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martes, 29 de noviembre de 2011

Madrid-Taiwán, 28. La rueda de Gallardón

La rueda que amenaza

Pepe Campos
Kaohsiung

La vida rueda y Gallardón también. Después de haber dejado Madrid en manos de los ‘impíos’ ciclistas de la era globalizadora -en versión carpetovetónica: una ciudad sin normativa- en cumplimiento de su promesa de situar la capital de España a la altura de los tiempos -en sintonía con la juventud mejor preparada de la historia, por sus másteres, formas y botellones/que quedará en manos de Botella-, su figura, la del gurú de la bicicleta -Gallardón-, se plantea rodar -puede que así sea- hacia las elevadas esferas de la Nación, donde podría seguir su ideal de aposentar al Dios del Neumático Ciclístico donde le corresponde, en el Solar -actual- Patrio.

La rueda viajera de Gallardón ha logrado consolidar la amenaza sobre el peatón. Una rueda que aparece en la acera desde cualquier punto cardinal.

-¿De dónde vendrá la amenaza? -se pregunta el paseante, no alienado, cuando camina -crítico con el mundo de carril y ruedas que nos circunda-.

-¿Por dónde aparecerá la rueda -en la acera de las calles- que apunta a la cerviz del paseante, como garrote vil, implacable, que se sitúa a la altura del hombre que quiere ser libre mientras pasea?

Ecología moderna que pretende conducir al redil cualquier vislumbre de libertad antigua, no progresista, que sea insolidaria con una ocupación de la calle que intimida, que coarta, que dirige vidas.

Dura convivencia. La de la rueda y la del hombre en la acera. Una cohabitación que eliminará el despiste, el albedrío, de quien camina y disfruta de la ciudad o transita por sus propios espacios personales, sin preocupaciones, al recorrerla. Coexistencia -hombre/rueda/acera- que dirime desigual contienda -una refriega en la que se intentará esquivar el turbio encontronazo, antes sólo humano [-Pero a dónde va/ -Perdone, iba despistado]-, entre el hombre y la máquina [ora cruento].

Así, una huída de la colisión, librada, ahora, para el hombre ante la rueda, manteniendo una línea de comportamiento al caminar en la acera, al seguir paso a paso una raya imaginaria. La raya de la salvación que al caminar aísla del ciclista que merodea, rodea, serpentea, al caminante, para reconducirlo, llevarlo, guiarlo, amaestrarlo, sosegarlo, en definitiva, putearlo.

Es la nueva democracia ecológica y globalizadora, impuesta a punta de rueda, a base de pinreles, a golpe de pedal, en carriles agallardonados. Circuitos que conducen a la nada, que enredan la vida, que ruedan y putean. Que dilatan el aburrimiento del hoy. Ese tiempo que sobra porque no hay nada más que aprender, ni nada en qué pensar. Pues las generaciones mejor preparadas han alcanzado la cima del conocimiento con másteres, pinreladas y chancletadas. Sendas ideológicas y velocípedos. Saberes superiores para cercar a descreídos ciudadanos. Nueva modernidad. La amenaza de la rueda. La rueda de Gallardón.

Pasan

Han pasado

Paso sin fin

Pasar

Por doquier

Un dominio

Un dejarse ver

Al frente

De frente lateral

De frente lateral centrado

Según viene la cosa

Pesadilla

Una mirada