lunes, 12 de noviembre de 2018

A vueltas con el fair play



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El simple rumor de que Mourinho era el deseo florentino para resolver el caos de Lopetegui engoriló a los Jim Acosta de nuestro periodismo, que quieren a Mourinho “fuera del fútbol” (?), y si eso no es posible, en Inglaterra, donde pueden clavarle agujas sin peligro de recibir contestación.
  
Contra mourinhismo, pepismo, que ayer se midieron las fuerzas en el derbi de Manchester: Fellaini y diez más frente a Fernandinho y The Raelettes de Guardiola.
  
¿El estilo es el hombre o el estilo es la cosa?
  
El estilo, en el fútbol, es el “fair play” inglés, bobada que Julio Camba definió en su día como la cándida ilusión de un pueblo que creía haber descubierto una manera leal y caballeresca de pescar truchas y cazar zorras.
  
En Inglaterra el “fair play” lo representa hoy el pepismo del Gandhi de Sampedor, que atiende las ruedas de prensa con el calentito amarillo en la tetilla izquierda como homenaje a los golpistas catalanes, según unos, y según otros, como guiño al “fair play” financiero de su club, el City de las mil y una noches.
  
El “fair-play” financiero fue un invento de Platini contra el plutocratismo del Madrid y en defensa del mileurismo (catarí) del Barcelona. Debió de ocurrírsele en misa, oyendo la homilía del obispo Sistach cuando el fichaje de Cristiano, tildado de “indecencia”, palabra igualmente usada por un ministro de Hollande para afear el sueldo de Ibrahimovic (muy lejos estaba entonces de conocerse el sueldo de Alexis Sánchez en el United).
  
El City pepitero practica un “fair play” financiero que merecería un Nobel como el de Paul Robin Krugman, y en demanda de tamaño reconocimiento agita Guardiola su calentito amarillo. Cuando Manolo Valls era primer ministro en Francia confesó su deseo de refundar la izquierda europea sobre el legado ético de Felipe González. Cuando suena que al banquillo del Madrid podría volver Mourinho, los Jim Acosta del piperío confiesan su deseo de refundar el fútbol español sobre el legado ético de Pep Guardiola, cuyo juego, al decir de Dani Alves, es mejor que el sexo.
  
––¡Cuántas ganas tienen los jóvenes de hacer el amor! –decía un día el pintor mexicano Juan Soriano–. Pero después no quieren reconocer que eso sólo consiste en darse panzazos en la oscuridad.
  
Como el fútbol de Guardiola, cuyos pupilos culés (hay que decir más veces “pupilos culés”) se ganaron en la prensa americana el nombre de Desdémonas por su manera de desmayarse, y ahí siguen.
 
 –Fui a golpear el balón y no sé qué pasó. No noté que le diera. Se escapó la pelota. Le pido disculpas al árbitro –balbuceó Sterling pare explicar un penalti de Champions que un pobre árbitro húngaro le regaló por tropezarse en un tepe del área.
  
En nombre de un “fúpbol” con valores, Guardiola regañó a Sterling… al final del partido:
  
Nos dimos cuenta de que no era penalti y el jugador se lo podría haber dicho al árbitro. No nos gusta marcar de esa forma.
  
O sea, que el pepismo llevaría haciendo cosas que no le gustan desde la época en que Alves, fingiendo un orgasmo en el Bernabéu (por usar su lenguaje), provocó la expulsión de Pepe y se llevó la eliminatoria por la jeró.
 
 –Nos dimos cuenta de que no era falta y el jugador se lo podría haber dicho al árbitro. No nos gusta ganar de esa forma.
  
Mientras tanto, el escándalo saltaba (como una sorpresa en Las Gaunas) en el Juventus Stadium cuando Mourinho, cuyo United marcó en el último minuto el gol de la victoria, se llevó la mano a la oreja para oír mejor los insultos de la hinchada juventina.
  
¡Hay que echarlo del fútbol! –pedía uno de los Acostas más simples del escalafón, pero que resumía el sentir del escalafón al completo, ese escalafón que ya ha conseguido doblarle la mano con Jordi Alba a Luis Enrique, que parecía resistente.
  
Lo que no me gusta es que se ponga el foco en la reacción y no en los insultos –comentó Ancelotti, que no tiene fama de Garibaldi–. Es una cultura general.

Para cerrar el debate, Solari sólo tenía que ganar en Vigo.


   The Raelettes

LA PORTERÍA DE LOS GOLES

    Entre Kéylor y Courtois, para la portería de los goles Solari se ha decidido por Courtois, lo mismo que Rubalcaba, el Rasputín de Solares que va por la vida con una vara ética con que medir el lomo del prójimo. Una vez comió con Mourinho, y el caso es que desde entonces Mourinho fue otro. Ahora Rubalcaba se decanta por Courtois, y ya veremos cómo le sienta. Kéylor contestó a su nueva situación con un pasaje bíblico de Jeremías, y los progres, que son supersticiosos, tienen la mosca detrás de la oreja. A Juan Alonso (4 Ligas, 5 Copas de Europa, 4 Supercopas, 1 Intercontinental) Santiago Bernabéu lo mandó al banco por una anécdota referida por el propio Alonso: “Llegamos al hotel a cenar después de un partido, y tanto Rafael Lesmes como yo pedimos carne, no tortilla de patatas con se dijo. Como el camarero tardaba, nos levantamos de la mesa y nos fuimos a la habitación”. Allí mismo Bernabéu puso una conferencia a Argentina y fichó a Domínguez.