domingo, 24 de julio de 2022

"Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre"

 DOMINGO, 24 DE JULIO



Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo:
 

-Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”.


Y les dijo:


-Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquél le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?
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Lucas (11,1-13):

sábado, 23 de julio de 2022

Edgar Neville, el novio de la Envidia


Edgar Neville, por Menéndez Chacón


ABC AL PASO

El novio de la Envidia

EDGAR NEVILLE, EL “BON VIVANT” DE 

LA ÚNICA GENERACIÓN HUMORÍSTICA QUE DA ESPAÑA


Ignacio Ruiz Quintano

 

Edgar Neville, un hombre criado, al decir de Ramón Gómez de la Serna, con biberón de leche de elefante traída de la India, nace novio de la Envidia.

La envidia mediterránea, esa enferma siniestramente pálida que describe Ovidio, es, en palabras de nuestro único pensador político, “un subproducto moral de la competencia en la miseria”: por los puestos funcionariales en el Estado, por la influencia familiar en las colocaciones y por la buena fama en las reputaciones.

La envidia calumnia las buenas famas pare reducir la competencia por un salario en la “covachuela”. Es nuestro modo de lucha por la existencia.

Hijo de ingeniero inglés y de aristócrata española, de quien hereda el título (Conde de Berlanga de Duero), nace Neville el Día de Inocentes del 99 y muere –víctima de la bulimia– el Día de Cervantes del 67 (“¡Lástima! Ahora que estaba en los huesos”, es su epitafio), pero los ratones de la “covachuela·” llevan todo el siglo veintiuno royendo papeles para determinar si Edgar Neville es digno del callejero de Madrid.

Ya tenía perro, chalé, coche, piscina, amante, secretaria y mayordomo, cuando los demás teníamos café con leche –lo resume Fernando Fernán Gómez en su charla “El dandy en la taberna”.

Neville es el “bon vivant” de la única generación humorística que da España (¡el otro 27!), con José López Rubio, Tono, Jardiel, Antonio Robles, Mihura… Inglés y conde, El Pilar, hockey sobre hielo, La Granja, Biarritz, París, Hollywood, Chaplin, cine, la Metro, Washington, diplomacia, Conchita Montes, Marbella, flamenco, Belmonte, toros, coleccionista de arte, la vaca María Emilia, tacaño… En septiembre del 63 pide, a mano, un aumento al director de ABC.

:

“Querido Torcuato: Decididamente soy el elemento jovencísimo del periódico, mi apertura al mundo dolce y mi morgue espagnole…

”Una inmensa riada de lectores va conmigo y arrolla a los contrarios e incontables. No crees tú que después de tantos años me debías de subir el sueldo y darme mil pesetas en lugar de las 450 de ahora?

”Ten un buen movimiento de brazo y piensa que esa cantidad me la dejo al mes en ABC, otra vez, poniendo éste o el otro anuncio.

”Cela reviens au même.

”Un abrazo.”


Es el mismo Neville que en el 29, siendo corresponsal de ABC en Hollywood, publica su encuentro con Charlot (“la abuela de Charlie fue española, y él tiene sangre gitana”) en el baño turco de Douglas Fairbanks.

Políticamente es inclasificable, pues se mueve en el veletismo del “bon vivant”: militante de Izquierda Republicana y de Falange Española, además de devoto del siniestro Álvarez del Vayo, un socialista que, cuenta Camba, iba por Londres gritando “¡Bigopardo!” (“I beg your pardon!”) a cualquier inglés con el que tropezara, inglés que muchas veces, viendo venir juntos el tropezón y el insulto, llegaba a las manos.

En los 80 unos amigos revisitamos el cine de Neville, y trato de incorporar a Conchita Montes a la sección “Gente y Aparte” de ABC, pero ella no ve la hora de ponerse al folio, y sólo nos escribe cartas divinas.

 

Edgar Neville
[14 de Agosto de 2020]

Defensores del Monte de Venus: No al afeitado

 
Al hilo de...

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NO AL AFEITADO



Vía Ricardo Bada

[Una amiga me envía esto desde Colombia :

No sé quién escribió esto... pero estoy de acuerdo, y además me reí mucho leyéndolo.
Soy fémina con monte de Venus... y no quiero dejar de serlo.
Saludos
]





Rodrigo Maya Blandón



Una cuca afeitada es como una ostra: insípida y horrible
Henry Miller, Trópico de Cáncer


Centenares de hectáreas de monte de Venus son inmisericordemente taladas cada día por millones de féminas que, armadas de terribles “Prestobarbas”, mejor llamadas prestobárbaras, convierten en desierto ese oscuro objeto del deseo que el poeta Rafael Montesinos describe como “... esa ensortijada gracia oscura/ cárcel de luz, recóndita angostura”.

Esta práctica aberrante, que atenta contra la estética, el erotismo y la sensualidad, nos ha llevado a un grupo de varones a constituir una organización no gubernamental (ONG) que hemos denominado “Defensores del Monte de Venus”, cuyo objetivo fundamental es evitar la tala despiadada de esa zona que el rey Salomón en su libro bíblico El cantar de los cantares, capítulo 8, versículo 14, define metafóricamente así: “Corre, amado mío, corre como un venado, sobre los montes llenos de aromas. Tu ombligo es un ánfora donde no faltan vinos aromáticos. Tu vientre, un haz de trigo rodeado de azucenas”.

Estos hermosos cantos del rey Salomón no tendrían hoy fuente de inspiración. El panorama actual es aterrador. Las prestobárbaras han convertido el monte de Venus, inspiración de poetas y cantores, en desérticas dunas. Esa zona que a mediados del siglo XX inspiró al poeta uruguayo Ángel Facal para decir: “... y tu vientre es una ofrenda/ de los más dulces venenos,/ donde florece la felpa/ en un triángulo perfecto”, ha perdido su encanto y apenas los Defensores del Monte de Venus estamos encontrando las causas.

Hemos descubierto que esta práctica empezó tímidamente con el acortamiento del bikini. El monte de Venus le fue cediendo espacio a la prenda invasora y las mujeres fueron reduciendo el tamaño del geométrico espacio del armiño. Matemáticamente la ecuación se fue configurando: a menor tamaño del bikini, menor tamaño del área sembrada del monte de Venus. Hasta ahí, la cosa era aceptable. Pero un día, por reducción al absurdo, el bikini se convirtió en tanga y entonces el espacio para el peluche en el monte de Venus se redujo a cero, con las tenebrosas consecuencias para la estética del cuerpo femenino desnudo, del erotismo y de la sensualidad.

Un monte de Venus talado comienza a sufrir una metamorfosis que todos los días atenta contra la estética y el erotismo. El primer día de la tala su apariencia es rosada y podríamos decir, con mediana ternura, que es como el “cachetito del Niño Jesús”. Los Defensores del Monte de Venus las hemos clasificado como Cucas Barbies, por plásticas e insípidas. Tres días después de la catástrofe ecológica, el “haz de trigo rodeado de azucenas” del rey Salomón adquiere la apariencia de un cachete de trompetista sin afeitar, con el agravante de que los folículos de los vellos están enrojecidos como volcanes a punto de eruptar. Este aspecto las ubica en la categoría Cuca Galeras. Su color rojizo no provoca ni la vista ni el roce de la mano. Al quinto día, la cúpula de estos volcanes se ha tornado blanca y las clasificamos como Cuca Nevado. Su apariencia gélida inhibe el beso tibio. De ahí en adelante va configurándose la que denominamos Cuca Erizo, porque sus púas convierten cualquier tipo de acceso carnal en una sesión de tortura. Hacerle el amor a una mujer en esta etapa es como fornicar en el catre de un fakir.

La sensualidad, que es la manera más rápida, efectiva y agradable de encontrar la felicidad, ha recibido un rudo golpe de parte de las “Taladoras del Monte de Venus”. Para el sentido de la vista, este triángulo equilátero ha perdido su encanto y los voyeristas están a punto de la sublevación. El sentido del gusto no soporta el disgusto de una Cuca Barbie, al del olfato le cambiaron los “montes llenos de aromas” por dunas desoladas y el noble sentido del tacto ha perdido su vellocino de oro, su vértice de visón, y ahora sólo cuenta con un desfiladero de espinas y de púas, al que cualquier carnicero compararía con una banda de tocino. Un monte de Venus acometido por el viento es música de hadas para el sentido del oído. A monte de Venus talado, oídos sordos.

Ante esta situación insostenible, los Defensores del Monte de Venus hemos iniciado una cruzada mundial contra esta práctica aberrante. El primer paso será de persuasión. Pero si fracasamos, vendrán terribles castigos para las taladoras. En adelante, la tala del Monte de Venus será causal de divorcio, de rompimiento de noviazgo, de no pago en prostíbulos, de exclusión del portafolio de chicas prepago y de expulsión del reinado de Cartagena. Finalmente, la que persista en esta antiestética práctica será condenada a la del Desprecio, que es aquella que ejecuta el verdugo con la lengua del zapato.

¿No será esta tala de montes…, una de las causas del recalentamiento global?

Pues no esperemos a comprobarlo, actuemos con decisión y exijamos el retorno a la naturalidad.

[elmalpensante.com]

[6 de Abril de 2010]

Sábado, 23 de Julio

 


De la noche a la mañana voy
sacando lengua a las más mudas equis

viernes, 22 de julio de 2022

Qué se puede hacer

 

Ellas


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El hallazgo “soberano” de Montesquieu no fue la separación de poderes, que nunca acabó de ver ni de entender (los Founding Fathers, inspirados en él, hicieron casi lo contrario), sino la constatación de que a un poder sólo lo frena otro poder, ese “otro poder” que nunca hemos tenido en España, donde el poder siempre es uno y soberano, entendiendo por soberanía el poder que decide en una excepción. Contra eso ¿qué se puede hacer? El "pueblo soberano" (risas enlatadas), nada.


    Para Schmitt, “la excepción en jurisprudencia es análoga al milagro en teología”, y el caso es que aquí, donde “el confinamiento nunca existió”, vivimos de milagro, pues desde 1808 vivimos en permanente estado de excepción. El chauchau del estado de la Nación es seguir mascando el chicle de Ortega:


    –La España oficial consiste en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación.
    

¿De qué Nación hablan los partidos, una vez que las “nacionalidades” se han comido la conciencia nacional de España? Pero a Feijoo, que asistió de oyente al “debate” (destocado, para que nadie lo confundiera con “The Q Guy”, el chamán con cuernos de bisonte que entró al Capitolio), le urgía eliminar de la Constitución, no “nacionalidades”, sino “disminuidos”, porque “nadie lo es”.


    De un español es la frase más extremada, según Schmitt, del siglo XIX: “Llega el día de las negaciones radicales y de las afirmaciones soberanas”. Tres veces, según el TC, negó Sánchez la Constitución (las mismas que otro Pedro negó al Señor) en las decisiones más graves contra el “pueblo soberano” (risas enlatadas), con el aplauso de lo que funge de oposición, que se justifica: “Hombre, después de un año, qué le vas a hacer…”


    –Al Derecho está unida a la vez la facultad de coaccionar a quien lo viola, según el principio de contradicción –se lee en “La metafísica de las costumbres” de Kant, que no es el “Ellas” de Pons.
   

 ¿Alguna coacción a Perico? Ninguna. Esto no es América (artículo tercero, sección segunda de la Constitución federal), así que Perico es soberano: jefecea el Ejecutivo y el Legislativo y pastorea “lo” Judicial. Si mañana le diera por jugar a Murat en el monte de Príncipe Pío, nadie se lo impediría legalmente, que aquí somos muy de la ley a la ley y todo se lleva a cabo de manera “legal”, de modo que, como se decía de la Inglaterra de Ricardo III, esa apariencia de legalidad se mantiene hasta en las épocas más sangrientas, con un efecto tragicómico:


    –Incluso la más palpable de las atrocidades se presenta portando en sus manos un pergamino provisto de sellos oficiales.
    

“Tenemos el Boe”, salmodia Bolaños, jurista de furgoneta cuyo modelo de jurisprudencia para sus ejercicios de doma social es el Vargas de “Bananas”. Ante eso, los españoles contamos con la misma defensa que los coreanos de Kim Jong-un, pero con los liberalios de teatinos comiéndonos la oreja con su chapita del Estado de derecho, que el dictador es Putin.

[Viernes, 15 de Julio] 

Viernes, 22 de Julio

 


El pajarito

jueves, 21 de julio de 2022

Eugenio d'Ors, un vitalista de almuerzo


Eugenio d'Ors, por Menéndez Chacón


ABC AL PASO

Un vitalista de almuerzo

EUGENIO D’ORS Y EL "ÁNGEL" QUE SE ENGANCHA LAS ALAS
 EN LOS PICOS DE LAS GLOSAS



Ignacio Ruiz Quintano

El mundo de entreguerras es tan delirante que en España los filósofos filosofan en los periódicos: José Ortega y Gasset en “El Sol”, con su circunstancia, que es de Stirner, y su proyecto de vida en común, que es de Renan; y Eugenio d’Ors en ABC, con su “ángel” y su Poincaré. Ortega, dice Pemán, es un vitalista de cátedra; don Eugenio, un vitalista de almuerzo, y mantienen hasta el final un duelo de guantes de seda.
Al fin Ortega ha logrado dar unidad a sus obras: una unidad de encuadernador. Pero lo menos que puede hacer el incongruente es disimularse en tomos varios –es el comentario de D’Ors (“laminando sus palabras entre sus labios, como solía”) con la “Opera Omnia” de Ortega, un tomazo de pastas rojas acabado de publicar.
D’Ors, hijo de catalán y de cubana, dice mucho “¿No?” y “¿Eh?” y el Caballero Audaz lo visita en Barcelona antes de que “Xenius” (su seudónimo) se ponga a escribir en español (en ABC, precisamente). Allí le dice que su vicio es la multiplicidad, que pensamos con los ojos, que los dos motivos de turbación del hombre moderno (“que un griego no conoció”) son la mujer y el trabajo, que aprecia a Azorín y que no soporta el teatro ni la oratoria, con todo lo cual se echa fama de “raro” clásico.
Todos sabemos que el clasicismo de este catalán –interviene Gecé, el gran chinche hispánico– se reduce a apretar mucho los dientes al hablar, para que no se le escapen de golpe todas las pasiones atroces y violentas que lleva escondidas bajo las híspidas cejas demoníacas de su romanticismo substancial.
Es el d’orsiano un clasicismo que desprecia el gótico de Burgos, y eso, en los de pueblo, duele: “Aquí –dice a Pemán en el vestíbulo del hotel burgalés “Norte y Londres”– no se puede hacer otra cosa que lo que hizo el Cid: irse a conquistar Valencia para comer naranjas y bañarse en el Mare Nostrum… Lluvia, más lluvia, brumas… Y luego, ¡esa catedral tan feísima!”
D’Ors –opina Plasabe muchas cosas, pero es un gandul. Demasiado jesuítico. Sabe el francés como nadie.
Su género periodístico es la glosa, y se habla de las glosas de Eugenio d’Ors como de las rosquillas de la Tía Javiera. Comienza a hacerlas en 1906, en catalán (todos los días, sin fallar) para “La Veu”, y en 1923 se las trae a Madrid, en español, al ABC: “La cara de Lenin, la cara de Poincaré, chatas las dos, de ojos oblicuos, de aire eslavo, ¡estirpe Lorena con mezclas obscuras de estirpes de Polonia! Y este aire vago de adormecimiento bizco que da el haber gustado excesivamente de la sangre”… (Glosas. Lenin y Poincaré. ABC, 1924)

Pero al d’orsismo no llega uno por las glosas, sino por las anécdotas de Cañabate en su “Historia de una tertulia”, que son como “el saben aquel que diu” de otro Eugenio:
Un anticuario catalán fue llamado para dar su opinión acerca de una momia egipcia. No hizo más que verla, y sentenció: “¡Tercera dinastía!” “¿Cómo lo sabe usted así, tan rápidamente?” “La experiencia”, contestó.


Eugenio d'Ors
 
[13 de Agosto de 2020]
 

Miserias del Estado Compuesto. Falsificación de andaluces



Julio Camba

En el extranjero, todos los españoles menores de treinta años son un poco andaluces: todos tienen un sombrero más o menos cordobés, todos bailan flamenco y todos conservan la cicatriz de alguna cornada. Cuando haya un andaluz con gracia, yo espero de él una lamentación sobre esta terrible concurrencia que le hacen por aquí al andalucismo gallegos, catalanes, vascos, asturianos, navarros y canarios. El andaluz que llega a París o a Berlín se encuentra con que el gusto del público en materias andaluzas está adulterado lamentablemente. Yo sé de uno al que le pidieron un tango, se puso a bailarlo y le dijeron:

Pero usted, ¿de qué parte de España es?

De Sevilla.

¿De Sevilla? No es posible.

Y una de las niñas –la escena ocurría en una casa de familia de Munich– comenzó a bailar lo que ella entendía por el tango andaluz. El andaluz se quedó loco al reconocer la muñeira. Sus protestas fueron vanas.

El que me enseñó esto –decía la chica– era un auténtico gitano andaluz.

Un gitano de Pontevedra...

Precisamente. De Pontevedra. Ahora lo recuerdo...

Con el periodismo pasa como con el andalucismo. Todos los españoles que están en el extranjero son también un poco periodistas. En el extranjero, el ser periodista español es casi tan fácil como el ser andaluz. Es cuestión de hechuras y de indumentaria. Así hay tantos periodistas españoles por aquí. Son periodistas, como un hijo de San Felíu de Guixols es andaluz. Sin embargo, no sólo engañan a la patrona del Pensionat, sino que muchas veces engañan también a nuestros representantes en el extranjero, los cuales no se distinguen casi nunca por su asiduidad en la lectura de la prensa española.

Estos periodistas están mucho más documentados que los periodistas auténticos. Casi todos tienen su carnet, sus tarjetas de visita, su papel timbrado. Además –la justicia ante todo–, tienen una representación infinitamente superior a la nuestra. Yo he observado que, generalmente, el hombre que posee un verdadero tipo de periodista no se resigna a meterse en una redacción, sino que lo explota en otros medios sociales mucho más lucrativos.
Los periodistas verdaderos estamos en una situación de evidente inferioridad con respecto a los falsos periodistas. Además, ellos son muchísimos y nosotros somos cinco o seis. Yo tuve un día que aceptar la protección de uno de ellos para entrar en un teatro. Supongo que mi caso no será único.
 
Los falsos periodistas españoles del extranjero se dividen en dos clases, como los falsos andaluces: unos explotan el periodismo con nuestros representantes diplomáticos y con las Cámaras de Comercio, como otros explotan el flamenquismo con las mujeres.

–¡Que yo no soy flamenco! –decía un andaluz en París–. ¡Tiene "grasia"! ¡Pero si vivo de eso!

También muchos falsos periodistas viven del periodismo; pero esto, que parece que les iguala a los periodistas verdaderos, yo creo que, al contrario, les diferencia de ellos...

La otra clase de falsos periodistas y de falsos andaluces es mucho más tolerable. Es casi simpática. Se compone de gentes que quieren tener una representación, un «aire», una cosa que vista y que quite un poco la cabeza. Consideran que un español, fuera de España, está obligado a haber nacido en Sevilla o a ser corresponsal de La Tribuna. En general, tienen verdadera vocación de periodistas y de sevillanos.

Yo me encontré el otro día en Berlín a un verdadero andaluz. Era un andaluz triste. Tenía un exterior de andaluz como yo lo tengo de periodista: un exterior nulo. Aquel andaluz no sabe por qué motivo yo le apreté la mano con tanta fuerza al despedirme de él.

(Del libro Maneras de ser español, de Luca de Tena Ediciones)

Jueves, 21 de Julio

 

 

Tacos

miércoles, 20 de julio de 2022

Gecé, el celestino en retaguardia



Gecé, por Fernando del Arco

(Asociación Antiguos Alumnos Instituto Cardenal Cisneros)


ABC AL PASO

El celestino en retaguardia

ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO, GECÉ, QUE QUIERE BATIRSE A ESPADA CON ABC


Ignacio Ruiz Quintano


Ernesto Giménez Caballero, Gecé, es el gran histrión de nuestras letras, y eso incluye el periodismo.

En la Complutense de los 70, Gecé se lleva menos aún que el Psoe, y uno, por entretener el muermo, elige para las prácticas entrevistarlo en su casa de El Viso, que huele a gárgola (los demás eligen a Pina López-Gay).

¡Suárez es Don Quijote liberando a los galeotes! –me dice Gecé, como estirando el chicle literario de la Falange, que está en el Consenso.

El celestino de todas las vanguardias, que en realidad son retaguardias, tiene todo su futuro por detrás (eso dijo de uno otro que empezaba en esto), y ves que Gecé publica en “Blanco y Negro” su primer poema y que luego se convierte en el ariete cultural de “El Sol”, el diario del beaterío progre, donde un día quiere entrevistar a Azorín, que no se deja entrevistar (¿para qué, si no habla?), y Gecé se venga sacando a relucir un ejemplar de la primera edición de “Castilla” con las hojas sin cortar que dice haber comprado en un puesto de viejo y que lleva la dedicatoria “A don Torcuato Luca de Tena, ilustre periodista y admirado amigo, cordialmente Azorín”.

Luca de Tena contesta con una nota, “La cola de un robo y el desparpajo de Jiménez”, tratando a Gecé de perista, “pues nadie, por muy Jiménez que sea, puede imaginar que el señor Luca de Tena necesita malvender sus libros, incluso los que llevan su nombre en las dedicatorias”. A Gecé sólo le queda el duelo.

Aquella noche a medianoche me cogí al pequeño Andrenio y al gran Américo Castro: “¡Ustedes son mis padrinos! ¡Me voy a batir a espada con ABC!

Y cuenta que Anatole France iba echando todos los libros dedicados que recibía al baño de su casa, hasta que un día, asustado de la cantidad, llamó a un trapero y le preguntó qué se podía dar por aquello. “¡Cincuenta francos!”. “No me parece mucho”, se dijo Anatole. Y cuando metía mano a la cartera se encontró con la agradable sorpresa de que era el trapero quien le entregaba a él los cincuenta francos.

A todas las grandes firmas de la pluma les pasa alguna vez algo semejante.

Por lo que tiene de silueta cultural del oficio de escribir viene a cuento la “agarrada” de Juan Ignacio Luca de Tena con Gecé en el 38, con España todavía en guerra. “EGC –dice la nota de JILT– ha sido eliminado del cuadro de colaboradores de ABC por haber escrito en otros periódicos un artículo que al mismo tiempo intentó publicar en ABC de Sevilla, llamando traidor al general Martínez Campos EGC cobraba en ABC por cada uno de sus artículos cien pesetas. Pero ahora resulta que esos artículos los enviaba simultáneamente a distintos periódicos de otras provincias. El de marras se había publicado ya en ‘La Voz de España’ de San Sebastián y en ‘La Gaceta del Norte’ de Bilbao, cuando intentó cotizarlo en ABC de Sevilla. Y resulta, además, según confesión propia, que lo publicó ‘hace año y medio’, en ‘La Gaceta Regional’ de Salamanca”. Es decir, que no solamente era un artículo circular, sino un refrito”.


Ernesto Giménez Caballero

[12 de Agosto de 2020]

Miércoles, 20 de Julio

 


Cosas climáticas

martes, 19 de julio de 2022

Los Héroes del Cambio Climático

 

1. Capitana Marvel

 


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2. Bruja Escarlata

 


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3. Thor

 

 

¿Lleva pistola o es que se alegra de vernos?

Mae West


 

4. Dr. Strange

 

 

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5. Iron Man

 

 

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6. Capitán América

 

 

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7. Visión

 


 

8. Hulk

 


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9. Deadpool

 


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10. Quicksilver (X-Men)

 


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Una España de Gibraltares


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Id tomando veneno hasta que os sepa bien. El veneno es el “Estado Compuesto”, término caspojurídico para nombrar a una España de Gibraltares que viaja en la Constitución como Jonás en la ballena. Y nos encampanamos con Sánchez, el tipo que descubrió la cuna de Machado en Soria, porque en Érmua ha dicho que “España y Euskadi son dos países”, que es lo que dice Feijoo en el Círculo catalán cuando va a Barcelona, pues los dos viven ya en su Estado Compuesto.


    –Para una cosa constitucional que digo… –podría quejarse Sánchez, si tuviera conciencia (¿qué conciencia va a tener una autoridad que va a Érmua a honrar al espíritu del muerto cuando el cuerpo hubo que llevarlo a Orense para que lo dejaran descansar?).


    Constitucional… ¡y académica! Porque la RAE, no me digan cuándo, ha colado en “el bidet del idioma”, como D’Ors llamaba al hueco de la mesa de la Academia, una acepción de “nacionalidad”, la tercera, que es como despejar la “x” del “clítorix” en el cenicero de Cebrián: “Comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural”.
    

Gibraltares con historia y cultura de primera y Gibraltares con historia y cultura de segunda y tercera: Urkullu (“yo no soy español”) y Arana, Feijoo y Breogán, Bonilla y Blas, por un lado, y por el otro, Castilla en taparrabos y demás tribus limosneras. Los nietzscheanos dicen que sólo se puede definir lo que carece de historia, pero los académicos no son nietzscheanos, sino morcilleros, como los actores viejos, y su definición mostrenca de “nacionalidad” sería su contribución al “mainstream” federalizante, que ellos son Cervantes, siempre dispuestos a escribir “una historia diferente”.
    

Avergüenza repetirlo: una nacionalidad es un grupo deseoso de hacerse con el control de la conducta de sus miembros; si la nacionalidad obtiene el poder de respaldar sus aspiraciones, se hace nación; y si la nación consigue la soberanía, es un Estado.


    Alguien dijo que la impostura nacional de la Santa Transición fue tan grosera que la palabra “España” es sustraída del discurso público (sustituida por “este país”): “Y muy maquiavélica debió de ser la impostura de la unidad nacional cuando la propia Constitución (que sólo puede afectar, por la naturaleza de la materia constituida, al régimen de poder político en el Estado) se sale de madre para definir fantasías que la desbordan”:
    

Como, por ejemplo, emplear el término “nacionalidades”, cuyo significado exclusivamente cultural nadie se atreve a decir, para diferenciar dentro del Estado político a Cataluña y al País Vasco de las demás regiones.
    

Eso, en el 78. Hoy, gracias a la “concordia” y la “moderación” (en política, sinónimos de corrupción, incluso en Ortega) del “reformoportunismo” centrista, nación es hasta Lavapiés. Ya el Tao decía que todo es comestible, si se divide en partes lo bastante pequeñas. Y lo que queda es el sentimiento de desprecio mezclado de rencor que, según los clásicos, sigue a las grandezas abatidas.

[Martes, 12 de Julio]

 

 

Martes, 19 de Julio

 

 

Chez David Gilmour

lunes, 18 de julio de 2022

El sexo del fútbol



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En el fútbol veía Cruyff el “deporte democrático” por antonomasia, dado que es el único donde pueden jugar, decía, altos (Halaand) y bajos (Potele), gordos (Hazard) y flacos (Di María), rápidos (Vinicius) y lentos (Del Bosque), guapos (Beckham) y feos (Pedri), listos (Cruyff) y tontos (todos los demás)… Democrático, pues, en el sentido igualitarista, que es el sentido europeo, basado en la proverbial “envidia igualitaria”, el sentimiento social reaccionario por excelencia, al decir de quienes la han estudiado.


    El compendio de “homo democraticus” para el fútbol sería Pedri, un canario del Barcelona elegido por los Servicios de Propaganda para reemplazar a Messi en el firmamento balompédico, y que prefiere perder a jugar mal. Si cree haber jugado mal y en el minuto noventa le pitan un penalti a favor, Pedri lo tira fuera para hacer justicia, como hizo Cruyff en “El Plantío” cuando Fernández Quirós pitó un penalti de último minuto que, de marcarlo, enviaba al Burgos a Segunda. La escuela culé es así, y ha encontrado en Pedri el “hereu” perfecto. El muchacho marchó de vacaciones siendo un tirillas y ha vuelto que, de espaldas, parece Tchouaméni pasado por Schwarzenegger. Pero, entonces, ¿a qué estamos? ¿A rolex o a setas? ¿A tiquitaca o a tackling? Con el nuevo Pedri, a las dos cosas, lo que dispara su precio hasta ponerlo al alcance únicamente de Elon Musk, que podría canjear su pajarito tuitero por el pajarito culé. Téngase en cuenta que por De Jong, trece goles y diecisiete asistencias en ciento treinta y ocho partidos (con esos números, Vinicius estaría jugando en la Ponferradina), pide Laporta ochenta millones de euros, disparate sólo contrapesado por los cien millones que el Bayern podría pagar por De Ligt, aquel central del Ajax que en la Juventus se desempeñó como un armario de luna.


    –Un futbolista brutal –te responden, si preguntas por Pedri.
    

Igual que Karl Kraus dejaba de hablarse con quienes usaran el adverbio “efectivamente”, yo dejo de hablarme con quienes usan el adjetivo “brutal” aplicado al sabor de una croqueta, a la belleza de una mujer o al tiquitaca de Pedri.


    El Madrid no tiene un Pedri, y debe compensar con músculo su centrocampismo, es decir, el karate de Camavinga y el judo de Aureliano. Contamos con Pintus, cuyos picos, los picos de Pintus, le han dado cuatro Champions al Madrid (las tres de Zidane, que lo trajo, y la segunda de Ancelotti). Pintus, que se llama Antonio, como el cabo de vara de La Moncloa según Draghi, es esa punta de velocidad que se adquiere en el mes de julio, con cuarenta grados a la sombra, para que dé sus frutos en el mes de mayo (el Madrid es ganar en primavera, dejó dicho Bernabéu), que ahí está el secreto del gol de Vinicius al Liverpool en París. El Madrid no jugó bien, pero Vinicius, gracias a los picos de Pintus, fue más rápido y llegó al balón de gol, si bien es cierto que fue gol porque la agarró Vinicius, pues si la agarra Pedri, la hubiera echado fuera, para no incurrir en la sinjusticia de ganar jugando a patio de colegio. ¿Patio de colegio?


    –¿Cómo se podrían hacer los patios de colegio lugares de juego más inclusivos para todos? –pregunta el periódico de las elites a una “experta en género”.


    Hay que acabar con el futbolcentrismo, contesta la profesional: “Las patadas fuertes al balón o que te puedan dar un balonazo, además de la propia configuración del juego hacen que las personas que no juegan queden relegadas a los extremos y lo más lejos posible.”


    O sea, o Pedri, o nada.


    Puesto que Pedri sólo hay uno, la solución de la Experta en Género para llevar el inclusismo a los patios de los colegios es prohibir el fútbol y fomentar el baloncesto y el voleibol, el béisbol y el hockey, que a saber qué idea de baloncesto, de voleibol, de béisbol y de hockey tendrá la Experta en Género de las Elites, que al final le da una oportunidad a la democracia directa y propone (“sería genial”, es su expresión) una asamblea o boulé para preguntar gustos y recibir propuestas a fin de conseguir un espacio para todo el alumnado y no sólo de los brutotes que juegan al fútbol de Simeone, transformando los patios de los colegios “en zonas de naturaleza, con árboles y sombras”, una especie de Selva Negra donde chicos y chicas pudieran pasear de la mano, como Martin y Hannah (Heidegger y Arendt), en pos del claro del bosque donde convertirse en pastores del ser al grito de “¡Somos divinas y divinos!”, como Divine, que en gloria esté. Se nos viene otro concilio de Trento para dirimir el sexo de los futbolistas y el número de Pedris que pueden jugar, no en una baldosa, sino en la cabeza de un alfiler.




CRISTIANO CULÉ


    Messi está mal (Danny Mills no le ve hueco entre los seis primeros de la Premier), pero Cristiano, de ser cierto que se ofreció al Barcelona para hacer de Luuk de Jong (peor: ¡de Mariano!), debe de estar aún peor, impresión que no varía ni con la circunstancia atenuante de tener que cambiar su “Falcon” particular por otro más grande. Tiene 37 años, la edad, según Martí, de hacer mutis para los genios (Cristiano lo es): Watteau, de tuberculosis, en París; Rafael, cuando pintaba el cuadro más bello del mundo, “La Transfiguración”; y el gran Byron… El piperío, que tan mal lo trató, lo merece, pero él no. 

[Lunes, 11 de Julio]

Lunes, 18 de Julio

 

 

mis ojos en su torre total: tu cabellera


domingo, 17 de julio de 2022

Remembranzas trevijanistas XII



Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica
   

Las democracias antiguas, como la de Atenas y la República Romana, supieron prevenirse contra la inmoralidad de los magistrados recién elegidos con variados instrumentos legales y procedimientos. Así, en Atenas, todo magistrado, después de ser nombrado, era sometido a un examen moral (la “dokimasía”), en el que se comprobaba si su moralidad personal correspondía al honor que se le había otorgado. Y era excluido si quedaba comprobado que se había comportado en su vida privada de un modo manifiestamente inmoral. Aquella “dokimasía” hoy cerraría el paso al Parlamento de la mitad de los que están, empezando por el presidente del gobierno. Pues además de preguntarles a los cargos electos si trataban bien a sus padres, si pagaban correctamente sus impuestos, si habían cumplido el servicio militar, si poseían una educación media, si honraban a sus muertos y a los de la patria, etc., el presidente del tribunal que realizaba la “dokimasía”, preguntaba al pueblo si había alguien que desease presentar un cargo (“epangelía”) contra cualquiera de los magistrados electos. De este modo, mediante la “dokimasía” se salvaguardaba tanto a la Nación (poder legislativo) como al Estado (poder ejecutivo) contra candidaturas irregulares de manifiesta incompetencia técnica o moral. Así, sabemos por Lisias que un tal Mantiteo, que había sido elegido miembro de la “Boulê” o Parlamento, en el 391 a. C., tuvo que defenderse durante su “dokimasía” de varios cargos: que se había quedado en Atenas durante el gobierno de Los Treinta Tiranos, que había servido en la caballería bajo dicho Gobierno tiránico y que se dejaba el pelo largo –moda de los jóvenes oligarcas. Si hoy nuestros parlamentarios, cuyo lacayunismo a los jefes de Partido es su primer y casi siempre único mérito, fuesen sometidos a análisis tan puntillosos como los que se hacían en las primeras democracias no habría suficiente con los suplentes para completar los trescientos cincuenta escaños de nuestro Parlamento. Sólo con el eclipse de las leyes de la democracia se puede entender que se sienten en el Parlamento personas procesadas por los más graves delitos, como la traición a la patria por defender intereses privados. Pero todo se explica si entendemos que el despotismo de la partitocracia española, como todos los despotismos, es inviolable, y sus representantes más prevaricadores y corruptos irrevocables. Como decía Trevijano, un político español hoy no puede ser normal y decente a la vez. La decencia es una anormalidad moral en España.

Eruditos como Mogens Herman Hansen, Robert K. Sinclair, Cynthia Farrar, o J.K. Davies, están de acuerdo en que en las antiguas democracias griegas “los magistrados elegidos por la Asamblea del pueblo eran inhabilitados por los tribunales si la mayoría de los miembros de los jurados votaban contra ellos”. Por otro lado, si bien existía una “dokimasía” ejercida por el Poder Judicial sobre el Poder Legislativo (la Nación) y el Poder Ejecutivo (el Estado), también los propios políticos de ambos poderes separados asimismo podían inhabilitar a sus compañeros de la condición de “bouleutai” (diputados), o de “arcontes” (epónimo, polemarco y basilèus) y “stratêgoì”. Ahora bien, en el caso de que el Parlamento (Boulê), representación de la Nación, inhabilitase a alguno de sus miembros, éste tenía derecho de apelar a los Tribunales (vid. Aristóteles, Athenaiôn Politeia, 45.3 y 55. 2). Ahora bien, en el caso de los arcontes y los generales (representación del Estado) los miembros inhabilitados no podían apelar ya a ningún tribunal. Lo cual tiene su profunda lógica, en cuanto que la soberanía descansa en la Nación y no en el Estado. Trevijano, como la voz inmarcesible de la democracia auténtica, manifestó la necesidad de introducir la dokimasía clásica en nuestros usos políticos: “Tanto el jefe de la oposición, como los portavoces de partido, presidentes o vocales de mesa, miembros de comités de investigación o de legislación, afectan directamente al prestigio y al buen funcionamiento de la Cámara y del sistema de Gobierno. Todos esos cargos parlamentarios deben recaer en personas honorables, preparadas y sin tacha de indignidad. En caso contrario, el Parlamento tiene derecho a impedir que ocupen esos puestos, vetando sus nombramientos o acordando su destitución”. Como se puede ver, este derecho que Trevijano otorgaba al Parlamento está en la línea de la tradición clásica de la democracia, y en modo alguno supone una novedad u originalidad “ex nihilo” en el concepto político de democracia, siempre tan escrupulosamente interpretado por el inolvidable autor de “El Discurso de la República”.

En la Roma republicana los tribunales de honor de los censores tenían esa misma función. Estos tribunales de honor adquirieron una enorme importancia cuando los cargos senatoriales dejaron de ser vitalicios y se encomendó a los censores, elegidos por los comitia centuriata –comicios de donde salía el Poder Ejecutivo cada cinco años, la formación de la lista de senadores, pues a partir de este instante, los censores estuvieron obligados a no incluir en las listas que elaborasen a las personas infamadas, delincuentes o de mala vida. Las consecuencia jurídicas que la existencia de este tribunal trajo consigo fueron que las personas sobre quienes hubiera recaído nota de infamia no podrían seguir perteneciendo ni al orden de los caballeros (equites), ni al orden senatorial, y, por tanto, no podían presentarse a ningún cargo del “cursus honorum”, hasta que fueran rehabilitados en otro tribunal de honor, como ocurrió en casos como el de Catilina o el del adúltero Salustio. A los demás ciudadanos que no eran ni caballeros ni senadores el Censor podía privarles del derecho de sufragio, o mermárselo (votar en unas elecciones y en otras no). Lo que desde luego estaba sometido al tribunal de honor era la conducta del ciudadano en el cumplimiento de sus obligaciones políticas, así como de sus responsabilidades por sus actos públicos; pero también dependía de la apreciación de los censores la honorabilidad de la vida privada, que si no era intachable podía conllevar la muerte civil del ciudadano. Para los romanos los hombres que ocupan un cargo político no sólo deben dar cuenta de las cosas que dicen y hacen en público, sino también deben preocuparse de sus comidas, de sus amores, de su matrimonio y de todas sus actividades frívolas y serias. Se dice que el tribuno Livio Druso, muy estimado por el pueblo, teniendo muchas partes de su casa a la vista de sus vecinos y prometiéndole un amigo arquitecto orientarlas de forma diferente y cambiar su posición por sólo cinco talentos, le dijo: “Toma diez y haz visible la casa entera, para que mis conciudadanos puedan ver cómo vivo”, pues era un hombre virtuoso, prudente y ordenado (vid. “Vida de Catón el Joven”, I, 2, de Plutarco).

Si el sentido común impone que no se escoja a ladrones y malversadores para gestionar el erario público, ni a criminales y asesinos para proteger la vida, el honor y la hacienda de los ciudadanos, ni a traidores y felones para defender los intereses nacionales y el territorio nacional, ni a personas incultas para dictar la política educativa de un país, ni a cobardes para llevar a cabo la defensa nacional ni, en fin, a la inmoralidad privada para mantener la moralidad pública, lo que ya es propio de orates y extravagantes es permitir como candidatos a la gobernación de los distintos ámbitos públicos a personas ya procesadas por robo, estafa, crimen, escuchas ilegales, asesinato, o de los que se ha experimentado públicamente su desaforada incultura, cobardía, falsedad, robo, traición e inmoralidad. Frente a esta política de la irresponsabilidad y el crimen, que triunfa en España en todo su esplendor, se hace necesaria la “dokimasía” clásica que exigía Trevijano, o, por lo menos, algún filtro de racionalidad. Transigir con el crimen y la traición, o con la incapacidad del poder político, es lo mismo que transigir con la tiranía. “Contre nous de la tyrannie/ l´étendard sanglant est leve!”.

[El Imparcial]

Domingo, 17 de Julio

 


Las vacaciones del Sr. Hulot

"Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas"

DOMINGO, 17 DE JULIO

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor:

-Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada.


Lucas 10, 38-42

sábado, 16 de julio de 2022

Juan Ignacio Luca de Tena , el delfín en su laberinto



Juan Ignacio Luca de Tena


ABC AL PASO

El delfín en su laberinto

JUAN IGNACIO LUCA DE TENA Y UN DETALLE

 QUE SÓLO SE COMPRENDE

 AL CAMBIAR DE PERIÓDICO


Ignacio Ruiz Quintano

Juan Ignacio Luca de Tena nace delfín, príncipe heredero, que es, dice Pemán, lo más fácil o lo más difícil que existe, según se oriente la vida a la inercia comodona o a la auténtica personalidad.

Cuando Eduardo VII, tantos años Príncipe de Gales, se ponía su gardenia en el ojal, lo que hacía era luchar por hacer algo personal.

JILT es el esfuerzo brillante por salvar su nombre de pila, en peligro siempre de naufragar en ese mar de apellidos logrados y títulos solemnes como pesan sobre este príncipe de Gales del “Blanco y Negro” y del ABC (“el abecé de la conciencia nacional de España”).

Y pesa mucho. Don Torcuato lega al delfín una posición que es un milagro (debió dejarse los cuartos en un casino, como los demás, pero eligió el periodismo y transformar un oficio de rufianes en un deporte de caballeros, detalle que sólo se comprende al cambiar de periódico), y el delfín, sin moverse de sitio, se encuentra, por los tropezones de la Historia, en la oposición.

Al final de la guerra, el delfín recupera ABC, incautado desde el 20 de Julio de 1936; los primeros en llegar a la casa de Prensa Española en Serrano son José Cuartero y Ramón Pastor. Baja la Redacción usurpadora con su director a la cabeza, que entrega la casa a Pastor y a Cuartero y salen (“en paz, sin venganzas”, por orden del propietario y director) a la calle. Van llegando los antiguos redactores, procedentes de sus escondites. Aparecen rodeados de amigos. Cuando llega JILT no cabe ni un alfiler. Se abrazan y se ponen a hacer el periódico, un número extraordinario, pequeño, sin huecograbado, que sólo en la capital vende medio millón de ejemplares. Un año después, JILT es enviado de embajador lo más lejos que encuentra el Régimen, a Chile, y se lleva a Ramón Pastor de agregado de Prensa. 

Al morir el fundador, en el 29, su hijo, un treintañero Juan Ignacio, cuya vocación era el teatro, se hace cargo de ABC, donde había comenzado de cajista de imprenta (“como el Julián de ‘La Verbena’”), y acomete (¡gran libelista!) las singladuras de la República y el franquismo. Un editorial sobre Prieto lleva al ministro a querellarse contra JILT. En la conciliación con Jiménez Asúa, abogado de Prieto, y Colom Cardany (asesinado tres meses después), abogado de Luca de Tena, el juez dice al oído del periodista: “Escápese usted, que le tengo que meter en la cárcel”. De madrugada, Juan Ignacio huye de polizón en un aeroplano de línea francés.

Y empecé a conspirar por primera vez en mi vida.

En el franquismo, dice Sainz Rodríguez, “Franco desea, por todos los medios, convertir el ABC en órgano de su política... pero falla rotundamente en sus maniobras de captación”. La posición de JILT, “monárquico por emoción” (para Ridruejo, “un señorito demócrata”): evitar que a Franco le suceda el franquismo. En el 68, ABC se sitúa entre los diez primeros periódicos del mundo (“Quality Papers”).

Una muletilla profesional de JILT:

Muchas veces me he jugado el periódico y hoy es una de esas noches.

Juan Ignacio Luca de Tena