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miércoles, 8 de noviembre de 2017

El Respeto

Respeto carcelario


Francisco Javier Gómez Izquierdo

Al “boqui” que siempre va conmigo se le acercó ayer mañana un gitano veterano en condenas que vende ajos en el Marrubial y que lleva más de una década sin pisar el talego para preguntarle cómo va eso del “respeto” porque una jueza le quiere meter dos años por pegar a un maestro : “...no le pegué, sabusté, que sólo le toqué asín en el pecho porque el mu mamón tié manía a mi Samuel” “..la jueza me mete por los antecedentes, que ya sabusté cuando la droga como estaba uno. La gente del barrio me dice que  cuando me toque me apunte al respeto, que es una cosa buena.”

      El respeto. Ya lo dijimos no hace mucho. En el único lugar de España donde se respeta al prójimo es en la cárcel. Dice la prensa que la banda de sediciosos catalanes purga por sus delitos en los Módulos de Respeto y a uno se le hace difícil entender cómo gente tan levantisca se acomoda a la multitud de normas que rigen en esos departamentos. Sobre todo en los del nivel 3 donde para cualquier nimiedad es preciso pedir permiso al funcionario: “Don Rafael ¿da su permiso para sacar el cubo de la basura? ¿Da su permiso para subir a cambiarme?. ¿Da su permiso para ir al servicio?” Los de nivel 2, siguen con la doctrina Carmena cuando se estrenó de Juez de Vigilancia y no tienen obligación de por ejemplo levantarse al recuento, pero se les exige el cumplimiento riguroso de efectuar con esmero  los destinos de limpieza comunes -son vigilados por presos encargados que han de rendir cuentas al funcionario- y los privativos de su celda: cama, limpieza de duchas, lavabos, aseos, colocación de pertenencias, etc.

   Los módulos de nivel 1 de Respeto son ocupados por delincuentes de toda la vida que quieren pero no pueden. Muchos ni siquiera quieren, pero lo disimulan. Internos enganchados a las pastillas sobre todo e incapaces de dejar la maría o el jachís por considerar dichas sustancias “el pan nuestro de cada día”.

     En los niveles 3 y 2, se puntúa con negativos y positivos, como en las ligas antiguas. Así, el espejo sucio, la cama con arrugas en la colcha, basura en la papelera, más de tres pares de calzado, mal olor, etc, etc, en la revisión de las nueve de la mañana con la población ya en el patio preparada para las actividades, suponen negativos. Con nueve negativos se les expulsa del nivel 3 y se les degrada al 2. O al 1, si el interno ha provocado un acto de indisciplina  menor  -un desfavorable que cuenta como tres negativos- o se le sorprende con objetos o sustancias prohibidas.
      
En el nivel 2 también se puntúa con negativos y positivos. Con varios positivos conseguidos por celdas niqueladas de limpieza y orden, aplicación en las actividades, continuo respeto demostrado con muchos porfavores y miles de gracias se asciende al nivel 1, donde no olvidemos es casi imposible que se produzcan incidentes regimentales, pues si los funcionarios “no se coscan”, allí está el Comité de Conflictos (tres o cuatro presos del Módulo) para anotar en el libro al efecto el percance. 

Curiosos los comités “del respeto”. A veces el funcionario no está pendiente, por ser requerido para otras ocupaciones en el mismo módulo, de la entrada de los internos al comedor. Allí hay un Comité de Higiene que velará porque nadie entre en chanclas, en pantalón deportivo o camiseta de tirantes. En el nivel 1 no se permite ni siquiera comer en chándal.

      Dicho lo anterior imaginamos que los golpistas catalanes se levantarán al toque de sirena a las 7,30 h. Darán la luz y pasarán el recuento ya vestidos o al menos en camiseta y pantalón corto. Se asearán. Adecentarán la celda. Recogerán la basura y echarán un último vistazo a las 8,30, momento en el que bajarán con una bolsa en la que meterán lo preciso para la mañana  a desayunar café con leche, bollo, mantequilla y mermelada. Luego comprarán en el economato bueno, bonito y barato de verdad y dejarán la bolsa para dirigirse a las actividades: escuela, gimnasio, lectura, pasear... No se permite estar sentado en el banco del patio sin hacer nada. A las 11,0  descanso y ducha. A las 11,30, segunda actividad. A las 13,00 h comida. a las 13,45 h. limpieza de las zonas comunes. Todo el módulo participa. A las 14,00 siesta hasta las 16,30. Durante la tarde se asiste a la tercera actividad. A las 19,00 se sube a la ducha y a las 19,30, se cena. A las 20,15 suele estar casi toda la población “chapada” y a las 21,00 h. se pasa recuento por los funcionarios que trabajarán el turno de noche. Y desde las 21,00 h. hasta otra vez las 7,30.

   Ésta es la rutina, se supone, de la banda catalana en Estremera y Meco, pero ¡ay!, como quiera que los abogados pueden visitar cuando quieran y permanecer cuanto tiempo consideren necesario con sus clientes, cuentan que los Jordis y los Orioles pasan las horas en los locutorios. Durante ese tiempo el interno está exento de sus obligaciones en el Módulo.