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lunes, 29 de diciembre de 2014

Del foxtrot de Hazard a Bernabéu




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para amenizar la tregua navideña, el Niño Dios, que no hay que confundir con el Niño Torres, nos ha traído el foxtrot de Hazard (¡el trote del zorro de Hazard!) con el Chelsea y unas conversaciones de Marino Gómez Santos con don Santiago Bernabéu editadas por Renacimiento, que no sólo de poesía vive el hombre.

    Cuando uno se sienta para ver al Chelsea es como si se sentara para ver a Hazard y su glamour foxtrotero de los años 30: viéndolo tumbar a centrales del West Ham como si fueran bolos el cuerpo te pide un piano de Harlem. ¿Qué pinta, de pronto, en esa atmósfera, Courtois?
    
Courtois es uno de aquellos muñecos hinchables (Air Dancers) que en una época alegraron los estadios: no decían palabrotas y sólo necesitaban de un soplador, como las gradas de animación que se imponen hoy en el fútbol.

    Courtois es ese tío invertebrado (¡el Aeróvoro del Tiránido!) que está en la portería vestido de colores y que cuando llega un delantero se infla y le birla el balón.

    No es Neuer, aunque me parece todavía mejor que Neuer, y más ahora, que tengo la sospecha de que el fútbol me gusta aún menos que a Bernabéu.
    
¿Reza usted, don Santiago? –pregunta Gómez Santos a Bernabéu.

    –No, estudio ruso.
    
(Porque el Madrid viajaba a Moscú).
    
Bernabéu, que contaba las horas por los puros (guardaba las colillas para fumarlas en la barca), era cubano por su madre, cubana de Camagüey, hija de cubano de Manzanmillo, así que el destino de Bernabéu, de no haber muerto su madre, era Cuba, y ahora, en vez de Real Madrid, tendríamos Realísima Habana, porque Bernabéu era fundamentalmente un pesado.

    –¡Qué pesado eres! –le dijo siempre su madre– ¡Pero qué pesado!
    
En la Universidad se hablaba de toros y de fútbol al mismo tiempo, pero jugar al fútbol estaba culturalmente muy mal visto (sólo se declaraba aficionado Arniches), y Bernabéu se hizo belmontista porque en los billares vio a Belmonte jugar con el maestro Serrano (zarzuelero de “La reina mora”) y el sátiro Luis de Tapia.
    
La gran vocación de Bernabéu, que comenzó a estudiar piano varias veces,  es la música, y luego la lectura, y luego el pensamiento, o al revés.

    –Porque me da la impresión de que quien lee demasiado o escribe demasiado no tiene tiempo para pensar. ¡Vamos, que no tiene ideas propias!
    
Bernabéu tenía su barra de aperitivo en “Loto”, en la calle de Serrano, cuyo dueño era un asturiano de Cangas de Narcea que tenía un caballo.
    
Bernabéu vivía en la calle de Jericó, , y en el hall, dentro de una urna, tenía una liebre blanca. Con 75 años, se levantaba a las seis y media de la mañana para estudiar idiomas.
    
Vio su primer partido en el hipódromo de la Castellana. “Estos son portugueses, de Lisboa”, le dijo su padre. “Y estos son de Madrid”.

    –A la gente no le cabe en la cabeza que yo jugase 16 temporadas en el Madrid completamente gratis.
    
Estamos en 1960. El Madrid, campeón del mundo, y la mitad del público, silbando y dando palmas de tango. El futbolista, dice Bernabéu, es un niño. “Entre ellos existen los mismos celos y las mismas envidias que en el colegio.”
    
Nosotros hemos perdido mucho tiempo. Yo podría ser abogado del Estado, porque muchos más tontos que yo lo son.


LO QUE VALE TORRES
    Comprarlos por lo que valen y venderlos por lo que ellos creen que valen: he ahí el secreto comercial con los futbolistas (Valdanos) argentinos. Apoderado por Petón, Fernando Torres es nuestro futbolista más argentino. Su carrera es impresionante en prestigio (“presto digiti”), siendo más prestidigitador Petón en los despachos que Torres en el campo: Atlético de Madrid, Liverpool, Chelsea, Milán… y Atlético de Madrid. El piperío madridista llegó a tomarle cariño porque era incapaz de hacerle un gol a Casillas, cuando el pipero se proyectaba en Casillas y sentía los goles como San Sebastián las saetas. ¿Cuánto vale el Niño? Tenemos el aforismo de Jardiel: “Un ser de tres años es un niño, un niño de treinta años es un loco.”


 Don Santiago Bernabéu en "La Saeat Rubia"