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miércoles, 19 de agosto de 2020

Claudio Sánchez-Albornoz, la excepción ética

 

Claudio Sánchez-Albornoz, por Sirio


ABC AL PASO

La excepción ética

CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ, A LAÍN: “USTED DECLARA LEER A KANT; YO RECONOZCO QUE LEO EL ABC”


Ignacio Ruiz Quintano

Don Claudio Sánchez-Albornoz es el único ejemplo ético (es decir, el contraejemplo) de la Santa Transición, remedo cultural y social del Directorio francés, ese vivalavirgen liberador que sucede a la muerte del dictador (Robespierre, Franco…)

La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente… -dirá Barrás.

En la República, don Claudio, que habla del “cortocircuito de la Modernidad española”, lleva del bracete a Azaña (¡el cojo de Quevedo llevando al ciego al hombro!), que nos lleva a la cuarta guerra civil (“Si había un hombre mal dotado para presidir la gran batalla, ése era don Manuel”, reconocerá a toro pasado don Claudio).

A la ortegada “Castilla hizo a España y la deshizo”, en las Constituyentes del 31 contesta don Claudio: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, corrección que hacen suya Unamuno y el propio Ortega.

La guerra está perdida –dice Azaña a don Claudio en Valencia–, pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos. ¡Si nos dejaban!

La dignidad en el exilio de don Claudio es única. Umbral tiene experimentado que los exiliados en general no perdonan, a su vuelta, que España haya seguido sin ellos, al margen de las intrigas de El Pardo.

–Querían no incorporarse a nosotros, sino implantarnos sus años veinte. Pero sus años veinte eran pura cretona.

Don Claudio permanece en Buenos Aires tieso como una torre de coraje, consagrado a luchar contra las fantasías moras de Américo Castro (la otra castroenteritis, antes de la de Fidel), grandiosa polémica que en el 74 se dirime en las páginas de ABC.

–Orgullosamente usted declara leer a Kant –dice don Claudio al pedantón de Laín, que sale en defensa de las “vividuras” castristas, con la ayuda del metomentodo Ridruejo–; humildemente yo reconozco que leo el ABC.


Laínes y Ridruejos tienen más mano y don Claudio deja de colaborar hasta que Guillermo Luca de Tena asume la dirección del periódico y lo invita a recuperar los envíos. La respuesta de puño y letra de don Claudio es un modelo de rectitud castellana:

“Distinguido amigo: Dejé de colaborar en ABC por la andanada que su hermano [Torcuato] lanzó contra mí interviniendo sin razón alguna en mi réplica al ataque Laín que me había llamado “alanceador de republicanos muertos”. Me invita a reanudar mi colaboración. Muchas gracias. Acepto. Pero no se haga muchas ilusiones, pues van a caer pronto mis 85 años y... En agosto de 1976 escribí un largo ensayo que titulé “Las claves de nuestro tiempo”. Iba a prologar una enciclopedia proyectada por Sarpe. No se ha publicado ni se publicará. Pero no logro arrancarles la autorización para darlo yo a la imprenta. Si lo lograra o lo consiguiera usted tendríamos uno o dos artículos. Los arreglaría. En caso contrario quizás escribiera unas páginas tituladas “La Historia es la historia de la inflación”. Buenas intenciones no me faltan. ¿Tendré fuerza? Dios dirá. Un cordial apretón de manos de su amigo que le desea grandes éxitos. Buenos Aires. Diciembre, 1977”


Sabe usted que adoro España y que deseo la reconciliación y la paz de los españoles –le dice en otra carta–. Soy muy viejo y no veré el fin de la pesadilla.

 

Don Claudio Sánchez-Albornoz, ante las tumbas
 de sus antepasados en Ávila