sábado, 1 de febrero de 2020

Los hombres de Delcy




Hughes
Abc

Ahí tenemos a los dos hombres de la tiránica Delcy Rodríguez en España. Zapatero, «mi príncipe», como le llamó hace unos años, y Ábalos, que le hizo de «aeromozo» o galansote gubernamental para que «no pisara» con garbo suelo europeo. Contra él anuncian medidas judiciales Vox y el PP, aunque en todos sitios leerán el PP y Vox.

Lo de Ábalos es «gravisísimo» y hace días debería haber dimitido y puesto su extraordinario «cuajo» a disposición de la ciencia para su estudio e investigación.

Pero esto de Ábalos, siendo importante y un escándalo indudable, tiene a veces el aspecto de un humo inmediato en el que nos despistamos también por las insistentes apariciones de la sensata oposición. Antes y por encima hay cosas que explicar. Por ejemplo, durante años nadie ha sido capaz de hacer entender la mediación de Zapatero en Venezuela, qué intereses reales defiende. Añadamos la investigación sobre Pdvsa y Morodo, su embajador, las informaciones sobre los vínculos de Podemos y el chavismo, o aquella inquietante fuga de «El Pollo» Carvajal.

La unión de todos estos puntos sugiere una figura sombría, pero ni siquiera es necesaria para certificar un cambio prochavista en la política española con Venezuela, que no siendo nunca heroica, al menos era homologable con Occidente. La consideración no otorgada a Guaidó, la protección de Delcy Rodríguez o el escándalo de la Embajada sobre el que Marlaska debe una explicación dejan claro el influjo de Podemos y llevan a España más allá de la tibieza de la UE.

La relación real con Venezuela durante estos años es el fondo del asunto. Caminen por Madrid y miren los edificios, ¿con qué dinero se compran muchos de ellos? Y ese enorme dinero ¿podría comprar algo más que casas?

Venezuela nos importa además porque hay un pueblo sin libertad que necesita ayuda, pero el Gobierno se la presta a la señora Delcy. La opinión pública española, es decir, progresista, mira a otro lado, a los canguros de Australia, a lo que sea.

Nos importa también porque, no perteneciéndose Venezuela, en manos de Cuba, China o Rusia, ¿en qué frontera de gamberrismo internacional nos coloca esto? Viendo a Venezuela en manos de títeres ajenos cabe preguntarse si algo así podría sucedernos alguna vez. Natural sería que la España del 78, sistemáticamente corrupta, acabara integrada en sistemas globales de corrupción. Porque después de quedarse con un país, lo venden.