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jueves, 20 de mayo de 2010

Decimocuarta de feria. Curro Díaz nos emplaza para julio

¡Ah, la música callada de Curro Díaz!
Bergamín Jr. en su laberinto de la Andanada del 9

José Ramón Márquez

Cuvillo en Madrid, ¡que tiemblen los pilares del toreo! Después de la del Puerto de ayer que la han cantado por ahí como una grandiosa corrida de toros, me doy cuenta de lo buen anfitrión que debe ser el señor Fraile éste, del que todos hablan y no cesan. Los cuvis han salido en plan cuvi de toda la vida; alguno hasta ha berreado, que se te saltaban las lágrimas de pena al oír al torito enamorado de la luna que se quería volver a Vejer, a El Grullo, junto a Padre Idílico, el señor de las Adelfas. Por lo demás, ninguna novedad sobre lo esperado, salvo, quizás, un poquillo de geniecillo en algunos, y no se me malinterprete.

A mí el cambio de hoy me pareció bien. Habrá muchas ocasiones de ver a Manzanares por ahí, si su salud se lo permite, y bastantes menos de ver a Curro Díaz. Curro Díaz tiene el porte, la apostura, el garbo y la personalidad que no se enseña en las escuelas, sino que se lleva dentro. Curro Díaz sabe torear con gusto, con mando y con torería. ¿Cuál es la razón de que hoy con ese material tan a propósito para andar confiado optase por practicar el absurdo toreo de falta de compromiso, de pierna retrasada, de no buscar la rectitud del toro en el cite? Yo creo que Madrid, a plaza llena, le viene grande, le apabulla. Como es torero de los que a uno le gusta ver, quedamos emplazados para julio, para que nos regale una de sus faenas y para que los turistas se lleven esa alegría a sus países, aunque no se enteren de la misa la media.

Perera ha estado muy espeso, falto de ideas y un pelín desconfiado en los inicios, que hay que ver los trallazos que le metía al toro con la manta que llevaba por muleta; hizo su faena, basta y pueblerina, a base de tirar líneas por fuera en un toreo superficial, con el torillo yendo y viniendo sin ton ni son hasta que el bicho se lo echó a los lomos, suerte fundamental para rebañar una oreja en las talanqueras del Puente de Ventas. Así fue y así ocurrió. El hombre se fue a su casa con su orejilla y luego no hubo nada, porque en su segundo estuvo igual de amontonado que en su primero, pero con toro más paradito.

Talavante hizo un inicio de faena muy bonito: dos ayudados por alto, un molinete y un pase del desprecio. Luego tomó distancia y citó al toro y ya empezó como todos a no estar en el sitio o a irse descaradamente de la suerte. Por la parte buena, tuvo que llevaba al toro toreado y sometido; por la parte mala, que el torero no tenía intención de hacer las cosas correctamente, y creo que debía haberlo intentado, porque el torillo Vitorito le daba más facilidades que las que dan ahora los bancos a uno que tiene un impago. Con haberse puesto de verdad y con la solvencia con la que hoy manejó la muleta, Talavante habría brillado bastante más. Después de lo perdido que le vi en Sevilla, hoy casi ha parecido otro torero distinto. Creo que, si éste se decidiese a ponerse en el sitio, lo mismo podríamos llevarnos una sorpresa, pero debería tomar conciencia de que lo primero que debe hacer desde ahora mismo es abandonar las manoletinas esas tan horribles que da, citando con el pico de la muleta, que se dice pronto. Como no hubo revolcón, éste se quedó sin la orejilla de su primero, y en su segundo todo el mundo andaba ya tan aburrido que nadie le hizo caso. ¡Vaya por Dios!

¡Ah! Además hubo un toro despuntado para rejones, pero de toros despuntados no queremos hablar.