jueves, 25 de abril de 2019

Obrero varón sosteniendo España



Hughes
Abc
  
Una de las imágenes de la campaña será este señor al que un periodista de Ctxt entrevistó hoy en plena calle. Sin dudar de la sagacidad del reportero, era claramente identificable como trabajador porque cargaba algo a la espalda, es decir, porque la estaba doblando.

Al ser preguntado (era una simpática encuesta a pie de calle), el señor sorprendió mucho al confesar que votaría a Vox. Era eso de lo que tanto se habla: un votante sin complejos, y por serlo le han llamado dos cosas: obrero sin conciencia de clase y obrero de extrema derecha.

Como la entrevista se alargaba durante un minuto, comenzó a adquirir protagonismo lo que el hombre cargaba a la espalda. Era una plancha o un panel. Sea lo que fuese, tenía que pesar. Era un obrero sin conciencia de clase y también un obrero sin complejos, pero a cambio con un peso muerto encima, y no lo dejaba en ningún momento. Podría decirse que la plancha también dio parte de la entrevista, como cuando Teodoro García Egea se pone detrás de Casado en sus intervenciones. Esa plancha era un extraño photocall. Era testigo mudo (¿hasta cuándo esta situación insostenible de no poder escribir “testiga”?) de las razones soberanas del señor y de la extrañeza un poco condescendiente del periodista.

Pero esa plancha, ¿no le daba más autoridad al ciudadano (no pinkeriano) cuando dijo ser voxista, taurino y feminista a su manera, es decir, feminista sobre todo de su mujer? A medida que hablaba con ella encima, entre él y el periodista se iba abriendo una distancia. Una persona que va cargada parece que siempre tiene razón, le hacemos caso instintivamente.

En lugar de conciencia de clase, ese currante llevaba encima otra cosa con la que iba y venía hasta parecer que formaba parte de sí. ¿Pero qué era ese peso no opresivo? Una entrevista a la tabla hubiera sido la genialidad completa.

Algunos dirían que eso era la explotación del empresario de la que el currante no era ni consciente. En estricto populismo, podría decirse que ese obrero estaba cargando el peso de las élites. Un liberal de Estado Mínimo pensará que estaba soportando los impuestos y el creciente sector público. O quizás fuera el exceso regulatorio.

Y si fuera un disfraz, ¿de qué iría disfrazado? Muy fácil. ¡Ya lo tenemos! ¡De hombre sosteniendo el país!

Su parte correspondiente de país. Incluso seguro que un poco más de la que le corresponde. Ese hombre con su España a cuestas no llevaba su identidad como algo con lo que hacer cargar al otro; llevaba la suya no sólo orgulloso, sino además sonriente, sin querer escaquearse en ningún momento. Iba por la acera como un Cristo con su cruz, pero asumiéndolo, feliz. No dijo: “Oiga, hágase cargo de lo que llevo encima, mire esta estructura de dominación que me oprime. Mire lo que pesa ser yo”. No se quejó. Le dio la entrevista entera al periodista y de habérselo pedido se hubiera ido cargado hasta la redacción.

En las fantasías más inconfesables de algunos (¡valgo más por lo que callo!), el voto oculto es un lugar repleto de señores y señoras cargados con un pladur.