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jueves, 29 de noviembre de 2018

Manolita

Doña Manolita

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Doña Manolita, escribió Ruano, su funebrista, deja su mostrador con el número de su alma doblado, pasado por sus manos. Setenta años después, el público sigue guardando cola en la madrileña calle del Carmen atraído por la cajita de música de esa lotería.
Que trabajen los pueblos de poca fe, pero no aquellos que creen en la Providencia.
El madrileño viejo sólo cree en el Jesús de Medinaceli, en cuyos pordioseros se deja las monedas de céntimo, y en la lotería de Doña Manolita, en cuyo mostrador se deja el billete de veinte después de una cola de dos horas que guarda con sumo gusto porque le permite satisfacer su pasión igualitaria haciendo guardar el orden a los que intentan colarse.

¡A la cola, no te j…! –grita un caballero a otro que, haciéndose el tonto, como el ministro astronauta, gana puestos.
El caballero gritón está en la cola porque, haciendo obra en casa, al picar una pared ha aparecido un número y cree que es el Gordo. Mas para él, primero que el dinero, es la democracia, un pensar muy de Madrid, como vemos con la visita del señor Xi Jinping, cuyo capitalismo de Estado parece, por lo exitoso, una copia del desarrollismo de los López Rodó y Navarro Rubio.
––Ocurre con la estabilidad igual que con el queso: hay que tomarlo antes de beber, para que el vino no se suba a la cabeza –dijo a López Rodó el ideólogo de la estabilización francesa, Jacques Rueff.
En Madrid pasamos del orden de la cola de Doña Manolita a la estabilidad de la democracia de Xi Jinping, a quien los comunistas del Ayuntamiento entregan las llaves de la Ciudad Prohibida (¡el Madrid Central de Carmena!), las mismas que Tierno negó a Reagan porque Peridis, que tenía la gracia donde pican las avispas, lo pintaba de nazi. Son los mismos comunistas que hacen dengues con un príncipe saudí en quien la Cia ve al Míster X que hizo con Jamal Khashoggi lo que otros comunistas hicieron con Andrés Nin: “Gobierno Negrín, ¿dónde está Nin? En Salamanca o en Berlín”.

Deme un 7.

En la cola de Doña Manolita