Sólo las nubes arden siempre libres
miércoles, 29 de mayo de 2019
martes, 28 de mayo de 2019
"Hago pacto conel demonio con efecto que me de licencia para saber torear"
@AntonioPinedaVa
"Digo yo Ventura Rodríguez que hago pacto conel demonio con efecto que me de licencia para saber torear que es capear, echar banderillas, estoquear, saltar los toros que quiera y otras habilidades tener, mucho corazón amistad con Grandes de España y otros y saber hablar y correr"
“We, the people”
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En tres palabras (“We, the people”) de los Founding Fathers está la madre del cordero de la democracia representativa, a cuyo padre, es decir, los Founding Fathers, se propone matar ahora la izquierda, cuyas damas principales, Nancy Pelosi, la más vieja, y Alexandria Ocasio-Cortez, la más joven, desafían a Alexander Hamilton a un duelo constitucional aún más dramático que el que hace dos siglos le costó la vida ante Aaron Burr.
Primero Ocasio-Cortez llamó en Facebook a ayudar a los demócratas a recuperar “las tres cámaras del Congreso”, y luego Nancy Pelosi, tras avisar que no se andaría por las ramas, soltó ante la prensa que “la belleza de la Constitución es su sistema de dos o tres ramas iguales de gobierno”.
En 2016, Trump se llevó tres mil de los tres mil y pico condados de la Unión, pero Hillary ganó el “voto popular” por tres millones, procedentes, sobre todo, del “excedente californiano”, y el cálculo que hacen los demócratas es meter a medio México en California y asegurarse la presidencia perpetua por el procedimiento de cambiar el voto electoral de los Estados por el voto popular de la Nación, ignorando lo que a los Founding Fathers les costó armar la Federación que conocemos.
Como los Founding Fathers no eran hombres de “Estao”, como nuestros liberalios, cogieron el “we, the people” e hicieron lo que Octavio Paz manda hacer con las palabras (“Dales la vuelta, / cógelas del rabo (chillen, putas), azótalas…”), cosa que nadie más ha hecho (lo nuestro es lo que Franco llamaba “unidad de poder y coordinación de funciones”): pues que a un poder sólo otro poder lo frena, dividieron el poder y separaron las partes. Mejor dotado que Pelosi y Ocasio, Hamilton distinguió entre representación y representatividad. En una separación real, el diputado (la Nación legisla) es representante, no representativo, pero el presidente (el Gobierno ejecuta) es representativo, no representante. Esta Notre Dame de la democracia es la que van a quemar.
Trump 2016
Márquez & Moore. San Isidro'19. Aparece la casta de La Quinta y el reloj corre que se las pela
Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore
Tienes impotencia cuando no entienden la morfología de este encaste.
Álvaro Martínez Conradi
Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]
José Ramón Márquez
¿Qué cosa tendrá esto de la casta que tanto incomoda? Es que no falla. A las siete en punto asomó el trozo de sábana blanco en la atalaya donde se hallaba don Rafael Ruiz de Medina Quevedo y a las nueve y tres minutos doblaba el sexto de la tarde. Dos horas y tres minutos de festejo, que cuando en el ruedo hay casta no sé qué es lo que pasa, que las faenas no se alargan y la cosa va rapidita, rapidita. Te salen seis muermos de Jandilla y ahí están los tres a echar la tarde tan a gustito y es que ni se dan cuenta de que pasa el tiempo, de lo bomba que se lo están pasando, y otro día, con tal que asoman las cositas de la casta, con esa movilidad, con esa viveza, se nota perfectamente que allí nadie está a gusto y que lo mismo los de oro que los de plata están con la mente puesta en que aquello se acabe cuanto antes, mejor antes que más tarde. Y luego está lo del tercio de varas que, sin ir más lejos, hay que ver cómo les han zurrado hoy a los novillos, que si les pegan así a los toros de juampedro del otro día, allí mismo tiene que venir el coadjutor de guardia a darles la extremaunción a los pies de los faldones del penco.
En la cosa de las varas los que hicieron más mella en la afición fueron el primero, el segundo y el sexto. El primer novillo, Chaparrito, número 73, se echó a por el aleluya sobre el que iba montado Agustín Romero nada más que lo vio, sometiendo a ambos a una serie de vapuleos y agitaciones que acabaron con el hombre en el suelo mientras el novillo no dejaba de emplear sus fuerzas contra las faldillas mientras un esforzado mono agarraba las riendas y la cabezada del arre, no fuera a ser que el cuadrúpedo saliese de estampida, pues eso es algo que queda muy mal ya que, como llevan los ojos vendados, la hemeroteca del centenario diario ABC dentro de las orejas y el vicks vaporub en los morros, si el rocín llega a salir de estampida, ésta no cesa hasta que se acaba estrellando en un formidable trompazo contra la barrera, que ya hay precedentes. Luego el bueno de Agustín, una vez restituido en la posición de jinete, en la segunda entrada del novillo, optó por tomarse satisfacción del agravio y del daño recibidos a base de dar friegas de linimento de puya al cárdeno, en una actitud que no es, de ningún modo, la que se espera de un caballero. El segundo de la tarde, Marsellés, número 73, se va de largo y empuja con brío y majestuosidad al caballo de Manuel Ramos en su primer encuentro y acude con alegría a la segunda cita y a cambio de tanta generosidad recibe un puyazo en el brazuelo y otro sin convicción alguna en que el varilarguero deja caer la puya más o menos donde caiga. El sexto, Orejisano, número 14, fue picado por Luis Miguel Leiro. El toro empuja con todo y una vez en jurisdicción Leiro le agarra arriba y le aguanta sin quebrantar; en la segunda entrada de nuevo hace la suerte, esta vez tapándole la salida, y sin cebarse. Durante el primer tercio el nivel más bajo lo dio Francisco de Borja con el cuarto, Soberbio, número 32, al que hizo una especie de alanceamiento como los que hacían en el siglo XVI en la Plaza Mayor, pero claro, no es posible establecer comparación alguna entre la afamada destreza como jinete del Conde de Tendilla con las netas deficiencias ecuestres de Francisco de Borja, que a duras penas podía hacerse con los mandos del babieca. El único que se quedó por debajo de lo esperado fue el tercero, Callejito, número 39, que no demostró unas ganas ostensibles de empujar a las faldillas y que, además, es el de menos fuerza de la tarde.
Hasta ahora no se había dicho que la corrida de este lunes de novillos era de la ganadería de La Quinta, procedencia Santa Coloma, derivación Buendía, los seis cárdenos y muy en el tipo de Saltillo. Para su lidia y muerte a estoque trajeron a Las Ventas a los jóvenes valores Ángel Jiménez, de carmesí y oro, El Galo, de palo de rosa y cristal y Francisco de Manuel, de sangre de toro y oro.
Ángel Jiménez fue absolutamente incapaz de llamar la atención de los que estábamos hoy en la piedra de Las Ventas. A veces pasa que hay un torero al que nadie le toma en consideración y ese ingrato papel fue el que hoy le tocó jugar al ecijano en sus dos novillos. Bien es verdad que tampoco él puso lo que se dice mucho de su parte para excitar el interés del selecto público, pero es que no le dieron ni esos aplausos canónicos que siempre dan unos cuantos por aquí y otros cuantos por allá, pase lo que pase. El primero de la tarde mandó un aviso a navegantes mientras lo estaba tratando de bregar Javier Crespo, cuando el animal le quitó el capote de las manos para transformarlo con el birlibirloque del pitón en dos capotillos de los de Curro Romero. El toro acude al cite sin cabecear, sin malas intenciones pero Jiménez no es capaz de echar a rodar su tauromaquia ni a derechas ni a izquierdas y verle allí con el novillo es como ponerse a ver pasar los coches desde lo alto de una pasarela de la M-30. El animal no saca en la fase de muleta las dificultades de la casta y Jiménez, que en algo me trae el recuerdo de Abellán, no consigue cosechar otra cosa que un ostensible silencio con su labor después del bajonazo con el que termina con el novillo. Y en su segundo, otra vez igual. El toro miraba al torero, aunque eso no se sustanció en intencionalidad aviesa, y el torero, de nuevo sin colocación, no fue capaz de darle al animal los quince muletazos que tenía y dejar una huella de su paso por Las Ventas. En un momento dado de la faena, el toro, acaso aburrido, se desentiende de Jiménez y, curioso, se acerca hacia la zona donde estaba don Ángel Zaragoza, puntillero oficial de Las Ventas, a ver qué pasaba por allí. Cuando Jiménez le da un pinchazo sin soltar el animal le persigue a la carrera con vigor, y luego a los peones que acuden en su auxilio. Luego, otro pinchazo y una estocada baja y tendida fueron el adecuado colofón con el que cosechar su segundo silencio de la tarde.
Lo de El Galo es inclasificable y alguien debería explicar qué hace un muchacho tan verde en Las Ventas. Su primero era Marsellés, un novillo cuajado que ataca con todo al capote, vibrante embestida. Tras el paso por la cosa equina que se relató anteriormente, acosa con codicia al Galo al sacarle del caballo y después persigue con fijeza a Lipi a la salida del primer par de banderillas hasta las tablas y, en el segundo, los que le hacían el quite se lo echan encima, con lo que en ambos pares le ha salido la carta de “susto”. El toro corre al cite de la muleta desde la distancia y ahí se encuentra con Galo que no templa, corre, sigue sin templar, vuelta a la carrerita, luego un enganchón, luego otro, se pasa la muleta a la izquierda, el toro se lo come literalmente, vuelve a la derecha, carrerita, enganchón y, por fin, estocada tendida, y caída soltando la muleta y estocada desprendida soltando la muleta. Hemos visto a tíos en la capea de Ciudad Rodrigo con mejores argumentos que los de El Galo. En su segundo, más de lo mismo. Por no aburrir: un capote extremadamente vulgar, mal en banderillas donde el toro le acosa en una carrera agónica y eso que antes le había obligado a meterse al burladero también a la carrera, impotencia ante el novillo al que en ningún momento llega a poder y remate, eso sí, con la peste Bernarda antes de dejar una estocada baja soltando la muleta y rematada con una nueva carrera perseguido por el toro.
Al lado de las de El Galo, las maneras elegantes y toreras de Francisco de Manuel formaban un contrapunto exagerado. En su primero dibujó un sobrio quite por verónicas rematado con una torerísima larga que es lo mejor de la tarde y, cuando esperábamos que el madrileño se pusiese a torear, se ve que la cosa no iba por ahí, que el toro se fue sin torear, y aunque recibió su ración de jarabe de pase, no podemos decir que allí manase el toreo en ningún momento, así que nos quedamos con un palmo de narices y haciéndonos la pregunta de quién será el que le está quitando el alma a este torero y encaminándole a la deleznable secta destructiva del pegapasismo, en la que sólo hay ruina como tantos cientos de toreros que nunca llegaron a nada pueden certificar. En su segundo se mostró frío y volvió a dar muestras de su falta de colocación y de presentar idénticos errores que en su primero. Mató de una buena estocada entera y arriba. Hay en Francisco de Manuel condiciones como para sacar un torero, pero debe plantearse muy seriamente hacia dónde va.
En la cosa de las varas los que hicieron más mella en la afición fueron el primero, el segundo y el sexto. El primer novillo, Chaparrito, número 73, se echó a por el aleluya sobre el que iba montado Agustín Romero nada más que lo vio, sometiendo a ambos a una serie de vapuleos y agitaciones que acabaron con el hombre en el suelo mientras el novillo no dejaba de emplear sus fuerzas contra las faldillas mientras un esforzado mono agarraba las riendas y la cabezada del arre, no fuera a ser que el cuadrúpedo saliese de estampida, pues eso es algo que queda muy mal ya que, como llevan los ojos vendados, la hemeroteca del centenario diario ABC dentro de las orejas y el vicks vaporub en los morros, si el rocín llega a salir de estampida, ésta no cesa hasta que se acaba estrellando en un formidable trompazo contra la barrera, que ya hay precedentes. Luego el bueno de Agustín, una vez restituido en la posición de jinete, en la segunda entrada del novillo, optó por tomarse satisfacción del agravio y del daño recibidos a base de dar friegas de linimento de puya al cárdeno, en una actitud que no es, de ningún modo, la que se espera de un caballero. El segundo de la tarde, Marsellés, número 73, se va de largo y empuja con brío y majestuosidad al caballo de Manuel Ramos en su primer encuentro y acude con alegría a la segunda cita y a cambio de tanta generosidad recibe un puyazo en el brazuelo y otro sin convicción alguna en que el varilarguero deja caer la puya más o menos donde caiga. El sexto, Orejisano, número 14, fue picado por Luis Miguel Leiro. El toro empuja con todo y una vez en jurisdicción Leiro le agarra arriba y le aguanta sin quebrantar; en la segunda entrada de nuevo hace la suerte, esta vez tapándole la salida, y sin cebarse. Durante el primer tercio el nivel más bajo lo dio Francisco de Borja con el cuarto, Soberbio, número 32, al que hizo una especie de alanceamiento como los que hacían en el siglo XVI en la Plaza Mayor, pero claro, no es posible establecer comparación alguna entre la afamada destreza como jinete del Conde de Tendilla con las netas deficiencias ecuestres de Francisco de Borja, que a duras penas podía hacerse con los mandos del babieca. El único que se quedó por debajo de lo esperado fue el tercero, Callejito, número 39, que no demostró unas ganas ostensibles de empujar a las faldillas y que, además, es el de menos fuerza de la tarde.
Hasta ahora no se había dicho que la corrida de este lunes de novillos era de la ganadería de La Quinta, procedencia Santa Coloma, derivación Buendía, los seis cárdenos y muy en el tipo de Saltillo. Para su lidia y muerte a estoque trajeron a Las Ventas a los jóvenes valores Ángel Jiménez, de carmesí y oro, El Galo, de palo de rosa y cristal y Francisco de Manuel, de sangre de toro y oro.
Ángel Jiménez fue absolutamente incapaz de llamar la atención de los que estábamos hoy en la piedra de Las Ventas. A veces pasa que hay un torero al que nadie le toma en consideración y ese ingrato papel fue el que hoy le tocó jugar al ecijano en sus dos novillos. Bien es verdad que tampoco él puso lo que se dice mucho de su parte para excitar el interés del selecto público, pero es que no le dieron ni esos aplausos canónicos que siempre dan unos cuantos por aquí y otros cuantos por allá, pase lo que pase. El primero de la tarde mandó un aviso a navegantes mientras lo estaba tratando de bregar Javier Crespo, cuando el animal le quitó el capote de las manos para transformarlo con el birlibirloque del pitón en dos capotillos de los de Curro Romero. El toro acude al cite sin cabecear, sin malas intenciones pero Jiménez no es capaz de echar a rodar su tauromaquia ni a derechas ni a izquierdas y verle allí con el novillo es como ponerse a ver pasar los coches desde lo alto de una pasarela de la M-30. El animal no saca en la fase de muleta las dificultades de la casta y Jiménez, que en algo me trae el recuerdo de Abellán, no consigue cosechar otra cosa que un ostensible silencio con su labor después del bajonazo con el que termina con el novillo. Y en su segundo, otra vez igual. El toro miraba al torero, aunque eso no se sustanció en intencionalidad aviesa, y el torero, de nuevo sin colocación, no fue capaz de darle al animal los quince muletazos que tenía y dejar una huella de su paso por Las Ventas. En un momento dado de la faena, el toro, acaso aburrido, se desentiende de Jiménez y, curioso, se acerca hacia la zona donde estaba don Ángel Zaragoza, puntillero oficial de Las Ventas, a ver qué pasaba por allí. Cuando Jiménez le da un pinchazo sin soltar el animal le persigue a la carrera con vigor, y luego a los peones que acuden en su auxilio. Luego, otro pinchazo y una estocada baja y tendida fueron el adecuado colofón con el que cosechar su segundo silencio de la tarde.
Lo de El Galo es inclasificable y alguien debería explicar qué hace un muchacho tan verde en Las Ventas. Su primero era Marsellés, un novillo cuajado que ataca con todo al capote, vibrante embestida. Tras el paso por la cosa equina que se relató anteriormente, acosa con codicia al Galo al sacarle del caballo y después persigue con fijeza a Lipi a la salida del primer par de banderillas hasta las tablas y, en el segundo, los que le hacían el quite se lo echan encima, con lo que en ambos pares le ha salido la carta de “susto”. El toro corre al cite de la muleta desde la distancia y ahí se encuentra con Galo que no templa, corre, sigue sin templar, vuelta a la carrerita, luego un enganchón, luego otro, se pasa la muleta a la izquierda, el toro se lo come literalmente, vuelve a la derecha, carrerita, enganchón y, por fin, estocada tendida, y caída soltando la muleta y estocada desprendida soltando la muleta. Hemos visto a tíos en la capea de Ciudad Rodrigo con mejores argumentos que los de El Galo. En su segundo, más de lo mismo. Por no aburrir: un capote extremadamente vulgar, mal en banderillas donde el toro le acosa en una carrera agónica y eso que antes le había obligado a meterse al burladero también a la carrera, impotencia ante el novillo al que en ningún momento llega a poder y remate, eso sí, con la peste Bernarda antes de dejar una estocada baja soltando la muleta y rematada con una nueva carrera perseguido por el toro.
Al lado de las de El Galo, las maneras elegantes y toreras de Francisco de Manuel formaban un contrapunto exagerado. En su primero dibujó un sobrio quite por verónicas rematado con una torerísima larga que es lo mejor de la tarde y, cuando esperábamos que el madrileño se pusiese a torear, se ve que la cosa no iba por ahí, que el toro se fue sin torear, y aunque recibió su ración de jarabe de pase, no podemos decir que allí manase el toreo en ningún momento, así que nos quedamos con un palmo de narices y haciéndonos la pregunta de quién será el que le está quitando el alma a este torero y encaminándole a la deleznable secta destructiva del pegapasismo, en la que sólo hay ruina como tantos cientos de toreros que nunca llegaron a nada pueden certificar. En su segundo se mostró frío y volvió a dar muestras de su falta de colocación y de presentar idénticos errores que en su primero. Mató de una buena estocada entera y arriba. Hay en Francisco de Manuel condiciones como para sacar un torero, pero debe plantearse muy seriamente hacia dónde va.
Andrew Moore
¿qué cosa tendrá esto de la casta que tanto incomoda?
Ángel Jiménez, de coral y oro
Estocada caída (silencio)
Tres pinchazos y estocada (silencio)
incapaz de llamar la atención de los que estábamos hoy
en la piedra de Las Ventas
a veces pasa que hay un torero al que nadie le toma
en consideración
y ese ingrato papel fue el que hoy le tocó jugar al ecijano
en sus dos novillos
tampoco él puso lo que se dice mucho de su parte
para excitar el interés del selecto público
El Galo, de rosa palo y plata
Pinchazo y estocada (silencio)
Estocada (silencio)
lo de El Galo es inclasificable
y alguien debería explicar qué hace un muchacho tan verde
en Las Ventas
Hemos visto a tíos en la capea de Ciudad Rodrigo con mejores
argumentos que los de El Galo
Francisco de Manuel, de corinto y oro
Pinchazo y estocada (saludos)
Estocada (saludos)
al lado de las de El Galo, las maneras elegantes y toreras
de Francisco de Manuel formaban un contrapunto exagerado
en su primero dibujó un sobrio quite por verónicas rematado
con una torerísima larga que es lo mejor de la tarde
cuando esperábamos que el madrileño se pusiese a torear
se ve que la cosa no iba por ahí
que el toro se fue sin torear
Los pájaros de la brega
Sánchez al aparato
Sánchez al fondo
Algunos querrían que se tomase la Bastilla todas las tardes
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lunes, 27 de mayo de 2019
Madrid
Abc
El PP parece haber ganado las elecciones en Madrid, pero ha perdido casi 170.000 votos en el Ayuntamiento y casi 330.000 en la Comunidad. Si los sumamos, son medio millón. Ya escuchamos hablar del gran acierto de Casado, la magnífica campaña de sus candidatos y la revitalización intelectual de Madrid como laboratorio continental del liberalismo capaz de “quedarse con media City”. Este triunfalismo de corte “esperancista” (esto es el día de la Marmota) celebra que el PP gobernará en el todo Madrid, y se agarra a Casado como un líder al que le sale hasta una generación. Moreno Bonilla, Martínez Almeida y Ayuso con presupuestos detrás ya parecen otra cosa. Y con eso vale para armar un discurso, mucho más si pensamos que se viene del rajoyismo, donde hasta el mismísimo silencio y la pérdida constante de votos era celebrada como una genialidad estratégica. Si se aplaudía la Nada, ¡qué no se aplaudirá ahora! “Somos el nuevo PP”, concluyo ayer Casado quitándose del cuello la soga que le oprimía.
El PP no gana en Madrid, gana la derecha, que sale más votada en su conjunto. Lo que pierde el PP es más que compensado por Ciudadanos y por Vox. En la Comunidad, Ciudadanos sube casi 130.000 votos, se come los 30.000 que dejó UPYD y algunos más, y Vox aumenta en casi 112.000. Es decir, que la derecha va más allá de lo que pierde el PP. Al no afrontar los problemas electorales de las generales, todo suma y el PP se beneficia de una revitalización general que provocan otros partidos. Vox añade votantes a la mesa final de la derecha. De modo que es precisamente la división del voto, ya sin los rigores D’Hondt, lo que mantiene al PP en Madrid y lo que recupera las instituciones para el conservadurismo (por llamarle algo, que es mucho llamar). Suben más de 50.000 votos y si descontamos el efecto plof de UpyD engullido por Cs, aun suman las derechas casi 30.000 nuevos votantes.
Esos nuevos votantes no han acudido por la campaña del PP, por mucho que el PP haya retocado mensajes. Habrán sido drenados por C’s de algún sitio centroizquierdista (que no parece) o habrán surgido de esa extraña movilización de desencantados que ha supuesto Vox, que vuelve a cumplir su paradójico destino de renovar el sistema e incluso apoyar al PP, que como el PSOE, sobrados de aparato los dos, pierden ganando, y cuando caen, caen gobernando en sitios como Andalucía o Madrid. Esto ha podido pasar en Madrid porque Vox existe allí, tiene caras reconocibles, una estructura. Fuera de Madrid es otro cantar.
La constante subida hacia aún no se sabe qué de Rivera y el crecimiento de Vox permiten al PP huir de la autocrítica y seguir con la ilusión del nuevo liderazgo de Casado (cuando digo PP no sólo digo PP, digo también su entorno de satélites). Este aumento de la derecha, que compensa el pepecidio, no ha sido respondido por la izquierda, que ha perdido votos, que se ha deprimido respecto al 2015. El “que viene el fascismo” y “la revancha de los machistas” llega hasta donde llega. En la Comunidad, la izquierda ha perdido unos diez mil votos en total. El PSOE se ha mantenido, así que la pérdida es imputable al baile de siglas de la fractura de Podemos. Pero ni con los mismos resultados hubiese ganado a la “nueva derecha” suplementada por Vox. Porque Vox, alguien me lo decía ayer en Twitter, y con razón, al final no sólo le ha aportado votos al PP, le ha aportado mayor amplitud de ideas, contestación ideológica al monopolio progresista y cierta pluralidad sobre el qué pensar o cómo. Ha revitalizado también el discurso y su tono, algo perceptible, por ejemplo, en algunas cosas que dice Díaz Ayuso.
En el Ayuntamiento, el conjunto de las izquierdas han perdido unos 27.000 votos respecto al 2015. No ha ayudado la fractura en lo que fue Podemos, pero ése es otro tema. Podemos se muere, sigue el PSOE eterno fortalecido alrededor del oportunismo superdotado de Sánchez, y quedan en las grandes ciudades unos políticos nuevos, distintos, que serán lo que quede de aquel 15M. Las Colaus, Errejón, Kichis, y resacas del naufragio de las mareas diversas. Vox puede tener en Podemos una advertencia. Iglesias metió en lo oficial la protesta del 15M, quedándose el PSOE con tics y perspectivas, y Vox ha metido en las Cortes a aquella España harta de octubre. Pero su utilidad ahora va más allá, y permite que la derecha gobierne Andalucía y Madrid, cosas imposibles sin Vox. Los votos de castigo al PP colocan al PP en la poltrona. Y aquí la cosa cambia, se bifurca, adquiere el tono de la disyuntiva. ¿Se oirá de Vox una auténtica voz de renovación del sistema o se irá sofocando para que los mismos hagan lo de siempre?
Una bajada de impuestos no era el asunto. Para ese viaje… Eso es el PP de Rajoy con la cantinela de la “revolución fiscal”. Y lo diferencial en Vox no pueden ser las desafortunadas referencias al Orgullo y la Casa de Campo. En aquello de Ortega Smith, por cierto, se detectó un indicio de autolimitación del propio Vox, contento, al parecer, de ser su caricatura y el bastón conservador del PP con una contradictoria mezcla de liberalismo en la cartera e intrusismo moral.
Ahora empieza lo interesante para ellos. El espejo de Podemos está roto en el suelo. ¿Le basta a Vox con lo que tiene o se propondrá desarrollar una estructura territorial? ¿Se conformará con ser el lado liberal-católico del PP o acometerá algunos de los caminos del populismo americano? Allí, conviene recordarlo, Trump le robó votantes a los demócratas inventando un Partido Republicano renovado, huyendo de la ortodoxia de los republicanos dominantes hacia otra cosa que era votable por personas muy diversas, entre ellas, muchos trabajadores de tradición demócrata. Su populismo era creativo. ¿Crecerá Vox hacia algo nuevo, transversal y ambicioso, o simplemente completará lo perdido por Rajoy reinstaurando nuevos esperancismos?
De querer acabar con el autonomismo ya se ha pasado a pedir estar en sus gobiernos.
La Copa de Parejo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Para el piperío andante ha sido una semana redonda: se inauguró con las renovaciones de Kroos, Nacho y Modric, que darán paz y contento a sus familias, y se clausuró con el trompazo de Messi en Sevilla ante el Valencia de Parejo, que juega al fútbol de Parejo, como el Madrid juega al fútbol de Modric, que es el centrocampismo de hámster en la rueda del 8 con un ojo en los empellones de Carvajal, y el otro, en los saltos de Lucas Vázquez, las dos sisas del chaleco zidanesco.
De Parejo sabemos que acabó en el Valencia porque en el Madrid sólo le gustaba a Alfredo Di Stéfano, mítico delantero al que Zidane hubiera tenido, que nadie lo dude, de suplente de Benzemá.
El librillo táctico de Zidane no pasa del “¡balones altos a Eleoy!” que gritaba Muñoz en México cuando Bélgica nos había comido la tostada, pero es dueño de unos poderes cuyo análisis sólo está al alcance de los Jiménez, es decir, de Jiménez del Oso o de Íker Jiménez. Ha vuelto al Madrid, y el Madrid sigue andando menos que un bote a patadas, pero, a cambio, su enemigo no levanta cabeza: del trompazo en Liverpool al trompazo en Sevilla, y adiós al Triplete que hubiera sumido al piperío en una depresión sin retorno. ¿Por qué volvió Zidane al Madrid? Seguramente por lo mismo que se marchó: por un Visitante Misterioso que de madrugada le dice “marcha”, “vuelve”, y así. Los pobres, como Marcelino García Toral (“el mejor entrenador de España”, me dijo hace un montón de años un paisano en un bar de Libardón, el pueblo de los asturcones), como no tienen visiones, tienen que estudiar: Toral estudió al Barcelona en Sevilla como Klopp lo había estudiado en Liverpool, y el Barcelona se deshizo simplemente porque Messi no es el mejor futbolista de la historia como le han dicho, ya que sólo con que Messi hubiera jugado, como Maradona, en los tiempos de Goicoechea no hubiera pasado de Potele con manchas de Onésimo. La Liga es, desde lo estrictamente futbolístico, la competición más importante, pero los tropezones de Liverpool y Sevilla convierten a Messi en el Lúser del Año, drama que, en lo publicitario, vendrán a paliarle con otro Balón de Oro como el que arrastra Lukita atado a un pie, que así está montado el negocio.
Si el estilo del Valencia de Benítez era el estilo Albelda-Baraja, el estilo del Valencia de Toral es Parejo, sólo Parejo (“Sólo parejas”, te decía, al asomarte, el “puertas” de un club de la calle de Veneras donde tocaba el piano el maestro Ibarbia), y su fútbol de manantial, manando sin parar orden, mucho orden, y concierto, mucho concierto, concierto de banda municipal en el templete del domingo, toque, toque y toque, pero toque hacia adelante, no hacia el lado, y cuando se fue Parejo todos temimos que el templete valenciano se viniera abajo, mas ahí estuvo “el mejor entrenador de España” moviendo peones como bolos mueven los malabaristas en un semáforo.
Ahora el Barcelona, campeón de Liga, quiere tirar desde la casa del Buitre Buitáker, en lo más alto de la torre de Colón, a todo el plantel, sin reparar en que la culpa de sus males no es de su plantel, sino de esa mística de Zidane que da lugar a estos milagros: el milagro por el cual el pipero común, que no ha ganado nada este año, va por la calle engallado porque el rival se ha quedado sin Copa y sin Champions. Este año, el único disgusto de ese pipero común era la baja de Keylor a los 32 años, cuando en el Madrid de Zidane todo el mundo aspira a renovar hasta los 40, pero Keylor (“my Keylor is rich!”) se sacrificaría por dejar el puesto a Luca Zidane, en cuyo socorro ha salido Jordi Cruyff, que dice dos cosas: que no conoce el desempeño de Luca, y en eso estaría como estamos todos, y que papá Zidane es un tipo humilde, con esa clase de humildad que le hemos visto al ningunear a Ceballos (no nos engañemos: Zidane hace con Ceballos lo que hubiera hecho con Parejo) y a Bale, al que tuvo en la picota del banquillo en el partido que debía despedirse del Bernabéu, detalle que revela una catadura moral del personaje muy distinta de la que sus flabelíferos acostumbran ofrecer en las estampitas del buenismo blanco.
Consideremos todos que el pecado mortal de Bale es… jugar al golf en un club que ha tenido capitanes… que lidiaban toros.
PECADOS BLANCOS
Lo dice San Pablo a los corintios: “Mas siendo juzgados, somos condenados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. Ahora hemos sabido por Royston Drenthe que Robinho, el que le hacía bicicletas a Gravesen en los entrenamientos, tenía en el sótano de su casa “un club nocturno”. Pero Robinho era grato al pipero, que, sin embargo, no perdona que Bale se haya hecho instalar en su casa réplicas de tres hoyos de circuitos profesionales (el 17 de Augusta, el 17 del TPC Sawgrass y el Royal Troon’s Postage Stamp). El golf, dice Foxá, es el único medio que tiene el hombre para creerse hervíboro, pero el pipero se imagina a Bale en su casita con sus “caddies” con la aljaba flechadora, mientras flanean, como pidiendo la oreja, las banderitas de los tres agujeros sobre el “green”, “suave como una nuca de femenina”, y es que le da algo. La prensa lo sabe, y por eso alimenta el rencor pipero contra Bale.
Lunes, 27 de Mayo
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
domingo, 26 de mayo de 2019
Una carta de cuando la sangre llegó al río
Simone Weil, miliciana de la CNT
Jean Juan Palette-Cazajus
Respeto la muy noble labor de los traductores, pero debo admitir que su práctica me resulta un poco ingrata, incluso tratándose de un texto de no difícil traslación como la carta, densa, interpeladora, que leeremos a continuación. Me tomé esta molestia por dos motivos: porque redactada probablemente a principios del verano de 1938, nos trasmite con excepcional clarividencia el latido profundo de la pulsión cainita que emponzonó la Guerra Civil española. Y también porque tanto la remitente como el destinatario fueron dos personalidades irreductibles, sin cabida fácil en ninguna casilla preexistente. Ambas hoy figuras reconocidas del pensamiento y de la literatura, pero de muy dispares trayectorias y sólo unidas, en aquel momento de su vida, por el desgarramiento intelectual y un extremo, un paradójico nivel de exigencia ética.
El destinatario de la misiva era Georges Bernanos (1888-1948), católico ferviente, monárquico militante hasta la algarada callejera, en sus años mozos. Instalado en Mallorca en 1934, en parte para huir de las dificultades materiales, allí escribiría su novela más conocida : “Diario de un cura rural” (1936), sin duda una de las mejores jamás escritas en lengua francesa. Fue inicialmente partidario, por no decir entusiasta, del levantamiento del 18 de Julio de 1936. Su propio hijo Yves, falangista con 16 años, llegaría a ser teniente honorífico en el frente de Madrid: “Yves se pasea con un enorme fusil Mauser. Hasta ha apresado comunistas él solito...” llegó a escribir el padre. Pero, en abril de 1938, terminaría publicando «Los grandes cementerios bajo la luna», un indignado y dolorido alegato sobre la represión derechista en la isla. El revuelo, en Francia y en España, fue inmenso, tanto por la magnitud de los crímenes denunciados como por la inesperada filiación ideológica del autor. El libro no se traduciría al español hasta 1986 [N1].
Georges Bernanos
La reciente lectura del libro de Bernanos suscitó la lúcida carta que le dirigía Simone Weil (1909-1943). Fue esta un extraño ovni filosófico, una pensadora más mítica y citada que realmente leída. Es mi caso. Volví a recordar su carta a Bernanos precisamente porque había decidido dedicarle un paréntesis serio a la lectura de «L’Enracinement», literalmente, el arraigo (N2), cuyo manuscrito no llegó a terminar al morir de tuberculosis, cerca de Londres, en agosto de 1943. El libro intentaba exponer los fundamentos históricos, morales e intelectuales necesarios para el resurgimiento de Francia desde la conciencia de los errores del pasado, los de Francia y los de la cultura europea. Reflexión que le encargara el propio general De Gaulle a cuyas huestes Simone Weil se había unido. El texto fue publicado por Albert Camus en 1949, que veía en él «...a la vez el exacto informe solicitado y uno de los libros más lúcidos, elevados y bellos escritos en muchos años sobre nuestra civilización». Simone había nacido en una familia judía agnóstica donde los niños no tenían juguetes sino libros. Hermana menor del gran matemático André Weil ( 1906-1998) que ayudara a Levi-Strauss a poner en ecuaciones algunos de sus conceptos estructurales, mostró muy pronto las tendencias ascéticas que nunca la abandonarían así como formas exacerbadas de sensibilidad frente a todas las formas de injusticia o desigualdad. Era ingenua, rígida, a veces irritante en el trato personal, admitieron personas como Raymond Aron o el morboso Georges Bataille que, en su novela «El azul del cielo», la retrató con cierta acidez a través del personaje de la mujer llamada “Lazare”. Solía donar buena parte de su sueldo de profesora, llegaba a compartir sus propios alimentos, mientras iba mostrando con el tiempo un siempre mayor acercamiento al Cristianismo. Y así su breve paso por las milicias de la CNT, en el frente de Aragón, señaló su tránsito definitivo de “virgen roja” a una asumida condición casi “mística”, a partir de 1937: “Cristo descendió y se apoderó personalmente de mí”. Pero murió sin llegar a recibir el bautismo, obnubilada por sus reticencias hacia la jerarquía eclesial. A partir de su época de “conversión” y acorde con la importancia que concedió siempre al concepto platónico de “μεταξύ”/ “metaxú”, es decir el de mediación o intermediación, Simone Weil trató siempre de conectar la tradición cristiana con la griega, de articular nuevamente el conflicto entre logos y fe: «Dios sólo puede estar presente en la Creación bajo la forma de la ausencia». La ciencia y las técnicas modernas tenían que cumplir su papel de “conocimientos” socialmente imprescindibles, pero cuyo estatuto solo podía estar subordinado al de las “verdades” que ayudan a vivir. Propuso sustituir la noción de “derechos” del Hombre por la de “deberes” y abogó por la supresión de los partidos políticos, mientras sus últimas consideraciones sobre el arraigo, las raíces, «tal vez esta la necesidad más importante y peor conocida del alma humana», despiertan hoy ecos renovados.
Salvoconducto de Simone Weil en Londres
La miopía de Simone Weil, su torpeza física y la fragilidad de su salud, eran proverbiales. Se enfadó con De Gaulle -al que podía desquiciar y que la llamaba “la loca”- porque la salvó de sí misma prohibiéndole lanzarse en paracaídas sobre Francia para unirse a la Resistencia interior. Para cualquier sabedor de su absoluta indefensión, verla posar con su Mauser de miliciana resulta patético. A la pocas semanas de enrolarse en la columna Durruti, metió torpemente el pie en un perol de aceite hirviendo y tuvo que ser repatriada a Francia. En cambio Bernanos recorría las carreteras de Mallorca con su moto roja, incluso en los días trágicos, hasta que comprendió que peligraba su vida. También De Gaulle, en 1944, le propuso un cargo público, que rechazó como rechazaría la Legión de Honor y la dignidad de Académico. Murió convencido de que el mundo moderno «es una conspiración contra toda especie de vida interior».
Bernanos y su moto
EXTRACTOS DE «LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA»:
- “[Iban en los camiones]...entre hombres armados, unos pobres seres, las manos sobre las rodillas, el rostro cubierto de polvo, pero erguidos, muy erguidos, la cabeza levantada y con esa dignidad que tienen los españoles aún en la miseria más atroz. Iban a fusilarlos al día siguiente por la mañana. Era la única cosa que sospechaban. Por lo demás, nada comprendían”.
- “Yo he visto allá, en Mallorca, pasar sobre la Rambla camiones cargados de hombres que las razzias de cada noche apresaban en las aldeas perdidas, a la hora en que volvían del campo. Partían para el último viaje, con la camisa pegada a las espaldas por el sudor, los brazos todavía llenos del trabajo de la jornada, dejando la sopa servida sobre la mesa y una mujer que, sin aliento, llega demasiado tarde al portal de la huerta, con el atadillo de ropa envuelto en la servilleta nueva: ¡Adiós!».
- “… habían sacado de la cama en medio de la noche a doscientos vecinos de este pueblo cercano a Manacor, considerados sospechosos, los habían llevado por hornadas al cementerio, los habían ejecutado con un tiro en la cabeza y habían quemados los montones de cadáveres cerca de allí. El … obispo había mandado al lugar a uno de sus curas que, chapoteando entre la sangre, impartía absoluciones entre descarga y descarga.”
- “En Bellver se mata en nombre de Cristo-Rey, y es contra esta profanación que yo, cristiano, me insurjo”.
- “La tragedia española es un pudridero. No me habléis de Cruzada...”
La columna Durruti en Bujaraloz
Agosto 1936
CARTA DE SIMONE WEIL A GEORGES BERNANOS:
Señor
Es ridículo escribirle a un autor siempre inundado de cartas por la propia naturaleza de su oficio. Pero no puedo resistir la tentación de hacerlo tras la lectura de “Los grandes cementerios bajo la luna”. No es la primera vez que un libro suyo me conmueve, “El diario de un cura rural” es para mí el más hermoso y lo considero un gran libro. Pero el hecho de apreciar sus libros no era motivo suficiente para importunarlo. Con el último, ya es otra cosa. He pasado por una experiencia parecida a la suya, si bien más breve, menos profunda, vivida en otra zona geográfica y en un contexto intelectual, aparentemente –pero solo aparentemente– muy distinto.
Lo que voy a decir le resultará presuntuoso a un católico, dicho por alguien que no lo es, pero así lo haré: no soy católica pero nada de lo católico, nada de lo cristiano, me ha resultado nunca ajeno. Me digo a veces que si pusieran un cartel en las puertas de las iglesias anunciando que se prohíbe la entrada a quienes disfruten de una renta superior a las modestas, entonces me convertiría de inmediato. Desde mi infancia mis simpatías iban hacia organizaciones pertenecientes a las capas superiores de la sociedad hasta que me diera cuenta de que estas agrupaciones sólo podían desalentar cualquier simpatía. La última que me inspiró alguna confianza fue la CNT española. Había viajado un poco por España, antes de la Guerra Civil, no mucho pero lo suficiente para que despertara mi amor por un pueblo al que era imposible evitar de amar. Yo había visto en el movimiento anarquista la expresión natural de sus grandezas y de sus taras, de sus aspiraciones a veces muy legítimas, a veces menos. Tanto la CNT como la FAI eran una mezcolanza asombrosa en el seno de la cuales se admitía a cualquiera. De modo que allí se codeaban la inmoralidad, el cinismo, el fanatismo y la crueldad, pero también el amor, el espíritu de fraternidad y sobre todo la reivindicación del honor, tan bella entre los hombres humillados. Me parecía que los que llegaban animados por un ideal prevalecían sobre aquellos a quienes impulsaba el gusto por la violencia y el desorden.
En julio de 1936 yo me encontraba en París. No me gusta la guerra, pero más que la guerra me horroriza la comodidad de los que se quedan en la retaguardia. Cuando entendí que a pesar de todos mis esfuerzos no podía impedirme participar moralmente en esta guerra, es decir que no podía dejar de desear, todos los días y a todas horas, la victoria de unos y la derrrota de otros, pensé que París era para mí la retaguardia y cogí un tren para Barcelona con la intención de enrolarme. Era a principios de agosto de 1936 […]
Simone Weil y su máuser
Tuve que abandonar España a pesar mío pero lo hice con la intención de regresar. Luego decidí no hacerlo. Ya no experimentaba ninguna necesidad interior de participar en una guerra que había dejado de ser lo que me había parecido al principio, la de los campesinos hambrientos contra los terratenientes y el clero cómplice, para convertirse en una guerra entre Rusia, Alemania e Italia.
He reconocido ese olor a guerra civil, a sangre y a terror que desprende su libro. Yo lo respiré. Nada vi de algunas de las cosas que usted cuenta, aquellos asesinatos de viejos labradores, aquellos muchachos fascistas moliendo los ancianos a palos. Pero lo que oí fue suficiente. A punto estuve de presenciar la ejecución de un sacerdote. Mientras duraba la espera, me preguntaba si me iba a quedar mirando o arriesgarme a que me fusilasen a mí también si decidiera intervenir. Sigo sin saber qué habría hecho porque un afortunado contratiempo evitó la ejecución. Cuántos sucesos se agolpan bajo mi pluma. Contarlos sería muy largo; además ¿para qué? Bastará con uno. Yo estaba en Sitges cuando regresaron, vencidos, los milicianos de la expedición a Mallorca. Habían quedado diezmados. De los cuarenta muchachos de Sitges, nueve habían muerto. Sólo se supo cuando regresaron los treinta y un supervivientes. La noche siguiente se realizaron nueve expediciones de castigo. Mataron a nueve fascistas, reales o supuestos, en esta pequeña población donde nada trágico había ocurrido en julio. Entre los nueve había un panadero de alrededor de treinta años cuyo único crimen era el de haber pertenecido al somatén. Era el hijo único y sostén económico de un padre anciano que se volvió loco.
Otro suceso: en Aragón, tras una escaramuza, un pequeño grupo internacional de veintidós milicianos capturó un muchacho de quince años que combatía con los falangistas. Todavía tembloroso tras ver morir a sus compañeros, dijo que lo habían enrolado a la fuerza. Lo registraron y le encontraron una medalla de la Virgen y un carné de Falange. Lo mandaron a Durruti, el jefe de la columna, que tras exponerle durante una hora las bellezas del ideal anarquista, le dio a elegir entre enrolarse inmediatamente en las filas de sus captores o morir. Le dieron veinticuatro horas para reflexionar. Pasadas las veinticuatro horas el chico dijo que no y fue fusilado. Y eso que Durruti era, en algunos aspectos, un hombre admirable. La muerte de este pequeño héroe nunca dejó de pesar sobre mi conciencia, por más que solo posteriormente me enterara de ella.
Buenaventura Durruti en el frente de Aragón
Más cosas todavía. Un pueblo que había cambiado de manos en no sé cuantas ocasiones ya quedó finalmente en poder de los rojos que encontraron en las bodegas un puñado de seres alucinados, atemorizados y hambrientos entre los cuales se encontraban tres o cuatro hombres jóvenes. De modo que razonaron así: si estos jóvenes no nos acompañaron la última vez que nos tuvimos que retirar y se quedaron esperando a los fascistas es que son fascistas. De modo que los fusilaron inmediatamente, dieron de comer a los demás y se sintieron de lo más humano. Una última anécdota, esta de la retaguardia. Dos anarquistas me contaron cómo habían arrestado a dos sacerdotes. Mataron a uno en el acto y al otro dijeron que se podía ir. Cuando ya estaba a veinte pasos le dispararon. El que me lo contaba se quedó muy extrañado de que no me hiciera gracia.
En Barcelona las expediciones punitivas solían matar a unas cincuenta personas cada noche. Era proporcionalmente mucho menos que en Mallorca considerando que Barcelona tiene un millón de habitantes. Además allí se había desarrollado, durante tres días, una sangrienta batalla callejera. Pero en semejante asunto, puede que las cifras no sean lo esencial. Nunca llegué a ver, ni entre los españoles, ni siquiera entre los franceses que habían llegado, unos para combatir otros para pasear -estos, a menudo, intelectuales grises e inofensivos- nunca oí a nadie que expresara, siquiera en la intimidad, repulsión, asco o solamente desaprobación frente a la sangre inutilmente derramada. Usted habla del miedo. Ciertamente el miedo tuvo su parte de responsabilidad en aquellas matanzas. Pero donde yo me encontraba no vi que el miedo tuviera tanta importancia. En medio de una comida llena de camaradería, unos hombres aparentemente valientes hablaban con bondadosa sonrisa fraternal de todos los curas y los “fascistas” -el término era amplio- que habían matado. Tuve el sentimiento de que cuando las autoridades, temporales o espirituales, sitúan a unos seres humanos fuera de las categorías donde la vida tiene un precio, nada se vuelve más natural para el hombre que el hecho de matar. Cuando se sabe que resulta posible matar sin exponerse ni al castigo ni al reproche, se mata. O al menos se arropa con sonrisas benévolas a quienes lo hacen. Si por casualidad uno llega a experimentar algo de repulsión, la viene disimulando y pronto la inhibe por temor a mostrar falta de virilidad. Hay en esto una capacidad de arrastre, una ebriedad a la que es imposible resistir sin una fuerza de ánimo que habrá que considerar excepcional puesto que yo no la encontré en ninguna parte. Me encontré en cambio con franceses apacibles, a los cuales hasta entonces yo no despreciaba, a quienes nunca se les hubiese ocurrido matar personalmente pero inmersos, con visible agrado, en aquella atmósfera empapada en sangre. Por ellos nunca volveré a sentir el menor aprecio.
Al frente
En semejante atmósfera desaparece inmediatamente el propio objeto de la lucha. Porque sólo puede plantearse una meta refiriéndola al bien público, al bien de los seres humanos y aquí los humanos no tienen ningún valor. En un país en que la gran mayoría de los pobres la constituyen los labradores, mejorar su condición debería ser la finalidad esencial para un movimiento de extrema izquierda. Y esta guerra empezó siendo una guerra por la posesión de las tierras. Pues bien, aquellos miserables y magníficos labradores de Aragón que habían permanecido tan dignos ante las humillaciones, apenas si eran un objeto de curiosidad por parte de los milicianos. No había insolencia, ni injurias, ni brutalidad por su parte, al menos no vi nada parecido y sabía que el robo y la violación se castigaban con la muerte en las columnas anarquistas, pero un abismo separaba los hombres armados de aquella población desarmada, un abismo muy parecido al que separa los pobres de los ricos. Aquello se notaba en la actitud siempre un poco humilde, sumisa, temerosa de unos y en la superior desenvoltura, la condescendencia de los otros.
Una partió como voluntaria, con sus ideas de sacrificio y se encontró con una guerra que se parece a una guerra de mercenarios donde sobran las crueldades y faltan los miramientos que se deben al enemigo.
Podría prolongar largo rato estas reflexiones, pero habrá que parar. Desde que estuve en España, oigo y leo toda clase de consideraciones sobre lo que está pasando. No puedo citar a nadie, exceptuando a usted, que haya estado envuelto en la atmósfera de la guerra española y haya sabido resistir. Usted es monárquico, discípulo de Drumont (N3), poco me importa. Me resulta usted, sin comparación, mucho más próximo que mis camaradas de las milicias de Aragón, aquellos compañeros que sin embargo había llegado a amar. […]
Temo haberle importunado con una carta tan larga. Sólo me queda expresarle mi más profunda admiración.
N1. BERNANOS, Georges. Los grandes cementerios bajo la luna. Alianza Editorial, 1986.
N2. WEIL,Simone . Echar raíces. Editorial Trotta, 2014.
N3. DRUMONT, Edouard (1844-1917), escritor nacionalista y antisemita.
Madrid
Puente de Vallecas
Un Barça enfermizo
¡Ah, se jubiló un clásico de los Madrid-Barça!
Undiano Mallenco
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Tras el desastre de Roma, a mí me pareció que el Barça de esta temporada, sin renunciar del todo a los mandamientos cruyffistas del toque, apostaba por una practicidad inteligente para llegar dominador y temible a finales de mayo. Valverde, comedido y siempre sensato en la parla, gestionaba un tran-tran devorapartidos que iba acumulando puntos sin el más mínimo sobresalto y con la siempre participación estelar de Messi, esa enorme ventaja culé sin, al parecer, fecha de caducidad.
Creo que el comportamiento e incluso el planteamiento de Valverde era más que correcto... hasta la noche de Liverpool, donde el entrenador debió apartar al profesor educado y respetuoso e imponer su energía, además de sus criterios, a una clase aburrida y sin alma plagada de alumnos indolentes tan pagados de sí mismos que desprecian el pundonor y el coraje ajenos como si estas armas sólo fueran instrumentos de esos “otros” futbolistas que, por no estar en el Barça, carecen de mejores talentos. En Liverpool, como en Roma y ayer en Sevilla, el Barça salió con las eliminatorias y la final resueltas y con un “no puede volver a pasar; tenemos a Messi”. Semejante actitud y convencimiento implica relajación en el músculo, dejadez en la marca, errores en la respuesta requerida en cada situación de juego y sobre todo un cansancio anímico y una falta de concentración que a mí ya me parecen de campeonato.
Tenía y tengo la sensación que la derrota ante los hombres de Klopp, ese míster todo energía, sumió a todo el club azulgrana y en particular a su plantilla en una depresión angustiosa de la que quizás con el “Txingurri” tendría que haber bastado para aplicar la terapia correspondiente. Pero no, el míster también aparece pesaroso y atribulado y quizás la enfermedad sea más compleja y difícil de erradicar. Así me parece después de ver el planteamiento táctico de Marcelino en la final de Copa basado en la simpleza esperada del más elemental contraataque. El del balón largo a la banda y a correr. Valga que Gayá -llama la atención la excelente condición de los laterales zurdos del Valencia- corra mas que Semedo y el refuerzo de Sergi Roberto juntos pero que Soler sobrepase a Jordi Alba en un sprint a mí me pareció un preocupante síntoma, detectado ya en Anfield, de lo que puede llegar.
El hartazgo de triunfos, tanto de Barcelona como R. Madrid, está mostrando un debilitamiento anímico en la personalidad de los mejores jugadores del mundo que me parece va a dar muchos disgustos en los dos o tres próximos años, pues da la sensación como si no quisieran admitir su responsabilidad y achacaran el deterioro propio a “las cosas del fútbol” como si ellos no tuvieran obligación de ser futbolistas en cuerpo y alma teniendo en cuenta sus emolumentos Hors catégorie.
Extraordinaria la rapidez del Valencia en la transición robo y encare a Cillessen con movimientos muy trabajados y muy repetidos en las sesiones de entrenamiento que se dedican a la preparación de partidos y que creo ha sido determinante en la conquista ché de la Copa. Mi sensación es que Marcelino preparó la final para ganarla ensayando carreras y comiendo la cabeza a sus pupilos mientras Valverde, por no molestar demasiado a los suyos, dejó que continuaran en la amable costumbre del rondo mientras se volvía a encomendar a Messi, el santo que casi nunca falla. Intensidad se llama la figura. De imprescindible aplicación siempre y sobre todo a final de temporada.
Estuve tentado de ir a Sevilla por haberse hecho mi chico vecino del Villamarín, más que nada por ver el ambiente y asistir a los vivificantes prolegómenos de los grandes partidos, pero como a Valverde, me pudo la practicidad y preferí quedarme a la sombra en Córdoba, aburrirme viendo a los hijos de Zidane y a mi equipo empatar a cero en Majadahonda, ante un Rayo de parecida precariedad a la nuestra y que me da, nos acompañará a la 2ªB, y empalmar la ida de la fase de ascenso a 2ª entre el Castilla y el Cartagena con un 3-1 a favor de los castillistas. En vez de aparcar el fútbol y echar la tarde en la feria que es lo que debía haber hecho, ya ven, en el sofá como si fuera noviembre.
Márquez & Moore. San Isidro'19. Qué Pedraza tienen estos Yeltes, con cogida de Leal y grito de "¡Vamos, Octavio!"
Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore
Es un toro que no admite que haya mucha gente en el ruedo
Luis Uranga
Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]
Un lienzo vuelto, una última voz -toro-,
un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,
y un arroyo de sangre -arenas de oro- que se lleva -ay, espuma-
a Joselito
G.D.
José Ramón Márquez
Jornada de reflexión la del 25 de mayo, y también jornada de reflexión taurina a la vista de las cosas que van pasando, que lo primero es ponernos a reflexionar sobre el contenido de unas atolondradas palabras del ganadero don Juan Pedro Domecq Morenés recogidas por uno de los habituales medios de propaganda según las cuales el sexto de sus toros de anteayer, fue un toro “muy bravo”, que a saber qué es lo que este buen señor entenderá por bravo o que lo mismo él lo que quería decir es que su toro estuvo haciendo el barbo y el becario no llegó a captar la sutileza. Y más reflexiones, como por ejemplo la de los 25 centímetros de cornada, un tabaco en toda regla el de hoy a Juan Leal y el hombre con la nalga al aire sin pantys, sin armadura, a pelo, y el otro día un palizón con campaneo a Roca que se salda con una taleguilla hecha añicos, cinco centímetros de herida y una carrera en el panty, que sacaron la foto y todo lo ratificaron, además, los de la “prensa seria”. Y más reflexiones, que te vienes a ver la de Pedraza con la mente puesta en aquel corridón de Azpeitia y lo que te sale de los chiqueros es la continuación de los juampedros de ayer, con algo más de chispa, con algo más de fuerza, con más amor por acometer al caballo, pero que aquello no era ni por asomo lo que uno venía buscando. La cosa quedó más bien en Peñazo de Yeltes, como dice el aficionado A. Y más reflexiones, que una jornada de reflexión da para mucho: hay que ver, si nos llegan a decir hace un mes que Chacón y Cortés iban a pegar el mitin que han pegado -además de que está prohibido de manera taxativa por la vigente legislación electoral- teniendo enfrente la más que potable corrida del Peñazo, que no se comía a nadie y que ofreció netas oportunidades a estos dos toreros que, cada uno a su manera, habían conseguido poner una semillita en el pétreo corazoncito de la afición. Chacón cantó su tema ya en la de Victorino del Domingo de Ramos y Cortés no ha querido dejar pasar la ocasión de acompañarle en el dueto de la ruina. Pierden cotización ambos tras lo de hoy. Y más reflexiones, que no sea por reflexiones, que uno se hace cruces con lo del bache en el que metieron a El Cid a empellones entre unos de Toledo, un jefe de sección y otra gentucilla, y aquí nadie tiene arrestos para ponerse a hablar ya de una vez de la sima abisal, de la Fosa de las Marianas, en la que se encuentra metido el Julián de San Blas, aunque indulte a una especie de ovejita Lucera en Jerez, como si eso fuese algo.
Desde los campos helmánticos envió la razón social PREZ 88, S.L. cinco galanes para ver de dar el campanazo en los madriles, que hace ya tres años que no venían, tras el fiasco que mandaron a la corrida de la prensa del año 15. En aquella corrida la estrella fue un coloradito de condición perruna y servil llamado Holandero, y se ve que los propietarios han debido comprender que ése es el camino que deben transitar, por lo que para hoy, en su retorno, pusieron cinco tazas de colorado y una de castaño, que vendría de prueba, como aquél que dice a cala y a cata. Luego, a lo largo del año nos hincharemos a ver que han echado una porción de corridones en no sé qué sitios de la Francia torista y lo mismo es hasta verdad, porque es posible que los ganaderos manden a cada sitio en función de lo que cobran y si en Madrid los dineros son menguados, no por cicatería de Domb el del Bombo, sino porque traerse a Julián le ha costado la hijuela y le ha dejado las arcas exhaustas, pues entonces ellos mandan lo que se les va quedando: los cinco colorados y el castaño y apañaos con eso, que es lo que hay.
La cosa es que ver al primer Pedraza salir gateando de la segunda de las varas que le puso Santiago Pérez ya nos puso amoscados sobre lo que echaron al camión el otro día en el partido judicial de Ciudad Rodrigo con destino a Las Ventas. Lo de su patente falta de fuerzas, de poder, unido a su condición tonta acabaron de confirmar que la cosa no venía en el registro que nos esperábamos. Y eso que el pobre se empleó en varas. El animal se llamaba Dudanana, y su número herrado a fuego, el 21. La cosa pintó aún peor cuando salió el cacho feo del segundo, Portadito, número 15, una especie de vaco estrecho de sienes, sin el más mínimo asomo de remate. El pobre se justificó frente a Juan Francisco Peña y su mascota de faldones en dos buenos puyazos, empujando con brío en el primero de ellos y eso nos hizo olvidar la cosa antiestética de su anatomía; luego fue apto para la muleta hasta que se aburrió de recibir tantos y tantos pases sin ton ni son. El tercero, número 19, Portador, tenía bonitas hechuras y fue el mejor de los seis. Acudió con viveza a la primera llamada de Vicente González y con prontitud a la segunda, sin establecer una pelea épica y luego llega en condiciones a la cosa de la muleta. La cogida de Juan Leal es más achacable al propio torero que a las condiciones del toro. El cuarto de la tarde entró en dirección al arre en el que iba subido Juan Melgar directamente desde el capote de Chacón. Melgar se hizo con él defendiendo la verticalidad de él y de su cabalgadura, en la segunda entrada el toro fue pronto y dejó que Melgar trabajase en él sin estorbarle. Este era Bello, número 53. A continuación Pórtico, número 24, que es el que menos cumplió en la cosa de las varas, se dejó pegar y recibió poco castigo lo cual no fue obstáculo para que en algún momento le viésemos tirado por el piso de Plaza. Era este, acaso a causa de su debilidad, un poco descompuesto en sus modos, y sea por lo que sea se fue viniendo arriba y poniéndose más dificultoso. Y ya, con una buena parte de los espectadores en franca huida, apareció al fin el castaño, Miralto, número 7, que acudió al penco de Daniel López Candel desde una buena distancia al primer encuentro y desde más lejos al segundo sin atisbo de codicia y para dejarse hacer sin quejarse. Otro toro que no se comía a nadie.
Bueno, pues sucintamente, he ahí la cosa de los de Pedraza que, la verdad sea dicha, no fue ni mucho menos como para montar una mascletá. Pero es que lo de los coletudos también tiene su miga.
Para el sábado de reflexión se vinieron a Las Ventas Octavio Chacón, Javier Cortés y Juan Leal, quien por cierto toreó la Corrida de la Prensa del año 15, la anterior de Pedraza en los madriles, como decíamos más arriba.
Octavio Chacón presentó de nuevo su soltura con el capote y sus carencias muleteras. Nada nuevo. En su primero se dedicó a la cosa de la carrerita, a la del “aquí va a ser”, a la del “esta vez sí”, y lo que puso ante los ojos de la cátedra fue el cansino catálogo de mala colocación y peor remate sin dejar un solo muletazo que reseñar en una faena extremadamente larga, o lo mismo no lo fue, pero se hizo muy larga. Se queda en la cara al matar y se lleva un susto y luego se vuelve a quedar en la cara pero clavando el estoque. En su segundo, el toro le puede en el saludo con el capote, literalmente se le come. Cuando va a comenzar la faena de muleta una voz surge de detrás:
-¡Vamos, Octavio!
Y eso, vamos a ver a dónde vamos, Octavio, que visto lo visto es a dar un catálogo de pases desprovistos de alma con los cuales no acaba de conseguir que llegue a arrancar la faena, que siempre se encuentra como en un permanente inicio. El toro sirve pero el torero está francamente mal practicando un trasteo inane y sin finalidad aparente. Luego, con la idea de levantar un poco los ánimos, al hombre no se le ocurre otra cosa que dar el invertido, sin ton ni son y sin gran éxito. La verdad es que no se puede estar peor. Cobra un pinchazo y luego una estocada entera y eficaz en la suerte contraria. En su tercero, el que no pudo matar Juan Leal, vuelve Chacón a recuperar el tono con el capote haciéndose con el toro, primero cediendo hacia adentro para después llevarlo con poder y torería hacia los medios. Con este sexto de la tarde vuelve a dar en su faena de muleta una pobre impresión, sin sitio ni claridad de ideas y cuando realiza lo mejor de toda la tarde, unos buenos naturales de uno en uno al final de la faena, ya nadie parecía estar haciéndole caso. Puso punto final al asunto con un pinchazo, una estocada y un golpe de verduguillo.
Javier Cortés seguramente no quería sumirnos en la decepción, pero lo consiguió perfectamente. En su primero va más el toro que el torero, que está como agarrotado y no se da cuenta de que lo que está poniendo en marcha simplemente no funciona, que echar la pata atrás no es su camino, pero él se mantiene en eso. Luego recibe palmas en una serie al natural, por el mejor pitón del toro, y la siguiente ya le sale trompicada con lo que vuelve a la derecha y al cansino desgranar pases de nula expresión, sin colocación ni gracia. La faena empezó en el 7 y la cosa del morituri se sustancia en chiqueros a base de un pinchazo hondo y bajo echándose fuera, un pinchazo sin soltar, otro igual y una estocada entera y baja. En su segundo, el toro se viene arriba y Cortés no es capaz de estar a su altura, que el toro le sobrepasa. Se cae y el toro no hace por él y Cortés ahí sigue porfiando y sin darse cuenta de que los cuatro pases que ha dado se los ha dado solo el toro. Acaba con el Pedraza de una estocada chalequera, un pinchazo dirigido al mismo sitio, otro más arriba y una estocada entera y baja. A ver si la próxima vuelve con esos atisbos de pureza y personalidad que nos hicieron fijarnos en él y deja de escuchar las palabras ofidias, que se ve que alguien por ahí le está engañando vilmente.
Y Juan Leal, que sólo mató al primero por cogida fuerte. Y aquí hay que reseñar que un tío con una cornada en salva sea la parte de 25 centímetros que se empeña en acabar su faena es la prueba evidente de que muchos de los que se visten de torero están hechos de un material distinto del de los demás mortales, los que por un uñero se pillan una baja laboral de tres semanas. Como muestra de su disposición, Leal principió su faena en los medios de rodillas. Después, una vez de pie, la cosa cambió y Leal optó por irse hacia el tercio del 6 a intentar una tauromaquia de arrimón, de parón y medios pases hasta que el toro le coge, y se nota que lleva la cornada, pero él remata su obra hecha más sobre la base del valor que sobre lo que es el toreo propiamente dicho, recibiendo el aplauso de las gentes que aprecian su acción. Cuando deja una estocada entera y efectiva le piden la oreja, oreja muy generosa, oreja del pecunia doloris, y don Orejas saca el trozo de tela blanco, faltaría más.
El mayor ridículo de la tarde ha correspondido a los benhures de la mula que por tres veces han salido de naja tras de los burdéganos sin haber enganchado al toro.
Manuel de los Reyes, de azul rey y azabache puso banderillas al estilo de Fernando Sánchez, que ya ha creado escuela, con aplomo y suficiencia y no quiso salir a por la ovación en señal de respeto a su matador que, en esos momentos, estaba siendo intervenido en la enfermería.
Andrew Moore
Parte Médico:
Juan Leal fue intervenido en la enfermería de la plaza de «una cornada
en la región perianal con una trayectoria de 25 centímetros hacia arriba
que contusiona el sacro-coxis, con posible fractura del mismo y con orificio
de salida en región glútea superior izquierda. Exploración recto anal
sin evidencia de lesión. Pronóstico grave».
Juan Leal, de marfil y oro
Estocada en dos tiempos. Aviso (oreja)
tauromaquia de arrimón, de parón y medios pases hasta que el toro le coge,
y se nota que lleva la cornada, pero él remata su obra hecha más
sobre la base del valor que sobre lo que es el toreo propiamente dicho
aquí hay que reseñar que un tío con una cornada en salva sea la parte
de 25 centímetros que se empeña en acabar su faena es la prueba evidente
de que muchos de los que se visten de torero están hechos de
un material distinto del de los demás mortales
oreja del pecunia doloris
Octavio Chacón, de verde manzana y oro
Pinchazo y estocada (silencio)
Pinchazo y buena estocada (palmas)
Pinchazo, estocada y descabello. Aviso (palmas de despedida)
Pinchazo y estocada (silencio)
Pinchazo y buena estocada (palmas)
Pinchazo, estocada y descabello. Aviso (palmas de despedida)
Chacón presentó de nuevo su soltura con el capote y sus carencias muleteras
Nada nuevo
Padre toro, desgarra en mil jirones
las banderas del aire y borbotones,
fulmina y tala, abrasa y carboniza,
revuelve paraísos con avernos,
y encuna este poema de ceniza
y de gloria en la rima de tus cuernos
G.D.
lo que puso ante los ojos de la cátedra fue el cansino catálogo
de mala colocación y peor remate sin dejar un solo muletazo que reseñar
cuando va a comenzar la faena de muleta una voz surge de detrás:
-¡Vamos, Octavio!
cuando realiza lo mejor de toda la tarde, unos buenos naturales
de uno en uno al final de la faena, ya nadie parecía estar haciéndole caso
Javier Cortés, de blanco y oro
Tres pinchazos y estocada caída. Aviso (silencio)
Cuatro pinchazos y estocada. Aviso (silencio)
Cortés seguramente no quería sumirnos en la decepción,
pero lo consiguió perfectamente
a ver si la próxima vuelve con esos atisbos de pureza y personalidad
que nos hicieron fijarnos en él y deja de escuchar las palabras ofidias,
que se ve que alguien por ahí le está engañando vilmente
vienes a ver la de Pedraza con la mente puesta en aquel
corridón de Azpeitia y lo que te sale de los chiqueros es
la continuación de los juampedros de ayer, con algo más
de chispa, con algo más de fuerza, con más amor
por acometer al caballo, pero que aquello no era ni
por asomo lo que uno venía buscando
Cara del zambombo de Castraz al descubrir que los titulares de la Prensa Seria estaban ausentes,
por lo que toda la lírica de garrafón que hoy sirvan a sus lectores será del chino de la esquina,
con lo cual eso que salen ganando
Luz hiriente y las voces, las cornetas;
las banderas liadas por el viento
F.V.
Guernica con plumero de drag queen al fondo
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Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]
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