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lunes, 5 de abril de 2021

La Real y sus Copas


R. Sociedad Campeón Copa 1987
Arconada, Górriz, Gajate, López Recarte y Sagarzazu
Dadie, Bakero, Bequiristain, Zamora y López Ufarte


Imanol Alguacil

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Así como ahora ves cadistas por todas partes, hace 50 años los leones vizcaínos abundaban por toda España y no había aldea en la que no se encontrara Ud. con alguien del Athletic ni pueblo mediano al que le faltara una peña rojiblanca. Los de Burgos teníamos familia en Portugalete, Basurto, Deusto y Baracaldo sobre todo. A los primos no se les caía de la boca Iríbar, Arieta, Rojo... por lo que no sé por qué diantre me torcí hacia la Real Sociedad. Bueno, sí. Supongo que por cierta rebeldía natural y por un partido televisado en el que me pareció le hacían una sarracina al equipo de rayas blancas y negras que veía en televisión. También por Boronat, un extremo izquierdo que se llamaba Marco Antonio y al que quizás por un complejo de paletismo veía como criatura en el Olimpo y no como los vulgares nombres de Ambrosio Alcorta, Rufino Requejo ó el aniñado Angelín, nuestro número 11, que sin casi notarlo empezaban a hacer grande al Burgos.
       

Las inútiles, vergonzosas y yo diría que románticas batallas con los oriundos reafirmaron la inclinación infantil hasta que llegué a la apoteosis de la mili en Loyola donde el capellán me facilitó un carnet para asistir a los partidos del Viejo Atocha de media liga de la temporada 79/80 y hasta enero de la 80/81 cuando ya señoreaba la Real con los Idígoras, Diego, Satrústegui, Zamora y López Ufarte. En Pamplona, al comienzo de mi vida penitenciaria, tres colchoneros me llevaron en un Simca a Zaragoza a vivir el ambiente de aquella Copa del 87 en la que el difunto Jesús Gil emocionó a los atléticos con el fichaje de Futre. El partido lo vimos en un bar en un ambiente de fiesta grande del fútbol al que sólo se ha parecido lo vivido en los ascensos del Burgos y en mucha menor medida el del Córdoba hace siete años a 1ª. Aquí en El Arcángel confieso que me han emocionado mucho más los ascensos a 2ª.
     

Del "no pasa nada, tenemos a Arconada", han pasado 34 años y, como entonces, la Real repitió el sábado final con la sensación de que el favorito era "el otro" cuando la realidad es que aquella tarde de Zaragoza como esta noche de Sevilla la Real juega al fútbol mejor que su rival porque entre otras cosas tenía y tiene mejores jugadores. La calidad de Merino, Silva, Oyarzábal... no se cambia por la de Muniain, Berenguer o Unai López que no juega; el pundonor de Portu es tan rentable como la efectividad de Raúl García; entre Isak y Williams me quedó con el sueco por más poderosas razones que las sentimentales y entre Remiro y Unai mejor no digo nada. Cruyff pescó para su equipo de ensueño en aquella Real vistosona de Toschack (nunca volvió a ser el entrenador que maravilló en San Sebastián) y se llevó un exquisito como Txiki Beguiristáin y un arreglalotodo como Bakero. Landáburu, Marina, Quique Setién... no eran cojos, pero ¡dónde va a parar! al lado de los aún en activo Zamora, López Ufarte o el mariscal Larrañaga con su bigote de autoridad.
        

Hoy la Real se está haciendo como hace justo 40 años. Imanol Alguacil, el ingeniero, cuida y educa a las criaturas que crecen en un club al que no puede dejar de querer porque pertenece a él desde niño y esos quereres son eternos conforme manda Naturaleza. Ya se sabe que dinero es cosa que todos queremos ganar y los Zubimendi, Guevara, Elustondo, Isak, incluso Oyarzábal acabarán mejorando sus contratos lejos de San Sebastián, pero que quede claro que fueron campeones de Copa con la Real Sociedad porque fueron parte de un equipo que jugaba bastante mejor que el Athletic de Bilbao, esa especie de hermano mayor que siempre parece mirar por encima del hombro las camisetas blanquiazules.
      

De todos modos, ¡ojalá sea una Copa para cada uno!