lunes, 29 de mayo de 2023

La frivolidad de la Derecha Mediática


Yarvin  con Hughes

 

Curtis Yarvin

 

«Hay que escribir sin piedad lo que uno sabe que es verdad, o callarse».

Hay tres tipos de disidentes: (a) anons, los anónimos, (b) líderes de opinión, las figuras mediáticas a las que todavía les importa lo que piense la gente, y (c) outsiders, quienes van por libre y todo les importa un carajo. Todos estos grupos son estupendos; en cualquiera de ellos se puede alcanzar la verdadera grandeza; y tengo buenos amigos en cada uno de ellos. Pero cada uno tiene sus problemas.

El problema de (c) es que serlo es demasiado difícil. Se necesita mucha suerte para llegar a esa posición y mantenerse. Es prácticamente incompatible con hacer cualquier otra cosa en la vida, y esto en condiciones de represión muy leve, históricamente hablando. Y cuanto más éxito tienes, más peligrosa se vuelve tu posición. Yo sólo recomendaría ir por libre a un tipo de joven: le trustafarian. Y tiene que ser realmente tu vocación.

El problema de (a) es que es demasiado fácil: nada te ata a la realidad. Los anons disidentes crean el mejor arte, si bien con la ligera sensación de estar jugando al tenis sin red. Sin embargo, esta libertad artística completa, incluso excesiva, se equilibra con retos en opsec que sólo son comparables a los de la aviación general. Si no eres lo bastante meticuloso como para pilotar un Cessna, tampoco lo eres para dedicarte al shitposting.

El problema con (b) es que siempre te estás vigilando a ti mismo. No es sólo que tus lectores nunca sepan lo que crees realmente, sino que tampoco tú te conoces jamás a ti mismo. En la práctica, es mucho más fácil vigilar tus propios pensamientos que tus propias palabras. Al elegir entre dos ideas, la tentación de preferir la más segura es casi irresistible. Ésta es una fuente de distorsión cognitiva que los anons y los outsiders no experimentan. (Aunque los anons sí sufren algo de lo contrario, el instinto de provocar).

Como líder de opinión, sientes esta tensión en cada hueso de tu cuerpo, pero nunca puedes mostrársela a tus lectores. Esto crea una profunda deshonestidad en la relación parasocial entre escritor y lector, como un matrimonio que no logra escapar de una mentirijilla de la primera cita. La falsedad, como la parte azul del queso azul, fluye y aromatiza cada partícula de tu contenido. Ni tú ni tus lectores podéis estar seguros de si estás diciendo la verdad, mintiéndoles o mintiéndote a ti mismo, pero constantemente estás haciendo las tres cosas. Puede que sigas siendo muy entretenido; esclarecedor, incluso. Todo tu trabajo es efímero, y una vez que mueras sólo tus parientes te recordarán. Y ni siquiera es culpa tuya.

Aquí fuera en el grupo (c), puedo decirte que el homo sapiens no es una población neurológicamente uniforme (como los golden retrievers), y también que el Holocausto ocurrió (como aprendiste en la clase sobre el Holocausto). Aunque no puedo imaginar qué pruebas podrían hacerme cambiar de opinión sobre ninguno de estos puntos, si ocurre seré el primero en decírtelo. (No te molestes en enviarme tu ensayo revisionista favorito sobre el Holocausto, probablemente ya lo haya leído). Esta claridad no deriva de ninguna virtud personal especial, sólo de mi trabajo viviendo en el grupo (c).

Desde mi punto de vista...

 

Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Lunes, 29 de Mayo

 

Valle de Esteban


Félidos al salón

domingo, 28 de mayo de 2023

Todo va bien (sobre el Inmovilismo Institucional Felicitario)



Hughes

 

En los 90 había un grupo llamado Patrullero Mancuso que logró una pequeña joya del pop con ‘Todo va bien’. La canción, en clave irónica, tenía un estribillo pegadizo: «Todo va bien, mi vida va bien, ¡qué feliz que soy!», y viene a la cabeza cada vez que se activa esa rama liberalia del inmovilismo institucional felicitario (palabra por la que me disculpo pero que he leído hace un rato a Valdano) especializada en tranquilizarnos y dejar claro que todo va estupendamente.

El Inmovilismo Institucional Felicitario, o IIF, consiste en un conjunto de intelectuales transversales dedicados a explicar ante cualquier leve insinuación crítica que todo va bien, que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que nunca fuimos tan felices… sobre todo ellos.

Ahora han tenido que salir a poner un poco de sensatez sistémica por las noticias de fraude electoral. Periodistas y filósofos del régimen se han apresurado a pedir que nadie dude de la Fiesta de la Democracia ni de su pureza ritual. Los votos caen como copitos de blanca nieve sobre las urnas maternales e indudables…

 

Leer en La Gaceta de la Iberosfera

San Isidro'23. Pilaricos para Urdiales, Aguado y De Manuel. Un quite por verónicas de Urdiales en todo el naufragio ganadero. Márquez & Moore

 

Urdiales


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

En la jornada de reflexión, que tan apropiadamente programaron los Garridos de Plaza1 la corrida de El Pilar, el hierro de la letra del 3,1416, para reflexionar, que falta hace, sobre la cabaña brava, sobre la casta y tras el fiasco deleznable de esta tarde debemos llegar ya al pleno convencimiento de que es imprescindible que se produzca la definitiva desamortización que quite de las manos de los Fraile cualquier atisbo de ganado de lidia, que esta gente no está preparada para ser ganaderos de bravo. Es que ni la Ventana del Puerto, ni el Puerto de San Lorenzo, ni Valdefresno, ni la madre que los parió, y hoy El Pilar, en la que sin duda es la más deleznable corrida de toros de las que llevamos en la Feria.


¿Y por qué la peor? Porque se podría decir que el megamix frailuno de anteayer podría disputarle el puesto, pero es que hoy han echado al averno de Florito, donde impera la acerada y certera puntilla de don Juan Antonio Domínguez, a dos de la ganadería titular, de los del tres catorce, y en eso ya vencen a cualquier otro desecho ganadero que quiera medirse con ellos. Lo que ha venido a Madrid desde Tamames, a ver si se entera don Moisés, es una escalera de tamaños impropia de un ganadero que se tenga en el más mínimo aprecio, una colección de descaste y de mansedumbre que debería apuntar hacia el matadero de las madres, de los padres y de toda le generación. Si hubiera que poner una nota, como cuando estábamos en aquella deplorable institución llamada “escuela”, ésta sería la del cero, cero idéntico al que nos ponían por no saber los afluentes por la derecha del Danubio. Verdaderamente teníamos expectativas sobre lo de El Pilar, honestamente hay que decirlo y, en esas conversaciones gratísimas de aficionados con un Johny Walker de etiqueta negra y un Partagás Serie D número 4 hemos partido una lanza por esta ganadería, recordando la corrida tan sólida del año 19, la de la cogida de Gonzalo Caballero, corrida seria y dura con muchísimo que torear en la que nada se daba por supuesto. Y hoy, para echarnos encima un jarro de agua de la Fuente de los Geólogos, don Moisés se presenta en los madriles, acaso para no hacer de menos a sus parientes de anteayer, con una corrida de pésima presentación entre los gigantones de seiscientos y pico de kilos y los terciados de quinientos y lo que sea, según la mentirosa báscula de Las Ventas, más falsa que la del tendero de la 13 Rue del Percebe. Con una corrida de una mansedumbre descastada de las que te llevan a pensar en la vaca de Milka, berrenda en morado, un tostón ganadero de primera en la antes llamada «primera Plaza del Mundo», Y mientras hacíamos el ridículo en Madrid contemplando la nada de Fraile, en Vic Fezensac, 23 puyazos a los de Dolores Aguirre, para que se vea que los franceses nos comen por los pies. No es extraño que la afición, la de todos los días, se soliviante ante el timo del que somos víctimas tarde a tarde, con estas birrias de encierros de toreznos de chicha y nabo, débiles y caedizos, con estos TMR (toros de movilidad reducida), ridícula caricatura del toro de lidia, porque sin toro nada es importante.


Para vérselas con esta bazofia que cría don Moisés Fraile contrataron a Diego Urdiales, veinticuatro años de alternativa, Pablo Aguado, seis años de alternativa, y Francisco de Manuel, dos años de alternativa. A priori un cartel de lo más interesante, aunque el, público no lo apreciase tanto como para llenar el coso. Corrida con toreros que han mostrado que tienen la moneda y que, en cualquier momento la pueden cambiar. Este cartel de hoy sería la cara, y la cruz sería el de ayer, tarde de relleno de ir por ir.


Del Faraón del Cidacos ya nada hay que decir, pues tras sus muchos lustros como matador de toros o le quieres o le odias. En su haber, siempre su planta, su saber estar en la Plaza, su añeja imagen de torero que lo mismo podía haberlo sido en el siglo XX o en el XIX, por momentos un grabado de Lagartijo, vestido de sangre de toro y oro, todo torería. Cuando salió el mastodonte de Dulcero, número 100, de 600 kilos según la escala de pesos venteña, 52,8 arrobas para nuestros abuelos, ahí que se fue el Pasmo de Calahorra a dejar un quite por verónicas de mucho peso, que a la postre serían casi lo único que habría en la tarde de toros malograda por el ganado de El Pilar. Por decir algo y para llenar el folio diremos que las verónicas de Urdiales, de enorme plasticidad, las remata con la mano de salida levantadita, tal y como hacen Morante y Rafael de Paula, y que sin embargo estimamos como más puras y ortodoxas las de Antoñete, Curro Vázquez o Julio Robles en las que la mano de salida apunta hacia abajo. En cualquier caso un gran quite, que entusiasma a la parroquia, que a la postre fue de lo mejor de la tarde, y que nos deja abierta la discusión sobre la verónica, único lance donde la verdad del toreo resplandece. A ese quite le responde Pablo Aguado también con verónicas de magnífico trazo, en el mismo registro de Urdiales, muy jaleadas, y luego hay réplica en tono menor de Urdiales por delantales, que están fuera de la esencia taurómaca del egregio lance que debe su nombre a la bendita mujer que tendió al Nazareno un velo para que enjugase su sudor y su sangre.


Prácticamente se puede decir que en este momento se acabó la corrida, y ni siquiera eran las ocho de la tarde, porque lo que vino después ayudado por la blandurria mansedumbre de los discípulos de don Moisés, fue algo así como la nada. Por decir algo señalaremos cómo Urdiales dejó algunos retazos de su indiscutida calidad ante el enorme búfalo de El Pilar, impresionante comparación entre la fragilidad y el tamaño del torero y la mole del bóvido. Un placer ver al riojano andar por la Plaza y, en su contra, hay que decir que alarga de manera innecesaria la faena que a ningún lado lleva. Mata de estocada entera contraria, que manda a las manos de los carniceros las casi 53 arrobas de mansedumbre de El Pilar.


El segundo es una birria al lado del que han arrastrado. La afición clama agriamente a los cielos por lo que le han echado. El toro tiene menos empuje que un lumiago y Aguado le deja unas verónicas de enorme plasticidad, de esas de el arte por el arte. Final de enorme plasticidad, un festín para los fotógrafos. La faena empieza con un aire exquisito pero el birria del toro se acaba antes que un cubito de hielo en el desierto del Gobi, y ahí Aguado se pone terco y plasta alargando lo que ya está más muerto que mi bisabuela en una «faena» de mucha porfía hecha de uno en uno, sin solución de continuidad. Con un metisaca, un aviso y una estocada rinconera echándose fuera acaba con el 3,1416.


Ahora viene el bochinche de las devoluciones, que por manifiesta inconsistencias motriz se expulsa de la plaza a Sonajerillo, número 107, y a Dudeto, número 122, ambos de El Pilar, y se franquea la puerta de los chiqueros a uno del Conde de Mayalde, Chorlito, número 52, que si no fuera por el hierro y la divisa podría pasar perfectamente por uno del Pilar. Otro excremento bovino es lo que presenta a la cátedra el señor conde, blando y caedizo que no estima como interesante el mundo de puyas y caballos y que aprieta hacia adentro en la cosa de las banderillas. Comienza de rodillas su faena Francisco de Manuel hasta que el toro le empitona por el esternón y que gracias a las bolitas ésas del afeitado que les hacen a los toros ahora no hiere al matador, que si el toro llega a estar en puntas, le arranca el corazón de cuajo. Todo el mundo se alegra de que el matador esté ileso y éste prosigue su labor, ya en pie, que es larga y plena de altibajos, sin concepto que la dé sentido y sin argumentos que no sean los de la valentía del madrileño. El toro es un taimado con su peligro o sus intenciones y Francisco de Manuel lo prueba por ambos pitones, y labora a ver si le puede por el izquierdo. Cumplido el tiempo le receta una buena estocada arriba y recibe un aviso. Tras las cucamonas de los benhures de la mula no se consigue que haya un número significativo de pañuelos y la cosa se queda en una aplaudida vuelta al ruedo.


El segundo de Urdiales es una ameba de la que ni pondremos el nombre y que no sirve para nada más que para dar la lata del descaste, el parón (del toro) y su afición a huir de la muleta, como el que busca una marquesina donde cobijarse cuando llueve. Lo liquida de una media lagartijera.

 
Niñito, numero 165, es el segundo de Aguado, un pelmazo de 605 kilos (según la báscula venteña) ayuno de fuerzas y con tendencia a tablas. Un plomazo que consigue que todo el mundo se desentienda de lo que pasa en el ruedo después de las dos series por la derecha, antes de que el bicho se parase como si fuese hecho de granito. Un tostón. Con un pinchazo cuarteando, otro pinchazo y una media cuarteando el toro pasó directamente al negociado de los destazadores.


Y por fin el sexto, que esto parecía que no acababa nunca. Meloso, número 121, de 630 kilos venteños es la segunda baza de Francisco de Manuel ante el que desarrolla su labor basada en el cite con el pico, la ventaja, la falta de colocación y la falta de temple sustanciada en más enganchones de los necesarios. Todo el mundo quería irse, entre la hora y el fresquete, menos Francisco de Manuel que alarga su temario pleno de altibajos sin que ya nadie le eche cuentas. El balance tauricida no es muy halagüeño: estocada hilvanada, estocada tendida quedándose en la cara, aviso, otra igual que la anterior perdiendo la muleta, otra igual delantera y atravesada sin tirar la muleta que el toro escupe en seguida y muchos descabellos hasta que en uno de ellos el verduguillo sale disparado hacia la barrera del 9 donde cae sin herir a nadie. Llevábamos toda la vida deseanddo ver eso.



 

De Manuel


ANDREW MOORE

 





LO DE URDIALES

 


LO DE AGUADO

 


LO DE DE MANUEL

 




FIN

La Habana


Virgilio Piñera


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Obama se va a La Habana, La Habana para un presidente “difunto”.

En Cuba siempre había un amigo que conocía a otro amigo que venía a salvarte –decía Néstor Almendros.
Phidel Kastro hizo suyo el dicho, y tira de Bergoglio, que conoce a Obama, que viene a salvarlo, pues Obama ya sólo trabaja para la Wikipedia, que es la enciclopedia donde abrevan los progres.
Obama se mueve en la política como Woody Allen en el cine (adular a los europeos, por los bolos), porque Obama, además, padece ese complejo que ya afeaba Tom Paine en los americanos que tenían un concepto de Europa más alto del que ésta se merece. Para él, señorito sólo es el europeo, y por eso en Viena pide perdón “por no hablar austriaco”.

En La Habana no le va a hacer falta hablar, porque por él ya hablarán los hermanos Castro, aunque, si porfía, igual le dejan decir lo que dijo en Kenia contra la homofobia, y de paso, contra el racismo.

No somos latinos. Somos más que latinos. Somos afrolatinoamericanos –relinchaba el Caballo (mitad gallego, mitad libanés) en los tiempos en que ramoneaba militarmente por África.
Negarle la salida de Cuba a los negros fue primera medida del “afrolatinoamericano” que sustituyó al “negro Batista”. No los quería saliendo de la isla… ni entrando en el gobierno.

A Manny Pacquiao lo han echado de Nike por opinar del homosexualismo lo mismo que el Ché, que acabó dando nombre a una boutique de South Kensington en el Londres donde Cabrera Infante vivía exiliado.

El presidente de Kenya, Uhuru Kenyatta, podía obsequiar a Obama con una copia de “Conducta impropia”, el documental de Néstor Almendros, el español con cara de lenguado que supo ser cubano, sobre la caza de brujas sexuales en la Cuba castrista, con sus campos UMAP para homosexuales.

Tú tenías un gran pie y el tacón jorobado –habría que decirle a Obama con verso de Virgilio Piñera, genio habanero que en La Habana machista de la Revolución dijo: “Los hombres de verdad no leen libros”.
 
[Publicado en Febrero de 2016]

En busca de la prevalencia de los idiotas (III)


Francisco Suárez


MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN


Con la paulatina perversión y creciente bastardeo (justificado por la clase parasitaria de los runflantes instalados, philótimoi atrapados por la “honorum caeca cupido”, que diría Cicerón, o la “cupiditas regni”, de César, y el sueldo y prebendas, debido a la “necesaria” e indefectible complejidad de los Estados modernos y su Progreso ) de la protodemocracia o Democracia sensu stricto, de doble naturaleza –directa e indirecta
, en donde los representantes son arrendatarios de la autoridad ajena y vicarios de la multitud, llegamos honestamente a dudar de que el Parlamento, configurado por grupos con acérrimo espíritu empresarial llamados partidos, sean realmente una representación popular, y hasta la lógica e inteligencia más básicas rechinan cuando se delega a esa asamblea cerrada, que representa unos cientos de intereses privados empresariales, el derecho de legislar y de cuidar por el bien común.

     Ardua cosa es ésta de la noción de “representante” en una Democracia. Quizás sea la cuestión más fundamental y, a la vez, más difícil de analizar. Habría que comenzar diferenciando el concepto de poder del concepto de autoridad. Y es que la autoridad y el poder son dos cosas distintas, del mismo modo que lo son la “potentia” y la “potestas”: Poder es la fuerza por medio de la cual se puede obligar a obedecer a otros, en tanto que la Autoridad es el derecho a dirigir y mandar, y a ser escuchado y obedecido por los demás. La autoridad justifica el poder, y el poder sin autoridad es tiranía. Por tanto, la autoridad quiere decir derecho. Ahora bien, si la función de gobernar, ejercida por la multitud en la democracia directa o democracia en sí, o sea, por los idiotas, puede cumplirse en sociedades mayores y más diferenciadas, sólo a condición de que los idiotas la confíen a determinados hombres, bajo estrictas condiciones, que en lo sucesivo se encargarán de los asuntos del todo, entonces esos hombres, una vez que se hacen cargo de la dirección de la comunidad bajo el estricto protocolo democrático (mandato efímero, rendición de cuentas, posibilidad de destitución inmediata durante el mandato, examen moral, etc.), tienen un derecho (recibido de y por medio de los idiotas) a ser obedecidos para el bien común. Sin embargo, puesto que la autoridad significa derecho, ésta ha de ser obedecida por razón de conciencia; esto es, de la manera en que obedecen los hombres libres, y por la salud del bien común, de todos los idiotas fundamentadores de esa autoridad. Y por la misma causa no existe autoridad allá donde no hay justicia. La autoridad injusta no es autoridad, como la ley injusta no es ley, tal como el padre Suárez sostiene en su De legibus, Liber III, cap. 4. Cuando se obedece como un hombre libre se está cumpliendo en realidad un desiderátum rousseauniano: “obedecer sólo a sí mismo”.

     La autoridad deriva de la voluntad o consensus de los idiotas, y de su derecho básico y natural a gobernarse. Y el problema de nuestra libertad nace precisamente en la relación entre los ciudadanos particulares o idiotas y los gobernantes que han decidido elegir. Cuando el pueblo inviste de autoridad a ciertos hombres ¿se despoja de su derecho natural a gobernarse y de su autoridad para autorregirse? Y una vez que los gobernantes elegidos asumen el cargo, ¿el pueblo pierde su derecho natural a gobernarse y su autoridad para regirse, la cual queda transferida a los gobernantes elegidos, que en lo sucesivo la poseen exclusivamente? O bien, los idiotas, cuando investimos a ciertos hombres con nuestra autoridad, ¿mantenemos nuestro derecho natural a gobernarnos y nuestra autoridad para regirnos, de manera que poseemos la autoridad no sólo inherentemente, sino también permanentemente? No cabe duda: toda la teoría del poder en la sociedad democrática “hamiltoniana” descansa en esta espinosa noción de representación o vicariato, por virtud de la cual los magistrados popularmente electos ejercen el derecho del pueblo a gobernarse. La clase política olvida interesadamente que los actuales medios tecnológicos posibilitarían la participación directa de los idiotas en la cosa pública, pudiéndose restringir al máximo la democracia representativa, siempre recelosa de los democracia directa o democracia sensu stricto. Es curioso que en los últimos años de peste se haya impartido la docencia a distancia, y que todavía hoy se trate a los enfermos a distancia, aumentándose esta práctica por ahorro sanitario, y que prácticamente todas las relaciones de los idiotas con la Administración del Estado y las Administraciones de las distintas satrapías se lleven a cabo on-line. Pero nuestra clase política, cerrándose toda ella en filas como una falange, no cede ni en un ápice a bajarse del sillón de la representación, ya bastante innecesaria por la cibernética, y permitir así un desarrollo pleno de la democracia directa gracias a la tecnología. Se parecen mucho esos políticos nuestros al primer estado en los inicios de la Revolución Francesa, sin duda. Su resistencia a perder sus privilegios inicuos no es menor que la de aquella nobleza.

    En una verdadera democracia representativa...

Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Los Desdentados y Deplorables. Ventana (de Overton) al abismo


 

Carisma y Valor

Este pasado miércoles nos desayunábamos con la noticia de que Francia -mejor dicho, la postFrancia macronita- se ha convertido en el primer país del mundo en prohibir los vuelos nacionales que se puedan -las cursivas adquieren aquí todo su carácter hipotético- hacer en tren en menos de dos horas y media.



Considero que es la noticia desdentada y deplorable más grave de lo que llevamos de año siendo consciente de que hemos asistido a auténticas aberraciones en los últimos meses. Lo afirmo porque esta noticia supone un enorme salto cualitativo en la “política” de descarbonización -qué espantajos produce el lenguaje en las épocas totalitarias- que Nuestros Señores llevan programando desde hace décadas y que, como indico en el título, abre una Ventana (de Overton) al abismo.



Para entender la gravedad de este hecho debemos partir de la premisa básica de la época que nos ha tocado vivir y que como todo lo verdaderamente importante en la vida es de naturaleza metafísica. Dicha premisa dice así...

 

 Leer en Carisma y Valor

Domingo, 28 de Mayo

 

Domingo

Paz a vosotros

 DOMINGO, 28 DE MAYO


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

 

-Paz a vosotros.

 
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.


Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

 

-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.


Juan 20, 19-23

sábado, 27 de mayo de 2023

San Isidro'23. Victorianos y Cuvillos para Perera, Talavante y Marín. Lo mejor, la brega de Javier Ambel, los palos de Curro Javier y la sobriedad de Vicente Herrera

 

 

Here Comes The Sun


 JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


No se atrevieron a titular la corrida de hoy como “desafío ganadero” o, mejor aún “desafío ganaduros”, porque no se les ocurrió, pero a ver cómo se explica que programasen una corrida de Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo, tres y tres en teoría, que a ver quién es el guapo que explica qué interés puede tener para el aficionado medio la confrontación de esos dos hierros conocidos por su entrega a esa peste de la «toreabilidad». Acaso la gran incertidumbre de esa innecesaria confrontación estuviera en adivinar cuántos toros de cada ganadería serían rechazados, y ahí hemos de decir que ganó Cuvillo que sólo lidió dos. Núñez del Cuvillo, ganadería fetiche de José Tomás, estirpe de Idílico, llevaba desde 2019 sin lidiar en Madrid y al cabo de tanto tiempo solamente es capaz de mandar al Foro dos miserables toros, para que se vea lo que es un ganadero escrupuloso. El resto del encierro lo cubrió Victoriano del Río con los tres que le tocaban y la mella del Cuvillo también la tapó Victoriano con uno de Toros de Cortés, que es lo mismo que lo de Victoriano pero que pone Cortés, por poner algo.


A Plaza llena y tras la ya ritual exhibición de pancartas exigiendo el toro, subrayada por la de un hermoso serrucho que portaba un abonado, se produjo el acto social del paseíllo en el que, tras las grupas de los jamelgos tordos, partieron recorriendo el ruedo los toreros Miguel Ángel Perera, diecinueve años de alternativa, Alejandro Talavante, diecisiete años de alternativa, y Ginés Marín, siete años de alternativa, seguidos por la habitual santa compaña de peones, picadores, monosabios, benhures de mula y propina y areneros.


Por dar un pequeño e innecesario apunte diremos que la corrida, da igual el hierro que elijas, se movió entre la poca presencia y la mansedumbre. Lo primero ocasionó las protestas del respetable, los gritos de ¡miau!, y la demanda de ¡toro!, porque solivianta comprar una entrada para los toros y que te echen una especie de novillejos sobre cuyas orejas planea la mosca de la manipulación de las astas; lo segundo fue la constatación del toro huidizo y de media embestida, la querencia a chiqueros o el que directamente se para. Los toros, cinqueños, tenían más años que el Canalillo pero ni por esas había manera de salvar el encierro.


Sale el primero de la tarde, Espantoso, número 124, y por obra del cambio climático empieza a llover un tremendo aguacero, el bicho sale del chiquero y, al ver la que está cayendo, vuelve grupas hacia el sitio del que venía. Cuando le echan de ahí por el sistema que fuera, la afición cubierta de poncho y paraguas no cesa en la censura del animalejo que anda corriendo por el barrizal, especialmente cuando cae al entrar a la primera vara y vuelve a caer al entrar a la segunda. Arrecia la lluvia racheada y hasta el veterinario del palco, don Renné Alonso, aprovecha para cubrirse las piernas con el pañuelo azul de la vuelta al ruedo, que ya se veía que no iba a usarse. Sin cesar las protestas al toro, Perera no se amilana por el diluvio y va labrando su faena sacando una estimable serie por la derecha, muy templada y de mucho oficio antes de volver al registro más tradicional y más tedioso del veterano diestro. Al final de la faena el ruedo es una piscina, merced al terraplanamiento que perpetró Morante cuando le dio por la cosa de la agrimensura. En medio del chaparrón se tira Perera a matar, cobrando un bajonazo soltando la muleta y una estocada rinconera soltando el trapo de nuevo. Al doblar el toro, cesa la lluvia.


El segundo y último manso de Cuvillo atiende por Berlanguillo, número 71, al que Talavante recibe por lances a pies juntos, aquellos «pases de pegolete» que nos recuerdan al abuelo de Vicente Palmeiro. Tras la inanidad del animal en los dos primeros tercios llegamos a la cosa de la muleta, donde Talavante decide comenzar de igual manera que Espadas el otro día, pases por alto, uno cambiado por detrás y dos andando más el de pecho. Ya sabemos que Talavante tiene un cerebro de esponja que es capaz de imitarlo todo, como Elmyr de Hory hacía con la pintura, y se ve que lo de Espadas le llegó. El resto es la continuación de lo que sabemos: un torero que goza de bula en Madrid y al que se le le jalea (casi) todo. El resultado de su deslavazada actuación es bastante inferior al del empeño y la ilusión que pusieron sus partidarios en el aplauso, pues es una faena de altibajos, con poco temple y falta de orden y algún muletazo estimable con la zurda. No halló modelo en el que mirarse y la cosa salió como salió. Lo de matar ya es otra cosa: primero pincha a Berlanguillo en los blandos sin soltar, tira la muleta y sale corriendo con el estoque en la mano; se ve que el bicho va bien herido y quiere echarse, pero le levanta para cobrar otro pinchazo y finalmente descabellar.


Sale el sol y los que huyeron del tendido retornan sumisamente para ver a Ginés Marín, a quien le tocó el colorado ojo de perdiz Jarretero, número 156, de Toros de Cortés que, como el resto de la corrida, pasa de puntillas por los dos primeros tercios, acaso reseñar que la segunda vara la tomó en el 6. Puede decirse que lo mismo que con los dos anteriores le ocurre con el tercer tercio, porque su descastada mansedumbre le hace embestir al paso sin que la labor del torero consiga llegar al tendido ni organizar algo estimable. Por el izquierdo no quiere Ginés ni ver al toro y, llegada la hora, le suelta una estocada de efecto fatal para el manso.


El inicio de Perera con el primero de los tres de Victoriano del Río es de lo menos halagüeño, pues el bicho, que atiende por Curioso, número 109, le aprieta hacia tablas y literalmente le saca de la Plaza soltando el capote y saltando al callejón. Esa actitud tan impropia de un toro de estos de la «toreabilidad» puede costarle cara al ganadero, que uno no se anuncia con lo de Victoriano para recibir estos sustos. El segundo tercio marca el mejor momento de la tarde con la brega exquisita de Javier Ambel, la torería con los palos de Curro Javier y la sobria efectividad de Vicente Herrera, que reciben el aplauso unánime de la Plaza puesta en pie. Tras eso, como si de un teziuhtlazque o sacerdote de Tláloc se tratase, vuelve la lluvia con Perera, que se descalza para torear. Y bien decimos lo de torear, porque Perera arma una serie a derechas de gran calidad, de nuevo el temple y el oficio haciéndose presentes, que no tiene continuidad porque el toro, que ya había cantado su querencia a chiqueros y su mansedumbre, se quiere desentender de las propuestas muleteras del extremeño. Se equivoca Perera en alargar la faena más y más, porque el toro sólo podía ir a peor y vale más una faena corta e intensa que una faena hecha de reinicios y reseteos en diversas partes de la Plaza, según la conveniencia del toro. Termina con un final muy pueblerino en el que no faltan las pestosas bernardas de todos los días antes de la amargura del estoque: pinchazo, pinchazo hondo soltando la muleta y sale corriendo, media estocada y multitud de descabellos. Dos avisos y generosidad del Presidente en la dilatación del tiempo.


El quinto, número 27, era Casero, al que Talavante recibe con verónicas que no levantan pasiones.El bicho es un torejo impropio de Madrid, por muchos 597 kilos que le asignasen en la rifa de los pesos, que esas 52,54 arrobas no se veían por parte alguna. Vuelve Tala a percibir el favor de las gentes que le jalean los trapazos, la falta de colocación y los enganchones como oro molido. Podemos decir que a su manera quería hacer algo, pero que no encontró el modelo a imitar, porque ya sabemos que el Camaleón de Badajoz tiene que basar su toreo en el de alguien que le haya influido. Muchos enganchones, como se dijo antes, jalonan su irregular trasteo y, de nuevo, otro trago con el estoque para dejar un pinchazo y un bajonazo. El retorno de Tala no está resultando muy halagüeño.


Al salir el sexto explota la protesta demandando ¡toro! y coreando aquello de «manos arriba, esto es un atraco» Se recibe a Bolero, número 105, a base de silbidos, otro que no se le ven los kilos que le asigna la tablilla, que desde el principio manda las inequívocas señas que demuestran su descastada mansedumbre. No es posible explicar los empeños de Ginés Marín, tan sólo la constatación de que fueran los que fuesen no llegan a ningún buen puerto. El público se desinteresa y el trasteo no cobra vuelo. Un pinchazo sin soltar y media estocada soltando la muleta ponen fin a la tarde. Cuando arrastran a Bolero, comienza de nuevo a llover.


 
La sombra y el sol
 
 

 Don Renné Alonso aprovecha para cubrirse las piernas
 con el pañuelo azul de la vuelta al ruedo, que ya se veía que no iba a usarse

Voluntades




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Una cosa que dijo Juan Belmonte cuando su hijo Juanito, hijo del Fenómeno y la costurera de Triana (“yo he sido hijo natural hasta los dieciséis años”), hizo saber a su padre que quería ser torero:

Mira, hijo, de torero a sinvergüenza no hay más que un paso. Así que ten cuidado de no darlo.
En los árboles de la Milla de Oro madrileña han colgado este cartel: “Paupérrimo, también de salud, aceptaría 500 euros para cumplir última voluntad”. Y el teléfono. ¿Qué tenemos aquí, un torero de la vida o un sinvergüenza de la publicidad?

Por si lo primero, uno quiere sentir, como Ruano, respeto por el suicida: inquietud filosófica y terror católico. “El suicidio también es un accidente de la voluntad”, diría Ruano del de Hemingway, con quien había alternado en Ronda, donde el gringo “tenía físicamente algo de droguero en vacaciones”.
Siempre me ha sorprendido que todo el mundo siga viviendo –dice Kirillov, el suicida de Dostoyevski en “Los demonios”, la biblia del nihilismo. (Hay que ser un Sánchez para sentarse a escribir “novelas modernas”, teniendo a Dostoyevski en la estantería).
Kirillov cree que si no hay Dios, entonces él es Dios. Si Dios existe, todo es Su Voluntad y uno no puede hacer nada contra Su Voluntad. Si no existe, todo es mi voluntad y estoy obligado a ponerla de manifiesto. Kirillov quiere manifestar su voluntad, aunque sea el único que lo haga.
Estoy obligado a pegarme un tiro porque el nivel más alto de mi voluntad es matarme. Soy el único que lo hace sin motivo alguno, por pura voluntad. Todo lo que el hombre ha hecho es inventar a Dios para vivir y no tener que matarse: en eso consiste hasta ahora la historia universal.
Ahora, contra el nihilismo de Kirillov, una multinacional de las zapatillas propone la fe de Kaepernick, el futbolista americano que en el estadio puso de moda, “contra el racismo”, hacer “un Zapatero” al himno y la bandera de los Estados Unidos. Su lema: “Cree en algo. Incluso si significa sacrificar todo”.
 
[Artículo publicado en Septiembre de 2018]

Sábado, 27 de Mayo

 

 

Jornada de Reflexión

viernes, 26 de mayo de 2023

Asesinos y listas



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Las listas son un problema político; los asesinos, un problema moral, que incluye la moderación liberalia para despachar el caso con aquel poema de Baudelaire al final de la vida de un asesino que Ruano citaba de memoria: “Allí está partiendo el blando pan (¡la lista electoral!), disfrutando de esa paz ancha que la Providencia concede a los grandes asesinos”.


    El sistema proporcional de listas de partido (cerradas o abiertas, tanto da) en lugar de candidaturas uninominales de diputados de distrito (democracia representativa), impone la oligocracia, y el principio representativo, base teórica del liberalismo político, queda eliminado. Dicho por el jurista ideólogo que nos endosó el Estado de Partidos (autor de las sentencias del 52 y 56 que prohibieron en Alemania los partidos nazi y comunista):


    –En la democracia de partidos la voluntad general sólo nace por obra del principio de identidad, sin mezcla de elementos estructurales de representación.


    Sin representación, el parlamentarismo es comedia, pues los diputados son delegados de los jefes de partido plebiscitados (no elegidos) por los votantes, con lo que la “soberanía popular” y la “separación de poderes” deviene en quincalla política. La soberanía reside realmente en el ejecutivo, que compone las listas del legislativo, y la voluntad general se identifica con el partido o coalición mayoritaria, de modo que la voluntad particular del jefe del partido o coalición constituye la voluntad general de la nación. Como las de Jefferson, que se regía por Euclides, estas verdades “son evidentes por sí mismas”, pero, si vives del momio, es mejor no verlas.


    En cuanto a los asesinos de las listas, Odo Marquard, en su “antropología del tiempo” (¡del tiempo alemán!), hablaba de la huida del “tener conciencia” al “ser conciencia”. El teólogo consideraba falso que los alemanes de la inmediata posguerra reprimieran el pasado nacionalsocialista y evitasen enfrentarse a él. Ocurrió, según él, que en el entorno de hambre y escombros de la primera posguerra, el horror (la “vergüenza colectiva”) ante los crímenes del nacionalsocialismo podía cubrir su necesidad de expiación más adecuadamente (“no del todo, pero sí más adecuadamente”) que en la paradójica situación que se produjo unos diez años después, mediante el llamado “milagro económico”, en la cual a los alemanes de la República Federal les iba mejor que a los supervivientes de aquello de lo que los alemanes eran culpables. Y la mala conciencia se hizo insoportable.


    –La huida hacia la crítica se convirtió en el más exitoso mecanismo de descarga, y su figura fundamental fue ésta: uno se sustrae al tribunal al convertirse él mismo en tribunal. Se huyó del “tener conciencia” hacia el “ser conciencia”.


    Pero España ha hecho suyo el principio oportunista de acomodación de la conciencia a las circunstancias, y “el espíritu del mundo concede la absolución a la buena conciencia de los perversos”.

 

[Viernes, 19 de Mayo]

San Isidro'23. Lisarnasios para Manzanares y su "ennui", De Justo y su bula, y Roca y su rock'n roll en la plaza del pueblo. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Para hoy, y para liarme a mí un poco más, programaron la tradicional corrida lisarnasia de todos los años, cada vez menos lisarnasia. En esta ocasión la pedrea le ha tocado a don Lorenzo Fraile convocado por Plaza1 para deleitarnos con los productos del Puerto de San Lorenzo y de La Ventana del Puerto, los puertos frailunos de todos los años que se complementan en el cartel con los jandillas de La Ventana del Puerto, que llaman “ventana” al ventanuco por el que se han colado en el Puerto de la Calderilla los juampedreos nuestros de cada día. La cosa es que entre Lisardo, Atanasio, Juampedro y El Torreón, lo que tienen estos Fraile liado es una redada bovina de no te menees, que merece más pronto que tarde una desamortización y quitar cuanto antes ese ganado a los frailes, como apunta el culto aficionado R.C.


La cosa es que por más que rebuscaron por las fincas, el escrupuloso ganadero no dio con toros suficientes entre los del Puerto y los de la Ventana y aún hubo que echar mano de otro hierro frailuno para completar la media docena de toros que componen una corrida. La ganadería agraciada para traer el que faltaba fue la de Valdefresno que nos presentó al ridículo primero de la tarde, para que viésemos bien clarito desde el principio cómo venía la vaina. Y de sobrero, el Vellosino porque parece ser que no había otras.

 

Hacemos hincapié hoy en la cosa de los sobreros porque estaba cantado que veríamos al menos uno, aunque había fuertes apuestas a que serían dos. Finalmente fue uno, que vino a sustituir al segundo de la tarde, Langosto, número 149, que era el primero de los del Puerto que hollaba la Plaza. En la Feria, en días anteriores ha habido sobreros de Garcigrande, del Conde de Mayalde, de Juan Pedro Domecq, de José Luis Pereda o de Lagunajanda, pero hoy tocaba El Vellosino, que no se habían anunciado en ninguna de las corridas precedentes, por vaya usted a saber qué. Nadie conoce las interioridades de los tejemanejes taurinos y de cómo se eligen los sobreros para cada festejo, de la misma manera que se ignora cuáles eran los ritos con que se veneraba a Mitra en los viejos mitreos de los legionarios romanos en los que se sacrificaba a un toro, pues ambas cosas pertenecen al mundo de los misterios que solamente pueden ser revelados a los iniciados, que están obligados a mantener en secreto los rituales en los que toman parte.


Para dar cuenta de la talegada frailuna, más el primillo que se coló, a Plaza llena, se trajeron a José María Manzanares, con veinte años de alternativa a cuestas, a Emilio de Justo, dieciséis años de alternativa en el lomo, y Andrés Roca Rey, ocho años de alternativa

 
La corrida comenzó con la exhibición de una pancarta que, con más razón que un santo, proclamaba que «Sin toro nada tiene importancia», por si alguien necesitaba que se le recordase esa indiscutible verdad. La exhibición de esa pancarta se vio en seguida refrendada por la aparición de Frasquito, número 55, de aspecto muy acabrunado. Estamos de acuerdo en que las cabras pertenecen a la familia de los bóvidos y que son artiodáctilos, y que poseen cornamenta, como los toros, pero no son lo mismo, por mucho que se empeñen. El indigno animal de Valdefresno que abrió Plaza no era digno de esta Plaza, y su deplorable aspecto podría haber pasado a segundo plano si el bicho se hubiese justificado a base de casta, de empuje, de codicia, de vigor… pero lo que trajo el pobre Frasquito fue blandenguería, descoordinación motriz y movilidad reducida. Vamos, que se podía haber quedado en el campo. Con esa prenda anduvo Manzanares tirando sus desganadas líneas hasta que se le ocurrió poner fin a la farsa con una estocada entera.


Con tan buen ambiente como ha dejado el de Valdefresno, sale Langosto a dar su réplica en la que supera al precedente en blandenguería obteniendo la recompensa del pañuelo verde que le condena a morir en soledad. Con eso ya tenemos en la arena al Panderito, herrado con el 137 y con la marca de El Vellosino, con más presencia y más romana que los precedentes y que no destaca por nada en los dos primeros tercios. Roca le hace un ajustadísimo quite por chicuelinas de las de ¡ay!. Emilio de Justo comienza su faena doblándose por abajo y ahí podemos decir que ya se acabó la cosa porque el toro era de condición poco movediza y sosa y no demostró gran interés en los tratos que le iba proponiendo De Justo. Acaba con el animal mediante un pinchazo sin soltar y una estocada baja en la que suelta la muleta y sale corriendo hacia el burladero, perseguido por Panderito, en la única demostración de carácter que demostró en toda su lidia.


Tras las ceñidas chicuelinas nos imaginábamos que Roca vendría a comerse la tarde y a resarcirse de los flojos resultados de su actuación precedente y en cuanto salió Lanero, número 44, que es el prefijo telefónico del Reino Unido, ya vimos que la cosa no pintaba bien, porque la presentación del de la Ventana del Puerto dejaba bastante que desear y porque se le notaba que las fuerzas de que disponía estaban bastante tasadas. El primer tercio se pasó entre silbidos y el segundo se salvó con la experta mano de Antonio Chacón en la brega. Tras los clarines que anuncian el cambio de tercio, una potente voz masculina ruge: «Plaza1, ladrones» y en seguida Roca Rey comienza su faena a base de estatuarios y a continuación los tradicionales derechazos en una faena muy pueblerina sin ajuste y sin argumentos de peso que es defendida por una parte de la Plaza y censurada por otra con idéntica pasión. La faena se va despeñando hacia el abismo y el peruano orquesta una verbena de bernardas con las que levanta los ánimos de los partidarios que le habrían pedido la orejilla si no llega a fallar en un pinchazo refrendado por un bajonazo poco adecuado para una figura que está tan en sazón.


Ya ni nos acordábamos de que andaba por allí Manzanares, con esas impresionantes hombreras que se merca en el sastre, cuando salió Sabueso, número 144, que estaba en el tipo de cuando el Puerto de San Lorenzo tenía un tipo definido. Afortunadamente estaba por allí Paco María para dejar dos puyazos muy bien agarrados, que en lo tocante a varas es lo único reseñable de la tarde, más por el arte del piquero que por las inclinaciones del toro a la pelea en varas. Por allí anda yendo y viniendo Manzanares, como aburrido, y viendo las trazas del toro, que tampoco es una fiesta, decide abreviar y cobra un pinchazo cuarteando y una habilidosa estocada entera, también cuarteando.


La segunda venida de Emilio de Justo es para vérselas con Cigarro, número 15, que pone a currar al carpintero de la Plaza tras sacar las maderas del burladero del 6. En banderillas anda estupendamente Morenito de Arlés, que recoge una justa ovación junto con Manuel Pérez Valcarce, que estuvo a la altura. Se fue Emilio primero a brindar a un señor calvo en el burladero que pone «EMPRESA» y luego al 5, a crear su obra. Rápidamente todo el mundo se dio cuenta de dos cosas: la primera de que el toro tenía un pitón derecho de cine y la segunda que Emilio, por más que Madrid le apoye, estaba por debajo del toro. Toreo por afuera, vulgaridad vendida como si fuera tabaco de Vuelta Abajo y temple fueron las claves de la primera mitad de la faena. Cuando se cambia a la zurda el toro es menos claro y ahí está lo mejor de Emilio de Justo: que en vez de quitarse de ese compromiso y volver a la derecha intenta tres series por la izquierda a ver si se hace con el toro, cosa que no consigue, pero lo intenta. Vuelta a la derecha, pico y toreo por las afueras, temple de nuevo y a matar de pinchazo y estocada. Si llega a matar a la primera le habrían pedido la orejilla, sin duda. Hay que ver qué bula tiene este hombre en Madrid.


Y ya como final el retorno de Roca Rey, con su vestido negro y oro, a vérselas en el 5 con otro toro sin vigor ni energía como Campito, número 46, ante quien repite sus planteamientos de toreo de fiestas patronales en localidad de menos de 20.000 habitantes y, de nuevo, se suscita la polémica entre partidarios y detractores. Busca las cercanías y recibe muchos enganchones. Echa al suelo al toro de estocada baja perdiendo la muleta.


La corrida concurso de derivaciones frailunas ha sido un fiasco, una redada de tipos y hechuras, una falta de uniformidad y de poder. Sacarán pecho con el toro Cigarro, para justificar algo su ruina ganadera, pero uno prefiere a aquel Carretilla, número 66, de hace 33 años que se le fue al Fundi, toro de la Feria, que éste que se le fue hoy a Emilio de Justo.



ANDREW MOORE

 


LO DE MANZANARES

 



LO DE DE JUSTO

 


LO DE ROCA

 



FIN

Viernes, 26 de Mayo

 

 

Miniaturas II

jueves, 25 de mayo de 2023

San Isidro'23. Algarras remendados para El Payo, Román y Espada. Primera oreja de peso de la Feria. Márquez & Moore

 

Primera oreja de peso en la Feria

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

Antes de nada hay que empezar con lo de la opacidad ésta en que se mueve todo esto de los toros. Ya no es que estemos con los bizumcogedores, que lo del sobre ya no se estila ni siquiera en este ámbito casposo, que ya se sabe cómo esos se dedican a mover el inciensario de un lado a otro según les vayan diciendo sus respectivos amos. Es que resulta increíble que en esta época nuestra en la que hasta un novillero sin caballos tiene un jefe de prensa y un community manager, en la era de la comunicación instantánea, de las fotos y los videos, del tik-tok y demás herramientas al servicio de la comunicación, sigamos como hace treinta años con que “me han dicho que han traído un camión de toros desde…”, “han rechazado la corrida entera”, “de los tres de recuelo que han traído solamente ha pasado uno” etc. El hecho es que en la tarde del martes todo el mundo daba por hecho que la corrida de toros de Luis Algarra había sido rechazada en su totalidad, por un rumor que se movió por la Plaza y aledaños, e incluso se daba por hecho que la sustituía una de Valdefresno. Esta mañana resulta que cuatro de los de Algarra valían y con dos Montalvo que pasaban por allí han recompuesto la cosa para que no pudiese haber devolución de entradas, que se presumía fuerte a la vista de la climatología y del cartel.


De la climatología nada sabemos, que con esto del cambio climático lo mismo te hielas como ayer que te achicharras como en lo del Club 3 Puyazos en San Agustín de Guadalix, pero del cartel sí que nos da en la nariz que si hubiesen dejado opción habrían sido muchísimos los que habrían corrido a deshacerse de sus boletos. Imaginemos a un abonado al que hoy se le hubiese dado la oportunidad de recuperar sus 82,10€ de una fila 2 del tendido 9, y por supuesto queda excluido de esa posibilidad el gran aficionado M.A., que asiste a todas las corridas de la temporada en Las Ventas; pues salvo el citado, la mayoría hubiesen optado por el pájaro en la mano antes que por ver en vivo el reto de los toros de Luis Algarra y Montalvo junto a los toreros Héctor Octavio García González, el Payo en los carteles, Román Collado Gouinguenet y Francisco José Espada Montoro. Y hubieran hecho mal, porque la tarde salió variada y entretenida, que afortunadamente no todo en esta vida de la afición a los toros es andar parando el tiempo o escacharrando relojes, ni andar acinturándose o levantando mausoleos de verónicas.


Primero soltaron tres de Algarra. El primero, Malaspulgas, número 25, se las sacudió encima de El Payo y resultó que no eran tantas, porque el animal resultó tirando a tonto, que hay quien a eso le llama nobleza. Se quedó un rato encelado con el caballo dándole vueltas y ahí es donde se vio claramente lo tonto que era. El Payo no estaba lo que se dice en su día bueno y la cosa de la faena se fue pasando como pasan los autobuses por Manuel Becerra. Nada que reseñar salvo el bajonazo con el que se terminó el prescindible paso por este Valle de Lágrimas de Malaspulgas.

 
En segundo lugar contemplamos la capa castaña y salpicada de Zapatazo, número 82, que le corresponde a Román. El tercio de varas, primera taza de Chocolate (Santiago), es una auténtica birria. Ya sé que en la colección entera de La Lidia o de El Toreo no se encuentra esa expresión en sus cientos de números publicados, pero es la que mejor explica lo de las varas en este toro. El animalito es un flan Dhul, con poquita fuerza y muchísima bondad. Román le hace correr desde lejos y eso siempre será agradecido desde aquí, pero las trazas romanescas no son capaces de resaltar las bondades embestidoras del toro, sino que más bien el público se va apercibiendo de que el toreo del valenciano está por debajo del colaboracionismo del toro. Lo que sí hace Román es gritarle mucho al toro que es algo que, la verdad, no queda bien. Lo echa al suelo de una estocada un poco delanterita.


Ya tenemos en la arena a Rastrero, número 5. De los dos primeros tercios lo único que llama la atención es la buena lidia que le da Candelas al toro y una voz que clama en el tendido “¡Fuera esta empresa!¡Fuera Garrido!” y con eso ya estaríamos en lo de la muleta, que comienza con  Espada por estatuarios y, de sorpresa, cuando el toro se le viene muy cruzado, improvisa un cambio por la espalda, señal de que la cabeza está funcionando, otro estatuario y uno de pecho. Muy impactante inicio. El resto de la faena parece que se mira en el espejo de Roca Rey, con muchos pases por la espalda y poco de interés, por más que hubo muchos que se entusiasmaron con la propuesta de Espada, que toreó con más profundidad al tendido que al toro. Se perfila muy por afuera y cobra hábilmente una estocada entera perdiendo la muleta. Ahí se produce una petición de oreja que el Presidente, don José María Fernández Egea no considera suficiente, y eso que había hasta dos pañuelos pidiéndola en un burladero del callejón rotulado con el lema “COMUNIDAD DE MADRID”. Se crea polémica en los tendidos por la decisión del presidente que aquí estimamos como acertada; si llega a estar Timi le da al muchacho hasta la pata.


Tras tanto Algarra aparece el cuarto, Plácido, número 89, de Montalvo. Buena presencia y muy poquitas fuerzas son sus señas de identidad. Si quitamos la brega de Chacón, no hay nada que reseñar de los dos tercios iniciales… y tampoco del último tercio que fue muy largo y que era como ver a un tío jugando al solitario. Tocaron un aviso y El Payo acabó su actuación a base de un pinchazo y media estocada perpendicular quedándose en la cara. Finalmente tuvo que usar el verduguillo.


El segundo de Montalvo fue Monaguillo, número 67, que de tanto humillar clava los pitones en la arena y se da la voltereta, lo mismo que los novillos del día anterior. En la cosa de la pica ahí tenemos la segunda taza de Chocolate (Pedro) ante quien no demuestra Monaguillo un celo digno de ser reseñado. De primeras parece que el toro es más pastueño y tirando a manso, pero en seguida va cambiando su humor y se va descomponiendo cada vez más y ahí se encuentra con la firmeza de Román, que se viene arriba y se dispone a dar la réplica a los tornillazos que suelta el toro primero en el remate del muletazo y después en mitad de la suerte. Muy valiente y decidido Román, creciéndose a medida que el toro va sacando peores intenciones, en una emocionante faena donde pone sobre la arena de Las Ventas sus credenciales de torero, sin darse importancia. Gran decisión del valenciano refrendada con una buena estocada que le vale una justísima oreja de más peso que la mayoría de las que llevamos en la Feria. Ahí tenemos las dos caras de Román: con su primero, el toro bobo, a nadie interesó; con su segundo nadie apartó la vista del ruedo hasta que el animal rodó.
Y ya por fin la grande finale con Francisco José Espada y Zorzaleño, número 29, de Algarra, que de primeras provoca el espectacular derribo de Prados y del caballo, cayendo los tres al suelo. Luego, inicio de rodillas en una serie completa, hasta el pase de pecho, muy jaleada. A continuación el toro se va poniendo más intratable y ahí Espada va trazando su faena con bastante desparpajo. Recibe el apoyo de un ¡Viva Fuenlabrada! que habría emocionado a la Tía Javiera y no se descompone ante la poco prometedora actitud del toro que, finalmente, acaba prendiéndole y lanzándole por los aires. El sentir de las gentes estaba más bien en lo de pedirle la oreja, y esta habría sido más justa que la que se le pidió en el tercero, pero el acero se cruzó en su camino: pinchazo, estocada hilvanada haciendo guardia y estocada delantera.


Los que no vinieron se perdieron una entretenidísima tarde de toros.


 

El Guernica de la tarde


ANDREW MOORE

 





LO DE EL PAYO

 



LO DE ROMÁN

 




LO DE ESPADA

 





FIN