miércoles, 28 de agosto de 2013

Manolete




Daniel Vázquez Díaz
Abc, 1965

Todas las tardes que toreó en Madrid le vi en condiciones excepcionales para un pintor, desde un asiento del burladero de la Diputación, gentileza de mi buen amigo don Antonio Almagro, entonces presidente de la Excelentísima Corporación. Pude ver perfectamente aquellas sabias y escalofriante faenas a tres o cuatro metros del objetivo de este cine en color que son mis ojos, en donde quedó grabada para siempre la imagen inmortal. Así fue naciendo la idea de pintar el retrato del genial torero. Era necesario ser presentado al diestro; decidido a empezar cuanto antes este retrato que ya tenía fijo en cuanto a la composición y movimiento de la figura, ceñido a un arabesco de luz y sombra, atendiendo principalmente a su valor expresivo.

Un día del verano de 1944 fui presentado al torero por su apoderado Camará en su cuarto del hotel Victoria, y al oír mi nombre un gran amigo suyo allí presente quiso hacer una nueva presentación, más documentada, y de más salero, obligándole a posar, impaciente de ver el Manolete que yo pintara.
El traje para el retrato quise que fuera tabaco y oro. Manolete no tenía entre sus muchos vestidos el color deseado, pero fue tan amable que en seguida ordenó al sastre un vestido de ese color, y cuando el traje estuvo terminado me telefoneó Manuel: “Ya tengo el traje tabaco y oro -me dijo- y esta tarde lo estreno en Madrid; venga a verlo”. Fui al hotel para verlo vestir, y pude hacer unas primeras líneas; otro día hice una cabeza, primera de todas que fueron realizándose en busca de la expresión. Me interesó de Manuel su elegancia y señorío, su caballerosidad, su silencio; y del torero, su impresionante psicología.
Empecé el retrato con más preocupación que otros; pensaba más que pintaba, hasta aquella mañana que entró mi esposa en el estudio con el retrato de Manolete en la primera página del ABC. “Daniel –dijo- ya no podrás seguir el retrato porque Manolete ha muerto”.

Terrible y dolorosa noticia... ¿Pero cómo ha sido esto posible?, y sobreponiéndome a la trágica impresión di al retrato de Manuel un resplandor y una sombra, un cambio total en la expresión y el movimiento de la cabeza. “Lo seguiré después de muerto”, dije estremecido; y un día tras otro fui añadiendo al retrato la tragedia, la mirada muy lejos..., la frente llena de presagios y el terrible presentimiento.

Mi buen amigo el doctor Tamames fue llamado a Linares con el doctor Jiménez Guinea; él mismo me contó la dolorosa escena de su llegada en la madrugada de la mañana trágica, las tres de la mañana, al Hospital Municipal de Linares, donde le habían llevado desde la enfermería de la Plaza de Toros.
Cuando Manolete exhaló su último suspiro, estaba el doctor Guinea a la derecha de su cama.

-Yo -dice el doctor Tamames-, a su izquierda. Le tomé el pulso y la tensión. Tenía una máxima de cuatro. Ya no había nada que hacer. Todo se derrumbaba minuto a minuto. Manolete se moría. Hicimos cuanto humanamente fue posible para salvar su vida, pero fallaba el corazón. Todo fue inútil. Manolete se acordaba de su madre; varias veces dijo: “Madre mía, cuánto estarás  sufriendo”.

Ya casi en su agonía pidió un pitillo; dio tres o cuatro chupadas al cigarro y lo tiró sin ganas; dirigiéndose a Jiménez Guinea, dijo: “Doctor, ya no veo”. Segundos después, y con mayor angustia: “Ya no siento la otra pierna”. Un minuto de silencio y Manuel, con esa voz ronca de los agonizantes, pero llena de energía, como si estuviera en la plaza, gritó: “David, ¿dónde está David?”.

Inconsciente, porque la vida se le marchaba por segundos, continuaba en su cerebro la lidia del toro Islero, el toro negro que le llevó a su isla definitiva... “David, ¿dónde está David?” Apenas se oyó la última palabra.

El año 1947, año de su muerte, sería el último que pensaba torear en España. Hubiera puesto fin a su vida torera el hombre que había enardecido con su arte a las masas como nadie lo hiciera. La envidia de otros se cebó en él y tal vez por esto él quería poner fin a su vida artística, tan llena de triunfos y tan llena también de tristezas y amarguras. “¿Cuándo vendrá octubre?”, decía deseoso de que llegara la fecha de tan ansiado descanso. Y sin que nadie sospechara que la suerte se iba a anticipar, ella le esperaba entre los olivos andaluces aquella tarde funesta del 28 de agosto y él, obediente a su destino, dejaría en las astas de Islero el tesoro de su arte incomparable y el último aliento de su vida.

Muere el genio, de la noche a la mañana, como en un sueño de pesadilla.

¡Ya están contentos los envidiosos! 






Miércoles, 28 de agosto

AMNISTÍA

Le interrumpió un toque de clarín. Era, según las reglas del “concurso de ganaderías”, la señal de que el ganadero preguntaba si el público perdonaba la vida al toro, para conservarlo como semental y fundador de linaje. En un minuto la plaza se nevó de pañuelos. Se había producido una de las grandes fruiciones sentimentales españolas: la amnistía. El torero, después de haberse emborrachado de jugar con su colaborador matemático, se perfiló, arrojó la espada al suelo y... “se tiró a vivir” rozando con la punta de sus dedos inofensivos los más altos rizos negros del bicho perdonado.
EL “SÉNECA” Y EL TORO PERDONADO, 1955 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006
Ignacio Ruiz Quintano

Procesión de la Antigua



Morata de Tajuña, Madrid

J. M. C.

Ermita de San Roque

Lastres, Asturias

En la muerte de Gilmar dos Santos



Francisco Javier Gómez Izquierdo

Las leyendas -siempre apócrifas- del otro lado del mar nos decían que los niños torpes del Brasil acababan de porteros de fútbol y como leíamos mucho sobre Pelé, un dios incontestable por entonces, admirábamos la gloria amarelha, sin echar cuentas de quién era el portero de aquél equipazo histórico. Aparecieron Cruyff, el Ajax y Holanda y empezamos a enorgullecernos del fútbol europeo al tiempo que buscábamos los defectos de los hasta entonces dueños del jogo bonito. El Santos ya no era más que el Ajax y a Pelé había que verlo faenar en la Copa de Europa. Los porteros no llamaban la atención y todos creíamos que como Iríbar no había ninguno, pero un día a Cruyff le preguntaron por “su” equipo ideal en la historia del fútbol. No recuerdo a nadie de su alineación favorita, pero me sorprendió que pusiera a Gilmar como el mejor portero, argumentando que no había cancerbero con nombre más bonito. Es posible que en holandés Gilmar suene cual melódico verso, pero las palabras de Cruyff, al que se tenía por oráculo, hicieron que me interesara por aquel extraño blanco entre negros que guardaba siempre la compostura en el posado inicial.

    Una foto histórica nos muestra al mejor portero de Brasil de todos los tiempos consolando el llanto alegre de Pelé tras la conquista del campeonato mundial en Suecia, mirando con tranquilidad al infinito, como si tuviera previsto lo que pasó. Dicen que Gilmar era como un padre para Pelé, no en vano le sacaba diez años y ambos pertenecían al mismo club, el Santos.  Se comprende que O rei a los 17 años buscara en Escandinavia los brazos protectores de  un señor de su pueblo que supiera entender sus lágrimas. Aquella imagen y no  sus paradas convirtieron a Gilmar en “el portero de Pelé” y desmintió las fantásticas teorías del desprecio brasileño a “ los goleiros”.
    Gilmar jugó en Santos y Corinthians, una cosa así como en el Madrid y el Atleti, teniendo mucha consideración en ambas aficiones...., y es que Gilmar  trasmitía autoridad y confianza, dos cualidades que dan mucha prestancia y respeto. Sobre todo respeto.

     Descanse en paz el cancerbero mítico que solo los brasileños saben cómo paraba.

martes, 27 de agosto de 2013

Orange is the new black

 El espíritu de Casillas

El espíritu de Carletto
 

Hughes
Abc

Cómo estará España para que ni Casillas pueda decir que tiene el puesto fijo. La precariedad se extiende y llega hasta los mitos. De Ancelotti, seamos sinceros, pocos esperaban que mantuviese el criterio en portería, pero lo que ya era inimaginable es que fuera a convertir al Madrid en una franquicia del toque barcelonés.

En un equipo repleto de mediocentros defensivos, Carletto decidió que se puede prescindir perfectamente (al menos en Los Cármenes) de esa figura que llegó a su expresión más estrambótica en Flavio Conceiçao y que luego se le peleó tanto a Capello (recordemos los fantásticos Emerson y Diarrá). Es decir, que Carletto sigue con cosas de Mou, pero sin mourinhismos y renueva lo italiano como un Capello sin capellismos. ¡Es perfecto don Carletto! ¡Hemos cuadrado el círculo con Ancelotti!

El caso es que el fútbol del Madrid se hace raso, hermoso en instantes fugacísimos (es como pescar), conservador pues conserva balón y posición, pero aún es lento, previsible y muy dependiente de las conducciones. Hubo un momento en que en el campo pareció darse la tan extraña geometría del rondo (¡epifanía!), pero gran parte del juego lo creaba Di María, que quizás esté pensando en agarrarse a lo de la meritocracia para discutirle el puesto a Bale.
 
Pero el toque toque que decía Parrado, llamado ahora tiquitaca, exige una tensión y unos automatismos que no son cualquier cosa. Mucho nos tememos que este Madrid acariciador haya de pulir mucho sus maneras para resultar convincente y que no se produzca el que siempre fue defecto del equipo: partirse. El flato táctico en que defiendan cuatro y ataquen los demás. Ya en el primer partido de liga los de arriba corrían sólo en ataque (parecían los One Direction). Un equipo es bueno, juegue a lo que juegue, si no se parte. Casillas lo miraba todo vestido de naranja. Puede tirarse un año vestido de butanero (Orange is the new black), ganar en los entrenamientos a quien parece más alto, más rápido y más fuerte o irse. De hacerlo, miles de pósters se arrancarían con el dolor con el que se arrancan las tiritas.

La muerte de la acera


Pestes




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si alguien esperaba que el perro de San Roque, patrón de la peste, allanaría a los sanitarios de La Paz el camino para ofrecer sus disculpas por la gamberrada contra la delegada del gobierno, estaba equivocado.

    En La Paz murió Franco, y la izquierda, que es muy mitómana, ha escogido ese hospital para hacerse fuerte.

    Lo que los escolares de la época recordamos de la muerte de Franco es el parte que “el equipo médico habitual” leía cada día desde La Paz, que era una cosa como lo de la criadita jerezana que contaba Pemán, muy escrupulosa en la exactitud de los recados, contestando, a voces, de galería a zagúan, al que había venido a preguntar por la salud muy quebrantada del señor:
    
Ayer mejoró bastante al mediodía. Luego pasó la tarde sin fiebre. A las nueve y pico le volvió un poco la disnea. Luego se volvió a acostar. A las diez durmió un rato con mucho reposo... Y a las once, se murió.
    
Franco se les murió en la cama, y es natural que la izquierda, en su segunda venida, aspire a montar en ella su juicio final, con las benditas ovejas a su derecha y las malditas cabras, que son los fachas, a su izquierda.

    En la gamberrada contra la delegada del gobierno late, desde luego, aquel Madrid odioso, cargado de ordinariez y resentimiento, que llevó a Ruano a cambiar de bando, una vez seguro de su grande pecado social: individualismo esteticista y falta de pasión por ningún tema colectivo.
Un Madrid, ay, nervioso e incómodo, afeado y entristecido, que daba a la calle (lo que Cayo Lara, entre cita falsa y cita falsa de Marx, entiende por frente popular) un tinte agrio y a la ciudad un clima moral desapacible.
    
La solución, háganme caso, es otro “Sálvame”.

    Igual que ya hay un “Sálvame” del cuerno que enloquece a las señoras y otro “Sálvame” del balón que enloquece a los hombres, pruébese con un “Sálvame” de la salud, y a discutir (valen los mismos tertulianos) de enfermedades, que es, después del tiempo, de lo que al español más les gusta hablar.

Granada 0 – 1 Real Madrid


 Casillas titular

Jarroson

- Con toda la tensión política y social que desprende el Real Madrid y la bandada de buitres que orbitan -pero no anidan- a su alrededor llegó el día del partido: jornada dos del campeonato en el que un Granada – Real Madrid se había convertido en un partido con una importancia estratégica de un valor incalculable merced a los hechos acontecidos en casa propia y ajena. A saber: Un Barcelona sin Messi ni pretemporada ganó al Málaga con un gol de Adriano, por lo que el Madrid no podía permitirse bajo ningún concepto empezar la liga como el año pasado. Además, Ancelotti acaparaba las miradas censoras del Ministerio de la Moral y la Verdad ya que existía la remota posibilidad de que el entrenador se decidiera de nuevo por el portero gallego, y no por el más loado del mundo.

- Así pues, los minutos previos al partido tenían la efervescencia propia de un baile de instituto: los chicos de Marca, tranquilísimos durante la semana como si supieran algo, anunciaban que jugaría Casillas cuando no fue así (risas mil) y Ancelotti, tiró de vena fantasista (Modric, Isco, Di María, Özil, Cristiano y Benzema) pero reequilibrando el dibujo y mutando a algo más reconocible (y se supone que cómodo) para los jugadores. Isco acompañó a Modric en el medio, Di María en la derecha, etc.

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Casillas titular

Y de pronto, en San Clemente (“Spanish Village by the Sea”)

La soleda California

José Ramón Márquez

San Clemente, al borde del mar, es una ciudad residencial donde te puedes comprar una casa a partir de dos millones de dólares. La ciudad se fundó en los años 20 tomando el nombre de una isla que hay frente a ella a la que bautizó el militar y explorador Sebastián Vizcaíno por haber llegado a ella el día de aquel santo. La isla es ahora propiedad de la Marina y la ciudad recibe el sobrenombre de “Spanish Village by the Sea”

 Estas formas que tienen en América las ciudades son algo difíciles de entender para nosotros, acostumbrados a la plaza, la iglesia y el gobierno civil. Aquí, ciudad es un conjunto de viviendas que forman esa ‘comunidad’ como ellos dicen, pero que a nuestros ojos más parece una urbanización de las afueras, de esas de la ‘calidad de vida’, de los que tardan diez minutos justos en llegar al centro desde Majadahonda. En San Clemente se afincó Richard Nixon, en una villa llamada ‘La casa pacífica’, de arquitectura inspirada en un caserío de San Sebastián, a la que se llegó a conocer como la ‘segunda Casa Blanca’; en ella habitó y escribió sus memorias hasta que en los años ochenta se trasladó a vivir a New Jersey.

Esta costa, hacia arriba, hacia L.A. y hacia abajo, hacia San Diego, está dominada por el surf, que es el deporte nacional californiano. Por la calle los hombres, descalzos, portan sus tablas, en las playas más salvajes los surfistas acampan con tiendas de campaña o con sus motor homes, las bicicletas de los niños tienen acoplado un elemento que sirve para transportar las tablas, los autos portan tablas amarradas al techo y las tiendas ofrecen sus productos surferos. Entre San Clemente y la playa pasa la vía del tren. Al sur de San Clemente está San Onofre una playa de cinco kilómetros donde ya se surfeaba en los años ’20 y que fue declarada Playa Estatal en 1971, durante el mandato de Ronald Reagan como gobernador de California. Todo el rato hay surfistas en el mar, con sus trajes negros, que el agua debe estar fría de bigotes.

Seguimos hacia el sur, hacia San Diego, que es la octava ciudad en número de habitantes de Estados Unidos y que debe su prosperidad a la presencia de la Fuerza Naval. De hecho en San Diego se halla la base de la mayor flota naval del mundo, en la que hay desde submarinos nucleares hasta los super portaaviones Nimitz y Ronald Reagan; es aquí precisamente donde tuvieron que venir en cierta ocasión los de Star Trek –Kirk, Spock, Sulu- en su viaje espaciotemporal a recoger una ballena que les hacía falta en una película para evitar la destrucción del mundo.

También fue Sebastián Vizcaíno quien le puso el nombre a San Diego, cuando cartografió la costa a principios del XVII, y aquí estableció Fray Junípero la primera misión en la Alta California, a la que seguirían muchas otras hacia el norte, a lo largo del Camino Real, ese rosario de Misiones que recorría la Baja y la Alta California.

Desde San Diego, por el elegante Coronado Bridge, se llega a la Isla Coronado, una encantadora comunidad de cuidadas residencias, tiendecitas y restaurantes ‘bonitos’ donde se halla el edificio del Hotel Coronado, conocido mundialmente por ser el lugar donde Tony Curtis se trata de ligar a Marilyn Monroe en ‘Con faldas y a lo loco’. A la entrada del hotel, un cartel advierte de que por tratarse de un edificio antiguo, pues data de 1888, en su construcción se emplearon materiales que hoy día son considerados como cancerígenos o que pueden causar malformaciones en los fetos, que estamos en el país de los abogados y no hay que dejar resquicio a las posibles reclamaciones.

Hoy, en vez de aquella orquesta femenina de Sweet Sue and her Society of Syncopaters hay un grupo de rockeros ya metiditos en años, tocando con perfección el You really got me de los Kinks. Nadie toca el ukelele y frente al hotel no hay embarcadero, nunca lo hubo, para que Osgood amarre su motora.

 
 El Camino Real

 Herencia hispana o traductor de Google

 Tsunami

 Culto al cuerpo por delante

 Culto al cuerpo por detrás

 Con faldas y a lo loco

 Sweet sue

 You really got me babe

 Fuerza Naval

Atardecida

Martes, 27 de agosto

"DEJARSE ENGAÑAR"
 
“Todo el secreto de la fiesta está en que todo sea, de verdad, lo que debe ser: el hombre muy hombre y el animal muy animal. Es decir, valiente y duro: y sobre todo, con muchísimo instinto... y sin ninguna inteligencia. Si el instinto se traicionara a sí mismo e imitara a la inteligencia, el toro, con las armas y poderes que tiene, acabaría en cinco minutos con el torero, la cuadrilla y los espectadores del callejón. La gloria del toro es servir un estilo de instinto que le lleva a ser colaborador de los juegos del hombre. Al revés de los maridos, don José, su valentía y nobleza está en “dejarse engañar”. Lo mejor que puede decirse de ese maravilloso animal que tenemos delante es que “tiene mucho poder”... pero que no lo usa. O que sólo lo usa reglamentariamente. ¡Qué gran lección de política y de vida internacional! El “desarme” que viene a ser como el afeitado de los pitones, quizá no es la solución para los pueblos.¡Pero si, por lo menos, los pueblos embistieran por derecho, prohibiéndose las falsedades y las armas atómicas, como ese animal divino se prohíbe las tarascadas y demás irregularidades con que podría despejar el ruedo en cinco minutos!”
EL “SÉNECA” Y EL TORO PERDONADO, 1955 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006
 
Ignacio Ruiz Quintano

La terraza del doctor Mateo

Lastres, Asturias

lunes, 26 de agosto de 2013

De porteros

García Cuervo, Osorio, Gómez, Raúl, Alcorta, Ederra
        Arráiz, Olalde, Quirós, Pocholo y Estévez

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Vuelve el fútbol y al periodismo no parece importarle. Acostumbrado a mascar el chicle del franquismo eternamente, el periodismo alarga el mouriñismo para intentar vender ases y marcas desde la comodidad  de vivir contra alguien, en una cobarde beligerancia que desprecia lo importante y alardea en lo accesorio.

         A mí no me convence el entrenador Mourinho, como tampoco me gusta Menotti, Schuster, Wegner ó Lucas Alcaraz. Quizás no haya razones objetivas en mis gustos, pero si tenemos en cuenta que nada hay mas subjetivo que el fútbol, entiendo que el aficionado discuta por lo más conveniente para su equipo. Lo que no entiendo es la obsesión periodística por buscar tres pies al gato cuando el entrenador del Madrid o el Barcelona decide no sacar de titular a sus niños bonitos. Casillas, un poner. Ó Neymar, otro que tal.
       
A un periodista de Madrid oí decir en la radio que la sombra de Mourinho permanece en el Madrid y que es posible que Ancelotti reciba órdenes “de arriba” para que no juegue Casillas, con un desprecio infinito hacia un míster que venía de “allenatore” de los  que el periodista dijera y que tenía todas las bendiciones hasta el primer once.

He visto a los entrenadores -muchísimos- dirigir entre semana y el hábito me enseñó a distinguir a los jugadores indolentes,  vagos, gallitos, resabiados, listillos, impuntuales.... de los cumplidores y comprometidos. He visto a entrenadores que no quieren ver las malas actitudes y se hacen los locos mirando papeles en blanco o hablando con algún ayudante de espaldas al plantel y otros que reprendían a voces el ahorro de mínimos esfuerzos.

      En Burgos hubo un portero que vino de Asturias que tenía amedrentado al entrenador Román Galarraga del que hacía mofa ante la plantilla sin importarle los pocos testigos infantiles que mirábamos asombrados su falta de respeto. Llegaba el domingo y en vez del internacional juvenil Taladrid, asturiano también,que tanto se esforzaba en los entrenamientos, salía García Cuervo, un auténtico capo de vestuario, que recibió su propia medicina cuando intentó “...limpiar el vestuario del Spórting”, hará unos veinte años. Desde entonces nada más se supo.
       
Naya, el entrenador políticamente mas incorrecto -hoy, el comité de buenas costumbres no le permitiría ejercer- ponía firme al más pintado y si tenía que sentar dos tardes a Viteri -con lo que era Viteri- pues lo sentaba tras una bronca descomunal ante crítica y público presente en El Plantío.
      
Ancelotti sabrá lo que pasa durante la semana. Lo mismo que el Tata Martino. Como sabía lo suyo Mourinho. Puede que Diego López también conozca el paño. Como lo conocía Taladrid, al que encuentro de nuevo en Córdoba recuperado de maldades físicas que le han apartado demasiado tiempo de la calle. Sigue repartiendo correspondencia con una furgoneta naranja y se para contento de que alguien le recuerde.

    -Mandaban mucho los viejos. Yo era jovencito y el míster ni me miraba. Si, sí...  García Cuervo tenía tela, Dios me perdone...

El cochecito

 Homenaje gringo a Marco Ferreri y Pepe Isbert

J. R. M.

Bale y el "céspet" (de Xavi)

Musgo playero de Lastres

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El veloz Bale se acerca a Madrid, la ciudad de la lentitud, esa maldición que mató a Michael Owen, un Balón de Oro.

    La “lentitud” que Owen padeció en Madrid (en España) es el “ahorita” que los españoles fingimos padecer en México.

    La manifestación futbolera de la lentitud sería el tiquitaca, un recurso zarzuelero de Luis Aragonés para jugar con bajitos la Eurocopa de Austria y Suiza, donde sólo había tres culés: Puyol, Iniesta y Xavi.

“... esa ensortijada gracia oscura / cárcel de luz, recóndita angostura”

El totalitarismo culé vino luego, movido por la Camorra mediática, con sus tontos útiles y sus compañeros de viaje (no son lo mismo), que hicieron del tiquitaca la deconstrucción del fútbol, una espuma de Adriá servida en un “Bulli” (otro campeón del mundo) que se hace llamar “la Roja”.
    
El tiquitaca con tumaca como fuego sagrado de toda una industria cultural.

Por los psicoanalistas sabemos que el hombre primitivo tomó la costumbre de satisfacer en el fuego un placer infantil, extinguiéndolo con el chorro de su orina cada vez que lo encontraba en su camino.

    Mourinho y Heynckes, pues, serían los dos salvajes que tuvieron el placer de extinguir por la micción el fuego tiquitaquero, desatando la furia de una Camorra mediática que vivía de calentarse a él.

“...una cuca afeitada es como una ostra: insípida y horrible”

Los psicoanalistas sostienen que hubo un primer hombre que renunció a ese placer, apropiándose del fuego para someterlo a su servicio. Es el papel que los furibundos tendrían asignado a Ancelotti, empujado a hacer un tiquitaca de imitación, centralista y manchegón, con yoyós de tuya-mía tratando al cuero como las bocas de los viejos a la corteza de cerdo.

    El secreto de este fútbol majadero está en lo que Xavi, el Séneca de Tarrasa, llama “céspet”.
    
Si el “céspet” está alto, como en el Bernabéu de Mou, o seco, como en el Manzanares de Simeone (Xavi es nacionalista del “senyor” Mas y no ha leído a Quevedo, con lo cual no sabe que en el Manzanares está seco hasta el río), el tiquitaca con tumaca no emulsiona.
    
Pero ver a Xavi culpar de sus derrotas al “céspet” es como ver a Don Juan culpar de sus gatillazos al monte de Venus.

    Ni a Quevedo ni tampoco a Salomón, en la biblia de la Masía, ha leído Xavi:

    –Corre, amado mío, corre como un venado, sobre los montes llenos de aromas. Tu ombligo es un ánfora donde no faltan vinos aromáticos. Tu vientre, un haz de trigo rodeado de azucenas.
    ¡Haz de trigo rodeado de azucenas!

    
Son las imágenes rescatadas por Rodrigo Maya Blandón al frente de una agrupación de defensores del Monte de Venus (“césped alto y seco”) que arranca con una referencia a Henry Miller en “Trópico de Cáncer” (“una cuca afeitada es como una ostra: insípida y horrible”) y culmina con la gran alusión del poeta Rafael Montesinos: “... esa ensortijada gracia oscura / cárcel de luz, recóndita angostura”…

    Literariamente, la pulsión herbicida de Xavi pasa por Whitman (“Hojas de yerba”), poeta del franco onanismo: la imagen que prevalece en su poesía, nos dice Harold Bloom, es derramar la propia semilla sobre el suelo tras la autoexcitación.

    Y esto es a lo que se enfrenta Bale.


VICIOS Y VIRTUDES
Vicios privados, virtudes públicas. El Madrid es un club privado, pero Casillas puede jugar, contra el criterio de su entrenador, porque lo pide la prensa, en cuyo caso la reclamación, cuando falle Casillas, no será al entrenador, sino a la Asociación de la Prensa, que lógicamente habrá de hacerse cargo del sueldo del futbolista, recuperando así la función social (“paz social” es terminología gironista) que en una democracia se le supone a la prensa. Como los viejos periodistas de vida social a la hora de pagar las copas en las boites, Casillas, para tener franca la portería, sólo ha de gritar: “¡Prensa!”


Playa de Lastres, Asturias

Donde a Foucault el tripi le supo a teta

 
In the dessert you can't remember your name

José Ramón Márquez

 En el Ranch at Furnace Creek, Death Valley, hay un cartel avisando de que las picaduras de las serpientes de cascabel no son tan peligrosas como la gente se cree y que en los Estados Unidos el número de muertos en relación al número de picados por la sierpe es muy reducido. No tranquiliza mucho le estadística, que lo malo de las estadísticas es precisamente lo que se sale de la estadística, por lo que extremamos el cuidado y, como las vaqueros de las películas, sacudimos las botas antes de ponérnoslas, por lo que pueda pasar. Estamos por debajo del nivel del mar, en el sitio que más calor hace del planeta, y para uno, que es tirando a friolero, esta paradoja de que dé igual estar dentro de la piscina que fuera, ya que la temperatura es idéntica, es una sensación deliciosa, aunque comprendo que no todo el mundo esté preparado para ella.

Saliendo del Rancho, lo que hay por delante es puro desierto. No es extraño que tanto hippie echase mano de estos paisajes para venir a tomarse sus tripis y sus peyotes, porque la mezcla de sequedad y espacios infinitos junto con los colores y las formas cambiantes del paisaje según la incidencia de la luz dan las ‘condiciones objetivas’ para extraer el máximo del colocón, y ya dijo el mismo Foucault que el tripi que más le aprovechó en toda su vida fue el que se metió en Zabriskie Point.

Dejémonos de drogueteos, que no son ni mucho menos necesarios para el disfrute de esta desolación, y recreémonos en las montañas, azules en la lejanía, en las dunas, en los lagos secos cuyo piso está teñido de blanco por la sal endurecida, en las evidentes coladas de lava, brillantes, como si las piedras estuviesen barnizadas, en la soledad de interminables rectas de asfalto, donde el sol reverbera y donde lo único que se da y que es más alto de un matorral es el enigmático Joshua tree, el árbol de Josué.

El desierto nos acompaña por la carretera 395 hasta llegar al cruce llamado Kramer Junction, las cuatro esquinas. Ahí ya están los signos de la civilización, los Burger King, las gasolineras, el Subway. Hay dos tiendas con el cartel de ‘Antiques’ que venden viejas señales de carretera, anuncios de chapa de lubrificantes que ya no existen, parafernalia de cocacola y no sé cuántas cosas más. Desde ahí, a medida que nos aproximamos a Los Ángeles, la aglomeración de autos es cada vez mayor, la expressway tiene seis carriles por cada lado y, por fortuna, el que está atascado es el que va en el otro sentido.

Pero aún no es momento de ir a L.A., y por eso nos desviamos hacia el sur, hacia San Clemente, evocación de morteruelo conquense, a la vera del Pacífico.


 Cause there ain't no one for to give you no pain

 Bajo el nivel del mar

 Sal

 Dunas

 El árbol de Josué

 Ride to live, live to ride

 Tendido

La calle donde July no se compraría una casa

San Clemente

Aquí no pegamos los ojos

Luces, Asturias

Lunes, 26 de agosto

CONCURSANDO

Todo esto pensaba yo cuando apareció el tercer toro. Enfocada la atención del público aquella tarde hacia el animal, recorrió el graderío como una eléctrica y secular convicción de que allí, en el centro del ruedo, estaba el viejo “tótem” de la raza, el símbolo ibérico, unido a España por tantos misteriosos destinos que empiezan desde la extendida y desollada piel de su contorno geográfico. El “Séneca” me hizo observar todo lo que sin él acaso yo no hubiera visto. El toro acudía donde quiera que le llamaban, aunque fuera a largas distancias. Atacaba a los caballos sin enterarse de lo que le hacían. No abría la boca. No perdía el paso ni la dignidad estética. A veces parecía que entraba en el juego y que sabía que estaba “concursando”. Tenía exactitudes de máquina e iniciativas de persona.
EL “SÉNECA” Y EL TORO PERDONADO, 1955 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006
Ignacio Ruiz Quintano

domingo, 25 de agosto de 2013

Cristina Cifuentes es un ser humano



Todos los caminos llevan a Roma
(Colección Look de Té)
 
Jorge Bustos

Cuando un político sufre un accidente grave o le acontece cualquier género de desgracia personal, sus adversarios más cucos se apresuran a puntualizar su compasión en la misma frase en que deslizan, incontenibles, su censura ideológica. Así, si a Esperanza Aguirre se le declara un cáncer, la cuquería de sobremesa que practican las personas de progreso impone una proposición cortés –“A la persona le deseo que se mejore”– antes de deponer la adversativa fatal: “Pero como política no me da ninguna pena”. Como a ella no le dieron ninguna pena las familias oprimidas de los sindicalistas de metro etcétera. Y esto sucede en los mejores casos, cuando el dinero de los padres del progresista alcanzó a pagarle una cierta educación. Que en trayectorias fallidas como las de Pepiño, Llamazares o Tomás Gómez, ni eso.

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Tendal flotante

Lastres, Asturias

Entre la única presa Art Décò que existe y el Área 51 con los restos del ovni

Bonanza

José Ramón Márquez

Volviendo un poco atrás desde Las Vegas vamos a visitar a Presa Hoover, la única presa Art Décò que existe. Antes la carretera pasaba sobre ella cuando marchabas de Nevada a Arizona; de pronto salías de un desfiladero y de sopetón te encontrabas con la presa. Ahora han hecho un puente gigantesco, Puente Mike O'Callaghan-Pat Tillman Memorial, por el que discurre la US93, y han dejado la antigua carretera sólo como acceso a la presa. Además han hecho un aparcamiento a 7 dólares, un centro de interpretación y unas visitas guiadas y, un poco antes de llegar, una garita donde la seguridad mira cada coche y manda a algunos sospechosos a inspección. Más didactismo y más seguridad,  y total pérdida del encanto de aquel paraje en medio de ningún sitio donde no había ni en qué sitio parar.

Cuando la hicieron, la presa tuvo sus líos entre varios Estados, pues los ‘pobres’ pensaban que California se llevaría la parte del león de la energía producida y del agua represada; se creó una comisión para el reparto y la cosa debió hacerse bien, porque no se conocen conflictos derivados de esta obra de ingeniería. En la presa hay cuatro torres, dos del lado de Nevada y dos del lado de Arizona, en las más próximas al dique hay sendos relojes que marcan las distintas horas correspondientes al uso horario del Pacífico y de las Montañas, que aquí es donde se produce el cambio de hora.

Luego se retorna en dirección a Las Vegas, con la carretera llena de coches, que hoy es viernes y en el fin de semana es cuando ese fabuloso parque temático que es ‘Sin City’ recibe la máxima afluencia de visitantes. Circunvalamos la ciudad y seguimos en dirección noroeste, hacia El Valle de la Muerte. Estamos a un paso del Área 51, donde, como todo el mundo sabe, el gobierno norteamericano guarda en secreto los restos de una nave extraterrestre y los cuerpos de sus ocupantes.

Ya sólo hay desierto, el Desierto de Mojave, hasta Amargosa, y de ahí, Death Valley Junction, hacia el Parque Nacional. Allí nos encontramos con Zabriskie Point, que es el título de una película de Antonioni -hay que ver lo que era Antonioni cuando éramos jóvenes-, con música de Pink Floyd, y que es un paisaje desolado, pura erosión, que debe su nombre a Christian Brevoort Zabriskie, vicepresidente de la Pacific Coast Borax Company, empresa que se dedicó a la minería a cielo abierto en este infierno candente, que ni había el consuelo de excavar un túnel, para extraer bórax con el que fabricar detergentes, suavizantes, o jabones.

Un poco después nos ponemos por debajo del nivel del mar, y en seguida encontramos el Ranch at Furnace Creek, que ofrece alojamiento y piscina. La temperatura es de 106ºF (41,6º C) a las cinco de la tarde. A las once la cosa ya ha bajado un poco. A esa hora ya sólo estamos 34 grados centígrados.


Mayweather vs. Canelo

Coexistencia progre

La presa y el parking

Los casinos

Trapío

Zona de ovnis

Vaca lechera en el desierto

Hace mucho calor, señorito

Zabriskie point

Oasis

106 grados Farenheit