Mirones de vallas
jueves, 24 de julio de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
Felaciones por copas en Magaluf
Y mi ingenua pregunta es: Si hemos aceptado como principio moral que "mi coño es mío", ¿qué privilegio ontológico tiene el coño sobre la boca? O dicho de otra manera, si la premisa moral es "mi cuerpo es mío" y esta premisa sirve para decir sí al aborto, ¿por qué no habría de servir para decir sí a una felación a cambio de una copa? O bien podemos hacer lo que nos da la gana con nuestro cuerpo, porque es nuestro, o bien hay algún principio más alto que nuestro derecho de propiedad sobre nuestro cuerpo que ha de orientarnos sobre su uso.... por ejemplo el principio de la prudencia.
Fenómeno James. Flóper se apunta a la sabrosura
Hughes
Era una ilusión llegar al Bernabéu y escuchar «¡Emite Radio Caracol!». Aunque las presentaciones del Madrid no se entienden si uno no se fija en las caras de Florentino mirando al muchacho. Se le cae la baba. Pero es que el Madrid ya no ficha, el Madrid realiza operaciones globales de cariño, adquisiciones masivas de afectos. Ayer estaba toda la Colombia madrileña en el campo y el embajador terminó con un «Hala Madrid». Florentino establece relaciones bilaterales con los Estados sin necesidad de referéndum.
James, por cierto, se acabará pronunciando Hames, con una hache aspirada. La jota terrible española no le termina de ir bien a su dulzura colombiana. Vimos un carrusel con sus goles y sonaba esa música épica de los fichajes, que es una fanfarria muy particular. Florentino tiene un compositor sólo para las presentaciones: ¡Grandeza, quiero grandeza! Cuando el presi, ligeramente más gordo, daba su discurso, Manolo Redondo se quedaba de cuclillas fuera de plano con el guión en la mano como un apuntador. Fue interrumpido por un público calurosísimo cuando recordó a Di Stéfano y cuando mencionó la Décima, «la soñada Décima». Habló de valores que desde el cielo manda D. Alfredo y resumió el nuevo Madrid a ritmo de La Unión: Más y más, queremos más y más.
En los discursos de Florentino siempre hay un momento en el que el narrador pasa a la segunda persona: «Querido James, ya eres uno de los nuestros». Ahí se le desparrama el madridismo con un inolvidable tono de homilía y siempre busca al niño, «ese niño que fuiste». Las presentaciones tienen la ternura de ver a todos los directivos haciéndose la foto. La Junta, venerable arcaísmo. Menos mal que Pablo Iglesias no es madridista, ¡también se la cargaría!
El público colombiano puede darle al Bernabéu el ritmo y la sabrosura que tantas veces le falta. Con qué ojos miraban a su ídolo. Al Madrid le viene bien un nuevo movimiento de caderas y ya se notó la pasión en los espontáneos que saltaron al campo. Se agarraban a James como si fueran la bola de un preso. Recordamos a ese niño, angelito florentiniano, que saltó cuando Beckham. Estando su mujer cerca temimos que aprovechando la confusión algún espontáneo también quisiera agarrarse a ella.
James es un diez para un equipo de sietes y de nueves. Pero el madridismo ya lo quiere todo. El otro día Arrabal hablaba de la nata de la utopía. El Bernabéu es una gran piscina llena de nata en la que a cámara lenta chapotea la junta, la afición y hasta la prensa, bajo la mirada de JAS (¡otra barba!), Hierro y Ancelotti, que son las tres grandes miradas. Y cuando a James le preguntaron repitió lo de siempre, pero de otro modo : «Estoy en este grande club». El Madrid es mil maneras de decir su grandeza.
Parejas
Sidney Wang pone cara de Pablemos en casa de Lionel Twain
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En los 70, las dos consignas más oídas en las calles de Madrid no eran “Amnistía” y “Libertad”, como cuentan los pesados de la Transición, sino “Hay iguales”, que cantaban los ciegos, y “Sólo parejas”, que salmodiaba el portero de un garito en la Cuesta de Santo Domingo que frecuentaba el “Giocondo” de Umbral.
Y la primera pareja profesional que conocí fue la de Felipe González y Alfonso Guerra, “Felipe y Guerra”, nuestros Ginger y Fred de los 70.
Felipe, el Cantinflas que venía a nacionalizar la Banca y a licenciar al Ejército, era el “Isidoro” de Carrero, la apuesta socialdemócrata de Schmidt bendecida por Kissinger, que no quería en España otro Cunhal.
Guerra, el fox terrier de pelo duro que decía Gil de Biedma, era el culto, que es la forma de reverenciar al pícaro que tiene el español.
–¡Lo que sabe el Guerra!
Todo el trabajo de Guerra en la “clandestinidad” fue un álbum de pintadas antifranquistas hechas en un garaje sevillano. Con eso fueron a Francia y le levantaron el partido a un viejo. El “New York Times” los llamó “nacionalistas españoles”, y se pusieron tan contentos que en la fáustica noche del 82 prometieron en un balcón del Palace la reconquista de Gibraltar.
La collera Iglesias-Monedero, Ginger y Fred posmodernos, es una vulgar copia marketinera de la collera Felipe-Guerra en la España de la infantilidad. Monedero va de fox terrier de pelo duro y, aunque tiene la música, le falta la letra: todos sus truños universitarios no dan para un aforismo del garaje de Guerra.
Y de Iglesias cabe decir lo que en los 80 el pintor Rufino Tamayo dijo a Octavio Paz en un bar madrileño de artistas:
–Y esta gente, ¿cuándo pinta?
¿Cuándo trabaja Iglesias, si todo el día está en TV?
Mas su triunfo, como el de Gonzalón, no depende del trabajo, sino del glamour. Llegará a La Moncloa, y con su coleta será como Sidney Wang (Peter Sellers) en “Murder by Death” llegando a casa de Lionel Twain (Truman Capote) para cenar.
Un suceso feliz que por ahora se me iba quedando en el tintero
Alberto Salcedo Ramos
Cuando yo tenía diecinueve años escribía artículos en una máquina Brother que me regaló mi abuelo materno, el viejo Alberto Ramos.
Los escribía con la ilusión de que fueran publicados en un pequeño diario de Barranquilla, un diario que ahora no voy a nombrar.
Yo era tan timorato que nunca me atreví a preguntar por nadie de la redacción para entregarle el texto personalmente. Lo dejaba en la portería dentro de un sobre de manila.
El domingo compraba el diario con la esperanza de que me hubieran publicado la nota. Para hacer eso tenía que gastarme un dinerito que no me sobraba en aquellos tiempos de estudiante ojeroso.
Cuando abría el periódico el domingo sufría, invariablemente, una decepción: no me habían publicado nada.
Me dolía muchísimo. Sin embargo, al otro día volvía a escribir algo. Por lo general, una tontería. En todo caso, lo que cuenta para esta historia no es si yo era bueno o malo para escribir, sino el entusiasmo, el fuego que yo tenía.
Muchos años después el editor Jesús Aníbal Suárez me llevó al Colegio San Bartolomé de la Merced, acá en Bogotá. En esa escuela habían comprado ejemplares de mi libro "De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho", que publicó la editorial de Suárez, "Ediciones Aurora".
Como en el San Bartolomé de la Merced se celebraba la Semana Cultural, me invitaron a charlar con los niños. Una profesora les había encargado esta tarea inesperada: leer mi libro y luego proponer nuevas portadas en retazos de cartulina que ella les entregó.
Cuando llegué al colegio vi las paredes invadidas de aquellos cuadros infantiles. Me pareció hermoso. Algunos niños se me acercaban para contarme, orgullosos, cuál era la pintura de su autoría; otros me hacían preguntas, otros más me contaban lo que sintieron al leer algunas crónicas.
De pronto descubrí que me sentía conmovido, como con ganas de llorar. Entonces me acordé de cuando escribía sin que me pusieran atención. Esta no es una historia sobre la calidad que hay que tener al escribir, repito, sino sobre cómo a veces, al resistir, pueden sucederle a uno episodios felices. La emoción por el cariño de los niños que me habían leído no le pertenecía al autor del libro que yo era en aquel momento de la Semana Cultural, sino al muchacho de diecinueve años que había sido años atrás, el muchacho afiebrado que arrojaba al mar botellas de náufrago que nadie encontraba.
martes, 22 de julio de 2014
Por qué Ana Botella necesita al sargento Hartman
Quiero que estos retretes estén tan limpios que hasta la misma
Virgen María pudiera venir y descargar con la cabeza bien alta.
Sargento Hartman
La chaqueta metálica
Parece Karachi, pero es Madrid
(Que los pantalonines no le distraigan del ciclista)
(Que los pantalonines no le distraigan del ciclista)
Calle de Goya, 08,00 PM
Parece Bombay, pero es Madrid
El Paraguas
Jorge Juan con Lagasca, 08,15 PM
Parece Delhi, pero es Madrid
¡La Milla de Oro!
¿Otra performance de Tono Martínez y su Centro-Centro?
Calle de Serrano, 08,30 PM
Enmoquetando el carril-bici
Parece Entrevías, pero es la Milla de Oro
Como para traer aquí a la Audrey Hepburn
a rodar Desayuno con diamantes
Cuídate +
Una firma de embutidos patrocina el pedaleo municipal en la Milla de Oro
Para arreglar el muladar madrileño,
la alcaldesa Botella necesitaba un sargento Hartman
y le trajeron a Tono Martínez
La corrompida prosa del Estado
¡Qué maravilla de claridad, la Enciclopedia Álvarez! ¿la recuerdan? Pues además de recordarla, si se atreven a leer el siguiente párrafo es posible que hasta lloren de añoranza, a poca sensibilidad que tengan. Les reto a que lo lean despacio y si lo comprenden, ya me lo explicarán en el lenguaje con el que suele el pueblo hablar con su vecino, ya que parar dominar este lenguaje llevamos a los niños a la escuela:
"Se establece en ellos una secuencia de conceptos vinculados del modo siguiente: las asignaturas o materias se concretan en estándares. El conjunto de estándares de cada materia define el perfil de la materia. Diferentes grupos de estándares, relativos a las distintas materias, se hacen corresponder con una competencia determinada que se desarrolla por efecto de la contribución, parcial o total, de varias materias; de modo que, en muchos casos, la contribución de las materias a una competencia dada se producirá no desde sus perfiles completos sino desde fracciones o segmentos incompletos de dichos perfiles. El conjunto de segmentos de los perfiles de cada materia correspondientes a una competencia dada definen el perfil de dicha competencia".
SOBRE LA CONGRUENCIA ESENCIAL ENTRE CORRUPCIÓN DEL LENGUAJE
Y CORRUPCIÓN DE LA NACIÓN
San Petersburgo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Como todo lo que nos entra por los ojos y los oídos es propaganda (Putin y Netanyahu son los cascamorras del momento), hay que leer entre líneas para estar informado.
Me dicen, por ejemplo, que la Academia de Muñoz y Marías, buenos admiradores de la prosodia de Pepiño Blanco, ha admitido a su diccionario las voces “setiembre” y “otubre”, que ni siquiera han de estar pendientes, como los fichajes del Madrid, de la revisión médica.
El hecho de que ya se pueda decir “setiembre” y “otubre” no me da buena espina, pues prefigura un otoño muy, pero que muy feo, y este pánico me lleva, por la vía de Steiner, a “Las veladas de San Petersburgo” del conde saboyano Joseph de Maistre, que en 1821, y partiendo de la teoría del pecado original, concluyó que la Europa del siglo XX se ahogaría en sangre, con matanzas industriales de seres humanos en campos de concentración, que eso es terror profético, y no el manifiesto federalista de Pepe Ramoneda.
Lo que a Steiner (y a cualquiera) le impresiona de Joseph de Maistre es que descubrió, mucho antes de Orwell, la congruencia esencial que existe entre el estado del lenguaje, por una parte, y por la otra, la salud del cuerpo político: la correlación exacta entre la descomposición nacional (e individual) y la degeneración del lenguaje.
–Toda degradación individual o nacional es anunciada en el acto por una degradación rigurosamente proporcional en el lenguaje.
Sólo hay que ver los manifiestos ramplones de la intelectualidad, y recomiendo el federalista, suscrito por una selección de “escritores, abogados, políticos, cineastas o economistas” en favor del “federalismo”: no dicen si el municipal de Proudhon o el estatal de Hamilton, pero en manos de esta tropilla de improvisadores anda España, aquel viejo cuadro que hoy estos federicos (partidarios de lo que sea el federalismo) quieren hacer añicos al objeto de crear un puzzle tan moderno… como ellos.
La movida, en “setiembre”. U “otubre”.
Las tres edades del toreo
Alguien recordó en la tertulia el otro día la célebre definición que el jerezano Rafael de Paula asertara en relación a su compadre sevillano, el torero Curro Romero.
–Señores; Curro Romero tuvo una primera época buena. Muy buena. Y luego tuvo una segunda en la que vivió a costa de la primera. Y una tercera que vivió a costa de la segunda…
La memorable definición del gitano había surgido en boca del erudito G., a cuenta de no sé qué conversación que habíamos iniciado sobre el Marqués del Bosque.
G., inmerso en sus erudiciones, lo mismo recuerda con exactitud la tarde remota de Sánchez Bejarano frente a un corridón de Miguel Zaballos, que la llegada del gordo Puskas a las alineaciones de don Alfredo di Stefano.
–¿Y eso a qué viene, Juan? –le preguntó alguien.
–Pues muy fácil. Del Bosque tuvo una primera época en la que vivió a costa del Madrid de Heynckes. Y una segunda, en la selección, en la que vivió de lo que había preparado Luis Aragonés…
–Vale, Juan. ¿Y la tercera?
–En la tercera ha vivido a costa de un tal Vicente del Bosque, que nunca había inventado nada. Y ahora os voy a hablar sobre la retirada de Dámaso Gómez en Madrid, con los seis toros que despachó en un rato, que no sé por qué se me viene ahora a las mientes esto de las retiradas.
Y así pasamos la mañana.
–Señores; Curro Romero tuvo una primera época buena. Muy buena. Y luego tuvo una segunda en la que vivió a costa de la primera. Y una tercera que vivió a costa de la segunda…
La memorable definición del gitano había surgido en boca del erudito G., a cuenta de no sé qué conversación que habíamos iniciado sobre el Marqués del Bosque.
G., inmerso en sus erudiciones, lo mismo recuerda con exactitud la tarde remota de Sánchez Bejarano frente a un corridón de Miguel Zaballos, que la llegada del gordo Puskas a las alineaciones de don Alfredo di Stefano.
–¿Y eso a qué viene, Juan? –le preguntó alguien.
–Pues muy fácil. Del Bosque tuvo una primera época en la que vivió a costa del Madrid de Heynckes. Y una segunda, en la selección, en la que vivió de lo que había preparado Luis Aragonés…
–Vale, Juan. ¿Y la tercera?
–En la tercera ha vivido a costa de un tal Vicente del Bosque, que nunca había inventado nada. Y ahora os voy a hablar sobre la retirada de Dámaso Gómez en Madrid, con los seis toros que despachó en un rato, que no sé por qué se me viene ahora a las mientes esto de las retiradas.
Y así pasamos la mañana.
Tomás padre, el marqués y un radiofonista
Martes, 22 de julio
FESTÍN LUNAR
Tengo miedo y la luna
no le hace mal a nadie
Estoy ausente en este cuarto
La luna sobre el jamón
sueño de cuarzo
Maúlla un gato
Octavio Paz y Marie José, Fouad-El-Etr y su mujer
lunes, 21 de julio de 2014
¿Quién va a querer un Ferrari teniendo una bicicleta?
Cierra Ferrari de Serrano
La competencia desleal del Ayuntamiento de Ana Botella,
con un amarradero de bicicletas en la puerta, decisiva
Morante en Roquetas y El Gallo en Écija
Rafael el Gallo
José Ramón Márquez
De la Monumental de Cantalejo a la Monumental de Roquetas: he ahí explicada de manera sumaria y precisa la rotundidad de la tauromaquia de Morante de la Puebla, el ruiseñor. De Segovia a Almería, ahora Morante ha decidido ir a escacharrar los relojes de los gaches y se reserva sus más puras verónicas de alhelí, sus naturales de bandullo y sus mohínes para los de los pueblos. A cambio, él les para los relojes, les revienta los pelucos, y pudiéndolo hacer en Madrid, en Sevilla, en Bilbao, en Valencia, él prefiere expresar su tauromaquia que destroza la relojería en pueblos humildes y en fiestas para aumentar la fiesta, y lo mismo que Nuestro Señor dio en nacer en el más humilde pesebre, así Morante, mofletudo torero, ha decidido anunciar su buena nueva en humildes plazas pueblerinas, llenas de ese alegre público festivo, donde gracias a que el toro es una mona puede manar de forma natural la sublime belleza de la verónica de alhelí, el natural bandullero y el mohín.
Para comparar, por pura travesura, traigamos aquí a Rafael el Gallo, que en septiembre de 1910 mató en Écija a un impresionante toro de Saltillo, cuya cabeza disecada decoraba su despacho. Esa corrida la contempló como excepcional espectador Rafael Guerra, Guerrita, que dejó dicho esa tarde y a propósito del torero: «Es un torero que, a todo lo que hace, le tiene usted que decir ole». Claro es que los que en nuestros días quisieran emparentar a Rafael con Morante, y no faltarán interesados que aboguen por tal sacrilegio, deberían empezar antes por echar un ojo al Saltillo, al que el revistero de turno tildaba en la época de «pequeño», mejor que quedarse sólo en la cosa del «arte», ya que las espantás y los triunfos de aquel «artista» se hicieron con toros que en nuestros días serían tachados de ilidiables o jurásicos por la femenil sensibilidad de nuestros contemporáneos revistosos del puchero o del telepuchero.
Morante no llega ni a la suela de la zapatilla a ninguno, ni a Rafael, ni a Chicuelo, ni a Curro Romero, ni al Paula; él se sirve de todos ellos, para hacer ver que el nicho que ellos ocuparon, cada uno en lo suyo, le pertenece a él por herencia -o mejor aún por expediente de dominio-, pero por más cuentas que uno le echa al de los mofletes, lo único que se ve es cálculo, diseño, mercadotecnia. Lo que debe hacer es darse prisa en ganar lo que sea suyo porque, como todo el mundo puede observar, su fisonomía tiende a la redondez de una manera que está totalmente reñida con el tarro de las esencias, aunque el tarro lo compres en Makro. A ver si le va a pasar lo que a Pepe Colemnar; aunque uno, puestos a elegir un torero gordo, se quede antes con el valor de Pepe que con el artisteo de José Antonio.
Los Machado en el Parque de María Luisa
Los Machado con Miguyel y José Antonio Primo de Rivera
Aquilino Duque
Hace unos años, vino destinado a Sevilla como Presidente de la Audiencia un magistrado del colectivo, o colector, Jueces para la Democracia que en su discurso inaugural dijo, puede que citando a Sartre, que “el juez debe mancharse las manos con el trabajo”. Las manos con el trabajo, que yo sepa, siempre se las ha manchado el obrero, porque el pobre no ha tenido más remedio, nunca los miembros de las profesiones liberales, entre los que hasta ahora figuraban los jueces. Ahora las cosas son distintas. Ahora los jueces son “jueces para la democracia” que leen a Sartre y se sienten obreros, y como obreros y sartrianos tienen el deber de ir con las manos sucias.Estos personajes que prefieren prometer a jurar cuando toman posesión ante los micrófonos sagrados, suelen sobredorar sus peroratas con citas de uno de los Machado. El personaje que me ocupa prefirió citar a Sastre, y por eso yo, para compensar, cerraba un comentario mío citando, no a uno de los Machado, sino a los dos, inseparables e indistinguibles en unos versos de La Lola se va a los Puertos, obra escrita en unos años, vísperas de la dictadura de Primo de Rivera, en que las más altas magistraturas estaban también en avanzado estado de descomposición:
Todo se democratiza;
barato y a la carrera
se hace todo…
Ya todo es uno y lo mismo.
El sexo es una entelequia.
Los hombres y las mujeres,
como ellos dicen, se encueran
por menos de nada…y nada,
ni notan sus diferencias.
Los Machado son lo único moderno en esta España retrógrada; lo único limpio en esta España de las manos sucias.
Lectura completa: Click
La cizaña de Gabi
Abc
Decía Jesús que el reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo, aunque luego, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó, exactamente igual que el héroe de Perales (hago la comparación para los agnósticos) en “Un velero llamado Libertad”.
Y lo decía en el evangelio de ayer (para los agnósticos -más de ciencias que de letras- Mateo, 13, 24-43), fecha en que los viejos propagandistas de Calderón (la última vez que lo vi discutía de teología en Casa Salvador) sembraron la cizaña de Diego López en medio del trigo florentíneo de Kroos, James y Keylor.
–Sin el gol de Gabi a Diego López, el Madrid sería campeón de Liga.
Ése es el nuevo mantra.
¿Y el gol de Osorio en Valladolid?
Quite, quite, que en Valladolid jugó Casillas.
Ni en los dramones obreros de Joaquín Dicenta, el dramaturgo tronado de Calatayud, es posible encontrar una persecución al pobre tan obscena como la de los medios a Diego López, cuyo único desmán es haber hecho ver al público que el rey va desnudo, poniendo así en peligro el contrato vitalicio de Casillas firmado por Calderón contra la cuenta… del Madrid.
Los progres del “As”, que vienen de “Arriba” y “Pueblo”, tras el pertinente análisis marxista de la realidad, concluyen que la Copa y el Copón fueron obra de Casillas (“el portero más importante de la historia del Madrid”, al decir de Juan Cruz, pasando por alto que Juanito Alonso ganó cinco Ligas… y cinco Copas de Europa); que la Liga pasada la perdió Diego López con el gol de Gabi; que los Ultrasur fueron invento… de Mourinho; y que el modelo presidencial es… Laporta, por su “seny”, tan intercambiable con el de Calderón, aquel senador de Massachusetts que en realidad venía de Herrera de Pisuerga, cuna de Girón y capital del cangrejo de río.
Hasta aquí, la cizaña, que no es poca.
El trigo serían Kroos, James y Keylor, que suenan a reparto de “western” en Almería, pero toda la ilusión que sus nombres producen se ve ensombrecida por el “asunto Casillas”, que es un “asunto Dreyfus” para pobres, aunque es verdad que ese vestuario empieza a recordar a “Rebecca”, y Valdebebas, a la mansión de Maxim en Cornualles, con Íker de Mrs. Danvers (Judith Anderson) detrás de… Keylor (Joan Fontaine).
De los tres, el que mejor ha caído entre el piperío es Kroos, que tiene la geometría y el golpeo casi de Koeman (aquellas diagonales a Stoichkov y aquellos goles a Buyo que dejaban leer la marca del balón a 120 kilómetros por hora).
–Soy el hombre perfecto –dijo Kroos, que es una cosa que aquí sólo le habíamos oído decir (en clave) a Pablo Iglesias.
¡La perfección alemana!
De hecho, en la capital de la chulería sólo un alemán puede decir eso directamente sin que le corran a gorrazos. Es el estilo alemán, que es el estilo que siempre gustó al españolejo, cosa que ya en su día le daba miedo a Franco. El madrileño no habla idiomas, y el alemán le parece el más difícil del mundo; cuando oyó a Kroos manejarse en la lengua de Kant, suspiró: “Qué hombre tan inteligente”.
–No, pero es que es alemán –le dijeron el otro día a Hughes de Sonia, el transexual quele parecía Jamie Lee Curtis en “La Kedá” de Chipiona.
Mi preferido para este año será James, que me tendrá mirando de medio campo hacia arriba, y será la forma de que no mire de medio campo hacia atrás.
EL INTOCABLE
Puede venir James, que es colombiano y hablante, por tanto, del mejor español del mundo, pero Isco es intocable, aunque no dicen para quién, si bien todo indica que para Hierro, que vuelve al vestuario del que fue Gran Manitú. La dictadura del Hierro. La mitad del antimadridismo que conozco lo es por odio a Hierro. “Hierro, el pan de Bilbao”. Y, sin embargo, a Hierro hay que entenderlo (esa prosodia ferruginosa), y yo me figuro a su mejor entendedor en Isco, dominador del acento malagueño, que no es un acento cualquiera: va de Salvador Rueda a Pablo Alborán pasando por Celia Villalobos, y suena como otro palo flamenco.
domingo, 20 de julio de 2014
Mi peregrinación a La Kedá, el tablao de Amador Mohedano
Su mundo sigue siendo su hermana. La Kedá está en la misma calle de la casa familiar, reconocible porque tiene la pared llena de firmas de fans (hay firmas hasta en el stop). Y su piso está justo al lado del monumento a la cantante. Junto al mar, marinero. Allí fui, mitad fan, mitad paparazi. Antes de nada yo quería echar una foto al balcón fetiche. Justo cuando iba a hacerla, de otro balcón asomó la cabeza de un vecino. Un señor con los pelos de Rosendo que me miró fijamente. Con el móvil ya apuntando tuve que disimular y empecé a sacarle la tarjeta SIM. Pero él seguía mirándome como el de Gowex. Nunca habían hablado de ese vecino heavy.
Su calle sí ha salido mil veces en la tele. El portal, el lugar donde tira la bolsita de basura con su nudo hecho, el parque y el bar de la esquina. La recorrí como si fuera el decorado de «Cantando bajo la lluvia», me senté en el bar y pedí una cruzcampo. El bar se llama El Petisú («especialista en minipastelillos»). Un grupo de señoras charlaba tan ricamente en su terraza hasta que apareció un hombre con un enorme calabacín del tamaño de la Copa del Mundo. Lo agarró como Schweinsteiger y se lo puso entre las piernas. Las señoras se reían que parecía que las descuartizaban. Yo estaba a punto de juntar las manos y reírme con ellas cuando al caer el sol, cuando moría la tarde, observé que un sombrero se acercaba con mucho sigilo a un coche en doble fila. ¡Era Amador! Dentro le esperaba una mujer morena. Tras mirar a los lados, como si acechara el pelocho de Sálvame, Amador se metió dentro y tomó el volante. El coche podía haber esperado en la puerta de casa, pero lo prepararon para hacerlo una manzana más lejos, seguro que alertados por el vecino heavy. Cuando pasó a mi altura noté el reojo de su mirada.
¡Seguro que va a La Kedá! Así que fui directo. En la puerta del local hay una parada de coches de caballo. Uno puede llegar allí muy señorito. Otra cosa es cómo sale. A la entrada, un fotocol igual que el de La Posada. Después una estancia dedicada a Rocío Jurado. Fotos, un vestido y un busto en madera oscura con manto y claveles que parece la Virgen de Regla. Allí entra la gente a hacerse selfies. No está mal, pero el gran bar homenaje a Rocío en Chipiona no es ése, sino El Tani, que tiene centenares de retratos e incluso un enorme cuadro de La Ola. Así, como suena. La ola de «Como una ola». En cada bar hay un retrato de Rocío Jurado. Es otra virgen popular. La Kedá se completa con un modesto tablao y un patio al fondo. El público empezó a llegar sobre las diez. «Este bar lleva abierto tres años, ahora es cuando viene Amador. Aparece a la una, se hace unas fotos y se va». Así que me quedé a ver la actuación. Sevillanas y rumba. Alegría. «Estáis que parecéis un bingo». El rumbero, solo con su guitarra, se quejaba. Es verdad que al principio la cosa estaba un poco fría. Incluso había una señora con carrito. Pero se fue animando cuando una octogenaria bailó un chuminero. Cada vez que pegaba un caderazo dábamos un respingo. Lo mejor fue cuando apareció Sonia, un transexual que parecía Jamie Lee Curtis. Yo no podía evitar fijarme en el cuerpazo que tenía el transexual, por muy transexual que fuese. «No, pero es que es alemán». Sonia empezó a cantar y La Kedá se vino arriba: «Si amanece y ves que estoy desnuda, cúbreme, cúbreme, cúbreme». Allí no se parpadeaba. Ella movía las manos igual que Rocío. Además de la voz, la Jurado fue el primer travesti de España. Ya sólo un hombre puede ser tan mujer. Sonia lo dio todo y acabó cantando el Señora como Paco Ibáñez. Luego se arrancó a bailar por sevillanas y se la disputaron un señor calvo y otro con los bigotes de Pedro Subijana y el aspecto de los miarma de Antonio Burgos. Y cuando el estrellato era suyo, un revuelo. ¡Amador! ¡Es Amador! Y Amador, que no se quita el sombrero así lo maten, apareció con séquito detrás. Yenifers de minishort, mariquitas de blog y señoras de las que llevan empanadillas a Jorge Javier. Vestía una camiseta negra de Donna Karan y estaba chupao, como si desde Supervivientes solo se alimentara de melón. «A mí me tienen despellejao porque me gusta la noche», cantaba el rumbero. A esas horas La Kedá ya era más Bambino que Jurado.
Cuando el público dejó de pedirle fotos, movido por un instinto periodístico que me estaba torturando («piensa en Kapuscinski... »), me acerqué. Estaba sentado en el patio. Me presenté ¿Una fotito? Ea. Se la enseñé y me dijo: «Pero Paco, qué guapo sales». Amador es verdaderamente simpático. Deseé intensamente ser su amigo y tuve celos de Yong Li. Cuando le dije que era periodista cambió el gesto. Ni que fuera a preguntarle por La Nave. Le pedí el teléfono y respondió: «Dame el tuyo». Lo apuntó en una servilleta artísticamente. Casi me dibuja una paloma. «En cuanto pueda te hago una perdida». Desde entonces me han llamado varias veces de Movistar y lo cojo diciendo: «¡Amador!». A la mañana siguiente dejé Chipiona. La resaca me pone sentimental y quise despedirme haciendo la rotonda de Rocío, cuya estatua dirige al mar el mismo gesto que ella hacía al público. Di varias vueltas, no quería irme. Una última mirada al balcón, venga. Tomé la calle y en el parque lo volví a ver. Con su kit de la felicidad mínima (perro, gorrita, bermudas y la bolsita verde del fiambre), viudo de hermana, lejos de Rosa y de todo, iniciaba otra vez su rutina chipionera.
Su calle sí ha salido mil veces en la tele. El portal, el lugar donde tira la bolsita de basura con su nudo hecho, el parque y el bar de la esquina. La recorrí como si fuera el decorado de «Cantando bajo la lluvia», me senté en el bar y pedí una cruzcampo. El bar se llama El Petisú («especialista en minipastelillos»). Un grupo de señoras charlaba tan ricamente en su terraza hasta que apareció un hombre con un enorme calabacín del tamaño de la Copa del Mundo. Lo agarró como Schweinsteiger y se lo puso entre las piernas. Las señoras se reían que parecía que las descuartizaban. Yo estaba a punto de juntar las manos y reírme con ellas cuando al caer el sol, cuando moría la tarde, observé que un sombrero se acercaba con mucho sigilo a un coche en doble fila. ¡Era Amador! Dentro le esperaba una mujer morena. Tras mirar a los lados, como si acechara el pelocho de Sálvame, Amador se metió dentro y tomó el volante. El coche podía haber esperado en la puerta de casa, pero lo prepararon para hacerlo una manzana más lejos, seguro que alertados por el vecino heavy. Cuando pasó a mi altura noté el reojo de su mirada.
¡Seguro que va a La Kedá! Así que fui directo. En la puerta del local hay una parada de coches de caballo. Uno puede llegar allí muy señorito. Otra cosa es cómo sale. A la entrada, un fotocol igual que el de La Posada. Después una estancia dedicada a Rocío Jurado. Fotos, un vestido y un busto en madera oscura con manto y claveles que parece la Virgen de Regla. Allí entra la gente a hacerse selfies. No está mal, pero el gran bar homenaje a Rocío en Chipiona no es ése, sino El Tani, que tiene centenares de retratos e incluso un enorme cuadro de La Ola. Así, como suena. La ola de «Como una ola». En cada bar hay un retrato de Rocío Jurado. Es otra virgen popular. La Kedá se completa con un modesto tablao y un patio al fondo. El público empezó a llegar sobre las diez. «Este bar lleva abierto tres años, ahora es cuando viene Amador. Aparece a la una, se hace unas fotos y se va». Así que me quedé a ver la actuación. Sevillanas y rumba. Alegría. «Estáis que parecéis un bingo». El rumbero, solo con su guitarra, se quejaba. Es verdad que al principio la cosa estaba un poco fría. Incluso había una señora con carrito. Pero se fue animando cuando una octogenaria bailó un chuminero. Cada vez que pegaba un caderazo dábamos un respingo. Lo mejor fue cuando apareció Sonia, un transexual que parecía Jamie Lee Curtis. Yo no podía evitar fijarme en el cuerpazo que tenía el transexual, por muy transexual que fuese. «No, pero es que es alemán». Sonia empezó a cantar y La Kedá se vino arriba: «Si amanece y ves que estoy desnuda, cúbreme, cúbreme, cúbreme». Allí no se parpadeaba. Ella movía las manos igual que Rocío. Además de la voz, la Jurado fue el primer travesti de España. Ya sólo un hombre puede ser tan mujer. Sonia lo dio todo y acabó cantando el Señora como Paco Ibáñez. Luego se arrancó a bailar por sevillanas y se la disputaron un señor calvo y otro con los bigotes de Pedro Subijana y el aspecto de los miarma de Antonio Burgos. Y cuando el estrellato era suyo, un revuelo. ¡Amador! ¡Es Amador! Y Amador, que no se quita el sombrero así lo maten, apareció con séquito detrás. Yenifers de minishort, mariquitas de blog y señoras de las que llevan empanadillas a Jorge Javier. Vestía una camiseta negra de Donna Karan y estaba chupao, como si desde Supervivientes solo se alimentara de melón. «A mí me tienen despellejao porque me gusta la noche», cantaba el rumbero. A esas horas La Kedá ya era más Bambino que Jurado.
Cuando el público dejó de pedirle fotos, movido por un instinto periodístico que me estaba torturando («piensa en Kapuscinski... »), me acerqué. Estaba sentado en el patio. Me presenté ¿Una fotito? Ea. Se la enseñé y me dijo: «Pero Paco, qué guapo sales». Amador es verdaderamente simpático. Deseé intensamente ser su amigo y tuve celos de Yong Li. Cuando le dije que era periodista cambió el gesto. Ni que fuera a preguntarle por La Nave. Le pedí el teléfono y respondió: «Dame el tuyo». Lo apuntó en una servilleta artísticamente. Casi me dibuja una paloma. «En cuanto pueda te hago una perdida». Desde entonces me han llamado varias veces de Movistar y lo cojo diciendo: «¡Amador!». A la mañana siguiente dejé Chipiona. La resaca me pone sentimental y quise despedirme haciendo la rotonda de Rocío, cuya estatua dirige al mar el mismo gesto que ella hacía al público. Di varias vueltas, no quería irme. Una última mirada al balcón, venga. Tomé la calle y en el parque lo volví a ver. Con su kit de la felicidad mínima (perro, gorrita, bermudas y la bolsita verde del fiambre), viudo de hermana, lejos de Rosa y de todo, iniciaba otra vez su rutina chipionera.
Un modo (progre) de resolver un problema
Hay progres que creen que la mejor manera de resolver un problema es insultarlo.
Manifiéstate
Hermano Lobo
Hughes
Fieles a su condición, los intelectuales frenéticos han empezado a firmar manifiestos sobre lo de Cataluña. Si una manifestación es un montón de gente detrás de unas pocas palabras, un manifiesto es muy poca gente detrás de un montón de ellas. Y un manifiesto contemporáneo es, además, una cosa muy decepcionante, porque no comienza como debería con eso de que “el fantasma del secesionismo recorre Europa en coche oficial”, sino que directamente remite a los abajofirmantes, que son una figura como de Ozores, como de film de Ozores (los abajofirmantes), con algo setentero y hasta venéreo. Porque el abajofirmante es el intelectual que movido por el compromiso sale de su torre de marfil hacia la realidad con su boli bic de firmar cosas, pero el único abajofirmante que puede arreglar esto es Messi y no el magnífico Félix de Azúa.
El manifiesto es una ternura de las élites que asumen lo del Cardenal Newman de que la verdad se transmite con el testimonio personal y como apóstoles de lo intelectual se retratan en textos en que afirman cosas de un cariz histórico-sentimental, como que “Cataluña es acreedora del afecto”, que es no salirse de ese lenguaje emotivo-tributario tan extravagante, o introducen adjetivos asombrosamente belicosos como el de “irreductible” para un sentimiento mayoritario. En otros casos, el texto parte de rotundas declaraciones de principios como afirmar que se está con la Constitución del 78, que es todo un detalle pudiendo estar con la de 1812.
El texto de los manifiestos es un ejemplo más de la moderna economía de la opinión, un texto de mínimos, desenfocado, casi tan abierto como un texto artístico y definitivamente antiguo.
Por el manifiesto federalista sabemos que Álvaro de Luna, es decir, El Algarrobo, no quiere la secesión, que es algo que yo imagino tranquilizará mucho el ánimo del independentista de Olot. Desde posiciones de izquierda se aclara que el federalismo es solidaridad limitada por el principio de ordinalidad, o de otro modo, menos solidaridad, y se utiliza esa expresión tan abominable de “la Constitución que entre todos nos dimos”. No, yo no me di nada, pero la tengo, me ha sido dada. Esa translación, esa herencia institucional que se recibe es la condición evolutiva de una sociedad. La tradición institucional es el papel de las élites, papel en el que parecen haber fracasado por mucho que ahora nos vengan con manifiestos.
Francamente, la cosa está mal. Tras el video del PP en que Rajoy nos dejaba patitiesos diciendo que el catalán hace cosas, Cospedal alababa sus paisajes y en general los populares hablaban del catalán como de alguien extraño y susceptible con el que congraciarse (“yo tengo muchos amigos catalanes”), estos manifiestos antisecesionistas firmados por intelectuales de fuera de Cataluña no terminan de tranquilizar. Tenemos una derecha con el catalanismo de untar con tomate la tostada (catalanismo de pa amb tomaca) y una izquierda que reclama menos solidaridad territorial. Nos está faltando un mormón.
Fieles a su condición, los intelectuales frenéticos han empezado a firmar manifiestos sobre lo de Cataluña. Si una manifestación es un montón de gente detrás de unas pocas palabras, un manifiesto es muy poca gente detrás de un montón de ellas. Y un manifiesto contemporáneo es, además, una cosa muy decepcionante, porque no comienza como debería con eso de que “el fantasma del secesionismo recorre Europa en coche oficial”, sino que directamente remite a los abajofirmantes, que son una figura como de Ozores, como de film de Ozores (los abajofirmantes), con algo setentero y hasta venéreo. Porque el abajofirmante es el intelectual que movido por el compromiso sale de su torre de marfil hacia la realidad con su boli bic de firmar cosas, pero el único abajofirmante que puede arreglar esto es Messi y no el magnífico Félix de Azúa.
El manifiesto es una ternura de las élites que asumen lo del Cardenal Newman de que la verdad se transmite con el testimonio personal y como apóstoles de lo intelectual se retratan en textos en que afirman cosas de un cariz histórico-sentimental, como que “Cataluña es acreedora del afecto”, que es no salirse de ese lenguaje emotivo-tributario tan extravagante, o introducen adjetivos asombrosamente belicosos como el de “irreductible” para un sentimiento mayoritario. En otros casos, el texto parte de rotundas declaraciones de principios como afirmar que se está con la Constitución del 78, que es todo un detalle pudiendo estar con la de 1812.
El texto de los manifiestos es un ejemplo más de la moderna economía de la opinión, un texto de mínimos, desenfocado, casi tan abierto como un texto artístico y definitivamente antiguo.
Por el manifiesto federalista sabemos que Álvaro de Luna, es decir, El Algarrobo, no quiere la secesión, que es algo que yo imagino tranquilizará mucho el ánimo del independentista de Olot. Desde posiciones de izquierda se aclara que el federalismo es solidaridad limitada por el principio de ordinalidad, o de otro modo, menos solidaridad, y se utiliza esa expresión tan abominable de “la Constitución que entre todos nos dimos”. No, yo no me di nada, pero la tengo, me ha sido dada. Esa translación, esa herencia institucional que se recibe es la condición evolutiva de una sociedad. La tradición institucional es el papel de las élites, papel en el que parecen haber fracasado por mucho que ahora nos vengan con manifiestos.
Francamente, la cosa está mal. Tras el video del PP en que Rajoy nos dejaba patitiesos diciendo que el catalán hace cosas, Cospedal alababa sus paisajes y en general los populares hablaban del catalán como de alguien extraño y susceptible con el que congraciarse (“yo tengo muchos amigos catalanes”), estos manifiestos antisecesionistas firmados por intelectuales de fuera de Cataluña no terminan de tranquilizar. Tenemos una derecha con el catalanismo de untar con tomate la tostada (catalanismo de pa amb tomaca) y una izquierda que reclama menos solidaridad territorial. Nos está faltando un mormón.
"¿De dónde sale la cizaña?"
DOMINGO, 20 DE JULIO
Jesús propuso esta parábola:
-El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga, apareció también la cizaña. Fueron los criados a decirle al amo: Señor, ¿no sembraste buena semilla? ¿De dónde sale la cizaña? Él les dijo: Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: ¿Vamos a arrancarla? Pero él les respondió: No. Podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega; cuando llegue, diré a los segadores: “Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”». Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente». Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo, el mundo; la buena semilla, los ciudadanos del Reino; la cizaña, los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra, el diablo; la cosecha, el fin del tiempo; y los segadores, los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los malvados y los arrojarán al horno encendido; y los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Mateo 13, 24-43
sábado, 19 de julio de 2014
La cláusula
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Es julio, hace calor y no es fácil llegar a ella debido a la maleza literaria que la oculta, pero ahí está, al final del manifiesto federalista de la izquierda carpetovetónica, la cláusula que espiritualmente la retrata.
Entre las firmas figura algún Premio Cervantes, al que el ministerio del ramo debería despojar del título por suscribir semejante español.
Sentado el “deseo firme” de seguir “conviviendo juntos” (sic), dice la cláusula:
“Una financiación justa y equilibrada, basada en los principios de igualdad de derechos de los ciudadanos, de solidaridad entre los territorios y de ordinalidad, en el sentido de que ninguna comunidad se empobrezca por causa de la referida solidaridad.”
¡Ah, la ordinalidad!
La ordinalidad que es una ordinariez, pues, si no lo hemos entendido mal (la redacción, desde luego, es de izquierdas, aunque parece obra de un Tono Martínez, el gestor cultural de Ana Botella), se trata de que los catalanes no tengan que empobrecerse por causa de la solidaridad.
La ordinalidad progresista de estos federalistas se formula como el escepticismo judío de aquellos polacos del cuento de Bertrand Russell invocado por Trevijano para mostrar que en el reino de la falsedad el maquiavelismo consiste en decir públicamente la verdad.
–Dos amigos en una estación. “¿Adónde vas?” “A Cracovia”. “Eso dices para que yo crea que vas a Varsovia. Pero no me engañas. Tú vas a Cracovia. ¿Por qué no has dicho la verdad diciéndome que vas a Varsovia?”
La izquierda maquiavélica ha dicho públicamente la verdad de la ordinalidad.
Bien, pues si de “convivir juntos” (sic) se trata, ¿esta cosa de la ordinalidad es sólo para catalanes o vale para el resto de españoles?
¿Puede Amancio Ortega presentarse en la ventanilla de Montoro y, en nombre de la ordinalidad, hacer valer su derecho federal a no empobrecerse por causa de la solidaridad? (Y quien dice Amancio Ortega, dice uno mismo, claro.)
Al parecer, sí. Pero primero hay que federarse.
El tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella.
En Así Habló Zaratustra, Nietzsche decidió describirnos a nosotros, los ciudadanos del siglo XXI. Es difícil leer lo que dice sin sentir que "eso es lo que hay":
“¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz de despreciarse a sí mismo. ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre. “¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea.
La tierra se ha vuelto pequeña, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.
“Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.
Han abandonado los lugares en los que era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente incluso ama al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor.
“¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz de despreciarse a sí mismo. ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre. “¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea.
La tierra se ha vuelto pequeña, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.
“Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.
Han abandonado los lugares en los que era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente incluso ama al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor.
Seguir leyendo: El Café de Ocata
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