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miércoles, 18 de octubre de 2017

Los Jordis, entalegados

Misa en la cárcel


Francisco Javier Gómez Izquierdo

 Alguno de los monaguillos del independentismo catalán encargado de explicar historia nacional en las escuelas contará hoy a sus alumnos el martirio de los Jordis y la obligación, bajo peligro de morir en pecado mortal, de hacer algo en contra de España. Machacará los cerebros de tiernos infantes como tenemos leído se machacan en Palestina, Siria y por ahí.. y el monaguillo soñará con tener méritos suficientes para ascender a sacerdote y con otro mártir más, pongamos que Trapero, incomprensible hombre en libertad, hacerse cargo de una parroquia. En dos años, obispo.
        
Personas con muchos conocimientos nos lo tienen advertido: el nacionalismo es una religión que manejada por fanáticos es catastrófica. Para mí, que no tengo estudios, el nacionalismo es un racismo que ojalá se quedara con aquél que aún avergüenza a los blancos de Suráfrica y no alcance el nivel del racismo entre tribus africanas. Ustedes recordarán a aquel Amín Dadá que cenaba corazones humanos, y si quieren hacerse una idea de la bestialidad humana no tienen más que analizar el diálogo machete en mano de los tutsis y los hutus en la película Hotel Ruanda... y es que da pena comprobar que Cataluña lleva cuarenta años maleducando criaturas -tengo tíos, primos e hijos de primos cuyo cerrilismo no tiene remedio- y tiene ya crecidas dos generaciones de racistas convencidos de su superioridad. Sobre todo si se comparan con españoles.
       
¿Qué pensarán los Jordis entre tanto ser inferior? ¿Cómo reaccionarán al verse tratados como lo que son, delincuentes, y nunca sospecharon? ¿O sí?
     
 Cuentan que los han separado en Soto del Real y que han puesto a cada uno un preso-sombra como al filicida Bretón, en prevención de cualquier tentativa suicida. ¿Cómo pueden sospechar los psicólogos de Instituciones Penitenciarias tanta debilidad mental en cardenales de tan buen comer?  Imagino que el primer mal momento de los Jordis tendría lugar en el rastrillo de ingresos cuando el funcionario les dijera que se quitaran la ropa porque se procedía a su cacheo. Intentarían alegar verbalmente la estupidez que se ha hecho norma no sólo en Cataluña sino también entre diputados de Madrid, de considerarse presos políticos, y se derrumbarían ante la respuesta escueta del funcionario que les enseñó el papel del juzgado y les dijo: “Miren ustedes. Esto lo firma un juez. Todos debemos obedecer los mandatas judiciales. Sobre todo un servidor. Ustedes son internos mientras estén aquí y tienen los derechos y obligaciones de los presos preventivos. Ni nosotros ni el Gobierno los tenemos aquí. Es un juez y sólo un juez les secará. ¿Les queda claro?” 

      Los Jordis, más que cardenales, ya profetas en su secta, sabemos que no reconocían ni autoridad ni leyes humanas, por lo que la aclimatación al régimen carcelario ha de parecer humillante a su raza aristocrática cuando el preso-sombra, que puede ser boliviano o de Puente Genil, les suelte con displicencia de años pagados a pulso: “ ...oye Catalán, levántate que han tocado diana. Hasta que no acabe yo de desayunar no se te ocurra salir del comedor. Por la tarde se ve el telediario y esta noche una película de Rambo que ponen en el vídeo comunitario y ya sabes, págate un cafelito.” Los Jordis, sin saber por qué, harán caso a su compi de chabolo y hasta le dirán “lo que tú digas, tío”. Luego, cuando salgan,y las turbas los aclamen, proclamarán su religión como la más verdadera porque han visto en la cárcel que los españoles, carceleros de Cataluña,  no tienen alma: “¡Cómo serán de represores, que no podemos ver la tevetrés!”