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miércoles, 30 de junio de 2010

Bogavantes con arroz (no al revés)

Y de postre, unos gambones para ponerles un piso

José Ramón Márquez

Para celebrar su cumpleaños, Florencio Iraberri se ha venido hoy con todo el equipo que les ha comprado a los chinos del Cobo Calleja de Fuenlabrada y con las cosas del mar que se ha traído de Mercamadrid. El resultado, pasado por las manos de José Sancho, ha sido un arroz con bogavante(s) que nos ha entonado el día y un postre sorpresa.

Lo primero que hizo Jose fue freír ajos y un par de guindillas. Cuando los ajos ya tomaban color, sacó las guindillas y echó a freír un buen plato de cebolla troceada. Estuvo un buen rato rehogándola, y cuando vio que ya estaba a punto echó a rehogar otro buen plato de tomate cortado en trozos pequeños. Así lo tuvo sus buenos diez minutos. Luego echó un poco de pulpa de pimientos choriceros y otro plato de trocitos de calamar muy picados, dio unas vueltas en la sartén a toda esa mezcla y luego añadió un caldo que habían estado haciendo antes de llegar yo a base de morralla, puro sabor a mar.

Cuando el caldo se puso a hervir, echó un kilo de arroz y cuando volvió el hervor pusimos en el líquido los bogavantes cortados por la mitad. Coció todo aquello el tiempo que Sancho estimó oportuno y, después de darle un reposo adecuado tapando el guiso con el preceptivo papel de periódico, nos dispusimos a dar fin de tan suculenta creación, cuyo resultado final rayó a gran altura. Caldoso y sabroso.

Simplemente con unas trébedes y una botella de gas butano, con conocimiento y sentido común, con la mejor materia prima, con una sartén de asas de los chinos y un cuchillo cebollero fabricado por el propio cocinero, se guisa para una docena de personas tan ricamente y sin que en ningún momento del proceso salgan a relucir los términos ‘juliana’, ‘emplatar’ o ‘farsa’, que es justamente lo que más hay alrededor de la cocina.

Como postre, y para no desmerecer, aparecieron unos espectaculares gambones a la plancha que preparó Isidoro. Perfectos.

Ahora, después de atacar al mar, quedamos a la espera del descaste de los conejos, que está a la vuelta de la esquina, para volver a darle alegría a la sartén de asas con algo de monte.