sábado, 27 de mayo de 2017

Sábado, 27 de Mayo

Valle de Esteban

¿Cómo podemos contenernos cuando el presidente adopta una actitud como si estuviera señalando las estrellas del cielo y declara que el darwinismo es una teoría científica que durará eternamente?
Chesterton

viernes, 26 de mayo de 2017

Los pimpolludos



Hughes
Abc

Es la foto que ha colgado el presidente de los liberales europeos, de nombre impronunciable. Son Trudeau, el cosmético Macron, Bettel y Charles Michel. Han sido bautizados como los “gamechangers”. Son como Curry, la agarran y cambia todo. Mismas reglas, otra cosa.

La foto tiene algo visual muy potente, que se dice ahora. “Potente” o “brutal”. Hay una felicidad y una conformidad repulsivas. Jamás he sentido una emoción anti élites, pero ahora sí, podría empezar a sentirla. Sus sonrisas llaman íntimamente a la guillotina. La juventud sonriente, brillante, bien formada y casi homoerótica de estos liberales pimpolludos es rara. Son todos parecidos. Cero diversidad. Son productos humanos en serie. Patricios, blancos, suaves, frívolos. ¡Que se diversifiquen los otros!

El centro es como una sexualidad. Los centristas son como bisexuales de sí mismos.

La imagen me ha recordado al PP. Ese refresco generacional que Rajoy se sacó de la manga con Casado, Maroto y Levy (nombre de razón comercial). Puede decirse que Rajoy se adelantó a la jugada con ese plantel de Nueva Política. Ahí los puso, a “jovenear”. Se le critico, pero la verdad es que pasado el tiempo se vio que sí, que iba a ser eso.

La sonrisa de Rajoy en las fotos, que no es nunca sonrisa sino una especie de espantada mueca rumiante, es ahora muy sustituible por la sonrisa de Rivera. Rajoy empieza a estar ya amortizadísimo rodeado de retratos así. Su careto rechina como un pasado ideológico. Qué bien quedaría ahí Rivera ¡con su sonrisita de waterpolista! No es la corrupción, que le da igual al copartícipe pueblo español. Es la sonrisita socioliberal, socioprogreliberal, sociodemoprogreliberal, extremo centrista la que no le sale ya a Rajoy.

Esta gente tiene en común que sabe sonreír y que dicen una cosa y la contraria. No negándolo, que eso sería dialéctica y bla, bla, sino superponiéndolo.

El liberalismo pimpolludo es tan lácteo, tan mamatorio, tan mofletudo y querubínico que puede no ser suficiente. Pese a su juventud, no parecen ser seres humanos que empiecen nada, sino productos rematados de algo anterior que salen como de un laboratorio ideológico por reproducción asistida entre lo académico y lo corporativo.

Hay algo de genealogía truncada en ellos. Como una cierta esterilidad que contrasta aún más con su buen aspecto.

Los líderes

Max Weber

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Después de ver a Talavante en un tris de tomar el olivo en Las Ventas perseguido por un cuvillejo (¡una liebre detrás de un galgo!) contra el que acababa de sacudir las migas del mantel que es su capote, he vuelto a Max Weber y su teoría del liderazgo, castizamente resumida por Curro Fetén:
Para ser figura del toreo hay que mandar, y aquí no manda nadie. Y si manda, aquí no llega.
No hay líderes en los toros, y como los toros son la continuación de la política por otros medios, tampoco los hay en la política. Una pena, porque, al decir de los antropólogos, el mantenimiento de la autoridad del Estado depende de las ideas supersticiosas de las masas, que tienen la creencia de que sus líderes pertenecen a un orden de humanidad más alta que ellos mismos.
Con la regleta de Max Weber en la mano, el único “líder carismático” que anda suelto es Trump, el emperador. May es “líder legal”, y lo demás, simples jefes de partido (Merkel, Mariano), pues Macron, ni eso, dado que carece de partido.
El marianismo es como una consultoría de abogados de pasillo con un folio en la mano para refutar a Von Ihering (“la espada sin la balanza es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada es el derecho en su impotencia”) en lo de la sedición catalana, contra la cual no piensan aplicar… “medidas coercitivas”. Pero, sin coerción, ¿para qué queremos ley?

Y el macronismo, al decir de Macron, es una filosofía ¡La filosofía del interfaz! Todo el “interfaz” que hace falta para ir por el mundo de “le coq” comportándose como un “poulet” que el domingo jura el cargo con un programa económico y el lunes rinde pleitesía a frau Merkel, que se hizo una pajarita con la hojilla. “Poulet” de veleta, mirando hacia donde empuje el viento, que sopla desde la nación vencida, Alemania, a la que América le puso un estanco, la UE, para tenerla entretenida. Ike se empeñó en dar el papel de vencedora a Francia, pero De Gaulle sólo habría sido la hoja de parra de Vichy.

Hay que releer a Belloc.

Decimetercera de Feria. A Julián le crecen los enanos (léase los jóvenes)

Tres eran tres...
y ninguno era bueno


José Ramón Márquez

Llegando Julián, no falla, siempre hay cosas. Es que no falla. Para su única actuación en San Isidro no se vayan a creer que el chiquitín de San Blas buscó la confrontación con Manzanares o con Talavante o con Ponce o con Roca, nada de eso. Como se le va pasando  el arroz y por edad ya le tocaría ir abriendo carteles, que nació en el 82, el año del indulto de Belador y de la corrida del siglo, se ha buscado la triquiñuela de poner a uno al que dar la alternativa para que se coma el inicio de la tarde, romper el frío y hacer de prólogo, y como quien hace un cesto hace ciento pues su magín caviló que, ya puestos, mejor dos que uno y el tío se montó una corrida ad hoc con dos actuaciones en el papel de poderdante lo cual le abría ampliamente, a su modo de ver, las posibilidades de poder franquear la Puerta Grande de Madrid subido en el cogote de un capitalista. Parece ser que su obsesión es abrir al precio que sea la Puerta Grande de Madrid; lo mismo que el Capitán Cook estaba obsesionado por llegar más lejos que ningún hombre, Julian el Poderdante está obsesionado por tener al menos una Puerta más que Morenito de Maracay, inolvidable Pepe Nelo, con quien hasta el momento está empatado en salidas como matador.

Para que el contubernio fuera completo hacían falta dos toreros, que en este caso fueron Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, un Presidente que tenga un hijo torero, en este caso don Justo Polo, un adiestrado tiro de benhures de la mula que hayan educado a los animales en el paso milímetro a milímetro, en el llamado paso de la ameba y, además, un anónimo colaborador que tarde lo suyo y más en abrir la puerta de arrastre por donde deben salir los benhures. De todo eso dispuso el Julián, convencido de que sería capaz de descerrojar la salida a base del llamado “una más una”: esa fórmula que ha dado tan buenos resultados para ir colando, como quien no quiere la cosa, salidas triunfales de bajo vuelo y nulo recorrido. La ocasión estaba diseñada como la Operación Overlord y aunque la cosa salió más en plan Operación Over and Over (again), nadie puede negar la alambicada urdimbre que se trajo Julián de su casa a ver si era capaz de echar abajo la puerta ésa que, al decir de los que le conocen, tantísimo le obsesiona. Los toros, de Alcurrucén, que es ganadería muy larga y con multiplicidad de productos; encaste Núñez, como es bien sabido.

El primero, Fiscal, número 25, le tocó a Álvaro Lorenzo, de Toledo, nuevo en esta Plaza. El animal arrebató el capote de las manos al matador en los lances de saludo y tras un aceptable paso por las manos del jinete y de los rehileteros se dispuso a dar su Do de pecho en la muleta del toledano. Antes asistimos a la proyección de El Padrino Parte I al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y zalemas usuales en estos casos. La cara que presenta Álvaro Lorenzo es la que se esperaba en la tarde de hoy, otro torero más en cuyas maneras no se percibe rasgo alguno de personalidad, anegado en la escuela del neotoreo. Como es habitual plantea su trasteo por afuera, al estilo de los aficionados prácticos, y entre sus muletazos va cosechando una gavilla de enganchones que deslucen su labor ya de por sí poco lucida. Da la impresión de que ni él mismo sabe a qué ha venido, acaso superado por las emociones de tan crucial tarde para él. En un derrote Fiscal le quita la muleta, la herramienta de trabajo, y mientras Álvaro Lorenzo deshoja la margarita de su primero Julián en el callejón se retuerce toreando de salón para sí. El final de la actuación de Lorenzo termina en arrimón, como nos imaginábamos, trata de dar el invertido pero el toro dice que nones, se queda clavado en la pala del pitón en un parón y finalmente deja un bajonazo en las carnes de Fiscal como para llamar a la fiscalía.

A continuación le toca su cameo a Castañuela, número 91. Julián decide demostrar su poderío, tan cantado por los rapsodas, y despliega su capote para demostrar que se puede ser poderoso incluso cediendo el terreno al toro. Castañuela sale corriendo ante tal despliegue de poder y corre hacia el picador de reserva, que le sujeta, y luego dándose una carrera hasta el de tanda a su libre albedrío para hacer ver que Julián no estaba por lo de la dirección de la lidia. En banderillas se pone de manifiesto que una buena cuadrilla cuesta dinero y que Julián no está dispuesto a pagarlo. Después asistimos a la proyección de El Padrino Parte II al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y otras zalemas. Julián se lo saca… ¿con poderío? hacia el tercio y sigue en su línea de poderío construyendo su faena a base de poderosos derechazos bien por las afueras y de series dadas porque sí, como mera demostración de poder, a condición de no cargar la suerte, que eso resta poderío. Luego el toro le quita la muleta, la herramienta, pero eso no es importante porque ahí está Julián con sus carreritas, aunque hoy ha hecho menos que otros días, toreo de runner, pasándose el toro lo más lejos que puede y dejándolo por allá, ensayando el invertido, recorriendo todas las partes de la Plaza, un ratito aquí, otro ratito allá, para, finalmente, recetar un julipié caído, que la bondad del pueblo convierte en la primera oreja del 1+1 con la ayuda principalísima de los benhures de la mula.

Asoma un castaño y ya sabemos que en el ruedo está Favorito, número 60, de carácter algo parado y distraído, que lo que queremos es ver cuanto antes la proyección de El Padrino Parte III al lado del burladero del 9, esta vez con algo de frialdad en los modos. El poderdado es Ginés Marín, de Jerez de la Frontera, nuevo en esta Plaza. Ginés plantea la misma tauromaquia que Julián, pero con bastante mejor tipo. Donde Julián es bajito y culibajo, Ginés es esbelto y elegante; donde Julián es tosco y basto, Gines es fino y delicado; donde Julián es mayor, Ginés es joven. Lo del muleteo, lo mismo que los anteriores, con las salvedades dichas y pondremos aquí el cite en cinco fases: 1) ponerla donde el toro no va, 2) moverse a donde se sabe que tampoco va, 3) moverse a donde el toro se da por enterado de la presencia del torero, 4) ponerse donde el toro va a ir, 5) citar y comenzar la serie. La cosa acaba con una ensalada de medios y cuartos de pase… un perfecto julibis con mejores hechuras. Un pinchazo desprendido, un pinchazo tendido y luego otro y un descabello acabaron con Favorito.

Antes de asistir a la proyección de El Padrino Parte IV al lado del burladero del 9 ya con evidentes signos de hartazgo de tanto toma y daca, vimos las fatiguitas que paso José Antonio Barroso para hacerse con los mandos del aleluya que montaba en las dos entradas al caballo de Cornetillo, número 177; lo de las banderillas es inenarrable. ¡Menuda cuadrilla la de un figuras como Julián! Y es que para tener una buena cuadrilla hay que pagarla, Julián. La faena, como es costumbre, basada en ejercicios lumbares, carreritas, echar el toro como quien tira una servilleta en el suelo de un bar, ratonería con quinquenios y de pronto, oh, milagro, un natural, un auténtico y buen natural de Julián, que anotado queda. Después aguanta un terrorífico parón en el que el torero está en la oreja derecha del toro, toda la cabeza pasada, que entusiasma a las gentes. Ya casi puede tocar Julián la llave de la Puerta Grande: el 1+1 ha funcionado, pero hay que matar y ahí se le atraviesa el julipié, pinchando, luego otro dejando una baja trasera. Todo se enfría y Julián se queda sin su Puerta 1+1, porque 1+0 es 1.

Allá se fue Álvaro Lorenzo a practicar el toreo, o lo que sea, con el quinto, Peleón, número 170 un Núñez muy ensillado al que los peones habían dejado como un acerico con banderillas por diversas partes de su corpachón. Después de Julián Lorenzo brilla porque aunque la faena que propone es la previsible faena post-juliana basada en la ausencia de verdad tiene mejor tipo y es más fresco en su destoreo, al ser más joven. Termina con el Canónico arrimón que todos hacen a los toros que no inspiran miedo y lo mata de una gran estocada, marcando tiempos lentamente y dejando una entera hasta la gamuza ligeramente atravesada. La estocada de la feria hasta ahora, porque no ha habido otra.

Y de postre ahí tenemos de nuevo a Ginés Marín, esta vez con Barberillo, número 117, toro corto que apenas si cumple en varas y de óptimas condiciones para la muleta, con una bonita embestida y un tranco alegre, nada cansino. En este toro se revela la inteligencia de Ginés, que en seguida ve las condiciones del toro, sus ganas de embestir a la distancia, su manera de meter la cara y, sin dudarlo, pone en marcha una faena basada en los mismos principios que todas las del resto de la tarde con dos derivadas, que diría un tertuliano de la radio: de un lado la inteligencia del torero en hacer series muy templadas, verticales y muy bien ligadas, con el toro siempre en movimiento, que es lo que más puede gustar a los públicos actuales, y a continuación finalizar la serie en una fantasía de tres o cuatro remates consecutivos, una trincherilla, un molinete, uno del desprecio y uno de pecho pongamos por caso. El chico pone en ebullición la Plaza con esa claridad de ideas y tiene la cabeza fría como para juntar sus cuatro o cinco series, todas de similar jaez, y en seguida ir a por el acero, dar otra serie de similar remate de fantasía y luego una estocada baja que tira al toro y pone en sus manos las dos orejas que vino Julián a buscar. Ginés, no nos engañemos, ha toreado sobre los mismos argumentos de Julián, pero ha sido capaz de amalgamar a la perfección una faena inteligente y a favor de su obra de la que su valor más elevado es su condición densa, con algunos retazos de calidad algo incierta.
Se fue Julián por la puerta de caballos. Junto al burladero del 9 a Ginés Marín le esperaban las anchas espaldas del Yiyo de Yunquera de Henares para sacarle a hombros hacia la calle de Alcalá, a cumplir su sueño.


Julianidad incorpórea

Metáfora del julianismo

Viernes, 26 de Mayo

Valle de Esteban

Nadie que sepa algo sobre los albigenses sentirá que no lograran llevar a cabo sus teorías pesimistas.
Chesterton

jueves, 25 de mayo de 2017

Expectativas

"Tras mucho peregrinar, el populismo estrecha por fin la mano firme de un líder serio"

Hughes
Abc

Hace unos días, el NYT informaba sobre el impacto económico de la división política en Estados Unidos. La Universidad de Michigan ofrece un dato muy concreto: la diferencia entre los índices de confianza económica de los consumidores demócratas y republicanos tras la elección de Trump. En años electorales, la historia reflejaba diferencias de 16 y 17 con Reagan y Obama. En el “año Trump”, la divergencia es llamativa. Más de 70 puntos de “confianza” separan las expectativas de demócratas y republicanos (o, llegados a este punto, trumpianos y contrarios). Para unos, la economía está al borde de la recesión; para otros, cerca de un boom de prosperidad.

La sostenida campaña de los medios contra Trump tiene un efecto depresor que refrena el optimismo económico del presidente-empresario. Detrás de las expectativas, de su formación, hay una guerra informativa y política semejante a la guerra cultural. Estos niveles de confianza tienen consecuencias reales, pues inciden en el gasto y la inversión. Es muy curioso el momento: un forcejeo entre ilusión y miedo que equilibra un estado de incertidumbre.

Nos interesa esto también porque llevamos meses oyendo cosas muy extrañas (propagandísticas, mayormente) sobre la “racionalidad” del votante. La racionalidad del consumidor, que se juega su dinero, incorpora los “animal spirits”. Incorpora expectativas y juicios muy personales que construyen estados de miedo, euforia, optimismo o depresión. ¿Es muy diferente la racionalidad política?

Ayer, por cierto, el premio Nobel de economía Robert Shiller señaló que era posible que la bolsa siguiese en su tendencia alcista durante los próximos años, hasta incrementar su valor en un 50%. Recomendaba a los inversores que se mantuvieran en el mercado bursátil. Este economista creó el índice CAPE, que relaciona el precio o el índice con el beneficio neto real medio los últimos diez años. Es decir, presenta el valor de la bolsa “depurado” del ciclo. Este valor es alto actualmente, un 29 sobre la media histórica de 17. Pese a esto (es augurio de menos beneficios futuros) el experto esperaba un crecimiento alcista.

Una condición puso, y es que se cumpliera la rebaja de impuestos a las empresas prometida por Trump.

Tener expectativas económicas, en cualquier caso, ya es mucho. Algunos no tienen ni eso.

Los dos conejos

Tomás de Iriarte

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los dos conejos (“tierra de conejos”, quiere decir España) es una fábula de Iriarte para ejemplo de los que por cuestiones de poco momento (dos conejos discuten si los perros que los persiguen son galgos o podencos) dejan lo que importa.
El tabarrón catalán ya está en la discusión (perdida) de si galgos o podencos, desobediencia o sedición, multa de tráfico o golpe de Estado.
Si no estuviéramos hablando de políticos, estaríamos hablando de un intento de golpe de Estado –declara la ministra María Cospedal.

En el marianismo de María Soraya y María Cospedal hay abogados del Estado (que conocen las leyes), pero faltan juristas (que conocen el fundamento de las leyes).
María Cospedal no conoce a Gabriel Naudé y sus consideraciones políticas sobre los golpes de Estado, según las cuales la esencia del acto político es el golpe de Estado.
En el siglo XVII, explica Louis Marin en su estudio de Naudé, se llama “golpe de Estado” al acto extraordinario a que recurre un gobierno para lograr aquello que concibe como la salvación del Estado. O sea, “una antigualla” que aquí no vamos a ver.
En el siglo XXI, “golpe de Estado” tiene, en cambio, el sentido restringido de empresa mediante la cual alguien cambia violentamente la constitución. O sea, “un imposible” que aquí tampoco vamos a ver.
Lo que vemos delante es un delito continuado de sedición al amparo de un perdedero político (donde se guarecen los conejos) constituido por un matorral de mala (o torticera, por necesidades del Consenso) literatura jurídica sobre galgos y podencos.

Para los romanos de Ulpiano, cuando alguien era sorprendido en flagrante delito de sedición, quedaba permitido el castigo, no por apresurar el correctivo, sino para prevenir el peligro. Pero ni Mariano es Ulpiano ni los socialdemócratas son romanos, aunque resalta Naudé que Antonio Leiva (con calle en Carabanchel) hizo dar un caldo envenenado a un coronel de lansquenetes en Pavía… por sedición.

El final podemos tocarlo.

Duodécima de Feria. Los pobres nietos de Idílico dieron un sustín a sus matadores en el capote

Tarde de Cuvillos
La linde de la peor Feria que se recuerda

José Ramón Márquez

Hoy no fue ni mucho menos el día de Talavante. Con la miel de romero que nos dejó en los labios el otro día con la faena al del Conde de Mayalde, el amo del cartel era el Camaleón de Badajoz, que aún no se han olvidado sus espléndidas maneras en la de la Prensa, y tardarán en olvidarse. La apuesta ganadora era hoy la del extremeño, que ni Juan Bautista ni Roca Rey están en condiciones hoy por hoy de disputarle nada a Talavante en Madrid, pero como tantas veces ocurre la bola no cae en el número que uno seleccionó o, peor aún, cae en la casilla blanca del cero, la banca gana. Primer día de auténtico ambientazo de San Isidro, con Plaza llena y en los carteles los tres que se han dicho más arriba y el ganado del Cuvillo, los famosos cuvis por los que se matan todos los que son algo en esto de los toros, la estirpe de Idílico, el indultado en Barcelona, el señor de las adelfas, muerto en extrañas circunstancias que acaso tienen que ver más con los costes de la manutención del animal que con su salud propiamente dicha.

Bueno… además de los toreros, que venían a hacer lo que Dios les fuese dando a entender, y de los cuvis, que venían a entregar sus vidas, vinieron hoy a Las Ventas seis misteriosos personajes que hicieron el paseo a lomos de unos jamelgos guateados y que a estas alturas aún no nos explicamos qué demonios vinieron a hacer a la Plaza, aparte de practicar una especie de escamoteamientos, entradas y salidas como en las comedias ésas de puertas que se abren y se cierran. Ahí vimos entrar y salir a Alberto Sandoval, a “Puchano”, a Miguel Ángel Muñoz, a Manuel Cid (aquél al que un crítico de los “serios” hizo hermano de Manuel Jesús “El Cid”), a Sergio y Manuel Molina, vestidos de oro, tocados con un castoreño que jamás vio un castor, cabalgando cada uno a su manera sobre los lomos de sus correspondientes pencos, que echaron la tarde entrando y saliendo de la Plaza obedientes a los toques de clarín y de los que aún no sabemos cuál fue su cometido en la corrida. Se dijo por allí que eran picadores.

Lo primero que cuvi nos puso enfrente fue un salinero, que no hacían falta prismáticos para ver que el animal presentaba en el orto algo que no debía estar ahí, y que la ciencia veterinaria nos aclare si es que el bicho llevaba partida tan sensible parte de la anatomía o que simplemente estaba herniado. Sea lo que fuere, el animal se cayó al salir del primer simulacro de vara, con lo que ya estábamos con la mosca detrás de la oreja en cuanto al desarrollo ganadero de la tarde. La cosa no fue a mayores y el  salinero Tobillita, número 75, llegó a la muleta de Juan Bautista con la suficiente entereza como para que no se armase la mundial. Juan Bautista da la impresión de que siempre abre cartel, que ya desde que debutó con picadores le persigue la maldición de abrir siempre los carteles. Con Tobillita, que le gustaba la solanera más que a Dámaso González en sus buenos tiempos, se dedicó a practicar el aseo, que en el toreo está reñido con el triunfo y el buen toreo. La base de su tauromaquia se halla en el descarrile y el enganchón. Esos fueron los mimbres con los que comenzó Juan Bautista su obra; luego, para no salirse de lo de todos los días, aplicó el famoso cite con el pico que como sigamos así va a acabar siendo lo canónico, pues apenas se ve otra forma de hacerlo, y junto a esa ventajista y medrosa manera de citar se produjo su resultado más evidente que es el toreo por las afueras con el toro bien despegado de la anatomía del toreador. Con esos mimbres de tan poca altura planteó Juan Bautista su serie cumbre compuesta de seis redondos, en los que se obligaba tan poco al toro, se le dejaba tan a su aire, que lo mismo podían haber sido sesenta y seis o más. Luego, otra serie igual acompañando el viaje del bien educado toro que venía de serie con una lenta velocidad embestidora, de los que no llama la atención ni uno de los que dio porque, realmente, a medida que va pasando la faena se nota bien que el torero no pone nada en esa partida, que todo lo pone el toro, que para eso los cría cuvi así. Con la izquierda no le sale nada y ante la cosa de seguir trapaceando se vuelve a la diestra. Una estocada desprendida y un descabello bastan para acabar con el sardo.

El segundo, a quien se puede denominar sin ánimo de exageración como cabra jabonera, con el número 29, era Tristón, aunque nosotros hubiésemos preferido mejor a Leoncio el león. Éste es para TalavanteDespués del simulacro de las varas, Roca Rey se empeña en un quite por chicuelinas del que sale acosado por el animal que le persigue hasta el burladero del 10, que se dice pronto lo de ver al matador de postín y con el capote en la mano huyendo a escape por media Plaza acosado por un Cuvillo.

El toro, a quien algún taxonomista no duda en tildar de chivo, recibe un inicio de faena variado y de poco compromiso rematado con el clásico pase de trinchera. El toro en comportamiento educado y buenista es como la continuación de el del Conde de Mayalde, sin una mala mirada ni una embestida maleducada, pero éste no es el Talavante del otro día, conciso y riguroso, éste es el Talavante de la faena larga y del reinicio, del resteo diríamos. La segunda serie es a menos al carecer de profundidad el planteamiento del matador, luego profundiza en esa línea que le lleva al toreo en paralelo, despegado, de nuevo el ominoso cite con el pico a esa hermanita de la caridad que era Tristón para dar lugar a un trasteo sin emoción y de un cariz extremadamente pueblerino, de fiestas patronales y procesión a la caída de la tarde. Mata de un pinchazo soltando la muleta y de una entera arriba, delanterita.

El tercero, Aguador, número 24, es para Roca Rey. A éste se le puede calificar sin ánimo de exageración como albóndiga o mejor aún almóndiga, que esto lo acepta la RAE. Le recibe con lances de pegolete, que son los que se dan con los pies juntos, y después del inexistente tercio de varas vuelve al pegolete, que se ve que le gusta. Su faena de muleta comienza en los medios dando cuatro pases del Celeste Imperio y un remate con el del desprecio. Luego sigue su trasteo por redondos tomando al toro por las afueras, como hacen todos. Se cree que se luce, sin ver que no pone en Las Ventas otra cosa que vulgaridad, desaprovechando las condiciones sumisas y tontorronas del Aguador y no da un solo pase por detrás, que ésta es la noticia auténtica de esta faena. Acaba con la vida de Aguador, que nada malo ni inconveniente le hizo, con un bajonazo.

Con Relatero, número 110, que cae a la grava en los lances iniciales, vuelve a la palestra Juan Bautista, que plantea su trasteo sobre la base del toreo a la media altura, para evitar que se caiga el animal más de lo que lo hace. La faena se desarrolla con el ruido de fondo del run-run de la protesta contra el toro que todo lo que tiene de blando lo tiene de buena persona deseosa de agradar y que de tan tonto a veces nos trae el recuerdo de lo bien que le iría un campano al cuello con su alegre tolón, tolón. Juan Bautista continúa su faena sin acabar de recibir toda la atención del público, luego hace eso de tirar el estoque de mentira, no se sabe para qué, y después de no haber dado un solo muletazo digno de tal nombre cita a recibir, cobrando una estocada baja.

La salida de Nenito, número 63, no es como para dejar lo que estés haciendo por ponerte a mirarle, pero a la postre fue éste el toro de la tarde. Simplemente porque sacó lo suyo de picante e inteligencia, porque no se sumó a la entrega de los que le precedieron sino que manifestó su corazoncito, su fondo genético que le dispuso, contra toda la selección de su amo, a crecerse en el castigo. Sale Talavante acosado de sus lances de capa en un quite, esta vez hasta la primera raya, y lo mismo le ocurre  a Trujillo en banderillas. ¡He aquí el toro para que Talavante refrende lo del otro día!, dice un optimista que no se daba cuenta de que ya había puesto de manifiesto Talavante las nulas ganas que tenía de ir al sitio donde se torea. El animal, al ver que no se le manda, se va haciendo con las riendas de la faena, se va viniendo arriba y ciñéndose y colándose en los muletazos con los que Talavante más que torear se defiende. Talavante se obstina en su mundo fueracacho y el toro es el que realmente está toreando al torero. En un momento dado el toro le trompica y le cala y tras unos momentos de indecisión, el extremeño vuelve a la cara del toro arropado por toda la simpatía del amable público que jalea los muletazos de poca monta con los que sigue sin poder dominar la embestida, el genio y la chispa de Nenito, vencedor a los puntos. Lo mata de bajonazo tirando la muleta. Luego, con la ayuda de la exasperante lentitud de los benhures de la mula acaban dándole una oreja, por darle algo.

El último en salir fue Hoacino, número 31, al que Roca hizo una especie de fantasía capotera que no le salió lo que se dice perfecta. Su inicio de muleta fue con el pase cambiado por detrás, y luego otro y ahí el toro se rompió, muerto en vida, no se sabe cómo, aunque las hipótesis iban encaminadas hacia temas relacionados con la calidad de la heroína.

Luego, a la salida, dice mi amigo Andrés: “Hemos visto la mejor corrida de Cuvillo en años en Madrid”, y eso es verdad si del toro sólo quisiésemos su entrega incondicional a la muleta, pero es que le pedimos muchísimo más.

La Feria de Nautalia es un naufragio

Jueves, 25 de Mayo

Valle de Esteban

Lo que observamos  en toda la actual cultura periodística y en los debates en general es que la gente no sabe cómo ha de hacer para empezar a pensar.
Chesterton

miércoles, 24 de mayo de 2017

Consensos

Constituyente 1791

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El consenso, que implica unanimidad, mata el pensamiento.

Lejos de nosotros la funesta manía de pensar –fue el lema universitario atribuido a Cervera, cuna de Pepe Ramoneda, el “filósofo” que vio la hidra del fascismo en Belén Esteban antes de verla en Trump.
Cuarenta años de consenso han hecho del español un “filobático” (amor a las lejanías) del pensamiento político. Uno, que anda en un oficio en que conoces gente, nunca dio (en la enseñanza, en la milicia, en el periodismo) con un demócrata.

Por democracia, aquí, se entiende hablar, y eso que hasta en los toros puede salirte Curro Vázquez y mandarte a callar.

La alcaldesa Carmena, una abuela comunista que según el periódico global nos trajo las “libertaes”, pone el Ayuntamiento de Madrid a disposición de una comitiva de sediciosos catalanes. ¿Para qué? Para hablar. Entonces, todo sea por el consenso (el consenso socialdemócrata es el Estado al servicio de los partidos), Mariano dobla la apuesta e invita a esa misma comitiva al Congreso de los Diputados. ¿Para qué? Para hablar (pastelear). ¿Imaginan que Eisenhower, en vez de enviar a la 101 Aerotransportada a Arkansas, cuyo gobernador impedía la entrada al colegio de unos niños negros, hubiera invitado a Orval Faubus a la 
tribuna de la Cámara de Representantes?

En España, la ley (su aplicación) es tabú, y no vale. Sólo vale el consenso. Pero ahora hay dos consensos: el que se va (setentayochista/autonomista) y el que viene (separatista). No hay política (sin lucha por el poder, dice Schmitt, no puede haberla), pues hay consenso, que es superior al gobierno, luego tampoco hay gobierno.

La Generalitat controlará la prensa para el referéndum –se escandaliza el establishment.
El de la “Generalitat” es un consenso con el chic de lo francés: es el de la Constituyente de julio del 91, cuando los amigos de Lafayette (individuo mediocre, caprichoso y voluble, a juicio de Miranda, que lo sufrió) prohíben cualquier crítica a la Asamblea. Y llegó Robespierre.

Gente pa tó: sobre filosofía taurina

Gente pa tó
Ortega y Gasset y Rafael el Gallo en la terraza de la Cervecería Alemana


Jean Palette-Cazajus

Buenas noticias para los lectores de este blog. Durante unas cuantas semanas, voy a tener que acortar mis colaboraciones y dejar de torturar por un tiempo la paciencia de los improbables lectores. Resulta que una revista de filosofía universitaria, muy seria ella, me ha pedido una reflexión sobre el estado actual de la filosofía taurina. La cosa se las trae y tengo que abandonar mis proyectos a breve plazo para dedicarme a un trabajo pasablemente ingrato.

Un excelente amigo que compagina una admirable cultura humanista ¡ay!con un lamentable desdén por la fiesta de los toros, sostiene que a la filosofía taurina le pasa lo mismo que al diario pamplonica “El pensamiento navarro” según conocida “boutade” de don Pío Baroja. También en nuestro caso, insinúa mi amigo, o es  lo uno o es lo otro, filosofía o taurina. En ningún caso ambas cosas a la vez.

No va tan descaminado mi amigo. Tiendo a creer que la tauromaquia es un objeto social, tan extraño, tan aberrante, tan ajeno a las previsiones racionales de los humanos que toda literatura taurina, cualquiera que sea el tema que trata es un pretexto usado por su autor para evacuar su desazón y su perplejidad ante un fenómeno que, en realidad, se le escapa radicalmente. En todo caso es lo que me pasa a mí.

“La filosofía ayuda a construir. Le da sentido a aquello que no es sino un magma de actos y de tomas de palabra. Es una disciplina que nada vale sin confrontación con la realidad. Y la realidad nada vale sin la capacidad que ofrece de remontar hasta el concepto. Hace falta, pues, aceptar vivir en una zona intermedia hecha de impurezas, donde uno nunca llega a ser un pensador suficientemente bueno a los ojos del filósofo y sin embargo será siempre considerado como demasiado abstracto para enfrentarse a la realidad. Hay que situarse en esta interfaz. Creo que ése es el espacio de lo político.”

Sustituyan, al final de la cita, “realidad” por “tauromaquia” y  “lo político” por “los escritos taurinos” y tendrán idea de lo absolutamente inconfortable que resulta toda tentativa de pensar, sin cursilerías, pedanterías o casposidades la realidad de la llamada fiesta brava.

Por cierto, cabe la posibilidad de que algún lector tenga cierto interés en conocer la identidad del autor de la cita sobre filosofía y política que acabamos de glosar. Su autor es un tal Emmanuel Macron, actual Presidente de la República Francesa.

Durante los grandes conflictos bélicos, se suele hablar de economía de guerra. Es decir que toda la maquinaria productiva se pone al servicio de la lucha. Es lo que le pasa hoy a la filosofía taurina. La situación es tan grave que sólo cabe pensar en una filosofía de guerra, una filosofía taurina de la trinchera, donde se trata de desarbolar la ideología animalista o perecer. No queda otra alternativa. Y sólo nos referiremos hoy al enemigo exterior. Dejaremos para otra ocasión el enemigo interno cuyas estocadas bien podrían ser, al final, las más certeras. Mientras tanto, la mayor parte de la literatura taurina sigue tan insípida e inane como suele acostumbrar. Nuestros eternos eruditos a la violeta han elegido su destino: hacer mutis por el foro de la historia.

Ortega y Gasset al alimón con Domingo Ortega

Yo también fui un ignorante indignado

¡Pá la pinga, Liszt!
 ¡Pá la repinga, Liszt!

Orlando Luis Pardo Lazo

En La Habana más hueca. En la ciudad de los años cero. Me habían expulsado de mi trabajo como Licenciado en Bioquímica, en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Fue en abril de 1999. Y yo andaba por esa Cuba del renacer de los Castros con la cabeza vacía, dando trastazos, buscando un triste empleo para no tener que exiliarme ni tampoco matarme, que a la postre ha sido más o menos lo mismo.

Gracias al escritor Eduardo Heras León, en el verano del año 2000 por fin conseguí un puestecito más o menos humillante, como promotor cultural en el Centro Provincial del Libro y la Literatura, un antro de desconsuelo en la calle Zanja entre Aramburu y Hospital. Un manicomio, lleno de mujeres-madres que almorzaban a toda hora, pero sin una sola ventana para respirar en aquel clima irrespirable.

En una de esas siniestras “actividades culturales” que tuve que coordinar, a cambio del equivalente de unos 15 dólares mensuales como salario estatal, fui al Gran Teatro de La Habana. Se le haría un homenaje a Jaime Sarusky, si no recuerdo mal. Y allí hablé con una mujer de la alta aristocracia cubana supongo que de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Una bruja en toda regla. Ampulosa, arrogante. Especialista en ballet y música clásica, a la vez que renegando de su origen de clase (sin quitarse sus joyas) y muy sumisa al chachán tan chusmo de la Revolución.

En su oficina tampoco me era posible respirar. Los cuadros del Ché y de Alicia Alonso me asfixiaban. También el olor a almuerzo proletario, ese tufo que recorre los mediodías candentes del comunismo cubano, y que son el primer síntoma irreversible de la locura. Estábamos armando el programa cultural de la velada y ella me iba diciendo la música que se emplearía en cada parte del show. En una de ésas, la gran dama obrera mencionó una pieza archifamosa de Liszt. Pero yo ignoraba cómo escribir ese título original (no supe ni siquiera si era una frase en italiano o francés o alemán o… ¡acaso en húngaro!). Y, para colmo, tampoco supe cómo deletrear bien el nombre de Liszt (todavía me cuesta hacerlo, como me pasa también con Nietzsche).

La mujerona me echó una mirada de asco con todo el peso de sus arrugas y joyas. Yo era un insecto. Yo era un burócrata de mierda que no me merecía ni aquel puestecito de mierda que me pagaba el Estado revolucionario. Un ignorante de mierda que ocupa el puesto de alguien con seguramente mejor instrucción. ¡Y así quería organizarle un homenaje de élite, nada menos que en el Gran Teatro de La Habana, al más que renombrado escritor de élite Jaime Sarusky, recientemente Premio Nacional de Literatura (aunque ningún cubano nunca lo haya leído ni ya nunca lo leerá)!

Tenía razón la antigua belleza del ballet batistiano, devenida embajadora cultural del castrismo. Yo era un mierda. Me estaba muriendo. Me habían botado de mi trabajo. Se me dijo que nunca más podría ejercer como profesional en la Isla. Estaba aterrado. No me atreví a denunciar nada, a nadie. Era el año 2000. No pensé que pudiera sobrevivir tanto después. El pánico paraliza.

Aquella lección fue terrible. Nadie te ama. La misma mujerona incapaz de mover un dedo para defenderme, ahora me machacaba mi total estado de estupidez. Entendí que lo mejor es no haber sido nunca cubano. No tener contemporáneos, no habitar en ningún país. Y también entendí que la cultura es sólo otro nombre del odio, de la represión, de la violencia desde el lenguaje contra los individuos.

Sentí que me iba a desmayar.

Mi resistencia contra la verdad fue la más simple y brutal. Le pedí permiso a la mayorala ilustrada y salí al pasillo, como si fuera a ir de urgencia a los bañitos hediondos del Gran Teatro de La Habana. De hecho, fui.

Toda vez allí dentro, me aferré a las cabillas carcelarias de la ventanucas. Pensé: qué feo es el socialismo, qué intolerablemente feo es todo aquí, empezando por mi propia vida, por mi  falta de información, por mi desidia, por mis ganas de poner bombas en lugar de homenajes o, mejor, de poner una bomba en el lugar de los homenajes.

Me había convertido ya en un terrorista profesional.

En el baño de los balletómanos había una peste a mierda intolerable. Tal vez era la mierda de otras damas y caballeros burgueses-proletarios como la que me denigró, culos cómplices todos con una cultura descomunal. Y entonces grité, con todas las fuerzas de mi insania hueca, grité: ¡Pá la pinga, Liszt! ¡Pá la repinga, Liszt!

Era el 2000 y mi alarido fue el inicio de todo.

Salí del baño para la pinga. Salí para la pinga del Gran Teatro de La Habana. Todos mis exilios y extremismos, todas mis tentaciones y tristezas, desde Miami hasta Reykjavík, no son más que la continuación de esa fuga, de ese todavía estarme yendo para la mismísima repinga de allí.

Liszt el recontracoñísimo de su madre. 

Undécima de Feria. ¿A quién se le ocurre ir a Las Ventas estando los Fraile en Madrid?

Tarde de Valdefresno
¡Ole la casta brava!

José Ramón Márquez

Hace falta valor para irse hoy a Las Ventas con ese cartel. Y hace falta valor para darse cuenta en la explanada de que no llevas la entrada, que se quedó en casa, y en vez de tomar eso como un aviso del cielo, ir a la taquilla, desierta, comprar una y entrar a contemplar la enésima ruina del lisarnasio, que ya hemos perdido la cuenta de las que llevamos. El viernes pasado fue El Puerto de San Lorenzo y el Ventanuco y hoy, cuatro días después, ahí tenemos a los Valdefresno y Frailemazas, como si no hubiese en todo el campo bravo español más ganaderías que éstas para ir rellenando las casillas de este calendario de adviento que es la Feria del Isidro. Si no teníamos bastantes argumentos para denostar la impresentable Feria que está legando Donsimón de Plaza1 a la posteridad, ahí va la tarde de hoy como demostración de que todo puede ir un poquito más a peor. Es un enigma que acaso nos puedan desentrañar Amón el Cosmopolita o Curro Vázquez, ahora estrella del pressing-catch, cómo el día que se da una de las entradas más pobres y uno de los carteles de menos interés que se recuerdan en un Sanisidro ponen en el burladero rotulado EMPRESA al tertuliano Arcadi Espada, a la rubia exdiputada Cayetana Álvarez y al sempiterno Dragó, Gárgoris del tinte, Habidis del Grecian 2000. Acaso sabiendo de antemano la inmundicia que habían comprado el Donsimón y el rubiales de Vázquez al convento de los Fraile, quisieron poner algo de cosmopolitismo a la tarde pensando que así lo mismo la levantaban. Vaya usted a saber, que ahí se manejan códigos arcanos vedados al que sólo tiene luces como para comprarse una entrada y dejársela en casa. El caso es que, como resumen de la tarde, valga decir que a la muerte del sexto, la afición, sufridísima afición, entonó enfurecida la jaculatoria que reza “¡Toooro! ¡Toooro! ¡Toooro!”, a ver si da la casualidad de que alguien se da por enterado de lo que se demanda de manera pública como cimiento y base de este espectáculo.

Lo del Fraile de Valdefresno y Frailemazas es como para marcar esos nombres con tinta indeleble, rotulador verde fosforito, para que se recuerde que no hay que volver a comprar para Madrid una sola corrida de esta descastada boyada, aunque lo suyo sería que don Fraile, si fuese un ganadero como Dios manda,  mandase las madres y los padres al matadero y librase al mundo de la asquerosa peste lisarnasia que ellos mismos han creado y que dedicase sus empeños a la cría del cerdo ibérico, que parece que para esto tiene bastante más ojo que para lo del toro de lidia. Fue salir el primero, una rata negra de blancos pitones lisarderos, Pomposico I, número 101, y antes de llegar al capote de Daniel Luque ya se había caído. La primera en la frente y nada más empezar. A aquella birria la sustituye, corriendo turno, una especie de novillejo llamado Pelotito, número 84, al que directamente no se pica; a continuación sale a hacer el ridículo por la Plaza Pomposico II, número 91, una especie de novillo adelantado al que tampoco se pica, no se vaya a hacer daño; de cuarto plato nos tenían reservado a Vaporito, número 58, de Adelaida Rodríguez, idéntico origen lisarnasio que aunque salió a izquierdas y con algo más de pies que los del Fraile, en seguida se desfondó mereciendo con pleno derecho el pañuelo verde que le enviaba a la fosa común. Fue el Adelaido remendado con un manso y corraleado Carriquiri, Perseguido, número 5, que si lo llega a ver don Nazario se va al Museo Romántico a por la pistola de Larra para pegarse un tiro en el entrecejo; en quinto y sexto  lugar tenían reservados los Grands Crus Classés, dos inmundicias de Fraile Mazas, el blando caedizo y sin fuerzas Yegüesero, número 13 y el tontorrón e innecesario Cantarero, número 22. Un retrato apocalíptico de una ganadería es lo que han dado hoy las seis prendas que hicieron venir de Salamanca a hacer el ridículo en Madrid, a poner la tarde cuesta arriba a los toreros y al público y a traer el oprobio  y el deshonor sobre su criador.

Los toreros que se anunciaron con estos grandes éxitos de la blandenguería, el descaste y la ruina ganadera fueron Daniel Luque, Fortes y Juan Leal, los tres suficientemente conocidos en Madrid.

De Luque hay que evocar, no podría ser de otra manera, aquel aromático café con que su padre me invitó una tibia tarde de septiembre, perfumado expreso que permanece aún vivísimo en mi recuerdo. Por lo demás ¿qué decir de Daniel Luque que no se haya dicho ya en prosa? De él se dice que posee un buen capote, que no lo pondremos en duda, pero que entre todos los capotazos que ha sacudido a Pomposico I, a Pelotito, a Vaporito y a Perseguido no somos capaces de espigar una sola verónica digna de tal nombre. En su primero se fue, con un par, a brindar al público. Recibió el torero una colada, que fue el único signo de carácter de Pelotito. Luque quiso torearle al natural, resultando muchos pases enganchados, incluso cuando los quiso ir sacando de uno en uno; practicó como último recurso el pueblerino invertido y se puso más pesado que un tertuliano de la radio dando sus razones. Luego le dejó una estocada baja, que fue suficiente, con la que el toro se echa. Después le tocó recibir al Adelaido, al que echaron, y luego salió el Carriquiri, colorado, que no hubo forma de hacerse con él, correteando de acá para allá, saliendo suelto de los capotes y sin hacer caso a los cites y sin hallar manera de meterlo al caballo hasta que gallardamente “Jabato”, tipo y hechuras de picador, echa al caballo hacia adelante y sale a buscar toreramente al toro más allá de las rayas, hacia el tercio, con la incertidumbre del posible arreón que podía pegar el toro al sentir el acero. Los que se creen que esto de los toros es como el fútbol se desgañitaron, por atravesar Jabato las rayas absurdas ésas y los que apreciamos la torería y la asunción del riesgo aplaudimos sinceramente al viejo picador, que aguantó en terreno tan desfavorable la acometida del toro, que cambió de manso a tontimanso tras recibir los puyazos. El trasteo de Luque en su segundo se basó de nuevo en la falta de temple y en los consiguientes enganchones, aunque esta vez fue por el derecho que es por el que mejor reaccionaba Perseguido. Por el izquierdo el toro iba peor y el torero se ve que no quería líos. Luego, un pinchazo tendido, otro pinchazo, una estocada baja casi entera, un aviso y un golpe de descabello es lo que necesitó para finalizar su actuación.

El primero de Fortes me hizo recordar lo que un día me dijo un novillero que nunca llegó a nada: “esto sale frío, pero luego se calienta en el último tercio…”, uno de tantos lugares comunes que se manejan: el toro salió a 0º C y se murió a -273,16ºC, el cero absoluto. A este le picaron tan poco que ni siquiera se llegó a manchar la divisa. Hace bien Fortes en no desmonterarse para lidiar a la birria a la que recibe con el cartucho del pescado en los medios para luego seguir la serie de hinojos (había que ponerlo) al natural. Luego lo torea de pie despidiendo al toro lejos, en dirección a la Avenida de Daroca o a la de los Toreros, y sin ceñirse con él, al toro le falta agresividad o ganas de combate y el torero abusa del cite con el pico… y aquello no sale ni blanco ni negro. Ensaya un invertido en cuatro tiempos, que el toro no daba para más, y convencido de haber hecho lo posible, le deja al toro una estocada desprendida tirando la muleta y luego dos descabellos. Le sonó un aviso. Su segundo fue Yegüesero. No coincidía la divisa de la tablilla con la que llevaba el toro clavada y es que se le había pasado al del cartel cambiarlo, que luego lo cambió cuando le avisaron. Ni que decir que éste tampoco fue picado, como si hiciera falta. La faena es, en sí misma la nada: un pase, otro, una carrerita, se coloca, un pase, otro, una carrerita, se coloca, un pase, otro… La nada, sin paliativos. Y sin embargo, lo digo de corazón, apetece ver a Fortes con una corrida fuerte y exigente, que hay algo en sus maneras que parece salvable si anda con toros. Los que le  hayan buscado en este Isidro ’17 la de Lagunajanda y esta de Valdefraile se han equivocado de plano. Los cosmopolitas del burladero EMPRESA abandonaron la Plaza tras la muerte de este toro.

Y, en fin, ahí tenemos a Juan Leal, cuyos modos toreros están tan alejados del clasicismo. Su primero, por seguir la tónica, tampoco fue picado. Empieza el trasteo con un extraño pase cambiado: el toro viene desde el burladero del 10 y él lo despide en dirección a la puerta de caballos, 45 grados, diríamos. Luego el animal tira derrotes y se defiende al mismo tiempo que se cae mientras Leal se pone fueracacho  y traza los muletazos, medios muletazos, con sus maneras toscas. El toro se va viniendo hacia el burladero del 9 y allí Leal le monta al lisarnasio un circo de cercanías, medios o cuartos de muletazo y cabezazos del toro en un sindiós de faena con el desparpajo sesentero de un Platanito o, si no fuera por el oponente, de El Bala al que recordamos hace unos días. Fue censurado por parte de la afición y vitoreado por otros. Antes de salir el sexto las gentes desfilaron en masa hacia la salida y los que nos quedamos fue para ver un trasteo harto vulgar, unas maneras bastas y despatarradas y una afición a las cercanías del ¡ay! más que a las lejanías del ¡ole!. Un pinchazo arriba sin soltar y una estocada baja fueron las píldoras que recetó a Cantarero para enviarlo a la derecha del Padre.


Simonía de churretones 

¿Qué hace Rincón con esa gente de la TV?

La caló

Refrigerio chino

Cosmópolis
(Burladeros de la Administración)

Miércoles, 24 de Mayo

Valle de Esteban

En la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII existen algunos pasajes mucho más revolucionarios que el propio socialismo.
Chesterton

martes, 23 de mayo de 2017

El sándwich

Vuelve Sánchez

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Tener que elegir entre DíazLópez y Sánchez era como tener que elegir entre tres pajas y al que saque la corta se le ahorca. La corta era la larga, o sea, Sánchez, cuando la designada era Díaz, y esto, con la Ley de Hierro de la Oligarquía en la mano, significa que el Psoe es un partido sin aparato (sin organización), es decir, una banda de Estado vagando a lo Mad Max a la caza de algo.
Hasta este domingo nadie había “refutado” a Robert Michels, y el responsable de lo ocurrido en la madrileña calle de Ferraz sólo puede ser el que, según la doctrina oficial, todo lo refuta, Putin, el genio de la urna, y Sánchez sería su Aladino para sacar al socialismo del emparedado de Embassy en que lo tiene metido Mariano con Don Casals, el Bezos de “La Sexta”.
El sándwich al PSOE con La Sexta funciona de cine.
La Sexta es Ferreras, el Hombre Sándwich, quien, en efecto, tuvo siempre cara de pan, aunque no sabíamos para qué, pues no figura en esa comisión de panaderos que exigen a la Academia de Cebrián la retirada del refrán “Pan con pan, comida de tontos”.

Ahora en el emparedado está Sánchez, que, más que a Embassy, recuerda al “Bienmecomes” de Elorrio, la taberna predilecta de Prieto, quien llamaba “Ko-ko-ro-ko” al tabernero porque tenía puesto un cartel en la barra que decía “Pongo buebos de repente”.
Sánchez es el nuevo “Ko-ko-ro-ko”, y manda “buebos” que la peste del chavismo que la juventud de Venezuela anda quitándose de encima “a piedra, plomo y candela” juegue a instalarse en España, vía sándwich, para afianzar al marianismo, penúltimo “ismo” producido por el Consenso que nació matando a la nación política y que, al morir, pone en peligro a la nación histórica, pues la nación, según Sánchez, es un sentimiento y hace tiempo que no siente nada al hacerlo con ella, y es que existe otro amor, etcétera.

Ochenta años de persecución al pensamiento político culminan hoy en la politología de Marías, el novelista del Régimen. De cine, amigos.

Décima de Feria. Montecillos con picante y... "Just One More Thing"

Colombo*
Just One More Thing
(Sólo una cosa más)

José Ramón Márquez

Me dice un amigo que gusta de otear con sus prismáticos la Plaza entera, que ya hace más de cuatro días que no se ve a Donsimón aparecer por el burladero en el que unas letras blancas pintadas sobre rojo inglés forman la palabra EMPRESA. Esto puede deberse a variadas circunstancias, de las que las más plausibles serían o que Donsimón tenga algo mejor que hacer que ir a ver la Feria que él mismo y su pandilla han perpetrado o bien que sienta tanta vergüenza de lo que va saliendo por los chiqueros que haya decidido irse a ver las corridas por la TV y así disfrutar con el conglomerado de ruedas de molino, medias verdades interesadas y sandeces con las que los pelmazos comentaristas atosigan al inerme espectador.

La cosa es que no vemos a Donsimón de Plaza1 por Plaza1, que lo mismo se ha echado al monte a reseñar él mismo las corridas que van a venir, si ya no se fía de nadie, o acaso ande en un cursillo para ir tomando acento mejicano en previsión de lo que quizás pase a final de temporada. En cualquier caso él ha dejado en el susodicho burladero, como su más fiel y dócil capataz, al rubio torero Curro Vázquez, que defiende el honor mancillado de Plaza1 con fiereza y vehemencia, faltaría más. Ayer mismo, sin ir más lejos, en el patio del desolladero, fue sentir al veterano cronista Juan Miguel Núñez decir a un entrevistador lo que todos los aficionados decimos en todos los corrillos, lo de cómo estamos ya hartos de la birria de corridas que llevamos, la pésima presentación, las escaleras ganaderas, la blandenguería agropecuaria y saltar Curro sobre él cuan pantera de Sumatra a quitarle la voz, la opinión y, si se llega a terciar, los dientes. Parece mentira, tener que ver a un hombre que se trata con cosmopolitas como Amón, pura cultura, usando esos modos tabernarios, esa barriobajera respuesta a la disensión que tantísimo avergonzaría al periodista si acaso los usase en el patio del desolladero del Metropolitan Opera House o en el de La Fenice por defender el honor del tenor Juan Diego Florez, pongamos por caso.

El caso es que entre cosas relacionadas con los dineros que no fluyen como se esperaba, cosa que me importa un bledo, y con el pésimo resultado que se lleva obteniendo en las corridas que llevamos ya pasadas, que son prácticamente una cuarta parte de la Feria, deben de estar los nervios más que a flor de piel en las covachuelas de Plaza1, y eso que hoy la novillada de El Montecillo, anunciada en el programa oficial de la Empresa simplemente como Montecillo, que le han birlado a don Paco Medina el artículo, ha dejado a la parte ganadera en bastante mejor lugar que lo que han hecho las de los días precedentes. Los Montecillo se han burlado a modo de la cosa ganadera que les ha precedido, porque han sacado genio, casta, picante e interés. Yo, lo digo con absoluta sinceridad, no creo que un buen hombre que se gasta sus cuartos en comprarse vacas de Juan Pedro esté buscando este comportamiento y menos aún el reguero de sangre de torero que los de El Montecillo han dejado en Las Ventas en sus últimas cuatro o cinco apariciones, pero lo cierto es que ahora esperamos a los productos de don Paco Medina con cierto interés, pues de ninguna manera tren consigo la bobería inane que se desprende de su origen. De los seis de El Montecillo el más complicado, a gran distancia de los demás, fue el sexto, Mensajero, número 10; hubo dos de buena nota, el cuarto, Ratonero, número 36,  y el quinto, Ilustrado, número, 33, pero el resto del encierro se movió al menos en el límite del aprobado, lo cual no quiere decir que diesen facilidades a los que iban a acabar matándolos. Si además añadimos que el encierro fue bastante parejo en presencia y romana, pues ya tenemos una interesante y variada tarde de toros.

Para la lidia y muerte a estoque de los de El Montecillo, las cabezas pensantes de Plaza1 contrataron a Jesús Enrique Colombo, de San Cristóbal, Venezuela, nuevo en esta Plaza, Pablo Aguado y Rafael Serna.

Recibe Colombo a su primero con más ganas que tino y en seguida pasa el animal a la jurisdicción de Andrés Nieto, que va tocado con un castoreño como de plástico blanco, que ese sombrero no ha visto un castor ni en fotografía, y es que uno no puede dejar de fijarse en otra cosa que en el falso castoreño y casi se nos pasa lo poco que se emplea el animal en la cosa del jaco y en lo poco amante de la vara que es. Luego Colombo pone banderillas a gran velocidad, de nuevo con más ganas que tino, y pone en marcha un trasteo voluntarioso, pero basado en los principios deleznables del neotoreo en cuanto a llevar al toro por las afueras y demás cucamonas. Lo que más vale de la faena es la disposición y el ánimo del novillero, que finaliza su trasteo a base de cercanías, en esos medios pases de proximidad que tan poco nos gustan. Su segundo atiende por Ratonero. Lo recibe con unos estéticos lances a la verónica. La parte de la equitación corre a cargo de Gustavo Martos, que no brilló a gran altura. Se echa el novillo con fuerza a la primera vara recibiendo lo suyo y en la segunda recibe el ya tradicional lanzazo trasero y de nuevo Colombo banderillea. El primer par es comprometido para él, pues el novillo le acosa con celo y le saca de la Plaza por vía de olivo, pero Colombo, que ha estado en novillero toda la tarde, vuelve a la carga y clava un par al cuarteo con rabia y luego medio par al quiebro, recibiendo la cálida ovación de una Plaza que está un poco harta de ver a tantos novilleros que parecen matadores de toros de veinte años de alternativa. Brinda al público su segundo, igual que brindó el primero, y comienza su trasteo en los medios para volver a dar la misma imagen que en su primero en cuanto a su estilo despegadillo, apurando las consabidas ventajas, pero con rabia novilleril y ganas de no dejar pasar la oportunidad con un enemigo que puso todo el picante en la faena. Remata su labor con unas ajustadísimas bernardinas. Deja cartel y se le puede volver a ver.

Pablo Aguado es torero al que debe dar gusto ver sin toro, con un carretón o con uno haciéndole de toro, pues se atisban bien sus finos modos, lo que pasa es que luego llega el novillo y lo descompone todo. Su primero, Sillero, número 41, le avisó en los lances de recibo y después durante la faena de muleta de que a la mínima se le comía. Por suerte no fue así, pero le pegó cuatro coladas que quitaban el hipo. Con eso ya le bastó al torero para orientarse en cuanto a que el tal Sillero no era de la condición estrictamente boba que él necesita y eso hizo que la cosa no saliese acorde a los intereses de Aguado, que despenó al novillo de bajonazo y estocada trasera caída. En la segunda parte del festejo Pablo Aguado sorteó a Ilustrado, al que llevó al caballo con un lucidísimo galleo por rogerinas y pese a lo mal que anduvo el cabalgador, el toro cumplió bien, empleándose atento en las dos varas. Aguado cita en el inicio de su trasteo con un ayudado por alto y el toro casi se lo lleva por delante en ese primer pase. Una vez recompuesto del susto plantea su faena de la manera contemporánea, la de todos los días, y ahí saca un redondo muy templado y mandón que queda aquí reseñado como la cima estética de la propuesta de Pablo Aguado. En el resto de la faena siempre pasa algo inconveniente, o le engancha la muleta, o le mira o se trompican ambos… Eso sirve para que el toro vaya desarrollando su casta y enterándose de que allí el que manda es él, y a partir de ese momento se cambian los papeles y es el de las cuatro patas el que se come al torero y no le deja estar. Pírrica victoria a los puntos para Ilustrado, que recibe una estocada baja. 

Y Rafael Serna, que pagó un fuerte tributo de sangre el año pasado en Las Ventas con un novillo de Guadaira, volvió a sortear el más intratable de los novillos de la tarde, como ya casi viene siendo costumbre en él. Era éste el sexto, Mensajero, ante el cual el sevillano no quiso arriesgar un alamar y decidió rodear la fortaleza, asediarla desde el otro lado del río y cuando fue posible dejó en el interior de su anatomía una estocada tendida atravesada echándose fuera y luego unos cuantos descabellos, que lo mismo da si fueron dos o siete. En su primero, Zapateadoro, número 47, manejó toscamente el capote recibiendo la réplica de un alegre quite de Colombo y se empeñó en un trasteo que apenas llegó al tendido, pese a estar basado en el toreo más aburridamente contemporáneo que imaginar se pueda y que, según quien lo haga, tanto puede llegar a encandilar a los públicos. Tras dar una tanda sin escuchar un solo ole y luego otra igual, tomó la decisión de echarse a matar cobrando una estocada trasera caída.

Lo mismo que se dice una cosa, se dice otra y hoy el presidente señor Cano Seijo y su asesor Joselito Calderón defendieron la dignidad de la Plaza manteniendo el criterio y no sacando el trozo de sábana blanca a Colombo. Ahora lo que tocará será ponerles verdes.



El otro Colombo
Sólo otra cosa más

Madridistas de Leganés
_______________

*Pepe Da Rosa
COLOMBO
Se busca que hay un caso y tiene tongo
Al teniente Colombo
El pobre tiene cara de aburrío
y llega con colilla y encogío
pregunta por el dueño de la casa
y luego que le cuenta lo que pasa
no queda convencío
Se pone a rastrear que no se fía
igual que un perro en una cacería
Se mete por el ojo de una aguja
Se fija en una simple tontería
Y da con el granuja
A mí que este Colombo me empepina
Me gusta, me entretiene, me domina
y pienso como muchos ciudadanos
pa verlo trabajar sin gabardina
Ya llegará el verano

Martes, 23 de Mayo

Valle de Esteban
Las nuevas religiones están adaptadas al mundo nuevo. Éste es su peor defecto.
Chesterton

lunes, 22 de mayo de 2017

Si es usted madridista, diga 33

Lo que va de 2012...

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El resultado ideal en Málaga hubiera sido el empate, y no lo digo porque uno, siendo de Burgos, nunca olvidó el empate a cero de un Hércules-Burgos (a los dos les valía para mantener la categoría) de hace ahora 39 años, que fue una fiesta de la cortesía, como las guerras en el Renacimiento, cuando los generales de ambos ejércitos contaban los efectivos del enemigo y decidían a ojo quién merecía la victoria, sin pelear.

El empate le valía a Míchel, entrenador del Málaga, que no perdía (en el fútbol el único deshonor es la derrota). Y le valía al Madrid, que ganaba la Liga. Y le valía al Málaga, que se encontraba con un millón de euros por la cláusula de Isco, poniendo el listón muy alto para los camellos de las primas a terceros.

En realidad, lo único que en Málaga estaba en juego era si Míchel podría entrenar al Madrid… cuando Zidane falte.

En su día, y sólo Dios sabe cómo, Valdano le quitó dos Ligas al Madrid en Tenerife, si bien tuvo la vista de hacerlo con una frase de camiseta que sedujo a Mendoza: “Algún día me gustaría darle al Madrid lo que le he quitado”. Ese día nunca llegó, pero Valdano, durante un tiempo, anduvo por el Madrid como Pedro por su casa. De hecho, la mayor machada de Florentino Pérez fue ganar las elecciones yendo con Valdano.

¡Darle al Madrid lo que se le ha quitado!

¿Podría Míchel, el “Agonías”, aspirar al banquillo del Bernabéu, de haberle quitado, ayer, al Madrid lo que, ganando hace poco al Barcelona, le había dado?

Míchel, además, fue siempre un tío de poner (bananos en el área), no de quitar (ni siquiera se quitó en el córner de Valderrama), si pasamos por alto la vez que en el Bernabéu, contra el Español, harto de los pitos del público, se quitó de en medio.
Tendríamos que dejar de ganar la Liga, para que sepan lo que vale –fue el comentario de Míchel dirigido a los piperos, cuando a los piperos todavía no se los había inventado Hughes.
Desde la de los records con Mourinho, cuatro Ligas ha dejado de ganar el Madrid: la primera por huelga de la plantilla; la segunda y la tercera por holganza del entrenador; y la cuarta por holganza de la plantilla. Son cosas que suceden cuando no se necesita ser campeón para jugar la Liga de Campeones.

Con cuatro Ligas consecutivas se hizo Cruyff una leyenda, y en realidad sólo ganó la primera, porque luego vinieron la del penalti de Djukic y las dos de Tenerife que para el madridismo llevan los nombres de García de Loza y Gracia Redondo.
El miércoles anterior al partido, de madrugada, me llamó Míchel para contarme que a Milla le había llamado esa misma noche desde Barcelona un ex compañero del Barça para ofrecerle treinta millones de pesetas por provocar dos tarjetas amarillas y la expulsión.
Si serían de presumidos los culés que creían que el futbolista decisivo del Madrid era Milla. Mas ése es el recuerdo del primer partido en Tenerife que relata Mendoza en sus memorias.

Pero ahora hay que hablar del Florentinato, que ha roto en Zidanato.

El zidanismo es un estado de felicidad casi epicúrea, que consiste en “estar de p… madre” en medio de una sociedad simpática y comiendo únicamente pan seco, como mandaba el maestro, más queso en días festivos.

El resultado ideal en Málaga hubiera sido el empate, pero al Madrid le hacía tanta falta esta Liga que no se pudo aguantar.

Así que, si es usted madridista, diga 33, que es su número de Ligas. Y el del frémito vocal. ¡Es la hora de los rapsodas vestidos de gitanas!



EL MUNDO DE ISCO

El partido lo hizo Modric (“¡mira que fichar a Modric, pudiendo fichar a Cazorlita!”, fue una antigua pena pipera), pero el detalle del partido esta vez no lo tuvo Ramos, sino Isco, que estaba en su pueblo y que va a llegar a Cardiff hecho un Cristo de Velázquez cabreado, como describiera Ruano el genio de Lola Flores, la Faraona. Isco no es lo que se dice un faraón, pero con su detalle (pase muy de Laudrup a Cristiano en el primer gol) salió del campo con más piropos que Amparo Muñoz, quien, sin embargo, tenía mejores andares. Es el mundo de Isco, que le trae suerte a este Real Madrid. Ramos se quedó sin “detalle histórico”, aunque, a cambio, su compadre Talavante hizo el otro día con “Butanero” (nada que ver con García) en Las Ventas su mejor faena como matador. Enhorabuena a todo el mundo.


 ...a 2017