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martes, 20 de enero de 2015

El frutero

Entramos en campaña electoral y el Ayuntamiento de Madrid
 nos regala 14 grados (había 4) en su mobiliario urbano recién estrenado

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Lo que me intriga del video publicitario de Rajoy hablando de sus cosas con su gente es el frutero de la mesa.

    Es un frutero con manzanas, como los que pintaba Xaviel Valls, padre del primer ministro francés, Manuel Valls.
    
A Valls lo envidiaba Tàpies porque tenía dinero para pintar manzanas en París, mientras él tenía que quedarse pintando cruces en Barcelona, la ciudad del “Kitty”, ese pub donde generales y fiscales hacen quedadas separatistas, sabedores de que la sedición, como la esperanza en “Makinavaja”, ya sólo es esa p… que va vestida de verde.
    
Lo de “naturaleza muerta” no me convence –me decía Valls de sus manzanas–. Mejor “vida quieta”.
    
¿Y qué es el rajoyismo en este video pepero, naturaleza muerta o vida quieta?
    
Las manzanas nos evocan el pecado original de Adán (de ahí la mueca sardónica de Arenas), la ley de la gravedad de Newton (de ahí el peso político de Floriano) y hasta “Le panier de pommes” de Cézanne (de ahí la asimetría de María Cospedal, a cuya frescura le irían mejor las sandías de Zurbarán).
    
La fruta fresca, hijas mías, / es gran cosa, y no esperar / a que la venga a arrugar / la brevedad de los días.
    
¡Del tancredismo de la “vida quieta” que se achaca a Rajoy al ilusionismo de la “naturaleza muerta” de un video electoral!

    Se ve que Rajoy ha vuelto de Grecia con la copla de Zeuxis y Parrasio. Es fama que Zeuxis sorprendió en su día a Parrasio con unas frutas pintadas tan al vivo que los pájaros querían picotearlas.

    –Aparta –le dijo entonces Parrasio– aquella cortina para que podamos ver mejor.
    
Y Zeuxis, burlado, alargó la mano hacia un cuadro de Parrasio que representaba una cortina. Zeuxis engañaba a los pájaros, pero Parrasio engañó al maestro.

    Parrasio acabó comprándose un esclavo y lo torturó para estudiar, “con absoluto candor de demiurgo plástico”, las muecas y las contorsiones del martirio.

    Medite Eduardo Arroyo lo que hay que hacer para ganar, no ya unas elecciones, sino un premio Velázquez.