvidase un instante la adustez labradora y bearnesa para echarle a la cara de mi petulancia adolescente el lema del viejo regimiento: “Noblesse oblige, Chamborant autant”. Pero, en 1939, lejos quedaba el legendario dolmán marrón de alamares blancos, la pelliza ribeteada de piel negra, colgando chulamente del hombro, el  azul pantalón de montar con pasamanerías blancas y el airoso penacho rojo. Desde 1918, el propio sable de caballería ligera modelo 1822, modificado en1882, con su hoja curva a la “Montmorency”,  sólo era un adorno para alardes y desfiles. Su eficacia contra las ametralladoras alemanas no había convencido. De modo que, de triste caqui vestido, tocado con el prosaico casco Adrian y a la espalda el mosquetón de caballería, eso sí, montado todavía en noble y anacrónico équido, aburriéndose estuvo mi padre durante ocho meses de inútiles patrullas en la frontera. Con algún corzo de añadidura, los domingos, para mejorar el rancho...

 Húsar de Chamborant, El sueño de 1810

En las semanas posteriores al 10 de Mayo de 1940 lo apresaron con todo su escuadrón. Sabía que habían quedado copados por una unidad de Panzers en el claro de un bosque moselano, tras la ofensiva de las Ardenas. Tal vez cerca de esa aldea de Haute Sierck cuya existencia acabo de descubrir. Los alemanes, encantados de humillar a aquella tropa de hidalguillos trasnochados, los obligaron a permanecer montados durante horas en una noche gélida. Mi padre tuvo que ser hospitalizado con los pies helados. Esto lo libró del cautiverio en Alemania. Su comandante, a quien le unía una amistad hípica, consiguió del mando alemán que lo dejaran regresar a su pueblo, alegando que su único hermano también había quedado prisionero. Resulta que aquel comandante se llamaba De Castries y 14 años más tarde, ya general, iba a convertirse en el protagonista de la tragedia de Dien Bien Phu. De un error estratégico a otro, esta vez doblado de error político. No bien se terminaba la ocupación alemana de Francia, los descerebrados pretendían prorrogar la de Indochina. Prisionero de Hitler y luego de Ho Chi Minh, De Castries siempre mantuvo el tipo. A estas alturas era lo único que ya sabía hacer un oficial de caballería, ¡Chamborant oblige!

 La realidad de 1939

En 2003, los americanos y algunos españoles, que también naufragaron en la aterradora estolidez de la mirada de Bush, trataron de castigar el disenso francés  exhumiendo la supuesta bajada de pantalones de 1940. Veamos: la breve Batalla de Francia duró entre el 10 de Mayo y el 22 de Junio de 1940. Durante aquellas seis semanas murieron 59 000 soldados franceses y 123 000 quedaron heridos, proporción superior, por un mismo período, a las bajas de la Primera Guerra Mundial. Los muertos alemanes en el mismo período fueron 64 000, los ingleses...3500.

En cuanto a mi tío, se lo llevaron a “tomar las aguas” a Karlsbad, uno de los más históricos y románticos balnearios de la Mitteleuropa. Llegaba después de gente como Pedro el Grande, Bach, Goethe, Chopin, Marx, Wagner, Freud, por citar unos poquitos. Karlsbad, en el actual noroeste de la República Checa, pertenecía al llamado territorio de los Sudetos que contaba con importante población alemana. Su anexión por Hitler, consentida por británicos y franceses, fue la causa de los vergonzantes Acuerdos de Munich, el 29 de septiembre de 1938. En 1945 los Sudetos fueron reintegrados a Checoslovaquia mientras sus tres millones de moradores alemanes eran expulsados hacia la República Federal. Karlsbad pasaría a llamarse, en checo, Karlovy Vary.

Sables de caballería ligera, modelo 1822

Aparte de las aguas, pocas cosas podía tomar mi tío, internado en un “stalag” próximo al glamuroso balneario y que pasaría cinco años con las siglas KG, KriegsGefangener, prisionero de guerra, cosidas en la espalda. Al final de la terapia termal pesaba 37 kilos. Obligado al trabajo forzado, fue esclavo durante unos meses en una fábrica de la todavía prestigiosa porcelana del lugar. Le heredé un cenicero de estilo Rococó con paradójica evocación:  “Recuerdo del cautiverio”, “Septiembre de 1943”.

Un día de Abril de 1945, mi tío y sus compañeros de infortunio se despertaron con el silencio. Por primera vez en cinco años no ladraban ni los perros ni los “kapos” alemanes. A las pocas horas se presentó un oficial americano: “Estáis libres. Pero no os mováis de aquí. Esta zona corresponde a los soviéticos y los rusos se harán cargo en breve de vosotros.” Mi tío, profesor de instituto, era un militante socialista, visceralmente anticomunista y de los pocos que dieron crédito, en aquellos años,  a las numerosas informaciones sobre la realidad soviética. “No me fío un pelo de los rusos, yo me voy donde los americanos ¿Te vienes conmigo?” le dijo a un amigo. Ambos salieron del stalag, encontraron en las proximidades varios vehículos alemanes abandonados, alguno en estado de marcha, y se fueron hacia las líneas americanas.


Karlovy Vary hoy

Perdido en el caos de aquellos días cruciales mi tío tardó semana y media en regresar a Paris, viajando de día y de noche. Desembarcó por fin en la Estación del Este, por aquellas fechas un hormiguero de militares de todos los cuerpos y naciones, de heridos, prisioneros y deportados repatriados, o de enfermeras, gendarmes y familias en busca de sus deudos. Quiso la casualidad que se encontrara en el andén con uno de sus antiguos colegas. “¡Menos mal que pude librarme de los soviéticos!” vino a decirle o algo parecido. A lo que el amigo puso cara muy alarmada: “No hables tan alto, que aquí se están haciendo los dueños”. Conjurar el peligro comunista sin apenas enfrentamientos, no fue el menor mérito de De Gaulle en aquellos meses.

Por cierto, los compañeros de cautiverio de mi tío tardaron muchos meses en regresar a Francia, retenidos entre la paranoia estalinista y su explotación como moneda de cambio...

Souvenir de captivité. Septembre 1943

Jueves, 20 de octubre

Valle de Esteban

-La guerra es uno de los ámbitos en que uno redescubre los sonidos primordiales; por ejemplo, el de la brisa, que va y viene vagando por los campos con pasos cada vez más ligeros, cada vez más apagados. No hay melodía más honda que ésta.
Ernts Jünger

miércoles, 19 de octubre de 2016

Se explica el cronista


Hughes
Abc

Un fragmento de mi crónica del Madrid-Legia ha molestado en Podemos. El párrafo es éste:

El Madrid tenía la consistencia de un argumento de Rita Maestre. Era hermoso, afilado, zurdo, pero liviano y banal.

Se ha quejado públicamente alguna mujer definida a sí misma como “partisana”, Rita Maestre, el ínclito Monedero, Espinar (que siempre me recuerda a aquella canción de Soundgarden, pero alterada: “Black Hole Son”) y no sé si alguien más.

Agradezco aquí a los amigos y lectores que han hecho un comentario de defensa. Pero incluso en muchos de ellos percibí un equívoco. Los cinco adjetivos (excesivos, lo sé) no son para Rita, sino para el Madrid. Me sorprende la confusión porque, precisamente, están en masculino (¿estamos ya en la dislexia de género?)

Estrictamente, yo comparé los argumentos de Rita Maestre con el juego del Madrid, con su centro del campo, que es de lo que se venía hablando. Es el centro del campo del campeón de Europa, con lo que tampoco está tan mal. A lo mejor se tenían que haber enfadado los madridistas. Rita Maestre habla con optimismo de “prejuicios cavernícolas”. Tristemente, son juicios formados y contrastados.
¿Por qué Rita y no Echenique? La crónica deportiva se hace en tiempo real. Se escribe entre la urgencia y el lugar común, que es siempre radiofónico. Por eso la crónica tiene tan difícil su lugar: dispone de un tiempo por y para la tele y la radio, y ha de recuperar su autonomía como género. No se puede escribir como hablaba Gaspar Rossety. Yo, personalmente, me dejo la salud en ello. Con resultados humildes, es verdad.


El centro del campo del Madrid, larguísimo, fino, más largo que ancho, me traía a la cabeza la palabra “oblongo”, que se suele tener por lo contrario. En el vértigo de la segunda parte pensé que para evitar esa confusión lo mejor era descartar la palabra.

Pero se me quedó el “oblongo” en la mente y algo parecido a una figura de Modigliani en la finura de las zurdas de James y Asensio jugando en largo como un cuerpo extenso y fino, lo que me hizo recordar las manos de Rita Maestre exponiendo sus argumentos desfallecientes. Argumentos que quisiéramos (ay) que fueran los nuestros, pero que están heridos de muerte por la inconsistencia podemita. No es descartable que Rita, junto a Errejón, que es como un falangista de New Balance, formaran un partido de derechas, pero por el momento es lo que hay.

Y así escribí lo que escribí:

“El Madrid tenía la consistencia de un argumento de Rita Maestre (Escasa. Y aquí, escribiendo del Madrid, con el recuerdo de Rita proyectándose y alejándose a la vez, una Rita enorme, hecha toda extensión en el campo, con James y Asensio como dedos llenos de delicadas falanges, los adjetivos fueron volviendo al Madrid, quizás aún con un vago recuerdo de ella). Era hermoso, afilado, zurdo, pero liviano y banal”.


No entender esto no es ser una pseudofeminista estalinista de ratón y comando tuitero, que también, sino carecer de la más mínima comprensión lectora. Creo que es un problema actualmente. Es muy difícil comprender y aún más ser comprendido.

Por otro lado, el feminismo, o mejor, su vulgarización, pues el feminismo es algo digno de estudio y consideración, se ha transformado en España en una policía moral aberrante que puede arruinar la reputación de cualquiera si en sus frases hay algún referente femenino susceptible de ser herido. Si el referente femenino es del otro lado dará igual porque funciona como un chantaje y como un lenguaje de poder. De Rita Barberá puede decirse todo; de Rita Maestre, casi nada. Hay que entender el enfermizo humor negro de un concejal, pero no la adjetivación de un pobre cronista.
Ejemplos hay para aburrir.

El caso de Rita Maestre es espectacular. Irrumpió en una iglesia con el célebre “Menos rosarios y más bolas chinas”, que es un grito cuya pertinencia y libertad se quiso justificar luego ante el juez.
¿Podría yo hablar de esas bolas chinas, por ejemplo, retomar ese delicado tópico? Seguro que no. ¿Podría yo, habiéndolo usado ella, traerlo a colación, preguntar hasta cuándo va a estar Rita Maestre sacándose de su mismísimo centro esas bolitas, una tras otra, como pañuelos se saca el mago de la chistera?

Claro, esto se consideraría machista, pero… ¿y cómo la consideramos entonces a ella?

O sea, y perdónenme, ¿ella puede poner su potorro en el altar y yo no puedo decir que su argumentación es inconsistente y el Madrid liviano y fino sin ser insultado por representantes públicos?

Muchas mujeres acuden a estas polémicas a juzgar, a levantar o bajar el pulgar. ¿Qué las faculta para juzgar? ¿Ser mujer? El reo espera a que se sientan o no ofendidas, en virtud de una personal sensibilidad (debidamente halagada) que bien pudiera estar perturbada. Lo de los socialdemócratas consortes varones es aún peor (reciente está la polémica de Trump). Su hipocresía y abyección viril es tan grande que acuden los primeros con el hierro candente del inquisidor.

Pero nótese que no hablamos de categorías penales, sino de una pura corrección política que decretan unos cuantos con métodos tecno-demo-igualitarios, es decir, con linchamientos.com. Esto no se queda en el mundo podemita, se extiende y avanza imparable y por ello ha generado una prosilla periodística de gineceo que busca congraciarse con la mujer lectora mayoritaria viendo ultrajes a lo femenino en todo.

Esto viene a ser otra fenomenal máquina de producción de ostracismos.

Podría extenderme en la naturaleza política de estos individuos, en su pasado y en sus usos organizativos, no precisamente respetuosos con el tan predicado feminismo, aunque sí diré que, puestos a jugar a esto, Podemos me parece un partido más bien machista, con líderes (alfa y alfa prima) alrededor de los que gravitan, con impropia cercanía, coros femeninos bien subordinados.

En Podemos tienen además la costumbre de criticar a la prensa. No llamando al director, como todo el mundo, sino con megáfonos. Recientes están las palabras de Maestre a Hermann Tertsch o las de Iglesias a colaboradores de El País. Rita Maestre ostenta además un cargo público en mi ciudad. Son personas que no han acreditado aún una mínima urbanidad.

La Fundación

Willi Münzenberg, nuevo campeón del periodismo americano


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Una vecina preguntó a John Adams, que era el “establishment”, qué se ventilaba en Filadelfia, y él contestó: “¡La república de las leyes!” Si una vecina preguntara al cocinero de Obama (José Andrés, español y Medalla Presidencial de las Humanidades… “¡por cultivar nuestros paladares!”) qué se ventila hoy en Washington, podría contestarle: “¡La Fundación Clinton!”

La Fundación Clinton es la casa de la socialdemocracia americana, todavía más macartista que la europea, y que se lo digan a Trump, a quien se ataca como en el Londres del 17 a Bertrand Russell por llevar la contraria al “establishment”:
Los más feroces –anota Russell en sus memorias– eran las viragos, armadas con tablas de madera llenas de clavos oxidados.
El “establishment” de la Fundación Clinton son los millonarios y esos “subvencionarios” sobre quienes los primeros derraman su filantropía, costeada por los impuestos de la clase media (“blancos y fascistas”, al decir del periodismo “engagé”), ya arruinada. Este “establishment” lo defiende un periodismo cuyo norte no es Joseph Pulitzer, sino Willi Münzenberg, que se sonrojaría leyendo el tratamiento periodístico de la información de Wikileaks.

En el fondo, el auténtico escándalo de Trump es su promesa de Bajar los Impuestos, el gran torpedo contra la línea de flotación socialdemócrata, cuyos beneficiarios (millonarios y “subvencionarios”) chupan como abejorros.

El futuro que planea la Fundación Clinton son ocho años de Hillary más ocho de Michelle (la humanista de José Andrés) y otros ocho de Chelsea, la chiquilla, broche de “The History of the Decline and Fall of the American Empire” que busca un Gibbon que la cuente. Y los republicanos, mientras, cantando salmos. Dado que la corrección política es un macartismo que únicamente se aplica a ellos, sus candidatos deberán ser criados célibes como el Dalai Lama (ver “Kundun”, de Scorsese). Trump sólo es una siseante bengala en las “Tempestades de acero” de Jünger.

Miércoles, 19 de octubre

Valle de Esteban

-El Estado, que nos exime de la responsabilidad, no puede librarnos de la aflicción; éste es un asunto que hemos de dirimir nosotros mismos. La aflicción penetra hasta las profundidades de nuestros sueños.
Ernst Jünger

martes, 18 de octubre de 2016

Confórmate con los Underwood



Hughes
Abc

A riesgo de que me llamen facha o populista (oírlo desde los dos lados debe de sonar como ¡fachalista!), no puedo dejar de expresar aquí mi desconcierto personal con lo que estoy leyendo y viendo sobre la campaña electoral americana.

Quizás sea la edad, pero me parece el hecho político más fascinante de los últimos años. Si lo pensara yo no tendría ninguna importancia (¡quién es uno!), pero se lo leo a gente muy digna de interés en Estados Unidos.

No, no hablo del NYT, ni del New Yorker. Llevo unos años, muy pocos, en el mundillo periodístico y he detectado el equivalente a lo que en Gran Hermano se llama “hacer carpeta”, pero con las portadas de esta revista. Una especie de delectación absurda en estas portaditas impropia de gente adulta.

Dicen los que saben que esto deja el Watergate en un tejemaneje de concejal de obras. Y puede ser.

En los últimos tiempos me ha escandalizado la rapidez con la que Trump ha sido comparado con Hitler. La pereza intelectual y la inmoralidad detrás de esto me producían espasmos, auténticos espasmos. No se ha recogido con profundidad ni una razón que pudiera a explicar a Trump. Ni personales, ni biográficas, y mucho menos ideológicas. La realidad de que un segmento de la población, por primera vez en décadas, viera descender su esperanza de vida o incrementado a niveles espectaculares el consumo de drogas no interesaba a la prensa. Ni un intento por explicar las raíces históricas del proteccionismo americano. Ni las poderosas raíces con la tierra y el pasado de la respuesta local a lo global. Nada.

“Xenófobo, misógino, nazi…”

Hay quien dice que Hillary sublima en Trump su odio al marido. “Está llena de odio”. Casi podría decirse que lo extiende a todo hombre blanco. “Los deplorables”. Habla para minorías y para la mujer. A Trump no le apoyan ni los latinos, ni los afroamericanos, ni las mujeres… ¿Entonces, quién lo sostiene, si la prensa no es?

Stone habló de nuevo Mccartismo. Violación de la intimidad, caza de brujas sobre el patrón de un comportamiento heterosexual. “Avances sexuales indeseados”. No puedo extenderme, pero esto inhabilitaría a media América y otra media Europa.

Sobre la base de un modelo grotesco (Trump) se ha extendido una policía moral. La corrección como economía autoritaria de la moral, grifo de legitimidad que se abre y cierra a gusto e interés propio. He vuelto a leer en periódicos la expresión “comportamiento lujurioso”. La lujuria ha vuelto. Se ha escrito que Trump no puede ser presidente por “pulpo”.

Pero ni siquiera es eso, y perdónenme la rapidez y el desorden, ni siquiera es esa pobreza de despacharlo todo como “nazis yanquis, basura blanca siguiendo a Trump”.


Es el tratamiento de la campaña, su asimetría, lo que me ha parecido escandaloso hasta el insomnio.

Se difunden unos vídeos editados en los que seguidores de Trump provocan altercados y empujan a personas de color. Se retuitean, se los quiere viralizar. Pero estos días salen investigaciones, vídeos, en los que personas vinculadas a la campaña demócrata orquestan provocaciones para despertar reacciones que luego puedan ser calificadas de “nazis”. Nada se dice de eso.

¿Se escribe aquí de los emails de Podesta y de la explícita fabricación de testimonios femeninos contra Trump sin que importe la prueba?

Como nada se cuenta, o se cuenta poco, mal o muy tarde, de las evidencias, no sobre el pasado sexual de Bill, sino sobre las actitudes de su esposa al respecto. El feminismo, o ni siquiera eso, que el feminismo es más serio, el oportunismo de género, mira a otro lado. Mientras tanto, se recluta a mujeres (¿existe el “tonta útil”?), Mujeres de la Cultura, que son como sacerdotisas de ahora, para expresar una indignación de género (“género macho”, escribió una) con la que reprobar a Trump por una fanfarronada privada.

¿Qué clase de miserable estupidez es esta? Trump es populismo, nos dicen, ¿pero qué nombre adopta la Alta Política cuando combate algo así? No hay un nombre para la campaña de Clinton ni su entramado.

Wikileaks ha sido lo penúltimo. ¿Se han señalado tan siquiera las evidencias sobre una colaboración directa entre los medios de comunicación y Hillary, incluso sobre las aportaciones personales de los periodistas a su campaña? ¿Nos llegan los escalofriantes rumores que nos hacen recordar que Doug, de House of Cards, era demócrata? Se ha desatado la delirante conspiranoia americana, un género en si mismo (oh, amado Pynchon), pero esta vez es de derechas, como es de derechas (nos entendemos) la protesta hacia los resultados de la globalización.


¿Alguien ha leído algo del apócrifo “drone him” -¿leyenda, realidad?- o la razón de que Assange se quedase sin internet? ¿Ha colaborado el actual gobierno en ello? ¿O sobre las relaciones entre la Fundación Clinton y su labor en la Secretaría de Estado o sobre los miles de emails borrados o el servidor destruido? ¿Se han cuantificado las aportaciones de ciertos gobiernos? ¿No puede ser presidente de EEUU un hombre que se metió con una miss, pero sí una Secretaria de Estado que trató así la información confidencial? ¿Hay una nueva definición para el cohecho si el regalo llega de Qatar? ¿Contribuye a la paz mundial la vieja e irresponsable retórica de la guerra fría?

Aunque esto llevara a Putin por un lado, y a Soros por otro (seria casi digno de Le Carré encontrar que por ahí se llega a otro populismo más cercano),… ¿no debería entrarse a fondo, o por lo menos un poco?

Hablo de leer seriamente. No quiero conformarme con los Underwood.

Trovadores

Tezcatlipoca

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Rita Maestre, portavoz de Madrid, ha llamado, con lirismo de ameba, trovador (“uno de los más inteligentes trovadores de nuestro tiempo”) a Bob Dylan, Nobel de Literatura 2016.
Como Zorrilla en el entierro de Larra (“…como una virgen al placer perdida / cuelga el profano velo en el altar…”), Rita, la cantaora municipal, se dio a conocer políticamente en una capilla universitaria con candor criminal (“arderéis como en el treinta y seis”) y lésbico (“el Papa no nos deja comernos las almejas”), conquistando el corazón de la joven y lírica sociedad madrileña, que la llevó al Ayuntamiento como los aztecas al mancebo del sacrificio en la fiesta de Tezcatlipoca, dios de la realeza.

Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor –cantaba el trovador.

Cual Francisco Rico de la trova, Rita sitúa a Bob Dylan entre el colombiano Ricardo Arjona y el cubano Silvio Rodríguez.
Arjona canta a la menstruación (“de vez en mes te haces artista / dejando un cuadro impresionista / debajo del edredón”) como Rodríguez a la Revolución.

Silvio era lo más necio de nuestra nación, incluso antes de hacerse parlamentario y dueño de una disquera y ciudadano del Cono Sur –anota (“Del clarín escuchad el silencio”) Orlando Luis Pardo Lazo, el Virgilio más indicado para quien desee transitar hoy el infierno eternamente castroterminal.

Para una “silvia” de varia lección: "Silvio nos daba un asco discográfico más allá de lo racional. .. Silvio era lo que no éramos en tanto generación de 'degenerados'... Cuando Fidel murió por primera vez, Silvio telefoneó a la Plaza de la Revolución para ofrecerse a cumplir la misión musical que fuera necesaria en una Cuba con Cadáver en Jefe... Deshabitamos como pueblo la paz póstuma de una habana habandonada, con h que hiede a los himnos numismáticos de los hijos de los hijos de p…"

Y aquí, Rita, doncella (emo) de Orleans sin Schiller, trovando tributos por los cajeros.