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viernes, 28 de noviembre de 2014

El tontaco del día


Luego el torso y las caderas adquieren con el movimiento rítmico una especie de mecanicidad voluptuosa, un tembloteo de odalisca, de rumba automática. La cabeza erguida al aire, los ojos bien avizores, las narices dilatadas por el viento, las mejillas encendidas por el esfuerzo. La elegancia y la energía aceptan la bicicleta como uno de sus mejores pedestales. Y también la voluptuosidad.
Ernesto Giménez Caballero

E. L.