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jueves, 31 de enero de 2013

De las virtudes republicanas

José María Gil Robles
 
Vicente Llorca
 
El castillo de San Julián ha enarbolado bandera turca.

( Del despacho de Capitanía al Ministerio de Marina, 1873)

La nación jumillana desea vivir en paz con todas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina. Pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá , como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar en sus justísimos desquites, hasta Murcia y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra.

( Del cantón de Jumilla)


Si alguna virtud han tenido los republicanos españoles ésta ha sido, sin dudarlo, la de la celeridad.

Menos de un año tardaron los radicales y federalistas de la 1ª República en llegar por fin al Mediterráneo, proclamar la independencia de Alcoy y Jumilla – y de Almansa, y Cádiz, Andújar y Tarifa. Y de Cartagena, sobre todo– y mantener dos guerras civiles: la tradicional carlista y la cantonal. (Aparte de la guerra cubana). Treinta y dos provincias se hallaban en armas. Cuatro jefaturas de Gobierno y tres golpes de Estado animaron tan intensa experiencia, mientras tanto.

Los de la Segunda República no serían menos apresurados. Quizá más persistentes. Pocos meses les bastaron para incendiar la iglesia del Buen Suceso, esquivar la legalidad parlamentaria, proclamar la Comisión de Actas, tres años en sublevarse contra la propia República, volar la Cámara Santa en Oviedo, proclamar en el balcón de la Generalitat el Estado Catalán y dos primaveras más en alcanzar al fin otra guerra civil. Allí, entre comités regionales y de milicias, finalmente, se disolvió el Estado.

Qué prisas. Para llegar a la disolución del país, con otros regímenes se tardaban siglos por lo menos. (Con la excepción del rey Witiza y los suyos, quizá. Pero ellos no lo recordaban).

La última victoria republicana curiosamente se alcanza décadas más tarde en la Segunda República y Media –también llamada de los años de la ceja. En ella, mediante la profusión de leyes y manifiestos, y de prolijos documentales en la 2ª cadena (y de actos masivos con intelectuales como Pilar Bardem y el poeta Willy Toledo), nos enteramos por fin de algo que nuestra humilde memoria –y la lectura del manual de Vicens -Vives en el Bachillerato– nos había ocultado antes.

Los republicanos hablaban todos en verso. Su reinado era el de la lírica. La prosa, sin saberlo, la pronunciaban sólo los curas, los de la Casa de Alba y los de la CEDA. Prosodia que por otro lado utilizaban para urdir maldades a diario contra los poetas. (Cuando el protagonista de alguna serie de la televisión llevaba bigotillo entonces sabíamos que era falangista. Normalmente a su ruindad se une la lascivia.)

Verso sería entonces por ejemplo la declaración de las Juventudes Socialistas sobre “la supresión de todas las personas que por su situación económica o por sus antecedentes puedan ser una rémora para la revolución”, en estilo metafórico además. (Lo que no encuentro es el tipo de estrofa utilizada. Debe de ser verso libre).

Los de la CEDA en cambio hablaban en prosa, y ellos sin saberlo.

 Así, cuando en la sesión del 17 de junio de 1936 el líder de la Confederación, José María Gil Robles informó al Parlamento de “ 160 iglesias destruidas, 251 asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto. 269 muertos, 1287 heridos de diversa gravedad.  215  agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan. 69 centros particulares y políticos destruidos, 312 edificios asaltados, 113 huelgas generales, 228  huelgas parciales. 10 periódicos destruidos, todos de derecha. 83 asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos. 146 bombas y artefactos explosivos. 38 recogidos sin explotar… “ es evidente que hablaba en prosa. Y con cifras y aciagos números. No podía estar más lejos de la lírica republicana.

Ésta, sutil a veces, a despecho de las afirmaciones del comediógrafo Almodóvar, debía de encontrarse en las réplicas de los vates ilustrados. Así, la Pasionaria, cuando en roman paladino replica a Su Señoría que “ésa era la última vez que hablaba en el Congreso”. O cuando en género elegíaco y en dactílicos clásicos, el comunista José Díaz argumenta que:

-Yo no sé cómo morirá el señor Gil Robles .

Para pasar a utilizar el recurso retórico de la contradictio:

-Yo sé que Su Señoría morirá con las botas puestas.

Yo creo que el argumento lírico de la República en verso lo ha originado la Fundación Ideas, fundación filosófica de la que el otro día tuve la primera noticia. Qué nombre tan cursi para  una actividad  poética como la suya.