sábado, 26 de junio de 2010

José Tomás no quiere a Frascuelo

Frascuelo, en maravillosa instantánea de Paloma Aguilar



José Ramón Márquez

Dice Frascuelo:

-Lo de ser figura del toreo no me preocupa. No me considero una gran figura, pero tampoco menos torero que nadie. Sé que cuento con el cariño y el respeto de la afición; por eso, lo único que me preocupa es disfrutar cuando toreo, pero no por la idea de ser figura del toreo. Creo que si yo mismo dijera que soy figura, sería muy vanidoso, y yo no me considero una persona vanidosa en absoluto. Lo que sí me gustaría sería triunfar el día veintisiete para poder demostrar la dimensión real de mi toreo, y si de esa manera conseguimos hacer más aficionados, pues mejor todavía.

Dice Salvador Boix:

-José Tomás és el torero més gran de la història, sense cap mena de dubte. I et parlo dels que he vist i dels que no he vist. Al llarg de la història hi ha hagut grans toreros: era estètic, BelmonteEl Gallo era molt tècnic i Manolete tenia molta personalitat. En el cas de José Tomás es concentra la història del toreig sencera [...] Per raons diverses: Té el cap privilegiat, recursos i un valor inaudit. Fa honor al que és l'essència de l'art de torejar: consisteix a enfrontar-se a una bèstia indòmita, donant-li el màxim avantatge, i el torero es reserva el valor i la tècnica per dominar la cosa caòtica del toro. I es guarda també la capacitat de transcendir la qüestió tècnica i, a través de la virtut artística, emocionar. Té un compromís ètic que el fa jugar-se la vida amb una puresa que m'era desconeguda. El toreig és una qüestió de compromís d'algú que es juga la vida voluntàriament per sotmetre els imponderables. Això ens remet a la condició humana: la supervivència per sobre de les forces indomables. Per això, un s'emociona quan veu José Tomás. No és un ball folklòric.

***

El omnipotente, el ‘més gran de la història’, no quiso que le pusieran por delante en San Isidro al humilde Frascuelo. Prefirió a Fundi, que estorba bastante menos. Porque esos treinta y tantos años de alternativa en las espaldas de Carlos Escolar, con ese cuerpo cosido por las cornadas y las puñaladas de la mala suerte, no sirven ni mucho menos para conjurar el terror secreto del ‘més gran’ de que este hombre de sesenta y tantos años, al que conoce bien, cuaje un toro y desmonte por derecho el chiringuito del que ‘concentra la historia del toreo’, poniendo sobre el albero solamente la verdad del toreo puro, del gusto elegante y de la torería sin afectación ni alardes.

Y eso a despecho de todo, del éxito que nunca llegó, de los reveses de la fortuna, del maltrato, y que vuelva a dejar una vez más sobre la arena blanquecina de Las Ventas la sobriedad de sus naturales, la hondura de sus pases de trinchera, la demostración de la forma de torear andando y de los pases de pecho con todo el pecho por delante; del toreo que se justifica por sí mismo en cuanto toreo y no precisa de desmayos ni alardes para ser comprendido.

Acaso sea Frascuelo el último eslabón de una forma de ser torero, de cuando todos los toreros, o al menos los buenos, eran así. Un fin de raza, este Carlos Escolar, que vuelve mañana a su plaza, fuera de la Feria por asuntos desgraciados de despachos, y que con un poco de suerte mañana mismo, y mira que es difícil, nos volverá a traer el regalo de su toreo, que es el Toreo.

Su inquebrantable torería se rebeló hace unos meses contra el tinglado taurino, al ver cómo se le volvía a expulsar del circuito, retando a José Tomás a un mano a mano en Las Ventas, Pulgarcito frente al Ogro, para que los taurinos profesionales se riesen, sin duda. Hoy mantiene su oferta el viejo torero, pero no sabe que José Tomás ya no podrá nunca recoger su desafío porque ‘el més gran’ no va a volver a pisar un ruedo jamás.