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miércoles, 29 de agosto de 2012

Bretón y el borrego muerto

Abril. Cuando aún había esperanza

Francico Javier Gómez Izquierdo

Toda España sabe ya de la maldad de José Bretón. De su psicopatía y crueldad. De su perversidad criminal. De su monstruosidad...

         Faltan adjetivos que describan uno de las actos criminales más despiadados que se recuerdan en la historia criminológica del país..., pero si los dos últimos informes antropológicos de los restos de la hoguera de “las Quemadillas” son como parecen, la psicopatía del  monstruo asesino la han ido engordando los menos indicados.

         Nos explican hoy que José Bretón mató y quemó a sus hijos el día 8 de octubre del año pasado. A plena luz del día. En una finca rodeada de habitantes de la que salió montado en un coche. Dicen también que paró como si fuera camión de la basura en dos contenedores distintos y alejados en los que depositó bolsas . Y dicen que  asesinó a las criaturas porque en los restos de la hoguera había huesos y dientes de niños. He oído dientes. Y he oído de niños. De los dientes, dicen que es del único resto del que pueden sacar el ADN.

      Las noticias de hoy debieron ser evidencias el día del crimen y rebuscar en la hoguera prioridad absoluta... pero aquel comisario Piedrabuena del que hablamos en su día y al que habría que adjudicar una mala asimilación de las teoría filosóficas, buscando en el río como Tales de Mileto y no en el fuego destructor que según Heráclito engendra principios, consiguió modelar un personaje misterioso que no debió pasar de despreciable. Un canalla que no debió durar dos interrogatorios ante la evidencia de una hoguera extraña que enseñaba dientes de niño.

      Uno, que presume saber un poco de criminales, puso aquí que a Bretón se le debió detener el mismo día de autos ante la confesión de su mala relación con la esposa para hacer muchas preguntas. A Bretón y a las cenizas, pues en aquel tiempo no se permitía encender hogueras entre naranjos.

      Lo que uno nunca llegó a sospechar, después de hablar de roedores y pequeños animales, es que el secreto estaba en la hoguera. Hace diez minutos veo una declaración ante el juez en la que Bretón dice que quemaba animales de todo tipo:

     -Hasta un borrego muerto llegaron a echarme a mi campo.

      Y ante semejante sinrazón, nadie sospechó de la hoguera. Sólo la madre... y policías mal dirigidos, supongo.


 Abril. Presunto culpable