sábado, 15 de abril de 2017

Gloria

Darwin
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A Chesterton (humor y honradez en un mismo corpachón) la revolución española del 34, la de Asturias, lo pilló de liberal en Inglaterra, y abandonó el partido: “Imaginen ustedes cual fue mi asombro cuando vi que los liberales (ingleses) se lamentaban amargamente del infortunado fracaso de esos socialistoides fascistas (españoles) en su intento de revertir el resultado de unas elecciones generales”:

    –La única conclusión es que el liberalismo sólo se opone a los militares cuando son fascistas y aprueba enteramente a los fascistas mientras sean socialistas.
    
Son las dotes de observación que lo llevaron a darse cuenta de que, mientras los señores Huxley y Spencer, junto con los agnósticos (agnóstico es el que no tiene valor para decirse ateo) victorianos, proclamaban como verdad definitiva la hipótesis de Darwin, dando por finiquitada la religión, la religión no sólo sobrevivía, sino que acabó siendo el más perfecto ejemplo (“y quizás el único”) de lo que ellos llamaban “supervivencia del más apto”:

    –El resurgimiento de la religión es un caso de supervivencia del más apto en el sentido en que Darwin le dio al término, no en el que usan los divulgadores darwinistas.
    
(“Se tenía la vaga idea de que las criaturas más fuertes aplastaron violentamente a las otras, y la idea de que éste era el único método eficaz para progresar fue recibida como buena nueva por los hombres malos: el bizarro dueño de un bar se comparaba modestamente con un mamut que aplastaba a otros mamuts en la selva primigenia”.)

    La ciencia no puede destruir la religión, pues ni siquiera está en condiciones de defender la tabla de multiplicar. Y la política, tampoco, pues tenemos el caldo socialdemócrata (cepillos de derechas, sermones de izquierdas y dogmas de centro) que viene aplicando al catolicismo el Papa argentino y, si bien es verdad que las sectas protestantes de los gringos se están merendando la América española, ahí está, todavía, la Semana Santa de Sevilla, que una vez más nos da la oportunidad de volver al amanecer del mundo.