martes, 26 de enero de 2010

IRENA SENDLER



La madre de los niños del Holocausto


1910-2009

lunes, 25 de enero de 2010

EL DÍA MÁS LARGO


José M. Guardia
Barcepundit

UNAS FOTOS verdaderamente impresionantes del 65 aniversario del desembarco de Normandía.

(via)

FÁBULA MORAL DE CHATILLO DE MADRID

José Ramón Márquez


I

Una pequeña nota en el diario madrileño La Voz, en su edición del día 8 de octubre de 1924, daba cuenta del ingreso, en el Hospital Provincial de Madrid, del novillero Guillermo Peregrinal, Chatillo de Madrid, a causa de una cornada recibida en una capea celebrada en Moralzarzal.

Cossío, a quien siempre acabamos recurriendo, da una brevísima información del humilde diestro. Dice:

“Banderillero en novilladas, madrileño. No pasó de modestísima categoría. Toreando el 5 de octubre de 1924 en Moralzarzal fue cogido por un toro de Zaballos, que le infirió dos tremendas cornadas, a par de la fractura de un brazo. Falleció en Madrid, adonde fue trasladado, el día 10 del citado mes”.
Juan José Zaldívar, en su libro Víctimas del torero, lo incluye en el capítulo de Banderilleros y no aporta nada nuevo a lo dicho por Cossío.

II

Esos son la noticia y el apunte para la Historia del triste fin de un hombre en una capea pueblerina. El final de uno de tantos desconocidos de los que andaban por los pueblos lidiando lo que les echasen, a cambio seguramente de pasar el capote al final del festejo para recibir la propina de los espectadores; durísima escuela para los que empezaban en el oficio y durísimo final para los que ya estaban en la retirada y en la derrota.

Hay algunas cosas que no nos cuentan. No nos cuentan, por ejemplo, que el novillo de Zaballos, lidiado en un ruedo hecho de carros, tenía la edad de nueve años y dio un peso, una vez muerto, de veintinueve arrobas y media, ni que la corrida, como es natural para novillejos como el descrito, era un festejo sin picadores.

El Zaballos, al parecer de desproporcionada cuerna, sin castigo y sin tener enfrente a toreros con experiencia y recursos suficientes para lidiarlo y someterlo, se hizo el amo del improvisado ruedo. Además de las tremendas cornadas en la ingle y en el muslo que infirió a Chatillo, incluida la reseñada triple fractura de uno de sus brazos, corneó a otro novillero, cuyo nombre no consta, en la pierna. Se mató al toro como se pudo, casi a tiros dicen las crónicas. Mientras tanto, tras una cura de urgencia hecha por el médico del pueblo, se evacuaba urgentemente a Madrid al Chatillo en un automóvil para darle ingreso en el Hospital Provincial, donde fallecería a los pocos días.

III

Por aquellas fechas, el diario ABC publicaba en su edición del día 7 de octubre esta otra noticia:

“Anteayer ingresó en la Casa de Socorro Central de Palacio Antonio García, de diecisiete años, habitante en el Campo de las Vistillas, víctima de una herida en la región inguinal producida por asta de toro. En dicho Centro benéfico se supo que el herido había recibido asistencia facultativa en el pueblo de Hoyos (sic) de Manzanares, por lo que los médicos se abstuvieron de curarle nuevamente, y ordenaron su traslado al hospital de la Princesa.”

Por su parte, el semanario La Lidia recogía lo siguiente en su edición del 10 de octubre:

“En la corrida de novillos celebrada en el pueblo de Burgohondo con motivo de las fiestas, al entrar a matar a uno de los novillos, Valentín Verdasco sufrió una aparatosa cogida. El desgraciado diestro resultó con la fractura de varias costillas y con otras graves lesiones. El herido, con todo género de precauciones y en gravísimo estado, fue conducido al hospital de Ávila.”


IV

Estas tres escenas, tan próximas las unas de las otras en el tiempo, son sólo unas pinceladas para entrever las tremendas pruebas por las que había que pasar hace casi un siglo para ir abriéndose camino en el mundo del toro. Nadie puede añorar aquella tremenda escuela en la que se forjaron muchos grandes toreros a sangre y fuego, y en la que tantos se quedaron en el camino. ¿Quién desearía lo de Chatillo, lo de Antonio, lo de Verdasco... para alguien? Por humanidad, nadie. Sin embargo, ¿acaso no es con esos materiales tan tremendos, tan descarnados, con los que está construida la leyenda del torero como un ser especial, casi un semidiós? ¿Qué impresión quedaría en aquellos aldeanos que contemplaran alguna de aquellas tres infaustas tardes? ¿No sería también la tremenda mezcla de susto, horror, piedad y compasión por una joven víctima otra parte sustancial de aquella forma del espectáculo, en épocas anteriores a la radio, a la televisión y a la cultura de masas?

V

Vengamos al presente. Estamos a las puertas de la Plaza de toros de Moralzarzal, moderna, cubierta y perfectamente equipada con enfermería y con todos los servicios. De un potente auto de alta gama, rodeado de sus apoderados y ponedores y vestido como los grandes, con un caro capote de paseo recamado en oro y de barrocos bordados, desciende un torero. No es el figurón triunfador de San Isidro, sino el desconocido novillero Z, un Chatillo del siglo XXI, que viene a matar pongamos que una novillada de Alcurrucén o de los Hermanos Garzón, de procedencia Núñez del Cuvillo.

Está claro que la nuestra es una época más confortable y segura en cuanto al riesgo personal, pero ¿será acaso ésta la mejor escuela para un torero?

***

Si a aquellos infelices que iban literalmente a morir a las capeas pueblerinas, sin garantías de ningún tipo, exponiéndose a los bichos que les echasen y con el riesgo aumentado de los garrotazos del ‘respetable’, les hubiesen contado lo que hoy día es la novillería, no habrían dado crédito. A ver cómo se les podría explicar a aquellos esforzados toreros, carne de cañón la mayoría, que en nuestros días para torear hay que ser rico o tener a un rico al lado, y que si no, prácticamente no hay nada que hacer. ¿Quién de entre los que le rodeaban iba a hablarle al pobre Chatillo, con su vestido raído y su capotillo de tantas tardes y tantos sinsabores, de cosas como el arte o parar el tiempo y los relojes? El suyo y el de otros, relojes humildes de toreros anónimos y desconocidos, se lo paró fatalmente un pavo de nueve años en una plaza de pueblo.



LUNES, 25 DE ENERO

PADRINO

A mí el tal Luque me parece simplemente otro Abellán, aunque del Sur -como si eso en estos tiempos quisiera decir algo- y con la agresividad propia de la juventud, lleve o no lleve razón. ¿Que por qué nos lo quieren imponer como la estrella de la temporada? Sólo se me ocurren dos razones: una, que este verano cortó un rabo en Móstoles que uno no vio porque Márquez no me quiso acompañar (yo quería ver a Esplá); y la otra, que tendrá uno de esos padrinos que están tan por encima de la tauromaquia que casi ya andan al lado de los prohibicionistas.

Ignacio Ruiz Quintano

UNA PLUMA TE SENTENCIA (FANDANGO)


Al aficionado I.


Una pluma te sentencia
y una pistola te mata.
Yo de letras no sé nada,
pero hay hombres bajo tierra
con una pluma y un arma.


[De la colección particular Look de Té, recogidos al aire de su vuelo.]

LA BARRERA PSICOLÓGICA DE LOS TRES MILLONES

domingo, 24 de enero de 2010

MUERTOS ADINERADOS Y DE DERECHAS

Lo relevante del caso, para El País, es que "esta vez las víctimas no son republicanas, sino sacerdotes y gente adinerada y de ideología de derechas fusilada por el bando perdedor de la guerra". Esto, para la cronista, "lo cambia todo".

[Vía libertaddigital.com]

DOMINGO, 24 DE ENERO


RECETA

"Se coge un cerdo y se le capa", arrancaba una receta de cocina de doña Emilia Pardo Bazán, aquel obispo de las letras. Bueno, pues ahora coges a un infante -lo más tierno posible- y lo rellenas de periódico global en español, tertulia cultural de La Sexta, humor del doctor Wyoming -el gagman de los parados-, más algunas nociones elementales de Educación para la Ciudadanía (la Formación del Espiritu Nacional que despacha el filósofo Marina -el Alain de los pobres-), y te sale... esto, que no es precisamente Einstein.

Ignacio Ruiz Quintano

JUAN ANTONIO "TEMPLE" ESPARTACO




José Ramón Márquez

¡Pues vaya! Anuncian ahora las conferencias ésas que patrocinan Los de José y Juan y resulta que entre ellas han colocado una titulada Espartaco, vida y leyenda de una figura del toreo.

Uno tiene la deformación de que si oye la palabra ‘figura’ se pone a pensar en eso, en las figuras, en Julio Aparicio o en Paco Camino o en El Viti, por decir tres de los grandes, y resulta que los cincuenta de J y J nos quieren liar para que asistamos a una homilía o hagiografía sobre la vida y milagros de Espartaco, figurilla contemporánea, que si le llegan a ver torear José o Juan, lo primero que hacen los dos es salir pitando cada uno por su lado.

El bueno de Juan Antonio Ruiz tuvo un par de méritos indudables. Uno es que hacía bueno el ripio ese de ‘En los carteles han puesto un nombre/que no lo quiero mirar’, que es que era ver asomar el nombre de Espartaco y lo primero que se te ocurría era huir como si te hubiesen puesto banderillas negras. Para los que no vivieron aquel período se debe decir que ahí se produjo en la plaza de Madrid, que es la que uno conoce bien, un divorcio total entre el que andaba enseñoreándose de los carteles por toda la geografía del toro y el sublime desprecio que por él sentía la plaza entera o prácticamente entera. Desde luego, confieso que no he oído jamás un juicio positivo sobre este torero entre ningún aficionado que me inspire respeto, joven o viejo.

Su toreo basto y rectilíneo, su cansino ir y venir, su ímpetu por triunfar, hasta su proclamada bonhomía provocaban un hastío que era como una losa pesada que no había quien la levantase. Me cuesta una barbaridad recordarle, apenas guardo recuerdos de él. Hay algunos antiponcistas que llevan interesadamente la mala influencia del estilo ventajista del sevillano hasta Enrique Ponce, a quien declaran su heredero. Yo no, tajantemente.

Su otro mérito, su gran virtud como torero y el secreto de su triunfo, en mi opinión, fue el temple. No soy original en eso. Pero es que, para saber qué es el temple, en esa época estaba aún por las plazas el gran Dámaso González, que es el temple hecho carne, y además, para quien desease saber lo que era el toreo de una forma definitiva y establecer las comparaciones que quisiese, aún estaba abierta la Universidad Chenel Albadalejo. Es verdad que ni el albaceteño ni el madrileño fueron lo que se conoce por figuras, tan sólo fueron grandes e inolvidables toreros, cada uno a su modo; pero Espartaco, habiendo recibido la vitola de ‘figura’, es totalmente prescindible, al menos para una gran legión de los que lo hemos visto tantas tardes.


***
La verdad es que tenía a esa histórica peña o lo que sea por un grupo de aficionados algo más selectos.



SE VENDE RAZÓN II


Ricardo Bada

Un Ruiz colombiano me envía esta réplica:

No perderé la ocasión
de aprovechar a destajo
bien pronto y sin dilación;
¡aunque por esa razón
se vaya todo al carajo!


JOSÉ MARÍA RUIZ

EN AQUEL TIEMPO, JESÚS VOLVIÓ A GALILEA...


DOMINGO, 24 de Enero
3º del tiempo ordinario
3ª del Salterio

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

-El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

-Hoy se cumple esta Escritura que acabaís de oír.

Lucas 4, 14-21

sábado, 23 de enero de 2010

LA NOVIA DE ESPARTACO

Londres, 1929 - Santa Mónica, California, 2010



A Jean Simmons, in memoriam


Nadie se mueva.
Todo amante ve asaltos
en las ojeras.

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

[No era ése el caso del poeta popular cubano Francisco Riverón. Aquel decimador de lo guajiro, aun respetando la inmovilidad requerida para dejarse ver desde abajo, pasaba a describir el fenómeno como un auténtico rensaku del ahorcado, expuesto a la vendimia de la más esmerada comprensión: Con un racimo de ojeras / colgado de la mirada. J-M U]



LA TEMPORADA VISTA POR LOS QUE PAGAN



LA TAUROMAQUIA DE MMX

Antonio Díaz
eltoroporloscuernos

Empezamos con Ponce y Tomás simulando que son coletillas con honor, ultrajando el oficio de torero, demostrando la misma casta que los inválidos que hacen como que torean día sí y día también; dentro de la carpa del gran circo de Vistalegre saltarán a la pista ejemplares del Capea, Cuvillo, Zalduendo, Garcigrande y Algarra, casi ná; sigue abierta la factoria de gestas al por mayor: Luque, Julio Benítez "El Cordobés", Jairo Miguel y Castella, por ahora, con toros de Miura ninguna; Picassiana en Málaga con el bailaor Javier Conde, el Fandi de palmero y toros de Algarra; Domingo de Resurrección en Sevilla con toretes de Daniel Ruiz (si pasan el exiguo reconocimiento veterinario); el mismo día Luque se hartará de hacer luquesinas ante ocho o nueve Garcichicos (contabilizo ya los dos o tres sobreros que habrán de salir); Jesulin posiblemente estará en más plazas de primera que JT el año pasado; mano a mano Ponce y Juli sudarán la gota gorda en Fallas ante lo que carguen en Zalduendo en el camión de la basura; Cayetano y Morante ahora son amigos y torearán al a limón; El Pilar, Victorino y Escolar no lidiarán en Las Ventas; en Céret empiezan a funcionar los enchufes, ¿verdad, Fidel San Román?; Jandilla vuelve a ser fija en San Fermin; Ortega Cano aún piensa en Las Ventas en Otoño... ¿de verdad que aún no han abolido la tauromaquía?

SE VENDE RAZÓN


Ricardo Bada


LUIS CARANDELL


[Corregido] Fandango [inédito] dedicado por el Celtiberia Show al Herr Professor Immanuel Kant
:

En la fachada -en Horcajo-
de un vetusto caserón

dice SE VENDE RAZÓN


y el teléfono debajo:
¡no pierda usted la ocasión!*


* El renombrado Celtiberia Show hubiese podido producir de hecho algún fandango bastante más onubense, basándose por ejemplo en el supremo disparate de una señal de tráfico en la playa de Punta Umbría donde podía leerse: NO APARCAR MINUSVÁLIDOS. Pero también es cierto que el fandango repele las rimas esdrújulas.

CÓMO VÉRSELAS CON OLIART


José Ramón Márquez

La Mesa del Toro, que alguno de los que participan en ella ya la ve como ‘La Mesa del Oro’, ha celebrado sus dos anunciados aquelarres, el de la Arganzuela y el del Arenal y, por lo que cuenta uno que estuvo allí, el tema principal fue el de las pelas:

-¿A cuánto se toca?

-¿Cuánto para mí y para mis compañeros y para mí el primero?

No podía ser de otra forma, que somos españoles y nos conocemos.

El señor J. de Sevilla, que sabe de números, echa las cuentas del oro del toro y le salen 300.000 pavos de ingresos por deducciones y diezmos variados para esa mesa de caoba, sin contar el pastón que pondrán las Matildes para que la mesa o mesilla ampare al Señor de los Cuvillos y le lleve de viaje a Estrasburgo o a Bruselas, que un rule por ahí nunca está de más. Pues bien, con lo que hay ya comprometido de gasto más el previsible, ya no salen las cuentas: entre oficinas, secretarias, jefes de comunicación, páginas web y otras minucias, se les va una lana, que el dinero corre que se las pela, si lo sabré yo.

Total que, visto que no va habiendo sorpresas y que todo sigue el guión que todos nos esperábamos, hoy por hoy lo más excitante de todo esto de la Mesa sigue siendo el asunto Oliart Sausol. ¿El no haber dado acuse de recibo ni fecha a la solicitud de entrevista cursada por los componentes de tan oneroso mueble se deberá a algún tema relacionado con la salud y los años del prócer o a que acaso no tiene una sala en la que meter a tanta gente?

SÁBADO, 23 DE ENERO


EL CARTEL ESTRELLA

Si un mano a mano Perera-Luque (derechazo en sarta, encimismo, zapatillazo, redondo invertido, y para rematar, tres o cuatro de pecho consecutivos) puede ser el cartel estrella de la Feria de Sevilla, no están tan locos los prohibicionistas.

Ignacio Ruiz Quintano

LA IGNORANCIA



libertaddigital.com

Desde mis primeros años, solía decirme mi finado tío Roberto que la sabiduría posee límites muy concretos, hijos de nuestras incapacidades y de la inmensidad del campo del saber; pero que la ignorancia carece de ellos: es de una infinita profundidad.

Me llama sobremanera la atención que, en las habituales críticas a la clase política, que abundan, y con razón, rara vez se señale ese aspecto de la personalidad de los dirigentes. Con honrosas excepciones, aquellos que se supone que nos representan, diputados, senadores, ministros, presidentes autonómicos, y no digamos alcaldes o concejales, brillan por su desconocimiento monumental de casi todo, pero sobre todo, de manera flagrante, de los asuntos que deben gestionar.

Se me dirá que existen políticos cultos y leídos diputados, como Juan Van Halen o Joaquín Leguina, que hasta ejercen como escritores, pero ésa no es la norma, sino la excepción. Que nuestros presidentes no hablen lenguas, o las hayan aprendido ya en el cargo (Zapatero ni así), es un síntoma llamativo. Por no hablar de los varios que han sido elegidos para el Parlamento Europeo sin hablar siquiera un castellano correcto. No incluyo en este repaso, desde luego, a los muy dignos miembros de la carrera diplomática, que suelen dejarnos en buen lugar, aunque mi preocupación tenga poco que ver con la imagen.

Un señor llamado a debatir sobre el cambio climático, por poner un ejemplo muy a mano, debería tener ciertos conocimientos al menos rudimentarios de química, física, geología, climatología y otras ciencias, o ponerse a estudiarlas de inmediato (más de dos tardes), antes de presentarse donde sea a dar una opinión y, lo que es más grave, votar respecto de decisiones que nos afectan a todos. Nos cobran por asistir a esos eventos. Y la verdad es que en su mayoría tienen serias dudas acerca de los elementos que componen el CO2.

Trinidad Jiménez. Tiempos hubo igualmente en que los ministros eran especialistas en el ramo del que se ocupaban. ¿Qué hace la abogada Trinidad Jiménez al frente de la cartera de Sanidad? Hay que reconocer que ordenar la vida de los profesionales y la salud de todos desde la nada requiere coraje y una concepción singular de la política como servicio. No les preocupa: gobierno y oposición están a punto de parir un pacto al que llaman, sin que se les mueva un pelo, "educativo", y no "sobre la educación" o, en el peor de los casos, "educacional"; pues no, "educativo", como si el pacto en sí mismo fuera a educar a alguien. (Los informativos caen cada día en decir que lo que no está bien no es el clima, sino la climatología, ciencia que en sí misma no es responsable de las lluvias ni del frío ni del calor, igual que los españoles de la calle solían decir de un hombre con mundo que tenía mucha "mundología").

Casi todo lo que este gobierno hace, lo hace desde la nada. Ni los comecuras oficiales se han ocupado jamás de leer la Escritura, ni las feministas oficiales conocen la larga polémica de la cuestión del género, ni los feroces antiamericanos que nos rodean en las alturas se han tomado el trabajo de sentarse (dos tardes) a hojear una historia de los Estados Unidos, por no decir de la Segunda Guerra Mundial. La ignorancia, por otra parte, es el principal determinante de la continuidad hasta el infinito de nuestra Guerra Civil.

Lo que más me inquieta es la intuición de la enorme medida en que esa clase política es reflejo de una actitud general de la sociedad en la que se origina. Y no me refiero únicamente a España, donde la cosa es gravísima en todos los niveles, y para constatarlo basta con una mirada a los criterios de selección de personal en las empresas, sino a cualquier otro país de los considerados medianamente civilizados. La argentina, por ejemplo, es una sociedad con fama de culta, pero sólo gobiernan ignorantes patéticos desde hace rato. No espero mucho de una Rusia devastada por setenta años de comunismo, pero el hecho de que el país de Tolstoi esté gobernado por siniestros personajes formados en el KGB o potentados que se rigen por la ley de la calle llama poderosamente la atención: hasta el zarismo era menos brutal, y dio lugar a un Pedro y una Catalina.

En España, la ignorancia está de moda. Pueden contarlo con lujo de detalles miles de profesores de instituto en ejercicio que hasta padecen violencia sistemática, y no por parte de los hijos de inmigrantes, que, aunque sea por la cuenta que les trae, mantienen un perfil bajo (y un rendimiento igualmente magro), sino por los retoños de nuestras clases medias y bajas.

Desde luego, la televisión formula un modelo ad hoc. Siempre me pareció una estupidez la afirmación de que la violencia de las series americanas generaba una tendencia a la imitación en los jóvenes espectadores. Los que creen que es así pueden quedarse tranquilos: los muchachos no ven series americanas, en general demasiado complejas, con guiones que reclaman atención durante periodos de entre ocho y doce minutos si se quiere entender algo. Además, han sido claramente desplazados del interés del espectador por la programación basura, que se encarga por sistema de popularizar figuras de muy dudosa moral, ninguna de las cuales tiene medios de vida comprobables, y cuyo nivel intelectual va poco más allá del analfabetismo, llegando a carecer de una sintaxis inteligible o de un léxico mínimo.

La cosa va de Gran Hermano a Escenas de matrimonio, un especie de serial empeñado en demostrar que toda convivencia entre hombre y mujer es deleznable, y que en su última edición ha sumado a las groserías de siempre una "familia de nuevo tipo", constituida por dos señoritas que comparten piso y que se odian tanto como las parejas tradicionales que aparecen en otros cuadros. Alguien dijo que el programa era pura violencia de género, y tenía razón: promueve el odio como lazo más habitual entre personas que ni siquiera son familia (los hijos brillan por su ausencia).

Pero la verdadera tragedia de todo esto radica en la indefensión ante el ataque ideológico: en la mayoría de los hogares españoles de clase baja y media baja nadie habla mejor que Belén Esteban ni tiene más disposición al aprendizaje de nada que los chulos que inundan Gran Hermano u otros programas de idéntica enjundia (Mujeres y hombres y viceversa, por ejemplo). La clase media suele viajar tal como lo hace un popular presentador que, habiendo regresado de Egipto hace unos días, había olvidado perfectamente todo lo que había visto y no sólo no se disculpaba por ello, sino que hasta bromeaba a propósito del tema.

La idea dominante es que, cuando llega a casa por las noches, la gente tiene necesidad de "distraerse", es decir, de vaciar su cabeza de los acontecimientos personales de la jornada, vaciamiento que, aunque ellos lo ignoren, se hace por inyección, es decir, sustituyendo unas cosas por otras: de la pobre vida individual de cada uno se pasa a la de algún torero que caza en su finca durante la veda y tiene hijos de dos mujeres que se odian, o a los problemas de los nietos del Caudillo (cosa que vende un montón), o a los repugnantes entresijos de la herencia de una cantante o de una baronesa que ama poco a su hijo, o a los devaneos turísticos de una duquesa con amoríos seniles paseados de palacio en palacio y de país en país.

Al final, los hombres matan a sus mujeres y viceversa, y nadie se explica por qué.

No se trata ya de que la ignorancia sea infinita, un pozo sin fondo, sino de que todo el sistema educativo está podrido hasta las raíces, y la clase (aparentemente) dirigente no sólo no hace nada, sino que amplía la boca de ese pozo para que la caída sea más fácil y definitiva. La consigna parece ser que hay que hundir a todo el mundo en la ignorancia; como sea, que dice Smiley.


vazquezrial@gmail.com
www.vazquezrial.com

viernes, 22 de enero de 2010

GABILONDO ESTÁ TRISTE




José M. Guardia
barcepundit

¿PERO NO HABÍAMOS QUEDADO en que el 90% de los españoles estaba en contra de la guerra de Iraq, Iñaki?

Lo que voy a decir ahora es posiblemente lo que voy a decir con más tristeza en todos los días de mi vida. Creo que soy un comunicador muy, muy público. Incluso en la SER siempre tuve una mirada muy pública. Lamentablemente, desde la segunda legislatura de Aznar y con la guerra de Irak, hay un porcentaje alto de españoles que me tiene completamente descalificado, que me odia y que me considera el paradigma de todo lo que un periodista no debe ser. Estoy marcado por eso. Si yo fuera a la tele pública, habría protestas y escándalo. Lo digo con la más absoluta tristeza. Además, al ser progresista, se me ha vinculado a todo tipo de contubernios con el PSOE. Y algunos periodistas se han encargado de que eso no duerma.

Si ése fuera el motivo, te llevarían al plató a hombros. O quizás es que la locura de las encuestas no era tanta.

MANOLO EN HAITÍ

Para trabajar

A Manuel Martínez Cascante, que ya perdió el pelo en Bagdad buscando el zulo de Sadam, un abrazo dsde la Andanada del 9. Visítenlo en su impagable Archivo de Indias de abc.es.

Y para descansar

DE LA MESA DEL TORO AL GRAN HERMANO

Juan José Padilla



En las esquinas grupos de silencio / a las cinco de la tarde. / ¡Y el toro solo corazón arriba! / a las cinco de la tarde.
Federico García Lorca



José Ramón Márquez

En Mundotoro, sobre la defensa y ataque de la Fiesta en el parlamento de Cataluña:

Hasta el estrado del Parlamento de Cataluña subirán los diestros Luis Francisco Esplá y José Miguel Arroyo ‘Joselito', además del apoderado Salvador Boix. También se contará con la participación del filósofo Víctor Gómez Pin, el empresario de la Monumental Pedro Balañá, la presidenta de la Plataforma, Rosa Gil, el ganadero Pedro Fumador, la psicóloga Marilén Barceló, la presidenta de la Unión de Villas Taurinas de Portugal, María da Luz Rosinha, así como el alcalde de la localidad francesa de Arles, Hervé Schiavetti, según informa el diario La Razón. En contra de la Fiesta intervendrán Álvaro Munera Bailes «El Pilarico» (torero retirado que ahora está en contra de las corridas de toros); Norberto Bilbeny García, catedrático de Ética de la Universidad de Barcelona; Jorge Casamitjana Costa, etólogo; José Antonio García Rodríguez, profesor del departamento de Biología Animal, Parasitología, Ecología, Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Salamanca; Jorge Wagensberg Lubinski, científico y escritor; el filósofo Pepe Terricabras Nogueras; Nuria Querol Viñas, doctora en medicina y biología; el también filósofo Jesús Mosterín Heras; y Luis Ferrer Caubet, catedrático de Medicina animal de la UAB.

¿Por qué no los encierran a todos en una casa y hacemos nominaciones y que lo presente Mercedes Milá, que seguro que es más divertido que el tabarrón que van a dar los unos y los otros?

De todos esos nombres de más arriba, hay uno en cada bando que me provoca retortijones de risa: el profesor Gómez Pin, por los buenos, y el no menos profesor Mosterín por los malos. A ver si un día nos hacemos unas risas con ellos, que hay tema.

¿Y digo yo que por qué no se les ocurrirá llevar al Parlamento a éste de aquí abajo, que se defiende solo?


PERIODISTAS ¿O NIÑOS DE PAPÁ?



Jacobo G. García
elmundo.es

¿Se puede llegar a un terremoto con maleta de ruedas? Sí. ¿Puede una revista que dedica su última portada a los maquillajes más sorprendentes y a las joyas que vienen para este año enviar a un periodista para la cobertura? Sí. ¿Puede llegar alguien a la zona más devastada del planeta sin agua, comida ni un teléfono en condiciones? Sí.
¿Puede la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) llevar a más de veinte periodistas dentro de un avión de emergencias? Sí. ¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí, y ¿puede el ministro de Exteriores buscarles casa a todos los periodistas para que trabajen con "plena seguridad" cuando sólo ayer hubo tres réplicas y ni la policía ha sido capaz hasta ahora de tomar el control de las calles? Sí, y no sólo eso si no que Juan Pablo De Laiglesia, secretario de Estado para Iberoamérica, tuvo que perder un día entero en cumplir la orden del ministro, en medio de un desastre de estas dimensiones. Y además de todo eso incluyan ustedes a una estrella de la televisión nacional convertida en la mayor mosca cojonera de cuantos han pasado por ahí.

Etcétera, etcétera, etcétera.

VIERNES, 22 DE ENERO



TODOS SOMOS LLAMAZARES

El FBI le ha tomado el pelo a Llamazares (no tendrían a mano la peluca de Carrillo) para hacer unas risas y Madrid se lo toma a la afición para hacer un flamenquito. Hablamos de Resurrección y Beneficencia. La primera ha quedado como piñata de la oportunidad del pobre -el año pasado Talavante, y éste, Luque-, y la segunda, como flamenquito para el petardeo de las cotorruelas de la capital. Yo estaba con Márquez cuando el padre de Luque le pagó un cortado en Pozuelo (parece una jota navarra: "Pagué un cortado en Pozuelo" por "Compré una mula en Tafalla", etcétera), así que no diré nada de Resurrección. Beneficencia es otra cosa, con Morante y Cayetano. ¿Cayetano? ¿El del desplante al toro echado -echado como una mula vieja- de Arévalo? ¡Ufff! De los bichejos que en esa tarde salgan por el toril venteño ya nos hacemos cargo. En fin, que el flamenquito de Beneficencia está bien pensado: Morante pone la barbilla, Cayetano pone la patilla, Curro Vázquez pone la gorra y Choperita pasa el cepillo. Y las batas de cola -por culpa de los peperos, Madrid empieza a ser una plaza de bata de cola-, hala, a pegar aletazos con la cadera, que las manos las tendrán rotas de palmear. La gracia es que, entre Morante y Cayetano, quieren colar a Luque, que será el espada de la terna elegido para destinar sus honorarios a la caridad.

Ignacio Ruiz Quintano

LOS VIERNES DEL CAMPO DEL GAS II




RETRATO DE UN PERDEDOR


Alberto Salcedo Ramos


Crónicas Periodísticas

(Vía ArcoLibris, de Laura García
)

A Víctor Regino no le preocupa que esta noche, cuando regrese al ring después de un retiro de trece años, el público le grite anciano o el rival le desencaje la mandíbula: a él sólo le interesan los cien mil pesos de la paga, con los cuales podrá restablecer mañana su pequeño taller de traperos.

Son las cinco de la tarde y nos encontramos en un restaurante del centro de Montería. Regino cena temprano porque quiere evitar sentirse aletargado durante la pelea, que comenzará dentro de tres horas. Por cierto, hoy le ha tocado adelantar el horario de todas sus comidas: desayunó a las cinco de la madrugada y almorzó a las once de la mañana. Mientras retira la remolacha del plato con un gesto de repulsión, advierte que no le gustaría que su hija Yoeris, de quince años, asistiera esta noche al coliseo. Luego sorbe su jugo de toronja, mira de soslayo hacia el televisor. Regino agarra el cuchillo con la mano izquierda, y el tenedor, con la derecha. Corta la carne en rodajas toscas, que engulle despacio.
De pronto, saca del bolsillo de su camisa un trozo de papel en el que tiene anotados los elementos que comprará con el dinero del combate: treinta libras de pabilo de algodón, quince yardas de lycra y veinte palos de cedro macho. Su idea es reanudar la producción mañana mismo, antes del mediodía. El resultado de la contienda le tiene sin cuidado, porque él ya decidió que, al final de esta misma noche, volverá a colgar los guantes. A los treinta y siete años —admite, con un gesto de resignación—, sería absurdo que le apostara su futuro al boxeo.

Hace días se tropezó en la ribera del río Sinú con el empresario Hernán Gómez, quien le anunció que montaría una cartelera boxística en homenaje al ex campeón mundial Miguel Happy Lora. A Regino se le abrieron las agallas en seguida. Sabía que si participaba en la velada podría reabrir el negocio que clausuró a mediados de 2006, por falta de capital para costear la materia prima. El problema era su prolongado destierro de los cuadriláteros: ningún promotor se animaría a programarlo en esas condiciones, a menos que necesitara un relleno de emergencia. Así que se le anticipó al escollo con una mentira: dijo que llevaba ocho meses entrenando diariamente en el gimnasio. A continuación, cuando Gómez le preguntó la edad, Regino redondeó su artimaña quitándose seis años de un solo envión.

—Ya casi voy a cumplir treinta y uno, docto.

Mientras lo veo masticar su bistec con parsimonia, supongo que hay que ser despistado de remate para tragarse tamaño embuchado. Porque lo cierto es que Regino aparenta más de cuarenta años. Su piel cobriza, normalmente templada como un tambor, acusa los trastornos causados por la dieta estricta del último mes: se ve marchita, vaciada. Tiene una catadura de huérfano que quizá se debe a sus ojeras profundas. Uno pensaría que consiguió su ropa entre los restos de un naufragio: la camisa demasiado ancha, los zapatos con las puntas dobladas hacia arriba. Hasta su bigote largo y desgreñado, que contrasta con sus mejillas escurridas, parece heredado de un difunto mucho más grande que él.
En aquel encuentro casual, Gómez le propuso a Regino sustituir a un púgil que se le había escabullido dos horas antes, cuando se enteró de que su rival sería el invicto Miche Arango, un muchacho de veinticuatro años que, según los locutores deportivos de la ciudad, tiene morfina en los puños. Regino aceptó sin vacilar, porque sabía que no le quedaba otra alternativa. Desde entonces empezó a escuchar los pronósticos más sombríos. Un reconocido profeta local opinó que esta sería la clásica pelea desigual de tigre con burro amarrado. Otro invocó la viejísima analogía entre el ring y el patíbulo. Y el de más allá dejó en claro que no arriesgaría un céntimo por él.
Regino sorbe su jugo de toronja, ensarta un aro de cebolla con el tenedor, encoge los hombros. A él no lo desvelan esos malos augurios, dice. Aunque sabe que la derrota es posible, se niega tajantemente a regalar su cabeza. Piensa que si sobrevive a los cuatro primeros asaltos, podría ganar, pues su adversario seguramente estará cansado a esas alturas. En todo caso —repite, después de limpiarse la boca con la servilleta— lo verdaderamente importante no es el resultado de la contienda, sino el hecho de que mañana amanecerá con dinero para reactivar su microempresa de traperos.

***

Visto por la espalda desde su esquina, mientras recibe las instrucciones del árbitro en el centro del ring, Víctor Regino parece medir menos de los ciento sesenta centímetros que le atribuye su cédula de ciudadanía, tal vez porque tiene el lomo encorvado. Para pelear en el peso gallo —ciento dieciocho libras— debió perder ocho kilos en los últimos treinta días. Pese a su aspecto magro, conserva un par de rollitos de grasa a ambos lados de la cintura. Sus piernas pasarían inadvertidas de no ser por los músculos gemelos tan tensos y abultados. Regino brinca en la punta de los pies, lanza una combinación de golpes en el aire. Ahora, por fin, está de frente. Noto que ha adquirido el típico pecho de gorila viejo de los boxeadores cuarentones: lampiño, esponjoso.

Miguel Arango, el contrincante, tampoco es el prototipo del atleta musculoso. Pero es joven, aventaja a Regino en doce centímetros de estatura y jamás ha estado inactivo. Su piel lechosa lo delata a leguas como un hombre procedente del interior del país, de esos a los que por acá, en el Caribe, se les llama “cachacos”. En los coliseos de la región impera la otra cara del racismo: el público, conformado en su gran mayoría por negros y mulatos excluidos, manifiesta sin ningún pudor el deseo de ver al boxeador blanco tendido en la lona con la boca llena de espuma. Tal actitud refleja, acaso, la ambición de cobrarle una amarga revancha a la historia. Los espectadores de hoy son especialmente hostiles contra Arango, a quien no le perdonan que haya reventado a cuanto monteriano le han puesto enfrente.

La última vez que Regino se calzó los guantes fue el quince de marzo de 1993. En ese momento registraba diez derrotas y apenas tres triunfos. El récord de Miche Arango, en cambio, no podría ser más imponente: ha ganado en fila india los diecisiete combates que ha disputado hasta ahora, todos antes del tercer round. El sentido común indica que hoy se apuntará el nocaut número dieciocho sin necesidad de despeinarse. Al final de la jornada cobrará un botín de 900 mil pesos, es decir, nueve veces la cantidad que recibirá Regino. Las diferencias entre los dos, a propósito, son abismales. Arango llegó al coliseo escoltado por una comitiva ruidosa: ayudantes, primos, fanáticos, la fauna característica de los vencedores. A Regino, quien se vino de pie en un destartalado autobús hediondo a vegetales rancios, no lo acompañaba nadie: ningún vecino del barrio, ningún pariente en primero o en cuarto grado, ningún compadre. Ni siquiera sabía quién lo iba a dirigir en su esquina, pues a los púgiles del montón, como él, se les consigue a última hora cualquier instructor desocupado que esté dispuesto a sudar la gota gorda por veinte mil pesos. Estos entrenadores provisionales, a semejanza de los abogados de oficio, no están allí para salvar el alma de sus clientes desahuciados, sino para legitimar la función. Para transmitir una idea de justicia que deje a todo el mundo con la conciencia tranquila. Porque lo cierto es que un boxeador sin asistente desluciría el espectáculo, lo haría ver como un linchamiento vulgar.
Hace pocos minutos, mientras Hernán Gómez y uno de sus colaboradores discutían sobre quién podría ser el entrenador de Víctor Regino, escuché el gracejo más cruel que se haya pronunciado jamás en un coliseo. Su autor fue Tutico Zabala, el importante empresario boxístico puertorriqueño, invitado especial a la velada. De pronto, mirando su reloj con ansiedad, Gómez soltó la pregunta clave.

—Y entonces, ¿quién subirá a Regino en el ring?

Tutico sonrió con malicia, antes de meter la cuchara con su chispa demoledora.

—A mí no me preocupa quién va a subirlo, sino quién va a bajarlo.

El entrenador elegido, finalmente, fue José Manuel Álvarez, quien ahora vigila a su pupilo desde la esquina. Mientras el anunciador oficial lee por altavoz la ficha técnica del combate, Regino comienza a calentar los músculos. Una finta lateral hacia la izquierda, otra hacia la derecha. Un golpe largo y otro corto, uno abajo y otro arriba, one, two, one, two, one, two, como enseñan los manuales. Nada de gracia, pienso. Hilando demasiado fino, uno supondría que sus movimientos burdos se deben en parte a los sobresaltos que ha padecido. Cuando lo urgente es tapar las goteras del techo, la danza se vuelve pecata minuta, oficio insignificante. Por eso los boxeadores menesterosos, los que en su vida diaria reciben tantos porrazos como si estuvieran en el ring, son casi siempre muy bruscos. Saben cómo evadir un cuchillo, pero se sienten extraviados cuando suena la mazurca.
Y bien: ahí tenemos a Regino, en el centro del cuadrilátero, debajo de una lámpara que lo ilumina a chorros como para dejarlo en evidencia. Está allí para recordarnos que, a pesar de nuestras ropas, seguimos desnudos. Somos a menudo muy pretenciosos en nuestro confort, pero deberíamos ir coligiendo que si nos niegan el perfume, como a Regino, lo que nos queda es el sudor. El hombre se llena la boca hablando de la Civilización y piensa que sus antepasados primitivos, aquellos que debían luchar cuerpo a cuerpo contra las demás especies de la Creación, son criaturas anacrónicas. Y, sin embargo, todavía a estas alturas le toca arriesgar el pellejo por un trozo de pan. O por unos traperos.

***

A las nueve de la mañana el calor en Montería es insoportable. Radio Panzenú acaba de reportar una temperatura de treinta y cuatro grados centígrados a la sombra. Dentro de once horas, exactamente, Víctor Regino subirá al ring para enfrentarse a Miche Arango. Cualquiera en su situación estaría en este momento pegándole al saco de arena o haciendo ejercicios abdominales. Él madrugó a tajar pescados en una fonda del Mercadito del Sur, para granjearse el desayuno. Después fue al barrio El Recreo a podar un jardín. Y ahora se encuentra aquí, en el Colegio Buenavista, reclamando las calificaciones de su hija Yoeris.
Regino luce pensativo con el boletín de notas en la mano. Triste, quizá. Dice entonces que lamenta no haber estudiado y confiesa que, en sus tiempos de boxeador activo, jamás revisó un contrato delante de los empresarios, porque le daba vergüenza revelar su analfabetismo. Siempre pedía que le dejaran llevar el documento para su casa, con el pretexto de que debía analizarlo con mucho cuidado. Después, por supuesto, acudía a alguien que supiera leer.
Mientras emprendemos el camino de vuelta hacia su casa, Regino dice que su hija Yoeris ya está lo suficientemente advertida acerca de los problemas que genera la falta de educación.

—Yo le digo que no se quede bruta como yo, porque los brutos se mueren muy rápido.

En principio, la sentencia de Regino se me antoja exagerada. Cuando se lo manifiesto se encoge de hombros, calla, y sigue avanzando con su tranco corto a través de la trocha llena de guijarros. De repente se detiene en seco. En 1982 —dice, cabizbajo— su padre era mayordomo de una finca en Antioquía. En cierta ocasión, desesperado por una tos persistente que no lo dejaba dormir, se bebió a pico de botella medio frasco de pesticida, porque lo confundió con el expectorante de su patrón. Antes del amanecer, murió. Si su padre hubiera sabido leer —agrega Regino con la voz quebrada— a lo mejor estaría vivo todavía.

—¿No le digo que los brutos se mueren rápido? —me pregunta con una expresión que parece a medio camino entre el sarcasmo y el abatimiento.

Luego agacha el rostro. Noto que el pecho se le sacude de manera entrecortada. Llora sin darme la cara, acelera el paso. Recorremos cerca de cien metros en absoluto silencio. Al rato empezamos a ver las primeras chozas de Brisas del Sinú, el arrabal donde vive. En la vía principal, por donde vamos avanzando, corretean montones de niños en cueros, muchos de los cuales exhiben ya los cañones iniciales de su vello púbico. Una mujer rolliza le grita a su vecina, a través de la cerca, que le regale una pastilla de Buscapina para aliviar su cólico menstrual. Levanto los ojos y lo que veo no es el cielo sino una enmarañada red de cuerdas que salen de todas las casuchas y se entrecruzan en el aire: son los cables eléctricos que la gente utiliza para encadenarse al servicio de energía sin pagar un solo centavo. Tales cables funcionan, también, como tendederos de ropa. En uno de ellos hay un calcetín de bebé que flamea a merced del viento. Lo que más me asombra es descubrir en cada calle fogones improvisados sobre el suelo desnudo, en los cuales se cocina desde un pastel envuelto en hojas de bijao hasta un sancocho de huesos. Deduzco entonces que estoy frente a un contrasentido: en un sitio donde la gente carece de dinero para comer, abunda la comida, y además la venden los mismos que tienen hambre. Poco después me informan que aquí, con tres mil pesos, almuerzan dos personas. Quizá no consuman el manjar más exquisito, me advierten, pero quedan con las panzas repletas. O sea que nadie pasa hambre, como yo había creído. En todo caso sigo pensando que estas fondas lánguidas son tan solo una forma de consuelo. Su razón de ser, más que el lucro, es el instinto de supervivencia. Al repartir la miseria, la conjuran. Así se permiten convertir la escasez en motivo de sorna. Esa capacidad de burla se evidencia, por ejemplo, en los nombres que les ponen a algunos de sus platos más pobres: a la montaña de arroz atravesada en la cima por un banano triste se le llama “arroz al puente”. También existe el “arroz al nevado”, que es un cerro igual al anterior, pero está coronado por un huevo frito similar al cráter de un volcán.
Como si leyera mi pensamiento, Regino aclara que su problema no es la falta de comida, sino el temor de que Yoeris “se quede bruta” o “coja marido antes de tiempo”. Su reto —reitera, mirando otra vez el boletín de calificaciones— es educarla para que se defienda de tales peligros. Y por eso volverá al ring esta noche. Él calcula que necesitará dos semanas de producción en el taller de traperos, para pagar los tres meses de pensión que debe en el colegio de su hija.
Ahora, mientras lo veo doblar por la esquina, tengo la impresión de que no salta para evadir el charco que está frente a su casa, sino para subir al cuadrilátero a comenzar su pelea. O, más bien, a continuarla.

***

Regino ganó los dos primeros rounds. Al plantear el combate en corto maniató los brazos largos de su rival y logró conectar varios golpes que hicieron poner de pie al público. Parecía que ganaría por nocaut, especialmente cuando metió ese gancho de izquierda en el estómago de Miche Arango. Un espectador lo celebró a grito herido:

—Dale duro, carajo, que es cachaco y no es familia mía.

Regino no pudo rematar la faena porque sonó la campana. En el tercero, alocado por el respaldo de la gente, arremetió contra Arango de manera insensata, ya que lo hizo con la guardia muy abajo. Entonces se encontró de frente con un mortero que le explotó en la barbilla. Cuando cayó a la lona con las piernas tiesas, la mirada extraviada y el protector bucal bailoteando entre los labios, todo el mundo comprendió que estaba liquidado.
Ahora, mientras se baja del ring sin ayuda de nadie, noto que Regino no tiene el semblante postrado de los perdedores. Es más, luce radiante a pesar de la sangre que se le asoma por las fosas nasales. Sonríe, saluda a un aficionado. Y además le sobran agallas para levantar la mano derecha con la “V” de la victoria. El público, seguramente, ignora cuál es el motivo secreto que lo lleva a comportarse como si hubiera ganado. Pero le prodiga un aplauso monumental que retumba en todo el coliseo y parece estremecer el resto de la Tierra.

jueves, 21 de enero de 2010

PRIMER ASALTO AL RABO DE LAS VENTAS



José Ramón Márquez


Ya hay fecha para el primer asalto al rabo de Las Ventas. El Señor de los Cuvillos y Castella, junto a otro comparsa, se anuncian con toros de Victoriano del Río fuera de San Isidro, que poco a poco se va consolidando como la auténtica Feria de la Oportunidad. Bueno, menos es nada. Ahí nos veremos.

¿Recuerdan cuando apareció el maestro Rincón y, como un torbellino de toreo puro, barrió con todo? ¿No habrá ahora nadie por ahí que pueda reventar todo este tinglado?

LA BENEFICENCIA DE CURRO VÁZQUEZ

Corrida de Beneficencia ó Aquí el que no corre, vuela
Su único lucro es hacer sonreír al necesitado



José Ramón Márquez


Poseo un ejemplar del Diccionario cómico taurino para los diestros que lo necesiten (que son muchos) compuesto por Paco Media Luna con la colaboración de todos los aficionados del mundo, segunda edición, editada en Madrid 1884, Establecimiento tipográfico de El Toreo.
Entre sus acertadas e hilarantes definiciones que a lo mejor vamos rescatando por aquí de vez en cuando se contiene ésta, que viene al pelo para introducir lo que vendrá más abajo:

PRIMO.- Véase Abonado de la Plaza de Madrid y otras semejantes.

I

No creo que haya otra diversión en el mundo, excepción hecha del sadomasoquismo en primera persona, en la que se trate peor al que sostiene el espectáculo. Parece que el denominado ‘respetable’ no tiene otro objeto en esto de los toros que la de pasar por esas taquillas de las que con tanta frecuencia emerge un hedor nauseabundo, y esto se puede tomar en el sentido que se quiera, y abonar el importe que se le solicita. Si fuese por muchos de los ‘actores’ del tinglado, lo fetén sería que el tal ‘respetable’, una vez depositado el óbolo, se retirase en paz a su casa y dejase de dar la murga cuanto antes. Entonces ya todo sería perfecto. Todo estaría en manos de los ‘profesionales’: el torero que siempre está importante, su padre con el puro, el artista detienetiempos, el inefable diosecillo travieso y enfadado, el serio representante de toreros, que fue torero, con varias ruedas de molino en el gaznate, el bondadoso plumífero agarrado a varios sueldos, el fracasado banderillero empeñado en hundir a cualquier joven promesa que se le ponga a tiro, el serio empresario cuya palabra vale menos que nada, el constructor que adquirió un desecho del desecho de un desecho de Juan Pedro, un conde, una marquesa y un par de veterinarios con sed y hambre. Todos esos componen una parte de la variopinta y picaresca piara que nos va llevando al perdedero o a la perenne desilusión, que no sé qué es peor.

II

¿Cuáles serán las razones que se habrán dado entre ellos para justificarse la encerrona que han montado con Daniel Luque en Madrid el Domingo de Resurrección? ¿No tuvimos bastante con la del año pasado? ¿No fue suficiente con la del año antepasado? ¿Quién es Daniel Luque? ¿A cuántos espectadores, además de los que vamos por ir, puede llevar a la Plaza este joven torero? ¿Podría llegar a interesarnos mínimamente el mejor Luque que sus mentores y partidarios puedan concebir? ¿Tratarán, quizás, de medir nuestra capacidad de aguante? ¿Acaso somos objeto de un experimento de ingeniería social, dirigido a probar la resistencia de un grupo humano maltratado por sistema? ¿Por qué nosotros?

III

Beneficencia. Falsa beneficencia, que aquí todo el mundo viene a por las pelas. En el Hospital General se gastó Jean Nouvel lo que no está en los escritos para dejarlo moderno, justamente ahora que ya no es hospital. Antes decían: un interesante cartel con los triunfadores de San Isidro en el ruedo y todos los invitados de la Diputación en el tendido. Ahora lo segundo permanece, pero ya no es necesario lo primero. Ahora se juntan media docena en un despacho y cierran el cartel ahora, en enero, tan felices, antes de que haya salido ni un toro del chiquero de Ajalvir o de Valdemorillo, no vaya a ser que la realidad les estropee el dibujito que se han hecho. ¿Triunfadores de qué? Serán triunfadores de la vida, hombre. Morante, Cayetano... ¡Ah! Nada de eso. Es que este año es la Beneficencia de Curro Vázquez.