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jueves, 26 de abril de 2018

Seriedad por San Marcos



Francisco Javier Gómez Izqquierdo

     Todos los que creemos saber de fútbol esperábamos el Bayern-R. Madrid como el partido del que saldrá el campeón y lo más probable es que sea el R. Madrid, pero reconozcamos que hemos vuelto (he vuelto) a ningunear a Liverpool y Roma como hicieron los aficionados, futbolistas y técnicos de City y Barça en cuartos. Resulta que el partido del Liverpool, mejor de Salah, nos ha llenado de excelentes expectativas y nos ha confirmado la adecuada y para mí insólita progresión del delantero egipcio. “...mira que técnicamente es bueno, rápido y listo, pero no tiene gol”, me cansé de decir hace dos años cuando la Roma se las tuvo con Barça y R. Madrid y Salah se presentaba ante las porterías sin mas obstáculo que su mal tino. Se ve que le faltaba armarse caballero para disponer de una gracia que se reserva a talentos superiores como el suyo y no hay lugar más sagrado para la ceremonia que Anfield donde además se ha encontrado el padre espiritual más adecuado a sus características. Kloopp es un robar y correr que ha alcanzado la excelencia con la velocidad africana de este Salah descomunal y del negrito Mané, complemento ideal junto a Firmino, de un tridente que mete miedo de verdad.
       
Cuando el Liverpool se puso 5-0 estuve por echar un ojo a un disparate que ando leyendo, pero preferí seguir atento porque pasaban cosas cada minuto y aunque creo que los ingleses van a ser finalistas, cuando Perotti coló el penalty llegué incluso a pensar que el asunto no quedaba así. El Liverpool-Roma no creo que fuera tan gran partido. Fue una exhibición de Salah al que el entrenador Di Francesco no acertó a defender pues permitió que disfrutara de amplísimos espacios en los que retar a correr a sus defensores -¡ay, ese Juan Jesús!- en un día especialmente propicio para el jugador egipcio. El caso es que el 11 se consagró la noche del martes, día de San Fidel de Sigmaringen, y la cosa ya va con intención de pisotear el huerto de los balones de oro que creíamos exclusivo de Messi y Cristiano.
     
San Fidel de Sigmaringen era hijo de español y en realidad se llamaba Marcos como el patrón de muchos pueblos de España donde hoy ha sido fiesta. El Madrid, rindiendo honores a aquel Fidel bautizado Marcos Rey se ha presentado en Munich muy serio y muy táctico hasta que Marcelo, sempiterno refractario a las disciplinas de sus entrenadores se ha quedado cazando gamusinos en el córner del Bayern, despiste que ha aprovechado Kimmich en una contra asesina. Marcelo, probablemente el mejor lateral izquierdo del mundo al que hay que querer  en la salud y en la enfermedad, arregló su “desaplicación” -ya no se emplea el palabro- con un zurdazo descomunal en el último minuto de la primera parte. Rafinha, paisano y colega de Marcelo en el lateral izquierdo alemán, ¿para cuando Álaba?, regaló un balón mortal de necesidad que Asensio transformó en el gol que obliga a los chicos -no tan chicos- de Heynckes a meter como mínimo dos  en el Bernabeu. Posible pero no probable. A partir de ahí el control fue del R. Madrid. Es cierto que Keylor tuvo que emplearse en tres ocasiones, pero admitamos que es lo que se le ha de exigir al Bayern en tales circunstancias.

     Creo que el Madrid es mucho más equipo que el Bayern, anda mejor físicamente y se le ve pletórico en su ambiente. La sensación es que el coco se llama Salah y que su duelo con Marcelo puede desesperar tanto a Kloopp como a Zidane. A un servidor, si llega el caso, seguro que me va a divertir