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lunes, 24 de agosto de 2020

Habeas corpus

 

El caballo Castro con el pelícano Herbert Matthews


Ignacio Ruiz Quintano

Asistimos al nacimiento de la generación de “la Coviz”, que supone la eliminación, con el visto bueno de todo el mundo, del habeas corpus (estar de cuerpo presente) también en el fútbol.

Habeas corpus suena a latín, pero el latín suena a curas, y ya vimos el trato de los maderos de Almeida, con el visto bueno de Almeida (que goza de habeas corpus en la peluquería de Ferreras), al cura de la parroquia de San Jenaro en plena Misa de Resurrección.

Tamayo, un teólogo palentino que sería incapaz de hallar una oración en la Biblia, ha decretado la defunción del Cristianismo por “la Coviz” (este detalle se le pasó a Chataubriand), con lo cual el pobre de la calle se queda sin religión y sin fútbol, es decir, sin domingo, que era el horizonte con el que el pobre trabajaba toda la semana sin pestañear. El domingo por la mañana iba a la iglesia a escuchar de boca de los ricos que él heredará un día la Tierra, y por la tarde, al Bernabéu a ver en persona a los ricos meter goles en la portería de los pobres, que en eso consiste la magia del fútbol.

El otro día hubo risillas en las redes porque en la madrileña plaza del Callao se invocó el habeas corpus con una mujer detenida por negarse a llevar mascarilla. La mejor explicación de ese incidente la dio Bertrand Russell un día que trataba de entender a Hegel:

Para Hegel –dijo–, y hasta aquí podemos coincidir, no hay libertad sin ley; pero él lo convierte en que, donde hay ley, hay libertad, con lo que libertad, para él, no es más que el derecho a obedecer a la policía.

El español no ha conocido otra libertad que ésa, y por eso le entra la risilla si alguien invoca el habeas corpus para ir a la comisaría… ¡o al fútbol!

Para saber de qué va el habeas corpus en España hay que leer el “As”, que remite… a la policía, que tiene una cuenta de Twitter para aclarar dudas sobre tu mascota o sobre tu habeas corpus, derecho constitucional que consiste en poder solicitar, una vez esposado, recado de escribir para contar tu historia a un pariente, al Defensor del Pueblo o a alguna oenegé de derechos humanos.

Para el “As”, y para todo el mundo, el modelo cultural para un fútbol sin habeas corpus es el castrismo, que no da para aspirinas, pero que, después de setenta años sin habeas corpus, ya tiene, según leemos, una vacuna para “la Coviz”.

El Gobierno cubano –lee el obrero entre gol y gol, mientras se desayuna– hace gala de su biotecnología, que, entre otras, desarrolló una vacuna propia contra la Hepatitis-B, y enfermedades como la meningitis, el cáncer de pulmón (terapéutica) y los tumores sólidos.

A mí me huele a síndrome Matthews. Este Matthews no es el Mateo Benito de Twitter, sino el Herbert Matthews del “New York Times” que viajó de Nueva York a Cuba para conocer a Castro en Sierra Maestra.

Hemingway llamó a Matthews “bravo como un tejón” –recuerda Cabrera Infante, pero no dijo nada de que fuera tan tragón como un pelícano.

“Tragón” porque, “en realidad, Raúl Castro pasaba una y otra vez con los mismos hombres y (Matthews) se llevó la impresión de que Fidel ‘estaba en otro campamento’ la mayor parte del tiempo” que duró la entrevista. Realmente eran dieciocho, pero a Matthews le parecieron ochocientos.

Uno sentía que era un hombre invencible –escribió Matthews, que dice hablar con Fidel con susurros, porque están rodeados por el enemigo.

Si el castrismo pudo hacer pasar por una división de infantería a dieciocho barbudos, ¿por qué no va a hacer pasar por biotecnología las redomas del ron? Después de todo, a Fidel el “Times” siempre le llamó Doctor Castro, doctoreo, se quejaba Cabrera, que induce en los ingleses una suerte de respeto académico, como si Fidel fuera un médico eminente, ¡a lo Simón!, o un genio de la física, codeándose con el doctor Fleming y el doctor Einstein.

Sin habeas corpus, aunque sea con mascarilla, el fútbol se muere. Los hinchas deberían unirse a los chimpancés en esta lucha por el habeas corpus. Jeff Sebos, de la universidad de Nueva York, pelea por la libertad de Kiko y Tommy, dos chimpancés en cautividad y desprotegidos por la ley, que no reconoce el habeas corpus para estas criaturas. Es el camino.


Sin habeas corpus, el fútbol se muere


EL REGRESO DE KOEMAN

Con su inimitable “passing shot” (ése que imita Sergio Ramos en días de “matinée”), Ronald Koeman fue el Ivan Lendl del fútbol y líder del Barcelona de Johan Cruyff. Valdanágoras admiraba su golpeo de balón porque en su trayectoria a más de cien kilómetros por hora podía leerse la marca. Luis Aragonés, en cambio, que tenía a Ruiz en el Atlético, criticaba en Koeman su cintura, “la misma que la rueda de un tractor”, y, sin embargo, jugaba de cierre en defensa de tres con Eusebio y Goicoechea de laterales. Sus diagonales a Stoichkov causaron estragos en todos los campos. Una noche, en un calentamiento en el Manzanares, se rompió el tendón de Aquiles, que, a ras de campo, pudo oírse.  Pero volvió a jugar al fútbol. Ahora vuelve al Barcelona y de entrenador. Es el hombre más indicado para recomponer  el cruyffismo con los pedazos de Lisboa.