miércoles, 24 de agosto de 2011

La eterna parranda

Alberto Salcedo Ramos

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Me lo señaló Ricardo Bada, lo leí y ya no he dejado de hacerlo: ahora mismo, no conozco en los periódicos de lengua española a nadie que escriba mejor. Es el colombiano Alberto Salcedo Ramos, cuyas crónicas desde 1997 han sido recogidas en un libro que no se vende aquí, “La eterna parranda”, que es la eterna parranda de Diomedes Díaz, fugitivo de la justicia y rapsoda del pueblo, el turpial que mejor trina, el chivo que más mea, el gallo que alborota el corral, el “mandacallá” de los cantantes...

Salcedo Ramos frecuenta la música popular (Diomedes Díaz, Emiliano Zuleta), el boxeo (Rocky Valdez, Caraballo), el fútbol (Las Regias, el árbitro que expulsó a Pelé), los toros (Gitanillo, los enanos toreros), y por supuesto, la guerra, con todos sus mondongos físicos y morales, que lame a la nación.

¿Qué somos a fin de cuentas? –se pregunta el reportero, que se contesta citando a Rojas Herazo–: una carretada de tripas que cada quien empuja como puede... Somos criaturas lamidas, humedecidas por la muerte...

Me gusta Rocky Valdez, el único Rocky que cuenta en Cartagena, y no porque fuera campeón mundial de los medianos, sino porque “a ese hombre en el ring le roncaban los cojones, mi vale”, cuyo único pecado fue coincidir en el peso y en el tiempo con Carlos Monzón.

Me gusta Emiliano Zuleta, el viejo Mile (“a mí el cuerpo siempre me ha pedido que le dé ron, música y mujer”), el que compuso “La gota fría”:

La que no está para mí, está para otro tipo. Y eso es lo que se necesita, ¿oyó?, para que todos seamos felices. Mujeres y hombres siempre se acotejan, porque son como la caja y la tapa. Ellas ponen la cerradura y nosotros ponemos la llave. ¿Así quién no se acomoda?

Me gusta Guillermo Velásquez, El Chato, boxeador y árbitro, el hombre que expulsó a Pelé:

¿Sabe una cosa? Ser peleador me sirvió para conservar la pureza. Cuando uno quiere imponer su autoridad, no puede darse el lujo de tener rabo de paja.

Me gusta Mauricio Álvarez, La Madison, futbolista de Las Regias (equipo de travestis creado en el 92 para recaudar fondos de ayuda a los homosexuales de Cali), que descubrió su homosexualidad a los siete años, leyendo a Superman:

Apenas vi a Clark Kent, me volví loco.

Y La Ñaña, fundador del equipo:

¿Sabe qué, papá? Escriba que todos los jugadores de Las Regias somos gays, pero eso sí: aquí no hay maricas ni locas, porque marica es el que le presta plata a otro y loca es la que anda sucia por las calles tirándole piedras a la gente.

Y otra vez Álvarez:

–Ahí salí con cara de gay... Es una cara como de galleta que se va a partir.

Y otra vez La Ñaña, increpando a su portero:

Usted no tapa nada, mijito, usted no es muralla sino Mireya.

Luego explica cómo ellos, o ellas, se apropian de los insultos que les dirige la sociedad y los desactivan convirtiéndolos en chiste. Tampoco le importa el “ridículo” futbolístico:

¡Ay, mijito, golean a la selección de los machos y no nos van a golear a nosotros, que somos unas completas locas!

Me gusta Óver Gelaín Fresneda, Gitanillo para los taurinos, a quien su amigo el pintor Obregón regaló un cuadro:

No te lo dedico, por si acaso necesitas venderla.

Pero, maestro, ¡cómo se le ocurre que yo voy a vender un regalo suyo!

Y me gusta Socorrito Pino, la niña más odiosa del mundo.

El resto es tragedia, la inmensa tragedia colombiana, prodigiosamente retratada (desde todos los ángulos, cosa que olvidó el periodismo) por Alberto Salcedo Ramos.


Rocky Valdez, el Príncipe de Montecarlo

Trabajo subvenciona los "desayunos" de la Federación de Mujeres Progresistas

-Las Mujeres Progresistas trincan una subvención de más de 11.000 euros para unos "desayunos" sobre responsabilidad social corporativa.

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No es Ponce en El Puerto...

Es Kato Kiyomasa

BibliOdyssey

¡A señalizar!


Francisco Javier Gómez Izquierdo

Un señor de 90 años, vecino mío que lee todo lo que se escribe de Finito de Córdoba y que va todos los domingos a Misa, me ha parado esta noche al bajar la basura después del 3-0 del Villarreral, porque hace muchos días que me echa en falta.

-¿Ha visto usted a los gamberros de Madrid que han insultado al Papa?

Mi vecino trata a todo el mundo de usted y compra todos los días el Córdoba, el Marca y el ABC. Mi vecino empieza a hablarte y ya no para.

-Mire usted si hay días para protestar contra la Iglesia. A todas esas cochinotas que se han desnudado al paso del Papa las quiero ver el Jueves Santo en Sevilla a la salida de la Macarena, y a los que llamaban nazis y pederastas a los chicos que rezaban, los espero exigiendo la factura del coste de la Guardia Municipal al Hermano Mayor del Cristo de los Gitanos que sacan los legionarios. Nada más que se pongan a berrear, no va a ser necesario que los legionarios les expliquen las cuatro normas de educación que todos debemos saber. Ya lo hará el público. No van a bajar a Andalucía y ¿sabe usted porqué? Porque son muy cobardes. Se atreven contra los que no les van responder. ¿Usted sabe que cuando se murió Manolete todas las mujeres de Santa Marina se pusieron de luto? Las solteras y las casadas... y es que da mucho gusto ver a la gente que respeta. A esos tiparracos los cogía y los ponía de Ministros. Llamaba a los de la tele y obligaba a que los siguieran a todas partes con una cámara para que los españoles viésemos como razonan. Aquí en Córdoba hay cobardicas de estos camuflados que han vivido con un buen sueldo de concejales y para demostrar su anticlericalismo y presumir ante los ligues se atrevían a colocar señales esclarecedoras. Concejales incapaces de sacar el Bachiller y que pedían tabaco a los 18 años pegando carteles de “La Pasionaria”. Sin saber localizar el mar Cántabrico en un mapa se fueron colocando en el partido hasta llegar a vivir holgadamente de las arcas municipales. Subidos al machito, hasta presidían las procesiones de Semana Santa, y es que a un anticlerical de estos le pones sueldo de un Ministerio y se olvida hasta de su madre.
Doy las buenas noches a mi vecino y le digo hasta mañana.


Señales en Córdoba a cincuenta metros del Puente Romano

Miércoles, 24 de agosto

LA INDIA EN EUROPA

-Sí, Alemania es la India en Europa, vasta, vaga, flotante y fecunda, como su Dios, el Proteo del panteísmo...
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA UNIVERSAL / MICHELET

Ignacio Ruiz Quintano

martes, 23 de agosto de 2011

Si el que vino no bebe vino, para qué puñetas vino


Ahora que se habla tanto de señorío a cuenta de Mou -como si el espíritu de Juanito hubiera sido algo distinto a lo que insufla el luso-, me he venido a Jerez, que es una ciudad luminosa entre dos contrastes: el señorío del centro histórico -con sus plazas garbosas, sus fachadas encaladas, sus iglesias exquisitas- y la viveza de los barrios gitanos como el de San Miguel en que campea la estatua racial de Lola Flores, jerezana tan ilustre como Ruiz Mateos y de parecida relación con Hacienda, por cierto. Una morena no pudo pasar por delante de un bar en cuya barra se acodaban gitanos sin que estos se arrojaran a la calle a piropearla de un modo más bien irreproducible; quizá ni siquiera les gustaba, pero un gitano piropea como un soldado de la OTAN dispara: por puro deber profesional.

Me gustó mucho el casco viejo de Jerez, esa calle Larga ampliamente peatonal de la que sólo tenía noticia por la canción de Los Delinqüentes: El aire de mi calle. Esos regalos arquitectónicos súbitos, como el frontal renacentista del Cabildo o la espléndida fachada barroca de la catedral. Su interior me pareció sin embargo algo desnudo, pese a la delicada orfebrería en piedra de la cubierta, algo que se quedaron sin admirar unos turistas roñosos -españoles, claro- que al ver que pedían un euro por acceder al templo -¡un euro!- se dieron media vuelta rezongando de indignación. Hablando de indignación, en la ancha plaza del Arenal -corazón urbano-, descubrí un pasquín del 15-M que convocaba a una charla intitulada “Una visión ética y política de la Noviolencia (sic)”. La impartía una tal Ainhoa. Y al lado, la estatua ecuestre del dictador Miguel Primo de Rivera. Muy flamenco todo.

El Alcázar ya es una cosa más seria. Se trata de un conjunto de monumentos medievales -aunque entraña un precioso palacio del XVIII- que evoca inevitablemente una Alhambra en miniatura. El rumor tenue de los surtidores en el jardín árabe, con sus limoneros machadianos y su aljibe; los baños árabes, que ya contaban con suelo térmico; el pozo con su noria para abastecer a los defensores de la fortaleza; la mezquita octogonal, el molino de aceite, las muralla almenadas y la torre del homenaje. Un remanso de paz atrincherada en el núcleo de la urbe que te hace temer la irrupción del alfanje de Gadafi al trasponer un arco de herradura. La jerezanas, por cierto, no vienen en mi mapa, pero he decidido considerarlas un monumento más.

A Jerez no se puede ir sin visitar las bodegas de fino. Manuel María González fue el jerezano visionario que, tras asociarse con el inglés Robert Blake Byass, fundó la mítica casa González-Byass, productora del fino Tío Pepe y del brandy Soberano. Te montan en un trenecito como si fueras japo y te enseñan las nueve hectáreas de las instalaciones que destilan y albergan 50 millones de litros de vino, la mayoría de los cuales se los beben los ingleses. El olor narcótico a uva pasa y roble te impacienta el paladar mientras el guía desovilla su exposición, la cual concluye con una cata que yo extendí a la categoría de almuerzo coherentemente regado: la entrada incluía tarifa plana de fino, así que me puse fino. Oigan, el que vino y no bebió vino, para qué puñetas vino.

(La Gaceta)



Las cuatro patas de un nuevo modelo económico en el mundo

-Hay que insistir. Tras conocerse el crecimiento, lamentable crecimiento, de la economía de la OCDE durante el segundo trimestre, se hace necesario cambiar de modelo económico, lo que supone varias alternativas fiscales:

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Lo justo y el fútbol

Ruinoso agujero en el córner

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Una de las mayores grandezas del fútbol reside en hacer ver a los espectadores lo contrario de lo que muestra. Cien mil ojos en un estadio pueden no advertir un fuera de juego y cuando la tele parece medir dos milímetros en la carrera del delantero por detrás del último defensa, diez de los cien mil recibirán la llamada del suegro que les dirá: “Dice el tele que el gol ha sido en orsay”. Esos diez encenderán la mecha del murmullo y todo el estadio entenderá que el árbitro es un hijo de su madre buscando la ruina de nuestro club.

Esa manía persecutoria de la que adolece el mundo del fútbol -presidentes de club, entrenadores, jugadores, aficionados, periodistas, alcaldes y bedeles- se lleva con cierta resignación en según qué provincias, y los que vivimos en las de menos fama no nos cabe que el Madrid ó el Barça monten en cólera porque el árbitro no vio penalty en el área del Málaga ó el Logroñés. Para que la Competición liguera española pudiera presumir de justicia, los dos grandes deberían empezar los partidos perdiendo 1-0 y en todas las jugadas dudosas, los colegiados deberían decidir como manda el Derecho: in dubio pro reo.

Una huelga de futbolistas que se mantuviera firme en estos términos me parecería mucho más digna de respeto que en la que andan estos nuevos proletarios, "luchando" por un convenio colectivo justo y el depósito de no sé cuántos milones de leuros que garanticen el cobro de los contratos. Me entero de que el sindicato de Rubiales y Luis Gil no se financia con las cuotas de los futbolistas, por lo que no entiendo cómo “la patronal” no ha puesto a calentar a los juveniles. El Madrid y el Barça seguirían a lo suyo. En su particular convenio colectivo. Abandonarían la huelga y jugarían su Liga. El espectador empezaría a apreciar el fútbol base y no le importaría que Cristiano y Messi colaran una manita cada uno al nene de Rafael, que es el portero del Betis. Me da que se atemperarían los espíritus y las aficiones confraternizarían comparando las notas de inglés del central del Valencia con las del lateral del Granada... Menos los culés y los merengues, claro está. Sus encuentros serían como lo que era antes el día de Santiago: la fiesta del patrón. Sólo ahí cabría la crispación y el “mal rollo”. A los de provincias hasta nos daría la risa... ¿ Y los huelguistas? Pues a la calle. Al paro. Unos cuantos más ¿qué más da? A buscarse la vida en las ligas cataríes, chechenas y de por ahí... Los hijos de tantos Rafaeles pobres lo agradecerán eternamente.

El "new loock" libio

El cambio tiene esta pinta

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Tardajos, la sartén de Burgos

-Hasta 40,4 grados sufrieron los vecinos de Tardajos el domingo por la tarde. Fue la máxima registrada durante toda la semana pasada en las 14 estaciones meteorológicas que la Agencia Estatal de Meteorología y el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León tienen repartidas por toda la provincia de Burgos.

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*En el seminario de Tardajos estudió Eugenio Noel,
cuya producción literaria se vería muy afectada por estos calores

El mejor almuerzo de su vida


-Benedicto XVI pidió en Madrid las recetas de los platos servidos en la comida ofrecida por Rouco diciendo que era “el mejor almuerzo de su vida”.

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Enrique Ponce, de príncipe turco en El Puerto


José Ramón Márquez

Enrique Ponce iba vestido como un príncipe turco, un vestido riquísimo que era de luces sin parecerlo, una preciosidad. Eso y los dos pares de banderillas de Antonio Tejero fue lo único que nos trajo la corrida goyesca de ayer en El Puerto. Lo demás fue pasar la tarde y disfrutar del ambiente y de la compañía.

Se presentaba en la Plaza Real, y quizás se despedía también de ella, la ganadería de Toros de Albarreal, que la pusieron ese nombre como podían haber puesto Toros de Albacaniche, ganadería sin fuelle creada con la peste ésa del artículo 5 bis b), con divisa azul y blanca y sin antigüedad, ni falta que hace. Al lado de los Albarreal de ayer, los Fuente Ymbro del sábado en Sanlúcar eran como la corrida de Victorino del 82. Sólo lo que apretaron en varas, lo prestos que estuvieron al caballo, la viveza de las embestidas, el genio a veces, eran el vivo retrato del toro bravo en comparación a los siete miserables que hollaron con sus pezuñas ayer la plaza de El Puerto. Atendían los desgraciados por Buenson, Tirador, Destemplado, Doncello, Buenpostre, Sinprisa y Posadera.

De Huelva trajeron esos siete bóvidos las fuerzas justas para pegarse dos carreras de salida y para recibir unos cuantos lances de capa. A partir de ahí, la UVI. Toros culturales, al fin y al cabo, no demostraron ni el más mínimo interés por los pencos; vamos, que los veían y miraban para otro lado, que si les pones en vez de un penco el cuadro de Le déjeuner sur l’herbe se echan encima a admirar la mano maestra del pintor, extasiados ante tan señalada pintura en la que se revela el conocimiento de Manet de los grandes maestros así como su voluntad de ruptura con el academicismo.

A cambio del desprecio que los astados (sic) manifestaron por el elenco de picadores y sus mascotas forradas de guata, recibieron idéntico desdén por aquellos. Para hacerles de menos por el desprecio recibido decidieron apenas rozarles sus pellejos con las aceradas puyas. Aunque parezca imposible, hubo un toro que derribó al caballo. El picador presentó la puya sobre el lomo de Posadera, número 11, sin ánimo alguno de hacerle nada, y el animalillo, pese a sus pocas fuerzas, tuvo como un espasmo de rabieta que le pilló al penco con el pie cambiado a resultas de todo lo cual se fueron al suelo el jinete y la montura, lo que le valió al picador esa incomprensible ovación que en nuestros tiempos se ha hecho imprescindible siempre que hay un batacazo.

El colmo de la corrida tuvo lugar en el cuarto, Doncello, número 73. Enrique Ponce se va a brindarle el toro a un señor y luego le da uno, dos, tres, cuatro, rodilla flexionada como él suele hacer. Se incorpora, le da un poco de distancia y ya no hubo forma de darle ni uno más. Se ve que en su afán cultural este infeliz Doncello pensaba que su destino en la vida era ser modelo de escultura y se quedó todo ensimismado pensando en lo bien que habría hecho él de modelo para el Charging Bull de Arturo di Modica, y bien que demostró al mundo su gran paciencia y sus dotes infinitas para permanecer estático, que si no llega a ser porque Ponce le metió el estoque a la última, todavía está allí sin salir de su introspección.

Castella trajo su toreo, sin novedad alguna sobre Castella. Frío, como siempre, no tuvo forma de pegarse arrimón porque su primero, que nació ya cansado, tuvo que tumbarse a mitad de la faena a recuperar el resuello y porque el segundo, el que no había sido picado aprovechando la confusión de la caída del aleluya, no podía ni con la penca del rabo.
Talavante, el hombre sin personalidad, trajo su versión mas light en esta temporada cantada como de oro por los popes de la crítica. Digamos piadosamente que en su primero se dedicó a destorear haciendo una obscena demostración de la forma ostensible en que ponía la pierna atrás una, dos y tres, al escondite inglés. De ese marasmo no fue capaz de salir y no puede decirse que lo hiciese porque el toro se lo quería comer, es que el hombre torea así. Su segundo, Sinprisa, número 33, alargaba el pescuezo y levantaba la cabeza a la salida de los muletazos como sistema para no caerse. Talavante fue incapaz de corregir el defecto del bicho, puesto que si le bajaba la mano el idiota de Simprisa se iba al suelo y si le toreaba a la media altura, todas las veces le enganchaba la muleta. Ante la duda, Talavante le sacudió los trapazos que le convino dar, de cualquier forma, hasta que el Sinprisa se empezó a quedar parado en mitad del pase, entonces lo despenó.

Creo que fue en el tercero cuando el mayoral de esta bueyada decidió abandonar su sitio en la meseta de toriles. Hizo bien, para no pasar más vergüenza. A lo mejor cuando volvía para Huelva se le ocurrió pensar que el mejor amigo del ganadero es el matadero.

¿Quién eligió estos toros? ¿Cuantos veedores pasaron por la ganadería para hurgar con un palito en esta bosta ganadera? ¿Son inocentes los toreros de anunciarse sistemáticamente con subproductos despreciables como estos? ¿Creen que anunciándose con toros más encastados pueden quedar peor de lo que ayer quedaron? ¿No hay nadie responsable de la tomadura de pelo que significa esta corrida? Yo creo que habría que instaurar otro sistema en los toros, por ejemplo éste: la gente entra al tendido, se sienta y ve la corrida y a la salida echa el dinero según haya ido la cosa. Ayer no habrían recaudado ni veinte pavos.



















Martes, 23 de agosto

LECHE Y ROSAS

-¡Y luego su carnación, esa carnación de una inglesa de Yorkshire: leche y rosas!
RAREZAS DE UNA MUCHACHA RUBIA / EÇA DE QUEIROZ

Ignacio Ruiz Quintano

lunes, 22 de agosto de 2011

La Batalla de Atapuerca

-Doscientas personas recrearon ayer en la ladera de la iglesia de San Martín la histórica Batalla de Atapuerca. Los reyes y hermanos Fernando I y García III volvieron a enfrentarse (...) Esta cita cultural -que recrea el acontecimiento histórico que tuvo lugar en la localidad burgalesa el 1 de septiembre del año 1054 y que enfrentó a los hermanos Fernando I de Castilla y García III de Navarra- cumplió ayer su XVI edición...

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Fútbol. La huelga de Javi Poves

El trípode del señorío español para la cultura progre

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La dictadura progre es una asfixia cultural motivada por la diaria obligación de comulgar con ruedas de molino.

Y no.

Pero la dictadura progre se las pinta para identificar correctamente a sus enemigos: en política, el gobierno americano (sobre todo si es republicano); en moral, Roma (sobre todo si es Ratzinger); y en fútbol, Mourinho, quien encima, frente al agnosticismo en camiseta de Purificación García del Gandhi de Sampedor, tiene la desfachatez de declararse católico practicante, y no es hacer la broma de la paja en el ojo.

Una rueda de molino progre manda que Pep Guardiola (Pepe Hucha en español) es Gandhi, y hasta el simple Valdés, el tío que de verdad le ha dado la Supercopa al Barcelona, declara que quisiera “reencarnarse” en los zapatos de Gandhi.

En tanto que depositario de todos los valores progres más estomagantes, el barcelonismo teme hasta el insomnio a Mourinho, y su discurso es que no le conviene a la imagen del Madrid.

Es un Clemente, un Maguregui, un Naya...

Eso decían sus enemigos para que Mourinho no viniera al Madrid.
Pero el Maguregui de Setúbal acabó la Liga con más goles que el Mejor Equipo de la Historia y su E=mc2 o tiqui-taca, invento de Marcel Domingo aplicado por Luis Aragonés y cobrado por Pep Guardiola.

Una noche muy negra de Casillas (la noche del 5-0) sirvió para tapar una evidencia: el Madrid de Mourinho podía jugar igual o mejor que el Barcelona de Guardiola, lo cual ha sucedido definitivamente en la Supercopa, donde los elogios ya no son para la descacharrada fórmula, sino para las picardías de Messi.

Es que el Barcelona no ha tenido tiempo de preparación...

¡Vaya por Dios! Y, aparte de cumplir con la inmersión lingüística y quitarle el “Sánchez” al chileno Alexis, ¿qué han hecho en todo el verano? ¿Huelga?

La huelga de Rubiales (justicia poética nos trae ese nombre) nos ha dejado sin Liga, mas no sin Gamper, que la caja es la caja, tú, y la genial política de cantera del Barça come mucho dinero: más, al menos, del que puedan enviar los pagafantas de la democracia catarí. ¿Se imaginan ustedes al Madrid pagando cuarenta millones por recuperar a Parejo?

Los futbolistas españoles quieren dinero, pero dinero es una de las cosas que en la España de Zapatero ya no hay, y eso que Javi Poves, al grito de que el fútbol sólo es corrupción, ha devuelto el suyo.

Yo, si Casillas y Puyol (¡y Kaká, por Dios, y Kaká!) hicieran la huelga de Javi Poves...

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TRAPOS SUCIOS

Es deber de la prensa tenernos todo el día escandalizados. Pero, en otro tiempo, las bobadas de lo ocurrido en el Camp Nou con la Supercopa darían para un chascarrillo de bar en “El bar de Mou”, y nada más. “El fútbol es para listos”, decía Aragonés, un maestro en el arte de manejar psicológicamente los partidos dentro del campo: Pepín Cabrales contaba las de Hugo Sánchez con Cedrún, y tantas otras. Y así seguiría la cosa, si Guardiola no hubiera roto la baraja jugando a Makinavaja en el césped y a Nancy en la sala de prensa.


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Lunes, 22 de agosto

INGLÉS

-La lengua corriente de los ingleses no es muy diferente de la que usan los "cornancs" para hablar con sus elefantes. Una mínima cantidad de locuciones estereotipadas. Infinitivos. Frases gramaticalmente de la mayor simplicidad posible. Muchas interjeccionmes para dar ánimos. Disculpas.
ANÁLISIS ESPECTRAL DE EUROPA / KEYSERLING

Ignacio Ruiz Quintano

Dale a tu cuerpo alegría, peregrino

La herencia cultural de Zapatero

Me muero de curiosidad por averiguar qué le dijeron exactamente Zapatero y Rajoy a Benedicto XVI. En el caso del todavía –¡todavía!– inquilino de La Moncloa, habida cuenta del agujero abisal de antimateria que tiene por cerebro, con que se hubiera ceñido al esbozo perpetuo de su embobada sonrisa nos conformaríamos. Quizá le preguntó si la fúnebre vestimenta de sus niñas constituye motivo de excomunión. En cuanto al carismático líder de la oposición, quizá inquirió al Papa por su ciclista favorito, o le participó alguna otra honda inquietud por el estilo. En fin.

Escribo esto en un móvil, sentado sobre el pasto reseco de esta bíblica explanada de Cuatro Vientos donde un millón –de momento– de peregrinos esta noche acampará no de indignación sino de esperanza, no en expectativa de mejoras materiales sino espirituales. No resulta cómodo llegar hasta aquí. Ha habido que hacinarse en un vagón y caminar lo suyo bajo un calor fundente sólo aliviado por las rociadas de agua con que los amables vecinos nos refrescaban el peregrinaje. Los gitanillos hacían su agosto vendiendo latas y un chavalín con una pistola limpiadora de gasolinera nos pulverizó el pecho con un vapor fresco que nos supo a baño de ángeles.

Animaban el paseo los cánticos de los italianos, las reversiones en religioso de canciones laicas a cargo de unos chispeantes andaluces –“Dale a tu cuerpo alegría peregrino, que tu cuerpo está hecho para andar por el camino”–, el guitarreo neocatecumenal o un sudafricano tocando(nos) la vuvuzela. Si algún chavalín le rezongaba a su madre por el abrazo pegajoso de la canícula, ella le contestaba: “Antes de volver a quejarte mira a esos frailes y a estas monjas que caminan metidos en un hábito, sujeto con un cordel y sonríen”. Y uno, efectivamente, estudiaba la aspereza de los trajes talares o las botas como de trampero del Yukón de los scouts y ponía de inmediato sordina a esa odiosa vocecilla quejumbrosa que en todo primermundista se despierta cuando falta hasta lo superfluo.

Tendiendo la vista a mi alrededor, escruto un inexistente confín de peregrinos multicolores en este campamento festivo de fe perfectamente contemporánea. Muchos han venido de muy lejos pero están contentos de estar aquí. Dudo que el tal Hessel –ese vejete que en vez de estar jugando a la petanca se puso a resumir el librillo de Mao para promociones Logse, en definición de Ruiz Quintano– acredite un similar poder de convocatoria indignada, en el caso de que se decida a fundar las Jornadas Mundiales del Perro y la Flauta.

Ahora de la megafonía brota el Waka-Waka y los italianos que me rodean interpretan con gran seriedad la danza tribal de la novia de Piqué. Antes ha salido a cantar al escenario un brasileño que al término de su actuación, con algo o mucho de esa efusión clericalona un poco sonrojante, tipo Kaká, nos interpela: “¡Nosotros no necesitamos narcóticos, sólo a Cristo!” Bien, oiga, pero no ha dicho nada de tomarse una copa de vez en cuando.

Falta ya sólo una hora para que llegue el Papa y en ese instante la multitud estallará en ovaciones, como en el más ambicioso macroconcierto jamás planeado. Un gracioso podría preguntar si actuará el Dalai Lama de telonero. Pero en realidad yo opino que al propio Benedicto XVI le gustaría el título de telonero de Dios. En eso consiste su abrumadora misión: en abrir las conciencias al venero rumoroso por donde baja la música callada de lo divino.

(La Gaceta)

La repeticiones de El País

(Vía Paper Papers)

domingo, 21 de agosto de 2011

Elogio de Ruiz Miguel, el toreo eterno, y con 62



José Ramón Márquez

A Mariano Paniagua, ruizmiguelista

Lo primero, el vestido. Hay que ver cómo venía vestido ese Francisco Ruiz Miguel a la plaza de Sanlúcar de Barrameda. Menudo vestido azul lleno de bordados, vestido a la antigua, sin esos bordecitos blancos tan ridículos que se ponen ahora los toreros. Ruiz Miguel en Sanlúcar vestido de torero como la copa de un pino, y él mismo, un torero como la copa de un pino, con su recua de Miuras, de Victorinos, de Pabloromeros, de Murteiras, de Palhas, de Dolores Aguirre... con sus salidas a hombros en Las Ventas, con sus sanfermines.

Ruiz Miguel nos trajo ayer el aire de aquellos tiempos en que lo primero que había que hacer para ser torero era aprender el oficio. La muleta adelantada, el medio pecho, la pata adelante, el cite al pitón contrario, la cabeza pensando en la cara del toro, la torería. Eso, en los modos contemporáneos, no creo que tenga el honor de ser considerado como arte, pero a los que nos gustan los toros en la plaza y el arte en los Museos nos llenó de satisfacción ayer comprobar que aquellos modos, necesariamente avalados por la solvencia del oficio, son los que traen necesariamente aparejado el toreo, es decir, hacer ir al toro por donde no quiere ir, mandar sobre él, y si acaso el toro no obedece, salir airosamente de la suerte con la muleta siempre por delante.

Parece mentira que tenga que venir un tío de sesenta y dos años para traer a la plaza la frescura del toreo eterno y el clasicismo de las formas, para echar esa fresca brisa de toreo sobre este mundillo atestado en nuestros días de diosecillos menores, pellizcos absurdos, arte y más arte, cabras por toros y destoreo.

Ruiz Miguel recibe a su primero, Vinazo, número 196, de Fuente Ymbro, flexionando la rodilla y recogiendo al toro en los vuelos del capote, fijándole con poder para luego torearle a la verónica ganando pasos al toro hasta el remate de la media de frente. Primera lección: ni un capotazo de más ni un banderazo inútil. Poder, firmeza y torería.

Y luego, tras el puyazo arriba en el que el toro se emplea empujando con fuerza, y el tercio de banderillas en que acosa a los banderilleros, el viejo torero se va al centro y brinda al público su faena en la que nos vuelve el recuerdo de aquellas tardes pavorosas con los victorinos tobilleros, con los Tulios, y ayer, igual que hace lustros, el torero con la muleta por delante mandando y templando, desengañando al bicho con el trapo. Aquí ya no hay nada más que toreo: el hombre fija cuidadosamente su posición y en el sitio que él elige el toro se arranca, porque el torero piensa en el toro y conoce los terrenos, y el torero no cede la posición y en un palmo de terreno le da el pase natural de ida y, en seguida, la muleta al hocico, el pase de pecho de vuelta sin haber modificado la posición. Y luego la estocada, marcando tiempos, descubriendo la muerte. Estocada desprendida de perfecta ejecución.

En su segundo los mismos argumentos, pero mejor si cabe. Las verónicas mecidas que llevan al toro hasta el platillo. El inicio de faena, todo mando, con el pase de trinchera poderoso por el pitón izquierdo enhebrado con el redondo. Toreo al paso, naturalidad pura en la forma de ir al toro, en el cite, en la actitud del torero en la plaza, ganando siempre la posición, toreando hacia adelante, como debe ser el toreo. Tras una buena serie a derechas, cambia de terrenos al toro y allí le pega una serie con la izquierda tremenda de mando, con el toro sometido siguiendo la muleta y rematada con el de pecho: ‘Lo arrematao’, decía El Gallo. No hay ya nada de atlético en este toreo de un hombre mayor en el que ya sólo hay toreo. Sólo oficio desprovisto de nada que recuerde al ejercicio físico, fiado todo al conocimiento y al poder del brazo. Pincha al toro por tres veces atacando arriba y al cuarto intento agarra una buena estocada arriba. Nos ha quitado veinte años de encima.

Padilla regaló su desbordante simpatía, banderilleó a toda mecha tomando el olivo a la salida de los cuatro pares que no fueron al violín y se entregó con alegría en los dos trasteos. Nadie diría que unas horas más tarde le estaban esperando los Miuras en Bilbao.

Finito de Córdoba estuvo como siempre.

El cartel

La terna

Calentando capotes

Ruiz Miguel

Vinazo

El capote

La muleta

La pierna adelantada

La estocada

Padilla

Finito

Padilla

Padilla

Padilla

El bus de Utrera

La Prensa

Fin

Ni rastro de Zapatero en los confesonarios del Retiro


Si estaría uno despistado que venía conduciendo hacia Madrid con la preocupación de qué barrio visitaría para captar mejor el ambiente de la JMJ. El ambiente, pronto me di cuenta, es tan ubicuo como el mismo Dios cuyo vicario se hospeda ya entre nosotros. Riadas multicolores de jóvenes uniformados según sus naciones de origen han invadido pacíficamente cada rincón de la capital, con lo que se vuelve bastante difícil sostener eso de que a misa ya sólo van cuatro viejas. He topado con negros de Zimbabue y japoneses de Osaka, italianos y franceses bulliciosos, sudamericanos bailongos, españoles de las 50 provincias coreando sus rimas al límite municipal de decibelios, monjas de heroico hábito bajo la hirviente canícula, niñas monas que sonrientes le reparten a uno un folleto penitencial ilustrado con El hijo pródigo de Rembrandt.

Los que desatan su graznido escandalizado de gansos capitalinos ante la “invasión del espacio público” escriben mayormente sus artículos de fondo bien resguardados en el chalé de la Costa Brava, o sea que menos lobos, pijoprogres. Son clérigos laicos, devotos de la increencia que, acostumbrados a la cotidiana clandestinidad de la fe, contemplan con estupor la emergencia pública, colorista y sonora de los creyentes en esta suerte de olimpiadas del catolicismo que son las Jornadas Mundiales de la Juventud. Un taxista que me recogió en la plaza de Gregorio Marañón calificó la JMJ de “catolicismo fanático”; no, camarada conductor: catolicismo a secas. Fanáticos, lo que se dice fanáticos, los detenidos por patear a inocentes peregrinos en Sol en el ejercicio de la consabida tolerancia perroflauta, herederos naturales de los milicianos que razziaban las casas del Madrid en guerra en busca de cristianos y burgueses a los que dar el paseo. En la cutre manifa antipapa de la tarde se blandió esta pancarta: “La fe mueve montañas de dinero”. ¿Pero no dicen los tertulianos de progreso que los peregrinos apenas consumen y que por eso no dejan beneficio? ¿Y no dicen también esos mismos voltaires y rousseaus -qué haríamos sin sus fogonazos de ilustración quienes, desdichados, tanteamos las paredes de nuestra umbría caverna- que nuestra juventud de ni-nis carece de valores y sólo rinde tributo al botellón? ¿En qué quedamos, queremos valores o consumidores? ¿Acaso no es ya el primer milagro de la JMJ ver a tanto veinteañero sobrio, uno que lleva medio verano viéndolos mamarse por todas las fiestas de España? Pero cuando ayer -de día- pasé por Sol no vi rastro de indignación: sólo la alegría e higiene de los peregrinos, a los que no verán ustedes tirar un papel al suelo.

Ante la presencia de Benedicto XVI, nuestras autoridades se debaten entre la búsqueda de la foto rediticia, el cariño sincero y la obligación del cargo. Que cada cual distribuya estos papeles entre Bono, Rajoy, Aguirre y Gallardón, que esperaban al Pontífice en Barajas. El protocolo dicta que al Papa lo flanqueen Don Juan Carlos y Doña Sofía, aunque se produjo un cierto lío que la Reina solventó con su habitual sonrisa. Antes de la misa, uno se dio una vuelta por El Retiro para ver los célebres confesionarios de lo que han dado en llamar el “paseo del perdón”. Penitentes de todas las edades, hombres, mujeres y niños, se sientan un momento a lo largo del bordillo -la cabeza entre las manos y los codos en las rodillas- para hacer examen de conciencia antes de dirigirse al cura que les dará la absolución. A quien no vi por allí fue a José Luis Rodríguez Zapatero, que desaprovecha así la oportunidad de purgar sus cinco millones de pecados. Digo de parados.

(La Gaceta)


Revista de prensa a la transfiguración de José Tomás en Ciudad Real


José Ramón Márquez

La verdad es que hay que reconocer que uno de los grandes placeres de este verano es irse a los sitios de costumbre a ver las cosas que se les van ocurriendo a los revistosos del puchero después de cada transfiguración de José Tomás. Da la impresión de que andan los pobres agarrados a la brocha y sin andamio. Mientras la temporada normal, la de los toreros, sigue su curso con sus cogidas, sus triunfos de verdad y de mentira, sus importancias, sus robos, la Tomás legionem se guarece hasta que escampe en toda esa parafernalia absurda en la que han ido travistiendo la crítica taurina, con el firme propósito de no explicar de verdad lo que ocurre en las plazas en que torea este pobre hombre absurdamente deificado. El toro existe para ellos sólo como el escollo que se interpuso entre el idolatrado ídolo y el ansiado triunfo, los compañeros son comparsas a los que se despacha con tres líneas rapiditas, deprisa, deprisa, que no es a esto a lo que hemos venido a este pueblo. La falta de integridad intelectual parece ser la bandera. Así tenemos esta especie de La Codorniz, esta rechifla por ver quién da la pirueta más difícil para ensalzar la nada.

Ahora, por suerte, existen los teléfonos móviles, las cámaras electrónicas, el internet, el twitter y la opinión que se recibe desde la plaza, dada por aficionados de respeto, deja a las pobres letras de los plumíferos a la misma altura que va quedando su ídolo por esas plazas de Dios.

En Mundotoro el cronista nos informa de que ‘a José Tomás le volvió a faltar toro’ (y eso que se los trae él mismo debajo del brazo), aunque fue ‘una corrida bella, pero quizá de una ganadería (sic) insuficientemente testada (sic)’ y de que la temperatura en la plaza alcanzó ‘casi cuarenta grados en las nalgas’ (?). Tras tan amena entradilla nos cuenta que ‘con encaje, pasándoselos muy cerca, ése es el nuevo José Tomás, que ha dado una vuelta de tuerca más a su toreo’. Casi hace llorar cuando expresa, el hombre, ‘y en medio de ese dosificar y torear para el toro, hubo tres tandas maravillosamente encajadas, una con la derecha de una profundidad inédita en él y otra con la zurda de un trazo y una proximidad impecables’. Suena tierno lo de que súbitamente, a estas alturas y con la que está cayendo, aparezca una profundidad inédita en el idolillo.

El de Burladero se tira a la piscina: ‘echando adelante el percal y embarcando la humillación del funo para despacharlo atrás en su huida. Y lo hizo en el inicio con la muleta, dando rectitud a la cara colocada, ofreciendo líneas por el bien del animal y del caro toreo, que llegó desde la segunda tanda a derechas’. Me gusta lo de que era por el bien del bicho. Y es que para éste, el pétreo ‘no entiende de prodigiosas técnicas cuando el pecho se va por delante, y la muleta al infinito, reposando el camino entre los tres tramos que tiene el mismo muletazo’. ¡Faltaría más, hombre! Claro que, siempre queda la pena mora cuando ‘la espada, y sólo ésta, fue la que emborronó la más perfecta obra de esta tercera vida del de Galapagar’.

En ABC, erre que erre con Tomás. De tantas cosas como hay, quedémonos con una por lo que lleva de sinceridad: ‘Afarolado y capeínas hasta abrochar con poderosos ayudados por bajo, con aguante glacial de las miradas del torete’. El torete. ¡Cómo sería!.

En El Mundo nos narran así el esfuerzo de Tomás en el quinto: ‘Nada pudo hacer José Tomás salvo darse un sincero arrimón con el público ya algo mosca porque la tarde se despeñaba con halo de decepción’. Habrá que llamar al orden a éste, que en la feria de Abril de Tomás no existe la palabra ‘decepción’.

Y hablando de decepción, en La Razón no la ocultan: ‘José Tomás de nuevo volvió a saborear las mieles del éxito rotundo, del triunfo de la verdad, la de su toreo que, una tarde más arrancó los «olés» y los vítores de un tendido entregado desde el primer lance a la verónica. Sin embargo, volvió a salir a pie’. Recalquemos una vez más que para esta gente el éxito se cifra en el corte de orejas, resultado futbolístico equivalente al cinco cero o cosa así, que entenderán los que gusten del balompié.

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¿Periodismo o propaganda? ¿Qué decían de esto en la Facultad?