lunes, 19 de junio de 2017

"Dense prisa... porque me estoy muriendo"

Plaza de toros de Aire- sur-l'Adour y cartel de la corrida


Jean Palette-Cazajus

Dense prisa…porque me estoy muriendo, dijo Iván Fandiño. ¿Acaso es posible resumir mejor lo que es la historia de toda vida humana? Así lo decían los barrocos. In Ictu Oculi reza el conocido cuadro de Valdés Leal. Pero hemos olvidado su lección.  Y en los últimos decenios hemos venido despreciando también el concepto de muerte heroica. La del soldado pasó a ser un valor obsoleto propio de épocas brutales, bárbaras y, queríamos creer, pretéritas. Nuestra época va revelándose día tras día presa de una vocación brutal, bárbara y oscurantista. Entretanto, los tontos frívolos consideran como muy insuficientes y mejorables valores que sólo son frágiles, precarios y vitalmente necesarios.  No lo dudemos un segundo, se acerca el momento en que habrá que volver a morir para preservarlos.  Algunos ya lo están haciendo.

El-ser-hacia- la- muerte

La única otra forma de muerte heroica es la del torero en el ruedo y me atrevo a decir que el objetivo es el mismo. Recordarle al ser humano que si realmente quiere seguir siendo un sujeto emergente, definitivamente salvado del magma indiferenciado de la vida animal, tiene que elegirse un destino. Y no hay destino individual sin riesgo. Siempre que rechacemos la tentación de la mediocridad y de la sumisión. Los toros nos apasionan a los aficionados por  muchas razones, pero las razones de sentirnos frustrados suelen ser mucho más numerosas. Nuestra fidelidad se debe a la grata certeza que tenemos de habernos apuntado a “la escuela más austera de vida” como aludía Marcel Proust a la exigencia ética que le llevó, de ser un lechuguino mundano, a sacrificar su salud y su vida a la escritura de su obra.

El torero también nos lleva “En busca del tiempo perdido”. El toreo, cuando es  auténtico, crea por un momento un tiempo virgen, recrea el tiempo puro del Ser, provoca una efímera fisura en el espacio-tiempo. Por eso, cuando muere el torero, es de los pocos que merecen acceder al aura del héroe antiguo. Hubo una época en que los toros solían interpretarse a través del prisma “sacrificial”.  Frivolidades como siempre. El único sacrificado en el ruedo es el torero. No cuando muere, sino cada vez que hace el paseíllo, puesto que se trata de la elección del riesgo, de la conversión de la rutina en conversación habitual con la muerte.

Fandiño

Y es así porque el lenguaje es el genitor de nuestro destino y la placenta que alimentó nuestra condición. Y no hay más destino para una especie viva que lo que sea capaz de contar de sí misma. Por esto la muerte es patrimonio exclusivo de nuestra especie y el Ser-hacia-la-Muerte, definición exclusiva del individuo humano.

Ningún ente vivo expresa mejor el inexorable expolio de la muerte como la imagen que la evolución primero, el hombre después, fueron confiriendo al toro de lidia. El toro es el mejor  Eidós de la muerte, su forma-idea mejor representada y expresada. En la embestida del toro bravo no percibimos movimiento sino sólo amenaza y peligro. Sus astas dibujan en el espacio un programa perforante que aterra las carnes. Las heridas por asta de toro suelen ser devastadoras. Las de Iván Fandiño lo fueron en grado extremo. Nosotros hemos humillado la naturaleza y la hemos devastado. Esto quiere decir que también somos seres humillados y devastados. Por esto el asta letal del toro destroza las carnes pero devuelve sus víctimas a la inocencia y a la imaginación de los pueblos primeros. El torero muerto se inscribe en el tipo de  imaginación que alumbró los mitos.

Fandiño

Me aterra particularmente la perspectiva de un tipo de muerte trágica, la más frecuente en nuestra sociedad, la muerte en la carretera, el amasijo de carnes sanguinolentas y de chatarra humeante. No solamente se pierde la vida sino la pertenencia a la humana condición. La sangre sucia en el asfalto entre cristales rotos y restos orgánicos nos retrotrae a la insignificancia cósmica del caracol aplastado que cruje bajo el zapato. Dirán los tontos que la muerte de Iván es gratuita. Lo es en el sentido oblativo, es el último regalo. Por esto la muerte del torero es realmente crística. Nos redime a todos y nos engrandece. Incluso a los cínicos.

(Aire -sur-l’Adour   es una población de unos seis mil habitantes, al sur del departamento de las Landas y unos 65 kms al norte de mi pueblo de residencia. No es especialmente  pintoresca pese a tener algunos edificios religiosos y civiles interesantes. La plaza de toros, con un aforo de 4500 espectadores, ofrece también festejos de la llamada “corrida landesa”.)


 Aire-sur-l'Adour, con la Plaza de toros

Redada de novillos y un natural de Ángel Sánchez en domingo de luto por Fandiño

Luto por Fandiño


José Ramón Márquez

Hoy Las Ventas estaban tristonas y con las banderas a media asta. El alma de la Plaza, ese alma que tiene cada Plaza y que la hace distinta a las demás, se veía afligido a causa del percance de ayer y ni ganas se tenían de protestar a los novillos, ni de censurar las muchas incorrecciones en que incurrieron los novilleros, que lo de Fandiño no se iba de las cabezas. La banda del maestro Zahonero atacó las notas del pasodoble a un compás más lento, compás de luto, y las cuadrillas hicieron el paseo de manera desusadamente lenta. Todos los toreros portaban unos lacitos negros en las mangas en recuerdo del compañero caído. En el 7 sacaron durante el paseo un lienzo blanco en el que habían escrito con un spray negro: “Iván Fandiño siempre en el recuerdo de la afición”, que luego colgaron en la barandilla de la grada y ahí permaneció hasta el final del festejo. También hubo el minuto de silencio, rito perfectamente incomprensible para los indostanis que se sentaban delante de mí, y el homenaje de cada uno de los tres novilleros en el primero de sus respectivos lotes elevando la montera en dirección a la bóveda celeste desde la que se precipitaba el calor hacia la Tierra como plomo fundido, que hablan los que estuvieron del calor que hizo el día que alternaron en Sevilla Ricardo Chibanga y Curro Romero, pero me da que esto de hoy superaba con creces aquella ya remota tarde.

Para el primer domingo de después de la Feria del Isidro 2017, este año una feria espectacularmente Isidra, pelmaza y sin prácticamente interés, por más que inventen por ahí los que comen de esto, programaron la “Novillada de Triunfadores”, que a ver qué entienden los de Plaza1 por “triunfar”, que según el Diccionario es “quedar victorioso” y según Plaza1 es “a ver a quién ponemos”. De esa manera fueron designados como triunfadores Ángel Jiménez, Ángel Sánchez y Jesús Enrique Colombo, y para la cosa semoviente, que para esta no era necesario ningún triunfo y bastaba con el tradicional forro de los c… del veedor, se eligió de entre la totalidad de la geografía brava de España una corrida de don José Luis Marca que, como es bien sabido, eliminó lo anterior a mediados de los años setenta para hacerse marca blanca de juampedritis.

En cuanto al encierro algo debió pasar que no nos cuentan, porque de los novillos reseñados se aprobaron los justos para que no hubiese derecho a devolución de los boletos y hubo que acudir al remiendo, nadie sabe por qué. Si a Miura la remendaron con juampedritis, a Marca la remendaron con lozanitis, que se tuvo que venir a Madrid una yunta de El Cortijillo a ayudar a formar la canónica media docena. Por cierto, que lo de El Cortijillo parece que no tiene lo que se dice felices a los Hermanos Lozano (HL) y cuentan por Toledo que si alguien con cuartos y gana de gastarlos asoma por Urda, se puede llevar El Cortijillo donde le plazca y librar a sus amos HL de esa carga. Los tres primeros, los de Marca, fueron al caballo, metieron la cara abajo y empujaron dentro de sus fuerzas. Los dos primeros fueron, además de jaboneros,  la enciclopedia ilustrada de la embestida. El tercero, de bonito tranco al principio, se cansó y se quedó marmolillo o broncecillo, vamos, que no era capaz de dar un paso adelante después de tanto capoteo y picoteo. El cuarto, de Marca, fue muy manso en los primeros tercios y en la muleta ya no le dio por huir tanto y planteó unas embestidas de gran vibración, siendo el toro más interesante de la corrida por lo cambiante de su actitud y por su final embestidor, Aguaclara I, número 6, de bonita capa castaña. Y ya como colofón con la mitad del público fuera de la Plaza y la canícula de junio como dueña y señora de la tarde, asomaron los dos cortijillos, abantos y mansos en distinta graduación, a decir “¡Aquí estoy yo!”.

A Ángel Jiménez le engañaron entre don Justo Polo y Joselito Calderón dándole una orejilla de papel maché a costa de un revolcón  en la novillada del Conde de Mayalde, y eso debe ser lo que le granjeó su puesto en la corrida de hoy. La de Mayalde salió de dulce para el torero y el primero de hoy, salvo por la espantosa capa jabonera sucia, fue el sueño con el que habría fantaseado Jiménez en los días anteriores a la corrida. No aburriremos al paciente lector pormenorizando la secuencia de cites con el pico, toreo despegadísimo, y carreritas, a fin de cuentas es lo de todos los días y también lo de las llamadas figuras, lo peor de todo, y si acaso alguien próximo a él llegase a leer esto que le avise por favor, es la gritería que monta en cada cite, en cada pase, en cada pase que no llega a ser, constantemente: ¡eh!, ¡ah!, ¡Aaaaaa!, ¡uh!, así la faena entera, como un concierto de música dodecafónica, un horror, y la faena más larga que la infancia de un pobre, que hasta sonó el aviso y Jiménez seguía berreando ¡Aaaah!, ¡Uhu!, ¡Ehehe! En su segundo, el castaño, repitió sus Variaciones Goldberg del berrido, sujetó al novillo en el 9 sin que el animal se escapase y aprovechó alguna de las embestidas de Aguaclara I para ligar un par de muletazos -imagine el lector la factura de los mismos-, que inmediatamente fueron jaleados por el público ansioso de ver algo.

Ángel Sánchez sorteó a Aguaclara II, número 28, jabonero claro, que mira que es fea esa capa. Otra máquina de embestir ante la que Sánchez no fue capaz de poner en marcha los resortes que le valieron su presencia en esta tarde, tal y como dicen que estuvo el 2 de abril con los de La Quinta, que no vi. Diremos en lo bueno que Ángel Sánchez tiene aire de torero y que probablemente de ahí saldría un torero, y en lo malo que lo que a su buena planta y forma de estar en la Plaza no va nada es el toreo afuerístico, el cite ventajista y deplorable, la falta de ganas de torear hacia adelante, de asumir el riesgo que hace grande el toreo, frente a la inanidad acomodaticia del toreo de ventaja de cada día. A Ángel Sánchez en su primero se debe el único momento de esplendor de la tarde, taurinamente hablando: un natural, un solitario y excelso natural largo y encajado, con el toro entero pasando hasta donde se le manda, un fulgor brevísimo del toreo bueno, luego empantanado en vulgaridad y ventaja, en ventaja y vulgaridad. El quinto, manso Cortijillo, pedía más oficio y no regalaba nada. Ahí Sánchez estuvo trasteando sin que nada de su labor  llegase al tendido ni al duro corazón del aficionado. Si desarrolla su personalidad y se va al buen camino aquí podría haber torero. Apetece volver a verle.

Jesús Enrique Colombo estuvo toda la tarde demostrando enormes ganas de agradar, entrando en quites, colocando el toro al penco con soltura y desparpajo, poniendo banderillas -aunque eso no parece ser su fuerte- y animando al tendido cuando el tendido no se animaba por sí solo. El primero que sorteó, un precioso novillo salpicado, se quedó como hecho de arcilla en el último tercio y Colombo abrevió sin que nadie le censurase su actitud. El novillo no tenía literalmente un pase, aunque allí hubiese estado Damaso González. Su segundo es otro manso al que Colombo recibe con unos toreros doblones y cambio de manos antes de organizar la faena en la que sobre las condiciones bobaliconas del novillo siempre está el ansia del novillero por no dejar pasar la ocasión. A veces embarullado, a veces con trallazos, quedan sobre todo las ganas de agradar y de que no se pase el tren. Los que le rodean deberían insistirle en la crucial diferencia que existe entre torear y dar pases. Le dieron la oreja, pero ya se sabe que las han devaluado de tal manera que una oreja no es absolutamente nada, que se lo digan a Ángel Jiménez o la los cuatro que en el tendido 6, a pleno sol, agitaban la pancarta que decía: “Juan Miguel. Única oreja San Isidro 2017”

Padrenuestro de la nada

Pancartas

Lunes, 19 de Junio

Valle de Esteban

Realmente los críticos taurinos, salvo pocas excepciones, han llegado a un grado de cursilería verdaderamente fabuloso. De esto tuvo un poco la culpa don Gregorio Corrochano; pero éste, por lo menos, tenía muchísimo talento y no solía ocultar el mérito, sino ensalzarlo.
Edgar Neville

domingo, 18 de junio de 2017

La de la Cultura. Performance con toros de granja en Madrid, festoneada con la muerte en Francia de Fandiño, corneado por un Ibán


 Morante de la Puebla, repúblico profeso, brinda el toro a Antonio García-Trevijano

José Ramón Márquez

Por fuerza hoy lo del final debe ir al principio. Subíamos por la calle de Alcalá y, llegando a Manuel Becerra, mi acompañante recibe una llamada en su teléfono. Se descompone y se le saltan las lágrimas, le inquiero con un gesto: “A Fandiño acaba de matarle un toro de Ibán en Francia”, me dice. Al final la Cultura era eso, el viejo rito de la vida y de la muerte; no lo de andar marcando posturas con un torete de granja, sino que se te eche encima un toro encastado y te quite el futuro. Estadísticamente es inapelable que la muerte siempre está del lado del toro; lo raro es que pierda la vida el hombre y por eso, cuando tal cosa ocurre, apabulla. Fandiño sacó los pies del tiesto, y acaso otro día hablaremos de qué motivaciones le llevaron a anunciar su Domingo de Ramos en el que se jugó a sí mismo a una carta en una apuesta que acabó perdiendo, cuando vio bien a las claras cómo funciona el tinglado y las nulas oportunidades que tenía de romper la maraña de intereses que atoran el natural fluir de la parte alta del escalafón de los matadores de toros. Fandiño nos metió la ilusión en el cuerpo, la mayor ilusión colectiva en lo que llevamos de siglo XXI, en una corrida irrepetible en la que él solo fue capaz de llenar Las Ventas como hacía muchísimos años que no se veía en un festejo fuera de San Isidro. En el pobre resultado de aquella singularísima tarde perdió Fandiño y perdimos todos los que pensamos que la auténtica cultura del toro es la que se hace jugándose la vida, el físico y el alma frente a toros que no permiten estar “a gusto”. Tengo entre mis libros uno titulado “El día cuatro de agosto de 1947 moría Manolete en la Plaza de Vitoria”, su autor Gregorio de Altube; en ocasiones he fantaseado con Fandiño y la tarde de Resurrección, pensando, al hilo del libro aquél, que Iván Fandiño murió el 25 de marzo de 2015 en la Plaza de Las Ventas. Desde estas páginas se le animó, con la mejor intención, a que cortase su temporada en el año 16 y a que dejase pasar un poco de tiempo para meditar y recomponerse. No hay desdoro en ello. Muchos lo han hecho para retornar con más fuerza. Él o quienes le influían no contemplaron esa posibilidad,  y ahora es ya demasiado tarde para saber qué podría haber pasado. Su deslumbrante e ilusionante irrupción en el panorama taurino en el año 11 es el otro gran recuerdo que hoy, en el día de su fin, se nos viene de Iván Fandiño.

Y ahora se hace difícil escribir porque la primera premisa de la corrida de hoy, titulada artera y ridículamente como “Corrida de la Cultura”, estaba concebida sobre la base de la inexistencia del toro como animal ofensivo, inteligente, memorioso y vigoroso, que de la casta ya ni hablamos. Cuando pensamos en Fandiño corneado por un toro de Baltasar Ibán y comparamos con los seis desgraciados que han salido hoy a Las Ventas y cuyas medias canales ya estarán en algún frigorífico, se ve a la perfección que existe un mundo de diferencia y que aunque el espectáculo se llame de la misma manera, apenas tiene nada que ver. Hoy en Madrid habían comprado una redada de Cuvis, de esos cuvillejos de cuya estirpe fue el impar Idílico, muerto en extrañas circunstancias, el alto, el bajo, el regordete, la sardina, el canijo, el donnadie: un control de alcoholemia a la salida del Fabrik, vamos. Y ahí estuvieron los seis cuvis, correteando y proclamando su supina bobería, su falta de ideas y su necia embestida perruna, con el fin de que sus matadores no pasasen otras fatiguitas que las que se derivan del calor sahariano que caía de manera viscosa sobre la Plaza. Y el mayoral, ya lo hemos dicho más veces, con el video grabando la corrida, para verla con el amo en el Grullo en invierno, en las noches de levante.

Para la cosa de la Cultura, además del insustituible octogenario Gárgoris Dragó, empeñado en vestir con T-Shirt, se trajeron a Morante, Cayetano y Ginés Marín, por lo culturales que son los tres.

Morante es más de la cultura ingenieril, de tipo terraplén. Se empeñó en que había que alisar el ruedo de Las Ventas en el que triunfaron Domingo Ortega y Dominguín y Ordóñez y Camino y Bienvenida y Antoñete y Rincón y Tomás y hasta que no se lo pusieron liso el tío no paró. Ahora está liso y tampoco torea ná de ná, o sea que lo mismo lo siguiente es pedir que le hagan un gua. Se plantó el tío en Las Ventas vestido de lingote de Fort Knox, que no cabía un hilillo de oro más en la chaquetilla, chaquetilla de picador bordada como un manto de la Macarena y, eso sí, con los dos pañuelitos de verdad en los bolsillos, como Lagartijo o Bienvenida, un detallazo. Apretadito de romana anda el de La Puebla, que eso no es obstáculo para el toreo, y con un capotón descomunal que nada tiene que ver con aquella inolvidable servilleta con la que toreaba Curro Romero, al que algunos insensatos tratan de equiparar a Morante. La verdad es que lo de Morante hay que verlo casi desde la óptica de las sectas o de los conversos: sale el primero, él despliega la manta de cama de matrimonio, le pega un lance al coloradito del que el bicho se va y la Plaza se viene arriba y ruge como si ahí, en ese preciso momento y de esa manera se hubiese fundado el toreo por los siglos de los siglos. En esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso, como dijo aquél. Acaso ni merezca la pena reseñar cómo dejó al toro ir suelto al caballo a que no le pegasen y cómo el burel se pegó por su cuenta una tercera entrada al jamelgo. En banderillas, una novedad de Morante: los seis palos son encarnados, acaso como homenaje al 39º Congreso del PSOE, vaya usted a saber. En banderillas Ginés Marín, pésimamente colocado toda la tarde, se cruza con Lili, estorbándole, cuando venía de parear perseguido por el toro, creando una innecesaria situación de riesgo. El inicio de la faena consiste en Araújo llamando al toro con el capote desde el callejón de manera insistente ante la mirada inocente del alguacilillo. No pasa ná. Morante se compone y traza sus medios pases, con la figura que tiene y que tan bien da en las fotos, se pasa al animal lo más lejos posible, abusa de las ventajas usuales y cobra una estocada habilidosa echándose fuera. Era su segundo de condición mucho menos clara que el primero y si con el primero no lo hizo, con el segundo  menos. Y eso que el cuvi era una especie de novillo negro. En los lances de recibo le pega dos verónicas de gran gusto, soltando al toro antes de lo debido, con esa gracia que atesora. Cambiaron el tercio literalmente sin picar al toro y vuelven los peones con las banderillas del 39º Congreso. Comienza su faena por enganchinas, una y otra y otra y otra, que se ve que el toro no colabora, aunque lo que más claro queda es que a Morante lo que le molesta de verdad es el toro, no la arena. Viendo que no hay nada que hacer se demora en la nada por tratar de soliviantar un poco al público, que de broncas también se vive, cosa que consigue. Luego pega un mitin con la espada mientras en el tendido alto y la grada del 5 se produce una auténtica redada de la policía llevándose espectadores, acaso aficionados yihadistas.

Cayetano vino el hombre a dar de sí lo que pudo. La verdad es que cuesta explicar lo mal que está porque ni sabe ni puede estar mejor, y en un honesto rasgo de pundonor pone toda la -poca- carne que atesora en el asador de justificarse. Su primero, el salpicado, era la máquina de embestir. A la distancia que se la pusiera, sin un mal gesto, el bicho iba e iba y Cayetano hacía lo que sabía lo mejor que sabía. El momento mejor de su actuación son cuatro naturales muy denodados, medio quedándose y sin maldita la gracia. Con una estocada habilidosa echándose fuera liquida al salpicado, que se va sin  torear. A su segundo lo recibe con unas verónicas rodilla en tierra à sa façon, de nuevo con ganas de agradar. No puede dar más de sí que eso. Iván García pone las banderillas con majestuosidad y Cayetano está el hombre con una toalla de hotel, que le va más que un capote; con la toalla finalmente le hace el “quite de la toalla” a Alberto Zayas. Brinda a Currovázquez y quiere que salga, pero Curro sabe bien que él, amónido cosmopolita, de paisano no debe salir a la Plaza, así que el brindis se produce en la boca del burladero del 9. Se va al 6, se quita las zapatillas, por el calor, e inicia su faena de rodillas, como aquella vez en Arévalo. La cosa baja de intensidad cuando se pone en pie y se va llevando al toro a los medios donde apura su trasteo cada vez más a menos hasta que deja una estocada contraria quedándose en la cara y un descabello para finalizar su actuación.

Y Ginés Marín… ¡ay Ginés! Es un torerito pinturero al que falta muchísimo. Su primero, toro de granja-escuela, le saca de la Plaza obligándole a tomar el olivo tirando el capote, que de paso diremos que lo de la capa no es ni mucho menos lo más fuerte de Ginés. Cuando pican al toro el hombre se queda a la derecha del picador, como un pasmarote, de espectador sin que nadie le haya dicho que ahí no debe estar. Le importa un bledo. La faena la inicia con una inspirada fantasía andando con la que se saca el toro a los medios, y luego allí la lía a base de lo de cada día, lo del pico, lo del por las afueras, lo de la pata atrás, y el toro venga a repetir y repetir y las gentes bramando como si aquello fuese grande; si hay que estar bien colocado, él no lo estaba; si hay que torear hacia el terreno de adentro, él toreaba hacia afuera; si hay que quedarse dentro en el final del muletazo, él se quedaba fuera, ligando desde la oreja. Las buenas gentes bramaban como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo y Ginés dio fiesta al público ansioso de vitorearle. Tres pinchazos y una estocada delantera y desprendida acaban con el torete y hay quienes hasta le aplauden en el arrastre, entre ellos Donsimón el empresario. El sexto es otra cabra que no impone el más mínimo respeto; cuando el bicho se le viene y Ginés resuelve el muletazo con una espaldina de esas de ¡Ay! ya te das cuenta de que no respeta lo más mínimo al toro, lo que pasa es que este sexto no es el tercero el de ir y venir y quedarse él solito colocado, este dice ¡fu! por lo bajinis, pero eso no le interesa a Ginés, que no ha venido al mundo del toreo a resolver ecuaciones, por lo que parece. Para animar un poco le dio las bernardas que no se le pudieron dar a los de Cuadri antes de atizar un bajonazo que hizo que el animal se fuese raudo a chiqueros, para salir bien en el video del mayoral y cantar su mansedumbre de manera patente, antes de recibir dos descabellos con los que se puso el punto final al festejo de la Cultura.

A las nueve y treinta y cinco llegábamos a Manuel Becerra, comentando la corrida…


Morante
Trinidad

 Donsimón, el que no se chupa el dedo

Domingo, 18 de Junio

Valle de Esteban

Las virtudes afirmativas del arte de birlibirloque de torear son: ligereza, agilidad, destreza, rapidez, facilidad, flexibilidad y gracia. Virtudes clásicas: Joselito. Contra estas siete virtudes hay, en efecto, siete vicios correspondientes: pesadez, torpeza, esfuerzo, lentitud, dificultad, rigidez y desgarbo. Vicios castizos: Belmonte, castizo hasta el esperpentismo más atroz y fenomenal.
José Bergamín

"El que come este pan vivirá para siempre"

DOMINGO, 18 DE JUNIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

-Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:

-Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Juan 6,51-58

sábado, 17 de junio de 2017

En la muerte de Iván Fandiño











Que la tierra te sea leve

Gran Corrida-Velada de Beneficencia. Dos combates estelares: Cucho vs Talavante; Bombero vs Las Ventas


 
 Importante El Juli es el lema de Beneficencias Julián, ese espectáculo cómico taurino
 procedente de la antigua Corrida de Beneficencia que, eliminando lo anterior
  (aquellos samueles del mano a mano Rincón-Ortega Cano), se ofrece cada año en Las Ventas
 para despedir la Feria como las discotecas de los 80' pinchaban sevillanas
al despedir a los clientes con encendido de luces para acostumbrarlos al golpe del sol en la calle

 Jean Palette-Cazajus

Mi Señorito padece saludable alergia a la indigencia ganadera que suele adornar la Corrida de Beneficencia. De modo que le ha endilgado otra vez al mayordomo el traje de crítico y lo ha mandado a freír sus posaderas en el cemento de tan tórrida corrida. Ante todo un sincero homenaje al público de sol que llenó hoy tendidos, gradas y andanadas con una temperatura que prefiero no comprometerme en estimar. A continuación, yo, republicano desde el 14 de Julio de 1789, participé complacido y de buenísima gana en los interminables aplausos que saludaron la entrada de S.M. Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, Felipe VI de España, al palco real. Todos sabemos que la pasión taurina no es la característica dominante del actual monarca. Fue emocionante la manera con que los tendidos le agradecieron a Don Felipe haber forzado un poco su naturaleza.

 Dicho lo cual insistamos en que la caspa apuntillará la tauromaquia antes que los antitaurinos. En dos palabras: para nada depende la “esencia” de España de la Tauromaquia. España seguirá siendo España con toros o sin toros ¿O acaso los españoles que no van a los toros, la gran mayoría, son ciudadanos de segunda? Los Toros siempre fueron un espectáculo minoritario. Cuando el país tenía hambre, en lugar de telebasura ¿cuántos vieron a Joselito o Belmonte en una plaza? Sin toros España no sería peor ¡pero tampoco mejor! Lo que sí habrá perdido es cierta llamada del Ser. Pero ya nos advirtió Heidegger que desde los presocráticos nos hemos olvidado del Ser. El caso es que tras esporádicas y luego cada vez más firmes palmas de tango, por parte de una afición heideggeriana y cabreada que sabe que Ser y Tiempo no pueden ni deben separarse, el paseíllo se inicia a las 19 horas y 11 minutos de la tarde.

Salieron cuatro toros de Victoriano del Río, uno de Cortés y un sobrero de Domingo Hernández
 
“Artillero”, fue el primero de una corrida floja y tarda, salvando al potable cuarto. Fofito, rechonchito, recordándome  entrañablemente los toritos de peluche que llenaban las tiendas de souvenirs en mis lejanos y juveniles sesenta. El Juli lo para correctamente y lo deja en la boca de riego. Sale suelto de la primera vara y coceando. La segunda se parecerá más bien a un ajuste de cuentas. Inexplicables el sadismo y la malevolencia de José Barroso con aquel torito inocente, a menos que este le haya podido quitar la novia en alguna ocasión. Julián de San Blas, como lo suele llamar mi Señorito, cita de forma oblicua e inverosímil solo comprensible como provocación descarada al Bombero que hoy, además, no está para bromas. Poco más que reseñar hasta el primer “julipié” con que el diestro sale a pinchar delicadamente alguna aceituna rellena oculta en la cruz del burel. Luego estocada tras la cual diestro, muleta y demás enseres salen volando cada uno en distinta órbita.

“Enamorado”, el segundo de la tarde, es un burraco en salinero, bastante guapo. A la salida de media docena de anodinas verónicas de Manzanares, el susodicho se pega la gran costalada. Sencillamente, no se le pica y el presi saca el pañuelo blanco. La bronca es monumental y termina sacando el pañuelo verde. Todos sabemos que en Madrid los cabestros no sirven para arropar los toros sino para  evidenciar el poder de la chaquetilla de su mayoral asomado a las tablas de Chiqueros. Una vez más admiramos el extraordinario, largo y templado pase de pecho con que Florito  recondujo  el torito pintón hacia su triste destino.
 
“Lastimero”, el primer sobrero de Domingo Hernández tiene pintas de buey de carreta. Se emplea no obstante en la buena primera vara de Pedro Morales “Chocolate”. Se arranca para la segunda, digna de olvidarse. Calidad y empaque tiene el inicio de faena de Manzanares, rematado por un pase cambiado por bajo extraordinario de mando y facilidad. Me impresiona la presencia torera de Manzanares en el ruedo, con esa poderosa nuca histórica que hubiese inspirado a Federico García Lorca una vibrante endecha a la virilidad. Y también, desgraciadamente, además de una estética de torero de copla, todos los ingredientes para colonizar las portadas del “Hola”. Hay torpeza en la segunda tanda de derechazos. Nada de nada en su intento con la zurda. Nuevo intento con la izquierda en que asoma una prodigiosa muñeca capaz de rematar medio pase con un mínimo giro. El toro no era “Dalia”, el dije de Victoriano del Río, que le propiciara, el año pasado,  los elementos de una faena de nardos y alhelíes, dicho sea en virtud de mi derecho constitucional a la cursilería. El caso es que algo más pudo haber sacado. Imposible ignorar que allí hay mucho torero. La estocada es emocionante, Manzanares se cuelga del pitón  y la deja arriba, sin perder la muleta. Tengo la sensación de que es la primera vez que esto ocurre, al menos en lo que tengo visto de Feria. Cucho me conmina a señalar que “Lastimero” muere en chiqueros.

“Maleado”,  el negro tercero sale bien presentado. Tres verónicas sueltas de Talavante, de buena factura y con los pies juntos. “Rien de rien” en la primera vara. La segunda desencadenará la cantinela de la feria: “¡Picador, qué malo eres!” ruge la grada. Primera tanda de derechazos de Talavante, Un pase excelente. Luego el atroz descoloque. El silbido de Cucho me taladra los tímpanos. Antes incluso de que me pueda reponer del susto, allí abajo, en el ruedo, como un obediente soldadito de plomo, Talavante ha rectificado presuroso la posición. ¡Qué Homero sabrá cantar un día los poderes mayéuticos de la andanada del 9! La faena itinerante de Talavante, cortésmente iniciada a nuestros pies, en los bajos del 9, terminará en el 3. Un pinchazo sin soltar, estocada caída y también en este caso muerte indigna en chiqueros.
 
“Almirante”, 633 kgs, negro, cornivuelto y trapío serio, se encuentra con un Juli que me parece pelín sonámbulo en los lances de recibo. Primera vara tapando descaradamente la salida. Quite por chicuelinas vulgares de El Juli, pero con  inspirado y jaleado remate. Buena segunda vara de Salvador Nuñez. En  banderillas, Álvaro Montes y Fernando Pérez salen muy apurados de sus pares ante la increíble abulia de Talavante. Nueva intervención atronadora de Cucho que sermonea a Talavante y le dicta sus obligaciones durante  la lidia. Y en el tercer par, movido por un resorte, Talavante se anticipa como un rayo a la necesidad del quite. Como la cosa siga así, el de Badajoz va a quedar para el sofá del sicoanalista. Excelente inicio de faena de El Juli. Tras una tanda más bien precaria, nos sale un Juli colocado y con temple del bueno. Los pases le salen rematados atrás, alguno ceñidísimo y rebozado con el toro. Un gran pase de pecho cambiado seguido de  otro obligado e interminable.

 El Bombero no ha dejado en toda la tarde de zaherir al de San Blas y de mantener, uno contra 24000, un reñido duelo con el conjunto de la plaza. El ritual está basado en la conocida estructura dual del canto gregoriano y del Gospel Song, o sea canto individual seguido de respuesta colectiva, en este caso con hostil cachondeo. Ante la inesperada calidad de El Juli ¡se calla! ¡Lo juro por la gloria de mi madre! El final de la faena nos ofrece una extraña mezcla de poderío, con excelentes y seguidos cambios de mano alternados con un encimismo de pitón en la ingle tirando a pueblerino. Estocada hasta la bola pelín caída.  Cae la oreja y vuelta clamorosa “recogiendo prendas” que decían los críticos antiguos. En cambio no sé qué porcentaje del apéndice se debe a la calidad de la faena y qué porcentaje a la voluntad de las turbas ignorantes de castigar al incorruptible Diógenes de la andanada. Aletheia, la verdad de los griegos, aletea en las saetas que el incansable Javier opone, desde las alturas, a la beocia hostilidad del rebaño acomodaticio.
 
A “Malhumor”, el negro y bien presentado quinto, le instrumenta Manzanares media docena de verónicas con real empaque rematadas con una media verónica alargada o “arrebolerada”, soltando la mano. Luego, llega para mí lo mejor de la tarde: primero una larga afarolada, luego un bellísimo galleo por chicuelinas que deja al toro primorosamente colocado. Buena vara, la primera de Pedro Morales “Chocolate”. Manzanares coloca al toro para la segunda con una suavísima larga cambiada. Buena vara de nuevo a un toro flojo. El quite torpón de Talavante –no fue ayer su día– se salda con dos costaladas del triste cornúpeta. El toro rueda de nuevo por los suelos al inicio de la faena de muleta. Nada interesante puedo contarles sobre dicha faena y confieso que la rica tertulia de la andanada me distrajo un momento de mi deber crítico impidiéndome contarles los últimos momentos de “Malhumor”. A cambio les puedo comentar que merced a sus excelentes prismáticos Javier el Bombero nos tuvo informados durante toda la tarde, con pelos y señales, de las distintas bebidas, espirituosas o refrescantes, que absorbiera desde el burladero de la empresa, Monsieur Bernard  Domb, más conocido como “Simón Casas” y gestor de Las Ventas.
 
Y en éstas que salió al ruedo el bien mal llamado “Carretón”, último de la tarde, para confirmar la gravedad de los problemas freudianos a que parecía ayer enfrentarse Talavante. El extremeño recibió al toro con idéntica serie de verónicas que Manzanares en el toro anterior y rematada de la mismísima manera, pero todo en calidad muy menor. Hubo inicio de faena prometedor, sonó en la andanada el “¡p’adentro!” de las grandes esperanzas y al final ná de ná. Pinchazo sin soltar; estocada desprendida y tendida.
 
Las banderillas de hoy fueron todas muy requetebonitas, muy goyescas todas ellas y enhebradas en bolas de colores. Me refiero al objeto, a los garapullos, los rehiletes, los palitroques. Lo que son los pares, no hubo ni uno reseñable en todo el festejo.

Al final Cucho nos enseñó fotos y vídeos de sus vacaciones en Islandia. ¡Qué bien y qué fresquitos nos sentimos de pronto, por primera vez en toda la abrasadora tarde canicular!

 Don Simón en el callejón...

 ...y el cosmopolita Tío Jindama en el Balcón

 Entre mulas, areneros y alegrías
calienta el torero de Matilla
Solo Dios pudiera hacer tanta belleza
y es imposible que puedan haber dos
Y todo el mundo sabe que es verdad
y lloran cuando tienen que marchar

En las tardes soleadas de corrida
la gente aclama al Manza con fervor
 
 Julián de San Blas toreando en la distancia que él desearía para sentirse Importante de verdá

 El cronista

 Julián recibiendo con su gracejo a un victoriano con divisa de lujo

 Burladero de los benhures de la mula a rebosar: no hay billetes

 Rehiletes de luxe

 Importante (casi incorpóreo) julipié

 Tercio de excusas

 ¡Fuera el sardo de granja!

 Otro julipié importante a otro incorpóreo torete de granja

Mitos



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El mito más chocante en el Relato Oficial de la Transición es el del “harakiri franquista”: los jóvenes se imaginan el pelotón suicida de “La vida de Brian”, y se descojonan.

    Si se suicidaron, o eran tontos (y nadie quiere venir de un tonto) o eran generosos (y entonces no eran malos). Pero si no eran malos, ¿cómo podían ser franquistas? He aquí el dilema psicológico que empantana a los profesionales de la Transición.

    Tocqueville (¡tirad vuestro Ónega y coged vuestro Tocqueville!) explicó el mito del “harakiri político” en “El Antiguo Régimen y la Revolución”: los representantes del primero pusieron en marcha el proceso que los aniquiló, aunque los representantes de la segunda fueron tan insensatos que no sólo no rompieron con el Antiguo Régimen, sino que lo prolongaron.

    En España, la codicia de los que llegaban se ajustó como un guante Varadé a la generosidad de los que estaban, a cuyo miedo se le llamó moderación.

    –Encuentro por todas partes a esas gentes moderadas que querrían que los pasos hacia la verdad se dieran de uno en uno –anota el abate Sieyes–. Dudo que sepan lo que dicen. Confunden el paso del administrador con el del filósofo. El primero avanza como puede; si no se sale del camino, todo son elogios. Pero ese camino debe ser trazado hasta el final por el filósofo.
    
El 1977 español vino a ser el 1830 francés: el triunfo definitivo y completo de la clase media, ese invento franquista. En palabras de Tocqueville, poderes, privilegios y prerrogativas se encontraron encerrados y amontonados en los estrechos límites de aquella clase, que, además de ser la única dirigente de la sociedad, se convirtió en su arrendataria: se colocó en todos los cargos, aumentó prodigiosamente el número de estos y se acostumbró a vivir casi tanto del Tesoro público como de su propia industria. Hasta que llegó el 48, con los curas jurando haber encontrado en el Evangelio el dogma de la igualdad.

    –Y entonces a todo el mundo le dio por descender de un palurdo.

Sábado, 17 de Junio

Vallede Esteban

Me han invitado para ir a torear a Colombia.
 Si puedo sacar de allá dos tractores que necesito aquí, iré.
Juan Belmonte

viernes, 16 de junio de 2017

Votar o no votar

 
Jarcha
 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Porfiaba antier un servidor por los días de las votaciones a comienzos de la Transición y un quinto tuvo que corregir la decrepitud de mi memoria, recordándome que no pude votar la Constitución porque en 1978 sólo teníamos 19 años. Tengo contado que con 18  ya era un “productor” con nómina y que una ingenuidad beatífica guiaba los actos de toda mi cuadrilla. Juanjo me llevó a una casa de La Quinta donde un tipo con barbas aleccionaba a Julián y su mujer, primeros militantes de un Movimiento Comunista principalmente obrero y reacio a las componendas de Carrillo y la Pasionaria, en el arte de la subversión, con los que amontoné octavillas en el salón de un piso de las Mil Viviendas. Nos sentíamos conspiradores dispuestos a acabar con el Capitalismo criminal y aquel guirigay que regábamos con abundante clarete al atardecer se ve que me ha tenido confundido hasta este mismo año, convencido de una contumacia en el voto que al pasar lista me revela que lo que no pudo ser no pudo ser y además es imposible. ¡A cuántos habré dicho que voté la Constitución confundiendo, con los años, mis octavillas en los buzones con el voto en la urna!
      
Juraría que fui de mucho votar, más atraído por el propósito de cambiar el mundo que por la novedad en España, pero, ordenando mis recuerdos, quiero pensar que, correctamente, sólo pude hacerlo entre el 78 y el 86, y si descontamos el 82 por andar de cantinero en Salgüero, donde no estaba censado, y creo que el 86 por estar provisionalmente de funcionario en Madrid, donde tampoco, sólo quedan las elecciones a alcalde y a la Junta de las que no recuerdo nada. Me suena entrar en el Rodríguez de Valcárcel, pero no estoy seguro. De lo que no me cabe duda es de que me quité del vicio a partir del 86 por múltiples y descorazonadores motivos. Entre los más importantes, la infinidad de macarras que han vivido, viven y vivirán de prostituir la democracia, dicho sea con el respeto debido por todos aquellos que el “asunto” nos pilló trabajando y trabajando seguimos.
       
El que uno ya esté “gagá”  no quita para que me haya parado a pensar sobre aquella mayoría de edad, 21 años, de las primeras elecciones en las que podíamos trabajar, pero no votar, y la que las nuevas tendencias “¿democráticas?” reclaman, proponiendo votar a las “criaturas” de 16 años a las que se prohíbe trabajar. Democracia, dicen.

     Dicho queda, en desagravio propio por mantenerme en el error alrededor de 25 años. No. No voté la Constitución.

Curpillos

Curpillos
Burgos

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Curpillos, que se celebra hoy, es la fiesta burgalesa (única en el mundo) para quienes en Madrid ayer nos quedamos sin Corpus.

Aún veo a Gustavo Bueno contándole a Hughes en su última entrevista cómo la Iglesia la tomó con Galileo por el atomismo (¡no por el geocentrismo!), pues dificultaba el dogma de la transustanciación, y así desvió la atención con la astronomía, ya que temía más la negación del Corpus Christi, esencia del catolicismo.

Pero un día –se escandaliza Bueno– el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus Christi como fiesta obligatoria. “Esto es la revolución”, pensé. ¡Y no se han dado ni cuenta!
En Burgos, hoy, se desfila en Las Huelgas (con el pendón arrebatado a Miramamolín en las Navas de Tolosa) y se baila en El Parral, mientras en Madrid todas las flores mediáticas son para el “corpus” de una Transición de la que hablamos como de otra Pepa (¡Pepa la del Popular!, si el Popular fue el banco de la Transición), jamona… y cuarentona.

El Renacimiento y la Reforma, recuerda mi ensayista, se jugaron entre humanistas (ahora periodistas) y frailes (ahora profesores) cuarentones.

¡La Transición de la Dictadura a la Democracia! –dicen periodistas y profesores (saltándose a Aristóteles y a Polibio, que tampoco importan a nadie) en TV.

Por tratarse de un caso único en la Historia, se llama “milagro”.

Del tabú de la dictadura al tótem de la democracia.

“Tótem y tabú” es una teoría de la transición desde la tribu simiesca a la comunidad humana. Según la teoría, esta transición se verifica a causa del pecado original de parricidio, a resultas del cual toda la comunidad queda vinculada por prohibiciones y sometida a la carga inconsciente de la culpa colectiva.
Estas cuatro líneas de Roger Scruton sobre el libro de Freud explican el relato oficial de la Santa Transición mejor que toda la propaganda mediática desatada para festejar aquella época-esquina de la Historia, absurda, incongruente y fantástica que puso un huevo y fue… la Movida.

Curpillos
Burgos

Viernes, 16 de Junio

Valle de Esteban

Sí, señora, he entregado a mis hijos al orfanato... conocéis mi situación.
Rousseau

jueves, 15 de junio de 2017

15 de junio de 1977

 Volney nos llevó a Palmira, donde ya nada es igual



Francisco Javier Gómez Izquierdo

        En 1977 yo tenía 18 años y el 15 de junio vi votar por primera vez. En 1977 los mocetes estábamos muy politizados y casi todos nos creíamos comunistas. Uno, que  se estrenaba de obrero  en CYFISA, no podía dejar de pertenecer a la clase proletaria en la que militaba el padre que había regresado de Francia. Nunca me he apuntado a nada, pero, en aquel entonces, escuchar arrobados a personajes que creíamos mártires laicos, no sólo era moda sino ejercicio obligatorio teniendo en cuenta la edad.

       Era el mayor de seis hermanos y recuerdo perfectamente que con 18 años fui consciente de que debía contribuir, si me era posible, al sostenimiento de una casa en la que por las tardes, y para hacer frente a tanto gasto, los hermanos cosíamos zapatos para la fábrica Comanche. El progresismo de hoy acusaría a mis padres de explotación infantil y hasta haría una ley para meterlos en la cárcel.
      El caso es que, acabado el COU, entré en CYFISA de “productor”, según ponía en la nómina, y voté como correspondía a un obrero de Gamonal. De CYFISA, recuerden los radiadores Garza, a la que ayudó a tumbar un sindicalismo feroz e inmisericorde, pasé a la San Miguel, y poco antes de ir a la mili (octubre de 1979) supe que no me volverían a llamar. Creyéndome un valiente sin pasar de un prescindible eventual puse una noche en el vestuario unos carteles del MC y una queja justa por no cobrar nocturnidad. Al día siguiente me llamaron a capítulo y me oscurecieron el futuro sin que el sindicalismo o mis compañeros tuvieran conmigo el mínimo detalle.  En 1979 empecé a dudar de muchas verdades que tenía por absolutas. La mili del 80 en S. Sebastián, sembrada de muertos y heridos, me acercó a viudas y huérfanos (con el Tcol. Motos, que tenía doce hijos, estuve una hora antes de que lo asesinaran) y lecturas mucho más sabias de las que me entusiasmaron entre el 75 y el 79 alumbraron mi cerril ideario. Recuerdo aquellas prohibidas Ruinas de Palmira de un tal Volney que devorábamos con enfermiza devoción. El 23 de febrero de 1981, recién licenciado, estaba cosiendo zapatos con mis padres y en la radio votaban los diputados al presidente Calvo Sotelo. Mi madre dijo “otra guerra, no, por Dios y la Santísima Virgen”. Yo, que había visto a Su Majestad el día de Reyes y a Rodríguez Sahagún pocas semanas antes en Loyola, até cabos y me dije: “Cuánto odian todos a Suárez”.

      No tengo estudios ni conocimientos de política. Soy un “currante” desde los 18 años. Aprobé una oposición para bachilleres de mi época mientras trabajaba por la noche en la lonja del pescado de Burgos y he visto muchas cosas porque las casualidades me pusieron cerca de ellas. Por eso me atrevo a decir que a Adolfo Suárez no le querían ni los suyos. Arrasó en 1977, pero a partir de ahí no ganó para disgustos. Disgustos de la derecha, la izquierda, el Ejército, el Rey... Dicen algunos que se los tenía merecidos, pero lo que creo que es innegable es la gran superioridad intelectual de aquellos hombres públicos con respecto a los que hoy viven de muchas narices a costa de la política.
   
Dicen que Pablo Iglesias, uno de los vividores que tratan como prostituta a la democracia que babeaba aquel 15 de junio, es profesor de Universidad y que lo es legalmente. Que sus capacidades y conocimientos han pasado los baremos pertinentes, pero a mí Pablo Iglesias no se me parece en nada a Don Godofredo o Don Apolinar, maestros de los que ya no hay. Por lo que le tengo  oído, si a Pablo Iglesias le hubiera pillado el 77, nos lo hubiéramos encontrado en el Rastro vendiendo ocarinas y por  las tardes en un piso de estudiantes explicando a cuatro ingenuos como el que uno era entonces el funcionamiento de la célula. Creo que el mozo no está para mucho más, pero parece ser que no. Que así como el tío es profesor con muy pocos conocimientos quiere ser presidente del Gobierno, aunque no le vote lo que él llama "gente". Sabe cosas de la democracia que a los que teníamos 18 años en 1977 se nos escapan.

15-J: de Franco a Walt Whitman


Estos días azules y este sol de la infancia...

15-J

Curro Fetén

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Con la gracia de Curro Fetén (el único politólogo serio que he conocido en estos cuarenta años), la moción de censura comunista podría titularse así: “En la Feria de Pablemos, Ana Oramas ha puesto una caseta”.

Si un león pudiera hablar, no lo entenderíamos –dijo Wittgenstein, un loco del lenguaje.

En la moción han hablado los dos leones de las Cortes, Pablemos y Mariano, y no les ha entendido nadie.

¡Mi patria es la democracia! –gritó Pablemos.
La mía es la división de poderes –vino a contestarle Mariano, quien supone que “división” es igual que “separación”.

Oírles hablar de democracia (y no se les cae la palabra de la boca) es como ver a los salvajes de Camba discutiendo de la chistera que la marea llevó a su playa.
La chistera de la democracia llegó a la playa de España hace hoy cuarenta años. De aquel día lo que mejor recuerdo es la noche: Lola Gaos (¡la Libertad guiando al Pueblo!) dando vivas a un socialismo de cien diputados subida a un camión de la basura en la calle de Santa Engracia, sede, entonces, del Psoe, cuyos peces gordos (y no es alusión a Peces Barba, quien todavía dudaba entre Habermas y Maritain) acabarían en poco tiempo con los precios de la vecina taberna de San Mamés, que puso el besugo por las nubes.

Pablemos dice que la palabra “dictadura” (aun la del proletariado) mola menos que la palabra “democracia”, por lo que en la lucha política hay que disputársela al enemigo, que hoy es Mariano, quien ignora la diferencia teórica entre democracia y partidocracia, pues no ha leído a Leibholz (cosa que sí hizo Fraga), teórico de ese Estado de Partidos genialmente descrito ayer por Hernando:
Mire, señor Iglesias, que no se da “usté” cuenta, y podríamos hacer cosas juntos, que ésta es la legislatura en la que hay más oportunidades para todos.
En la partidocracia, los jefes mandan más que en la democracia. Más, incluso, que Luis XIV, y por eso toda Europa corre a apuntarse (allez allez, Macron!) al Weimar de frau Merkel.

Jueves, 15 de Junio


A falta de ideas, los españoles nos ofrecen pitillos.
Alberto Guillén

miércoles, 14 de junio de 2017

El salami

Fuego en el cuerpo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los Pablemos (Pablo e Irene) tienen más marketing (las teles de Casals), pero menos glamour, que William Hurt y Kathleen Turner, y su versión comunista de “Fuego en el cuerpo” en el Congreso es basurienta.

La pinza, según María Soraya, "funciona de cine", pero ni el comunismo podía llegar a más ni el marianismo a menos.

Desengáñense –decía el flautista Salvador Boix, apoderado de José Tomás,  a los críticos taurinos–: el toreo es marketing y glamour.
En España el comunismo es marketing de Franco, que en el 50 dejó de culpar a los masones para culpar a los comunistas, y glamour (luto español) de Ibárruri. Ni una mala palabra ni una buena acción.
¡Abajo la República burguesa! –fue el grito comunista en el 31.
En el 36, y en palabras de Joaquín Maurín, el PC era “populachero, demagógico y comunista sólo de nombre”:

A mediados de julio de 1936 correspondía al PC: 1) Misión: convertir a España en una dependencia rusa; 2) Historia: lamentable, negativa; 3) Éxito: ninguno, salvo el Frente Popular, puramente electoral; 4) Fuerza sindical: nula. 5) Proyección intelectual: nula; 6) Fuerza obrera proporcional: 2,5 por 100. 7) Representación parlamentaria: 3,5 por 100. 8) Líderes: Droz (suizo), Codovila (argentino), Rabaté (francés), Stepanov (búlgaro)… Después, nada. Y un poco más allá, Díaz e Ibárruri.
Sobre la actuación del PC en la guerra es una pista que Stalin, que no quería testigos de sus manejos en la contienda, fusiló a todos los comisarios relacionados con España.

“Gobierno Negrín, ¿dónde está Nin?”, pintaban los poumistas en las paredes de Barcelona. “En Salamanca o en Berlín”, escribían, debajo, los comunistas, siempre con buena mano para el humor negro.

En junio de 2017, los pecios de aquella siniestra ideología aspiran a la hegemonía en nuestro Estado de Partidos mediante lo que el húngaro Mátyás Rákosi llamó “táctica del salami”: comerse el poder a rodajas en vez de querer tragarlo todo de una vez, pretensión de Pablemos en enero del 15.

Mátyás Rákosi