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jueves, 5 de octubre de 2017

Sin pulso (La República se llama Paloma y es catalana)

Cambó

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

¡Qué lástima! Tan joven, y ya catalana...

Eso dijo su madre al pintor mexicano Juan Soriano (Premio Velázquez) cuando de mozo le presentaba a una amiga (“se llama Paloma y es catalana”), hija de exiliados.

En Cataluña, al hilo de la corrupción moral y económica de una sociedad española que ha hecho de la traición una virtud mundana, hay desencadenado un proceso (¡el “prusés”!) revolucionario que nadie sabe a dónde lleva: la Historia nos enseña que los hombres que las ponen en marcha se limitan a tomar el poder de un régimen en plena desintegración.

Las revoluciones, según la observación de Hannah Arendt, son las consecuencias, no las causas, de la ruina de la autoridad política.

Exiliado en Buenos Aires, un Cambó ya exhausto mostró a Pemán la foto de un Tiziano de su colección barcelonesa destrozado por “los rojos”, una diosa desnuda con el pecho bestialmente rajado.

Para mí la Revolución es esto, y esto me basta.

Es el Cambó que decía que Rusia no había perdido una guerra desde Iván el Terrible gracias a su estrategia del colchón: el puño se hunde en el colchón todo lo que se quiera, pero el colchón, por su reacción elástica, vuelve a expulsar el puño y a recobrar su línea normal. Y a este plan parece querer agarrarse el Gobierno de Rajoy, paralizado para la acción (él sabrá por qué, aunque nos temamos lo peor) al frente de un Estado exangüe por los tetones de diecisiete autonomías.

¡Mariano el Terrible!

Como español, mi fe ya sólo está puesta en la Constitución material de España, que volverá a salvarnos, aunque todo el mundo se encomiende a la Constitución escrita (“que tanto trabajo nos costó darnos”, reza la muletilla propagandística) por un director teatral y un ingeniero agrónomo con la ayuda de leguleyos separatistas, que hicieron la broma jurídica de convertir la sedición en un delito… contra la Constitución.

Pasó la hora del 115, pero la única demanda anunciada del fiscal Torres Dulce fue contra un tuitero que le usurpaba la personalidad. Es la hora del 116, pero la única demanda anunciada por la ministra con despacho en Barcelona es contra un ex futbolista búlgaro que la llamó “franquista”.

Es la España sin pulso de Silvela:

Todos esperaban o temían algún estremecimiento de la conciencia popular; sólo se advierte una nube general de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vida, ni costumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para qué, le toque ocupar el Gobierno.