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martes, 30 de agosto de 2011

Mi memoria de un asesino

La iglesia de Gamonal

Francisco Javier Gómez Izquierdo


Suelo presumir de que son pocas las cosas que puedan sorprenderme, pero hay días en que las noticias vienen atravesadas y de sopetón. A las seis y media de la mañana, y mientras tomaba café, la tele repetía las cosas de la Economía, el Gadafi y los goles de Messi cada cinco minutos en el bar de todas las madrugadas.

-Mira, Javi.. Burgos.

Levanté los ojos del Marca recién llegado y en la tele estaba nuestro barrio, Don Ignacio. Delante del bloque que se hizo donde los “chalés” de Aviación y la que fue campa de nuestro minifútbol con su vecino Cristino, había una señorita ante lo que hoy es el Hostal Acanto y la Cafetería Amanita, contando una de esas muertes que se les ocurre a los cafres. Mis hermanos me hablan por teléfono de un hombre de mi tiempo, con el que trabajé en una de mis múltiples ocupaciones cuando ejercía de sufrido buscavidas. Tiempos de la San Miguel que acababan con un porroncillo de Ribera en El Rubio. Conozco bien a su hermano por ser paisano en la Demanda. A su hermana, que pone el mejor menú del día en Gamonal, enfrente del cuartelillo de la Policía Local.

Al asesino también lo traté mucho... pero un día de hace unos diez años me contaron que su hija adolescente se quitó la vida arrojándose al vacío desde el balcón. No voy a defender a la bestia, pero aquí es donde me gustaría ver a unos tipos con título de psicólogo y que presumen de ayudar a las criaturas atormentadas.

A la derecha, casa de comidas tradicional en Gamonal