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jueves, 14 de noviembre de 2013

Morante busca el Paquiro en el espejo de Gallito


Gallito V
 
José Ramón Márquez

Desde Gelves hasta La Puebla del Río hay diez kilómetros, diez mil metros a lo largo del Guadalquivir sin un puente para ir al otro lado, que si acaso quisieras cruzar hacia Dos Hermanas, lo tienes que hacer en una barca, un euro por persona. En Gelves nació Gallito, el predestinado, y en la Huerta del Algarrobo se retrató, un bebé aún, perfilado para entrar a matar a su hermano Fernando, que le hacía de toro.

En La Puebla del Río vio la luz Morante, torero que al parecer para relojes. Diez kilómetros o diez mil kilómetros en las declaraciones de dos toreros. Un siglo de diferencia entre ambos. Las cosas que dice el rey de los toreros, Gallito V, y las que suelta José Antonio Morante Camacho, Morante I.
 
Les preguntan a ambos por su color y mientras José dice simplemente: “Azul oscuro y oro”, Morante se mete en el jardín del cromatismo, de los tonos de la percepción, de la gestaalt, con lo de que “me encuentro más a gusto con los oscuros y con los fuertes”. Pasión de los fuertes.
 
Les preguntan por los toros y dice Morante, místicamente: “No se puede torear con el alma con un toro tan grande como el actual”, y José: “Sea la ganadería que sea, el caso es que los toros embistan fuerte y tomen la muleta con codicia, que en tomando la muleta yo me encargo de lo demás”.
 
Dice Gallito de los espectadores: “Yo creo que, arrimándose, todos los públicos son buenos. Todos. Algunos entienden más que otros, como el de Madrid, pero para el que sabe el oficio, mejor”. Y la voz del de La Puebla, que explica la psicología de las masas: “Las Ventas está condicionada por un público muy exigente que pierde la cordura en ocasiones”.
 
Y el toro. Sobre las condiciones del ganado, José : “A los toros cegatos hay que hablarles, porque al oír la voz embisten”. Y Morante: “Hay toros que te dejan parar, pero no te dejan templar ni mandar. Otros te dejan mandar, pero no te dejan parar. Al final, el animal lo condiciona todo”. El animal, que para José Antonio hace y deshace, pero José remacha: ”[lo más difícil del toreo] es hacer de un manso un toro bravo”. A Morante no le gustan los toros grandes, por la cosa del alma: “No se puede torear con el alma a un toro tan grande”, y José, torero sin alma, mientras se está vistiendo le anuncian la romana de los toros. Dice: “Los kilos les importan sólo a los mozos que arrían las mulillas”, pero Morante le contradice: “Un toro tan grande no cabe en la muleta, obliga a tirar de técnica y de oficio, y eso no es torear”.

Y de lo que se enorgullecen. José declara que su mayor cualidad como torero es: “La de conocer a todos los toros y en cuanto salen del toril, y saber qué lidia debe dárseles” Y Morante se sincera: "[torear de salón] me gusta". Mejor sin toro, mucho mejor sin toro, ni grande ni chico, dónde va a parar.
 
Sobre las artes, José no anda muy refinado. Dice Gallito que su músico preferido es “el que inventó la ovación” y que su escultor favorito es “la muleta. Lo que con ella se hace no se puede hacer con el barro.” Morante, por el contrario, pasea por el Louvre junto al hijo de un crítico de arte y un dramaturgo y ante la Fountain de Marcel Duchamp exclama, goloso: “¿Dónde está Dalí?”.
 
Filosofa nuestro Morante: “El toreo es pensamiento”, pero José sólo tiene un pensamiento: “En este oficio, lo primero es tener conciencia de torero” y Morante apostilla a Terremoto: “Lo que distingue a los toreros del resto del mundo es la torería”.

Y el miedo. El de José: “Con miedo no se podría torear”. Y la valentía, la de Morante: “Te encuentras broncas y tardes desafortunadas, que debes afrontarlas con valentía para no cambiar de camino”.
 
Gelves y La Puebla del Río, doce mil millones de kilómetros; Gallito y Morante, cien años de distancia entre ambos, del Jurásico al Cuaternario. José: “Soy incapaz de hacer una grosería a nadie; pero no me sale de adentro ser amable con aquellas personas que no me son simpáticas”. Morante: “Al final el torero es un ser solitario”
 
Y al final, la cogida: José: “Es que tengo dos cornás. Una al entrar el pitón en el muslo y otra dentro, en otra dirección, que me la dio al derrotar sin soltarme. En Bilbao se han estado creyendo que no había más que una herida pequeña”. Y Morante: “El toro de Huesca ha sido uno de los más chicos de los que me he puesto delante este año. Y me cogió porque es un toro al que le ves posibilidades y le planteas una faena de igual a igual”.

Diez mil millones de kilómetros de Gelves a La Puebla. Una vía láctea entre Maravilla y Morante. Los dos se dedican a lo mismo, los dos visten de oro y portan un estoque.

Nada más les une.

Morante I